Buenas.

Esto es Syndra x Irelia . Espero que sea de su agrado.


Syndra miró su reflejo en el espejo con furia, los sirvientes realmente se habían esforzado por vestirla como una señorita e incluso se habían tomado el atrevimiento de colocarle zapatillas. Ya era suficiente malo que la obligaran a vestir ese ridículo atuendo Ionio que le cubría desde el cuello hasta el sueño que pisaba, se sentía atrapada, sofocada pero sin duda lo peor es que en un par de horas conocería por fin al hombre con quién sus padres habían arreglado su matrimonio. También sus hermanos habían sido víctimas de las manipulaciones de sus padres, siendo de una familia noble y con gran influencia política todos ellos se habían visto forzados a cumplir roles que, en un inicio ninguno deseó: Zed siendo el primogénito fue enviado a la orden Kinkou para asegurar así no solo la continuidad de la tradición familiar, sino además la lealtad de quienes veían tal acción digna de ser honrada. Diana, atrapada en el medio no contaba con los honores del primogénito ni la condescendencia del hijo menor, por tanto cuando la oportunidad de forjar una alianza con las tribus del monte Targón se presentó la enviaron en calidad de aprendiz. Syndra en cambio que había nacido con un poder mágico excepcional fue asignada con un maestre para que le enseñare a canalizar y utilizar apropiadamente su poder. Contrario al deseo de sus padres que buscaban hacer de su hija menor un arma potencial el hombre le enseñó a la impulsiva e impudente chiquilla a utilizar la inteligencia por encima de todo. Sin embargo, en ese momento no sentía que ninguna de las enseñanzas del anciano fuera de utilidad alguna, era verdad que por el juramento de Zed y el desinterés de Diana por la humanidad en general recaía en sus hombros la responsabilidad de preservar el legado familiar, pero ¿Arreglar un matrimonio con el Capitán de la real guardia Ionia, seguramente un anciano decrepito, desde antes que ella tuviera edad suficiente para razonar? le resultaba odioso. Pero Syndra era demasiado orgullosa para resignarse sin más, ya había planeado hacer la vida del tal Capitán un infierno, si, pudiera ser que tuviera que tener sexo con él e incluso concebir una criatura pero se aseguraría que el sujeto supiera en todo momento cuanto lo odiaba y cuan feliz la haría que muriera en cualquier campo de batalla. Ese era el único pensamiento feliz que Syndra lograba concebir desde hacía meses.

Cuando su padre entró en la instancia un par de horas después Syndra bufó molesta y le miró con rabia pero sin atreverse a ir más allá, después de todo era su padre.

-Me complace que estes lista Syndra.

-No tanto como a mí... Querido padre – respondió la adolescente destilando sarcasmo; su progenitor decidió ignorarla.

-Habrá que hacer algo con esa actitud a futuro, no me obligues querida hija.

La maga guardó silencio y esperaron de pie hasta que su madre con seis meses de gestación entró en la estancia agitada y roja.

-Estoy algo mayor para caminar bajo el sol, me parece que la próxima vez llevare un criado para que haga sombra. Oh, Syndra te ves hermosa, si dejaras la cara de tragedia seguro que lucirías espectacular- comentó tomando asiento.

Molesta Syndra se excusó y salió del lugar, ya la buscarían cuando su prometido llegara y es que en los últimos días soportaba cada vez menos la presencia de sus padres. Caminó por los jardines hasta que un criado fue a buscarle anunciando que el famoso Capitán había llegado ya, al entrar en la casa un grupo de sirvientes ultimó detalles en su apariencia y finalmente entró en la sala dónde escuchaba la risa de su padre.

