Sé que no hay excusas para tardar más de un año con esta actualización, en mi defensa sólo puedo decir que ha sido un año muy complicado para mí.

Espero enmendarme con los siguientes párrafos, como siempre atenta a sus comentarios. Cariños a todas!

"Las Estrategias de Mina"

Sé que estarán ansiosas de escuchar lo que Mina tiene que contar luego de cumplir con su misión de espionaje y les aseguro que yo estaba igual o peor que ustedes, desafortunadamente, mi impaciente curiosidad tuvo que esperar un día más.

Luego de la salida, Amy se quedó conmigo hasta el domingo en la tarde, la noté muy callada durante el medio día y el almuerzo, al parecer algo la acongojaba y que mejor forma de hablarlo que con un postre en mi habitación.

-¿Amy, te ocurre algo? –consulté en tono suave.

-Serena, ¿puedo preguntarte algo? Pero debes prometer que tu respuesta será sincera –respondió sin levantar la vista del tazón de frutas con crema que tenía en sus manos.

-Claro que te daré mi opinión más sincera, ¿cuándo he hecho lo contrario? –me senté en una silla junto a la cama para mirarla de frente.

-Bueno, es algo que quizá sepas, tú eres muy perceptiva en estas cosas -titubeó un momento-. Es sobre… sobre Haruka –murmuró un tanto avergonzada- bueno, yo, me siento de cierta forma atraída hacia él…

-Te gusta –sentencié firmemente.

-No –se apresuró a responder-. Bueno, sí, quizá un poco.

Ver a mi amiga en esa situación me hizo recordar lo duro que puede ser asumir tus propios sentimientos, incluso cuando frente al resto son una obviedad. Viendo todo desde otra perspectiva, una más personal, dejé de ser tan fría e intenté ponerme en el lugar de Amy, lo cual, ahora, no era muy difícil para mí. Decidí suavizar el tono y preguntar de manera sutil.

-¿No estás segura? –pregunté con voz suave.

-Sí, sí estoy y ese es mi problema –respiró hondo antes de continuar-. Verás, hace mucho tiempo que me gusta y por lo mismo me sentí pésimo cuando comenzó a hablar de… de ella.

-¿De Michiru? – indagué en un susurro.

-Sí de ella misma –levantó la vista, preguntándome de frente-. ¿Crees que debería olvidarme de todo? –Hizo una mueca que parecía intento de sonrisa y antes de que pudiera contestar agregó- No sé porqué te lo pregunto, claro que dirás que lo ignore y me olvide de él –me miró expectante.

Supuse que lo que Amy quería era una respuesta fría de mi parte, algo similar a lo que ella misma dijo. Por un momento lo pensé, incluso estuve a punto de contestar algo por estilo, pero le prometí que mi opinión sería sincera y eso no era lo que pensaba, no era lo que le aconsejaría, no era lo que yo haría.

-No –vi el desconcierto en su rostro-, no es eso lo que te diré. Creo que deberías dar la batalla, o por lo menos decirle, porque estoy segura que Haruka no sabe nada al respecto.

-No sabe y no tengo intención de decirle –volvió a su expresión afligida.

-¿Acaso te rendirás tan fácil o no te interesa tanto?

-Claro que sí me interesa –determinó enérgica,- pero no tiene sentido, él ya tiene a alguien más.

-Amy, me extraña que te des por vencida sin siquiera intentarlo.

-Y a mí me extraña que tú me estés diciendo estas cosas –me dedicó una mirada acusadora. –Dime algo Serena, qué pasó con todas las convicciones que defendías tan celosamente.

Su pregunta no sólo me tomó por sorpresa, además me puso bastante nerviosa. Recordé la conversación pendiente con Mina y los encuentros con Hina, si bien no estábamos bajo las mismas condiciones, el caso era el mismo.

Le desvié la mirada y me puse de pie frente a la ventana, no quería mentirle a Amy, mis amigas siempre han sido de las cosas más importantes para mí, pero aún no estaba lista para confesar.

-¿Te interesa alguien? –volvió a preguntar.

Suspiré y luego dejé escapar un "Sí" desanimado.

-Pero no me preguntes quién, aún lo estoy asumiendo.

-No te preocupes, amiga, no te preguntaré nada. Hablarás cuando estés lista.

-Gracias- le dediqué una sonrisa. –Creo que no fui de mucha ayuda, verdad.

-Me parece que estás más aproblemada que yo, Serena –sonrío.

-Aunque no me gusta aceptarlo, pero creo que es verdad –ambas reímos un buen rato y terminamos con nuestro postre.

