Disclaimer: Nada me pertenece, simplemente disfruto torturando a los personajes.
Libros: Hasta el quinto, quizás datos de poca importancia tanto del sexto como del septimo. Pero lo dicho, nada importante: ni horrocruxes ni na' de naica na'.
Capítulo 10
Un suspiro tembloroso escapo de los labios de Hermione mientras la tensión abandonaba su cuerpo. Era curioso que después de haberse enfrentando a los seguidores de Voldemort un simple muggle fuera capaz de ponerla en este estado. Siempre había sabido cuando salia al campo de batalla que podía morir, hasta el punto de llegar a sentir contra su cuello la guadaña de la Muerte cada día. Pero en esos momentos había contado con dos de sus mejores armas: una mente privilegiada y su varita.
¿Contra el atracador? No había tenido nada, su mente se había quedado en blanco al darse cuenta de que no podía alcanzar su varita haciendo que durante esos pocos minutos dejase atrás todo lo que había aprendido desde que entro en el mundo mágico; había sentido que los recuerdos acumulados desde su onceavo cumpleaños pertenecían a otra persona, quedando en ella los conocimientos que había adquirido cuando creía que el único mundo que existia era el muggle.
Un saber que en esa ocasión se resumía en una corta frase: nunca luches durante un atraco; al fin y al cabo los cementerios estaban llenos de aquellos valientes que habían olvidado esta norma.
Draco volvió a guardar la varita, contemplo el arma muggle durante unos instantes notando su frialdad sin saber que hacer con ella. Si bien durante la duración de la guerra había permanecido en la sede de la Orden habían habido momentos en los que había necesitado alejarse, pensar durante unas horas sin tener que soportar todo el estruendo que creaban los demás habitantes de Grimmuald Place.
Había estado acostumbrado a las mazmorras de Hogwarts, donde los Slytherin dominaban lo
que les rodeaba con sus propias normas, aquellas que se les habían empezado a inculcar en sus casas. Ningún sangre pura debería mostrarse escandaloso, no debería gritar, ni permitir que sus rostros mostraran fácilmente sus sentimientos; y ellos se habían asegurado de que los mestizos aprendieran también la importancia de esto. Por este motivo en sus dominios nunca se habían escuchado risas escandalosas, ni conversaciones a gritos, ni a alguien tropezándose con otra persona a causa de que había ido corriendo.
Era una de las cosas que más le había llamado la atención de Grimmauld Place, no había sido capaz de comprender como podían escuchar sus propios pensamientos entre todos los sonidos que se producían allí... sin contar con los gritos llenos de rabia de la antigua señora de la casa. Esto le había llevado a ir ocasionalmente al piso que su madre había comprado en el Londres muggle. La casa había estado equipada como cualquier hogar normal, sin el más mínimo indicio de que quienes vivían allí eran brujos.
Una de las cosas muggles que más le había sorprendido era una televisión, aún podía recordar su sorpresa cuando involuntariamente la había encendido. Gracias a ella había descubierto algunos tipos de armas utilizadas por los muggles, por ello había sido capaz de reconocer rápidamente lo que ese hombre tenía en la mano. Había sentido curiosidad desde ese momento por las armas de fuego, ya que en un principio no había sido capaz de creer que algo hecho solamente de metal pudiera quitar con esa facilidad una vida.
-¡No se muevan! -segundos después de la seca orden, un hombre que rondaría la cuarentena se puso frente a ellos. La larga túnica que llevaba y el hecho de que mirase a su alrededor como esperando caer en una emboscada le identificaban claramente.
OooOooO
Hacía unos minutos que habían llegado a la casa, después de tener que pasar por el Ministerio para explicar con todo lujo de detalles lo que había sucedido. Nada más llegar les habían separado para que prestaran declaración, sin duda tratando de hacer que cayeran en algún error en sus versiones.
Parecía que el simple hecho de ser un Malfoy hacía que indudablemente sus intenciones hubieran sido las peores, en vez de estar tratando simplemente de protegerse a si mismo y a Hermione. La furia había corrido con fuerza por sus venas, siendole difícil el mantener de nuevo la expresión en blanco.
