N/A - Esta es una traducción literal al español del Fic "Altered Destinies" del autor DobbyElfLord, del cual he obtenido el permiso para hacerlo. Es seguramente el Fic de Harry Potter que más me ha gustado de todas las que he leído. Para traducir la historia no utilizo ninguna herramienta de traducción. Así, evitamos las pésimas traducciones literales (palabra por palabra) y la lectura resulta más llevadera.

N/A - Atencion! Este Fic fue desarrollado con anterioridad al último libro RM, por lo que su historia se desarrolla a partir del fin del sexto libro El Misterio del Príncipe.

N/A - Todos los personajes y lugares pertenecen a J. K. Rowling, salvo el argumento y los personajes adicionales que ha creado el autor DobbyElfLord.


Capítulo 10 – Rumbo a Hogwarts

Estaba todo oscuro y húmedo, y la presión aplastaba sus pulmones. Se sentía atrapado sin poder mover ni sus brazos.

"Tom Evans! Levántate ahora o perderás el tren!" Gritó Sarah.

Esas palabras sacaron a Tom de su sueño y lentamente abrió sus ojos; supo al instante por qué estaba soñando eso.

"Canuto! Sal de encima mío!"

El enorme y negro perro hizo una mueca, casi como una sonrisa, con su larga lengua húmeda colgando; luego, se bajó de la cama y se recostó cerca de la puerta.

Tom se levantó con un bostezo y miró su habitación. Muchas de las cosas que más valoraba ya estaban encerradas en el baúl del colegio, y sólo su escoba (apoyada contra la pared) se quedaría en Hogsmeade.

Canuto se acercó a Tom, sentado en la cama, y apoyó su cabezota en sus piernas, con una mirada triste. Tom lo acarició por detrás de las orejas; había esperado cuatro años para este momento, y por fin había llegado. Era hora de ir a Hogwarts.

Pero sentía miedo. Nunca había dormido en otro lado desde que su padre adoptivo lo trajera por primera vez a esa casa, su casa, desde el hospital de San Mungo. Quiso concentrarse en el hecho de que el colegio estaba a sólo quince minutos del pueblo, pero qué sería de él si sus compañeros terminaban siendo como los del orfanato?

Tom comenzó a vestirse. Canuto saltó nuevamente a la cama y se acurrucó; seguramente el enorme perro se adueñaría de su cama en su ausencia. "Traidor" Le murmuró a su mejor amigo, y se dirigió al baño.

Luego de una ducha, comenzó a excitarse ante la idea de hacer magia. Sus padres le permitían leer mucho sobre teorías y hechizos pero ahora podría finalmente pasar de la teoría a la práctica! El nerviosismo por irse de su casa fue rápidamente reemplazado por la emoción de su nuevo colegio.

Todos sus libros y equipos estaban ya en su baúl, y sólo él, sus padres o un profesor de Hogwarts podían abrirlo. Incluso era más liviano de lo que parecía.

Los eventos del verano pasado todavía rondaban la cabeza de Tom. Su encuentro con su familia biológica lo dejó un poco confuso. Como cualquier huérfano Tom había desarrollado elaboradas fantasías en su orfanato que explicaban por qué no tenía familia. La realidad lo desilusionó.

James lo comprendía. Le había contado sobre sus tíos, los Dursley, y sobre su vida antes de Hogwarts luego de que volvieran de la cabaña del bosque de Pequeña Hangleton. "Y por qué no te uniste a mi otro yo?" Le comentó, entre broma y en serio.

"A veces me pregunto lo mismo." Le respondió James riendo.

Las conversaciones con James le ayudaban, y sentía la necesidad de demostrarle a él y a su madre adoptiva Sarah que había valido la pena adoptarlo; quería que estuvieran orgullosos de él.

Unos momentos después tomaba su último desayuno con su familia. Su madre alimentaba a Katie y él sostenía a Michael; su pequeño hermanito intentaba tomar uno de los panqueques de su plato, y él lo evitaba una y otra vez. Ese juego hacía reír a Michael y sus risotadas hacían eco en toda la cocina.

"Buenos días a todos!" Dijo James entrando. "Veo que Michael la pasa bien."

"Quiere robarme mi desayuno!" Sonrió Tom.

Sarah pasó Katie a los brazos de James y fue a abrazar a Tom. "Te echaré de menos Tommy, estará todo demasiado tranquilo por aquí."