Lunes por la mañana y yo sólo pensaba en lo que Mina tenía para decirme, quizá se dedicó a hablar ella todo el camino y no escuchó nada; no debería siquiera imaginarme esas cosas, si alguien podía espiar a gente indeseable era Mina. Le envíe un mensaje a su celular diciendo que nos saltáramos la primera clase y fuéramos por el helado que le debía y así podríamos hablar, pero la muy malvada no respondió ni fue a las dos clases de la mañana. A eso del medio día, cuando ya estaba pensando en el almuerzo, recibí una llamada; resultó que la señorita Aino se quedó dormida y por eso no fue a clases, me dijo que nos viéramos en su heladería favorita dentro de una hora.

Sin pensarlo me fui de la Universidad para reunirme con mi amiga, estaba tan ansiosa por lo que me diría que, al final, mi mente quedó en blanco. Cuando llegué al lugar, faltaban diez minutos para la hora acordada y conociendo a Mina llegaría en unos veinte más, para mi grata sorpresa fue puntual, lo cual me sorprendió y me hizo pensar que tenía algo muy importante que decirme.

-¡Mina! Que sorpresa, llegaste a la hora.

-Hola Serena, claro que llego a la hora, tengo muchas ganas de tomar ese helado y tiene que ser en este lugar.

-¿Llegaste a la hora sólo por el helado? –Murmuré desanimada –Creí que tenías algo urgente que contarme.

Mina se limitó a sonreír y me jaló del brazo hasta una mesa que se encontraba junto a un enorme ventanal con vista a un jardín interior.

-Oye, esta heladería es muy bonita, ¿por qué no me habías hablado de este lugar?

-Lo encontré hace poco, un día que recorría el sector en busca de alguna nueva prenda que comprar –hizo una pausa, miró alrededor y luego fijó la atención nuevamente en mí -, pero lo mejor de este lugar es la atención –me guiñó un ojo.

No le di mucha importancia a su comentario, en ese momento sólo me interesaba oír una cosa de ella y no tenía nada que ver con los helados.

-Bueno, a lo que vinimos, ¿qué tienes para decirme?

-¿Tomarás un helado doble o triple? –consultó con la cara sumergida en la carta de postres.

-¡Mina! –La regañé cual niña pequeña fuera –Estás ignorándome totalmente.

-Para nada, Serena, pero haremos las cosas a mi modo, ¿te parece?

No tuve ni medio segundo para responder, ya que una sombra opacó la mesa interrumpiendo mi intento de conversación.

-Buenas tardes –saludó un mozo de manera muy cordial -, ¿están listas para ordenar?

-Yo quiero un helado triple de vainilla y crema, bañado en chocolate y tu número de teléfono –mi querida amiga hizo el pedido con total naturalidad y para colmo le dedicó una coqueta mirada al apuesto chico que nos atendió -. Y tú, Serena, ¿qué vas a pedir?

-Yo quiero una copa doble de chocolate con crema –había que ahogar con algo la ansiedad del momento y qué mejor que el dulce sabor del chocolate.

El joven se retiró con nuestros pedidos anotados en una libretita y pude distinguir como apretaba los labios para no reír.

-¿A esto te referías cuando dijiste que la atención era lo mejor del lugar?

-Ya me conoces, la recreación visual es uno de mis pasatiempos favoritos –se apoyó en el respaldo de la silla y estiro el cuello para observar su foco de atención -. Además, no me puedes negar que ese mozo es hermoso –ambas carcajeamos por sus ocurrencias.

Mientras esperábamos por los helados, Mina no quiso adelantarme ni un mísero detalle, se limitó a repetir que lo haríamos a su manera y que no soltaría la información hasta que su recompensa estuviera en la mesa. Finalmente, el chico que tomó nuestros pedidos regresó, la copa triple parecía tener más porción de la normal y junto con la servilleta venía un trozo de papel de la libreta donde anotaba los pedidos, los puso frente a Mina y le sonrió galante. Quedé sorprendida durante un segundo, pero luego recordé lo común que era esto en mi amiga. En cuanto el mozo estuvo a una distancia prudente, indagué:

-¿Es su número, verdad?

-Sí –respondió Mina mientras veía el papelito y lo guardaba en su cartera.

-¿Piensas llamarlo?

-No lo sé, lo hice por jugar, quizá un día que esté aburrida –observó su enorme copa y añadió- o cuando quiera un helado gratis –sonrió traviesa.

-Bien, ya tienes tu parte –adopté una actitud seria- ahora dame la mía.

-Ok, tú escuchas y yo como –sentenció luego de sacar su celular y ponerlo en el centro de la mesa.

Balanceé mí vista entre el teléfono y su cara, con total incertidumbre, no entendía cómo iba yo a escuchar y ella a comer al mismo tiempo y, mucho menos, qué tenía que ver su celular.

-Ya cambia esa cara, Serena. Lo grabé todo.

-¿Lo grabaste? –aún no lograba salir de mi confusión.

