Disclaimer: El universo de Crepúsculo no me pertenece, ya que es propiedad de Sthepanie Meyer. La trama es mía al igual que algunos personajes creados por mi. Y el fic es sin ánimo de lucro, sólo para entretener a los lectores.
Cap.10 ROSE
Iba caminando por la calle solitaria, a esas horas de la noche, justo en el momento en que entra el invierno y deja atrás el otoño.
Un día más. No sabia bien porqué pero tenia que caminar por aquí, entre las calles de Nueva York, siempre llenas de gente pero hoy no. Por extraño que parezca, las calles estaban desiertas.
Una que otra persona caminaba furtivamente escapando del helado aire prenavideño. Con las compras en sus brazos y casi corriendo para encontrar refugio en sus casas.
Era 22 de diciembre, y me encontraba solo, sin mi familia, tenia varios meses que me había separado de los Cullen, pidiendo un tiempo para poner mis pensamientos en orden, Alice se había ido con Esme y Rosalie. Y por lo tanto estaba libre como el mismo viento.
Me fui de casa, porque nuevamente estuve a punto de cometer otro error, como cuando la fiesta de Bella, sólo de acordarme, me hacia estremecer de pánico.
Carlisle había llevado a una persona muy estimada por él. Una neurocirujano reconocida a nivel mundial, la Doctora Cope, y al estar brindando, accidentalmente choqué con más fuerza su copa y ambas copas se rompieron, al momento el olor dulce de su sangre inundó mis fosas nasales haciéndome prepararme para atacar. Todo se borró de mi mente, solo el ansia de sangre me controló.
Afortunadamente Edward había venido a vernos y pudo junto con Emmett, hacer parecer, que estábamos jugando.
Cuando volví a mi, una vergüenza infinita me invadió. No era lo suficientemente bueno para seguir con ellos. A pesar de los ruegos de Carlisle y Edward, preferí irme lejos, tenia que poner en orden mis pensamientos y mis actos.
Fue cuando a lo lejos la escuché. Una suplica, un llanto, dolor y un delicioso olor me llamaba imperiosamente… sangre.
Intenté controlarme, pero mi instinto pudo más. En menos de un segundo estaba corriendo a velocidad vampírica. Y en menos de cinco segundos estaba frente a una escena que me dejó helado de furia.
Siete tipos, todos ellos muy corpulentos y violentos, tenían jugando entre ellos a una preciosa joven, de su labio inferior sobresalía un hilillo de sangre… su sangre.
Ellos no me habían visto, y seguían jugando con ella, en el piso estaba su bolso, su abrigo, y su suéter, la habían dejado en puro vestido, con este frío glacial.
Una rabia dio paso a mi hambre. ¿Cómo podían atreverse a lastimar a una jovencita? Eran unas bestias repulsivas que… Me detuve en seco al recordar que lo mismo había hecho yo con Bella… y con mucha otra gente. Me sentí asqueroso, inmundo, con ganas de desaparecer del mundo, deque me quemaran hasta hacerme cenizas y que no volviera a la vida por ninguna forma posible.
Mi auto asco fue hecho a un lado cuando vi, que entre la penumbra y los gritos de la joven, el más corpulento de ellos, comenzaba a quitarse el cinturón.
—Yo voy primero, y después hagan lo que quieran con ella, recuerden que al final, la hermosura se dará un baño en el agua, jajaja—comprendí que la iban a matar después de haberla violado. Y mi instinto asesino se disparó.
Querían muerte, la tendrían. Para ese momento ya habían rasgado su vestido dejándola expuesta sólo en ropa interior, ella quedó de frente a mi, yo estaba en la oscuridad, sin embargo me miró con angustia y dolor. Sus labios musitaron :
—¡Ayúdame por favor!—un humano normal no la hubiera escuchado, pero yo si.
Ellos pagarían por esto.
—¡Suéltala!—le dije al grandulón que la tenia sujeta, salí de la oscuridad y ellos me miraron primero con temor y luego rompieron a reír al ver que estaba solo. Sonreí con ellos.
—¿Tú me das ordenes enano? ¿Y si no la suelto qué? ¿Vas a llorar como una niñita?—todos soltaron risas macabras. Sacaron sus pistolas, navajas y bates de béisbol, eran siete tipejos. Esto seria divertido.
—¡Te quebraré todos los huesos antes de matarte bestia infeliz! Y te regresaré a donde perteneces… el infierno. A ti… y a todos los demás.—Una amplia sonrisa se estampó en mi rostro, mientras la chica, era aventada a un lado golpeándose con un cubo de basura y quedando inconsciente. Eso era bueno. Ella no vería lo que se avecinaba. Todos estaban en silencio sin creer lo que yo había dicho y mucho menos al ver que no llevaba armas de ningún tipo… que ellos conocieran.
