Quiero decirles que he tenido un poco de bloqueo para escribir, pero me las he ingeniado :D Los próximos capítulos les encantarán! Espero que sean tan felices como yo!
Disclaimer: Nada me pertenece, yo solo escribo por diversión.
Diente de León
Me despierto muy agitada, a pesar de que las pesadillas siempre están presentes en las noches, nunca te puedes acostumbrar a ellas, menos cuando son sobre tus seres queridos muriendo o siendo asesinados.
Para tranquilizarme decido darme una ducha de agua caliente, tardo mucho tiempo ahí parada dejando que los músculos se me tranquilicen y normalizando mi respiración. Cuando ya estoy completamente relajada me trenzo el cabello y me visto con lo primero que tengo a la mano. Una bermuda larga con una blusa de botones y me la arremango.
Bajo completamente limpia y veo que Sae y su nieta están ayudando con el desayuno y recuerdo que Peeta no vendrá a desayunar hoy.
-Peeta no vendrá, Sae – Le digo para que no sirva para cuatro hoy.
-Sí, me avisó cuando venía para acá. Esta con lo de la panadería ¿no?
-Sí, quiere trabajar ahí por lo que veo. – Y decir esas palabras me llenan de dicha.
- Y tú estás feliz por eso.
-Claro, Peeta ya está mucho mejor y eso es… muy bueno, Sae.
-Peeta estaba casi recuperado desde que llegó, la que ha mejorado eres tú, muchacha. – Sae me sonríe y yo intentó sonreír pero solo sale una diminuta sonrisa.
Sae, su nieta y yo platicamos de cosas triviales sobre el Quemador y la gente que ha regresado al distrito, la mayoría solo reconozco por nombres pero de uno que otro recuerdo su cara. Cuando acabamos salgo de la casa con la cazadora de mi padre, arco en mano y el carcaj sobre el hombro y me dirijo hacia la pradera.
Durante los últimos meses he mejorado bastante durante la caza, mi mente ya no está en ningún otro lugar, a veces pensaba en Peeta o en Prim, pero siempre intentaba alejar mis pensamientos de ahí. Ahora que el bosque estaba más poblado y mejor cuidado, podía cazar más, obtenía más frutos y mis trampas, aun no tan buenas como las de Gale, atrapan más.
Piso calladamente las hojas debajo mis pies, procurando observar toda la pradera, en busca de algún animal. Camino unos pocos metros una brisa despeina unos pocos mechones de mi trenza y veo volar unas partículas blancas, dientes de león.
Miro el piso y ahí hay dientes de león, como se acerca el invierno solo quedan unos pocos y recuerdo a Prim y Peeta. El diente de león que tome del piso después de mirar a Peeta mientras sostenía a Prim de la otra mano. Cuando miré a mi hermana y supe que había esperanza, no todo estaba perdido. Prim, Peeta, dientes de león. Prim por la que di todo y no fue suficiente, al final murió. Empiezo a llorar y me arrodillo en el suelo, sollozando. Termino por tirarme a la tierra, sobre los dientes de león, que vuelan en todas direcciones.
No sé cuánto tiempo ha pasado, tengo la cara húmeda y mi cuerpo está caliente por el sol, no deben ser más de las doce, por lo que doy por hecho que Peeta aun seguirá ocupado. Tengo ganas de verlo, que me diga que todo irá mejor, que me abrace y huela la canela de su cuerpo. Lentamente, me levanto del césped, como no he cazado nada hoy, no tengo porque pasar al Quemador.
Cuando ya estoy completamente parada, me limpio la cara con la cazadora de mi padre y por primera vez desde que llegue al Distrito 12 después del bombardeo, dejo mi arco y flechas en un árbol escondido, no quiero ir cargando con el hoy hasta mi casa, hoy no quiero ir a mi casa primero.
Aun sorbiendo la nariz y tallándome los ojos, voy caminando hacia una dirección distinta a la Aldea de Vencedores, quiero ver a Peeta. Estoy llegando a lo que era la panadería cuando lo veo, su espalda mientras carga sacos de arena junto a otros hombres. Sé que es él, conozco perfectamente su espalda, la forma en que se ven sus musculosos brazos a través de la camiseta, su pelo resplandeciendo al sol y por supuesto, la leve cojera aun presente. Veo que varios trabajadores ayudando a Peeta me lanzan miradas desde lo lejos y mirando a Peeta. Peeta voltea y deja el saco en el piso, sale trotando hacia mí.
-¿Katniss, qué pasa? – Me dice cuando ya esta lo suficiente cerca.
-Quería pasar a verte – Me doy cuenta que mi voz es rasposa. Él lo nota.
-¿Katniss? – Me mira estudiándome - ¿Qué pasó?
- Luego, Peeta – Siento que las aguas vienen subiendo y noto agua brillando sobre mis ojos, creando un arcoíris. Hago lo primero que se me ocurre para evitar llorar, lo abrazo.
Paso mis brazos por su cintura, agarrándolo fuertemente, el coloca los suyos sobre mis hombros, acariciando mi espalda. Lloro ligeramente, sin ser un llanto, apenas unas lágrimas escurriéndose por mi casa. Ya no sé porque lloro, si por Prim, si por Gale, Peeta, es un poco de todo la mayoría del tiempo.
-Katniss… - el susurra en mi oreja. – Ya no llores, no vale la pena.
- Es que – digo moqueando – No sé.
- No digas eso, vamos bastante bien. ¡Ya casi soy yo! – Me dice alegre intentando hacerme sonreír.
