Sí, vuestros ojos ven bien. No son visiones. Es una actualización! Pediría perdón por la tardanza, pero ha pasado tanto tiempo que seria ridículo...

He estado pensando mucho en esta historia últimamente. Aunque B&B están en un lugar feliz ahora, y me encanta el resultado, lo cierto es que sigo decepcionada por como llevaron las cosas la temporada pasada o, más bien, desde el penúltimo capi de la temporada 5. Así que me refugio en el pasado para sobrellevarlo y me imagino que todo lo que nos han quitado de lo que podíamos haber disfrutado de B&B (solos) en una relación, es como una temporada que no ha llegado a emitirse. O algo así...

Pues eso, que como he pensado tanto en el pasado, cuando me llegaron un par de reviews estas últimas semanas de esta historia, me di cuenta de que no debía de ser la única. Rebusqué en el portátil y encontré el borrador de este capi. Lo puli y lo completé, y voilá. Recordáis como iba esto, no? POV alternativos, y toca ahora el de Booth. Y hasta podríamos terminar aqui... O no. :P

Como siempre, gracias. Por todo. :)

Nota: Si véis algún error de continuidad en la historia, lo cual no sería de extrañar tras tanto tiempo, no dudéis en mandarme un PM.)


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"Son sueños"

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Me he vuelto a quedar dormido. Sigo estando cansado. No sé cuánto tiempo ha pasado pero han debido de ser unas horas.

No me siento ya tan aturdido como antes, sé perfectamente donde estoy, ya reconozco los sonidos y el ambiente de este sitio. Eso sí, aún me siento un poco débil.

Miro hacia un lado, y veo a Ángela acurrucada en la silla donde estaba Huesos antes. Está durmiendo plácidamente, aunque la postura es incómoda. Se hace extraño verla tan tranquila, sin su nervio habitual y su alocada actitud.

Antes hemos estado hablando y la he notado tan preocupada... Sé que ella es... (¿cómo decía aquél artículo? Ah, si)... el corazón del laboratorio, pero ver que efectivamente se preocupan tanto por mí no deja de asombrarme. Bueno, en su situación debo reconocer que yo me sentiría igual. Cualquiera de ellos ha llegado a ser parte de mi vida, y del mismo modo, supongo que yo de la de ellos.

Somos como una familia... sobre todo Huesos, claro, pero también el resto de los squints, nuestros cerebrines...

Recordar lo que pasó con Zack hace poco más de un año hace que me duela un poco más el corazón. El más indefenso. El más débil, a pesar de su enorme inteligencia.

Y sólo recordar el dolor que sintió Brennan...

Sí. Una familia.

¿Quién me lo habría dicho hace tan solo cinco años?

Tan poco tiempo pero, a la vez, parece toda una vida.

Me llevo las manos a la cara, restregándome los ojos para poder enfocar mejor las ideas.

El movimiento es bastante restringido en esta cama tan pequeña pero intento sentarme y ponerme un poco más cómodo. Sin hacer ruido para no despertar a Ángela.

Es bastante raro que esté ella sola aquí, que no esté Hodgins... Cuando Cam y Sweets se fueron, aún se quedaban los dos.

El hombre de los bichos dijo que no podía dejarme solo, que necesitaba compensar aquella vez que yo lo había obligado a sacarme del hospital. Me hace gracia... Es evidente que se quedó fundamentalmente por Ángela. Estaba tan pendiente de ella que era verdaderamente entrañable. Y lo hacía de un modo a la vez sutil, para no agobiarla, y cariñoso, con verdadero amor. No sé que les pasó a estos dos y por qué se dejaron, pero por la forma en que tienen hoy de comportarse, diría que han olvidado las razones que los llevaron a romper su relación. La locura es que ellos, sin embargo, parecen no darse cuenta de como actúan el uno con el otro. O tal vez sí se dan cuenta, pero lo disimulan. Ciegos están para no reconocer que siguen enamorados. En el tiempo que han estado aquí, he llegado casi a cansarme de las miradas furtivas y cómplices, de las sonrisas tiernas y llenas de afecto y de las excusas para rozar la piel del otro.

