Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Distractions a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.

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Todo en mi mundo se fijó en la solitaria figura de pie al borde del bosque. Nada más existía.

No había nieve, ni luz, ni aire, ni sonido.

Sólo estaba Edward Cullen.

Y yo estaba entumecida.

El pensamiento y la razón me dejaron, y ya no podía sentir mi cuerpo. Tomé el marco de la puerta como apoyo y lo miré.

¿Realmente él estaba aquí?

¿O finalmente había perdido la cabeza y todo esto era una alucinación? O tal vez estaba soñando. De cualquier manera no me importaba. Me quedaría loca o dormida para siempre si tan solo pudiera seguir viendo la imagen delante de mí.

Edward.

Pero mi corazón se sacudió al darme cuenta en el frágil caparazón en el que él se había convertido.

Sus hombros estaban hacia delante, encorvados y flácidos, con las manos metidas en los bolsillos delanteros de sus jeans. Su cabeza colgaba como si fuera demasiado pesada para sostenerla. Su chaqueta estaba empapada por la lluvia y su cabello colgaba, modado y enredado, sobre su frente.

Y sus ojos…

Estaban atormentados y vacíos, oscuros y profundos por el dolor que destacaba por las pesadas sombras púrpuras debajo de ellos. Pero esos mismos ojos me estaban consumiendo, bebiéndome, como si él estuviera completamente seco y yo fuera la última gota de agua.

Estaba muy quieto, con una conducta cautelosa, cuidadosa y en estado de alerta. Yo también estaba demasiado asustada para moverme o hablar, temerosa de que cualquier sonido o movimiento podrían hacerle salir corriendo.

¿Realmente él estaba aquí?

¿Él había vuelto a mí?

¿O sólo se trataba de un último adiós? Tal vez me iba a pedir que no lo buscara más. La línea culposa de mi corazón se onduló y tensó. Me aferré al poste de la puerta más fuerte.

Y ahora mi mente daba vueltas con todas las cosas que había planeado decirle, todos los discursos que había ensayado…

¡Díselo! Mi mente me gritaba. ¡Díselo!

Pero las palabras no salían. Mi voz no funcionaría.

Entonces mis ojos se abrieron a lo ancho y mi corazón se detuvo cuando Edward se movió. Sacó las manos de los bolsillos y dio un lento paso hacia mí, después otro. Era muy tentativo, claramente midiendo mi reacción.

Mi corazón estaba golpeando ahora, lanzándose contra mis costillas, aporreándolas, tratando de romperlas para poder correr hacia él…como yo debería estar haciendo. Quería abrazarlo y decirle que lo amaba y que le daría la comodidad que tan obviamente necesitaba.

Pero no podía moverme.

Estaba muy asustada.

Porque si esto no era real, si él sólo estaba de vuelta para decir adiós, no creía que pudiera soportarlo. Y ahora mismo, mientras nos quedábamos mirando uno al otro a través del patio, podía convencerme que él había vuelto a mí. Era más seguro sólo vivir en este momento quieto y en silencio.

Pero luego eso no aliviaría el dolor.

Él tenía que saber que yo entendía, incluso si esto era un adiós.

Una lágrima cayó, de forma espontanea, por mi mejilla, solo una, una única lágrima, y de pronto la respiración de Edward se quedó en su pecho y cayó de rodillas, con la cabeza gacha.

Jadeé, sorprendida, sin entender lo que estaba pasando, y un segundo después me golpeó.

El estaba pidiendo mi perdón.

"¡No!" dije ahogada. No quería que se pusiera de rodillas así. Pero con esa simple palabra, él cerró los ojos e hizo una mueca, volviendo la cara como si le hubiera dado una bofetada. Y comprendí que él había entendido mal – pensaba que le estaba diciendo no a él.

Busqué desesperadamente las palabras…pero los sentimientos corrían tan profundo y ahora las palabras no me parecían suficientes, no quisieron venir.

Así que hico lo único que pensaba lo haría entender.

Me quité la chaqueta y la dejé caer en el suelo.

Mi respiración era entrecortada y áspera, y mi cuerpo temblaba.

Edward comenzó a levantar la cabeza. Arrastró los ojos por el suelo, subiéndolos lentamente, casi a regañadientes, hasta que cayeron sobre el medallón descansado contra mi pecho.

Sus ojos se abrieron completamente y oí su jadeo.

El cisne camafeo se movía arriba y abajo, rápido y entrecortado con mis respiraciones temblorosas. Tragué saliva mientras Edward miraba. Luego su mirada subió hasta mi cara, con incredulidad y asombro escrito en sus ojos.

Y con esperanza.

Esto no era un adiós.

De pronto, el jardín de Charlie se sentía tan grande como un campo de futbol.

Y yo estaba corriendo.

Con cada paso que daba los ojos de Edward estaba en mí. Su pecho se movía rápido, sus respiraciones haciéndome juego. Se pudo de pie, casi luchando contra sus pies y lo oí jadear de nuevo cuando me lancé contra él. Me atrapó, sus fuertes brazos me envolvieron, y comencé a llorar mientras él me apretaba contra su pecho.

Este era Edward.

Su pecho se hinchó y sacudió al abrazarme y traté de estar más cerca. Él entendió y me levantó para que mis pies colgaran sobre el suelo y mi cuerpo se presionara más fuerte contra el suyo a la vez que nos aferrábamos el uno al otro.

Y ahora mi sangre estaba en llamas, quemando y ardiente, mientras golpeaba y se extendía por mis venas.

"Bella," respiró, y oí su agonía y alegría unidas en mi nombre.

"Has vuelto," susurré entre sollozos, con el rostro presionado contra su hombro. "Has vuelto."

Los últimos tres meses se redujeron a este momento, a este segundo. Todo lo que importaba era…ahora.

Edward se movió y mis pies tocaron el suelo de nuevo. Sus manos se movieron sobre mi cara, sus palmas en mis mejillas y apoyó su frente en la mía. Cerró los ojos y sus pulgares acariciaron mis mejillas. Él estaba temblado y subí las manos para cubrir las suyas, y una dulce y agonizante sonrisa apareció en sus labios.

"Bella."

Tragué y sorbí, volví el rostro para besarle la palma. Se quedó sin aliento cuando mis labios encontraron su piel y abrió los ojos, las negras piscinas brillaron con intensidad.

Se movió lentamente después, quitando las manos de mi cara y abriendo su chaqueta. La cerró alrededor de mí, cubriéndome de la nieve, acunándome.

Mantuvo su brazo a mí alrededor, apretándome contra él. La mano de su otro brazo estaba en mi cabello, sujetando mi cabeza mientras la apoyaba contra su pecho.

Cerré los ojos y respiré de él, y una lenta sonrisa se deslizó en mis labios.

Él estaba aquí. Él realmente estaba aquí.

El frío, el profundo dolor en los huesos que había estado conmigo desde septiembre, se había ido.

"Mentí," Edward dijo ahogadamente de repente y abrí los ojos.

Levanté la cara para ver la suya. La alegría de hace pocos minutos había desaparecido de sus ojos, ahora, sólo hacía eco en los bordes. En cambio el dolor estaba allí, nítido y vibrante mientras me miraba.

"Te mentí cuando dije…,"

Rápidamente puse un dedo sobre sus labios.

"Sssh, no ahora."

Parpadeó un par de veces.

"Más tarde," dije y asintió lentamente. Algunos copos de nieve cayeron sobre mi cara alzada y los apartó.

"Deberías ir adentro," dijo.

Apoyé la cabeza contra su pecho.

"Sólo si también entras."

Sentí el movimiento de su barbilla al asentir por encima de mi cabeza y sonreí.

Poco a poco se desenrolló y deslizó la mano hacia abajo por mi brazo, manteniendo el contacto hasta que sus dedos se entrelazaron con los míos. Después sonrió suavemente y me llevó con él, caminado hacia atrás, hacia el bosque. Me pregunté porque hasta que vi una mochila gris oscuro apoyada a los pies de un árbol.

Sus ojos nunca me dejaron cuando la tomó y se la echó al hombro. Luego apreté su mano y lo llevé de regreso a la casa.

Estaba muy contenta de haber decidido encender el fuego. Ya estaba oscuro y la habitación estaba cálida, bañada por el reconfortante resplandor de las llamas. Nos quedamos de pie, cogidos de las manos, sin poder quitar los ojos del otro. La atmosfera estaba cargada, zumbando con anticipación y esperanza. Acerqué a Edward al sofá, pero vaciló.

"Estoy mojado," dijo bajito.

"Oh," Por supuesto que lo estaba.

"Y tú también," sonrió débilmente.

Bajé la mirada hacia mí y noté que tenía razón. Estúpida nieve.

Realmente no me importaba. No quería dejarlo ir y cambiarme, pero ahora que lo había mencionado mi piel se puso de gallina. Comencé a temblar y supe que eso le molestaría.

"Yo ya vuelvo," dije firmemente y asintió.

"No voy a ir a ninguna parte," dijo.

Apreté su mano. Me devolvió el apretón. Luego apreté otra vez. Y fui yo quien se soltó primero.

Él estaba muy helado. La lluvia y la nieve habían enfriado su piel hasta temperaturas árticas y cuando salí de la habitación ya estaba planeando. Tomé la manta afgana del respaldo del sofá y me desvié rápidamente a la sala de lavandería. Tiré la manta en la secadora y la encendí – esperaba que no estuviera mucho allí como para que se achicara.

Luego volé al subir las escaleras y me desvestí, tomando unos cómodos pantalones de sudor viejos y un suéter cálido.

Tenía un brazo y la cabeza metida en el suéter y una pierna en los pantalones, mientras de cierto modo me tropezaba y saltaba por la habitación, tratando de meter la otra pierna en el agujero. Caí contra el escritorio y mi reproductor de CD se estrelló en el suelo.

"¿Bella?" Oí la voz ansiosa de Edward y sonreí.

"¡Estoy bien!" Grité de vuelta mientras mi cabeza finalmente se asomaba por el orificio del cuello y tiraba de la otra pierna.

Mi cabello estaba húmedo, pero no iba a perder tiempo secándolo ahora. Abrí la puerta y me apresuré en bajar las escaleras.

En el lavadero saqué la manta afgana y la sostuve contra mi mejilla. Mmm, calentito. Después me tropecé con ella mientras iba de vuelta a la casa.