Al entrar Syndra se sintió por completo desubicada, su padre y madre compartían el sillón pero ni rastro del anciano que esperaba encontrar, solo había una muchacha de largo cabello negro y ojos verdes quién se apresuró a levantarse para saludarle con una corta reverencia. La maga miró a sus padres y luego a la mujer, inspeccionó la sala y sintió la sangre hervirle al creerse víctima de una broma. Pero su padre fue más rápido que la ira contenida de su hija menor y caminando hacia ella la tomó del brazo para obligarla a caminar hasta quedar frente a frente con la mujer.

-Capitán Lito, le presento a mi hija menor Syndra espero que la encuentre usted satisfactoria.

Ante el comentario Syndra se indignó pero la muchacha que incluso era más bajita que ella se sonrojó violentamente en tanto reía nerviosa no muy segura si era broma o no. Aquello confundió a Syndra el tiempo suficiente para que su madre interviniera y la conversación tomara rumbos menos peligrosos, más bien el casi monólogo de sus padres se extendió por varios minutos, con apenas algunas intervenciones de la mujer quien Syndra apenas estaba procesando fue presentada como Capitán. No habló más que lo necesario hasta que su madre alegando necesitar un poco de aire fresco abandonó el salón pero Syndra que no tenía un cabello de boba entendió de inmediato la intención, por ello se apresuró a ofrecerle su compañía ya que había quedado tan cansada desde su último paseo.

Ya en el jardín Syndra se detuvo no pudiendo contenerse más.

-¿Qué significa esto? ¿Se volvieron locos los dos?

-No.

-¡Madre!

-Syndra ya no eres una niña, empieza a comportarte como una mujer adulta. No quiero berrinches, te casarás con Irelia Lito y punto. Es cierto que no era lo que tu padre y yo teníamos en mente, pero para tu desgracia su padre y anterior Capitán falleció hace poco más de un año y el compromiso era con el Capitán de la guardia quien quiera que sea, para tu mala fortuna Zelos declinó heredar la posición.

-Bueno, ¿Por qué no Diana entonces? Seguro que estaría encantada de tener que acostarse con esa mujer.

Ante la risa de su madre Syndra montó en cólera, despotricó de Diana todo lo que quiso pero la mujer solo reía más cada vez. Hasta que el berrinche de la menor le cansó y decidió dar por terminada la conversación.

-Hija, por mucho que aprecie la preocupación que demuestras por tu hermana mayor me tiene sin cuidado lo que quieras, es tu deber como miembro de esta familia y no te preocupes por preservar nuestra descendencia, este pequeñin – dijo acariciando el vientre con ternura – se encargará de eso. Quizá lejos de la nefasta influencia de ustedes tu padre y yo podamos hacer de él un digno heredero del apellido.

Syndra iba a protestar, pero su madre dio media vuelta y regresó a la casa dejándole solo la opción de seguirla o tentar la suerte y que su padre fuera a buscarle.

De nuevo en la casa no logró zafarse de quedar sola con su prometida y al no tener nada que hacer se dedicó a inspeccionarla detalladamente. A pesar de la estatura estaba claro que había sido entrenada como guerrero, su delgada figura destacaba con claridad los tonificados músculos de sus brazos. No podía decir que Irelia era del todo fea, tenía un rostro agradable y unos ojos verdes bastante bonitos, el cabello largo y lacio brillaba otorgándole mayor gracia y, en adición, la armadura ligera que llevaba puesta le quedaba bastante bien. Pero aun así, Syndra se convenció en menos de dos segundos de lo mucho que debía detestar a la mujer por el simple hecho de existir.

-Entiendo que no está feliz con mi presencia… en realidad no espero que lo esté dadas las circunstancias, pero si pudiera dejar de mirarme de esa manera estaría muy agradecida.

-¿Y si no? – dijo sin pensar.

Irelia sonrió y levantó los hombros.

-No puedo hacer nada, fue un acuerdo entre mi padre y el suyo, si dependiera de mí le liberaría del compromiso pero tengo las manos atadas.

-Bien, entonces quizá tenga suerte y también usted muera antes de la ceremonia – comentó Syndra dejando que su amargura la dominara.

