Capítulo 10:
En esa semana llegaron las cajas con las cosas de Henry. Venía su ropa y sus juguetes, lo que alegró bastante al niño. Fueron muchas las exclamaciones cuando reconocía algunas de sus cosas.
La habitación ya estaba pintada, solo esperaban a que el olor a pintura y disolvente se quitara, para que trajeran los muebles. En las cajas además de la ropa del niño y algunos juguetes, con los que el chiquillo se reencontró emocionado, venían las cosas de Rachel. Castle no sabía qué hacer con ellas. Kate le sugirió que dieran la ropa a algún centro de beneficencia, pero que los objetos personales deberían guardarlos para Henry, ella era su madre y el niño tenía derecho a conservar sus cosas.
Así que eso hicieron, todo lo que pensaron que en algún momento el niño podría querer, volvieron a guardarlo en una caja, que llevaron al trastero del loft. Castle dejó fuera, más álbumes de fotos y escogió dos fotos, una de Rachel sola, y otra en la que estaba con su hijo, y quitando algunas de las que él tenía suyas, las puso allí, con la intención de ponerlas en el cuarto de Henry.
-Es un bonito detalle – le dijo Kate dándole un beso.
-Ella era su madre y solo por eso se merece un lugar en esta casa – le dijo él, con cierta tristeza – hubiera preferido ejercer de padre de fin de semana y vacaciones, pero que ella no hubiese muerto.
-Lo sé, pero si ella siguiese viva quizás nunca hubieses conocido a Henry.
-Gracias por comprenderlo, Kate.
-No tienes que estar todo el rato dándome las gracias, lo hago con gusto, me gusta Henry, mucho.
-Tú también le gustas a él señora Kate.
Cuando Henry vio las fotos de su madre, se puso triste y volvió a preguntar que si ya su madre nunca iba a venir, a lo que tuvieron que contestarle que no, que donde estaba ya no podía volver y él suspiró diciendo que tenía ganas de verla.
Los momentos en los que se acordaba de su madre y de su vida anterior, eran los peores para Castle, pues ahí no había consuelo posible, solo decirle que lo querían mucho y que ya no iba a estar nunca más solito, que era lo que más le preocupaba.
A Kate que siempre le había gustado Castle, en su faceta paternal, estaba asombrada de cómo Rick había aceptado y quería al niño. Él se encargaba de levantarlo, lo ayudaba a bañarse, le leía cuentos antes de dormir, procuraba ser siempre quien lo recogiera de la guardería, le decía con frecuencia lo mucho que lo quería, que era su niño favorito, y que estaba feliz de haberlo conocido, lo que hacía que Henry poco a poco se fuese sintiendo más seguro.
El siguiente fin de semana, tenían planeado volver a Los Hamptons, pero como dieron posibilidad de lluvia, decidieron quedarse en la ciudad. Al final la lluvia se quedó en un simple chaparrón y el domingo amaneció fresco y soleado.
En vista de que sus planes de playa se habían truncado, decidieron pasar el día en Central Park. Fueron los cuatro, pues Martha dijo que no le apetecía para nada un día de campo.
Pasaron una agradable mañana, jugando a la pelota, pues entre los juguetes de Henry aparecieron una gorra, un guante, una pelota y un bate de beisbol. Como Castle era un auténtico desastre, fue Kate la que estuvo jugando más con el niño, mientras Castle les hacía fotos.
Al mediodía les entró hambre y como no habían llevado nada de almuerzo, Kate se ofreció a ir a un carrito cercano y comparar unos perritos calientes y unos refrescos. Castle, Alexis y Henry, se pusieron a jugar con un juego de petanca infantil, que también habían llevado. Estaban de lo más entusiasmados jugando, cuando Castle oyó que lo saludaban, al levantar la vista se encontró con la persona que menos esperaba ver por allí.
-¡Vaya señor Castle, no esperaba encontrarlo por aquí!
-Capitán Gates – saludó a la mujer a la que en principio no reconoció al verla con calzado deportivo, el pelo recogido en una coleta y embutida en unas ceñidas mallas negras y una camiseta de color violeta.
