La voz de mi corazón.

Por Lu de Andrew.

Capítulo 10.

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Albert llegó apesadumbrado a la mansión. No podía comprender la actitud tan fría de Candy. ¿Había hecho algo mal? ¿Candy pensaba que su desaparición había sido planeada por él? No, no podía pensarlo, ella había visto el estado en que lo encontraron. Con mil ideas revoloteando por su cabeza, entró a la biblioteca sin darse cuenta que Archie estaba en el lugar.

-Buenos días, Albert – Lo sorprendió la voz de su sobrino. - ¿Se puede saber de donde vienes? Es temprano aún.

-Buenos días, Archie. – Se sentó en su sillón de piel detrás de su escritorio y emitió un fuerte suspiro. – Candy se fue al hogar de Pony – Fue su escueta respuesta.

Archie lo miró suspicazmente. No podía creer que Candy hubiera dejado a Albert después de lo que le pasó.

-¿Hay algún problema? ¿Qué sucedió para que se marchara así, sin avisar?

-Esta mañana le llegó un telegrama, al parecer hay un brote de influenza en el hogar y necesitan su ayuda.

-Ya veo. – "Una buena razón", pensó Archie. Pero la actitud de su tío le dijo que había algo más. - ¿Pasó algo más? – Inquirió a pesar de saber que así era.

Albert lo observó durante unos minutos y cerró los ojos con fuerza. Estaba desesperado.

-Se iba a marchar sin siquiera despedirse de mi. Si no me doy cuenta, se va y solo me deja una nota explicándome todo.

-Típico en ella. Pero creí que había dejado de hacer eso hace mucho tiempo.

-Tiene algo. Algo pasó, pero se negó a hablar del tema. Le pedí que a su regreso habláramos de la fiesta de compromiso, pero al parecer no le importó. ¿Tú sabes qué pasó? – Preguntó mirando a su sobrino tristemente, Archie sintió una opresión en le pecho al ver la impotencia reflejada en el rostro de su tío.

-La verdad es que no sé nada. Quisiera ayudarte de alguna manera, pero, la verdad al enfocarme en tu búsqueda, me olvidé de lo demás. Solo me hice cargo de que la familia de Samantha saliera de la mansión.

-¡Eso es! – Gritó de pronto Albert.

-¿Qué pasa?

-Jordan.

-¿Qué pasa con Jordan? A parte de ser sospechosa, claro.

-Jordan es una arpía y no dudo ni un segundo que esté detrás de mi desaparición. Ella debió haber hecho algo para que Candy reaccionara así.

-Pues sí, pero, ¿cómo piensas averiguarlo? Por lo que me dices, Candy no quiso hablar del tema y tú no puedes viajar al hogar de Pony en estos momentos. Los viejos del concejo te esperan esta mañana.

-Lo sé, y créeme que si no fuera por eso y mi viaje a Washington, no hubiera viajado sola. En estos momentos yo estaría con ella.

Uno golpe a la puerta interrumpió su plática. Era Hillary.

-Buenos días. – Saludó con cortesía – La señora Elroy, está preocupada porque no encuentra a Candy por ningún lado, yo le aseguré que estaría aquí.

La joven se sintió un poco incómoda al decir eso, pero sabía de las escapadas de Candy para ver a su novio y siempre los encontraba o les ayudaba a verse en ese lugar, por tal motivo se aventuró a asegurarle a Elroy que la rubia se encontraría ahí. Al ver la preocupación de la mujer, se ofreció para ir por Candy, pero al no verla en el lugar, se unió a la preocupación de la tía.

-Candy salió para el hogar de Pony, Hillary. Necesitan un médico y ella fue para allá, yo me encargué de llevarla a la estación. – Hillary suspiró aliviada, después de lo ocurrido el pasado Sábado, temió que a Candy pudiera pasarle algo similar.

-Entonces le informaré a la señora. – Hizo el intento de irse, pero Albert la detuvo.

-No Hillary. Por favor quédate unos minutos. Archie, ¿podrías decirle a mi tía el paradero de Candy? Y, ¿sería abusar de ti, si te pidiera que reserves un pasaje para salir esta misma tarde a Washington? No quiero aplazar más, las cosas.

Archie asintió. – No te preocupes, tío. Haré las dos cosas, también llamaré a George para informarle de tu llegada y tenga lista la reunión con los empresarios.

-Muchas gracias.

Archie salió a cumplir los pedidos de su tío.

-¿Qué pasa, William?

-Hillary, dime la verdad. ¿Sabes si Jordan le dijo o hizo algo a Candy, ahora que desaparecí?

Hillary se sentó de inmediato. Sabía que Candy no hablaría con Albert, aunque se viniera el mundo encima. Pero no estaba segura de hablarlo con el joven Andrew.

-Por favor, Hillary. Candy se fue molesta y sé que algo me está ocultando.

-No le dijo nada, al menos no de frente. Pero Candy estaba desesperada porque no te encontraban y deambuló por los pasillos de la mansión y se encontró afuera de las habitaciones de las hermanas, las escuchó hablando.

-¿Hablando? ¿De qué?

-En pocas palabras, Jordan le dijo a su hermana que había escuchado una plática entre Ethan Campbell y tú. Al parecer el hombre te decía que ya no era necesario que se casaran y tú te mostraste interesado en la propuesta. Lo pintaron como si tú te mostraras complacido con la idea de no casarte con ella, y hasta le agradeciste por ello. Además insinuaron que tal vez por eso habías desaparecido, pues no veías la manera en zafarte del compromiso.

-Y ella les creyó – Fue una afirmación.

-Pues, créeme que yo también les creí un poco. Escucha William, en realidad no me interesa lo que platicaste con ese hombre, pero, ¿es cierto?

-¡Por supuesto que no! Por lo que dices, Jordan sí escuchó la conversación, pero la colocó totalmente fuera de contexto. Campbell me dijo algo parecido, pero por supuesto que en ningún momento pensé en olvidarme de la boda. Amo a Candy más que a mi propia vida, ¿cómo puede pensar que puedo dejarla?

-Piensa que tal vez te estás sintiendo algo forzado. No creo que dude de tu amor por ella, pero sí duda de tus verdaderos motivos para contraer matrimonio.

