11-Lo que le estaba esperando
Llegaron a Port Royal al caer la tarde. La chica salio del barco a la vez que el pelotón de hombres sacaban cosas hasta que salieron del puerto. A ella todo le resultaba tan familiar... y triste. Llegaron a la vieja tienda del hombre.
-Ya estáis aquí-le dijo- Mi nombre es Peter. Podéis pasaros por aquí siempre que queráis. Vuestra madre lo hacia muy a menudo...-la chica asintió.
-Ha sido un placer, muchas gracias-dijo y hecho a andar. Había pensado ir a la casa de Norrington, que supuso que estaría vacía. Se coló por el patio de atrás y entro por la puerta trasera. Le sorprendió que estuviera abierta. Eso podría decir que nadie entro desde que se fueron. Las lagrimas inundaron el rostro de Claire nada mas entrar. Había tantos recuerdos... Como iba a estar sola en la casa durante una semana, en vez de volver a coger su maleta y llenarla, fue a hacer lo que mas deseaba: darse un buen baño. Y es que no lo había hecho desde el primer día que había estado en la casa.
-La vida del pirata es un asco-se dijo mientras se quitaba el mugriento traje de sirvienta marrón, antes celeste. Puso al fuego un gran barreño de agua y, con un poco de dificultad, la derramo en la bañera y se metió dentro. Le supo a gloria, vamos. Se mojo toda la cara y el cuerpo ( y sobre todo el pelo) y el agua empezó a enturbiarse. Al igual que sus pensamientos. La idea de estar prometida con alguien que supuestamente estaba muerto... Y le dolía la manera tan tonta como se había comportado con el en los días que había estado en la Perla Negra, tan celosa... Aun así el la perdonaba.
Un buen rato después, salio de la bañera, fue a su cuarto y se puso un vestido. La noche casi estaba a punto de caer, así que, mientras se dirigía a la cocina, fue encendiendo velas. Estaba muy hambrienta. Y esperaba que pudiera haber algo de comer. Se fue hacia allí y empezó a abrir armarios, pero se detuvo en seco. Escucho el ruido de cerrarse la puerta de la entrada, y el sonido de desenvainar una espada. Del susto, sus manos temblaron he hicieron que se cerraran de golpe las puertas del armario. Entonces una voz ronca de hombre exclamo:
-¡Alto ahí! ¡Voy armado! ¡Muestrese!- Claire no sabia que hacer. Temía que al salir le dieran una estocada de golpe.- ¡He dicho que se muestre!-volvió a repetir. Claire, mirando al suelo y con mucho cuidado salio del la cocina. Tenia bastante miedo. Pero el hombre ni dijo ni hizo nada. La chica, sin levantar la vista del suelo por miedo, dijo:
-Ya me he mostrado, señor-susurro. Pero parecía que el hombre había desaparecido, pues no hacia el mas mínimo ruido. Entonces ella levanto tímidamente la cabeza y miro al frente. Se llevo una mano a la boca mientras, sin poder gesticular palabra, James Norrington reaccionaba y se acercaba hasta ella.
-¡Claire!-exclamo y la abrazo como nunca antes había abrazado. Quería sentirla cerca. Claire le abrazo también, sin poder creérselo.
-Creía que vos...- consiguió decir y se separo de el para mirarle a la cara. Necesitaba verlo.
-No, os dije que no me iba a pasar nada, que saldría de allí sano y salvo-le interrumpió mirándola a los ojos pero sin soltarle las manos.
-Pero he sufrido mucho pensando que estabais muerto-dijo con los ojos enagados de lagrimas. El hombre le acaricio la cara.
-Claire, no sabéis lo entupido que fui. Pero... me han ascendieron, soy almirante, soy libre, y os quitare la orden de ejecución.
-Pero, señor..
-No quiero que me llames mas señor-le interrumpió-te lo prohíbo. Ya no eres mi sirvienta. Me llamareis James.- Claire sonrió. El hombre se acercó lentamente a ella y la besó tiernamente. Para Claire era un sueño. ¿Era un sueño? ¿Seria todo verdad? ¿Cambiaria este momento por volver a estar con sus padres?
Próximo capitulo: La mala noticia