-Este es mi esposo, Alfred Gates – señalando a un hombre de color de la envergadura de Castle, pero sin un solo pelo en su brillante y redonda cabeza.
-Encantado – dijo Castle educado tendiendo la mano – ella es mi hija Alexis.
-Papi te toca – les interrumpió Henry, que se acercó a ellos llevando una de las pelotas del juego en la mano.
-No sabía que también tenía un hijo pequeño, señor Castle – dijo Gates con sorpresa – pensé que solo era padre de esta jovencita.
-Yo tampoco lo sabía señor, la madre de Henry nunca me dijo nada del niño, pero ha fallecido hace poco y lo dejó a mi cargo – dijo serio, pensando que como dijera alguna inconveniencia le iba a soltar cuatro fresca aunque llevase con ella al marido – Henry, esta señora es el capitán Gates – la presentó al niño.
-¿Eres capitán de un barco de piratas? – dijo el niño mirándola con gran admiración – me gustan los piratas – lo que provocó la risa del señor Gates.
-Más o menos jovencito – dijo Gates reprimiendo una sonrisa.
El niño miró al señor Gates y le preguntó con tristeza:
-¿Tú también estás malito señor? – mirando atentamente la cabeza del esposo del capitán.
-No pequeño, estoy perfectamente – contestó el señor Gates sorprendido – ¿Por qué me preguntas eso?
Castle iba a intervenir cuando el niño muy resuelto contesta:
-Mi mami se pone malita y se le caen todos los pelos de la cabeza – dijo Henry triste.
-La madre de Henry falleció de cáncer – se vio en la obligación de explicar Castle.
-Si – dijo el niño – se muere y ya nunca más la veo, pero mi papá me encuentra y ya no estoy solito.
-Pues me alegro mucho de que tu papá te cuide jovencito – dijo el señor Gates – y yo no estoy malito hijo, es que soy calvo – dijo sin poder evitar la sonrisa.
-Le dejo disfrutar de su día en familia señor Castle – se despidió Gates – nos vemos mañana Kate, y que aproveche – dirigiéndose a ésta que volvía con los perritos y al ver quien estaba hablando con ellos, se había escondido detrás de un árbol para que no la vieran.
-Hasta mañana señor – dijo Kate, pensando como a esa mujer no se le escapaba nada – ¿Cómo ha sabido que estaba ahí?, ¿Cómo puede haberme visto? – preguntó Kate.
-Los piratas tienen catalejos como yo para ver muchas cosas – le aclaró Henry.
-Si – dijo Kate – será eso, que tiene un buen catalejo.
-A lo mejor quien tiene un buen catalejo es su esposo – dijo Castle bajito, pero lo suficientemente alto para que Kate lo oyera y no pudiera evitar la sonrisa.
-Mejor hablamos de otra cosa – cambió de tema, pues ni Alexis ni Henry se habían enterado.
Siguieron disfrutando de su jornada en Central Park, hasta que empezó a refrescar y decidieron ir al cine a ver una sesión infantil, terminaron su domingo familiar cenando una pizza en Gino's, aunque Henry prefirió tomar macarrones con queso.
A la mañana siguiente, cuando el despertador sonó a las 6:45, Kate lo apagó de un manotazo y sin pensarlo dos veces y con muy pocas ganas, salió de la cama. Castle murmuró algo ininteligible y se dio la vuelta para seguir durmiendo. Ella se metió al baño para ducharse a ver si se espabilaba algo. La noche anterior, después de llegar a casa y acostar a Henry, ellos que aunque habían estado juntos, se habían echado de menos durante todo el día se dieron un largo baño en el jacuzzi donde estuvieron jugando un rato. Después del baño, se fueron a la cama, donde volvieron a hacer el amor, cuidando de no hacer mucho ruido, para no despertar al niño.
Al final se durmieron abrazados, pero el reloj sonó demasiado pronto para ella, después de solo haber dormido tres o cuatro horas. Estuvo un rato bajo el agua, hasta que al final no tuvo más remedio que salirse.