Lejos de molestarse o enojarse Irelia rio y asintió, la maga se enojó aún más y comenzó a provocarla pero la mujer no cayó en su juego. Cuando sus padres regresaron Irelia les aseguro que encontraba a su prometida encantadora y que apenas podía esperar la ceremonia, furiosa Syndra tuvo que conformarse con soportar en silencio la humillación. Ya en la soledad de su habitación descargó toda su ira, renegó, gritó y refunfuño durante horas, se negó a cenar con sus progenitores y paso parte de la noche en vela pensando como amargarle la vida a Irelia Lito. Lo que Syndra no sospechó jamás, es que esa fue la primera vez que Irelia le robaba el sueño.

Con el paso de los meses la fecha fijada para la unión se acercaba, Syndra fue obligada a aprender lo mínimo sobre sus deberes como esposa y no fue sorpresa para nadie el escándalo que armó cuando intentaron explicarle como debía complacer a su esposa. No quiso volver a tomar una sola clase más, ni siquiera las amenazas de su padre surtieron efecto, ya había planeado quedarse quieta e indiferente como un cadáver, que le importaba a ella que Irelia se sintiera satisfecha con sus dotes sexuales si su único objetivo era amargarle la existencia. Ni su padre, ni su madre insistieron en tal asunto pues a ellos les daba igual si tenían o no una vida de pareja, en tanto consumaran la unión lo que pasara después de eso era problema de Syndra, y esta última de Irelia. Casi se puede decir que esperaban la unión solo para librarse de ella.

Finalmente le día llegó, Syndra fue adornada con un hermoso vestido tradicional bordado con hilos dorados y jade, su cabello caía sobre su espalda descubierta en la proporción justa para concederle una apariencia encantadora. Pero nada podía hacerse con la mala cara que la adolescente no tenía intención de mejorar, e Irelia que iba vestida con el uniforme de gala solo sonreía cada vez que Syndra hacía un comentario sarcástico o mal intencionado en respuesta al monologo del clérigo. La celebración duró toda la tarde y entrada la madrugada, la gente se arremolinaba alrededor de la Capitán para felicitarle y ella agradecía con cortesía, en tanto Syndra se aburría de muerte y procuraba ser poco hostil con quienes se aproximaban. Cuando fue momento de retirarse el único pensamiento de Syndra era como amargarle el resto de noche a su esposa, pero al llegar a la habitación Irelia se quitó la armadura tan rápido y con tanto alivio para luego meterse a la cama quedándose dormida casi al instante que la maga no tuvo tiempo de nada. Syndra refunfuño para sí, pero no negó sentirse aliviada y como solo había una cama se quitó el vestido metiéndose también aunque lejos de Irelia. No tardó demasiado en quedarse dormida, pero no sin antes hacer planes para empezar su complejo plan de hacerle a la Capitán la existencia una tortura.

La verdad, aunque Syndra no era capaz de entenderlo en ese momento, es que Irelia ocupaba la gran mayoría de sus pensamientos y a pesar que distaba mucho de ser en forma positiva era un inicio. Los días pasaron en calma, Irelia se levantaba antes del alba a meditar y entrenar, luego se duchaba y se colocaba alguna de las armaduras ligeras que apenas variaban en diseño. En ocasiones desayunaban juntas, a veces paseaban por los jardines de la mansión Lito. En todo ese tiempo Irelia no intentó jamás acercarse a ella, por el contrario mantenía la distancia e incluso le daba completa autonomía a la maga para disponer de su tiempo como gustara. De modo que Syndra regresó con su antiguo maestro para continuar su formación, seguramente aquello no le haría mucha gracia a sus padres y eso le causaba todavía mayor placer. Pero lo verdaderamente extraño era que no había logrado fastidiar a Irelia como tanto planeaba, principalmente porque ella no caía en sus provocaciones y a diferencia de lo que esperó en un inicio reaccionaba de manera positiva a sus comentarios mordaces, en ocasiones cuando despotricaba del gobierno la soldado le daba la razón y le preguntaba como haría ella todo si tuviera el poder, algo que Syndra respondía con facilidad pero poca lógica. Era obvio que no sabía nada sobre política, administración o diplomacia, y si bien, Irelia no criticaba sus respuestas había momentos en que sus observaciones enojaban a la maga al ella notar la fragilidad de su razonamiento. Al cabo de medio año Syndra no buscaba ya fastidiar a su esposa, más bien disfrutaba los momentos que compartían pues a diferencia de la mayoría con ella podía expresar lo que pensaba, pero eso no significaba que estaba enamorándose algo que si empezaba a sucederle a Irelia.