Albert se levantó de su asiento y caminó con desespero por la habitación. Se restregó las manos sobre su cara, tratando de despejar sus ideas y pensamientos. Ahora todo cuadraba, su actitud fría y distante. Su interés por saber lo que había pasado en la reunión que sostuvo con ese hombre. Maldijo para sus adentros, si hubiera sido más abierto con ella, y hubiera explicado lo que pasó en esa bendita reunión, a esas horas, todo estaría bien entre ellos. Pero, ¿siempre tenía que salir huyendo? Claro, no había planeado la enfermedad de los niños en el hogar, pero sí había utilizado eso como pretexto para salir corriendo.

-¿Deseas que me reúna con ella? Puedo salir en cuanto le informe a mi madre.

-¿No tendrás problemas? Sé que tu madre no es muy fanática de que su hija viva lejos de ella.

-Es mi trabajo después de todo, ¿no? No te preocupes, iré a ese lugar y trataré de ayudarle y de paso hablar con ella.

-Eres una gran amiga, ¿sabes? No es la primera vez que nos ayudas.

-Y no creo que sea la última. – Ambos sonrieron – Vamos, cambia esa cara, y concéntrate en lo que ocurrirá dentro de un par de horas. Esos viejitos tienen qué saber con quien están tratando.

Albert sonrió abiertamente, a esas alturas ya no le interesaba lo que pasara con "los viejitos", como lo nombró Hillary.

Una hora después, ya todos estaban listos para salir hacia las oficinas Andrew. Elroy, Archie, Albert y Hillary, quien acompañaría a Elroy en ausencia de Candy. a la tía no el gustó mucho que la rubia hubiera dejado todo para ir al hogar de Pony, pero estaba más preocupada por lo que pasaría en la reunión.

-Muy bien, Archie. Hillary alcanzará a Candy en el hogar de Pony. Por favor encárgate de comprar también el boleto para su viaje. – Pidió Albert a su sobrino, una vez que el auto de la familia y el los de los guardaespaldas se estacionaba fuera del complejo empresarial.

-¿Estás seguro que no deseas que los acompañe? – Inquirió preocupado Archie.

-No te preocupes, Archie, no estoy de humor para aguantar las excentricidades de los viejos. Solo estoy haciendo acto de presencia para que no empiecen a molestar.

El mal humor de Albert se hacía evidente al hablar, en verdad no estaba de humor para esa reunión. La preocupación por Candy, por su secuestro, por los problemas en Washington, era más grande que su preocupación por el concejo y su estúpida ambición. Además, debido al golpe que recibió, tenía un fuerte dolor de cabeza que con cada minuto que pasaba, sentía que le explotaría.

-William, no es conveniente que pierdas los estribos frente a ellos. Recuerda lo que está en juego. – Elroy trató de reprenderlo por hablar de esa manera. Albert se detuvo, pues caminaba rápidamente con los demás tras él.

- Tía, no creo que haya olvidado quien es el patriarca de esta familia. – Su tía negó con la cabeza. – Por lo tanto, espero que no crea que soy el pelele de esos hombres. He sacado adelante no solo nuestra fortuna, sino la todos ellos, sin ayuda de nadie, a excepción de Archie y George. Así que no espere que por temor, yo les permita manejar mi vida. Nunca lo he permitido y nunca lo haré.

Con paso decidido siguió hacia el ascensor. Archie se despidió de ellos y Hillary, al ver la situación tan tensa les esperó en el lobby del edificio. Terminando la reunión, iría a casa de su mamá para avisarle de su partida hacia el hogar de Pony.

Todos en la sala de juntas ya estaban reunidos. Fergusson estaba en una de las cabeceras de la enorme mesa de caoba que brillaba reluciente. Se sentía triunfante, sobre todo al ver la noticia de la cancelación de su compromiso. Ahora ya sabía de donde aferrarse para presionar más a William, y que por fin su nieto pudiera tomar la vicepresidencia. De reojo, observó a Ethan, que estaba arrellanado en una silla al fondo de la sala, parecía distante y nada interesado en el asunto que ahí se trataría. El viejo no era tonto y no confiaba demasiado en su nieto, últimamente se estaba mostrando algo intransigente y hasta cierto punto nada interesado en nada que tuviera que ver con él como su abuelo.

La verdad era que Ethan solo había accedido a estar presente para saber de primera mano el motivo real del fallido compromiso. Tal vez después de todo, él había tenido razón y William Andrew solo utilizaba a Candy, y ahora que el patriarca sabía que nunca reclamaría la presidencia del concejo, había decidido mandarla a paseo.

Así que sin interés alguno en la plática que sostenían los demás hombres en el lugar, mantenía su mirada pérdida, compadeciéndose de Candy reconociendo que lo que al principio había sido atracción hacia la rubia, ahora era un instinto protector por ella. y demasiado intrigado por Hillary. Le extrañaba su actitud hacia él, por lo regular, las mujeres se rendían a sus encantos. Nunca le faltaba una mujer que quisiera compartir su lecho. Y ahora que ya conocía la identidad de esa mujer y la historia de su vida, no perdería un minuto en acercarse a ella. Aunque tenía que reconocer que ella era diferente a las mujeres que había conocido, como muy bien se lo dijo en la mansión Andrew. En eso, in movimiento brusco en la sala, llamó su atención. Miró hacia la puerta y observó como William Andrew entraba sin ceremonias ni aspavientos.

Albert entró a la sala de juntas sintiéndose enfermo, cansado y demasiado molesto. Las oscuras marcas negras debajo de sus ojos lo demostraban. En cuanto puso un pie en el lugar, todos se quedaron callados, su presencia imponía respeto, tuvieron que reconocer todos los hombres reunidos. Estaba en su ambiente, caminaba con paso seguro y con aire de autosuficiencia. Sin duda, sabía como actuar en cada situación.

-Caballeros, buenos días. – Se quedó de pie en la cabecera contraria a Fergusson, observando con detenimiento a todos. Ni siquiera hizo el intento de sentarse.

-Vaya William, creí que no te veríamos por aquí, y que tendríamos que tratar nuevamente con tu tía. – Justin Fullarton, tomó la iniciativa.

-Les recuerdo que si la vez pasada no me vieron por aquí, fue porque citaron a mi tía, obviando mi presencia. Fueron ustedes quienes delinearon mi ausencia en la reunión. Y dado que se trata de mi compromiso de lo que hablaremos hoy, aquí estoy. Accedí a esa ridícula petición de comprometerme en un mes, ya está hecho, mi boda se celebrará en los próximos meses. – Albert tomó su portafolio e hizo el intento de salir, pero Fergusson lo detuvo. Ethan empezó a prestar atención.