Edward todavía estaba de pie, donde lo había dejado frente al fuego, pero noté que se había cambiado de ropa, por lo que las sostenía frente al fuego en un gesto tan humano…y mi corazón se apretó.

A Edward le gustaba el calor…

Dejó caer las manos y sonrió tímidamente mientras caminaba hacia él, mis ojos se fijaron en los jeans y en el suéter negro con las mangas empujadas hacia arriba revelando los esculpidos músculos de sus antebrazos.

Y tenía los pies descalzos.

Hizo un gesto con la cabeza hacia la mochila apoyada contra la mesa de café.

"Es un apoyo realmente. Se ve sospechoso si viajo sin equipaje, pero ahora se ha vuelto de utilidad."

Se encogió de hombros ligeramente.

Ahora no estaba encorvado y no se veía perdido o roto, pero sus ojos todavía estaban inundados con la perdida, el remordimiento y la incertidumbre.

Me volví hacia el sofá y me senté a un extremo, acomodándome en la esquina. Tiré de la mano de Edward, dejando en claro que quería que viniera y se acurrucase conmigo.

Parecía vacilante, sus ojos preguntaban ¿en serio? Luego sacudió la cabeza y me soltó la mano. Mi corazón reaccionó y él lo escuchó.

"Yo quiero," dijo rápidamente. "Pero,…Bella, no creo que…," pasó ambas manos a través de su cabello y arrugó el rostro. "Yo estaba equivocado. Y lo siento tanto que ni siquiera puedo decirlo."

Mordí mi labio, tratando de detener las lágrimas frescas que amenazaban.

"¿Quieres sentarte conmigo?" Pregunté bajito.

Hubo un momento de quietud, y entonces vino. Se sentó a mi lado, dejándome un pequeño espacio, y se inclinó hacia delante. Apoyó los codos en los muslos, puso la cabeza entre las manos y sus palabras brotaron tan rápido que apenas podía seguirle el ritmo.

"No sabía qué hacer, todo se veía tan desesperanzado. Y pensé que si me iba, entonces tú estarías a salvo…de mí, y del peligro en el que te ponía cada vez que estábamos juntos." Apartó las manos y el dolor en su rostro era áspero, crudo y desgarrador.

"Creí que mentir sería la única forma en que me dejarías ir, si creías que ya no te quería más…,"

Su voz se quebró en esas últimas palabras y tenía el rostro arrugado. En lo profundo de mi pecho mi corazón se astilló y rompió.

"Edward, no…,"

Sacudió la cabeza pidiéndome que lo dejara continuar.

"A pesar de mis intensiones, fui arrogante y cruel. No voy a pedirte perdón, lo que hice fue imperdonable, pero si me lo permites voy a pasar el resto de mi vida tratando de…,"

"Edward." Ahora yo lo iba a cortar.

Sus manos estaban en puños apretados en las rodillas, con los nudillos tensos contra la piel, y tomé una. No abriría los dedos pero la tomé de todos modos. Me estaba mirando, angustiado y con incertidumbre y pasé el pulgar sobre el dorso de su mano, tratando de clamarlo. Se había golpeado lo suficiente.

"Edward, te diré lo que entiendo y mi dirás si estoy mal…sacrificaste tu propia felicidad, tu propia vida en realidad, para mantenerme a salvo. Porque me amas."

Él estaba completamente perdido. Se me quedó mirando, confundido, sorprendido, como si no hubiera entendido lo que había dicho.

Después asintió.

"Yo siempre te he amado," susurró y sonreí.

"Lo sé. Y yo te amo."

Una pequeña sonrisa se extendió por sus labios pero su cuerpo, su puño, se quedó rígido.

"Me lo dijiste una vez, en la cafetería, que te harías daño a ti mismo para no hacerme daño a mí."

"¿Recuerdas eso?"

Asentí y sentí su puño aflojar. Le di a su mano un alentador apretón y poco a poco entrelazó sus dedos con los míos.

"Y sé que siempre me has amado porque me lo decías todos los días que estuvimos juntos, y no solo con palabras."

"Pero creíste la mentira," susurró. "La creíste con tanta facilidad. Podía verlo en tu rostro, quebranté tu fe en mí, y en ti misma. Lo pude ver, lo podía escuchar en tus latidos." Su voz vaciló y apreté su mano de nuevo, sosteniéndola con fuerza. "Y cuando me alejé tú me llamabas…podía oírte…,"

Me soltó y enterró la cabeza en sus manos. Estaba temblando de nuevo.

"Era como si toda la luz y aire hubieran sido succionados del mundo y reemplazados con puro dolor." Alargué la mano y tomé las suyas entre las mías.

"Edward, detente." Se volvió a mirarme bruscamente. "Rompió mi corazón, pero recordé la verdad, y ahora lo entiendo."

Era tan importante que él comprendiera eso.

"No me gustó lo que hiciste, pero entiendo por qué lo hiciste."

Continuó mirándome, buscando. Solté una de sus manos y llevé los dedos a su cara. Tracé las sombras bajo sus ojos.

"Y entiendo exactamente lo que eso te hizo a ti, porque sé que fue lo que me hizo a mí."

Arrugó el rostro de nuevo.

"Pero regresaste," susurré, sonriendo.

"Te hice daño."

"Te lo hiciste a ti, también."

"Bella, he vuelto, pero…," abrió los ojos, estaban viéndome con cuidado de nuevo, aprensivos y ansiosos.

"¿Todavía me quieres contigo?"

Ahora él estaba borroso a través de mis lágrimas y quité la humedad rápidamente.

"Sí."

"Bella." Edward exhaló bruscamente y luego me llevó a su regazo. Pasé la manta por encima de nosotros, todavía estaba caliente por la secadora, y la comprimí a nuestro alrededor a la vez que lo apretaba contra mí.

Su cuerpo se estremeció un poco al tocarme y se tensó. Después, finalmente se soltó y se fundió conmigo. Me puso más cerca, sus brazos estaban a mí alrededor, con la cabeza hundida en el hueco de mi cuello mientras le daba el calor de mi cuerpo.

Dejó escapar un largo suspiro y usé hasta la última gota de mi fuerza, abrazándolo hasta que los músculos de mis brazos quemaron. Y aun así no lo dejé ir.

Nos quedamos así, cálidos y en silencio bajo la manta, mirando las llamas bailar y entrelazarse. La respiración de Edward era lenta, ahora con ritmo tranquilo y firme. A veces, frotaba las manos por mi espalda y brazos. Sus dedos acariciaban mis mejillas, tocaron mi mandíbula y se arrastraron por mi cuello – como si me estuviera descubriendo de nuevo. O quizás solamente se estaba asegurando de que realmente estaba aquí.

Mientras yo lo seguía con mis ojos, tomando cada detalle. Cada línea y ángulo de su hermoso rostro. La curva de sus labios. Como el cabello se le rizaba alrededor de su oreja y levantaba un poco en su nuca. Las venas de débil azul dentro de sus antebrazos. Todas esas pequeñas cosas que eran tan familiares, pero que parecían tan nuevas.

Las uñas de su mano derecha estaban descascaradas y rotas, y me pregunté como había ocurrido si sus uñas era como el acero. Mis pensamientos flotaron hacia Victoria y a lo que ocurrió bajo el mar en los acantilados. Me sentí tensar y deseché la idea rápidamente.

Después de un rato los dedos de Edward tocaron suavemente el medallón en mi pecho. Lo tocó, trazando cuidadosamente con el dedo índice la curva del ala del cisne.

"Es hermoso," susurré. "Gracias."

Negó con la cabeza un poco, desestimando mis agradecimientos. Luego alzó la cara. En ese ángulo, a la luz del fuego, las sombras púrpuras bajo sus ojos se veían más oscuras y profundas. Y el dolor seguía resonando.

"No tengo ningún derecho de venir aquí y pedirte que me tomes de vuelta." Susurró. "Sé eso. Estaba de pie en el bosque, tratando de armarme de valor para llamar, y después cuando abriste la puerta…estaba seguro que me ibas a enviar lejos, estaba esperando eso, no era más de lo que mecía, pero cuando vi esto…,"

Sus ojos se fueron hacia el medallón y luego de vuelta a mí. Y ahora estaba sonriendo, y el asombro en sus ojos era hermoso de ver.

"¿Cómo?"

Sonreí también. "El árbol de Navidad era demasiado grande y atravesó el techo. Todos los regalos de mi cumpleaños cayeron al suelo."

Sus ojos se abrieron, sorprendidos.

"Pero esto quedó escondido detrás del armario," dije, tocando el medallón. "Lo encontré unas dos semanas más tarde."

Él no dijo nada, pero sus ojos se estrecharon al observar su dedo jugar sobre el cisne.

"Lo diseñaste para mí."

"Para tú cumpleaños," susurró.

"Pero yo dije que no quería regalos. Lo siento."

Sus ojos volvieron a los míos y se quedaron allí, perplejos.

"¿Por qué te arrepientes?"

"Porque yo no lo entendía."

Aún estaba confundido y respiré hondo, lista a explicar.

"Tú querías darme cosas porque me amas, y eres generoso, amable, y eso es parte de lo que eres. Pero no entendía eso. Estaba demasiada ocupada pensando que no era lo suficientemente buena." Bajé los ojos. "Hice todo por mí. Y no te permití ser tú."

Sus dedos fueron desde el cisne a mi barbilla y me levantó la cara. Algunas lágrimas silenciosas habían caído y las apartó.

"No llores." Su voz era tan suave, preocupada. "Quería que el medallón te hiciera feliz."

"Lo hizo," sorbí, y ahora yo hundí la cabeza contra su cuello y comencé a llorar. "Lo hace."

Pronto la piel de Edward estuvo mojada con mis lágrimas y mis palabras salieron igual como lo había hecho él antes. Sus manos frotaban lentamente mi espalda mientras sollozaba.

"Y lo que pusiste en el interior…estabas dándote a mí… Todo de ti, humano, vampiro…y cortaste un pedazo de tu cabello…y no va a crecer de nuevo…es, es perfecto, lo amé. Gracias."

"De nada." Podía oír su sonrisa.

Me aparté, pasándome la manga por la cara. Después me estiré para desabrochar el medallón de mi cuello.