Los cambios en la actitud y comportamiento de la Capitán no pasaron desapercibidos, principalmente porque no eran muy sutiles. A menudo Syndra la atrapaba observándola con una expresión extraña en el rostro, otras veces aparecía de la nada con algún regalo para ella e incluso en un par de ocasiones había ido tan lejos como para hacerle un cumplido bien fuera sobre su apariencia o su manera de ser. La maga encontraba estos cambios interesantes, no molestos o satisfactorios, pero si picaban su curiosidad y aunque no de manera consciente también su actitud hacía la mujer cambio tornándose menos hostil. En realidad empezaba a disfrutar los momentos que pasaban juntas, algunas veces se levantaba temprano para verle entrenar y le encantaba distraerla mientras Irelia intentaba medita, ya que lo encontraba en extremo aburrido. Con el paso de los meses si bien la joven maga ya no encontraba a su esposa molesta o irritante aún no se podía decir que sentía cariño por ella y le divertían los intentos de Irelia por conquistarle.

La verdad es que Syndra estaba convencida que no había manera en que pudiera enamorarse de la Capitán, si Irelia fuere un hombre entonces quizá tenía posibilidades pero no lo era y ella no era como su hermana. No le interesaba la mujer de esa manera, pero era divertido darle esperanzas y por eso luego de un año su actitud era casi coqueta, lo que provocaba que Irelia viviera en un estado de alerta y gran confusión. Para la adolescente era sin embargo poco más que un juego, provocarla, incluso llegar hasta abrazarla mientras dormían solo para disfrutar el estado de vigilia en que sabía Irelia permanecería, estaba feliz con su malvado juego hasta que un día apareció en su vida una molesta ninja quién le hizo darse cuenta de que en realidad podía existir alguna motivación más allá de simple diversión.

Akali era un miestrio para Syndra, la mitad de su rostro siempre cubierto por una máscara de tela y con ese cuerpo tan delgado e incluso era un poco más baja que Irelia. Sus ojos eran castaños, oscuros e impenetrables, siempre tranquila y callada parecía solo hablar cuando era absolutamente necesario, pero Syndra descubrió pronto esos ojos siempre clavados en su esposa y desde el primer momento odio que Irelia fuere tan amable con ella. Pero eso era apenas natural, pues tanto Akali como Shen eran sus invitados y la Capitán era demasiado agradable y cortés como para comportarse de otra manera, aún en sus largas reuniones dónde discutían cosas que Syndra encontraba inútiles Akali no hacía más que detallar a Irelia casi con descaro. Como la maga jamás había estado en una situación semejante no identificó el sentimiento por lo que en verdad era, pero su reacción fue justo lo que pudiera esperarse de ella pues empezó a pasar más y más tiempo con su esposa, apenas y la dejaba sola cuando estaban en casa e incluso había llegado tan lejos como para besarla con el único propósito de fastidiar a la ninja. Sin embargo, a pesar del temperamento impasible de Akali ella continuó intentando provocarla, retándola a actuar e Irelia atrapada en la mitad y completamente ignorante no hacía más que enamorarse de Syndra.

Una noche, ya bastante tarde, escuchó voces desde una de las habitaciones que rara vez se utilizaba y al acercarse logró identificar de quienes se trataba.

