Hola! Aaaw, ahora les dejaré un nuevo capítulo, pero les juro que siento demasiado la tardanza :( Es que mi laptop estuvo fallando nuevamente, pero aquí os he traído un nuevo capítulo! Antes eso sí, quiero agradecerlos por sus reviews que me hacen muy feliz.

Espero que disfruten el leerlo tanto como yo disfrute escribiendolo, sin más, les dejo el cap! Saludos! ;) !

Capítulo 10: "Vuelven las armaduras, inicia el entrenamiento"

-Los que tendrán el honor de volver a portar su armadura son... -decía Shion provocando tensión entre los jóvenes, miraba los rostros uno por uno y sentía ganas de sonreír al ver la impaciencia en cada uno de sus rostros.

-Vamos, dílo de una vez -dijo Masako mirándolo de reojo.

-Serán Aries, Virgo, Sagitario, Capricornio y Acuario -sentencio el mandamás del Santuario.

Al nombrar a los cinco santos que recuperarían las armaduras, los gritos, quejas y discusiones no se hicieron esperar, la mayoría insinuaba que se las devolvía por ser los más tranquilos y centrados, los gemelos eran los más ofuscados puesto que no aceptaban eso, sobre todo porque ellos eran los mayores y debían de cuidarlos.

Luego de unos cuantos minutos, Shion tomo las riendas del asunto y echó a todos los santos que no estaban en su nómina. Éstos se marcharon a regañadientes y sólo quedaron los cinco muchachos, Dohko y la pelirroja acompañando al Patriarca.

-Bien, chicos, verán, no sólo les devolveré sus armaduras por sus comportamientos, sino que también quiero pedirles un pequeño favor -dijo el Patriarca, la chica le obsequió una dulce mirada asesina sabiendo lo que se vendría.

-¿Que favor sería ese, Gran Patriarca? - pregunto Aioros interesado.

-Quisiera que cada uno entrenará a la princesa aquí presente, quisiera que desarrollasen sus habilidades lo mejor que puedan, en especial tú, Camus, puesto que eres el especialista sobre el agua y es lo que más me importa -anunció el Patriarca, el francés sólo asintio-: Bien, eso seria todo, sus armaduras están en sus templos así que ya pueden ir a por ellas.

Dicho esto, cuatro de los cinco jóvenes se marcharon rápidamente, Shion posó su mirada en el que aún seguía allí.

-¿Cuándo comenzamos el entrenamiento, señorita? -pregunto Camus a la pelirroja que lucía molesta.

-Yo creo que... -iba a responder Masako, pero se vio interrumpida por el mayor.

-Mañana por la mañana, al amanecer, desayunarán, estudiarán y entrenarán hasta la hora del almuerzo -anunció el peliverde, a Masako la mandíbula practicamente le llegaba al piso de la sorpresa.

Ante esto, el caballero hizo una reverencia y se marcho rápidamente, quedando tan sólo Dohko, Masako y Shion. La chica paseaba su mirada entre ambos antiguos, lucía molesta, Shion la miro de reojo.

-¿Qué te ocurre? ¿No estás conforme con que les haya devuelto sus armaduras?

-Claro que sí pero... podrias haber sido un poco más condescendiente con mi entrenamiento, no tienes porque ser tan duro de inmediato, Poseidón no aparecerá mañana mísmo.

-¿Y si fuese así? -pregunto Shion duramente, pero Dohko notó que en los ojos de su amigo había preocupación.

-Claro que no, ni siquiera sabe que existo -dijo Masako a la defensiva, odiaba no tener la razón.

-Será mejor que te acostumbres desde el principio, no será díficil -se empeño Shion en ganar esto, no dejaría que la muchacha hiciera lo que quisiese, porque aunque ella fuese quién debía de decirle todo lo que sucediera a Saori, él era quien velaba por la seguridad de la joven y todos los que habitaban a su alrededor.

Al día siguiente, Camus esperaba en la entrada del templo principal, había sido invitado a desayunar en el lugar para así no perder tiempo en los estudios y entrenamientos de la menor, decisión propiamente de Shion. Vió a la joven bajar, traía un vestido que parecía muy lujoso, parecido al que se había presentado la primera vez, y traía rizos en sus cabellos, no se veía adecuada para entrenar.

Camus la llevo hasta el comedor principal, ofreciendole su brazo para guiarla lo cual ella acepto rápidamente. Tomaron desayuno y continuaron con los estudios de la muchacha, esta vez era clase de matemáticas, álgebra y geometría para ser más exactos. Ya eran aproximadamente las 9 de la mañana y concluyendo con los estudios, era hora de entrenar.

-Bien, debo ir a mi cuarto en este momento, quiero leer unos cuantos libros -dijo la muchacha levantandose de su asiento, ante la mirada atenta de Acuario.

-Es hora de su entrenamiento.

-No entrenaré si eso es lo que piensas, esas cosas no son para mí -dijo la muchacha con arrogancia y marchándose hacia su cuarto.

Camus luego de esto, se dirigió a la salida encontrandose con el Patriarca. El ariano mayor acepto rápidamente la explicación del muchacho y se marchó, y a pesar de eso, éste se sorprendió cuando uno de los jovenes aspirantes a santos le dijo que debía de ir a la cáscada.

Al llegar al lugar indicado se sorprendió aun más al ver quien estaba allí.

-Camus, sácame de aquí -chillo la pelirroja que estaba bajo la cáscada las cuales ocultaban sus lágrimas de capricho, su vestido estaba completamente empapado y arruinado, su cabello volvía a recuperar el liso natural y su maquillaje estaba hecho un desastre.

-Pe-pero ¿Qué haces allí? -pregunto el santo sorprendido, aunque la situación le divertía.

-Shion me trajo a rastras y me amarro a este lugar, no sé como zafarme, estas cuerdas están muy apretadas y no me dejan moverme -chillaba la muchacha mientras el acuariano se acercaba para cargarla hasta quitarla de allí y la dejaba en el pasto.

-¿Por qué te trajo?

-Porque supo que no quería entrenar y me fue a buscar, y es más fuerte, y me regaño, y me arrastro, y no me escucho, y también... -decía la chica hasta que fue interrumpida por el caballero.

-Bueno, esto es fácil -dijo el caballero concentrando su cosmos y logrando liberarla de las cuerdas, la joven lo abrazo buscando protección-: Entonces ¿Ahora si entrenaremos?

-Claro que sí, no quiero que vuelvan a arruinar otro de mis vestidos -dijo la muchacha al borde de las lágrimas.

-Bien, pero para empezar, deberíamos tener otras ropas, sujetar tu cabello y quitarte ese maquillaje -sugirió Camus mirándola de pies a cabeza-: Ya que todo eso no te servirá de mucho para entrenar, sólo molestara.

Y como si fuera por arte de magia, Masako se levanto en dirección a la cáscada, cogió un poco de agua y retiro su maquillaje, luego se quito su vestido y debajo tenía ropa para poder entrenar y ató su cabello en una coleta alta con una cinta que saco del maltrecho vestido.

-¿Mejor?

-Sí, supongo que está bien, ahora iniciaremos el entrenamiento -aseguró Camus poniendose frente a ella y analizandola completamente con un semblante serio.

Desde ahora, tenían que tomarse todo esto muy en serio.