"Lo he usado desde que lo encontré. Pero ahora me de verdad me gustaría que me lo pusieras."

Sus ojos se iluminaron y pude ver que mi petición lo había afectado. Asintió y tomó el medallón de mi mano. Lo estudió por un momento, lo abrió y miró dentro. Después sonrió nuevamente al cerrarlo.

Levantó la cadena y sostuve mi cabello mientras sus manos pasaban alrededor de mi cuello. Un segundo después sentí sus dedos arrastrarse sobre mi piel al a vez que movía las manos sobre mi cuello y hombros. Mi relicario estaba en su lugar.

Edward retrocedió un poco para ver y una expresión llena de ternura apareció en su rostro.

"Se ve hermoso en ti," dijo bajito y llevó sus ojos a los míos. "Sabía que lo haría."

Luego me atrajo de nuevo hacia él y hablé un poco más.

"Cuando encontré las otras cosas, no podía entender por qué las habías dejado allí. No tenía sentido en un primer momento, y fue entonces cuando recordé lo que habías dicho en la cafetería y lo supe. Supe que todavía me amabas."

Sus brazos se apretaron y flexionaron a mí alrededor.

"Yo siempre te he amado," susurró.

"Lo sé," susurré de vuelta. "Pero después estaba muy enojada contigo. Muy furiosa."

Lo sentí asentir.

"Así debiste haber estado. Todavía deberías estar enojada conmigo. No merezco la recepción que me has hado…," lo interrumpí rápidamente.

"No, estaba enojada porque sabía lo que habías hecho a ti mismo, a nosotros. Supe entonces que no te habías ido buscando nuevas distracciones, que no estabas bailando en la fila de la Conga…,"

"¿La línea de la conga?"

"Era Año Nuevo," agité la mano restándole importancia y continué. "Traté de llamarte pero tenías desconectado el teléfono y eso me enfureció aún más."

Me senté con la espalda recta, tomé el rostro de Edward entre mis manos, miré sus ojos e incluso yo estaba sorprendida de lo firme que sonó mi voz.

"La próxima vez que haya un problema, hablas conmigo, ¿está bien? No tengo cuatro años, no necesito que tomes las decisiones por mí. Estamos juntos en esto, Edward. ¿Entiendes eso?"

Asintió con entusiasmo.

"Juntos," repitió mis palabras.

Aparté las manos de su rostro pero sus ojos se quedaron fijos en los míos mientras hablaba y su voz estaba llena de convicción.

"Nunca te dejaré de nuevo," dijo. "Fui un tonto al pensar que podía. Incluso si fueras a cambiar de opinión y me enviaras lejos…me iría, pero nunca estaría lejos." Sus largos dedos se acercaron a acariciar mi rostro. "No puedo estar sin ti, Bella, eres todo lo que hay para mí. Tú eres todo."

Una primera lágrima rodó por mi mejilla, luego otra.

"He estado buscándote," dije en voz baja.

Arrugó el rostro.

"¿Buscándome?"

Asentí y noté que me estaba mordiendo el labio. Luego, la expresión de Edward se fundió con una sonrisa de felicidad y sorpresa, haciendo que mi corazón diera volteretas en mi pecho.

"¿Estabas tratando de encontrarme?"

¿Por qué sonaba tan sorprendido?

"Sí. Sabía que debíamos estar juntos, pero también sabía lo mucho que estarías sufriendo, y tenía que parar eso."

Exhaló fuertemente y me acercó a él.

"Realmente no te merezco," murmuró y sentí sus labios contra la curva de mi oreja. Me incliné hacia él, dejando que mi corazón cantara con su cercanía, con tu tacto.

"¿Dónde buscaste?" Susurró y dejé salir un suspiro exagerado.

"En todas partes."

Y de pronto la compuesta, cómoda y comprensiva Bella fue un lloroso desastre. El dolor de los últimos tres meses finalmente encontró un alivio en el único lugar que podía…los brazos de Edward.

Me acurruqué contra él y dejé salir todo mientras me abrazaba.

Toda la tristeza, miedo y frustración.

La rabia.

El agotamiento de la búsqueda, la agonía de los callejones sin salida y de los cuasi accidentes.

Todo quedó en zonas oscuras y húmedas en el suéter de Edward.

Me acarició el cabello, besó mi frente. Hizo relajantes sonidos de sssh y me meció suavemente. A veces murmuraba que lo sentía, otras veces susurraba que me amaba. Me aferré a él, y finalmente, mientras las lágrimas se desaceleraban, alcé la cabeza y miré sus ojos.

"Te extrañé."

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Edward. "También te extrañé."

Su pulgar limpió lo último que quedaba de humedad en mis mejillas.

"Pero sé que yo también era parte del problema," sorbí.

"¿Tú?"

"Yo." Me senté algo más erguida para poder observarlo bien. "Me dejé a mi misma en el proceso."

Edward estrechó los ojos.

"Creo que no entiendo."

"Realmente no te escuchaba. No entendía lo que necesitabas."

"¿Lo que necesitaba? Bella, eres lo que necesitaba…lo que necesito."

Se veía aun más confundido y me di cuenta que no le estaba dando mucho sentido.

"Está bien. Um, a veces tú me tratabas como un niño de cuatro años, pero a veces yo me comportaba como de cuatro."

Observé la respuesta de Edward.

Arqueó levemente una ceja y comencé a morderme el labio.

"Siempre habías estado tan preocupado cuando estábamos juntos, preocupado por herirme, y yo siempre estaba tan desesperada por mostrarte que no me alarmaba, pero en vez, probablemente yo parecía contraproducente. Como si de verdad no pudiera comprender la situación."

La ceja se arqueó un poco más arriba y tomé una respiración profunda.

"Edward, comprendo que eres muy peligroso. Podrías romper mis huesos, me podrás drenar. Me dijiste esas cosas y yo solo las dejé pasar. Estaba tratando de hacerte ver que no importaba."

"Bella, yo…,"

Alcé una mano para detenerlo. Cerró los labios y asintió.

"Conozco los riegos, pero también confío en ti, y has probado mi confianza, una y otra vez. Digo que no me harás daño, no porque no lo entienda, si no porque confío en que no lo harás."

Edward se me quedó mirando con cuidado al tiempo en que levanté su mano derecha, le di la vuelta y besé su palma. Contuvo la respiración y luego suavemente tomó mi mano y la llevó a su cara, inhalando profundamente en mi muñeca. Cerró los ojos y suspiró.

"El ardor nunca ha sido menos importante, o mejor recibido," dijo y abrió los ojos. "Me dice que realmente estás aquí, conmigo." Besó mi muñeca y después me envolvió con sus brazos.

Sonrió y quitó el cabello sobre mi hombro. Después sus ojos fueron hacia la ventana.

"Charlie viene," dije.

"¡Charlie!" Me había olvidado completamente de mi papá. ¿No debería estar en casa desde antes? ¿Qué tan tarde era?

Lentamente, con un beso en mi frente, Edward se desenredó de mí y se levantó.

"Y no debería estar aquí cuando llegue," dijo bajito.

"¡No! ¿No te vas?" El pánico se apoderó de mí con tanta fuerza que alcé la cabeza al pararme.

"Ssh," acunó mi rostro con su mano. "No voy a estar lejos."

"No quiero que te vayas."

"Yo tampoco." Sonrió y sus ojos fueron al techo y luego hacia mí. "¿Puedo esperar en tu habitación?"

Asentí con impaciencia. "Sí."

Sonrió ampliamente, y luego ambos nos volvimos a la venta mientras los faros iluminaban la sala. Edward tomó su mochila y tomó mi mano.

"Estaré arriba," susurró y desapareció justo cuando Charlie abría la puerta. Me dirigí a la cocina, preguntándome que podría juntar por la cena.

"¿Bella? ¿Eres tú?"

Rodé los ojos al oírlo colgar su pistola. "Sí, soy yo, papá." ¿Quién más?

"Siento llegar tarde. ¿Viste mi nota?"

¿Nota?

En el tazón de la fruta, afirmada con un plátano, estaba un tozo de papel con la escritura de Charlie.

Trabajo hasta tarde, llego a casa cerca de las 7:30. Llevaré pizza.

La tomé rápida y metí en el bolsillo, aliviada mientras el olor de la Especial de Tomate entraba a la cocina.

"Sí, solo estaba poniendo los platos."

Puso la caja de pizza en la mesa.

"¿Cómo estuvo Jacksonville?"

"Bueno, bien. Mamá dice hola."

"Oh, mm. ¿Hiciste fuego?"

"Sí, solo para variar."

"Se calentó bastante bien."

"Sí."

Nos sentamos y comimos. Le pregunté sobre su fin de semana y él me contó de su maratón de deportes con Billy. Sonreí y asentí.

Luego caímos en el habitual y cómodo silencio. Sin embargo, todo mi cuerpo hormigueaba, muy consciente del vampiro que estaba en el piso de arriba.

"Parece que has estado llorado," Charlie dijo de pronto.

"Solo leí un libro triste."

"Oh," asintió y s limpió la boca con la servilleta. "Bueno, es lunes…,"

No dijo más pero ya sabía que la noche del lunes significaba noche del Canal de Pesca.

Se apartó de la mesa y llevó los platos al fregadero.

Pizza significaba que básicamente no había mucho que lavar y me tomó solo un minuto lavar y secar y para Charlie sintonizar el canal de pesca por lo que estaba arriba antes de que llegase el cebo al agua.

Estaba oscuro mi cuarto y al principio no podía verlo, pero luego noté el movimiento de la mecedora.

"Estoy aquí," dijo bajito.

Me acerqué a él y abrió los brazos. Subí a su regazo y me acurruqué – mi lugar favorito para estar. Recordé aquella primera mañana, cuando se había quedado.

Sus brazos estaban a mi alrededor mientras nos mecía a ambos y sentí sus labios presionar suavemente el tope de mi cabeza. Luego dejó escapar un largo suspiro que sonó casi satisfecho.

"Tendré que hablar con tu padre en algún momento." La satisfacción dio paso a la resignación.

"Supongo que sí." Esa no sería una conversación que esperaba tener. Tendría que preparar a Charlie para eso, allanar el camino un poco.