Cuando pasó al cuarto para vestirse, sonrió, él ya se había levantado, así que desayunaría acompañada. Salió a la cocina, y pensó que lo de desayunar acompañada era un decir, Castle había puesto la cafetera y el tostador, pero él dormitaba con la cabeza encima de la barra de la cocina. Retiró las tostadas que ya estaban listas y se sirvió el café, pero antes se acercó a él y dándole un beso en la frente lo animó para que volviera a la cama.
-¿Do te impodta? – dijo con voz gangosa a causa del sueño.
-No, no me impodta – lo imitó ella con una sonrisa – aprovecha tu que puedes.
Se levantó con un gran esfuerzo y dándole un beso, le dijo:
-No te canses mucho hoy, luego nos vemos – y arrastrando los pies se volvió a la cama.
Cuando llegó a la comisaría la cosa estaba bastante tranquila. Solo estaba allí Gates, que cuando la vio llegar le hizo señas para que entrara a su despacho. Kate sabía que iba a hablarle de lo del día anterior, los había pillado.
-Señor… – empezó a hablar Kate, pero fue interrumpida por el capitán.
-Kate, no quiero que piense que soy una entrometida y quiero inmiscuirme en su vida privada, nada más lejos de mi intención. Lo del señor Castle y usted se veía venir, no sé el tiempo que llevan juntos y realmente no me importa. Lo único que si me importa es la imagen que se de en esta comisaría. Sus vidas son privadas, así que fuera de aquí pueden hacer lo que quieran, pero entre estas cuatro paredes, no quiero arrumacos y mucho menos discusiones de pareja. Eso forma parte de su intimidad, y espero que sepan guardar las apariencias cuando trabajen juntos.
-No tiene por qué preocuparse, ni siquiera lo saben mis compañeros, estamos intentando pasar lo más desapercibidos posible, es usted de las primeras personas que se han enterado.
-No veo problema en que lo sepan sus compañeros, sé lo allegados que son los tres, y ahora se puede ir a trabajar.
No había sido tan malo, pensó. Todavía no habían llegado los chicos y estaba sola. Sonrió para sí misma con satisfacción, se sentía dichosa, no solo porque había pasado una muy buena noche, sino porque realmente se sentía feliz. Su cariño por Henry iba en aumento, el niño era un encanto y se hacía querer. Así que sin darse cuenta, irradiaba felicidad por todos los poros de su cuerpo.
Llegó Ryan, aunque tenía el brazo mucho mejor, aun iba a rehabilitación, pero como era el izquierdo, se había incorporado para dedicarse de momento a labores administrativas. Luego llegó Esposito, que se alegró al ver a su compañero allí de nuevo.
Estuvieron un rato haciendo papeleo, hasta que sonó el teléfono, era un aviso de que un corredor había encontrado una pierna en Central Park, como no era un cuerpo, dijeron que la llevaran al depósito, para que la forense la analizara, pero poco a poco, se empezaron a recibir más avisos de varias personas que corrían, paseaban o montaban en bicicleta por el parque y que habían encontrado o tropezado, con otros miembros amputados de personas. Hasta el momento, se habían encontrado tres piernas, cinco manos, un brazo y dos pies. Por lo visto alguien se había vuelto loco de remate y descuartizado a media ciudad.
Ahora sí que tenían que salir hacia allí.
-¿No vas a llamar a Castle? – preguntó Esposito – se va a enfadar mucho si no lo avisas, que este es de los que le gusta.
-Ya le aviso, nos vemos allí.
-A esto voy yo también – se apuntó Ryan – quien al saber de qué iba la cosa, le entró el morbo y quiso ir a mirar.
Castle le cogió el teléfono y le dijo que acababan de salir de la casa, que en cuanto dejase a Henry en la guardería, se iba hacia el parque.
Kate había estado revisando algunos de los sitios en los que habían aparecido los miembros, que estaban relativamente cercanos entre sí. Llegó hasta donde estaba Lanie. Al final no le había hablado a su amiga del niño, no había tenido ocasión de hacerlo, pues Lanie había estado ausente unos días por asuntos propios, sabía que se enfadaría con ella, pero no se lo iba a contar de cualquier forma.