-No tan rápido William, como verás, salió en todos los periódicos tu fallido compromiso. Así que para nosotros no existe tal cosa. – Fergusson le lanzó sobre la mesa varios diarios donde hablaban del tema. Albert con el ceño fruncido regresó sobre sus pasos.

-Ya les informé que mi compromiso está vigente. – Y aunque no era del todo sincero, pues Candy se había marchado molesta, al menos no había roto su compromiso, por lo tanto todavía era su prometida. El dolor de cabeza se intensifico más, al pensar en que pendía de un hilo su futuro con Candy, y no era por la maldita presidencia, sino porque no podría vivir sin ella. – Creo que con mi palabra basta y sobra, la fiesta de compromiso solo se suspendió, además, solo es un simple formalismo que dicta la sociedad.

-Un simple formalismo que no estamos dispuestos a pasar por alto. Los miembros del concejo, hemos llegado a un acuerdo, para nosotros no estás comprometido, puesto que es de suma importancia que la sociedad sea testigo de tu compromiso. Así acallaremos los rumores. Ahora, no hay anuncio de compromiso, no hay presidencia.

Albert se frotó las cienes, si no salía de ese lugar, alguien saldría muy lastimado. Y no precisamente él.

-Tal vez si nos dieran tiempo para el próximo fin de sem... - Elroy interrumpió en esos momentos, Albert solo la observó fulminándola con la mirada. Golpeó con violencia la el lugar donde reposaban los periódicos, y todos se sobresaltaron.

-Pues ahora que lo veo desde su punto de vista, les resultó muy conveniente que se cancelara la fiesta, ¿no es así? – Lo dijo de forma tan tranquila que sintieron cierto temor.

-¿De qué hablas William? – Preguntó Bill Gordon.

-Será interesante para el detective Cohen, poner en la lista de sospechosos, sus nombres. Después de todo, ustedes más que nadie, tienen motivos más que suficientes para haber evitado la fiesta del sábado. –

-¿Detective? ¿Sospechosos? ¿De que rayos estás hablando William? – Fergusson preguntó alarmado.

-¿No les he informado? Pues bien, el anuncio de mi compromiso con Candice, se canceló, debido a que fui secuestrado. Me golpearon, drogaron, y me privaron de la libertad, hasta que me encontraron gracias a la ayuda de varias personas. En estos momentos, se está llevando una investigación, de quien, o quienes, se beneficiarían con mi desaparición. Y creo que ustedes encabezarán ahora la lista de sospechosos. –

Albert dejó que digirieran la noticia. A los poco segundos todos se mostraron ofendidos por sus insinuaciones.

-¡Es inconcebible! – Gritó Fergusson, ante la mirada divertida de su nieto. Estaba disfrutando de lo lindo. Por un momento pensó que William se dejaría amedrentar.

-No lo es – Afirmó Albert. – Y más les vale que vayan preparando sus coartadas, pues este detective no es de los que se duermes en sus laureles. En cuanto a lo de mi compromiso, les aviso, óiganme bien, les aviso que seremos mi prometida y yo, los que decidiremos los como haremos las cosas. ¿Quieren quitarme la presidencia? Adelante, prepárense para una demanda, no existen sustentos para ello, estos papeles solo hablan de que me debo comprometer en un mes, nada más. Conmigo no están con mi tía, así que no esperen que sea su títere. – Albert llevaba los papeles que su tía había firmado en la reunión anterior, aceptando las decisiones tomadas por el consejo. Era la costumbre hacerlo así, para evitar problemas posteriores.

Así con el mismo porte con el que había entrado, salió. Ethan sonreía abiertamente mientras pasaba junto a su desmoralizado abuelo. Salió tras Albert.

-William, hijo, no quise... - Empezó a disculparse Elroy, pero Albert no estaba de humor.

-Mire tía, ahórrese sus explicaciones. Pero nunca vuelva a interrumpirme, ¿acaso cree que no sé lo que hago? – Elroy tuvo la intención de contestarle, pero en eso apareció Ethan.

-William, ¿me permite un momento?

-Señor Campbell, no reparé en su presencia. ¿Qué desea? Ya puede ir preparando su entrada a la empresa, después de todo, no cancelé mi compromiso como usted deseaba. – Contestó Albert con sarcasmo. Ethan sonrió aún más.

-¡Oh, por Dios! ¡No! ¿Y privarle de la satisfacción de poner en su lugar a esa bola de viejos ambiciosos y avaros? No podría.

-¿Qué quiere Campbell? – Preguntó Albert sin un mínimo de paciencia.

-Solo ofrecerle una disculpa por mi comportamiento del sábado. Actué como un idiota, ni siquiera conozco los sentimientos de su prometida hacia usted, y me entrometí en su vida. Pero a mi favor debo decir que su novia me inspira un instinto de protección.

Albert se relajó un poco. Conocía a la perfección ese sentimiento de proteger a Candy. Ahora se daba cuenta que no era el único.

-¿Quiere decir que ya no está interesado en ella?

-La verdad es que no puede negar que es una mujer muy hermosa su prometida, así que no puede culparme por sentir algo de atracción hacia ella en un principio. Pero debo informarle que ahora mi interés hacia las rubias se ha venido abajo gracias a cierta morena que... - De pronto el hombre se interrumpió, y miró hacia los ascensores. Albert se dio cuenta que una morena hacía su aparición. Era Hillary, quien se estaba reuniendo con su tía en esos momentos. Las cejas de Albert se elevaron ante la sospecha evidente de que Hillary era la morena por la que Ethan había abandonado sus gustos por las rubias.

Elroy caminó hasta los hombres que seguían observándolas.

-Hijo, acompañaré a Hillary a casa de su madre. ¿Esta bien?

-No tiene que pedirme permiso, tía. Siento la forma en que le hablé, estaba muy molesto.

-Creo que será mejor que hablemos de ello en casa. – Elroy miraba con desconfianza a Ethan, no se fiaba de ese hombre, y Albert así lo comprendió.

En ese momento se acercó Hillary.

-William, Archie llegó hace unos momentos. Ya tiene los boletos, tu tren sale a las dos de la tarde. En estos momentos fue a la mansión para ordenar que tuvieran listo tu equipaje. También se comunicó con George, le dijo que hará todo lo posible para que te reciban en cuanto llegues a la ciudad. –

-Muy bien Hillary. Muchas gracias. Y, ¿para cuando partes?

-Mi tren sale mañana por la mañana. Y está bien, así me da tiempo de visitar al doctor Martin, y pedirle algún medicamento para llevárselo a Candy.