"Y creo que el reproductor de CD está más allá de ser reparado." Miré sobre su hombro y vi que estaba detrás de la mesa. La tapa estaba rota y tenía una grieta a lo largo de la unión del lado. "Lo intenté, pero no va a funcionar," dijo y me encogí de hombros, acercándome más a él. No lo había usado desde que él se había ido.

"No importa," murmuré. "No lo he usado en meses."

Sentí sus dedos bajo mi barbilla, levantando con suavidad mi rostro para poder verme. Me estudió por un momento y vi comprensión en sus ojos.

Me acomodé de nuevo contra él.

"Todavía hay cosas de las que debemos hablar," Edward susurró.

"Lo sé. Hay mucho que tengo que decirte. Y tengo preguntas."

"También tengo cosas que decirte," dijo Edward. "Y preguntas."

Su mano estaba apoyada en mi rodilla y le dio un suave apretón.

"Pero no tenemos que hacerlo todo ahora," dijo. "Nosotros tenemos un montón de tiempo."

Dijo nosotros. Nosotros tenemos un montón de tiempo.

Mi corazón bailó un poco.

"A menos que quieras hablar ahora," dijo.

Estaba comenzando a sentirme cansada, pero todavía no estaba lista para dormir.

"Cuéntame de tu familia."

"Mi familia," suspiró y meneó la cabeza, sonriendo. "Mi familia va a estar eufórica y aliviada cuando les hable de esto."

Me eché a reír.

"Me sorprende que no hayamos oído de Alice ya," dije. "¿Dónde está? ¿Están todos juntos?"

De verdad extrañaba mucho a mi amiga. Los extrañaba a todos y esperaba poder verlos pronto.

"Me sorprende también. Tal vez Alice nos está dando un poco de espacio. A pesar de que nunca ha sido su estilo."

"No," reí de nuevo. "No es su estilo."

Edward sonrió y pasó los dedos a lo largo de mi mandíbula. La punta de su pulgar acarició suavemente mi labio inferior.

"Es tan maravilloso verte sonreír y escuchar tu risa…no tienes idea." Luego movió las manos para tomar las mías. "Pero para responder tu pregunta, mi familia ahora está toda junta en Ithaca. Carlisle y Esme ha estado allí desde que salieron de Forks, pero Rosalie y Emmett estuvieron en Europa por un tiempo y Alice y Jasper pasó algo de tiempo en Canadá."

Canadá.

Eso explicaría la dirección en el extranjero para la revista Vogue.

Acaricié su mano, sintiendo sus nudillos bajo la suavidad de su piel. Pasé un dedo por el áspero borde su sus uñas rotas. Vi como curvaba un poco los dedos, metiéndolos debajo de su palma, lejos de la vista.

Alcé el rostro y él me estaba mirando, de nuevo con cautelosos ojos.

"Volví la semana pasada," dijo en voz baja. "He estado persiguiendo a Victoria desde que te dejé. Yo fui quien te envió a Jacksonville."

Ahora se vería nervioso, observando mi reacción, así que sonreí.

"Lo sé."

Ahora él estaba sorprendido.

"Jacob te lo dijo." No era una pregunta y había un tono en su voz.

"No exactamente. Lo deduje cuando vi las vendas de Seth."

Un latido de silencio.

"¿Por el vendaje?"

"Reconocí tu estilo."

Otro latido.

"¿Tengo un estilo?"

"Lo tienes. Y después obligué a Jake a que me contara lo que había pasado."

"Oh." No estaba segura si se sentía aliviado o decepcionado. "Iba a decírtelo yo mismo."

Pasé los dedos sobre el pliegue que se había formado entre sus cejas, alisándolo.

"Lo acabas de hacer." Sonreí de nuevo y se relajó un poco.

"Y gracias. Por salvarme. Una vez más."

"El placer es mío, dijo."

Lo estudié por un momento. El recuerdo de aquella vacía victoria se reflejó en sus ojos y recordé lo que Jake me había dicho.

"Pero no fue un placer, ¿verdad?"

Se me quedó mirando por un momento, después negó. "No. Quiero decir, sí, la quería muerta, me alegré de hacerlo cuando lo hice, pero después…," Apoyó la cabeza contra el respaldo de la silla y cerró los ojos. "Después de que te dejé en septiembre comencé a seguir a Victoria. Nunca había perseguido antes, no era muy bueno, y fui detrás de algunas pistas falsas. Me sentí miserable pero creía que al menos tenía una participación en tu vida, incluso si no lo sabías. Pero luego, cuando comprendí ella que había vuelto aquí…,"

Dejó de hablar. Con la cabeza inclinada y el cuerpo tenso. Sentí un temblor recorrerlo y de inmediato apretó su abrazo. Apoyó la cabeza contra mi hombro. Obviamente, había algo allí, pero tenía la sensación de que no estaba listo para hablar de ello. No todavía. Eso estaba bien, teníamos tiempo, llegaríamos a eso un día.

Después de momento alzó la cabeza y siguió hablando.

"Insistí en que fueras a Jacksonville, no te quería en ningún lugar cerca a Victoria, y…le pedí a Alice que fuera también. Te observó, por si acaso. Le hice prometer que no te contactara."

Me miró con cuidado, con la mandíbula tensa, pero solo asentí. Era lo que pensaba. Se relajó un poco y continuó cuando vio que no estaba molesta por esta nueva revelación.

"Después de que Victoria estuviera muerta, y que estabas a salvo, toda mi participación en tu vida se había ido. Comprendí que realmente era un adiós."

Ahora su voz sonaba triste, muy lejana, era como si se hubiera perdido de nuevo. Apreté los brazos alrededor de él, dejándole saber que estaba aquí. Tomó aliento y cuando habló, su voz era más fuerte.

"Después de dejar Forks de nuevo, reservé un vuelo desde Seattle a Chicago. Iba a atar algunos cabos sueltos allí y luego desaparecería. Me senté en la sala del aeropuerto, mi vuelo estaba todavía a horas de distancia, pero no tenía nada más que hacer." Se encogió de hombros como si estuviera hablando consigo mismo.

"Desde septiembre había estado luchando con la imperiosa necesidad de volver a ti, pero mientras estaba sentado y esperaba mi vuelo, no sabía si realmente podía seguir adelante con mi plan. Cuanto más tiempo esperaba…," se calló y me incliné para dejar un beso bajo su oreja. Sonrió un poco.

"Cancelé el vuelo a Chicago y decidí ir directamente a Canadá…allí hay una densa área de un remoto bosque y tenía la intensión de habitar por las próximas décadas."

"Oh, Edward." Acaricié su nuca con los dedos. Sabía que le gustaba eso y sonreí cuando suspiró y cerró los ojos.

"Reservé un nuevo vuelo, que era mucho más temprano y pensé que era algo bueno, no había que esperar. Me forcé a mi mismo a subir al avión, incluso me llevé a mi asiento, pero justo antes de cerrar las puertas, supe que no había manera de que te dejara de forma permanente. Solo el pensamiento me traía dolor físico y real." Hizo una pausa. "Así que me paré y me dirigí a la azafata y le dije que tenía que bajar."

Su última frase fue tan sencilla y realista, que me hizo reír, y eso lo dejó perplejo.

"¿Así nada más?" Dije. "Solo te levantaste y dijiste que tenías que dejar el avión."

Y ahora el estado de ánimo de Edward se aligeró. Sus labios se curvaron en una sonrisa y comenzó a reír.

"Así mismo," dijo.

"¿Y ella te dejó salir?"

"Después de un momento de indecisión, sí."

"¿La deslumbraste?"

"No," rió. "Le di mi mirada de vampiro. Tú sabes, esa que no funciona en ti."

Reí de nuevo. "Oh, esa."

"Sí," me acarició con su nariz. Su voz salió ahogada cuando habló.

"Cuando bajé del avión, comencé a correr. Y no me detuve hasta que llegué aquí."

Mi corazón dio una voltereta hacia atrás.

Él corrió. Corrió de vuelta a través de la lluvia y la nieve.

Y no había ido a Yellowknife, no había recibido mi mensaje.

Él iba a volver de todos modos.

Eso hizo que todo pareciera más dulce, de alguna manera.

"Al perecer hemos estado tratando de encontrar el camino de vuelta del uno al otro," dije bajito y sonrió.

"Pero todavía no me has dicho como me buscaste."

Rodé los ojos. "¿Por dónde empiezo? No lo hacías más fácil."

Hizo una mueca. "Supongo que eso fue parte de mi plan."

"Mm, el conjunto de eso de 'no existo'."

Asintió y sus ojos mostraban su pesar.

"Excepto que estabas en todas partes, Edward. Las marcas que dejaste están en el marco de mi ventana."

Alzó la cabeza y se volteó hacia la ventana.

"Y dejaste grandes agujeros debajo de la mesa de biología. Podía sentir la forma de tus dedos en la madera."

Sus ojos se abrieron a lo ancho.

"Sí, ahora sé lo que estabas haciendo en esa primera clase."

Se veía algo avergonzado.

"Y por supuesto, el medallón…" Levante la mano, lo toqué suavemente y Edward sonrió. Después tomó mi mano y la puso sobre su pecho, sobre su corazón.

"No late," dijo. "Pero te siento aquí dentro."

Las lágrimas picaron detrás de mis ojos y me mordí con fuerza el labio. Me acercó a él, quitando con un beso la única lágrima que se las había arreglado para escapar.

"¿Me contarás?" susurró.

Así que le presenté a Edward a Bella Acosadora. Comencé con la oficina de correos y la Sra Morgan, y lo reprendí por la falta de dirección de reenvío. Después fui a la falta de discreción de la Sra Morgan y de la revista Vogue devuelta. Y eso me llevó a la subscripción de regalo que le envié a Seth.

"Es probable que todavía esté en tránsito," bostecé. De pronto estaba abrumadamente cansada. "Especialmente su ella se va a mudar de nuevo."

"Bella, eres increíble." Edward estaba sonriéndome y me encogí de hombros, pero por dentro tenía una calidez que irradiaba a través de mí con aire satisfecho, haciéndome sonrojar.

"Creí que la vería venir, y que me llamaría."

"No necesariamente," dijo Edward. "Es fácil olvidar como al azar son las visiones de Alice. Ella no lo ve todo."

"¿Le pediste que no me mirara?"