Tomé al jefe de ellos con mi mano, de su cuello, tenia tantos deseos de apretárselo, era tan fácil. Pero había dicho algo, y siempre cumplo lo que prometo. Por más que hacia intentos por zafarse mi agarre no podia, los demás comenzaron a reir porque pensaron que él estaba jugando conmigo. Ya verian.
Un espantoso crujido para ellos, les indicó que le había rotó el brazo, como si hubiera partido una galleta, un aullido de dolor hizo que todos guardaran silencio. Mirandose unos a otros, el que tenia la pistola me apuntó y disparó, pero no pasó nada, quebré el otro brazo y volvió a gritar pidiendo piedad.
Con mi pie, me encargué de sus piernas, para esos momentos, el muy infeliz lloraba como un niño, el que llevaba navaja intentó hundirla en mi espalda y grande fue su sorpresa cuando rebotó en mi, sin poder hacerme nada.
Solté a la bestia y me di vuelta contra ellos, todos corrieron despavoridos, y a cada uno lo cacé como lo que eran: unas bestias.
Junté sus cadáveres y luego maté al jefe, quien para ese momento ya no podía gritar. Los apilé y los dejé en un contenedor de basura. A donde pertenecían, y luego mi vista se clavó donde estaba la chica. Quien me veía con ojos expectantes.
—Gra… gracias—musitó apenas y volvió a desmayarse. Me apresuré y conseguí una manta para envolverla, había estado a la intemperie y necesitaba llevarla a su casa, tomé su bolso. Y revisé, era un lugar muy céntrico, preferí llevarla a mi casa, a las afueras de Nueva York, ahí podría atenderla y pasar desapercibido.
Corrí con ella en brazos y en menos de dos minutos estaba en mi casa.
Entré como bólido y la acerqué a la chimenea de mi recamara, mientras corría a subir la temperatura, en esos momentos agradecí que estuviera instalado. Luego busqué ropa cómoda para ella, era increíble que en estos días, tan cerca de la navidad, hubiera tipos como ellos. Sonreí con satisfacción cuando pensé que la sociedad se había librado de ellos.
Y me acordé de Edward. Entonces supe el enorme sacrificio que había hecho cuando lo de Bella, y me apené más. Sin embargo me sentí orgulloso de mi mismo, cuando no maté a la chica, podía hacerlo. Había encontrado mi fuerza de voluntad. Jamás lastimaría a esta hermosa chica. Eso hizo que corriera de nuevo junto a ella, estaba completamente envuelta como en un capullo de mantas, y su color volvía. Salí de compras para poder preparar alimentos para humanos, debía entrar en calor.
Me dirigí a la cocina a preparar bebidas calientes. Chocolate y té, además de unos vinos y preparé unos bocadillos, mientras metía carne al horno, esperando que todo saliera bien. Guiándome por las recetas de internet.
Subí la bandeja con todo y me acerqué a ella. Dormía profundamente mientras sus manos cerradas en puños sobre las mantas me hicieron comprender que dormía con miedo, lo más seguro es que tuviera pesadillas, y luego… Lo confirmé, sentí su miedo, su angustia y me desesperé. Terminé por moverla suavemente mientras ella abrió los ojos, dejándome ver unos hermosos ojos castaños y unas espesas pestañas, pensé que gritaría ó se apartaría de mi, pero lo que hizo no me lo esperaba.
—¡Gracias! ¡Muchas gracias! ¿Cómo poder pagarte lo que has hecho?—la miré asombrado.
—Ví lo que hiciste, sé lo que eres. Eres un vampiro.—me sentí como si mil agujas heladas me traspasaran en ese momento. Ella sabia… y me agradecía, no entendía su lógica.
Ella sonrió.
—Soy Rose—sacó una mano entre las mantas y la manga le colgaba un tanto, sin querer comencé a reír, se veía tan divertida enfundada en mi pijama. Ella también rió conmigo.
—Jasper Withlock para servirle señorita…—tomé su mano una vez que dejamos de reír y le besé con delicadeza. Su aroma era inquietante. Traté de distraerme de su aroma .
—¿Un poco de té o tal vez chocolate?—ella asintió al chocolate y le serví en una taza, que bebió poco a poco. Su labio inferior lucia algo inflamado y la abertura hacia que aún sangrara, a manera ínfima pero para alguien como yo no pasaba desapercibido. Y eso me estaba volviendo loco.