Cam se marchó relativamente pronto, porque, según ella, dejar a una adolescente sola en casa nunca es una buena idea. Ella es precisamente la persona más indicada para decir esas cosas. Me río al recordar las historias que me contaba de cuando era adolescente, y las que yo mismo viví con ella cuando ya no lo era. Entiendo perfectamente que quiera vigilarla. Perfectamente.

Sweets estuvo rondando por aquí un poco más de tiempo, hasta que Daisy lo llamó a filas. Y después de verse obligado pasarme el teléfono, porque Daisy quería asegurarse por ella misma de que yo estaba bien, el chaval se disculpó diciendo que tenía que ir todavía por su casa antes de ir al despacho. Estaba notablemente "preocupado" por la reacción de su novia. Por lo que pude oír y enterarme, la razón del enfado de ella era el desinterés que supuestamente él había mostrado al no haber contado con ella en la visita al hospital. Le espera una buena reprimenda al llegar a casa. Y tratándose de Daisy, creo que hasta siento un poco de lástima por él.

La chica es buena y es profesional, y, aunque a veces parezca que no está al nivel que exige la Dra. Brennan, en realidad es otro cerebrín, e incluso Huesos lo sabe. El problema es que es un poquito (sí, vaya eufemismo) digamos que "irritante" cuando se emociona...

En realidad es un alivio el que no hay venido... Esa niña debería hacer yoga o ejercicios de respiración o de relajación, ¡o algo!

Elimino las ideas de Daisy de mi mente antes de que me provoquen dolor de cabeza, y vuelvo la mirada de nuevo a Ángela. Me conmueve que se haya quedado conmigo, pero echo de menos a Huesos.

Siento que tengo una dependencia de Huesos, mi Huesos. Creo que puede incluso llegar a causarme problemas.

Es como si necesitara tenerla constantemente a mi lado para poder vivir en un mundo que no es el de mis sueños...

Ya sé que la del sueño no era ella, o al menos no era exactamente ella, pero el personaje sí que estaba basado en ella. Y además, lo que sentía por Bren creo que sí era real. Es decir, una transferencia de libro (como disfrutaría Sweets con esto) de lo que siento por Huesos a esa Bren de vida nocturna.

Ojalá algún día pudiese tener esa vida simple de pareja, sin más preocupaciones que querernos el uno al otro... Ojalá...

Y es que no sé cuanto más podré aguantar estar sin ella.

No sé si puedo, no sé si quiero...

Es que está en todas partes. La siento en todas partes. Si duermo, sueño con ella. Si estoy despierto pienso en ella. Hasta creo que puedo oler su champú desde aquí... Y empieza a ser ya muy desconcertante... Pero tan desconcertante como es, es una sensación que no quiero que acabe.

Respiro profundamente y llevo una mano a los ojos, para cubrirlos. Me duelen. El ambiente esterilizado y seco de los hospitales siempre me ha molestado. Y en los ojos deja una sensación parecida a la que provoca la arena del desierto. Y eso me angustia todavía más. Nunca es del todo agradable rememorar el tiempo sirviendo, porque por muy orgulloso que me sienta de haberlo hecho, por mucho que si me llamasen volviese a hacerlo, es tremendamente difícil soportar el recuerdo de tanto dolor, tanta pérdida, tanto sacrificio...

Suspiro y me incorporo un poco más. El movimiento en la cama hace bastante ruido y tengo miedo de haber despertado a Ángela. Abro un ojo para comprobarlo y veo que sigue en la misma postura. Los cierro de nuevo y noto una sombra, algo que se desliza por el lado opuesto de la habitación. Por un momento mi cuerpo se pone alerta e inconscientemente llevo la mano a un lado de la cama (donde tendría que estar la mesilla de noche en mi habitación, en mi casa) con la intención de coger mi arma. Pero es sólo un instante. Me doy cuenta enseguida de mi error. No estoy en peligro. No estoy en mi casa ni en una misión. Es un hospital. Y, por una vez, no estoy en él por una herida "de guerra", ya sea de guerra de verdad o provocada por algún criminal malintencionado que pretende deshacerse de mí, o de Brennan, y que correrá un destino cierto: la cárcel.