-Me parece bien, ¿podrías encargarte de comprar cobijas y demás cosas que tal vez necesiten en estos momentos?

-Claro que sí, William.

-Señorita O'Neill, un gusto saludarla. – Hillary se quedó muda. No había prestado atención con quien estaba platicando Albert, de haberlo sabido, ni siquiera se acercaba.

-Discúlpeme si no puedo decir lo mismo. No suelo entablar conversación con alguien que sufre algún trastorno de personalidad. ¿Nos vamos, señora Elroy? – Ante la mirada atónita de todos, se fue dejando a Ethan con la mano extendida. Algo que los sorprendió, pues la chica se caracterizaba por sus buenas costumbres.

-Refrescante. – Fueron las únicas palabras que salieron de la boca de Ethan. Albert observó al hombre que tenía ante sí. Contrario a lo que él pensaba, Ethan estaba sonriendo mientras veía como Hillary entraba al ascensor

-Sin duda. – Comentó Albert sin saber qué más decir.

-Bueno, creo que lo tengo que dejar, William. No sin antes, asegurarle que yo no tuve nada qué ver con el grave suceso por el que tuvo que pasar, así que sin temor a nada, puede poner mi nombre en la lista de sospechosos.

-Así lo haré. – Afirmó Albert.

-No esperaba menos de usted. Pues bien, será mejor que me apresure si no quiero perder de vista a la señorita O'Neill. Nos estamos viendo.

Y con un gesto con la mano se despidió. Albert no pudo evitar pensar que ese hombre era por demás extraño. Primero se había sentido atraído por Candy, y la verdad era que no podía culparlo, luego solo quería protegerla. Y ahora, no tenía reparo alguno en mostrar su interés por Hillary. Solo esperaba que su amiga no saliera lastimada, le daba la impresión que Ethan Campbell, no era de lo que se comprometían.

Extraño hombre sin duda, y extraña esa relación que ambos sostenían. Tal parecía que ninguno quería dar su brazo a torcer y declarar abiertamente que podían llevarse como amigos.

-¿Señor Andrew? – La voz de un hombre, lo sacó de sus pensamientos.

-Dígame. – Albert lo observó de arriba abajo, era un hombre un poco más bajo que él mismo, con el pelo cano y cierta mirada aguda, que le daba un aire de misterio.

-Soy, Jack Taylor. George Johnson me encargó una investigación, privada y profunda. Fue demasiado profunda, debo decirle, por eso la tardanza para entregarle este informe. – El hombre le extendió un folder algo ruego por la gran cantidad de información que contenía. Albert había olvidado la investigación que había mandado a hacer a Edward. Al parecer ahí estaban todas sus respuestas.

-Hay informes, fotos e investigación de los últimos movimientos del doctor Sullivan. Así como su historia familiar y algo más que estoy seguro que le interesará. En estos momentos mi hijo continúa siguiéndole, ¿desea que así siga siendo? ¿O lo dejamos en paz?

Albert lo observó unos momentos.

-Deseo que continúe bajo vigilancia. Por favor, algo fuera de lo normal que tenga estricta relación con mi prometida, hágamelo saber.

-Será como usted ordene señor. Me retiro.

El hombre se fue y Albert supo por qué George confiaba en él. Era eficiente en su trabajo. Miró su reloj y decidió que era momento de partir a la mansión y preparar su viaje. Tendría suficiente lectura para el camino. Salió con paso firme, mientras observaba que la sala de juntas seguía ocupada, ahora sí, los miembros del consejo tendrían mucho de qué hablar.

Una vez instalado en su compartimento privado del tren, Albert tuvo tiempo en meditar sobre lo sucedido durante los últimos días en la empresa. Si no tomaba buenas decisiones, podría terminar perdiendo todo lo que había conseguido hasta el momento, y no podía permitirse el lujo de hacerlo. Con eso en mente, tomó el informe de la investigación acerca de Edward Sullivan. Solo esperaba que le ayudara a olvidarse un poco de Candy y de su dolor de cabeza.

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-Gracias por aceptar mi invitación, sé que tienes un día demasiado ocupado pero, necesitaba hablar contigo. – Annie observó a Terry detenidamente, estaba nervioso y eso era algo raro en él.

-No te preocupes, a decir verdad, necesitaba distraerme un rato. Pero, ¿qué pasa? ¿Por qué la urgencia?

-Annie – Comenzó Terry tomándola de la mano, y mirándola directamente a los ojos. – La verda es que quiero saber si podemos ser algo más que amigos, no he dejado de pensar en ese beso que compartimos en casa de los Andrew.

Annie no se sorprendió con la revelación, porque a ella le pasaba lo mismo. Y se preguntó de repente cómo era posible que ella, la tímida, y Terry, el rebelde del San Pablo, estuvieran teniendo esa conversación. Se dio cuenta que la mirada penetrante y su sonrisa socarrona que ante le provocara miedo, ahora la atraía demasiado. Terry era un hombre guapísimo, no se extrañaba que tuviera tanto éxito con las mujeres. Y recordaba continuamente ese beso, porque era más de lo que había recibido algún día. Ante su actitud tan obtusa con Archie, nunca le permitió que se acercara a ella de esa manera, y esa era una de las tantas cosas de las que se arrepentía. Pero ya no existía el "hubiera", y ahora aprovecharía la oportunidad que tenía ante sí.

-Pues yo tampoco he dejado de pensar en ello. Y nada me gustaría más que avanzar al siguiente paso. – Le contestó con una sonrisa amplia y hermosa que hizo que Terry sintiera deseos de prometerle la luna y las estrellas.

Sin decir una palabra, se acercó a su boca y se adueñó de ella en beso cálido y apasionado. Cuando se separaron, ella bajó la vista un poco avergonzada por estar en público, él con delicadeza tomó su barbilla y lo obligó a mirarlo a los ojos.

-No te arrepentirás. – Le susurró cerca de su boca.

-No, creo que no lo haré... - Y sin decir más, volvieron a besarse, en esta ocasión a ella no el importó que estuvieran en un lugar que estaba a la vista de todos. Consciente de que llegaría el momento de que sería acosada por la prensa para preguntarle por su relación con el actor.

Ninguno sabía lo que les deparaba el futuro, tal vez llegarían a enamorarse o tal vez no. Pero no desaprovecharían la oportunidad de tener una relación sana, sin tantos problemas como sus relaciones anteriores.