Se había sentido del mismo modo hacía un año, cuando trataron de arrebatarle todo lo que poseía con la excusa de que no era posible que un Slytheryn hubiera colaborado activamente con la Orden... se habían negado a creer que le debían la vida y todo lo que tenían a uno de ellos. De haberlo aceptado su mundo se hubiera puesto cabeza abajo, ya que hubiera significado que los viejos valores habían quedado obsoletos en la ultima guerra.
No hacía ni diez años de que el mismísimo Ministro hubiera dado una palmadita en la espalda al Malfoy en cuestión y le hubiera pedido que fuera más cuidadoso. No habrían habido interrogatorios ni amenazas, solo el reconocimiento del prestigio y el poder que destilaba ese apellido, a lo que se podía sumar la fortuna que en cada generación había aumentado.
Y en esta ocasión, de no haber sido porque la declaración de Hermione Granger coincidía punto por punto con la suya hubieran logrado su objetivo. No solo porque les interesase sus posesiones, sino porque poder afirmar que habían destruido a los Malfoy significaría a los ojos de la población mágica que estaban haciendo adecuadamente su trabajo.
Draco soltó una fuerte maldición mientras abría los grifos gemelos de la bañera que había en la habitación contigua a su dormitorio. La furia seguía latiendo con fuerza en su cuerpo. No le habían pasado desapercibidas las miradas que su esposa había recibido mientras se dirigía hacia él.
Miradas que iban desde un desprecio velado a la compasión pasando por la confusión. Ninguno de ellos podía comprender que una de las heroínas de la guerra se hubiera casado con él. Sin duda, hubieran disfrutado sabiendo sobre el contrato y no hubieran dudado en creer que solo de esa manera una mujer como ella se rebajaría a estar a su lado. En otra época, la opinión hubiera sido a la inversa, ya que todos se hubieran preguntado si Hermione era una cazafortunas o algún tipo de oportunista que había visto la oportunidad de hacer el mejor negocio de su vida.
Apreto la mandíbula cuando por su mente paso el recuerdo de Jeremia, un Auror que había estado medio enamorado de su esposa. Sabía que de no haber sido por los rumores que habían vinculado romanticamente a su mujer con Potter no hubiera dudado en hacer algún movimiento para conseguirla. Esas habladurías habían permitido que ella pasara un año sin tener detrás a una panda de admiradores, estos no la hubieran seguido solo porque ella les atrajera sino por la fama que había obtenido como miembro de la Orden.
Incluso habían habido momentos en que él mismo había creído que había algo de verdad en esas palabras, Potter y Granger eran demasiado cercanos como para que su relación no generara sospechas. Estos rumores se habían mantenido en un tono bajo mientras vivía la chica Weasley ya que pocos hubieran sido capaces de creer mentira el amor que había entre ellos. Era algo demasiado obvia, que se vertía en cada palabra y gesto que tenían el uno con el otro. Pero los comentarios habían subido de intensidad desde la muerte de Ginny, incluso habían habido personas que habían afirmado que Hermione no dudaría en aprovechar la oportunidad para conquistarle. Y todas las horas que ella había pasado en Grimmuld Place en esa época no habían ayudado a mitigar esas historias.
Negó con la cabeza, creía que Hermione nunca había estado realmente enamorada de Potter, de haberlo estado estaba seguro de que algo se hubiera notado en su expresión en alguna de las ocasiones en que ella les había visto besarse. Aunque quizás fuera una actriz mucho mejor de lo que hubiera esperado, al fin y al cabo en distintas ocasiones había sido capaz de actuar de un modo que iba en contra de todo lo que creía saber sobre ella.
0oo0oo0
Hermione se sentó en la cama de su dormitorio, aún sentía las piernas algo temblorosas cada vez que recordaba lo que había sucedido en el callejón. Ese muggle había logrado que pensara en como se sentiría si hubiera perdido a Draco. No estaba enamorada, no podía estarlo pero era capaz de reconocer que él era cada vez más importante para ella. Se había dado cuenta de que si le hubiera perdido hubiera sentido el mismo dolor que cuando supo lo que le había sucedido a Alex.