-Puedes preguntarle a Shen, te dirá exactamente lo mismo.

-Pero… - empezó Irelia con la voz apagada -. Pueden estar equivocados, quiero decir, ha pasado un año y… no soy tan detestable ¿Verdad?.

-Pero ella si.

Syndra sintió la sangre hervirle, no se necesitaba ser un genio para comprender que el tema de la conversación era ella.

-Akali, por favor, no digas eso. Es un poco complicada, hostil con la mayoría pero no es una mala persona.

-Lo es – le contradijo la ninja-. Juega contigo, con lo que sientes por ella. No finjas que no te has dado cuenta, no eres tonta Irelia y sabes que no siente nada por ti, al menos no en realidad.

-Bueno, no se casó conmigo por su propia voluntad…

-Eso no tiene nada que ver, tú tampoco y aun así estás enamorada como una tonta. Y…yo también soy una tonta.

Antes esa frase Syndra sonrió satisfecha. Pero la alegría le duró poco.

-Akali, aunque te amara no podemos, no antes y ahora menos.

-Pudiera dejarlo, si me lo pidieras lo dejaría todo sin pensarlo. Pero ahora esta ella, y sé bien que no eres capaz de rechazarla y reclamar tu libertad.

-No puedo, es mi deber… y la quiero – después de un breve silencio Irelia continuó -. No tengo razones para dudar de tu juicio, si dices que no siente nada por mí y todo lo que hace es solo por diversión tendré que tomar medidas.

Syndra no pudo verlo pero la sonrisa de Akali era mucho más ancha y victoriosa que la suya, si ella había ganado batallas la guerra era para la ninja. Por esa noche la conversación regresó a los temas de siempre y Syndra regresó a su habitación pensativa. Lo que sentía pero no entendía lo atribuyó con facilidad al disgusto que siempre le provocó perder, por ello no le dio más importancia y se fue a la cama sin mayor preocupación. Irelia podía decir lo que quisiera, pero ya encontraría la manera de mantenerla bajo su encanto, y fue aquel exceso de confianza lo que marcaría su derrota definitiva.

Irelia no era de hacer promesas vacías por lo que el cambio de actitud hacía su esposa fue evidente y dejó a esta bastante desconcertada. Intentó utilizar su encanto y los sentimientos de la Capitán a su favor pero aquello solo convenció a Irelia que para Syndra no era más que un juego. Incluso cuando Akali partió lo único que tenían en común era la cama que compartían, pues si Irelia abandonaba el lecho seguramente los criados no tardarían en esparcir la noticia y perjudicar a su esposa no era lo que la Capitán tenía en mente. Lo que no sospechó es que Syndra empezaría a no negarse más lo mucho que extrañaba cada detalle, ahora era el turno para la maga de sufrir la indiferencia de su esposa quién para su décimo séptimo cumpleaños apenas se dignó a dirigirle una escueta felicitación y, en adición, pasó la noche fuera dejando a la muchacha por completo pasmada. Francamente, Syndra no reconocía en esa mujer ya a la chica amable y gentil que pudo manipular con tanta facilidad, naturalmente culpó a la ninja y se resintió contra ella a tal punto que al verla nuevamente le faltó poco para saltarle encima. Llevada por el odio que sentía hacía la ninja desechó los pensamientos y sentimientos que Irelia le provocaba, se dedicó a resentirse y refugiada en su malestar falló en notar lo preocupada que la Capitán estaba por ella.

-Estoy preocupada por ella – comentaba Irelia -. Creo que me excedí, después de todo es una cría no debí ser tan dura con ella.

-Tampoco es un bebe Irelia. Además, si me lo preguntas a mí, le sienta perfecto…

Instalada en su escondite Syndra sintió deseos de estrangular a la ninja por centésima vez en los últimos tres días. Es que ya ni siquiera intentaba disimular el interés que sentía por Irelia, si bastaba con que tuviera una mínima oportunidad para insinuársele descaradamente. En medio de todo era destacable la actitud de Irelia, que no había ni una sola vez cedido ante la tentación y se mantenía fiel a sus votos.