Lanie, aunque la situación en la que se encontraban, no era la más apropiada, tenía unas enormes ganas de chinchar a su amiga y conociendo más que de sobra, la causa de su felicidad, al ver su radiante semblante, y como estaban allí presentes, solo ellas dos, Esposito y Ryan, exclamó al verla:
-¡Menuda cara de felicidad que traes!, no pega nada con lo desagradable que es todo esto.
-Yo no tengo cara de felicidad – dijo seria – no sé porque dices eso – mirando a sus compañeros – no, no lo sé – intentando disimular.
-Pues yo si lo sé – dijo con aspavientos – Katherine Becket, ¡tú estás teniendo sexo! – dijo con una gran sonrisa, para hacerla sentir incómoda.
-¡Aahhh, inspectora! – era Castle al que nadie había visto aparecer y que hacía exagerados aspavientos tratando de disimular – ¡que calladito se lo tenía!, así que teniendo una aventura y no lo ha compartido con sus amigos. ¿Y cómo es él? ¿Muy guapo, con un enorme atractivo y encantador?
-Quieres dejar de decir tonterías Castle – dijo gritando más de lo que quería pues se había puesto nerviosa – esto es muy serio para ponernos a decir pamplinas, y mi vida privada, es eso, pri-va-da – haciendo hincapié en cada silaba y echando una mirada asesina a Lanie.
Lanie no quería echarse a reír, pues la situación en la que se encontraban recogiendo trozos amputados de personas, no acompañaba mucho, pero la actuación de Castle había sido sublime, mientras que Becket, estaba más que nerviosa.
Lo que más risa le daba, era oír la conversación entre Ryan y Esposito intentando averiguar qué es lo que pasaba allí.
-Oye hermano – le decía Espo a Ryan – ¿no te parece raro que Castle esté tan tranquilo sabiendo que Becket está con otro?
-Pero, ¿es seguro que está con alguien?, mira que con el médico de la moto, tardamos un montón en enterarnos que estaba con él.
-Si Lanie ha dicho que está teniendo sexo, es seguro que no se equivoca, esa mujer es capaz de averiguar hasta de qué color usas los condones, solo con verte la cara.
-No me gustan de colores – murmuró Ryan sin darse cuenta – en eso soy bastante tradicional.
-No hablaba de tus condones, y además a mí no me importa como los uses – dijo poniendo cara de asco al pensar en lo que decía – voy a ver si averiguo algo preguntándole a Castle – ¡Hey Castle! – dijo acercándose a él – ¿tu sabías que Becket tiene un nuevo amiguito?
-No – dijo sin querer dar muchas explicaciones – ella lo ha negado, ¿no?
-Ella siempre lo niega, pero si Lanie dice que está teniendo sexo, es que lo está teniendo.
-¿Y cómo puede saber eso la doctora Parish? – preguntó queriendo disimular y pensando que la puñetera lo sabía de primera mano.
-No sé tío, pero las mujeres son capaces de saber si otra tiene sexo, solo con verles la cara. Creo que tiene que ver algo con la satisfacción.
-¡Vaya! – dijo Castle más para sí mismo, que para Esposito – así que Becket, está satisfecha, Oye Javier, si averiguo algo te lo digo, ¿vale tío? – dijo queriendo dejar la conversación.
-Pero ¿no te molesta?, nosotros pensábamos que entre tú y Becket, ya sabes…
-No, no sé – dijo el escritor.
-Pues que había algo, por lo menos a ti te gusta ella, ¿no?
-Es guapa y yo tengo debilidad por las mujeres guapas y… lo siento el deber me llama, digo Becket, es Becket quien me llama – y se alejó de allí hacia donde estaba ella mirándolo con una cara de mil demonios.
-¿Qué te decía Javier?, ¡ah, míralos no paran de mirarnos! – se quejó ella.
-Me preguntaba si no estoy celoso porque estas con alguien.