"Con esos dos aún aquí?" Dijo James señalando a los gemelos. "No lo creo."

"Solo ignóralo Tom." Le replicó Sarah sonriendo.

Tom miró a su padre y le dijo en tono de burla: "Lo haré mamá, solo espera que papá necesite a alguno para jugar al Quidditch." Y volviéndose a su madre, continuó: "Aunque sí me contó lo del pasadizo secreto entre Hogwarts y Honeydukes."

Tom bajó su mirada y esperó la pequeña explosión de su madre, aguantando la risa.

"James Evans! Cómo se te ocurre permitirle a tu hijo que rompa las reglas!"

James contestó como pudo. "No fue así! Sólo le dije que había un túnel allí!"

"Tú sabes que lo utilizará! Sólo los de segundo pueden ir a Hogsmeade!" Luego se dirigió a Tom. "Será mejor que no te vea fuera del colegio! Recuerda que todos vivimos en Hogsmeade!"

"Sí mamá. No dejaré que me veas fuera del colegio" Le respondió cabizbajo Tom, marchándose de la cocina.

James rió con ganas.

"De qué te ríes? No lo veré por cuatro meses, no debería gritarle!" Comentó Sarah afligida.

James siguió riendo, meneando su cabeza. "No te preocupes, te dijo que no se dejará atrapar, pero no dijo nada sobre que no vendrá aquí!"

"Ese mocoso!"

Tom y James entraron al Caldero Chorreante luego de llegar al callejón Diagonal por la red floo. "Odio la red floo!" Se pudo escuchar al unísono, mientras ambos se levantaban del piso. Luego salieron para tomar un taxi hacia King´s Cross.

"Aún no entiendo por qué tengo que venir hasta Londres y pasar casi un día entero en el tren, solo para llegar al mismo lugar desde donde venimos!" Comentó Tom dentro del taxi, por enésima vez en la semana. "La estación de Hogsmeade está a solo cinco minutos de nuestra casa!"

James sonrió. "Somos magos. La lógica no se aplica a nosotros." Le dijo en voz muy baja, y luego agregó en un tono normal. "Además, el viaje en tren es parte de la experiencia."

Percatándose de que su padre se estaba mofando, dejó la discusión y miró por la ventanilla del vehículo. Si bien sabía por James que la guerra se aproximaba, la vida en la Londres muggle no parecía haber cambiado; quizá todos creían que esos sucesos de la Europa continental estaban demasiado lejos como para preocuparse.

"Por qué los muggles parecen tan tranquilos?"

James observó por la ventanilla. "Porque sabes algo que mucho no. Además, es algo humano, no solo mágico: aún con el peligro prácticamente encima, la mayoría simplemente lo ignorará y continuará con sus vidas, esperando que todo se resuelva por sí mismo. El Primer Ministro Chamberlain sigue diciendo que llegarán a una solución diplomática. Ignora todo lo que el Ministerio de Magia le dijo sobre Grindelwald."

Tom bufó: "Ovejas."

James no estuvo de acuerdo: "Necesitan líderes. No son ovejas, pero se preocupan más por sus vidas inmediatas que por lo que depara el futuro. No muchos son capaces de ver a largo plazo."

Tom se encogió de hombros mientras el taxi estacionaba junto a la estación. Bajaron su equipaje e hicieron su camino rumbo a la plataforma 9 ¾.

"Me hubiera gustado que mamá hubiera venido."

James pasó un brazo por los hombros de su hijo adoptivo. "A ella también le hubiera gustado, pero con Katie y Michael todo se hubiera complicado mucho. Quizá pueda venir cuando te vengamos a buscar por las vacaciones de Navidad."

Ya frente a la entrada a la plataforma mágica, James efectuó un encantamiento con su varita para evitar ser notados. Caminó rumbo a la fachada de piedra y la atravesó, seguido por Tom y luego por una pequeña muchacha de cabello largo y oscuro y mirada severa.

"Has caminado rumbo al acceso a la plataforma mágica sin siquiera asegurarte si había muggles prestando atención!" Le dijo la muchachita a Tom, con firmeza. "Podrías haber tenido problemas con el Ministerio. Comprendo que sea tu primer año y que hayas nacido de una familia muggle pero…"

"No soy nacido de muggles, vivo en Hogsmeade!" La interrumpió Tom, poniéndose colorado.