-Como si lo fuera, no puedo seguir así. No me siento bien, tampoco está funcionando sigo… sigo teniendo estos sentimientos que simplemente no se van. No importa cuántas veces me repita tus palabras, no logro sacármela del corazón.

-Eso es porque la ves todos los días, incluso duermes con ella. Si terminaras por cortar todo lazo con esa chiquilla estoy segura que funcionaría.

Irelia se mantuvo en silencio, no porque considerara seriamente la posibilidad sino porque no había caso en repetirle a la ninja que no abandonaría el lecho por muy dolida que estuviera con Syndra. Pero esta última no sabía aquello y abandonó su escondite con una sensación horrible estrujándole el pecho.

Esa noche esperó hasta la madrugada que Irelia llegara, cuando estaba por rendirse la Capitán entró muy suavecito y con toda la intención de no despertarla. Más en el instante que se tendió en su lado de la enorme cama sintió a Syndra levantarse, abandonar el lecho y segundos después el aire frío de la noche se coló por el balcón. Irelia permaneció inmóvil unos minutos, pero su naturaleza amable era mucho más fuerte que el propósito de no caer en el juego de Syndra así que se levantó y salió al balcón donde encontró a la joven acurrucada en una de las sillas mirando el cielo nocturno con tristeza.

-Lo siento – dijo apenas estuvo lo suficiente cerca para que pudiera escucharla pero Syndra no contestó -. Si lo deseas buscaré otro lugar dónde dormir…

Ante el comentario Syndra giró la vista violentamente y la tristeza se transformó en ira en cuestión de segundos.

-Si, quizá con esa ninja ¿No?.

Irelia parpadeó confundida, lo único que no esperaba de su esposa era una reacción tan extraña.

-Pues ve, acuéstate con ella, es lo que quieres ¿No?. ¡Hazlo, a mí que me importa! – gritó furiosa.

Ante el silencio de Irelia la joven se levantó hecha una fiera y acorraló a la mujer contra la puerta medio abierta.

-¡Hazlo, hazlo!

Estaban tan cerca que Irelia podía sentir los delgados dedos de Syndra cerrarse con fuerza sobre las costuras de su camisón, sus ojos azules brillaban peligrosamente pero lejos de asustarse la mente de Irelia solo pensaba si ese arranque de ira no se trataba más bien de otra cosa. Se recriminó mentalmente por pensar así, pero entre más le miraba Syndra, entre más le gritaba y a medida que fue iba despotricando de Akali desechó todo pensamiento racional. Levantó los brazos y separó a su esposa lo suficiente para girar y tomar el control de la situación, luego sin darse tiempo para entrar en razón la beso con fuerza y cierta desesperación. Syndra la mordió, pero misteriosamente respondió el beso con la misma intensidad, sus brazos se cerraron sobre el cuello de Irelia quién dejándose llevar utilizó los suyos para levantarla resultanadole más sencillo llevarla de regreso a la habitación. Irelia llegó al borde de la cama y dando vuelta se dejó caer con Syndra negándose a separar sus labios, se besaron durante un largo rato, hasta que la maga pareció recuperar la cordura y se bajó de Irelia sonrojada y confundida. La Capitán cerró los ojos preparándose para lo peor, pero Syndra solo se enfurruñó en su lado de la cama y no dijo o hizo nada más.

La mañana siguiente Irelia se quedó dormida, y cuando despertó Syndra la observaba con los ojos muy abiertos.

-Eh…

-No soy como mi hermana… - dijo la joven con voz apagada -.

Irelia no entendió, se levantó con mucha prudencia temiendo que cualquier movimiento brusco pudiera asustar a su esposa. Deseó preguntar a qué se refería pero prefirió guardar silencio y esperar, el evento de la noche anterior había reavivado sus esperanzas pero algo le decía que la paciencia sería su mejor aliada.