-Pero, ¿Quién les ha dicho que estoy saliendo con alguien?, si no he abierto la boca – dijo molesta.
-Pues por lo visto no hace falta que abras la boca, ya lo dices todo con tu cara de satisfecha, ¿es verdad que estás satisfecha? – le cambió de tema a lo que realmente le interesaba.
-¡Ah, maldita Lanie!, me prometió que no diría nada, ya hablaré con ella, y tú, disimula.
-Pero si yo disimulo, eres tú la que no lo haces – dijo enfadado.
Sus tres amigos no perdían detalle de la conversación, y poco a poco iban acercándose a ver que podían pillar, llegando a punto para oír como ella le preguntaba por Henry.
-¿Quién es Henry? – preguntó enseguida Lanie, ya que ese nombre no le sonaba.
-Pues quien va a ser – dijo Castle aprovechando la oportunidad que se le presentaba – su nuevo novio, ¡Eh chicos!, ¿No queríais saber quién satisfacía a Becket?, pues ya sabéis su nombre – dijo muy ufano, pensando que se los iba a quitar de encima por un tiempo.
Kate quería matarlo allí mismo, menos mal que no había nadie más por allí cerca, ya que el resto de equipos estaban alrededor de las diferentes zonas acordonadas.
-NUNCA JAMÁS QUIERO VOLVER A OÍROS HABLAR DE MI VIDA PRIVADA COMO SI YO NOS ESTUVIERA PRESENTE – dijo hablando fuerte, pero evitando que lo oyeran los demás – y sí, estoy con alguien maravilloso que me tiene muy contenta y por eso tengo esta cara de alegría por las mañanas – dijo ya cansada sin poderlo evitar.
-Pero jefa… – iba a decir Ryan pues él no había dicho nada, y cuando se dio cuenta de lo que ella había dicho – entonces, ¿es verdad?
-¡Cállate! – le dijo Becket – es que no te has enterado de lo que acabo de decir, no se habla de mi vida privada, y tú, ¿de qué te ríes? – dijo dándole un fuerte golpe a Castle en el brazo, al que se le había puesto una sonrisa tonta en la cara después de oírla decir que era alguien maravilloso y que la tenía muy contenta.
-¡Ah!, pero ¿yo que he hecho? – dijo frotándose el brazo pues le había dolido.
-¡Que te calles! – dijo muy enfadada, señalándolo con el dedo – ¡andando, nos vamos a la comisaría y ya la doctora Parish nos avisa cuando decida ponerse a trabajar y averigüe algo!
Cada uno se dirigió a su coche. Castle como siempre, en el de Becket, que iba echando chispas por los ojos.
-¡Maldita Lanie!, no se puede confiar en ella, me prometió que no diría nada y a la primera oportunidad me pone en evidencia – dijo más que enfadada – ¿y tú?, tampoco has sido de mucha ayuda.
-Lo siento, pero es lo primero que se me ocurrió – dijo disculpándose – si no lo estuviéramos ocultando no pasarían estas cosas.
-Lo sé – dijo ella – pero aun no me siento preparada para hacerlo público, lo siento.
-¿Quieres que hagamos rabiar un poco a Lanie? – preguntó con una enorme sonrisa.
-A ver, ¿Qué se te ha ocurrido?
-Todavía no lo tengo muy claro, pero no vayas sola al depósito, espera a que yo pueda ir contigo, ya se me ocurrirá algo, tu solo tienes que dejarte llevar y seguirme el rollo.
-Vale – dijo con una sonrisa – Lanie se merece un escarmiento, y al final no me dijiste que tal se quedó Henry.
-Bueno, no le hizo mucha gracia que lo dejara allí. Tuve que prometerle varias veces que iría a buscarlo por la tarde y que no iba a dejarlo solo. No se quedó muy convencido, pero ya sabes que es bastante dócil, así que me miró con resignación y cuando me despedí de él, solo me dijo: "Pero luego vienes por mi"
-Pobrecillo, le va a costar acostumbrarse a quedarse solo en los sitios y confiar en que no lo dejen abandonado.
CONTINUARÁ…