Hubo un latido de silencio antes de que Edward asintiera. "Lo hice."

"Eso no detiene las visiones, sin embargo, ¿cierto?"

"No si vienen de todos modos, no."

"No ha estado viéndome activamente, ¿verdad?"

"Así es."

Asentí, comprendiendo.

"Apuesto a que ella se asomó a veces, a pesar de todo," murmuré a través de otro bostezo y Edward me dio una sonrisa irónica.

"Estoy seguro de que lo hizo."

Mis ojos se cerraron sin mi permiso y me obligué a abrirlos, pestañeando con fuerza.

"¿Quieres dormir ahora?" Edward preguntó y sacudí la cabeza. No quería perderme nada.

"Me quedaré. Estaré aquí cuando despiertes," susurré.

"Pero aun hay cosas que tengo que decirte. Y tengo más preguntas." Mis ojos se cerraron de nuevo y esta vez fueron más difícil de abrir.

"Está bien," concedí. "Hora de dormir para la humana." Y Edward desordenó mi cabello mientras me deslizaba de su regazo.

Llevé la bolsa de aseo y el pijama al baño. El agua caliente se sentía bien en mis músculos tensos pero no me detuve en eso. Cinco minutos después estaba de vuelta en mi habitación.

Edward todavía estaba sentado en mi mecedora, pero las colchas de la cama habían sido retiradas. Subí y me tapé con las mantas.

"¿Vas a quedarte sentado allí toda la noche?" Pregunté y Edward frunció el ceño.

"No quería asumir…,"

"Puedes asumir, Edward."

Aparté las mantas en una invitación. En realidad no lo vi moverse pero un segundo después estaba allí, tumbado a mi lado, frente a frente a la vez que ponía las tapas sobre nosotros. Edward recorrió arriba y abajo mi brazo con sus dedos. La sensación era reconfortante y tranquilizadora por lo que suspiré, hundiéndome más en la almohada.

Él me sonreí, pero podía ver en sus expresan que había anhelado este momento, al igual que yo.

Y todavía estaban las sombras bajos sus ojos.

Levanté una mano y acaricié lo púrpura debajo de sus ojos.

"Necesitas cazar."

"Estoy bien."

"¿Cuánto tiempo ha pasado?"

Se encogió de hombros. "Un tiempo."

Rodé los ojos. "Edward, necesitas cazar. Tu sed debe ser insoportable ahora."

"No es insoportable. Hay cosas peores."

Comprendía lo que quería decir y le di una sonrisa.

"Pero no quiero que sufras." Toqué su rostro de nuevo. "¿Cuánto tiempo necesitas?"

Lo pensó por un momento, con ojos entrecerrados.

"Si voy al Parque, dos horas, tal vez menos."

"Está bien, entonces. Hazlo esta noche."

"No te dejaré, Bella."

"Edward, ¿Cuánto tiempo piensas esperar?"

Me escuchaba a mí misma, toda valiente y desinteresada cuando, en realidad, la idea de que me dejara, incluso por dos horas, me hacía sentir enferma.

Torció la boca, estaba luchando. Y como yo. Pero yo podía hacer esto.

"Por favor, Edward. Quiero ver tus ojos dorados de nuevo."

Ahora él rodó los ojos y comencé a reír.

"Está bien," dijo. "Pero voy a esperar a que te quedes dormida."

Asentí.

"Y estaré de vuelta antes de que despiertes."

"Sé que lo harás."

Oírme decir esas palabras al parecer lo calmó algo. Me tomó en sus brazos y cerré los ojos, dejándome atrasar por el sueño mientras Edward tarareaba mi canción de cuna.

Caramelo.

Sus ojos eran de un cálido caramelo y fueron lo primero que vi cuando desperté. Toqué su cara, las sombras moradas se habían ido, su piel tenía el débil rubor de un vampiro bien alimentado.

Y pensar que todavía podía el débil eco de su pesar, estaba sonriendo.

Tan hermoso.

Devolví la sonrisa.

Estaba acostado, de lado encima de las mantas, y sus manos estaban unidas entre su cara y la almohada, como si también hubiera estado durmiendo.

Sacó una de sus manos de debajo de su mejilla y la acercó a mí, quitando el cabello sobre mi hombro, alejando lo de mi cara. Con el dorso de sus dedos suavemente acarició mi mejilla, a lo largo de mi mandíbula y hasta el cuello. Sus ojos siguieron a sus dedos y vi una suave sonrisa jugar en la comisura de sus labios.

"Tan hermosa," le oí susurrar, casi para sí mismo.

Su toque era como electricidad en mi piel y el calor comenzó a zumbar a través de mí cuerpo. No me había sentido así en mucho tiempo.

La mano de Edward se movió por sobre mi hombros y brazo, con los ojos siguiéndola. Fue a mi cintura y se detuvo por un momento, en el borde e inseguro, antes de apoyar vacilante la mano en la curva de allí. Él encajaba a la perfección y sonreí. Sus largos dedos dieron un suave apretón.

Después sus ojos volvieron sobre su camino, recorriéndolo todo, subiendo por mi cuerpo, por mi pecho y hombros hasta mi garganta y luego se detuvo en mis labios. Sus ojos se quedaron allí.

Los propios labios de Edward se abrieron, solo un poco, y la punta de su lengua dio un lento barrido, tal vez inconscientemente, sobre su labio inferior. Después, sus ojos volvieron a los míos, y pude ver que pedía mi permiso. Mi corazón estaba solo a uno o dos latidos de explotar y me incliné al mismo tiempo que él.

Su nariz tocó la mía, acariciándola, suavemente empujando a medida que se acercaba, dejándome saber su intención. Podía oler el dulce aroma de su aliento sobre mí mientras mis labios buscaban los suyos.

Y entonces los labios de Edward rozaron los míos.

Solo una vez.

Y fuer suave, y tierno, y…placentero.

Estábamos en casa.

Edward se alejó, con ojos brillantes y sabía que yo tenía una ridícula sonrisa en mi cara. Luego sus ojos se posaron de nuevo en mis labios y se acercó de nuevo.

Pasé los dedos por su cabello mientras sus brazos lentamente me acercaban a él. Y no pude evitar mi gemido cuando sus labios capturaron los míos una vez más.

Y ahora el mundo, todo, se había ido. Y estaba cayendo, indefensa y perdida, en el exquisito toque de los labios de este hombre.

Se entregó en ese beso…todo era anhelo ya mor, esperanza y promesas mientras sus manos me apretaban contra él. Mis labios le respondieron, diciéndole que lo amaba, que siempre lo había amado y que siempre lo amaría.

Y en respuesta su abrazó se apretó y sus labios se volvieron más urgentes. Me envolví en torno a él, el calor cada vez más extendido dentro de mi cuerpo, haciendo que mi piel hormigueara. Me estaba preparando para el momento en que fuera demasiado y que Edward me alejara, pero no lo hizo.

Sus labios siguieron moviéndose y amoldándose con lo mío, y yo tuve que alejarme primero. Por aire.

"Te amo," suspiró.

"También te amo," jadeé y tocó mi frente con la suya y esperamos mientras nuestra respiración se calmaba.

"¿Buenos días?" dije tímidamente después de un rato y Edward sonrió. Con una hermosa y plena sonrisa que era completamente abrumadora.

"Buenos días," susurró y besó mi frente.

Me estiré y vi que sus ojos recorrieron mi cuerpo brevemente. Hubo un tiempo en que habría pensado que me lo estaba imaginado, pero ahora sabía que era diferente. Y así lo reconoció mi cuerpo, el rubor que se desencadenó sobre mi era la prueba.

"¿Qué vamos a hacer hoy?" pregunté.

Edward rodó sobre su espalda y puso las manos detrás de su cabeza.

"No sé. Estoy feliz aquí, pero, ¿no tienes que ir a la escuela?"

"Argh." Tiré los brazos por encima de mi cara. ¿Escuela? ¿De verdad? Me parecía muy insignificante en estos momentos.

Edward rió y quitó con suavidad mis manos.

"Por favor, no arruines la vista," murmuró. "¿Qué quieres hacer hoy?"

"Quedarme aquí contigo."

"Mm, suena bien. ¿Y mañana también?"

"Sip."

"¿Y al día siguiente? ¿Y el día después de eso?"

"Sí y sí."

Se puso de lado de nuevo y entrelazó los dedos con los míos.

"¿Y cuando Charlie lesiva una llamada desde la escuela sobre tu persistente falta de asistencia?"

Entrecerré los ojos.

"¿Te crees muy inteligente, no?"

Negó. "Solía creer que sí. Pero después te conocí."

"Hmph." Alcé las manos y me froté la cara.

Escuela.

Sabía que tenía que volver en algún momento, pero no hoy. Y aún no sabía cuáles eran los plantes de Edward. Sabía que se iba a quedar, ¿pero volvería también a la escuela?

"Todavía no estoy preparada pata la realidad," dije, pero me senté. "¿Charlie se fue?"

"Hace unos quince minutos."

Asentí. "¿Qué hora es?"

"Diez para las ocho."

Me dejé caer de nuevo sobre las almohadas.

"No voy," murmuré y me acurruqué contra él. "Hoy es un día especial."

"Sí, lo es," dijo bajito.

"Y es saludable hacer novillos de vez en cuando. Un vampiro que conocí me dijo eso una vez."

"Ese vampiro obviamente era una mala influencia para ti."

"Mm, completamente."

Rió y pasó un brazo a mí alrededor, abrazándome.

"¿Qué le dirás a Charlie?"

Mm, no me gustaba mentirle a mi padre, y sentía como si estuviera haciendo mucho eso.

"Le diré que estoy cansada por el viaje a Jacksonville y que necesitaba un día para recuperarme. No es completamente una mentira."

Edward asintió, justo cuando mi estómago decidió entrar en el acto.

Se sentó.

"Te haré el desayuno, si quieres tomarte algo de tiempo humano."

Estaba feliz en donde estaba, pero probablemente tenía razón – necesitaba un momento humano. Y tenía hambre.

"Está bien." Hice un puchero y tocó mi labio con un dedo.

"¿Todavía te gustan las pop tarts?"

Asentí. Me besó y se fue.