"Peor! Deberías conocer entonces el riesgo de…"

Tom la interrumpió nuevamente. "Mi padre realizó un encantamiento para que nadie nos notara. Obviamente tú tampoco lo has notado!"

La joven muchacha miró a Tom y se marchó con ínfulas. "Será una pesadilla." Dijo Tom a su padre.

Pero James no pudo contestarle. Miraba a la muchacha ir hacia el humeante tren invadido por una extraña mezcla de emociones. Reconoció su acento escocés y su típica expresión de seriedad y severidad. Minerva McGonagall! Apenas pudo suprimir la risa por esa visión de la pequeña de doce años: acaso no parecía familiar cercana de Hermione Granger? Con razón siempre había sido su profesora preferida.

Tom pudo notar la risa incluso en la mirada de su padre; algo especial había ocurrido y lucía afectado. Meneó su cabeza, sin querer ponerse a pensar en los viajes en el tiempo y las paradojas. "Vamos papá, me harás perder el tren!"

Caminaron juntos rumbo al Hogwarts Express. Estaba igual que como se lo había descripto su padre James. "No ha cambiado en cincuenta años." Escuchó que murmuraba, ensimismado ante la vista.

Tom bufó. Desde que James le había contado sobre su pasado (o sobre su futuro?) y sobre quién era en realidad, lo había notado más abierto en cuanto a su vida pasada. No es que lo apreciara, pero a veces lo veía sumergirse en sus pensamientos y recuerdos y no podía hacer nada al respecto.

Unos momentos después, Tom abrazó a su padre. "Gracias papá. Dile a mamá y a los gemelos que escribiré!"

"Diviértete hijo, y no le ocasiones demasiados problemas al profesor Dumbledore!"

Luego de algunas palabras más, Tom subió al tren arrastrando su baúl. Encontró un compartimiento y se metió allí para asomarse a la ventanilla y saludar a su padre.

"Podemos sentarnos aquí?" Dijo una voz detrás de él. Era más bajo que él y de cabello rubio. El otro era más alto y de cabello negro, y sin esperar respuesta se metió al compartimiento y se sentó frente a Tom.

"Soy Tom Evans, de primer año." Se presentó.

El de cabello negro resopló, pero el rubio le respondió con cortesía. "Yo soy Edward Nott, y mi amigo gruñón es mi primo, Antonin Dolohov. Es nuestro primer año también."

"No malgastes tu tiempo en un sangre sucia." Volvió a bufar Dolohov.

Los ojos de Tom se volvieron hielo. "Asumo que te consideras de sangre pura, y superior a mi."

Dolohov murmuró sin ganas. "Soy de una familia de sangre pura y soy mejor que tú. No hay Evans entre las familias mágicas, por lo que debes ser un sangre sucia."

Tom se recostó en su asiento. "Pero qué razonamiento inteligente, definitivamente un Ravenclaw. Si me perdonan, creo que tomaré una siesta. Nos espera un largo viaje."

El mayor de ellos volvió a bufar pero Nott miró a Tom con curiosidad: no había esperado esa reacción. Casi todos los sangre sucia de primer año no tenían idea de lo insultante que era que los llamaran así, por lo que significaba que la familia de Evans era mágica. Su instinto le decía que su primo Dolohov había cometido un error.

Tom durmió la mitad de todo el viaje, y solo despertó al escuchar a la anciana bruja pasar con su carrito de golosinas. Además de Nott y Dolohov, en el compartimento ahora había una chica y un chico. Los observó silenciosamente, enterándose de que el muchacho se llamaba Michael Boot.

Era flaco, de cabello castaño y nariz ganchuda, y además otro de los primos de Nott (aunque no de Dolohov); se la pasaba mirando nerviosamente fuera del compartimento, como si quisiera escaparse.

La chica se llamaba Penélope Midlands, y a Tom le llamaba la atención su total falta de detalles que la pudieran describir. Estaba sentado al lado de él pero a casi un metro de distancia, y aparentaba escuchar la conversación con los otros tres.

Tom se incorporó y sacó su libro de encantamientos de primer año. Lo había leído dos veces desde Julio, pero quiso revisar un par de cosas (y evitar hablar con los otros).

"Por fin decidiste despertar." Dijo Nott.

"Obviamente."

El muchacho Boot sonrió nervioso. "Ese no fue un comentario amable. Qué lees?"