Me giro hacia el lado contrario al pasillo, para comprobar qué es esa sombra y creo que pierdo el aliento un segundo.

Apoyada en la pared, está Huesos. Con el ceño un poco fruncido, y su mirada perdida en algún punto por encima de mí, puedo decir que está pensando, con una concentración que sólo he visto en ella, en algo que la tiene realmente fuera de aquí. Sonrío al pensar en su respuesta si llamara su atención con alguna frase como "llamando a la tierra", o así.

Sigue absorta, y eso me permite mirarla con tranquilidad, en silencio sin que se dé cuenta. Aunque la verdad es que si hasta ahora no se ha dado cuenta de cómo la miro, no creo que vaya a hacerlo de repente.

Puedo recrearme un momento en su silueta. Esbelta, elegante. Adoro cada milímetro de ella. Sus piernas, sus curvas... Pero no sólo adoro su cuerpo, sino que mi devoción es a toda ella. Esos ojos azules, verdes, grises... cambiantes según su estado de ánimo; su risa despreocupada, que tan poco se hace ver; su ceño fruncido cuando, como ahora, piensa demasiado; su pelo, sus manos, sus labios... Su grandioso cerebro, su capacidad para la palabra. Y su corazón. Sobre todo su corazón.

El olor de su perfume, o de su piel, o de su pelo llega hasta mí y me doy cuenta de que se ha movido un poco, y ha salido de su estado de casi trance y ahora me mira fijamente. No puede importarme menos el que me haya visto mirarla. Sólo puede reconocer pasión en mis ojos, y por una vez, no quiero esconderlo, aunque me dé miedo el que ella reaccione huyendo. Los sentimientos no son "lo suyo", y si llegase a conocer la profundidad de los míos, creo que sí saldría corriendo.

Pero debería saber que yo iría detrás. O que la esperaría, inamovible, para que comprobase que sí soy la roca a la que puede agarrarse cualesquiera que sean las circunstancias, la que marca el camino. La que siempre permanece.

Me mira curiosa, pero cuando nuestros ojos se encuentran, sonríe. Sin cambiar su postura, sólo sonríe y suspira casi imperceptiblemente. Siento que la habitación se ilumina con ella y no puedo más que mantener la mirada. Los monitores que controlan mis pulsaciones han sabido reconocer el latido que mi corazón se ha saltado, y por unos segundos han aumentado mi ritmo cardíaco, hasta que mi entrenamiento militar logra controlarlo.

Sonrío tímidamente y ella se acerca, cabeza ladeada, pequeña sonrisa. Susurra.

"Hey..." Se acerca más a mi cama y mira distraída los monitores, y a Ángela, y luego a mí.

"Hey..." Contesto en un hilo de voz, extendiendo un poco una mano hacia un lado de la cama, en invitación para que se siente a mi lado. "Has vuelto muy pronto" -Su postura no parece precisamente relajada, y adopta, ante mis palabras, una posición casi defensiva, cruzando un brazo sobre su estómago.- "¿No deberías estar descansando?"

Me responde sólo con silencio y apartando la mirada brevemente. Deja caer el otro brazo descuidadamente sobre la cama, y la mano alisa una arruga imaginaria de las sábanas.

"Eh... Mírame..." digo suavemente, y levanto mi mano un poco más, con la palma hacia arriba, para que se acerque más a mí. Se ha quedado a una distancia de seguridad que me impide llegar a ella. En todos los sentidos. "Cuéntame qué pasa." Aparta la mano de la cama, y me mira, como sorprendida. "He visto que estabas pensando."