Después de pagar la cuenta, Terry acompañó a Annie a su lugar de trabajo. Tomados de la mano fueron fotografiados por un periodista que le seguía la pista a Terry muy de cerca, y en su afán por tener la exclusiva, le preguntó si la chica era su nueva conquista. Con un suspiro de resignación, Annie asintió en la dirección de Terry, aceptando que hablara un poco sobre ella. Alguna vez tendría que hacerlo, y entre más pronto, mejor.

-Sí – Afirmó Terry – La señorita Britter y yo estamos saliendo, pero no es mi conquista, es mi novia. –

Sin decir más, se apresuró a ayudar a Annie a subir al vehículo y ponerlo en marcha. Ya estaba dicho, sin duda, sería el cotilleo más comentado en los siguientes días. Terry nunca había declarado que tenía "novia", solo eran "amigas" con las que salía, y eso dejaría a muchos boquiabiertos.

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-¿Acaso eres idiota? ¿Cómo se te ocurrió algo así? ¿No pensaste por un momento, que eso perjudicaría mi relación con Archivald? – Samantha estaba que echaba chispas, Jordan le había confesado su plan para impedir el anuncio de compromiso entre Albert y Candy, pero su hermana no había reaccionado como ella esperaba. – ¡Solo piensas en ti Jordan, porque aunque William no se case, sabes perfectamente que tu no tienes ninguna esperanza con él!

-No seas tan mala conmigo, Sam, en el momento no me pareció tan mala idea. Además, ¿Cuándo hemos dejado de ser egoístas y pensar en los otros? No me vengas con reclamos, que cuando tu has tenido la oportunidad, has actuado peor que yo. Y déjame recordarte que tu relación con Archie, se fue al traste desde su pelea con el actor. Y no creo tener que recordarte por quien fue esa pelea, y no fue precisamente por ti.

Jordan tenía razón, a pesar de ser hermanas, no habían sido criadas para compartir nada más que el apellido. Las hermanas Lincoln vivían para sí mismas, y cuando algo o alguien se interponían en su camino, no importaba que fuera alguien de su familia, barrían con todo con tal de salirse con la suya.

-Tienes razón. – Contestó Samantha – Pero debiste pensarlo más detenidamente, conozco a Archie y sé que sospechó de la familia, no sé si específicamente de ti, pero por eso salimos de su casa. Perdimos la ventaja que teníamos Jordan, y todo para qué, para que William apareciera rápidamente sin ningún problema.

-Sé que hubo problemas entre ellos, Sam. Después de que Candice nos escuchara hablar, ¿crees que se quedaría tranquila pensando que William se casa con ella por obligación? Créeme, las chicas como ella solo piensan en el amor y en su vivieron felices para siempre. Fue buena idea, que no escuchara de esa forma, así pensó que lo platicamos sin malicia. Y no sospechará de nosotros.

-Suponiendo que tengas razón, y hayas creado conflictos en su relación. Todavía está la idiota de Hillary, ella te conoce hermanita, y sabes que no confía en ti. Puede poner en antecedentes a Candice.

-Esa no me preocupa, ¿qué daño puede hacer? No pudo hacer nada cuando Víctor la engañó conmigo, ¿Qué hará? ¿Decirle que soy una amenaza? Creo que esa rubia sin chiste ya lo sabe. Hillary no me preocupa en absoluto.

-Eso mismo decías antes de que rompiera su compromiso con Víctor. Y ya ves lo que pasó cuando lo hizo, él te dejó y fue corriendo a rogarle. Demás está decir que todo el interés que sentía por ti, se murió en el mismo instante en que ella rompió con él. Él se quería casar, y no precisamente contigo.

Samantha sonrió cínicamente devolviendo el golpe bajo que recibiera de su hermana momentos antes, no se molestó en ocultar su alegría al hacerlo.

-¿Sabes qué? ¡Vete al carajo! – Ganándose una carcajada abierta de parte de Samantha, Jordan se enfurruño y enterró su cara en la almohada. Odiaba recordar que había perdido a dos hombres. No es que los quisiera o algo parecido, pero estaba acostumbrada a que todos los hombres cayeran rendidos a sus pies. Estaba acostumbrada a ser la envidia de las mujeres y a que las esposas y prometidas la odiaran, pues nada le resultaba más reconfortante para su ego, que demostrar que podía quitarle el hombre a quien ella quisiera. Pero había fallado olímpicamente, dos veces, con Víctor, que a decir verdad, comprendía que Hillary lo hubiera dejado, era un hombre mantenido por su papi y hecho para hacer lo que su mamá y su hermanas dijeran, no valía la pena salvo el hecho de habérselo quitado a su novia...hasta que él la dejo por Hillary pensando que así ella volvería con él. Y estaba William, un hombre maravilloso, y hombre en toda la extensión de la palabra. Guapo, atlético, musculoso, con una sonrisa que derretía. Y además, un excelente hombre de negocios, millonario, dueño de su propia empresa...pero también la había dejado, y ahora que se habían vuelto a ver, él ni siquiera se mostró interesado en su presencia.

-Bueno – Samantha interrumpió sus pensamientos – mientras te lames tus heridas, yo iré a ver a Archie. No puedo permitir que se olvide de mi. Después de todo, sigue siendo un excelente partido. Cuídate hermanita, y no llores mucho que se te hinchan los ojos.

Sin esperar respuesta, Samantha salió de la habitación. Seguían hospedadas en el mismo hotel al que llegaran la noche anterior. Sus padres ya habían partido para su país, alegando que los Andrew eran unos corrientes sin educación. Ya no les interesaba emparentar con la familia después que los corrieran de la mansión, pero sus hijas no pensaban lo mismo y como siempre, sus padres las dejaron hacer lo que ellas quisieron. En ese momento fue quedarse en Chicago para ver qué podían sacar de la situación.

Jordan se levantó de súbito, marcó un número de teléfono y esperó que le respondiera la operadora. Después de pedir la conferencia, escuchó una voz masculina.

-Soy Jordan. Tenemos que hablar, las cosas no salieron como planeamos. Encontraron a William demasiado rápido y ahora está involucrado un detective. ¿Qué vamos a hacer si nos descubren?

-¿Qué vamos a hacer? No te entiendo Jordan. Yo no estoy involucrado en esto, tu fuiste la de la idea, la que contrató a los hombres, la que abandonó a ese tipo en ese funesto lugar. Yo solo te apoyé.

-¿Quieres decir que me dejarás sola en esto? ¡Eres un cobarde Edward Sullivan! – Jordan pensaba seguir reprochándole a su cómplice, pero el sonido en la otra línea le hizo saber que ya habían cortado la llamada.