Tom suspiró, sintiéndose incómodo. Por qué no lo dejaban en paz? "El libro de encantamientos."

Dolohov volvió a bufar (de hecho Tom notó que lo hacía mucho). "Crees que un poco de estudio te salvará de ser un sangre sucia?"

La muchacha decidió abrir la boca, dirigiéndose a Dolohov. "En qué casa crees que te pondrán?"

"En Slytherin por supuesto, la única casa que vale. Toda mi familia ha estado en Slytherin." Respondió Dolohov.

"Mi padre me dijo que yo estaré en Slytherin. Trabaja en el Departamento de Cooperación Internacional del Ministerio y cree que Slytherin es el mejor lugar si quieres obtener buenas posiciones." Dijo Nott a su vez.

El chico Boot se levantó repentinamente. "Umm, te veré en Hogwarts." Le dijo a Nott, y salió del compartimento.

Dolohov le gruñó a Tom: "Supongo que tú serás un ´Puff?"

Tom lo ignoró, sabiendo que eso lo haría enojar. El grandote se levantó y le volvió a hablar: "Te he preguntado algo."

Pero el hijo adoptivo de James siguió ignorándolo. Penélope y Nott contuvieron la respiración. Dolohov se acercó y le golpeó en sus manos, que sostenían el libro.

"Por favor no lo vuelvas a hacer." Le respondió Tom sin sacar sus ojos del libro.

Dolohov se puso rojo de la furia y quiso repetir el golpe, pero se detuvo ante la presencia de la varita de Tom apuntándole a su cuello. Éste ni siquiera lo miró aunque le espetó con hielo en su voz: "Siéntate."

El grandote se sentó, aunque con reticencia, y se unió a los otros dos para observar a Tom. La varita desapareció de la vista de todos mientras leía.

Tom ya no leía, en realidad. Pensaba sobre todo lo que le había contado su padre James acerca de la "otra" realidad, y se preguntó si su "otro" yo, el que se transformaría en Voldemort, se había sentado en esa misma cabina con esos tres. Estaba seguro de que lo seleccionarían para Gryffindor o Slytherin, su padre pudo haber terminado en la casa de la serpiente, y el Salazar de la pintura no parecía mala persona (más allá de lo que le había ocurrido). Pero ahora, viendo a ese idiota buscabullas no estaba seguro de querer ir a parar a Slytherin.

Nadie le habló a Tom durante el resto del viaje, y éste se dedicó a observarlos hasta que llegaron a Hogwarts. No estaba muy impresionado, y solo esperaba que el colegio fuera mejor que ese viaje en el Express.

Arribaron finalmente a Hogsmeade, y Tom bajó del tren con su uniforme puesto. La estación le pareció extraña, pese a que él y su perro Canuto había deambulado por allí cientos de veces. Nunca había "llegado" a la estación!

La voz de un hombre llamó a todos los de primer año para que se reunieran. Allí reunidos alrededor de un enorme mago de túnica marrón y parches en sus codos escucharon: "Están todos? Bien! Soy el señor Ogg, guardián de las llaves y de los terrenos de Hogwarts. Ahora síganme, iremos a los botes que los llevarán a Hogwarts!"

Un murmullo de excitación se generalizó entre los pequeños de primer año. Tom siguió la multitud desde atrás, y llegaron a un muelle en donde yacían amarrados los botes. El señor Ogg ordenó que subieran no más de cuatro por bote, y Tom vio cómo Nott, Dolohov, Midlands y otro muchacho se subieron al primero. Finalmente se subió al último, con Boots y dos brujas.

La primera mitad del viaje en bote a través del lago fue tranquila. Boot se la pasó hablando con las muchachas; parecía que conocía a una de ellas y fue presentado a la otra.

"Éste es Tom Evans, no es de hablar mucho." Dijo el nervioso Boot, y señalando a la rubia agregó: "Tom, ella es Amelia Bones. Nuestras madres son primas. Y ella es su amiga Alicia Tidweiter."

Tom saludó con su cabeza con cortesía y dijo: "Encantado."

Cualquier respuesta de las muchachas fue cortada de cuajo al aparecer el enorme castillo frente a ellos, sobre un acantilado. Sus luces iluminaban cada rincón y cada torre, y se reflejaban en la pacífica superficie del oscuro lago.

