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Selene y Endimión
En el exterior respiró profundamente y, cuando nadie estaba mirando, usó sus poderes mágicos para trasladarse al lugar dónde Dean, Sam, Meg, Cassie y sus hermanos estaban desayunando.
Maeve llegó, se sentó en la mesa y el grupo habló de su prueba, de los dioses griegos, del inicio de ensayos de la película de "Sobrenatural" y de cómo estaban muy cerca de conseguir su objetivo de llegar hasta Selene.
Después de desayunar, Maeve llamó a Endimión, el amante de Selene le dio la dirección de su despacho y concertó una cita con ella.
A las tres en punto de la tarde, Maeve llegó hasta el lugar indicado. Esperó a que una joven secretaria le permitiese pasar a ver a Endimión y, mientras tanto, observó las fotos de las actrices y actores que el semidiós había llevado.
La puerta se abrió a su espalda, Maeve se giró y se encontró con unos hermosos ojos verdes mirándola. Sintió cómo la diosa se acercaba a ella, tenía un porte elegante y era todavía joven y hermosa. Selene la evaluó en silencio, después le tendió una mano y la invitó a pasar.
- Mi marido te está esperando. – Informó y la siguió hasta el interior de la oficina. Ya dentro, Selene se sentó en un cómodo sillón orejero y Endimión le ofreció la silla de delante de la mesa.
- Me han dado el papel.- Dijo. – Mañana empiezo los ensayos.
- Me alegro mucho por ti, tengo aquí tu contrato.- Endimión le ofreció unos documentos, Maeve los tomó y se dedicó a leerlos con atención. Al terminar cogió un bolígrafo que llevaba en el bolso y lo firmó.
- Ya lo he firmado. – Maeve tendió de nuevo los papeles a Endimión y se quedó sentada en la silla esperando a que el semidiós hablase.
- Eres un ángel.- Intervino Selene. – Supongo que me estás buscando, ¿no es cierto?
- Sí, me presentaré, soy Maeve McKeene.- Confirmó y se giró hacia la diosa. – Athenea me dio tu nombre.
- Siempre se anda metiendo en los asuntos de los humanos, tiene esa fea costumbre. Debe ser porque fue la primera cazadora.
¿Qué quieres de mí?
- Me gustaría que me ayudases.
- Podrías haberme convocado sin más, ¿por qué no lo hiciste?
- Quise darte la oportunidad de elegir, eres una diosa, en cuanto llegamos a Los Ángeles sentiste nuestra presencia.
- Es verdad, cuatro ángeles y un Oráculo son fuerzas que no puedo ignorar. – Selene estiró sus largas piernas y dedicó una mirada extraña a Maeve. – También he oído que diste un salto a Apolo.
- No te ofendas, pero es un cretino. – Maeve se encogió de hombros. – Intentó ligar conmigo.
- Tiene un problema con las mujeres hermosas. – Afirmó Endimión y a Maeve le extrañó escuchar el sonido de su verdadera voz, pues era más musical. El acento griego estaba un poco diluido por el paso de los siglos, pero todavía lo tenía.
- Apolo siempre ha sido así. – Selene se incorporó y caminó hacia Maeve.- Sabes que puedes ordenarme que te ayude, ¿no es cierto?
- No me gusta obligar a los demás a hacer algo que no les apetece.
- No eres como los otros, ¿verdad? – Indagó Endimión. – Eres diferente a los demás ángeles.
- Soy de una generación distinta y medio humana, no comulgo con sus ideas prehistóricas. – Maeve se encogió de hombros. –El mundo ha cambiado, así que nosotros debemos adaptarnos o morir, mi otro nombre es Naariel.
- Hay un Oráculo con vosotros.- Siguió Selene. – Uno muy poderoso.
- Descendiente de Cassandra, se llama como ella.
- Os ayudaré, en realidad no quiero tener a Zeus y los demás en este mundo, están asesinando a la humanidad y a mí me gusta mi vida ahora, es mucho mejor que en Grecia.
No tengo tantas responsabilidades, puedo ser lo que quiera y nadie me juzga. Mi marido y yo somos felices, vistiéndonos de jóvenes del siglo XXI, yendo a fiestas y conviviendo con los seres humanos.
- ¿No te sientes ofendida porque no os recuerden?
- Desde luego que no, si no me recuerdan no me piden favores y eso hace que tenga muchísimo menos trabajo. Ser una diosa en un mundo dominado por el miedo era un auténtico coñazo, perdón por la expresión, pero lo era.
