¡No sabía que mi historia creaba adicción! Joder, me encantan vuestros reviews. Me animan mucho. Y de verdad, siento mucho haceros esperar tantos, pero es que tengo que combinar salir, estudiar, y escribir. De verdad, lo siento chicos. De todas maneras, aquí teneis otro caramelo. Disfrutadlo, que ya me quedan pocos.
Las cosas se habían puesto muy raras en esa habitación, y yo empecé a tener dudas de toda clase. ¿Qué había pasado? Me repugnaba la idea de lo que había estado apunto de hacer. ¿Curiosidad? La curiosidad mató al gato. Sin embargo no había, no podía haber otra razón para explicar lo que casi pasa en ese momento. Y no digo lo que casi pasa, porque me da demasiada verguenza decirlo. Me averguenzo profundamente. No sólo porque el Joker era un hombre, sino porque además de un hombre, era un monstruo. Un animal. El mismísimo caos encerrado en un mismo ser, apresado en un mismo hombre. El hombre al que casi...al que casi beso.
Salí de la habitación, mientras escuchaba su risa a mi espalda. Me pregunté si lo que realmente pasaba es que me estaba contagiando poco a poco su locura. Si me la estaba transmitiendo de algún modo, como si de un virus se tratase. Como parecía hacer con toda la gente que caía en sus garras. Hacía que pareciera que los demás se inclinaban ante él por voluntad propia, o eso es lo que yo había creído hasta el momento. Que era todo una gran mentira. Hasta que me di cuenta de que yo también estaba cayendo poco a poco en sus redes, y que una vez atrapado, ya no habría vuelta atrás.
Simplemente, fui una víctima de la situación, el testigo de un desastre por venir, no el causante. El causante fue el Joker. Decidí no entrar en esa habitación por nada del mundo. Alfred pareció desesperado. La promesa de salir ese día se rompió por completo. Estuve demasiados días evitando, con todos los medios posibles encontrarme con el Joker. De vedad que lo intenté. Le pedí a Alfred, a mi mucho pesar, que fuera él quién se encargase de entregarle las comidas al lunático, que fuera él quien se encargase de advertirle que debía mantener su higiene personal, y que cerrase la puerta bajo la más estricta exactitud.
Él, como siempre, asintió, cansado, como si yo fuera un niño al que le estaba concediendo el capricho de comprarle un juguete demasiado caro. Y ciertamente, esa era completamente la verdad. Porque el Joker era más de lo que yo podía aguantar, no como Batman, sino como Bruce Wayne. Pero otra vez, como siempre volvíamos al mismo tema:
que eran la misma persona.
Pasó una semana entera. Vigilaba al Joker por las cámaras de seguridad, que él sabía perfectamente donde estaban, por cierto, ya que muchas veces le sorprendía dirigiendo miradas furtivas hacia el objetivo, murmurando, primero, "me lo prometiste", para luego seguir repitiendolo mientras aumentaba el tono de habla hasta gritar. Hasta que, estoy seguro, que de haber tenido vecinos hubieran denunciado a la policía porque pensaban que estaba maltratando a alguien.
Y yo, inconscientemente, empecé a sentirme muy culpable. Empecé a caer en una espiral sin retorno, llena de culpabilidad y de negación. El Joker parecía mofarse de mi, mirandome a través de las cámaras, sonriendo, una sonrisa cínica, para luego estallar en una sonora carcajada. Y yo, entonces, apagaba todos los monitores y me iba. Hacía las rondas de noche, pero no con las mismas ganas con las que las hacía siempre, porque mi cabeza estaba en otro lado.
Así empezó una lenta decadencia que el hombre de la eterna sonrisa había causado indirectamente. Veía llover, pero no oía la lluvia. Pensaba que este problema debía de solucionarse, y debía de solucionarse lo antes posible, pero no era yo el que iba a dar el paso. Aparentemente, mi vida seguía siendo la misma, como Batman, como Bruce Wayne. Como ya os he dicho, Batman hacía las rondas de noche, y Bruce Wayne, su vida social por el día. Llevaba mujeres a casa, de las más preciosas que podrías imaginarte. Me distraía, iba a trabajar, compraba cosas. Pero ya no disfrutaba de nada, incluso menos de lo que había disfrutado siempre.