Tom estaba atónito. Vivía en Hogsmeade, por lo que el castillo estaba normalmente a la vista, aunque lejos, pero nunca lo había visto así. Concluyó que le debía una disculpa a su padre por haberle hecho hacer el viaje en tren, y estaba completamente seguro de que nunca olvidaría esa primera imagen de Hogwarts.

Los botes entraron a una caverna bajo el acantilado. Por magia, fueron guiados por una fuerza invisible hasta los muelles; luego de bajarse, el señor Ogg los guió hacia una escalera que subía a la parte trasera del castillo.

Un mago los esperaba arriba. De nuevo, se sintió extraño al reconocerlo pero sentir que era la primera vez que lo veía. Vestía con una túnica azul claro repleta de estrellas y otras formas, y su larga barba era del mismo marrón que su largo cabello.

"Buenas noches! Soy el profesor Dumbledore. Bienvenidos a Hogwarts! Espero que disfruten de su mágica estadía aquí." Tom vio un leve destello en los ojos del profesor. "Enseño Transfiguración y soy el vice-director. En breve, los llevaré al Gran Comedor en donde ya esperan sus compañeros más grandes, y luego de que sean sorteados a sus respectivas casas, se les unirán en las mesas correspondientes."

"Sus casas serán sus familias mientras permanezcan en Hogwarts." Continuó Dumbledore. "Sus triunfos serán celebrados en conjunto, y se darán apoyo unos a otros a lo largo del año. Sus éxitos serán recompensados con puntos. Si rompen las reglas se les descontarán puntos e, incluso, serán castigados con detenciones. Los prefectos de cada casa les explicarán todo lo concerniente a la copa de las casas. Éstas son: Gryffindor, Slytherin, Ravenclaw y Hufflepuff."

Luego, el profesor les sonrió: "Están a punto de comenzar una gran aventura. Los animo a formar parte de ella."

El profesor se dio vuelta y los guió rumbo al Gran Comedor. Si bien su padre lo acompañó a volar por sobre el castillo varias veces, era su primera vez allí dentro. El techo lucía igual que el cielo azul oscuro del atardecer y una enorme cantidad de velas y candelabros llenaban de calidez el lugar.

Tom vio un taburete sobre el cual reposaba un viejo sombrero. Dumbledore se dirigió allí y se volteó para hablarles a los de primero. "Llamaré a cada uno de ustedes, uno por uno, y les pondré el sombrero seleccionador. Comencemos!"

Tom sonrió para sus adentros, recordando lo que su padre le había contado sobre su pelea con un Troll. No supo si creerle o si era una broma, pero había quedado preocupado por ello. Ahora había decidido escribirle a su madre para contarle sobre la broma que James le había hecho y que había estado muy nervioso; una perfecta venganza!

El profesor consultaba su lista mientras llamaba uno por uno. "Alberts, Jonathon!" Quien acabó en Hufflepuff. "Bones, Amelia!" Dijo, y unos segundos después: "Gryffindor!" Así siguió Michael Boot (Ravenclaw), Antonin Dolohov (el primer Slytherin) y Sylvia Egleton (otra Hufflepuff).

Luego Tom escuchó su nombre: "Evans, Tom!"

El muchacho fue hacia el profesor y el sombrero seleccionador nervioso como nunca. Dumbledore le sonrió mientras se sentaba en el taburete y el sombrero descendía sobre su cabeza y tapaba sus ojos.

"Hmm, no veía una mente como ésta desde hace tiempo…" Dijo una voz.

"Hola?"

"Hola señor Evans. Ha pasado tiempo desde que estuve sobre la cabeza de un heredero de Slytherin. La familia Gaunt no ha enviado a nadie aquí desde hace cientos de años. Oh… siento enojo en ti… no quieres que te llamen Gaunt… interesante!"

"Veamos qué tenemos… veo inteligencia, te gusta estudiar magia… pero no parece que lo haces para adquirir conocimiento… y también tienes coraje… eso sería apropiado para Gryffindor…"

Tom comenzó a ponerse nervioso al escuchar murmullos provenientes del Gran Comedor; esto estaba tomando más tiempo que con los otros estudiantes.

"No te preocupes por ellos." Le aseguró el sombrero. "Siempre tomo el tiempo necesario… sigamos… veo que sientes una gran necesidad de probarte a ti mismo, un deseo de superarte… interesante… eres un digno descendiente de tus ancestros… entonces te pondré en Slytherin!"