-Claro, ¿acaso creías que haría trabajo de espía barata y te contaría lo que oí?

-Por supuesto que eso creí, jamás se me ocurrió que lo grabarías –hice una pausa que me sirvió para reaccionar y luego exclamé-. ¡Mina, eres genial! Sabía que esta misión era para ti.

-Entonces, basta de tanto preámbulo –encendió la grabación y acercó su celular hacia mí, tomó su cuchara y comenzó a saborear su postre sin perder atención a lo que reflejaba mi rostro.

Oí muy atenta la grabación, habrá durado unos 20 minutos, aproximadamente. Mina en verdad había capturado todo el diálogo. Al principio platicaban sobre cómo lo habían pasado durante la noche y pude distinguir que Mina hacía preguntas estratégicas a Darien.

-Darien, casi no te vi en toda la noche.

-Será que te perdiste en la pista.

-No creo, cada cierto rato volvía a la mesa, en cambio tú ni te moviste de donde estabas.

-Hay quienes prefieren disfrutar un momento agradable en compañía de sus amigos y no estar como remolino por todo el lugar –interfirió Hina.

-Claro, los viejos aburridos que no saben divertirse –respondió mi espía con total desfachatez. De fondo de oyó un murmullo de Lita regañándola por tal comentario, pero ella siguió sin preocuparse por nadie-. O tal vez la gente que baila mal. Darien ¿a ti te gusta bailar, verdad?

-Sí, me gusta bailar y más cuando tengo una excelente pareja.

Se oyó, claramente, la risa de Hina ante la respuesta de Darien, pero Mina no se dejó estar y lanzó otra bomba verbal.

-Por eso no paraste de bailar cuando hicimos la fiesta en tu departamento –en seguida cesó la molesta risita, pero eso no detuvo el ataque-. Me lo hubieras dicho antes, Darien, así no dejo que Serena bailara con esos chicos hoy y podrías haber disfrutado más la noche.

-¿Y quién te dijo que Darien no disfrutó la noche? –Hina sonaba indignada.

-No necesito que me digan todo, soy muy perceptiva, además él mismo acaba de decir que le gusta bailar con una excelente pareja y con Serena hacen una excelentísima pareja.

-No debes ser muy perceptiva si no te diste cuenta que Darien y yo bailamos casi toda la noche –dijo con voz altanera.

-Si a eso le llamas bailar –Mina disimuló un poco su tono, pero aún así se apreció notoriamente su intención-. Además, por algo dije que con Serena hacen una excelentísima pareja –dando un especial énfasis a estas últimas palabras –si los vieras entenderías.

Así fue durante casi toda la grabación, Mina no paró de hablar y guiar la conversación hacia donde ella quería, incomodar a Hina. Por su parte, Darien, parecía no preocuparse demasiado por los comentarios dirigidos hacia su ex novia y por más despistado que sea un hombre, para nadie pasan desapercibidas las intenciones de Mina. En cuanto a Lita apenas interfirió, ella sabía que cuando cierta persona habla no hay quien la pare.

Lo que me llamó la atención, fue el final, sabiendo del poco tiempo que le quedaba en el auto, mi espía, hizo su última jugada.

-Ya estamos cerca de tu casa, ¿verdad Mina?

-Sí, Darien, ya sabes que vivo muy cerca de ti. Si quieres te acompaño a dejar a las demás –se ofreció amablemente.

-Creo que es hora de que las niñas se acuesten –Hina intentó sonar cordial, cosa que no le resultaba en lo más mínimo.

-Las niñas, sí, las jóvenes llenas de vitalidad como nosotras aún tenemos energía para rato, cierto Lita.

-Sí, como digas –Lita contestó entre bostezos y de fondo se oyó la risita de Darien.

-Creo que tú tienes energía sin importar que hora sea.

-Claro, es parte de mi encanto. Darien, entonces ¿te acompaño a dejar a las chicas, o, acaso tienes algo que hacer?

-Por supuesto que puedes acompañarme, así no me devuelvo solo luego de dejar a Hina. Además, ¿qué tendría que hacer a esta hora? –comentó Darien a la vez que su ex suspiraba con evidente frustración.

A los pocos minutos llegaron a casa Hina y la grabación terminó luego de que ella dijera "adiós, Darien", en un tono muy seco y a continuación se oyera un fuerte portazo.

-¿Y? –inquirió Mina, quien casi terminaba con su helado.

-Eres genial, demasiado genial. Sabía que este trabajo era para ti, pero no imaginé que lo harías tan bien.

-¿Acaso dudas de mis aptitudes? –bromeó en tono arrogante.

-Jamás. Sólo dos preguntas. ¿Por qué atacaste tanto a Hina si no te he contado nada?

-Por favor, me estás subestimando –se hizo la ofendida.

-¿Por qué lo dices?