Necesitaba verle, saber que estaba bien, sentirle contra ella. Miro a su alrededor sin ver realmente los objetos que la rodeaban mientras tomaba una decisión. Está sería una de las pocas veces en que había tomado una elección sin tener en cuenta todos los riesgos, basándose solamente en sus sentimientos. Sabía que Draco no la rechazaría, ¿pero como podía lograr lo que se había propuesto?
No creía que fuera demasiado difícil seducir a Malfoy, pero su experiencia en ese terreno no era demasiado grande. Desde luego, no era virgen pero tampoco había tenido mucho tiempo con la guerra como para pensar en hombres o en sexo. Solo había estado con uno, y le había perdido demasiado pronto. Además de que con Alex no había sido seducción sino algo que había surgido sin que ninguno de los dos lo esperara.
Y estaba completamente convencida de que él tenía demasiada experiencia. ¿Y si hacía o decía algo que la hiciera ver como una idiota? Un suspiro escapo de sus labios al pensar en esa posibilidad, sabía que era un riesgo. ¿Estaba dispuesta a asumirlo, a arriesgar su orgullo? La respuesta llego antes de que hubiera podido meditarlo adecuadamente, sorprendiéndola.
Sí.
Se levanto de la cama cuadrando los hombros e ignorando el ligero temblor de sus rodillas. Cerro los ojos tratando de fortalecer su decisión y controlar sus nervios. No podía dejar que estos la dominaran en ese momento ya que sentía que había demasiado en juego. Cuando llego ante la puerta del dormitorio de Draco, no pudo evitar pensar que aún estaba a tiempo para dar marcha atrás. Él no tendría modo de saber que había actuado como una cobarde pero ella siempre lo sabría.
Inspiro profundamente cuando tomo el pomo de la puerta mientras se recordaba a si misma que había sido capaz de mantenerse en pie ante Mortifagos muy poderosos sin temblar. Una seducción no podía ser mucho más difícil que eso y, desde luego, ni la mitad de peligroso... salvo para su orgullo.
Miro a su alrededor al entrar, esperando verle. Al escuchar el sonido del agua se encamino hacía el cuarto de baño. No pudo controlar el ligero temblor de su mano al girar el picaporte ni el que sus entrañas se contrajeron con una mezcla a partes iguales de vergüenza e incertidumbre.
Una pequeña sonrisa curvo sus labios al verle reclinado dentro de la bañera, con el cabello rubio mojado peinado hacía atrás, los ojos cerrados y una expresión tranquila. Sabía que él había salido furioso del Ministerio, el hecho de que su mujer hubiera tenido que testificar para ayudarle había sido un fuerte golpe para su orgullo.
Desabrocho el primer botón de su camisa cuando Draco abrió los ojos.
-¿Hermione? -el nombre fue más una pregunta que una afirmación, como si ni él mismo pudiera creer lo que estaba viendo, como botón tras botón la piel satinada de ella era desvelada.
Ella le mantuvo la mirada, sabiendo que el control que mantenía sobre sus dudas era demasiado tenue, hasta el punto de que tenía la convicción de que si apartaba la mirada de esos ojos grises saldría corriendo. Observo como la mandíbula se apretaba, como cerraba las manos convirtiéndolas en puños a medida que la blusa acababa de abrirse. Inspiro profundamente al dejarla caer al suelo y llevar las manos a la cremallera de su falda.
Draco estaba completamente paralizado, en parte por la sorpresa ya que nunca había esperado que algo así pasara. Hermione no había pronunciado ni una palabra desde que entro en el cuarto de baño, se había limitado a mirarle y comenzar a desnudarse. Se pregunto porque lo estaba haciendo en ese momento, cuando siempre que él había intentado conseguir algo más que besos y caricias solo había conseguido que saliera corriendo. No físicamente, ya que Granger tenía demasiado orgullo como para hacer algo así sino levantando un muro entre ellos que había creído infranqueable.
Se limito a mirarla sin abandonar la postura en que la que se había quedado mientras veía la falda caer el suelo, su cuerpo exuberante cubierto únicamente por el conjunto de encaje negro que mostraba más que ocultaba atrayendo la mirada a sus suculentos pechos. Contuvo la respiración cuando vio como ella llevaba las manos a la espalda para desabrochar el cierre, repitiéndose a si mismo una y otra vez la orden de no moverse ya que tenía la certeza de que cualquier movimiento demasiado brusco por su parte podría hacer que ella se retrajera.