La última palabra sonó fuerte, para todo el Gran Comedor.

Antes de que le sacaran el sombrero, éste agregó: "Dile a tu padre que venga a hablar conmigo. Debo hablar con el Gryffindor que nunca he sorteado."

El sombrero salió de su cabeza, y miró a Dumbledore. Éste le sonrió: "A la mesa de tu casa Tom, vamos!"

Caminó hacia su mesa, en donde se sentó frente a Dolohov; el grandote le volvió a bufar, pero no dijo nada.

Tom vio cómo Skullion Mulciber, Edward Nott y Evan Rosier se unieron a la mesa como nuevos integrantes de Slytherin, y seis brujas más: Penélope Midlands, a quien conocía del Express, Tabitha Figgs, Mary Greengrass, Laura Parkinson, Alicia Todweiter (la que estaba en el bote con él) y Sumta Xurana.

"Bienvenidos a otro año de educación mágica en Hogwarts!" Clamó el director luego de que la selección acabara. "Soy el profesor Dippet y antes de que comience el banquete me gustaría decir unas pocas palabras. Demos nuestra bienvenida a dos nuevos integrantes del staff de profesores!"

Uno de los profesores se levantó de su silla y saludó. "Ése es el profesor Slughorn, quien ha obtenido recientemente su maestría en pociones. Será, además, el jefe de la casa de Slytherin." Los estudiantes de la casa aplaudieron, mientras que el resto se mantuvo expectante.

Dippet esperó a que cesaran los aplausos. "El profesor Flitwick se nos ha unido para impartir las clases de Encantamientos. Está cerca de completar su maestría en Encantamientos y es un experto duelista."

Luego de un corto aplauso generalizado, prosiguió: "Les recuerdo que el bosque prohibido sigue en el mismo status. Madam Pringle ha publicado una lista de artículos prohibidos de Zonko´s en su oficina, por favor tómense el tiempo de leerla. Esto lo incluye a usted también, profesor Dumbledore." Los estudiantes más avanzados rieron con ganas; Dumbledore quiso parecer inocente.

"Y ahora, que comience el banquete!"

Las mesas se llenaron repentinamente de platos y fuentes repletas de la comida más maravillosa que Tom haya visto. Todos comenzaron a comer con avidez ya que estaban hambrientos después de un largo viaje en tren.

Tom sintió un súbito frío en su costado izquierdo, y al mirar vio una figura fantasmagórica levitando cerca de él. Mary Greengrass gritó del susto.

"Es… es… el Barón Sanguinario!" Exclamó Nott. Algunos de los alumnos más grandes se rieron del susto de los menores.

El Barón permaneció flotando a la izquierda de Tom. "Bienvenido, verdadero heredero del fundador." Susurró, y luego de saludar con un además se fue volando.

La sorpresa en su rostro fue confundida con miedo por los estudiantes de Slytherin, por todos menos por un par de ellos, el primero sentado a la mesa de los profesores, y el segundo sentado en la misma mesa. Ignorante de esto, Tom se concentró en la cena para no escuchar las risas.

Después de que terminaran de comer, Tom y los demás se dirigieron hacia las habitaciones de las mazmorras, guiados por los dos prefectos de Slytherin. Se detuvieron junto a una pintura y se dirigieron a los alumnos.

"Esta es la entrada a la sala común de Slytherin. Les diremos la palabra secreta y la misma no será divulgada a ninguna de las otras casas menores." Dijo con altanería Malcolm Fudge, el prefecto de quinto año.

"Si la palabra secreta se revela, sabremos quién la divulgó." Agregó Georgianna Scandalfenie. "Pureza." Dijo, frente a la pared de piedra. La pared se levantó lentamente, dejando la sala común a la vista.

Tom ingresó junto al resto de sus nuevos compañeros de primer año a una amplia sala con techo bajo, del cual colgaban varias lámparas mágicas que iluminaban el lugar con una tonalidad cálida y verdosa al mismo tiempo. Las paredes y techos eran de piedra, al igual que el piso, aunque estaba cubierto por una gruesa alfombra. La decoración de la sala incluía una enorme chimenea que yacía sobre una pared lateral, algunos sillones, mesas redondas y sillas de respaldos altos; Tom pudo contar hasta diez puertas que presumiblemente eran los accesos a las habitaciones.