Tan grande era mi crisis que empecé a cuestionarme muchas cosas sobre mi mismo. Empecé a preguntarme si estaba empezando a unir a Batman con Bruce Wayne, y si se llegaría a saber la verdad sobre ese tema.
La crisis existencial duró mucho tiempo. Y parecía que no iba a cabiar, al menos mientras tuviera al Joker en mi casa. Pero desde luego, cambió. Una noche estaba sentado en el sofá del salón, pensando, sin hacer nada, pero haciéndolo todo a la vez. Me quedaba una hora para hacer la ronda, y, sinceramente, no me apetecía nada. En eso me había convertido. Sin embargo, ocurrió un suceso que terminó con toda la desesperación que había estado sintiendo todo ese tiempo.
Oí carraspear una gargante, y me sobresalté, porque estaba completamente sumido en mis pensamientos. Miré hacia donde mi cabeza había estado dirigida todo el tiempo, y advertí la presencia que había. ¿Cómo no me había dado cuenta? ¿Cuánto tiempo había estado allí? El Joker, al que se me estaba empezando hacer raro llamar de ese modo, debido a su cambio de apariencia, estaba en frente mía, con un gesto serio que rozaba la indignación. Le miré a los ojos durante un rato, hasta suspirar derrotado, y preguntarle.
-¿Y bien?
Él pareció indignarse más aún. Y era raro ver a un Joker indignado.
-¿Y bien? Eso debería preguntarte yo a ti, ¿no te parece, Bruce Wayne? ¿Cuánto tiempo más pretendes mantenerme...mmm...encerrado, es la palabra? ¿Es eso lo que querías? Porque...porque si era eso, haré las "maletas" y yo mismo volveré a Arkham a pie. ¿Sabes que Jeffrey, tu mayordomo, la sustitución de tu padre, O lo que quiera que sea, se ha convertido en mi Best Friend Forever? ¿Que no he visto a otra persona, en..casi...un mes? ¿Te parece bien,te parece... bonito? Si tienes tantos jodidos prejuicios, entonces, entonces ¿por qué estoy yo aquí? ¿Por qué estás tú aquí? ¿Por qué estamos manteniendo esta conversación, cuando tú podrías ser un Yuppie, y yo, un pobre administrador de empresas, un pobre ratero? Si, tus, tus preocupaciones se deben a eso, entonces, quizás, te estés cayendo de mi pedestal, Batman.
Esas palabras me sentaron como una bala en la frente, pero no podía permitirme que el Joker lo supiera. Aunque, en el fondo, estaba seguro de que él lo sabía. Podía ser parte de mi paranoia, pero a pesar de no haberle visto desde hace semanas, me daba la sensación en el estómago de que sabía perfectamente el efecto que tenía sobre m,i, y aprovechaba la mínima ocasión para manipularme a su antojo. Porque a Batman no podía influirle, de ninguna manera. Preo Bruce Wayne, bueno, era otra cosa.
-No puedo confiar en ti. No puedo confiar en ti ni siquiera para salir aj jardín. Sé que te irías. Sé que no volverías más. Sé que volverías al silo, pero te escaparías de nuevo. Yo te he ofrecido una vida diferente. The he ofrecido la normalidad, compartir algo contigo. Tú sólo re ries en mi cara, como haces siempre, y me dejas con...
-Tú y yo no podemos compartir nada Brucey, porque tú no quieres que compartamos nada. Es taaaaaan simple, pero, lo enreversas todo...taaaaanto.
Rodeó mi cuello con sus brazos. A mí ya nada me parecía extraño en ese hombre. Siempre había creido que era asexual, luego hablaba de esa doctora bastante alegremente, luego intentaba cosas conmigo...a mi, sinceramente, ya me daba igual. Veia como estaba pasando todo eso, pero no tenía intención de actuar de ninguna manera, estaba cansado.
-Oye, Brucey, no están echando nada interesante en las noticias, ¿no?
Miré a la televisión. ¿Desde cuando estaba encendida?
-No, supongo que no. ¿Y?
-Salgamos.
La habitación se sumió en un tenso silencio. Yo lo rompí.
-Sí. Salgamos.
Ya, ya sé que son cortos...pero el próximo tendrá algo más de sustancia. Al fin y al cabo, pro fin les voy a sacar de casa. Luego, tendrán que volver, claro...
En fin, dejarme algún comentario, que me encantan, y me motivan.