-¿Qué tenía que saber para molestar a la bruja? Que te atrae Darien; que tú le gustas a él; que algo tuvieron o que la entrometida no deja de meter su nariz donde no la llaman –se llevó la cuchara a la boca y me observaba en espera de una respuesta.

-Dame unos segundos para salir del estado de shock –le dije medio en broma, medio en serio. Estaba atónita frente a las declaraciones, ¿cómo rayos se supone que ella sabía todo eso?- Quieres decirme, o mejor explicarme, ¿por qué dices eso?

-Me extraña esa pregunta viniendo de ti, Serena. No soy tonta y tengo un buen detector amores. Me di cuenta hace mucho, no dije nada porque supuse que te complicaba la situación.

-Pero, ¿cómo, cuándo, dónde?

-Observando, en la Universidad, desde el día en que se conocieron –respondió a mis tres preguntas con total certeza-. ¿Recuerdas cuando Amy nos presentó a Darien?

-Sí, fue justo un día antes de que fuéramos al departamento de Lita a comer pasteles y tú… -dejé la frase en el aire recordando específicamente cómo fueron las cosas.

-Y yo estuve muy callada mientras ustedes hablaban de la fiesta de la Universidad, recuerdo muy bien cuando te dije que estaba "analizando una situación".

-Nunca me dijiste cuál era esa situación.

-La forma en que te miraba Darien.

-¿Tú también te diste cuenta? Creí que sólo eran ideas mías.

-Ese hombre no disimula, quizá los demás no se dieron cuenta, pero yo en seguida noté la intensidad de su mirada sobre ti.

-También recuerdo que arreglaste todo para que me fuera con él al departamento de Lita.

-Sí y entonces me llamaste traidora, ¿qué me dirías ahora?

-¿Gracias? Creo, la verdad no sé si esto es bueno o malo.

-Depende de cómo termine. Si ganamos nosotras o le dejamos el camino libre a la cotorra –Mina ya había hecho de esto un asunto personal.

-Así que nosotras, eh.

-Por supuesto, no lograrás la victoria sin mi ayuda.

-Como digas –dije resignada, una vez que ella se involucra en algo no lo deja hasta que consigue su fin-. No has terminado de explicarme cómo sabes que me gusta Darien.

-¡Ajá! –su cara denotaba sorpresa mientras me señalaba con su dedo índice de manera acusadora- Entonces te gusta en serio, creí que era sólo una atracción.

-No lo repitas –rogué en tono dramático-, aún estoy procesando todo, fue difícil asumirlo.

-Me imagino, aceptar el problema es el primer paso y el más difícil. Te tomó varios meses.

-¿Meses? Llevo así apenas unos días, un par de semanas como mucho.

-¿En verdad no te diste cuenta antes? Estás bastante ciega, amiga. Te voy a ser sincera, desde el año pasado que sentía una química especial entre ustedes, ya cuando descubrí a Darien con rastros de tu brillo labial alrededor de su boca no me quedaron dudas, aunque tú negaste todo. En cambio él, sólo se quedó callado observando, te lo digo, ese hombre no disimula.

-Me estaban matando los nervios aquella vez y yo quería matarte a ti.

-No es mi culpa que descuides los detalles- se distrajo un momento mirando al mozo-. Te confieso que durante el verano tuve mis dudas, te veías muy entusiasmada con Seiya y ni te acordaste de Darien.

-Sí me acordé, casi todos los días y más cuando chateábamos bastante seguido las últimas semanas.

-Bueno, quizá eso te hizo desechar a tu conquista veraniega.

-Creo que fue al revés. Los encuentros con Seiya me hicieron reaccionar y fue así que noté cuánto extrañaba a Darien, luego tuve un terrible conflicto interno y, finalmente, no me quedó más que aceptar lo obvio.

-Si estabas tan complicada podrías haber confiado en mí –señaló con sincero pesar-. Y si estabas confundida yo te habría aclarado todo.

-Lo sé, pero necesitaba pasar por esto sola, ni siquiera podía decirlo en voz alta. Estar así va contra todos mis principios.

-Ya que te respondí más de dos preguntas, debemos planear…

-Espera –la interrumpí al recordar mi segunda pregunta-. No me dijiste qué hablaron Darien y tú luego que dejaron a Hina, no creo que te quedaras callada todo el camino a tu casa.

-Eso, mi querida amiga, es historia para otro día.

-Si quieres otro helado por esa información pídelo en seguida. Traje mi billetera preparada.

-No te pediré otro helado por eso, simplemente es algo que aún no te diré.

-Odio cuando te pones misteriosa.

-Y tú no seas ansiosa, acaso no has tenido suficientes emociones por ahora.

-Tienes razón.