Los alumnos más avanzados de Slytherin esperaban parados a cada lado de la sala, y dos de ellos aguardaban en el centro de la sala a los nuevos estudiantes; Tom asumió que eran el Prefecto y la Prefecto de séptimo año.

Una vez que todos estaban dentro, la entrada volvió a cerrarse. "Bienvenidos a la Casa de Slytherin." Dijo uno de ellos. "Somos la Casa del poder y del destino. Compartirán y respetarán nuestra tradición de grandeza."

Una imagen de Salazar Slytherin apareció entre los dos Prefectos. "El más grande de los fundadores enseñó sólo a los mejores estudiantes, estudiantes de astucia, ambición y poder. Ustedes deberán demostrar que merecen dicho honor." Continuó la muchacha.

Tom tuvo ganas de bufar ante ese show barato de los dos Prefectos; su padre ya se estaría riendo a carcajadas.

Ahora era nuevamente el turno del muchacho de séptimo. "Yo soy Anthony Cumshaw-Parker. Ella es Cynthia Zindle. Soy el Premio Anual de este año, y Cynthia la Prefecta de séptimo. No habrá peleas internas fuera de las paredes de nuestra sala común. Si deben resolver un problema de esa forma, asegúrense de que las otras tres casas no sean sus testigos, ya que son nuestra competencia. Nos esforzaremos para sobrepasar y dominar al resto de las otras Casas."

"El colegio utiliza puntos para establecer reputación entre las Casas. Pero además, Slytherin reconoce grados y logros que mejorarán la reputación de cada uno de ustedes dentro de la Casa." Agregó Zindle.

La imagen de Salazar se disolvió y fue reemplazada por una enorme serpiente.

"Ahora se aproximarán uno por uno a la serpiente de Slytherin, y esperarán ser aceptados por ella. La serpiente es nuestro símbolo: es tranquila, fría y paciente. Permanece fuera de la vista hasta que está lista para atacar. Y cuando ataca, lo hace sin titubear y sin clemencia."

Cumshaw miró a los de primero. "Antonin Dolohov! Al frente!"

Dolohov marchó al centro de la sala con arrogancia y se detuvo justo frente a la imagen de la serpiente. El reptil se irguió y se movió frente a él, mirándolo fijamente y siseando con su lengua bífida. Tom no pudo ver el rostro del muchacho, pero sus hombros parecían temblar. Unos instantes después la serpiente regresó a su sitió y movió su cabeza de arriba abajo.

"Dolohov, estás aceptado." Exclamó Cumshaw. El de primer año se situó detrás de los dos Prefectos.

Cuando Zindle llamó a Tom Evans, Dolohov murmuró: "Cómo ha hecho ese sangre sucia para entrar aquí?"

Sus palabras fueron lo suficientemente fuertes como para ser escuchadas por los alumnos formados a cada lado. Tom pasó entre ellos, rodeado de un murmullo generalizado, y se detuvo frente a la serpiente. Ésta le dedicó una mirada de desprecio. "Otro indigno del Gran Maestro." Siseó.

Tom hizo una media sonrisa, y le respondió en pársel: "Qué te hace decir eso?"

Las serpientes no son capaces de demostrar expresiones; ésta pareció que sí. "Hablas la noble lengua? Cómo es posible?"

"Soy Tom Evans y fui adoptado por James Evans. Mi madre perteneció a la familia Gaunt."

La serpiente se movió como si hiciera una leve reverencia. "Perteneces a la línea del gran Salazar Slytherin. Ha transcurrido tiempo desde que el último de esa sangre se paró frente a mí. Bienvenido."

El reptil volvió a su sitio. Tom miró a su alrededor y notó el pesado silencio en la sala: todos lo estaban mirando. "Le has hablado a la serpiente?" Le preguntó Cumshaw.

Tom aguantó la sonrisa. "Claro, ustedes no pueden?" Expuso, fingiendo inocencia.

El Premio Anual, aún shockeado, señaló a Tom que fuera con Dolohov, y para su agrado descubrió que su nuevo y sobrecrecido compañero también estaba shockeado. Las cosas podrían resultar mejor de lo que esperaba, después de todo.