El ánimo parecía muy diferente esta mañana. Más ligero, más feliz. La pesadez de ayer había decaído. Sin embargo no era estúpida. Sabía que todavía había un montón de cosas que repasar y hablar. Y sabía que nunca olvidaríamos el dolor de los últimos tres meses, pero esperaba que pudiéramos basarnos en el ahora, y hacer que funciones para nosotros de alguna manera. Cogí mi ropa y me fui al baño. En la planta baja podía oír el abrir de una puerta del armario y sonreí. Mi vampiro me estaba preparando el desayuno.

Justo diez minutos más tarde estaba vestida y bajaba las escaleras. Como bajaba el último escalón me distraje con el olor a humo y el sonido del timbre de mi teléfono.

Me desvié rápidamente a la sala de estar donde mi celular seguía en la mesa de café, pero me tranquilicé cuando lo tomé.

Una llamada perdida.

Callum.

Gemí y lo puse sobre la mesa, tendría que esperar. Quería contarle a Edward de Callum antes de contarle a Callum sobre Edward.

Me di la vuelta y corrí hacia la cocina, donde una nube de humo estaba flotando.

"¿Qué pasó?"

"Creo que lo puse muy alto," Edward estaba mirando los restos quemados y ennegrecidos de mi desayuno en el fregadero. Parecía que las pop tarts lo habían ofendido personalmente.

"Oh." Me tapé la boca, tratando de no reírme.

"Eran las ultimas, lo siento," dijo. "Podría hervir un huevo, creo que puedo manejar eso."

Ahora me reía más fuerte y lo empujé a un lado con mi cadera. Captó la idea y se hizo a un lado.

"Yo lo haré," dije. "Tú siéntate."

Pero no se sentó. Primero se apoyó en el mostrador mientras rompía y batía unos huevos en un bol. Porque hoy tenía hambre, mucha hambre, y yo quería un omelet con queso. Después se levantó pata sentarse en el mostrador junto a mí.

"¿Era muy importante? ¿La llamada?" Preguntó.

"Um, era Callum. Es un amigo de la escuela," dije. "Te contaré de él más tarde." Después de comer.

Vertí la mezcla en el sartén y Edward tomó la espátula del bastidor de utensilios.

"Déjame," dijo. Deslizó la espátula bajo la tortilla sin problemas y luego la arrojó en un movimiento muy rápido que no vi que sucediera. Vi el omelet, sin embargo. Fue hacia el techo, dio tres vueltas, antes de caer, perfectamente centrada, en el sartén.

"¿Dónde aprendiste eso?"

"Viéndote a ti."

Sonrió, con ojos brillantes.

"¿Observándome? Yo no puedo hacer…eso." Giré un dedo en el aire y luego señalé el sartén donde mi desayuno, se cocinaba por el otro lado.

Y traté de pensar en cuando le había enseñado a cocinar un omelet.

"No recuerdo…,"

"Pasado agosto. Íbamos a ir al prado y te obligué a comer un gran desayuno antes de que camináramos por el bosque."

"Oh, cierto," sonreí. Recordaba la caminata, el prado y el antecesor argumento de que comiera suficiente. No recordaba especialmente la tortilla.

"Pero no la había volteado así."

"No. Pero el principio básico estaba allí. Solo construí sobre eso."

"Solo estas presumiendo, querrás decir."

Se encogió de hombros y me dio una sonrisa de disculpa.

"Estoy tratando de compensar la debacle de las pop tarts."

"¿Impresionándome con acrobacias aéreas de omelet?"

Asintió, sonriendo, y el cabello le cayó sobre los ojos.

"¿Funcionó?"

Negué y reí mientras el alejaba los mechones.

"¿Así que, de verme hacer una tortilla hace seis meses has aprendido a hacer un ridículamente perfecto salto triple de omelet, pero aun así quemas una pop tart?"

Se encogió de hombros. "Tampoco yo lo entiendo," dijo.

Di un paso hacia él y envolví los brazos alrededor de su cintura, apoyando la cabeza contra él.

"Sí, estoy impresionada," susurré.

Sentí sus labios presionar mi cabello.

"Se está quemando," susurró de vuelta.

"¡Oh!"

Estaba. Tomé la espátula y llevé la humeante tortilla al plato mientras pasaba por alto la petulante sonrisa que en verdad podía sentir viniendo desde el vampiro a mi lado.

Siguió sonriendo mientras me veía comer, balanceándose en su silla, como siempre.

Me preguntaba que estaba pensando. Si no hiciera frio y no fuera invierno y no estuviera nevando quizás podríamos haber ido de excursión al prado y conversar. Me había comido la tortilla después de todo.

"¿Estás segura de faltar a la escuela hoy?" Edward pregunté mientras lavaba.

"Sip."

Él secó y cuando terminamos, me siguió hasta la sala, sosteniendo mi mano al caminar.

"Pensé que solo podríamos pasar el rato y hablar hoy aquí," dije. "Todavía hay muchas cosas que tengo que decirte."

Edward sonrió. "Podemos hacer eso," dijo. "¿Te gustaría que hiciera fuego?"

La casa aun mantenía algo de calor residual de la noche anterior, pero se desvanecía rápidamente. Asentí y Edward desapareció, volviendo solo un segundo más tarde con una brazada de leña.

Se arrodilló y comenzó a armarlo. Me gustaba ver sus dedos moverse cuando trabajaba, posicionando la madera y la leña, con dedos seguros poniendo las cosas en su lugar sin problemas. Tuve arrastrarme para ir a buscar los fósforos a la cocina.

Solo tomó unos momentos que se formara el fuego. Nos sentamos en la alfombra, con la espalda contra el sofá. El brazo de Edward estaba a mí alrededor, mi cabeza estaba en su hombro.

Sus pies estaban desnudos, me puse unos calcetines gruesos y frotó sus pies sobre los míos.

"Hablé con mi familia anoche," dijo de pronto y mi alcé la cabeza. Edward alejó su cabeza rápidamente, salvándome de un desagradable golpe en la barbilla.

"¿Qué les dijiste?"

Sus ojos se suavizaron, fundiéndose con los míos mientras pasaba el dorso se sus dedos sobre mi pómulo.

"Le dije que por algún milagro que no merezco, tú habías estado de acuerdo en quererme de regreso."

Cerré los ojos y sacudí la cabeza, pasando mis brazos alrededor de él.

"¿Qué dijeron?"

"Hubo mucho entusiasmo," dijo con humor y sonreí.

"¿Los veremos pronto?"

No asumí que los dejarían todo y volverían a Forks. Tal vez podríamos ir a Ithaca.

"¿Pronto? Mm, ¿mañana en la noche es muy pronto?"

"¿Qué? ¿Mañana? ¿Dónde? ¿Aquí?"

Edward asintió, sonriendo.

"¿Van a volver?"

Asentí de nuevo, y su sonrisa se amplió.

"¿De visit…?" No quería asumir que dejarían todo y volvieran ahora.

"Para quedarse."

"¡Oh!" Mi mano voló hacia mi boca. Ellos iban a regresar.

"Pero, todos es tan en Ithaca."

Edward negó y acarició mi mejilla de nuevo. "Como Carlisle dijo, será mejor tener a toda la familia junta de nuevo."

Me sonrojé por su significado y sentí mis ojos aguarse.

"Ellos te han extrañado," dijo bajito.

"Los he extrañado, también."

"Lo sé. Lo siento."

La tristeza comenzó a avanzar hacia sus ojos y sacudí la cabeza.

"Entonces, ¿cómo lo van a hacer?" Pregunté. "¿Ellos solo van a…volver?"

"Más o menos," Edward sonrió. "Cuando Carlisle abandonó el hospital, le dijeron que siempre habría un puesto para él, si las cosas no funcionaban en Los Ángeles. Los va a llamar mañana para arreglar eso con ellos."

Solté un bufido. Los Ángeles. Mis resplandecientes vampiros bajo el sol de Los Ángeles.

"Y, creo que me voy a reinscribir en la secundaria de Forks." Dio un exagerado ruedo de ojos y suspiró con exasperación fingida.

"¿En serio?"

"Síp," sonrió. "Alice también."

Alice.

No podía esperar para verla.

"¿Y los demás?" Oficialmente se había graduado de la preparatoria el verano pasado y supuestamente estaban en la universidad.

"Van a estar aquí, pero no oficialmente. Igual que antes."

Wow. Eso era solo…wow.

"¿Y ellos quieren hacer eso?" Parecía demasiado. Me preocupé un momento por Rosalie, pero lo dejé ir. "¿Solo tienen que recoger todo y mudarse así como así? ¿Con un día de antelación?"

"Ellos quieren hacer eso. Mucho. Y tenemos mucha experiencia en solo recoger todo y mudarse." Una sombra parpadeó en sus ojos y sabía que estaba recordando. Apreté los brazos a su alrededor y la sombra desapareció.

"¿Es realmente así de fácil?"

"Puede ser."

Todo eso era…mucho. Tres meses de nada y ahora…todo.

"Así que al parecer nos vamos a graduar juntos," reí y él también.

"Parece que sí." Levantó una ceja. "¿Me ayudarás a ponerme al día? Podría necesitar unas clases especiales."

Pretendí considerarlo.

"Mm, tal vez. Si tengo tiempo. Pero también puedes intentar con la Biblioteca de Forks, actualmente está muy completa."

Observé su reacción.

"¿Oh?" Sonó casual, su expresión no decía nada.

"Sí. Tiene un par de libros nuevos ahora." Me mordí el labio, tratando de contener la risa que quería salir.

Pero Edward se limitó a sonreír.

"Y tienen cuatro copias de Cumbre Borrascosas."

Ahora hubo una reacción. Un leve destello de debilidad pestañó en sus ojos, apretó más la mandíbula.

"Gracias," susurré. "Sé que eras tú."

Alzó las cejas y ahora su rostro se revelaba completamente, pero mayormente con incredulidad.

"¿Cómo lo sabes?"

"El numero de referencia en la caja de entrega eran nuestros años de nacimiento. Y entonces todo el asunto de Heathcliffs lo aseguró para mí."

"Tu copia se estaba cayendo a pedazos y no quería que te quedaras sin una," dijo. "Iba a comparte uno nuevo y enviártelo, pero sabrías que era yo, y entonces habría roto mi sorpresa…,"

"¿Esa de que nunca hubieras existido?"