-Como siempre –fanfarroneó-. Ahora, como iba diciendo debemos planear la estrategia –me miró fijamente como analizando algo-. Hay algo que debo saber antes, ¿qué quieres?

-¿Qué quiero?

-Sí, qué quieres. Alejar a Hina es una cosa, quedarte con Darien es otra.

-Me tomas por sorpresa, no había pensado en eso- durante un momento me sumergí en mis pensamientos, lo de Hina era algo personal, ella me había declarado la guerra y yo tenía que responder. Por otra parte, nunca me puse en el caso de querer algo serio con Darien. El momento de decidir era ahora y yo me jugaría el todo por el todo.

-¿Entonces? –Mina me hizo volver a la realidad.

-Vamos por el premio mayor –respondí decidida.

-Esa es mi amiga –exclamó entusiasmada.

-Además, él ya quería algo serio conmigo antes, espero que no haya cambiado de opinión.

-Lo dudo y si así fue yo me encargaré que quiera otra vez –abrió su cartera y revolvió las cosas buscando algo, finalmente sacó una pequeña agenda llena de papelitos de colores a modo de marcadores.

-¿Qué es eso?

-La biblia –levantó la libreta entre sus manos y la observó con fervor, yo no entendía en lo absoluto, pero la dejé que se explicara a su modo-. Hace un tiempo leí un libro muy interesante.

-Lo interesante es que leíste un libro –me burlé sin poder resistir.

-Muy graciosa –dijo en tono seco-. Como te decía, hace un tiempo leí un libro muy interesante, se llama "El arte de la guerra", es un libro chino que tiene miles de años –volvió a señalar la agenda-. Aquí se encuentran los apuntes que saqué de él y con esto aniquilaremos a quien sea –soltó una carcajada maliciosa.

-¿Quieres decirme cómo un libro de guerra, escrito hace miles de años, me va ayudar con un problema amoroso ahora? –cuestioné con total incredulidad.

-Fácil, es un libro de estrategia, lo usan hasta el día de hoy, no te creas que está obsoleto. Además, esto es más que un simple problema amoroso, es una guerra a muerte.

El entusiasmo de Mina me invadió por completo y terminé acoplándome a su plan de guerra. Si esto no resultaba, definitivamente, nada lo haría. Jamás, esperé terminar así por un chico, pero había ciertos factores especiales esta vez. Primero, él no era cualquier chico; segundo, la bruja se tenía merecido cualquier cosa que Mina pudiera planear y tercero, era la primera vez que me gustaba alguien en serio, así que estaba en todo mi derecho de luchar.

-Bien, ¿cuál es tu plan de conquista? –pregunté una vez que salimos de la heladería.

-Querida, tú no necesitas un plan de conquista, ya tienes esa parte ganada, necesitas terminar de avanzar en el terreno y eliminar al enemigo.

-Mina, tu tono homicida está comenzando a inquietarme.

-¿Homicida? –Bajó el volumen de su voz durante un momento- Serena, acaso tú… -se acercó y me miró fijamente.

-Yo qué – le cuestioné extrañada.

-¿Tú quieres que planeé un homicidio? –Se tomó la barbilla en actitud pensativa- Jamás he hecho algo así, pero si quieres puedo intentar. Apuesto que haría un trabajo excelente y sin dejar huellas.

-Mina Aino, estás completamente loca –le dije casi en tono de regaño y caminé adelantándome.

-Lo sé –respondió alcanzándome- y sabes que me encanta –carcajeó-. Además, estaba bromeando, no podría mata a Hina, sería demasiado benevolente con ella.

-Como sea, mientras no intentes nada criminal –reproché.

-Eso depende –me miró haciéndose la graciosa-, depende de cómo definas criminal.

-¡Mina!

-Ya, ya, está bien. Sabes que es broma, pero me extraña tu reacción, la mayoría de las chicas quieren aniquilar, literalmente, a sus enemigas –me limité a mirarla con la ceja arqueada y ella simplemente agregó-. Ok, vamos con otro plan, pero sabes que la oferta está en pié –rió en señal de broma, pero con un dejo que denotaba una doble intención.

-¿Vas a planear algo en serio o no?

-Claro, seguiremos los cuatro pasos básicos.

-¿Y esos cuáles serían? –cada vez me encontraba más confundida con las ocurrencias de mi amiga, parecía saber muy bien de lo que hablaba, pero su vehemencia era extremista.

-Escucha y recuerda muy bien estas letras: I.P.A.E. –sólo respondí con una expresión de confusión total y ella procedió a explicar- Investigar, Planear, Actuar y Evaluar.

-Explícate.

-Lo primero es investigar al enemigo, estudiaremos todos los pasos de Hina.

-¿Acaso quieres seguirla?

-Dije todo los pasos, si podemos poner micrófonos en su casa e interferir su teléfono, lo haremos.