Reconozco su cara de paciencia, como cuando me da un discurso sobre las imposibilidades. En este caso ella insistiría en que los pensamientos no se pueden ver realmente, y me reprendería por ese mal uso de la realidad. La imagino diciendo algo sobre la posibilidad de medir la actividad cerebral en alguna máquina, y enrollándose con algún estudio de alguna revista para cerebrines. Es más, puede incluso que yo haya estado conectado a alguna de esas máquinas últimamente.

Pero no dice nada de eso. Quizás porque no sea un tema precisamente adecuado para tratar con alguien que acaba de salir de un coma... No sé...

"Sí" Contesta distraída.

La miro intrigado, pero no insisto. Si quiere explicarlo, lo hará. Cuando tarda es que es algo referente a las emociones. Tengo que darle un poco de tiempo.

Sigo su brazo y veo su mano reposando en el borde de la cama. Cerca de mí. A mi alcance. No sé si lo hizo a propósito o si es su subconsciente el que busca mi cercanía física. Ojalá la buscase y la aceptase sin problemas... y sin dramas... Y sin miedos.

Quizás lo único que necesita (que necesitamos) es dar un paso. Sólo un paso. Hacia delante. Firme y seguro. Y claro, no retroceder después.

¿Pero quién dará ese paso? Porque no sería un paso, sino un salto de fe.

¿Quién arriesgará primero la posibilidad de perdernos? Con nosotros sería o todo o...

¡No! Ya no soy un jugador que apuesta desesperadamente a un resultado. Que se arriesga a perder, sólo por jugar.

Soy plenamente consciente de lo que supone jugar, no como antes que solamente confiaba en mi buena suerte cuando apostaba. Porque nunca perdía.

Ahora sé perfectamente lo que se puede perder, pero también lo que se puede ganar. Y gracias a los cerebrines, hoy sopesaría los pros y los contras antes de "tirar los dados".

Y sé que no sería un todo o nada.

Somos amigos, somos compañeros. Y eso lo somos por encima de todo. Somos Booth y Brennan. Luchadores contra el crimen, sí, pero somos el que ha abierto al otro a un mundo que no había ni imaginado. Y eso siempre nos mantendrá unidos pase lo que pase.

No dará nadie un primer paso. Nadie necesita hacerlo, porque ese paso hace mucho que lo dimos. Cuando mis ojos se posaron en ella por primera vez y ella me devolvió la mirada. Cuando sonrió casi coqueteando, seductora, preciosa y autosuficiente, fascinante, a mi sonrisa de ligar.

Llevamos dando pasos desde que nos conocimos. Y, como hemos hecho desde entonces, caminaremos juntos.

Hacia donde sea. Incluso hacia el precipicio.

Oigo moverse a Ángela a mi lado y Huesos y yo volvemos la vista hacia ella. Se despereza y me sonríe, chequeando, como Huesos, los monitores que demuestran que estoy vivo. Supongo que es el hábito de estos días en que no despertaba y que esos aparatos eran la única garantía de que seguía aquí, mi corazón latiendo. Levanta la vista y frunce el ceño al ver a su amiga tan pronto de vuelta. Huesos aprieta los labios en un gesto como pidiendo que no la cuestione, y Ángela asiente, más para sí misma que para nosotros.

"Bueno, chicos. Creo que mi turno se ha acabado, ¿no Bren?" Se pone de pie y se ríe, acercándose a mí, por el lado contrario a Huesos. "Te dejo en la mejor compañía... Pero eso tú ya lo sabes." Me guiña un ojo y no estoy seguro de que no se note, en los malditos monitores, la vergüenza que ese comentario me provoca. Extiende el brazo y para atraer la atención de su amiga mientras se inclina para darme un beso en la mejilla.

Huesos la acompaña hasta la puerta y veo como la artista le comenta algo en voz baja, provocando que Huesos se sonroje, aunque sin perder su postura seria. Niega con la cabeza y Ángela se ríe y la envuelve en un corto pero fuerte abrazo, que Huesos acepta con todo su cariño. Sale de la habitación tras un pequeño gesto de adiós con la mano, mientras saca su móvil. Probablemente para llamar a Hodgins y que la venga a buscar... Estos dos... ¡Aun voy a ser yo (bueno, el estar en el hospital y eso) la causa de que vuelvan!