Asintió y su encantada mirada quedó de nuevo en mis ojos.

"Oh, Edward."

Subí a su regazo y lo rodeé.

"Los libros…cuando me di cuenta, me hizo sentir tan…amada."

"Eres amada," susurró y sus labios atraparon los míos en un beso tan tierno y dulce que podía sentir cuan amada era.

Se separó cuando tuve que espirar y sus manos acariciaron mis hombros y brazos.

"Debo decirte," dije, todavía con poco aliento. "Me contacté con los proveedores de los libros, tratando de localizarte…,"

Arqueó una ceja, ahora divertido.

"¿Te dijeron sobre mis abogados?"

Asentí. "Pero no ayudaron. Estúpida confidencialidad del cliente."

Edward rió y suspiró después.

"Bella, si hubiera sabido que me estabas buscando, mi resolución se hubiera disuelto mucho más rápido."

"¿De verdad?"

"De verdad. Apenas me podía mantener como estaba."

Hundió la nariz en mi cabello, acariciándome, y reí y me retorcí.

"Um, ahora esto…," traté de hablar mientras me acariciaba. "Esto me lleva a…um, las otras cosas que necesito decirte."

Ahora pasaba la nariz por mi cuello, hacia la clavícula, inhalando profundamente.

"¿Mm?"

"Tengo que contarte sobre Callum McLeod, eh, ah…"

Las caricias habían graduado de líneas a pequeños besos sobre mi cuello y garganta. Tal vez debería renunciar y dejar que continuara. Volví la cabeza y arqueé el cuello para hacérselo más fácil.

"Ibas a decirme algo," susurró contra mí y se apartó ligeramente. Todavía podía sentir su aliento en mi piel.

"En serio estás recuperando el tiempo perdido, ¿no?" Reí y él sonrió de vuelta, asintiendo. Pero después su sonrisa decayó y se veía preocupado.

"Lo siento, no debí asumir…,"

Rodé los ojos. "Edward, si vas a pedirme disculpas por besarme yo…yo…bueno, no sé que voy a hacer, pero no será bonito."

La sonrisa estaba de vuelta. "Está bien," dijo, y se inclinó para volver a atacar a mi cuello. Me eché a reír.

"Pero realmente quiero decirte esto…y no puedo concentrarme con tus labios en mi, así."

Inmediatamente se detuvo.

"Escucho," dijo y me dio toda su atención, apoyando su barbilla en mi hombro.

"Está bien. Um, Callum McLeod. Él estaba en el teléfono antes. Y llamó anoche, también."

Edward estaba asintiendo, sentía su barbilla balancearse en mi hombro.

"Él tiene un papel en todo esto. No en los libros de la biblioteca, él no sabe nada de eso, sino que en lo de buscarte, él está involucrado en eso." Mi voz estaba más suave, noté.

Edward levantó el rostro, inclinó la cabeza y frunció el ceño.

"¿Callum McLeod?"

Asentí y comencé a morderme el labio.

"¿Es el chico que imprimó con Leah?"

Eso me atrajo.

"Jake dijo que no lo conociste."

"No lo hice. Cuando estaba en La Push vendando a Seth, lo vi en los pensamientos de Leah. Y en los pensamientos de algunos otros. No estaba realmente concentrado, sin embargo. Tenía otras cosas en mente."

Podía imaginar.

"Sí, bueno, ese es Callum. Ha sido un buen amigo en las últimas semanas y…,"

La atención de Edward de pronto se dirigió a la ventana. Hizo un fuerte y rápido movimiento de vampiro que sin duda perturbaría a cualquier otro humano.

"¿Qué es?"

Y entonces lo oí. El familiar dak-dak-dak del escarabajo VW. Un escarabajo VW naranjo, sin duda.

Callum.

Cerré los ojos y mi corazón se aceleró. No ahora. No todavía. Debí haber respondido su llamada, debí haber pensado que se aparecería por aquí si no lo hacía.

Abrí los ojos y pude ver la confusión y la sorpresa en el rostro de Edward. ¿Qué tan lejos podía leer mentes? ¡Oh, mierda!

Me salí de su regazo y corrí hacia la puerta, abriéndola justo cuando Callum estaba a punto de tocar. Su mano aun estaba en el aire y hablé realmente rápido.

"Hola, Callum. Estoy bien, pero ahora no es un buen momento."

Dejó caer la mano y frunció el ceño. "La última vez que dijiste eso había un hombre lobo en tu cocina y un vampiro asechando tu casa."

Hice una mueca. "Sí. Ya lo sé, pero esto es diferente, um…," El vampiro está dentro de la casa esta vez.

"Hace frío, ¿puedo entrar?"

"Er…,"

"Gracias." No esperó mi respuesta para entrar y se paró cerca del perchero.

Suspiré y cerré la puerta, tratando de ver más allá de la sala de estar.

"Solo quería saber si estabas bien. No has respondido mis llamadas y había estado preocupado de que fueras a volar a Yellowknife. ¿Sabías que Edward en realidad no voló? Revisé y su estatus había cambiado a cancelación."

"Sí, escucha, yo…,"

"No puedo ver ningún nuevo vuelo reservado para él, así que…,"

"Estoy aquí." Edward estaba de pie en la entrada de la sala de estar.

La cabeza de Callum giró, sus ojos se abrieron de golpe y su boca se abrió. Lo vi temblar mientras daba un instintivo paso hacia atrás y tropezaba contra el perchero.

"Mierda," murmuró y casi podía ver como se erizaban todos los pelos de su cuerpo. Este era el primer vampiro que conocía, pero a diferencia de los humanos, Callum sabía lo que estaba viendo.

"Callum, él es Edward Cullen." Oí la tensión en mi voz. No había querido que las cosas fueran así.

"Edward, este es Callum McLeod."

Edward parecía relajado lo suficiente, incluso curioso. Callum estaba perplejo.

"Um…," Callum se aclaró la garganta. "Hola, Edward. He oído mucho de ti."

"Hola," Edward fuer educado y sonrió, pero podía ver que tenia la máscara en su lugar ahora, su rostro no decía nada. Pero justo cuando pensaba eso, su expresión cambió. Su cara se veía drenada de alguna manera, abrió los labios y lo oí jadear. Cerré los ojos lentamente mientras gemía. Había detalles sobre Edwards que no le había dado a Callum.

"Callum, él puede leer tu mente."

Callum palideció.

"Oh…no…,"

"Y no he tenido la oportunidad de decirle nada."

"¡Oh…!"

Pero si el cerebro de Callum trabajaba como su boca, entonces Edward estaba muy bien enterado de todo ahora. Todo.

El hacheo, las compañías telefónicas, el registro de su antiguo teléfono, la tarjeta de crédito, el historial de viajes, Chicago, Nuevo México, Brasil, la sala den aeropuerto…todas cosas que le iba a explicar yo misma.

Ahora la cara de Callum parecía drenada.

"Bella no me dijo lo que eres," le dijo a Edward rápidamente. "Nunca dijo la palabra…fue una foto."

Ahora la mandíbula de Edward cayó. Sus ojos casi parecían asustados y me sorprendí cuando gruñó. Callum comenzó a temblar y se apoyó contra la pared y me pregunté que había visto Edward para que hiciera eso…

…Oh, Seños…el Vampiro Vigilante.

Me pasé las manos por el cabello. Edward estaba rígido, como una estatua, mirando a Callum. Callum le devolvió la mirada, del conejo a los faroles de Edward.

De pronto, Edward se volteó y bajó la mirada al suelo. Tenía los puños apretados a sus costados.

"Um, lo siento. Es mejor que me vaya." Callum comenzó a retroceder hacia la puerta.

"Espera," Edward dijo de repente y Callum quedó inmóvil. Lentamente, con cuidado, Edward se volteó. Ahora su rostro era suave, impulsivo, pero la tensión en su mandíbula y cuello hablaban del esfuerzo realizado. Edward extendió su mano cautelosamente, dejando que Callum entendiera su intención, dándole claramente una opción.

Callum estaba sorprendido…y yo también.

"Has sido un buen amigo para Bella, puedo ver eso," Las palabras de Edward salieron tensas pero sinceras. "Gracias. Y me disculpo por mi comportamiento de hace un momento, eso no tiene excusa. No va a suceder de nuevo."

Callum solo se le quedó mirando. Por un momento creí que no se iba a mover, pero luego, tentativamente, dio un paso adelante y estrechó la mano de Edward.

"Wow, frío." Callum sonrió con torpeza.

Edward dio un pequeño encogimiento de hombros, medio disculpándose.

"Sí, um, no hay problema con el gruñido. Y Bella es genial, estaba encantado de ayudar. Me alegro de que estén junto de nuevo, um…sí."

Edward asintió mientras dejaban caer las manos.

"Um, ¿estás bien, entonces?" Callum se volvió hacia mí. La atmosfera había cambiado. Las cosas seguían tensas, pero el aura de pánico apenas controlado, desde los dos, se había ido.

"Nunca mejor," sonreí y pasé los brazos alrededor de la cintura de Edward. Me acercó a él, poniendo un brazo sobre mis hombros.

"Ella te contará todo más tarde," Edward sonrió irónicamente y Callum hizo una mueca.

"Te encargarás de eso, ¿no? Está bien, debo recordar borrar todos los pensamientos." Apretó los dedos en su frente. "Bueno, entonces los dejo. Er, ¿supongo que no vas a la escuela hoy, Bella?"

"Hoy no, no."

"Está bien. Um, bueno, ¿los veré después?" Se volvió a Edward. "Adiós, Edward. Lo siento por el, tú sabes…," se golpeó la sien. "Vómito mental."

Edward sonrió. "Está bien."

Callum dijo adiós una vez más y luego se fue. Edward dejó caer el brazo de mi hombro, y la máscara en su cara. Volvió a la sala y tuve la horrible sensación de que estábamos en el punto de partida. Mis ojos comenzaron a arder y nublarse.

"¿Edward?"

Él estaba de pie junto a la chimenea. El cabello le caí sobre los ojos mientras observaba las llamas, con las manos metidas en los bolsillos.

Sabía que necesitaba tiempo para procesar lo que había pasado, así que esperé.

Estaba inusualmente quieto, desconcertadamente silencioso. Noté que su pecho no se movía. Era como si se hubiera paralizado y comencé a preocuparme por lo que exactamente había visto en los pensamientos de Callum.