-Sabes que no podemos –le dije en tono de obviedad.

-Bueno, entonces tendremos que seguirla y estar atentas a todo lo que haga, todo lo diga, todo lo mire.

-Eso será más factible –suspiré rindiéndome a sus planes- más o menos.

-Serena, yo me estoy desgastando las neuronas pensando en la manera de ayudarte y tú ni siquiera pones de tu parte, sólo buscas peros y objeciones.

-Mina, en verdad te agradezco a ti y a tus neuronas, pero sé realista, amiga, no podemos seguirla todo el día. También tenemos vidas, además ¿no crees que se daría cuenta?

-Estás subestimando mi espionaje –puso cara de berrinche-. Soy realista, en verdad, no planeaba seguirla todo el día. Piensa una cosa, ¿qué sabemos de ella? Aparte que es doctora, nada. Hay que averiguar dónde trabaja, que horario tiene, los lugares a los que va cuando no se le pega a Darien.

-Ahora si te apoyo, pero –hice una pausa esperando que no me regañara por el inconveniente que expondría- ¿cómo piensas averiguar todo eso?

-Yo tengo mis fuentes –me guiñó un ojo- en cuanto tenga la información te avisaré. Ahora debo irme.

-¿Y mientras qué hago?

-Ve a tu casa, a pasear, piensa en Darien. Ya encontrarás algo –dijo burlona a la vez que se alejaba y se despedía con la mano.

Caminé sin dirección por un par de minutos mientras terminaba de procesar todo lo que dijo Mina, esto apenas comenzaba y ya moría de ansias e impaciencia. Definitivamente, no podía sentarme a esperar que llegara la información; mi espía no merecía hacer todo el trabajo sola y yo no toleraría estar de brazos cruzados. Recordé sus sugerencias al despedirse y decidí actuar por mi propia cuenta. Le haría una visita a Darien.

No tenía nada que perder, al contrario, lo vería, podría pasar un rato agradable con él y quizá podría obtener un poco de información para nuestro plan. Sólo esperaba que Hina no estuviera ahí, aunque, si así fuera, me preguntaba si Mina me permitiría saltarme un par de pasos y atacar directamente.

Me encontraba justo frente a la puerta de Darien cuando recordé un pequeño detalle, era lunes, la gente normal se encontraba trabajando o estudiando y no planeando estrategias de guerra como Mina y yo. Pero volviendo al caso, ya me encontraba ahí así que sólo quedaba una cosa por hacer. Golpeé la puerta esperanzada en una respuesta, luego de contener la respiración durante un largo minuto decidí ir a casa. Era una locura pretender que Darien estuviera en su departamento justo la tarde que a mí se me ocurre visitarlo. Me volteé y di dos pasos flojos en dirección al ascensor, de pronto el sonido de una puerta abriéndose me detuvo.

-¡Serena! –exclamó Darien a mi espalda.

Por un segundo mi mente se bloqueó y se agitó algo más que mi respiración, por suerte la misma voz que me nubló me hizo reaccionar.

-Disculpa la demora, estaba saliendo de la ducha y no pude abrir antes.

-No te preocupes –caminé hacia él-. Andaba por aquí y pensé en visitarte, espero que no te moleste.

-Sabes perfectamente que tus visitas no me molestan –hizo un ademán con la mano para que entrara y cuando cerró la puerta agregó-, al contrario, es un agrado tenerte aquí.

Sólo respondí con una cordial sonrisa, él comenzó a pasearse por la cocina buscando unos vasos y algo para beber, oí un murmullo y supuse que me estaba comentando algo, sólo pude asentir con la cabeza. Me encontraba idiotizada observando al hombre que tenía en frente, tanto así que no distinguía palabra de lo que me decía. Con su apuro al salir de la ducha sólo se había puesto un jeans, sus muy marcados abdominales eran un maravilloso deleite visual, sus fuertes brazos me hipnotizaban con cada movimiento y simplemente me derretí cuando noté su pelo mojado y que la única prenda aparte de su pantalón era una pequeña toalla colgando de su hombro. Definitivamente ese hombre era un sueño o esa ducha hacía milagros.

-¿Te sientes bien?

-No, la verdad estoy un poco acolarada.

-Entonces esto te vendrá muy bien –me ofreció un largo vaso de jugo con hielo, se veía delicioso.

-Muchas gracias –respondí tímida antes de comenzar a beber.

-¿Te ocurre algo? –-Me miró fijamente mientras nos instalábamos en el sillón-. Digo, aparte del calor.

-Bueno, quizá. Me he sentido extraña últimamente.

-¿Tienes algún malestar? –Indagó.

-Doctor Chiba, no vine a que me atienda en su consulta –aclaré en tono de broma y ambos reímos por el comentario.