-Quiero… Haré un viaje – anunció sin apartar la vista de Irelia quién tomó aire y cerró los ojos con una expresión dolida -. Al monte Targón… hay alguien que quiero visitar allí.

Sin saber porque se apresuró a decir aquello Syndra se bajó de la cama sin esperar una respuesta y luego de bañarse encontró varios sirvientes preparando su equipaje. En menos de tres horas estaba todo listo para su partida, cuando Irelia junto a Shen y Akali se reunieron con ella para que los últimos dos le desearen buen viaje apenas pudo ocultar su molestia con la presencia de la mujer. Sin embargo, cuando llegó el momento de subirse al carruaje dudó y se bajó para besar a Irelia cohibida y sonrojada, esta vez no lo hizo solo por fastidiar a Akali aunque una vez en el carruaje rió satisfecha con la mala cara de la ninja.

El viaje hasta Targón fue tranquilo, largo y tedioso por el intenso calor del verano Ionio, pero si la maga no hubiere estado tan ocupado pensando una y otra vez en lo ocurrido la última noche que pasó con Irelia los sirvientes seguramente hubieren escuchado muchísimas más quejas. La decisión de visitar a su hermana había sido más que nada un impulso, pero en verdad esperaba que Diana pudiera serle de ayuda. Si bien había afirmado muchas veces no ser como ella, ya no estaba del todo convencida y dado que era la única con quién podía tratar el tema tampoco tenía otra opción. Máxime porque estaba ya muy cansada de darle vueltas al asunto en su cabeza, simplemente no funcionaba y cada hora que pasaba se desesperaba más y más. Por ello cuando por fin llegó a la falda del monte no se quejó cuando le informaron que debía hacer el resto del trayecto a pie, pero si lo hizo al enterarse que demorarían entre tres y cuatro días en subir hasta la cima.

Ya reunida con su hermana el saludo fue distante y formal, como siempre, pues a pesar de existir solo un par de años entre ellas las diferencias eran demasiadas. A veces parecía que Diana era mucho mayor, quizá de la edad de Zed o más, y no soportaba en lo mínimo las rabietas que Syndra armaba cada vez que algo no funcionaba exactamente como lo esperaba. Sin perder tiempo le pidió a su hermana llevarla a un lugar donde pudieran hablar sin que nadie les escuchase, Diana accedió y caminaron entre la gente del poblado hasta llegar a un pequeño risco a las afueras.

-Escuché que te casaste – pregunto Diana observando a su hermana sentarse con fastidio sobre una roca.

-Idea de nuestros padres.

-Lo imaginé, pero…

-Madre dijo que el compromiso era con el Capitán de la guardia, quién quiera que sea… - hizo una pausa -. Es por eso que estoy aquí….

Era la última oportunidad que tenía para arrepentirse, lo pensó pero había algo en la sola presencia de su hermana que le dio la confianza necesaria para hablar.

-¿Cómo es? – preguntó asumiendo que su hermana entendería.

-Oh. No me sorprende, he escuchado que la Capitán Lito tiene un carácter muy calmado. Respondiendo a tu pregunta, no lo entenderías, si viniste hasta aquí solo para eso pierdes tu tiempo. Ahora, si haces las preguntas correctas entonces quizá si pueda ayudarte – contestó Diana haciendo gala de su cortísima paciencia.

Syndra bufó molesta, pero aceptó el reto.