-¿Estás segura? -se maldijo a si mismo interiormente al hacer la pregunta. ¿Acaso estaba loco? Cuando por fin conseguía lo que llevaba tanto tiempo deseando su conciencia se decidía a levantarse de la tumba.
-Completamente.
Al escuchar esa simple palabra, el poco control que había tenido sobre si mismo se esfumo. Su mujer había dado el primer paso para convertir un simple contrato en algo verdadero. No se arriesgaría a darle más tiempo, a que pudiera pensar con excesiva claridad en lo que estaba haciendo y que se echara atrás, ya que de hacerlo podría acabar perdiéndola.
Y esa era una posibilidad en la que se negaba a pensar.
Hermione entro en la bañera y se acerco hasta él, frunciendo ligeramente el ceño mientras se sentaba a su lado. No estaba demasiado segura de que hacer, por una vez su cerebro parecía haberse desconectado dejándola sola. Miro los profundos ojos de Draco, que en ese momento parecían plata liquida y se acerco a sus labios. Noto como él enredaba los dedos en su cabello a la altura de la nuca y profundizaba el beso.
Se asombro de que un simple beso pudiera conseguir una reacción tan fuerte y rápida en su cuerpo, nada más que sus labios estaban en contacto y sin embargo sentía una conexión con él que parecía tener algo de mágica. Mantuvo los ojos entrecerrados mientras Draco abandonaba sus labios para trazar un rastro descendente de besos hasta llegar a su clavícula y las fuertes manos masculinas pasaron rozando los costados de sus pechos con la suavidad de una pluma hasta llegar a su cintura.
Abrió los ojos del todo al notar como la alzaba con facilidad para hacer que se sentara a horcajadas sobre él. Un escalofrío de placer recorrió su cuerpo mientras notaba la dura erección rozándose contra la cara interna de su muslo. Las manos de Draco aún se mantenía en su cintura, haciendo que sus pechos quedaran a la altura de su rostro. La mirada de él era tan intensa sobre su cuerpo desnudo que que hubiera jurado que podía sentirla realmente sobre si misma.
Enterró los dedos en el sedoso cabello rubio mientras notaba el cálido aliento contra su garganta. Delicados besos cayeron desde su cuello acercándose hasta su pecho mientras las manos subían y bajaban por su espalda, caderas y rozaban su trasero. Un leve gemido escapo de sus labios al notar como la lengua masculina comenzaba a acariciar la areola acercándose y alejándose del pezón sin llegar a tocarlo realmente mientras su otra mano empezaba a acariciar el otro pecho.
Bajo las manos hasta sus hombros, conteniendo las palabras que sabía que Draco buscaba. Él quería tenerla desesperada por su toque, por esa boca y manos que parecían ser capaces de crear una red mágica alrededor de su cuerpo. Descendió lentamente mientras deslizaba la mano desde el hombro hasta el pecho y más abajo hasta llegar a rozar su dureza con la yema de los dedos. Vio como la expresión de Draco cambiaba y se dio cuenta de que se preguntaba hasta donde sería capaz de ir.
Una sonrisa picara ilumino su rostro, decidida a demostrarle que podía dejar atrás su timidez le rodeo con sus dedos sin dudar. Tan duro y a la vez tan suave, acero y seda... movió los dedos desde la base hasta la punta una, dos, tres veces mientras le miraba a los ojos. Quería que él supiera en todo momento que ese instante de placer se lo estaba proporcionando Hermione Jane Granger y no una de las bellezas con las que le había visto. Alguien de belleza normal y no una exuberante, el polo opuesto de lo que a él le atraía.