El resto de los de primer año cumplió con el mismo ritual, pero luego de la demostración de Tom algunos de ellos se animaron a mostrar un poco de coraje al encarar a la serpiente. Mary Greengrass y Sumta Xurana solo permanecieron quietas, pero Evan Rosier llegó al extremo de sisearle a la serpiente. En realidad, al no saber pársel, Rosier había dicho algo similar a un insulto, algo que la imagen mágica de la serpiente no tomó a bien.

Luego de que pasara el último, los dos Prefectos de quinto año guiaron a los de primero hacia dos de las puertas, que llevaban a las habitaciones de los chicos y de las chicas. Luego, los llevaron a conocer el laboratorio de pociones de Slytherin. Tom se sorprendió al ver que estaba mejor equipado que el de su madre en su casa; recordó que su padre le dijo una vez que los de Slytherin parecían ser siempre los mejores en Pociones. Ahora quedaba claro por qué.

Tom se sobreexcitó al ver el área de práctica de duelo, con una plataforma que se elevaba medio metro del piso y que estaba rodeada por un encantamiento de protección contra hechizos mal dirigidos. A Su padre le fascinaría ese lugar: no recordaba que le hubiera dicho que Gryffindor poseyera una igual.

Luego de la recorrida, los estudiantes se marcharon a sus habitaciones. Tom siguió a los otros cuatro, y sonrió al entrar. En la habitación había varias camas con doseles color verde y plateado. Eran camas enormes incluso para chicos de once años, y sus baúles y equipaje en general ya estaban en la habitación. A cada lado de las camas había un armario y una mesa de luz.

Los compañeros de Tom fueron hacia sus camas y comenzaron a prepararse para dormir. Rosier se quejó: "Por qué los elfos no han guardado nuestras cosas?"

Tom se recostó en su cama, exhausto, y la mirada inquisitiva de sus compañeros no lo ayudaban en nada: ninguno le hablaba, pero parecían estar juzgándolo con las miradas.

Se preguntó cómo había sido el primer día de Tom Riddle, sin saber nada de su familia ni de su lazo con Slytherin. Qué clase de bienvenida habría recibido en su primer noche?

Un gruñido lo sacó de sus pensamientos. "No creo que hayas realmente hablado con la serpiente. Lo inventaste todo."

Tom se dio vuelta y vio a Dolohov, sentado en su cama mirándolo. "Perdón?"

"No hay forma de que un sangre impura como tú hable Pársel. Solo los magos oscuros más poderosos han podido. Ni siquiera Grindelwald puede hacerlo!"

"Claro que no puede, era un Ravenclaw."

El silencio volvió a apoderarse de la habitación por un largo rato. "Cómo sabes eso?" Preguntó uno de sus compañeros.

Tom miró al que había preguntado: Skullian Mulciber, un muchacho rechoncho pero fuerte, un poco más alto que él. "Mi padre me lo dijo. Lo escuchó de Dumbledore."

Mulciber bufó. "Es un traidor a la sangre, un amante de los muggles. No sabe lo que dice."

"Y tú odias a los muggles?" Preguntó Tom.

"Como todos los de sangre pura que estamos en nuestros cabales."

"Por qué?"

Mulciber y Dolohov se miraron con disgusto. "Porque no tienen magia. Son inferiores, casi animales." Espetó Mulciber.

Tom se encogió de hombros. "Tienes alguna mascota? La odias?"

"Así que tú también eres un amante de los muggles!"

Tom se dio cuenta de que había ido demasiado lejos. No sobreviviría en esa habitación si seguía provocándolos así, y levantado sus cejas, contestó: "No, no soy un amante de los muggles, pero sin embargo tengo razones personales para el odio que siento."

El muchacho dejó que buena parte del resentimiento que creía haber enterrado dentro suyo se reflejara en su tono de voz. Su respuesta fue otro incómodo silencio, por lo que volvió a darse vuelta en su cama. Sintió confusión ante el odio y furia que fluyó de su interior, alimentados por su visita a los Riddle y por sus recuerdos del orfanato. Su estómago parecía pesado como si fuera de plomo.

Necesitaba platicar con su padre, y echaba de menos a su madre y a los gemelos. Sabía que su padre lo entendería; de hecho, James había sufrido de pequeño casi por la misma causa que él.

El sueño tardó en aparecer esa primera noche. Sus pensamientos sobre todo lo que había visto y experimentado en el día no dejaban reposar a su mente; finalmente, pudo dormirse, pero sin sacarse de encima la sensación de que algo estaba faltando.