—¿Gustas comer algo?—Había traído muchas cosas, jamones, pastas, y otros bocadillos, ella asintió y comenzó a comer. Me levanté para irme porque dudaba que la cosa acabara bien.
—¡Por favor no te vayas!—me gritó cuando iba hacia la puerta, regresé de nuevo a pesar de querer salir de ahí. Pronto ella terminó de comer y me agradeció.
—Si gustas puedo llevarte a tu casa…—era lo más seguro para ella. Pero su repentino pánico me indico que no.
—No por favor… a mi casa no…—le miré preocupado.
—Tu familia debe estar preocupada por ti…—pero ella con tristeza musitó:
—Mi familia no está aquí, fueron a visitar a mi abuela a Phoenix, estoy sola porque aún tengo clases y trabajo también, por eso… por eso…
Entendí lo que quería decir, por eso se había topado con esos malditos.
—¿Regresabas del trabajo?—murmuré, ella asintió.— Y te los encontraste.
—No. Ellos ya me habían amenazado desde hace unas semanas pero jamás pensé que fuera verdad. Eran vecinos, y aunque siempre se recibían quejas en el departamento de policía, no hacían nada porque el jefe era primo de un policía.—me enfureció saber que la condescendencia de la misma policía era generadora de más crímenes en vez de evitarlos, aunque una sonrisa leve se me formó cuando pensé en lo que diría el primo cuando encontrara lo que quedó de su bestial familiar.
—Gracias de nuevo…—dijo con suavidad mientras sus ojos se posaban en mi, buscando disimuladamente algún daño que no hubiera visto.
—Estoy bien…—murmuré haciendo que ella se sonrojara y con eso aumento mi ansiedad, necesitaba salir, debía salir de ahí mismo ó cometería una barbaridad.
Antes de que ella se diera cuenta, estaba yo afuera en el techo, inspirando apresuradamente como si en eso se me fuera la vida. Irónico, pero cierto, aspiré con fuerza y desesperación el aire helado que penetró en mis pulmones .
—Dios, su olor es tan… intoxicante…—fue entonces cuando la escuché. Estaba llorando.
—¡Maldición!—En un segundo ya estaba en la recamara, y ella estaba en el rincón del lado izquierdo, aterrorizada. Despacio me acerqué a ella, pero ella de nuevo reaccionó de manera inesperada.
—¡Por favor… por favor…!—murmuraba aterrada, mientras a mi me corroía la culpa, ¿cómo la dejaba sola después del shock que recibió? Era un verdadero imbécil.
—Lo siento, de verdad lo siento…—comencé a acariciar su pelo, y ella comenzó a calmarse, no tuve nada que ver, porque la verdad fue que ella la que me calmó a mi, su sedoso cabello en mi mano, la temperatura había subido mucho yo sentía que estaba en un horno.
Nuevamente me encontraba lleno de su esencia y estaba embotando mis sentidos. No sabia que tan fuerte sería. Tenia que serlo. Mi mano seguía acariciando su pelo, cuando sentí la tibieza de su piel, mi mano estaba en su espalda y su calor me quemaba.
—No… esto no… debe ser…—cerré mis ojos en un vano intento por evitar lo que seguiría, suplicaba por que ella gritara, porque ella me dijera que no. Que me detuviera, que quería estar sola. La obedecería al instante, pero ¡Rayos! No dijo nada. Y los segundos pasaban.
Fue cuando escuché como entre brumas su voz:
—Por favor…—regresé a mi presente de golpe, con fuerza demoledora, sólo para encontrarme con su boca a centímetros de la mía, deliciosamente incitadora, su rostro dulce y sonrosado en una mueca de claro placer.
Fue cuando me dí cuenta de lo que estaba haciendo.
Mi mano estaba en su intimidad, acariciándola, explorándola y ella, disfrutaba de eso.
—No te detengas… sigue…—
—¿Estas… segura? ¿Es lo que quieres…?—le dije con voz estrangulada por la sorpresa.
Ella dijo si y entonces ya no fui yo.
A lo lejos escuché como se rasgaba la tela, de lo que fui consciente pocos segundos después, fue que ella se aferraba a mi y su boca buscaba la mía. Nos unimos en un beso intenso, delirante y algo salvaje.
Su olor me enloqueció literalmente, su deseo y su miedo combinados me dieron un afrodisíaco increíble. Mis manos sujetaron con firmeza su cintura y la llevé a la cama, ella gimió suavemente y espoleó mi deseo.
Besé con vehemencia cada parte de su piel, su sedosa piel, saboreé sus labios con aquel sabor enloquecedor, que era su sangre. Si, al principio me asustó, porque cuando la besé con fuerza, su herida se abrió de nuevo, dejándome saborear su sangre, fue lo más delicioso que he probado. Y en ese momento, la besé con más ahínco, casi queriendo sorber cada gota del precioso liquido, me di cuenta, que era más importante ella que la sangre.