Ahora entendía por qué el estúpido doctor, no había querido hacer nada, solo la acompañaba, pero nunca se dejó ver.

Con la preocupación de que pudiera ser investigada por el detective que llevaba el caso, y hasta ir a la cárcel, empezó a caminar por toda la habitación, pensando una manera de escapar ilesa y sin consecuencias de todo eso. Sin embargo, no se arrepentía de lo que había hecho. Lo volvería a hacer una y otra vez si eso significaba ver infeliz a William Andrew...

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Albert terminó de leer el informe que llevaba consigo. Faltaban algunas horas para llegar a su destino. George lo esperaba en la estación para trasladarlo a la casa que tenían en ese estado. Se reuniría con los empresarios la mañana siguiente. La situación no era la mejor, estaban dispuestos a demandar por violar un contrato de confidencialidad. Aunque todo se podía resolver de la mejor manera, siempre y cuando los otros inversionistas estuvieran dispuestos a escucharle y ver las pruebas que llevaba.

Ahora todo era claro para él. Edward Sullivan, tenía una razón para odiarlo, y no era por Candy precisamente, aunque eso le había puesto la guinda en el pastel. Su abuelo, un empresario reconocido por tener los aserraderos más grandes del país, se había metido en negocios turbios, con tal de tener mayor ganancia, se había involucrado con hombres que talaban ilegalmente. Cuando todo salió a la luz, tuvo que pagar una multa y una fianza millonaria con tal de no pisar la cárcel, también había pagado miles de dólares para que su pequeña indiscreción no se hiciera pública, dejando a su familia desamparada y sin futuro.

De esa forma, había deambulado por todo el país, gastando dinero que ya no tenía, sumiéndose más en deudas, aparentando una vida de lujo para que los banqueros le dieran un préstamo y poder repuntar nuevamente. Y todo estaba saliendo bien, hasta que trató de engañar al entonces presidente del consorcio Andrew. No solo disfrazando su ruina, sino también, tratando de hacer que Frederick Andrew, invirtiera en una compañía fantasma creada por él para estafar a quien se dejara. Pero una vez que Frederick se enteró de la verdad, puso al tanto a todos los banqueros y hombres de negocios del país. Cuando se vio descubierto, el hombre se escondió para más tarde terminar por suicidarse, dejando a su familia desolada y arruinada.

"Así fue como el legado de venganza pasó de una generación a otra", pensó Albert sin humor. Era algo tan evidente, que hasta alguien con dos centímetros de cerebro se habría dado cuenta de las razones para odiar a la familia Andrew. Y al parecer Edward fue el indicado para llevarla a cabo, sin permitirse ver que nadie había tenido la culpa más que su abuelo. De esa forma, Edward había infiltrado a una familiar suya en la empresa para que robara los papeles que hablaban de sus planes en un futuro, planes de los que nadie a excepción de los involucrados debían saber. Por ello habían vendido la información a la competencia, poniendo en evidencia a Albert, como el medio de información.

"Inteligente", meditó el rubio. Pero no tanto, la información infiltrada no hablaba de especificaciones sino de algo más general que se podía entender de diferentes maneras. En todo caso, nada que no pudiera resolverse.

Porque había algo más que le preocupaba en esos momentos. El patrón existente entre el abuelo de Edward y el padre de Hillary. Los dos hombres de negocios, se dejaron llevar por sus propios deseos y afán de obtener dinero sin esfuerzo. Y sin importarles las repercusiones en sus familias, los llevaron a la ruina y desastre social y emocional. Ambos se suicidaron, demostrando que no había en la vida nada más importante que el dinero. Ni la familia, los hijos, la esposa, nada, solo el dinero. Y por un momento, se vio en ese espejo, ¿desde cuando era tan importante para él mantener las arcas de los Andrew llenas? ¿Desde cuando pensaba que no podía perder su dinero por el que se había esforzado tanto? Claro, él nunca recurriría a la estafa o al juego, pero cuando su tía le dijo que podían perder todo si permitían que alguien más ocupara la presidencia, admitió que había sentido pánico.

Y él no era así. No quería ser o convertirse en ese tipo de hombre. Quería formar una familia con Candy y amarla por siempre, recordó cuando vivían juntos, siendo ella una simple enfermera y él un pobre vagabundo sin memoria, lavaplatos y viviendo al día. Había sido feliz, no le hizo falta el dinero o el lujo al que tenía acceso. Una vida sencilla hacía felices a las personas.

Y ahora obviamente no podía hacer todo a un lado y lanzarse a ser un vagabundo así sin más, tenía una gran responsabilidad hacia su familia, pero también hacia los empleados que trabajaban para él.

Pero tendría que mantener sus prioridades en primer lugar, y eso era su familia. Empezando con Candy, la amaba y en cuanto hablara con ella, le diría que si ella así lo deseaba se casarían en una ceremonia sencilla o lujosa o se fugarían, o lo que ella quisiera, pero ya no quería esperar más por ella, suficiente tiempo ya lo había hecho.

Pero una cosa era segura, nunca permitiría que el dinero lo alejara de sus seres queridos.

OoOoOoOoOoOo

Hillary regresaba meditabunda a la mansión Andrew después de recibir el medicamento que el doctor Martin le enviara a Candy. Ya se había asegurado de comprar las cosas que le pidiera Albert y en esos momentos los estaban cargando en el tren que ella tomaría la siguiente mañana.

Como no quiso esperar en la estación a que el auto estuviera desocupado, decidió regresar a pie. Su madre había puesto el grito en el cielo, cuando le dijo que iría a un lugar con epidemia de influenza. Pero con la ayuda de Elroy, pudo convencerla de que Candy necesitaba toda la ayuda posible.

Y es que la verdad, quería olvidarse un poco de la ciudad. Estar en el campo sería bueno para olvidar lo que sentía cada vez que veía a Ethan Campbell. Frunciendo el ceño al recordarlo, decidió que solo era antipatía por ser la clase de hombre que engaña y chantajea para obtener lo que tiene. Pero se preguntó, por qué se le aceleraba el pulso cuando lo veía, y si acaso su renitencia a saludarlo era porque temía quedar como una idiota ante él.