-Entonces –me miró de soslayo- ¿no deberías estar en clases?

-Ah, eso –reí inquieta.

-Sí, eso.

-Es que… -hice una pausa para aclarar mis ideas- es que Mina me pidió que la acompañara hacer algo y cuando nos separamos ya era tarde para volver a la universidad.

-Entiendo, Mina es una chica bastante especial.

-Sí que lo es –tuve un segundo de iluminación mental y vi una oportunidad para obtener información-. Espero que no te molestara mucho cuando la fuiste a dejar a su casa luego de la salida al Bar.

-Para nada –carcajeó como si recordara algo-. Como te digo, ella es bastante especial, aunque tú debes conocerla mejor que yo.

-Claro, a veces suele hablar mucho.

-Pero dice comentarios acertados.

-¿Te dijo algo en particular aquella noche?

-Quise decir en general, siempre tiene comentarios acertados –se levantó del sillón y se dirigió a su cuarto-. Me disculpas un momento.

Que decepción creí que era el momento de obtener la información que Mina no quiso darme, tenía la esperanza que Darien me contara sobre su conversación con mi amiga, pero al parecer ninguno quería confesar. Quizá me estaba volviendo paranoica, lo más probable es que a esa hora ya nadie tenía ganas de una plática objetiva y en verdad no había nada que saber.

Darien volvió a la sala ya vestido, fue una lástima para mis ojos, pero una suerte para mi concentración. Estuvimos hablando sobre la universidad, cómo iban mis clases y él me contó sobre su tesis, al parecer le demandaba la mayor parte de su tiempo, tanto que dejó de ser ayudante de los profesores. Tuve sentimientos encontrados respecto a esta información, si él estaba tan ocupado Hina no podía andar molestando en cada oportunidad, pero quizá yo tampoco podría tener tanta atención de su parte. Sólo alguien podía aclararme esa duda.

-Con tanto trabajo debes estar estresado.

-La verdad es un poco estresante a veces, pero lo estoy llevando con bastante calma.

-Me alegro –sonreí coqueta-, de todas formas sería bueno distraerte de vez en cuando –volví a sonreír.

-Salimos a bailar el sábado, Serena, apenas es lunes, creo que hoy debo concentrarme en la tesis.

-Es cierto, pero… -pensé en hacer un comentario referente a Hina y a la salida del fin de semana, pero tuve una idea mejor-, deberías relajarte un poquito cada día, así no te aburres de la rutina.

-Buen punto –asintió con la cabeza-. Creo que intentaré poner en práctica tu idea.

-Si quieres yo puedo ser la encargada de la distracción.

-Tú ya me distraes, no es necesario que hagas el esfuerzo.

-¿Eso es bueno o es malo? –Consulté confundida.

-Según como lo quieras tomar –se hizo el interesante.

Estuve a punto de caer en su juego y dejarme ganar por el nerviosismo, pero respiré hondo, recordé a Mina y decidí tomar las riendas del asunto.

-Entonces lo tomaré como un sí –afirmé con determinación-. Desde mañana comienza tu programa anti-stress organizado e impartido por la señorita Serena Tsukino.

Darien sólo me sonrió y no le quedó otra que aceptar, yo tenía varias cosas que planear, estrategias que definir con mi super espía, pensar en alguna distracción para mañana, averiguar qué había pasado durante el día en la universidad y si es que teníamos alguna tarea, por lo cual decidí que lo mejor era retirarme, así él podría trabajar en su investigación y yo comenzaría con mi lista.

No quería despedirme de él, pero si no lo dejaba avanzar con su tesis en vez de una distracción me volvería una molestia y ese rol ya lo tenía cierta cotorra.

-Será mejor que me vaya –anuncié mientras me ponía de pié.

-Está bien, yo debo ponerme a estudiar y me imagino que tú también –dijo en un tono suave.

-Sí, me imagino –respondí despreocupada.

-Serena –dijo en son de regaño, lo cual me dio un escalofrío-, no quiero que descuides tus estudios.

-Sí, ya lo sé –respondí perezosa.

-Si es así no podrás venir a distraerme –hizo un gesto de risa malvada lo cual me dio a pensar que sospechaba de mis intenciones.

-No te preocupes, Darien, tengo todo bajo control.

Me despedí rápidamente y mientras bajaba en el ascensor marcaba el celular de Mina, necesitaba comunicarme con ella de manera urgente. Estábamos ganando terreno tal y como ella dijo en su estrategia, definitivamente necesitaba de sus ideas y consejos para saber cómo continuar. Estaba empapada de su espíritu de guerra.

Luego de una intensa reunión con Mina y una pizza decidimos que la primera semana tomaríamos las cosas con calma, al menos lo referente al programa de distracción.

-No se te ocurra llegar en paños menores o algo así- carcajeó.