Eso no fue impedimento para que "saboreara sus labios" cada que podía. Mientras ella gemía y suspiraba mi nombre. Era realmente enloquecedor.
Mis manos fueron a sus pechos acunándolos en mis palmas, masajeándolos con lentitud, paladeándolos con mi lengua, era increíble ver como ella respondía a mis estímulos. Y para mi, era mucho mas gratificante, debo decir que incluso doloroso para mi entrepierna.
Mi mano de nuevo recorrió su geografía y llegó al suave valle de su intimidad, decidido a hacerla disfrutar, mi rostro bajó entre besos y lamidas, hasta el lugar que sería mi perdición.
Ella jadeo fuertemente cuando mi fría lengua entró en ella. Era una sensación única, su calor, su sabor, su placer.
Nada me había preparado para esta descarga de placer que sentí. Hacerlo con una humana era… increíble, todo en ella era fuego puro, su olor, sus besos, su sabor… era la tentación andante. Y era un pecado que gustoso cometía.
Ella se aferró a las sabanas, haciendo un puño con ellas y gimiendo mi nombre lo que resultó estimulante. Y luego la descarga de placer…
Pero no era suficiente, necesitaba sentirla, por lo que me posicioné sobre ella con cuidado y entré despacio en ella, temiendo hacerle daño. Sin embargo ella pidió más.
Cuando empecé a moverme acompasadamente me sentí enloquecer, era lo más delicioso y deseaba que esta noche no acabara nunca.
La sensación tan magnifica y placentera que sentía no se podía comparar a nada anterior. Y ella, ¡dios!, ella lo disfrutaba tanto como yo.
—Más… más…—la tomé entre mis brazos y la giré para que ella quedara sobre mi. Tomé sus pechos entre mis manos, mientras ella comenzó a moverse a su ritmo, entre oleadas de placer. Sin embargo necesitaba más.
Me levanté con ella en brazos y la puse de pie junto a la chimenea, ver su piel iluminada por las llamas de la chimenea era… excitante, tan hermosa, tan perfecta… tan mía.
Le puse las manos en la pared y me acerqué por su espalda, mientras ella agitada, sonreía traviesa, abrí sus piernas con premura y entré en ella con prisa, con deseo, con ansiedad.
Ella gritó apasionada, haciéndome sentir al borde. Mis entradas se hicieron violentas, mientras ella gemía suplicando por más. Era única.
Después de lo que para mi fueron deliciosos segundos, sentí un nudo de calor poderoso, violento, que pugnaba por salir, la promesa de un placer más grande que cualquier otro se formó en mi. Y cuando ese maremoto de placer se dejó venir, arrasó conmigo y con Rose al mismo tiempo.
En todos estos años de vampiro, jamás había sentido algo igual, era inquietantemente increíble.
Cuando el sol se dejó ver en el amplio ventanal de la recamara, ambos estábamos aún abrazados.
—¡Gracias!—musitó Rose cuando despertó.
—¿Qué? Soy yo el que te da las gracias. Has hecho lo que por años intenté y fallé. No matarte al ver la sangre. Soy yo el que te está agradecido porque has hecho de mi otra persona nueva. Déjame pagarte lo que has hecho por mi.
Rose sonrió de forma picara y se acercó a su oído.
—Ya sé como me puedes pagar…—y me murmuró lo que quería. Ella estaba sonrojada y yo encantado.
Pasamos los quince días restantes entre su casa y la mía. Entre su cama y la mía.
Y cuando llegó su familia… ejem… Puedo decir que ahora entiendo a Edward mucho más de lo que nunca imaginé.
Aunque por las noches, me llevaba a Rose a mi casa, porque la vez que intentamos hacer el amor en su recamara, sus padres… ya se imaginarán. Fue algo sumamente embarazoso escuchar los gemidos de ellos, si los contagie con mi lujuria. Por eso, en cuanto dormían, entraba por ella y nos íbamos a mi casa, donde dábamos rienda suelta a nuestra pasión.
Bueno espero disfrutes tu regalo Rose, como lo dije. Y bueno ya saben quien sigue.
besos y "FELIZ NAVIDAD"
Espero que pasen una muy feliz navidad, disfruten cada dia, porque esta vida solo es una. Y después se pueden arrepentir de no vivirla a plenitud.
Mil gracias a: Anyelin amor, solo necesito que me digas a que Cullen elijes?, mil gracias por comentar hermosas.
Besos
