*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.
Perdido en Navidad
Dic. 24: Una celebración diferente
Después de acordar festejar ahí, Edward bajaba las maletas de la camioneta con una amplia sonrisa en su rostro, mientras Bella se acercaba al mostrador para preguntar por habitaciones. Edward no lo sabía, pero habría bastado muy poco para convencerla, ya que finalmente ella no tenía un plan tan claro como él para festejar estos días.
Cuando preguntó por habitaciones, el encargado, de aspecto rudo y peligroso, le indicó que tenían dos disponibles, la 6 y la 18 acercándole la llave con el número 6 en señal de que ella la tomara y se hospedara ahí. Sin embargo, Edward iba entrando al lugar y se acercó rápidamente al percatarse de las intenciones de aquel hombre.
—Tomaremos la 6… —indicó con firmeza—. A nombre del señor y señora Cullen —agregó sosteniendo su mirada.
—Bienvenidos —respondió el encargado con una mueca entendiendo la actitud territorial de Edward—. ¿Efectivo o tarjeta?
Llegaron a la habitación y ambos se tumbaron en la cama. Solo dormitaron unos minutos hasta que Edward se levantó de la cama. No podía negar que estaba feliz pero también se había sentido inquieto cuando Bella aceptó quedarse a celebrar ahí con él. Tenía que avisar en su casa, donde finalmente lo estaban esperando. Aunque ellos no sabían que estaba con Bella, ni que estaba en Montana, ni todo lo que había sucedido en un par de días, ni nada.
Argumentando querer darle un poco de espacio para que tomara un baño y se alistara, Edward salió de la habitación y fue a buscar un teléfono fijo para llamar a Alice y escuchar su inevitable regaño. Hablarle de Bella podría ser un buen argumento para tranquilizarla, ya que siempre se habían llevado bien, pero seguía sin estar seguro de la reacción de los demás, sobre todo de Kate.
—¿Cómo que no llegas? ¿En dónde estás? ¿Estás bien?... Edward, esto no está bien, me estás llamando por cobrar desde algún lugar en Montana y me dices que no vas a llegar hoy… ¿Alguien te tiene secuestrado o te está chantajeando? Dime..
—Alice, te llamo por cobrar porque no tengo monedas, mi celular no tiene señal, y no llego hoy porque me perdí, pero en un par de días estoy en casa.
—¿Un par de días? Edward… ¿estás con alguien?
—Alice… —Cuando se disponía a contarle que estaba viajando con Bella y que pasaría con ella Navidad, se escuchó una voz al otro lado discutiendo con su hermana. Era Tanya, estaba alterada pero Alice negó que estuviera hablando con él, rápidamente fingió concluir una conversación y colgó.
Al regresar a la habitación encontró a Bella lista y olvidó todo. Se veía hermosa, no usaba nada extravagante, de hecho traía unos jeans, un suéter y zapatos bajos, tenía el cabello escondido debajo de un gorro de lana y una bufanda roja, pero había algo en ella que la hacía lucir increíble.
—Compré algunas cervezas y papas —señaló Edward levantando las bolsas con lo único que había podido conseguir por si la cena navideña no resultaba lo suficientemente animada.
—Genial… yo me encargaré del árbol y los villancicos —bromeó Bella antes de recostarse en la cama y encender la televisión.
Minutos más tarde, ambos estaban listos. Edward también vestía unos jeans y suéter, aunque sin gorro ni bufanda. Al salir de la habitación se animó a tomar a Bella de la mano para ir a la cena.
Cuando llegaron encontraron alrededor de veinte o veinticinco personas entre adultos y un grupo de adolescentes no tan animados sentados en una mesa.
Parecían los propios trabajadores del hotel y de la cafetería, además de algunos huéspedes. Había música, algunos usaban gorros navideños, algunos charlaban, una clásica escena navideña.
Poco a poco se integraron con un par de personas, charlaban sobre las razones de pasar Navidad ahí y algunos temas superficiales, estaban disfrutando bastante de la convivencia previa a la cena. Una de las chicas del grupo de adolescentes reconoció a Bella y tímidamente se acercó a preguntarle si le firmaría su libro. Una vez que accedió, ella y sus amigas fueron por sus copias para ser autografiadas. Se tomaron fotos con ella y hubo quien aprovechó para fotografiarse también con Edward.
Durante la cena todo transcurrió animadamente, la música siguió, brindaron, bailaron, y estaban muy alegres por el ambiente… y también por el alcohol que habían ingerido.
Pasada la una de la mañana, cuando la celebración terminó en la cafetería, regresaron a la habitación. Iban riéndose en el camino mientras recordaban detalles de la cena. Ambos estaban desinhibidos por el alcohol, y habían estado compartiendo varios toques sensibles en los brazos, cuello, manos, así como abrazos y muchos besos en la mejilla, sienes y frente que, en lugar de apaciguar sus ganas de algo más, habían acelerado su deseo.