Pero se negaba a creer que se sintiera atraía por esa clase hombre. Porque era de la clase de hombres que no mantenía relaciones formales con las mujeres, solo buscaba aventuras y ella no quería pensar en lo que podría llevar a una mujer al aceptar una relación así. Aunque tal vez las comprendiera un poco, después de todo ese hombre era extremadamente atractivo y su sonrisa podría ser suficiente para convencer a una mujer. Pero no podía pensar de esa manera, y por un momento se lamentó haber indagado respecto a él, con Archie. Habían investigado al hombre y, aunque Archie le había dado todas las referencias de su vida, ella solo había escuchado atentamente hasta que la palabra mujeriego, apareció en la plática. Y al momento que lo recordó se sintió como una idiota. No era el tipo de mujeres con las que solía salir. Pelirrojas y altas, ella se consideraba alta, pero al lado de ese hombre, se veía pequeña, y ni siquiera era voluptuosa, no se consideraba un adefesio, pero sabía que nunca podría gustarle a alguien como él. Pero, ¿por qué tendría que importarle eso a ella?

-¡Hillie! – Una voz conocida, la sacó de sus pensamientos. Demasiado conocida para querer entablar plática con él, después de todo, hacía años que no se hablaban, sin embargo agradeció la interrupción sus pensamientos se estaban tornando demasiado riesgosos para su propio bien.

-Victor. – Con una leve inclinación de la cabeza a modo de saludo, intentó pasar a su lado, pero su ex prometido la sujetó de la muñeca. Con una expresión interrogativa, demasiado conocida por el hombre, Hillary lo observó preguntándole con la mirada por qué la tocaba con tanta familiaridad.

-Lo siento. – Inmediatamente la soltó. – La verdad es que me da gusto volver a verte, ¿me permitirías invitarte un café? Es importante para mí que hablemos.

-No creo que tengamos de qué hablar, Victor. Ya todo lo que había qué decir lo hablamos la última vez. Y si me disculpas, debo regresar pronto a casa.

Él vaciló por un momento, la observó detenidamente y solo preguntó:

-¿Cómo has estado? ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?

Obviamente conocía su situación económica y odiaba que le hiciera ese tipo de pregunta. Especialmente, después de que sus hermanas y su madre, se pasaran la mayor parte de su relación insinuando que andaba con él por su dinero.

-¿Saben las mujeres de tu familia que estás ofreciéndome ayuda? Te recuerdo que siempre pensaron que estaba contigo por tu dinero. Aunque a decir verdad, discúlpame por lo que te voy a decir, y no te ofendas, pero si ese hubiera sido el caso, me hubiera decidido por tu papá.

Hillary deseó inmortalizar la expresión en el rostro de Victor, se había ofendido y nunca se imaginó que ella pudiera responderle así. Y la verdad era que no quería hacerlo, no quería sacar a relucir el pasado, pues ella ya no vivía en el. Pero eso fue algo que siempre quiso decirle y la satisfacción interna le ayudó a su estado de ánimo.

-Ahora si me disculpas, no quiero llegar tarde. – Comenzó a caminar pue son quería alargar el penoso encuentro, pero lo que él le dijo la obligó a detener su paso.

-Al menos dime que ya no se te revuelve el estómago al verme. – Confundida, volteó su rostro hacia él.

-No. Ya no. – Con esas palabras, emprendió su camino y no quiso mirar atrás para ver qué hacia él. de verdad que no le importaba más la que pasara o dejara de pasar con ese hombre. Gracias a Dios se había dado cuenta que nunca lo amó profundamente. Solo era la costumbre y algo que ni siquiera sabia definir, pero definitivamente no era amor.

De pronto se detuvo, había caminado de más. Los escaparates se hacían más austeros, lo que le indicó que estaba entrando en la zona menos rica de la ciudad. Se limitó a observar donde se encontraba para retomar su camino. Pero de pronto sintió unas fuertes manos sujetándola detrás y cuando quiso gritar, ya estaban tapándole la boca.

El desconocido la llevó a rastras hacia el callejón, ella quiso luchar y zafarse del agarre pero el hombre era demasiado fuerte. Susurraba palabras en francés y su odiosa voz, se le hizo demasiado familiar. Por un momento, odió saber francés. Las palabras del hombre eran demasiado lascivas.

Cuando llegaron al oscuro rincón, demasiado alejado del barullo de la gente, para desgracia de Hillary, el odioso hombre de un empujón la aventó contra la pared.

-¡Usted! ¿Qué quiere? ¿No le han llegado los pagos a tiempo? – Quiso mostrarse serena, y hablar con naturalidad, pero el pánico se hizo evidente en su voz.

-¿Pagos? ¿Quién se acuerda de pagos, teniéndote a ti enfrente, ma chérie? ¿Acaso no te has dado cuenta que gracias a esos pagos nos vemos menos?

-De eso se trata, de no verle y que deje de una vez por todas a mi madre en paz. – La carcajada burlona del hombre aumentó la incertidumbre de Hillary.

-¿Tú madre? ¿Es que no te has dado cuenta que es acerca de ti, de quien se trata todo esto? Desde que tú padre firmó esos pagarés, el único pago que tenía en cuenta era ese precioso cuerpo tuyo. ¿No sabes que está en tus manos la eliminación total de la deuda que tienes conmigo? Solo di que sí, y pondré el mundo a tus pies.

Hillary abrió tanto los ojos, que pensó que se le saldrían de sus orbitas. Por supuesto que no lo sabía, siempre había pensado que el interés de ese hombre recaía sobre su madre. Y el reconocimiento de ello, le hizo temblar. Estaba en las manos de ese hombre asqueroso, y sabía que no podía huir tan fácilmente.

-Nunca escuchará esas palabras de mi boca. Así que le suplico que me deje en paz. – Reuniendo todo su auto control, comenzó a caminar para salir de ese callejón sin salida, pero el robusto cuerpo grasiento se interpuso en su paso.

-No tan rápido, preciosa. No me he tomado tantas molestias para nada.

Sin más preámbulos, la tomó de los hombros y posó sus labios sobre los de ella. Hillary empezó a forcejear con él. Intentó en vano alejarlo con un empujón, pero él era más fuerte que ella. y cuando sintió su lengua tratando de adentrarse en su boca, lo mordió con todas las fuerzas que tuvo.

-¡Estúpida! – El hombre se alejó de ella, para tocarse el labio mordido, se limpió la sangre y con una mirada frenética se acercó de nuevo a ella.

-Así que te gusta jugar sucio, muy bien.