Me senté en el sofá y observé la estatua frente a mí. ¿A dónde se había ido, qué estaba pensando?

Si tan solo hubiera respondido cuando Callum llamó, podría habernos ahorrado todo esto. Podría haberle facilitado las cosas.

Después de un rato Edward parpadeó, y supe que iba a volver a mí.

Me puse de pie, ansiosa.

"¿Por qué parte estás más enojado?"

Se me quedó mirando por un momento mientras la confusión de apoderaba de sus facciones. Oh no, ni siquiera sabía por dónde comenzar. Succioné aire profundamente y me preparé.

"¿Es la invasión a tu privacidad? ¿El hackeo en tu cuenta bancaria? ¿O, um, la exposición, el material sobre ti en el computador de su padre?"

Oh, era una buena lista y mi voz se redujo a un susurro.

La confusión era aun clara en el rostro de Edward y comencé a pensar. Mi mano voló a mi boca.

"Viste esas cosas, ¿cierto?" Entré en pánico. "Quiero decir estamos hablando de las mismas cosas, ¿no?"

Esto realmente no era como había planeado explicarle.

Una leve sonrisa apareció los labios de Edward.

"Bueno, pareces ser la única que habla, pero son las mismas cosas, sí. Los pensamientos de Callum son claros, vivos y muy, muy detallados."

Gemí. Por supuesto que lo eran. Probablemente fue como ver un DVD con los comentarios del director.

Aquí ahora, Vella está dándome tu nombre humano. Y ahora ella me dice todo sobre tu familia. Y en la siguiente escena estamos discutiendo los detalles de tu tarjeta de crédito…

Edward ladeó la cabeza. "¿Pero por qué iba yo a estar enojado?"

"¿Quiere decir que no lo estás?"

Negó con la cabeza.

"Pero, nosotros…,"

Edward sacudió la cabeza, sonriendo en todo momento, con los ojos brillantes y luminosos mientras daba un paso hacia mí.

"No estoy enojado," dijo. "Te diré lo que entendí, y tú me dices si estoy equivocado." Hizo eco de mis palabras de la noche anterior.

"Me encantó muchísimo que hicieras todo en tu poder para encontrarme, incluso si esto quebrar la ley." Su voz tembló un poco.

"Hackear no s ilegal," susurré, sonriendo un poco. "Crackear lo es."

"Un tecnicismo," susurró de vuelta, y dio un paso más cerca.

"Pero tienes razón," dije. "Lo que dijiste es correcto."

Los ojos de Edward me siguieron, podía sentir la tensión entre nosotros.

"Así que, no, no estoy enojado porque me ames tanto. No estoy enojado porque hiciste todo lo que yo hubiera hecho si la situación hubiera sido al revés y yo te estuviera buscando."

El alivio fue dulce. Sentí mis mejillas extenderse con una sonrisa.

"Y hay otra cosa que entiendo, y otra vez, dime si estoy mal."

Esperé y me pareció por un momento que Edward estaba luchando con sus palabras. Se estaba mordiendo el labio, respiró hondo y continuó hablando.

"Le dijiste dos veces a Callum que lo dejara. Dos veces. Cuando te confrontó por lo que soy, y de nuevo cuando Victoria volvió."

Oh.

Se pasó las manos por la cara y pude ver que obviamente había sido tocado por esto. Después dejó caer las manos y cuando habló quedé sorprendida por la cruda emoción que había en su voz.

"Bella, no sé cómo, pero…me amas tanto que me dejarías ir si eso significa protegerme."

Ahora las lágrimas comenzaban a caer de nuevo y sentí.

"Como lo hiciste por mí," susurré.

Y ahí estaba.

Entendimiento.

"Bella," Edward susurró.

Dio los últimos dos pasos en la sala, me tomó y me llevó a su regazo mientras él se hundía en el sofá. Fue tan repentino, grité y reí al mismo tiempo. Luego puso mi cabeza bajo su barbilla.

"Hay tantas cosas…," murmuró. "Tantas…Bella, anoche cuando dijiste que me estabas buscando, fue como si mi corazón comenzara a latir de nuevo. Podía sentirlo. Saber qué harías eso por mí fue…no lo puedo explicar. Y luego, ver todo en la mente de Callum." Enterró la cara en mi cabello. "No tenía idea. No merezco…,"

"Ssh," lo interrumpí. "Por supuesto que sí."

"Siempre he…siempre he pensado que no era posible que me amaras así. Creí que lo sentías por mí palidecía en la nada en comparación con mis sentimientos por ti." Apartó algunos mechones de cabello de mi cara y hubo un destello de tristeza en sus ojos. "Por eso creí que seguirías adelante."

Rodé los ojos. "Definitivamente no seguí adelante."

"Lo sé."

Se inclinó y sentí sus labios tocar mi frente.

"Pero aun así yo te amo más," susurró y reí.

"No comiences, Cullen."

Nos sentamos en silencio por un tiempo, dejando que toda esta nueva información se asentara. Edward se recostó en el sofá, llevándome con él, así que quedamos casi acostados.

"Todavía me gustarías escuchar tu versión, sin embargo," dijo después de un rato. "¿Me lo dirás?"

"Lo haré." Y aún tenía que contarle sobre Alaska y los Denali, pero no ahora. Mi cuero cabello se erizo ante la idea de Tanya – no quería que esa conversación se inmiscuyera todavía. "Te daré mi versión, pero primero te puedo preguntar… ¿estás bien con los archivos de la computadora y, um, tú sabes?"

"¿El Vampiro Vigilante?"

"Er, sí."

Cerró los ojos y su pecho se movía con una respiración lenta y profunda.

"Verlo así fue una sorpresa," dijo lentamente. "Probablemente tú podrías decirme."

"Mm, solo un poco."

Edward resopló. "¿Un poco? Aterroricé a tu hermano." Negó ante su comportamiento. "Mis instintos se hicieron presentes y de pronto Callum era una amenaza y le gruñí como un, un…,"

"¿Vampiro?"

Soltó una fuerte risa y se pasó la mano por el pelo. "Como un vampiro."

Me encogí de hombros. "Él lo puede soportar."

"Lo sé," Edward suspiró. "Es fuerte."

"Pero, ¿estás bien?"

Asintió. "Pero Callum no es una amenaza. No nos va a exponer, pude verlo claramente, no es ese tipo de persona. Y su relación con Leah probablemente le une al secreto de todos modos. Pero los archivos en la computadora…," hizo una pausa y miró hacia abajo, donde estaban nuestras manos entrelazadas.

"No quería que supieras de esa parte de mí."

"Edward, ya sabía de esa parte de tu vida. Me lo habías dicho."

"Sí, pero te salvé de los detalles. No quiero que sepas en donde y el cuándo y el…el por qué." Sentí sus manos flexionarse al tiempo que sus ojos iban a los míos, con la frente ligeramente arrugada. "Pude ver que me defendiste frente a Callum, pero…Bella, ¿estabas muy sorprendida?"

Tomé sus manos, manteniéndolas con las mías, acariciando sus largos dedos con mi pulgares.

"Mucha gente vivió a causa tuya," dije. "Y puedes voltear un omelet con estas cosas. Tienes una muy buena acción de muñeca."

Parpadeó hacia mí. Dos veces. Y de pronto sus manos habían desaparecido y estaban en mi cabello, sosteniéndome mientras me besaba con fuerza.

"Te amo," murmuró contra mis labios. "Y voy a voltear tortillas cada vez que quieras."

Reí mientras su boca iba hacia mi garganta. Estaba tratando de versarme, pero reía también. Finalmente se dio por vencido y caímos juntos, rodando desde el sofá al suelo, Edward manteniéndome a salvo en la jaula de sus brazos. Nos tumbamos en la alfombra, delante del fuego y Edward puso la cabeza en mi pecho mientras me limpiaba las lágrimas de felicidad de mis mejillas. Me sorprendió que tuviera algunas lágrimas para llorar.

El reloj del gabinete dijo que eran solo las nueve y media. Apenas pasado el desayuno y estaba exhausta.

"¿Sabes lo que quiero hacer hoy?" pregunté.

"¿Qué?"

"Solo quiero hacer algo norma. Nada más de dramas, lágrimas o golpes. Solo quiero hacer algo normal y aburrido. Muy, muy aburrido."

Edward alzó la cabeza, poniendo la barbilla por encima de mi medallón, y me estudió por un segundo. Sus ojos brillaban vivos en alegría y… ¿traviesos?

"Muy bien," dijo y se sentó. Luego se levantó y tomó mi mano. "Vamos entonces," me puso en mis pies. "Vamos a ir a mi casa y quitaremos las fundas de los muebles."

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Hola! Han hablado, se han besado y declarado amor eterno…no son muy tiernos? El próximo cap trae más momentos E/B.

¿Me disculpan la demora? Ya saben, la vida y todo eso. Y también por no revisar completo, por fis. Muchas gracias por su reviews, alerts y favs. ¿Llegaremos a los 100 rws con este cap? Denme amor jejeje. Paciencia para el próximo por favor :)

Nos leemos en el próximo,

*Bonus Track.*

Dos cosas que siempre he querido comentar, bueno tres.

A me molesta un poco utilizar el verbo sorber (de sorber los mocos) pero, ¿qué es lo que uno hace cuando lloras y se te están cayendo? (un comentario asqueroso, lo sé). Se aceptan sugerencias.

También me pregunto si se nota mucho que soy chilena…a veces cuando estoy traduciendo pienso (porque lo hago), ¿se me entenderá, se dirá así en otro país, me entenderán las centroamericanas o las españolas? También los comentarios son bienvenidos ;)

Y por último. Esto sí que es tontera, pero hasta hace poco mis neuronas hicieron una increíble sinapsis…El hibrido salvador de la historia (la saga, of course), Nahuel, es chileno, yeah! Venido desde los mismísimos bosques de araucarias y alerces mapuches...siempre hay un chileno webiando por ahí…o sea, en la ficción, en algún momento del año 2007, Alice y Jasper habían pisado terruño nacional… Y por esto es que exijo que el cast haga promoción en Chile, ya que tooodos se salvan gracias a él, algo que nos toque por lo menos…

Eso, eso es todo amigos.