Tú eres un ángel, ¿nunca te cansas de escuchar las plegarias de los humanos?
- Aún no he sido convocada para mi gran misión. – Explicó Maeve.- Por ahora puedo divertirme, hacer cosas de seres humanos, imagino que cuando llegue el momento lo sabré. Aunque a mi padre y a algunos de mis tíos no les resulta aburrido, ellos son felices escuchando a los humanos.
Creo que conociste a mi padre. – Le dijo a la diosa. – Gabriel.
- Eso fue hace eones. – Selene sonrió a Maeve. – Es un tipo muy divertido.
- Lo recuerdo, adicto a los dulces. – Murmuró Endimión. - Hagamos un trato. – Selene miró a Maeve. – Ahora mismo soy bastante menos poderosa de lo que solía ser, supongo que viviendo tanto tiempo sobre la tierra me he vuelto indulgente y, aunque mantengo mi poder, no puedo acceder a toda la cantidad necesaria ahora mismo para dormir a toda mi familia. Deberás de cazarlos de uno en uno.
- Ahora están trabajando en equipo, Apolo les ha convencido para ayudarle a atraparme.
- No te preocupes, yo puedo ayudarte con eso, es muy sencillo separarlos porque tienen tendencia a enfurecerse unos con otros y yo puedo sembrar entre ellos la disputa. Bastará con hacerle creer a Hera que Zeus está interesado en cualquier otra mujer, a Hades de que Zeus lo considera inferior, a Apolo de que Artemisa se burla de su afán por buscarse una nueva pareja y a ésta última de que Apolo es el hijo favorito de su padre.
- ¿No se enfadarán contigo? – Indagó Maeve, preocupada porque Selene le caía realmente bien.
- Son muy orgullosos y por eso tienen esas disputas horribles. En Grecia, Athenea y yo nos solíamos divertir mucho generando peleas entre ellos, en ocasiones mis primos Hermes y Hefesto nos ayudaban, por aquel entonces éramos todos salvajes y jóvenes… - Selene miró a la lejanía. – El mundo era un lugar distinto, gobernaba el miedo, el terror a lo desconocido y, al mismo tiempo, empezaba a adivinarse la grandeza a la que podía llegar el ser humano. Por aquel entonces yo conocí a Platón, Aristóteles, Ovidio, Mirón, Pericles… Ellos brillaban tanto en un mundo dominado por la oscuridad.
Pronto comprendí que más tarde o más temprano el ser humano se convertiría en extraordinario.
- ¿Extrañáis aquellos tiempos?
- En ocasiones. – Selene miró a Maeve.
- Yo no. – Endimión se giró hacia Maeve. – Había que trabajar muy duro, las noches eran más oscuras y también los días. El frío se te calaba en los huesos y apenas había comida. Los dioses tenían hermosos palacios y los simples humanos vivíamos pegados a la tierra. A los dioses les divertían nuestras desgracias, se burlaban de los pequeños seres humanos, influían en nuestra vida para bien o para mal, el sino de cada uno no lo elegían las Parcas, sino los dioses de turno.
Yo tuve suerte porque encontré a mi Dama, pero todavía recuerdo cómo era antes. El miedo, el frío, el temor a que algún cazador del Olimpo decidiera coger tu vida y jugar con ella a su libre albedrío.
- A veces olvido que fuiste humano una vez. – Selene sonrió a su marido. – Yo era una cazadora de criaturas, fui favorecida con un trabajo que me apasionaba, me sentía feliz derrotando a los monstruos.
- ¿Por qué te llamas a ti misma cazadora?
- Es lo que éramos, ángel, el nombre de dioses nos lo dio el ser humano. Nosotros éramos cazadores, ni más ni menos, estábamos por debajo de los ángeles, seguíamos sus instrucciones. Por aquel entonces ellos no bajaban a la tierra, nos mandaban a nosotros para hacer el trabajo y por eso somos inmortales, pero no somos dioses, aunque los demás crean que lo son, Athenea y yo sabemos la verdad, el resto de nuestra familia también lo sabe, pero Hera, Zeus, Apolo, Artemisa y Hades siempre se sintieron superiores. Por eso tuve que mandarlos a dormir. Yo no soy la única despierta, Poseidón, Hefesto, Hermes y muchos de mis otros familiares caminan por la tierra, Athenea también podría si lo deseara porque ellos no son una amenaza, siguen siendo cazadores, pero no se dejan ver.
Hace mucho, mucho tiempo, trabajaste con Hermes, ¿no lo recuerdas?