Huesos se queda un momento en la puerta, con la mirada todavía triste. Está tan pensativa... Llamo su atención en un susurro y le sonrío para que vuelva a mi lado. La quiero lo más cerca posible. Me mira y me devuelve la sonrisa. Se acerca hasta recuperar la misma posición que tenía, quizás más próxima, porque su aroma me inunda y me transporta de nuevo a esa realidad que quiero, que espero.

Necesito saber qué le pasa, qué la tiene así tan abatida.

En un gesto valiente, pero natural, como si llevase toda la vida haciéndolo, acerco mi mano a la suya. Mis dedos tantean suavemente con las yemas, la punta de los suyos, y trazo patrones sobre las articulaciones que hay entre ellos, hasta llegar a los nudillos. Entonces mi mano cubre totalmente la suya y automáticamente ella responde, entrelazando nuestros dedos.

"Cuéntame qué te pasa." Aprieto un poco su mano para invitarla a hablar, y extiendo el otro brazo para intentar que se acerque más. Pero no se mueve. Sonríe melancólica, los ojos grises, mientras mira nuestras manos juntas.

Levanta la vista, mira al techo, y luego a mi, apenas un segundo, y empieza a hablar.

"Sé que es completamente absurdo. Y contrario a todo pensamiento racional." Hace una pausa y por fin me mira a los ojos. Veo más tristeza en ellos todavía. Apagados, sólo brillantes del cansancio.

"Creo que cada vez que duermas voy a temer que no despiertes."

"Oh, Huesos." Tiro de ella suavemente y me muevo para coger su otro brazo. Con sus dos manos en las mías la hago sentarse a mi lado.

"No volverá a pasar. No volveré a..."

"Lo sé. Lo has prometido." Sonríe, y acaricio su pelo. Mi mano se desliza por su mejilla y ella la acaricia con la suya, parando las dos manos un momento en ese gesto tan emotivo y dulce. Cierra los ojos como para mantener el momento y creo que voy a morir de amor. Y de no decirle que la amo. De no gritar que es mi vida. Que sólo quiero estar siempre y para siempre con ella.

Abre los ojos y me sorprende ver que han cambiado de color. Siguen agotados pero han adquirido un cierto tono azul que parece crecer en intensidad con su sonrisa.

"Booth..." coloca nuestras manos en el espacio que hay entre nosotros, y acaricia suavemente mi antebrazo. "¿Qué... qué era tan real?"

"¿A qué te refieres?"

"Cuando te despertaste, dijiste "Era tan real...". ¿Qué es lo que era tan real?"

"¿Ah si? No... no me acuerdo..." Intento parecer confuso, pero me doy cuenta de que no suena muy convincente. Sé que Huesos también lo nota.

"Sé que me estás mintiendo." Sus ojos se clavan en los míos... "Sé que sí te acuerdas. Lo noto en tu mirada."

"Eran..." Desvío un momento la mirada y contengo un suspiro que se forma en mi pecho al pensar en la Bren de mi sueño y en lo irreal que es y en la Brennan que tengo delante, mi Huesos, a la que puedo tocar y sentir. Si bien no como yo quisiera. "... Sólo sueños."

Esbozo una sonrisa y sé que es triste, pero no puedo evitarlo. Me falta la felicidad de tener a la mujer que quiero.

"Oh. ¿Estabas soñando durante el coma?"

Parece sorprendida. Asiento en un pequeño gesto y por un momento temo que me vaya a dar un discurso acerca de los estudies sobre la probabilidad de soñar durante un coma. Pero no, sólo asiente, a su vez, con mirada curiosa, procesando la información.

"¿Y era eso lo que parecía real? ¿Tus sueños?"

"Sí. Pero eran... sólo sueños."

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