-Siempre has sido tú, Peeta. – Lo miro – Soy yo la que no logra estar bien.
- No, Katniss, así eres tú – Me sonríe. – Vamos, todo está perfectamente.
Lo miro con intensidad, una de mis manos sube hasta su cara y toca suavemente su sien, bajando la mano hasta su barbilla y después la bajo rápidamente, abrazándolo de nuevo.
-¿Quieres ir a la casa? – Me dice, yo asiento. – Te llevo.
Tomo su mano y me mantengo junto a él. Sé que soy egoísta, hacer que deje la panadería por estar conmigo, pero no se qué hubiera pasado si estuviera sola, nunca hubiera llegado a casa.
Caminamos callados agarrados de la mano y cuando llegamos hasta mi casa, el aprieta un poco mi mano.
-Pasaré a casa de Haymitch y le diré que venga. Como en una hora, estaré por aquí – Me dice sonriendo, no hay nadie más noble que Peeta.
-Gracias – susurro bajando la mirada.
- No tienes que agradecer, créeme.
Entro a mi casa y subo a darme una ducha, aprovechando que estaré sola unos minutos.
En la ducha no pienso en nada más que en Peeta, me gusta la forma en que nos cuidamos, pero me gustaría aun mas que estuviera conmigo por las noches. Salgo de la ducha en toalla y escucho la voz de Haymitch.
-Preciosa, el chico dijo que no has estado bien – Me grita
- Ahora bajo, Haymitch – Le respondo en un grito parecido.
En mi cuarto me pongo cualquier cosa, como siempre, hasta que veo uno de los vestidos de Cinna, en una bolsa, naranja y precioso, algo que no debería ser malgastado. No es momento de ponérselo, aun así.
Sin pensarlo voy hasta mi cajón, lo abro rápidamente y veo la perla, la guardo en mi pantalón.
Bajo y veo a Haymitch en la sala.
-Vaya, que bueno que te bañaste, apestabas – me hace una sonrisa maliciosa.
- Creo que el que apesta eres tu – Le respondo, con Haymitch los insultos son lo mejor para comenzar una conversación.
-¿Qué ha pasado, Katniss? – Me dice de repente.
- He pensado demasiado, eso es todo. – Volteo hacia otro lado.
-Katniss… -es raro que use un tono persuasivo conmigo – Peeta habla conmigo todo el tiempo, deja de culparte.
-No, Haymitch, es solo que pude haber hecho más ¿Sabes? – Haymitch niega.
-No, Katniss, no es tu culpa todo lo que ha pasado, tu no sabías, ni él, muchas personas no lo sabían. Solo… - me sonríe. –Tú solo recuerda quien era el enemigo.
Es como un viejo chiste, lo dijo antes de entrar en la arena y como todo ha cambiado. El enemigo ya no existe, ahora está dentro de nosotros, muerto pero vivo en nuestro interior. Le sonrió en respuesta y le pregunto algo que tenía pensado desde hace mucho.
-Haymitch… - me quedo callada y decido preguntar otra cosa. – ¿Eres feliz?
- Si a estar cuidando unos niños es felicidad supongo que sí – Me sonríe ampliamente y luego agrega. – Estoy muy cerca, Katniss. Ustedes ahora son como mi familia. Lo más cercano que he tenido en muchísimos años.
Le sonrió y por primera vez agradezco que Haymitch tenga una vena sentimental, a pesar de ser poco superficial.
-¿Y tú, Katniss? – Me pregunta serio - ¿Eres feliz? – Me quedo callada, por miedo a lo que pueda salir de mi boca sin que me lo permita. Lo pienso.
- A veces pienso que si, otras veces… - suspiro – No estoy segura.
-Katniss, deberías apreciar el esfuerzo de Peeta, no sabes lo mucho que arriesga estando aquí contigo.
Se todo eso, sé que soy egoísta, sé que no me lo merezco, el problema es que no se si quiero dejarlo ir.
Escuchamos ambos la puerta y volteamos justo cuando Peeta está entrando.
-Contando chismes ¿Eh? – nos sonríe Peeta y ambos sabemos que él es nuestra salvación.
Nos levantamos de la sala y empiezo a ayudar a Peeta para la comida y Haymitch se sienta en la mesa, nos dedicamos a hablar de cualquier cosa hasta que le pregunto
-¿Qué tal lo de la panadería? – le sonrió a lo que él me mira también con una sonrisa en su cara.
- No sé qué esperas que haga en unas cuantas horas, dentro de un mes estará lista.
-Entonces, ¿Ya no hornearas en casa? – Finjo seriedad. Peeta me mira sonriendo.
-Claro que si, si no ¿Quién alimentará a la creatura de bollos de queso? – Los tres nos reímos en voz alta y se siente tan bien que tomo la mano de Peeta. Recuerdo a Haymitch por lo que la suelto rápidamente, apenada.
Terminamos de cocinar y nos sentamos a comer en silencio, cuando acabamos Haymitch nos ayuda a recoger y después se retira diciendo que mañana nos verá.
Peeta y yo pasamos la tarde en el libro terminando a Rue y en la cena nos recalentamos un poco de comida de la tarde. Peeta se despide con una sonrisa y yo le digo un simple "Adios" cariñoso que no sé de donde proviene.
Subo a mi cuarto, me pongo el pijama y me acuesto en la cama, soñando con Rue y su muerte.
Katniss cambia ¿no? ¿A qué se deberá?
Au revoir!