Un grave gemido retumbo en la garganta de Draco segundos antes de que subiera la mano derecha para rodear con firmeza la nuca de ella, atrayéndola contra él y rozando su labio inferior con la lengua para a continuación empezar a besarla. Las lenguas jugaron una con la otra, retorciéndose, acercándose y alejándose en una imitación del acto más antiguo del mundo. Apretó un poco más la mano que había puesto en su cintura cuando ella siguió jugando con sus dedos, recorriendo toda su longitud. Hacía tanto que no estaba con una mujer que si ella seguía acariciándole, acabaría deshonrándose al no haber sido capaz de aguantar más. Tomo uno de sus pechos, sosteniéndolo simplemente durante un momento antes de comenzar a mover la mano, frotando delicadamente el pezón de un suave tono marrón.
Cuando rozo su pubis, noto como un escalofrío de placer la recorría. Estaba tan húmeda, la sentía tan perfecta entre sus brazos.
-¿Sabes que deseo hacerte? -murmuro contra su oído. Sus palabras fueron eróticas, provocativas, una promesa de placer. Hacía ya tanto que fantaseaba con ella, de tener su cuerpo ceñido contra él, de como se sentiría cuando por fin pudiera tomarla; toda esa ansia se vertio en sus palabras dándoles una mayor intensidad.
-Draco -el modo en que pronuncio su nombre, a medias un quejido de placer y una suplica, hizo que los duros labios masculinos se curvaran al comenzar a juguetear con su clítoris-. Más...
Deslizo con facilidad un dedo en su interior mientras tomaba su pezón en la boca, su lengua dándole pequeños azotes. Siguió moviendo los dedos, entrando y saliendo tan fácilmente de ella. Saco los dedos de su interior al notar como ella aceleraba sus movimientos, negándose a comportarse como un novato. Se había labrado la reputación de ser un gran amante con mujeres que no le importaban nada y no consentiría que ella, especialmente Hermione, le hiciera comportarse así. Necesitaba verla retorcerse de placer entre sus brazos, notar como le ceñía, las contracciones contra su pene cuando un orgasmo recorriera su cuerpo.
Aparto la mano que le rodeaba, haciendo que la apoyara contra su hombro antes de poner las suyas contra los globos gemelos de su trasero. Al masajearlos pensó que ella no sabía hasta que punto le enloquecía ese tentaron culito cuando lo veía enfundado en esos vaqueros muggles, moviéndose como si dijera "ven a por mi". Noto el húmedo calor de sus labios contra su glande, como ella se retorcía levemente al notarle abriendo más las piernas alrededor de sus caderas. Trabo su mirada con la de ella al hacerla descender milímetro a milímetro, disfrutando de ese placer aterciopelado.
Apretó las manos contra los hombros de él, maravillándose de la dureza de sus músculos, mientras empezaba a moverse, asombrándose por el modo en que le sentía en su interior. Cálido, grueso y tan duro... Sus movimientos se hicieron más rápidos mientras su aliento salia en rápidos jadeos. Nada podía ser mejor que esto.
Draco jugo con los pechos femeninos, dejando que ella marcara el ritmo, sus manos aún sobre el trasero de ella moviéndose en caricias cada vez más rápidas mientras la pasión seguía subiendo. Apretó los dientes, retrasando su orgasmo. Tanto tiempo sin una mujer, deseándola únicamente a ella, pero está vez tenía que ser perfecta. Necesitaba demostrarle que él podía ser el hombre con el que había soñado durante sus más salvajes fantasías.
Hermione gimió, sus movimientos haciéndose cada vez más frenéticos mientras el deseo se concretaba, apretándose en su interior. Puso una mano en la nuca masculina, dejando que sus dedos se introdujeran en el cabello de él, mientras le mordisqueaba el labio inferior. La lengua de él salio al encuentro de la de ella cuando subió una mano hasta su nuca, forzándola a acercarse más, a tomarse más en serio el beso. La otra mano se traslado hasta la cintura, empezando a controlar los movimientos de ella.
Draco sintió como los músculos femeninos se tensaban alrededor de su pene, llevándole cada vez más cerca del borde. Trago el grito de Hermione con su boca, sin dejar de besarla, disfrutando de ese orgasmo y retrasando el propio. Cuando los últimos estremecimientos recorrían el cuerpo de la joven, se dejo arrastrar, haciendo que los movimientos de penetración fueran más profundos y salvajes hasta que un fuerte grito de placer dejo su cuerpo.