Sin darle tiempo a reaccionar, le propinó una cachetada que la envió al suelo, dejándola momentáneamente sin fuerzas. Aprovechando su confusión, el hombre se abalanzó sobre ella, y empezó a manosearla y besarle su cuello. Ella luchaba pero no podía contra ese hombre, lo arañó, pero de todas formas parecía que nada lo inmutaba. Cuando empezó a levantar su vestido, ella se removió con todas sus fuerzas, lo pateó muy cerca de su ingle, y eso fue todo lo que el hombre soportó. La zarandeó con tal fuerza, que su cabeza rebotó contra el duro concreto y ella se fue sumiendo en la más oscura de las inconsciencias...

OoOoOoOoOoO

-No creo que sea necesario que hable con tus padres ahora, Sam. Estoy seguro que desean pasar un tiempo sin verme, se fueron muy enojados de la mansión.

Samantha, fiel a su palabra, buscó a Archie. Y logró convencerlo de que sus padres estaban muy apenados con él y querían disculparse. Aunque Archie no estaba muy convencido de la situación, la acompañó hasta su suite en el hotel donde se alojaban.

-No seas tonto, ellos están más que felices al hacerlo. – Sin creerlo totalmente, Archie, aceptó la palabra de la chica.

Solo que al llegar a la habitación, no estaban sus padres. Ni siquiera estaba Jordan.

Todo estaba saliendo de acuerdo a su plan. Aunque sabía que si le decía a su hermana lo que haría, ella le seguiría el juego y los dejaría solos tal y como ella quería. Seducir a un millonario y darle un heredero, era algo demasiado fácil para ella. Y conociendo la forma tan tradicional de pensar de Elroy, Samantha sabía que no permitiría que un heredero naciera fuera del matrimonio.

-Jordan, dejó una nota. Dice que mis padres y ella salieron, pero no regresaran hasta dentro de varias horas.

-En ese caso, será mejor que me retire. No es apropiado que estemos solos.

-No Archie. ¿Podemos aprovechar este tiempo para hablar sobre nosotros? – Reconociendo que tenía razón, Archie decidió llevarla a otro sitio.

-¿Qué te parece si te invito a cenar?

-No podremos hablar entre tanta gente.

-Sam, no quiero enfadar a tus padres. Si llegan y nos encuentran aquí...

-No llegarán hasta dentro de mucho tiempo.

-No. Será mejor que salgamos, ¿por qué no vienes a cenar a la mansión y allí platicamos? – Notando que sus planes no estaba saliendo como esperaba, decidió tomar al toro por lo cuernos.

-Está bien, solo dame unos minutos. Iré a cambiarme.

Archie asintió receloso. No sabía por qué no le agradaba la situación, por un momento desconfió de Samantha, pero no la creía capaz de mentir acerca de sus padres. Además, ¿qué ganaba ella llevándolo con engaños a su suite?

No tardó mucho en conocer la respuesta.

Samantha apareció ataviada con una bata de seda. Su pelo suelto y el contoneo de sus caderas, hicieron que Archie tragara saliva.

-Sam, ¿qué se supone...?

-Shhh, no digas nada. Solo déjate llevar.

Demasiado atontado con la visión, él se dejó llevar hasta la habitación. Una vez en ella, Samantha se acercó a él, dejándole sentir la suavidad y curvatura de su cuerpo. Ella comenzó a besarlo y él le correspondió, se dejo arrastrar por el encanto de la pasión...

OoOoOoOoOoO

-¿Y bien? ¿Qué vas a hacer?

-No lo sé. Supongo que no puedo hacer nada. Creí que lo encontraría en la mansión, se suponía que viajaría a Washington hasta dentro de varios días. ¿Crees que no haya querido hablar conmigo? –

Candy había sentido el peso de la culpa, durante todo el día. Había llegado al hogar de Pony, y había comprobado que, efectivamente, era algo urgente la situación. Después de explicarle brevemente a la señorita Pony lo acontecido el sábado por la noche, se dispuso a atender a los enfermos. La hermana María estaba muy delicada junto a otros seis niños. Había llevado medicamento necesario, pero haría falta más.

Por la tarde la señorita Pony, le había convencido para que viajara hasta el pueblo, para poder comunicarse con su prometido. Ella no sabía de la situación que existía entre Albert y Candy, así que le dijo que le enviara sus disculpas por haber separado a su prometida de él.

Y Candy, un poco renuente lo había hecho. Deseaba comunicarse con Albert, y escuchar su voz. Ahora sabía que había actuado como una tonta y una cobarde al no decirle lo que pasaba. La imagen de Albert en la estación del tren observándolo alejarse, le estremecía su corazón.

Sin embargo, al hablar a la mansión, se había enterado que nadie se encontraba y peor aún, Albert había salido a Washington antes de lo previsto. La desesperación se adueñó de ella. ¿Hasta cuando hablaría con Albert?

-No creo que se haya inventado ese viaje, Candy. – Le habló Tom condescendiente. Él si conocía la razón por la Candy se mostraba así, ella se lo había contado. Por eso decidió acompañarla hasta el pueblo, además de que por las noches, una banda de ladrones había hecho inseguros los caminos.

-No se lo inventó. Él tenía que ir, pero hasta el jueves.

-Pues si era algo importante, esa debió ser la razón por la que adelantara su viaje. No te preocupes, estoy seguro que en cuanto pueda se comunicará contigo.

Candy ya no contestó, pues estaban llegando al hogar, bajó de la carreta convertida en una zombie. Su cuerpo actuaba, pero su mente estaba en un hombre rubio, con los ojos celestes más dulces que podía haber visto. Con una sonrisa que iluminaba hasta el más oscuro de sus días. Pero lo más importante, aquel que había sabido ganar su corazón y no destrozarlo. Porque ella sabía que la situación que estaba pasando, era enteramente su culpa. Era tal y como Tom le dijera: "A él lo secuestran, lo dejan mal herido, y a ti lo único que se te ocurre es salir corriendo sin aclararle por qué estabas así. Valiente compañera escogió Albert".

Y lo peor de todo es que tenía razón. Ella podía haberle pedido al doctor Martin que viajara hasta el hogar de Pony y cuidara de los enfermos hasta que ella aclarara sus dudas respecto a Albert. Y hasta que él estuviera mejor. Lo conocía y sabía que no iría por cuenta propia al médico, el golpe en la cabeza le podría dejar con dolor de cabeza durante algunos días, y aunque él tenía el medicamento adecuado, hubiera preferido cuidarlo personalmente.

Solo rogaba a Dios, que le permitiera decirle a Albert, cuanto lo amaba. Porque su vida no tenía sentido sin él...

CONTINUARÁ...