Fue así que, una vez que entraron a la habitación, aún en silencio y a oscuras, se acercaron lentamente uno a otro, y cuando estuvieron a centímetros sintiendo cómo un estremecimiento recorría todo el ambiente, se miraron. Sabían que la carga sexual del ambiente era intensa, pero ninguno se atrevía a dar el primer paso definitivo.
—Feliz Navidad —dijo Edward en un tono bajo mientras la abrazaba suavemente.
—Feliz Navidad —respondió Bella mientras se acomodaba en sus brazos e inhalaba su aroma. Lo extrañaba.
Tras unos segundos, Edward se separó, le pidió a Bella que esperara un momento y se dirigió hacia donde estaban las maletas.
—¿Qué haces? —preguntó Bella encendiendo la lámpara de la habitación.
—Espera un segundo… —respondió sin voltear mientras removía algo en las maletas— No te desesperes…
Mientras tanto, Bella se quitó el gorro, la bufanda, los zapatos y el suéter, abrió las papas fritas que Edward había comprado horas antes y destapó un par de cervezas. Se sentó en la cama y buscó música navideña en su ipod antes de arrojarlo a un lado sobre la cama.
—Definitivamente ha sido una celebración diferente —aseguró con una sonrisa en el rostro mientras se recargaba hacia atrás en el colchón para quedar sobre sus antebrazos.
—Y no hay Navidad… —Edward se giró hacia ella y sonrió de manera traviesa mientras se acercaba lentamente— sin…
—¿Pavo? —bromeó ella.
—No.
—¿Nieve?
—No —seguía el juego Edward mientras extendía su mano indicándole que se incorporara en la cama.
—¿Baile?
—No señorita… No hay Navidad… ¡Sin regalos! —exclamó presentando frete a ella una pequeña caja con envoltura de muñecos de nieve.
—¿Edward?... ¿Estás robando tus propios regalos de Navidad? —preguntó antes de reír.
—Digamos que… estoy reasignando un regalo.
—¿Reasignando?... No creo que eso haga muy feliz al destinatario inicial…
—Te aseguro que no habrá ningún problema… —afirmó convencido tomando la mano de Bella para colocar la caja en ella— Ábrelo, por favor.
—Edward…
—Anda… Es Navidad… —Hizo un puchero que terminó por convencerla.
La pequeña caja contenía un reloj de pulsera en platino. Era algo delicado, fino y elegante, por lo que Bella se animo a deducir que originalmente era para Esme. Sin embargo, Edward se opuso a confirmar o negar cualquier especulación.
—Edward, muchas gracias… Yo… no tengo… —Estaba a punto de disculparse por no tener un regalo de Navidad para él cuando se detuvo abruptamente y salió disparada hacia las maletas donde Edward había estado minutos antes—. Bien, dame cinco minutos y cambia la música a Jingle Bells, ¿de acuerdo? —indicó a Edward mientras entraba al baño.
Pasado el tiempo establecido, Edward cambió la música y tomó su cerveza. Estaba sentado en la cama, recargado en la cabecera con las piernas extendidas cuando vio asomándose por la puerta del baño, la pierna de Bella.
—¿Qué…? —Sus ojos y boca estaban abiertos sin dejar de mirar aquel sitio de donde había salido ahora ya una Bella vestida con aquel mini traje de Señora Claus que lo había sorprendido en el aeropuerto.
Desde luego, la música no correspondía para hacer ningún striptease pero Bella intentaba moverse con ritmo luciendo indudablemente sexy con ese atuendo y acercándose a donde se encontraba Edward.
La única Navidad que habían pasado juntos había sido completamente familiar. Bella y Charlie en casa de los Cullen en una celebración totalmente tradicional.
Este año, todo había cambiado, y para Edward, el regalo de Bella, era lo mejor de todo. El haberla encontrado en el aeropuerto había sido decisivo. Lo había sentido en ese momento. Solo habían compartido un par de días después de tantos años, pero esperaba que las cosas en su vida cambiaran. La quería cerca más tiempo de lo que su intencional desviación en el camino les había permitido. La amaba. Y, teniéndola en esa habitación de un pequeño hotel en medio de la montaña, estaba seguro de que no necesitaba nada más.
—Sé que no es un reloj pero…
Edward se levantó de inmediato de la cama, sin tratar de ocultar su excitación, y la interrumpió—: Es el mejor regalo que he recibido en mi vida —sonrió embobado y se acercó a ella—. Feliz Navidad —susurró Edward mientras su mano acariciaba casi en cámara lenta el rostro de Bella.
Ella tomó su mano deteniéndola en su exploración mientras respondía, dejando a Edward estático—: Feliz Navidad —Su otra mano tomó con fuerza el cuello del suéter de Edward para acercarlo hasta juntar sus labios.
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Gracias por la paciencia y por leer.
Va doble actualización!