-Que graciosa –señalé irónica- quiero llamar su atención no que piense que soy una arrastrada.

-Ya en serio, debes lograr que te vea como la mejor compañía de la tarde. Comenzaremos con algo casero, pueden ver una película, ordenar una pizza o jugar twister.

-Mina eso es genial…

-No me interrumpas Serena y oye muy bien –tomó una actitud fría y seria que nunca antes vi en ella-. Con estas actividades tienes para cubrir los siguientes tres días, recuerda que sólo puedes estar con él un par de horas cada tarde. Ahora, el viernes vas a desaparecer.

-¡¿Desaparecer? –Exclamé confundida.

-Así es, de esa forma te extrañará, pensará en ti y tú podrás acompañarme al centro comercial.

-Hasta ahí te llegó lo seria, verdad –la acusé con la mirada-. No podías simplemente idear el plan de forma desinteresada.

-Serena no estás viendo las cosas con perspectiva. Darien no va a ser el único desesperado el viernes, tú estarás igual o peor que él y no creo que para distraerte te pongas a estudiar.

-Está bien, tienes razón –murmuré mientras hacia una mueca.

-Entonces, para finalizar, el viernes nos vamos de compras y el sábado lo llamarás por teléfono, le preguntarás cómo estuvo el estudio el día anterior y puedes contarle de nuestra fabulosa tarde juntas…

-Mina –interrumpí- aún no salimos, cómo sabes que será una tarde fabulosa.

-Porque toda salida conmigo lo es -me guiñó el ojo mientras ambas sonreímos.

Así pasaron 2 semanas, cada día Mina ingeniaba algo, ya sea una recreación para Darien o un pretexto para alejarme de él. Durante estos días Hina no dio señales de vida, según la experta en guerras "nunca debes dejar de vigilar los movimientos de tu enemigo" ella puede vigilar lo que quiera, mientras la cotorra no entre en mi perímetro por mi está bien.

Volviendo a lo interesante, cada tarde con Darien fue un paraíso para mí. Era totalmente dueña de esas horas y al estar solos nuestra confianza creció junto con el cariño. Sí, ya que sé lo que piensan: "el cariño está hace rato", pero es como dice mi especialista en amor, cuando nos separamos, nos extrañamos y necesitamos mutuamente y se nota.

Comenzando la tercera semana nuestro momento especial fue interrumpido por una inoportuna llamada. Darien no parecía muy concentrado, asentía con la cabeza y me miraba cada dos segundos.

-¿Algún problema? –consulté suavemente cuando colgó el teléfono.

-Ah, no ninguno –contestó distraído sentándose a mi lado.

-Te confieso que no me convences –dije graciosa.

-En serio, ningún problema. Hina sólo hizo unos comentarios –seguía distraído.

-Sobre… -mi tono era cortante.

-Nada, ella cree que aún hay esperanza entre nosotros y se molesta porque paso mucho tiempo contigo… no entiende que sólo somos amigos.

En ese momento sentí mil cosas a la vez, un frío me recorría la espalda, mientras el calor me inundaba desde el estómago hasta las mejillas. La siguiente reacción fue inevitable.

-¡Darien eres increíble! –grité mientras me levanté acelerada del sillón y daba vueltas por toda la sala mientras él me observaba desconcertado.

-¿Pero qué ocurre, Serena? –se atrevió a balbucear.

-Ocurre, Darien, que hasta esa bruja se da cuenta de las cosas y tú que las tienes en frente ni una idea te haces.

-Explícate quieres –dejó salir su vozarrón y se instaló frente a mí-, acaso quieres volver a lo de antes.

-No –susurré-

-Tú sabes porque se acabó lo del año pasado, yo no quiero juegos y no tú no quieres una relación.

-No –volví a susurrar.

-No ¿qué? –me siguió impaciente.

-No, no y no, ya no es así –tenía una mezcla de enojo, ansiedad y ahogamiento, entre otras cosas.

-Y entonces qué quieres ahora –preguntó desafiante.

-A ti –declaré sin titubear-. Quiero estar contigo, Darien.

Sentí una confusión enorme en su mirada, me sentí mal, tanto trabajo para que un arrebato sacara todo a la luz en tono de discusión. No tuvo nada tierno, romántico o de ninguna buena emoción. No tenía nada que hacer ahí, tomé mi cartera y con un leve "adiós" me dirigí a la puerta con pasos flojos como si el cuerpo pesara. De pronto, jaló mi brazo hacia atrás dándome media vuelta, sólo dije las dos primera letras de su nombre antes que me estampara el beso más apasionado que hasta ese entonces había experimentado, un beso liberador de mil emociones reprimidas por ambas partes hace tanto tiempo. Sentía que me derretía entre sus brazos, creo que de haberme soltado habría caído como estropajo al suelo.

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