-Me confunde, al inicio solo quería fastidiarla pero su forma de ser… es ¡Irritante! Tan agradable y amable, y paciente, no caía en mis provocaciones – cerró los ojos durante unos segundos antes de abrirlos de nuevo para hablar con suavidad -. Luego esa mujer, esa maldita ninja le dijo exactamente lo que estaba haciendo, no sé cómo lo supo pero Irelia le creyó, ¡Ni siquiera lo dudó!. Entonces cambió, tanto… y no me gusta lo que me hace sentir ahora. No lo quiero Diana… no lo quiero…

-No insultes mi inteligencia Syndra, no entiendes porque pero sabes muy bien que pasa, tampoco te engañes repitiéndote que no lo quieres. Pero es de esperarse…

-¡No soy cómo tú! – chilló empezando a enojarse producto de la frustración.

-¿Cómo yo? – repitió riendo -. Supongo que no. Syndra, sé que ni tu y yo, menos con Zed, tenemos lo que pudiera llamarse una relación de hermanos, apenas y nos soportamos unos minutos pero… Eres lo suficiente inteligente para liberarte de la influencia de nuestros padres y pensar por ti misma.

Frustrada la maga permaneció en silencio evaluando las implicaciones de aceptar la verdad.

-Escucha, no puedo darte una respuesta fácil. No la hay. Pero es obvio que tienes sentimientos por ella, no necesitabas venir hasta acá para confirmarlo, sé que lo sientes muy dentro de ti y entiendo el miedo que te invade – Diana hizo una pausa y añadió con una sonrisa -. Es la primera vez que te ocurre… y dadas las circunstancias, pero piensa más allá de lo que te enseñaron nuestros padres. Independiente de quien sea, piensa que es la persona que quieres…

Syndra no dijo nada, permaneció en silencio reflexionando las palabras de su hermana. Recordaba bien todas las palabras ofensivas e hirientes que habían sus padres utilizado para su hermana (las mismas que a menudo ella repietió), su reacción al descubrirla estarían por siempre ancladas en su memoria. Pero ya no estaba bajo el yugo de sus progenitores, era libre y el problema era entonces que no estaba segura de que hacer a continuación. Si era sincera consigo misma, deseaba seguir el instinto y dejarse llevar actuando en consecuencia de lo que sentía por Irelia. Sin proponérselo sonrió ante la mirada curiosa de su hermana.

- Entiendo. Pero no voy a regresar de inmediato ¡El viaje es muy largo y me duele el cuerpo!. Descansare unos días.

Durante la semana que pasó en el monte Targón junto a su hermana Syndra entendió poco a poco porque Diana no había contemplado jamás la posibilidad de volver con sus padres, o a Ionia. A pesar de sus defectos los Lunari entendían el concepto de libre albedrío y si bien tenían sus propias y estrictas tradiciones, no era obligatorio para todo Lunari seguirlas pues solo aquellos que deseaban acogerse a ellas tenían que practicarlas con rigurosidad. Y cada uno llevaba su manera su adoración a la Luna: Diana, por ejemplo, salía todas las noches justo antes de media noche y desaparecía hasta el día siguiente y también pasaba horas enteras leyendo pergaminos viejos que sacaba del templo principal. Sin embargo, Syndra descubrió también que los desvelos de su hermana no eran solo por devoción, sino que había alguien con quién se reunía y si bien no fue capaz de convencerla de revelar de quién se trataba, la joven maga se alegró por ella.

Cuando el momento de partir llegó, Syndra se acercó a su hermana y aunque dudó le abrazó; sorprendida Diana demoró un poco en hacerlo también.

-Ven a Ionia, algún día.

-Claro – contestó Diana de muy mala gana-.

Syndra solo sonrió ante la respuesta de su hermana, se separó y cuando estaba a una distancia prudente habló.

-¡Llévala contigo!. Además ¿No quieres conocer la nueva adquisición de nuestros padres?

La Lunari no contestó, solo sonrió extrañada con la tristeza que le producía ver partir a su hermana y pensó que quizá podía hacer un pequeño sacrificio.

Durante el viaje de regreso a casa Syndra permaneció tranquila, hicieron varias paradas para comprar cosas o solo para detenerse a descansar del largo viaje, incluso se detuvieron para admirar los majestuosos paisajes que su país natal tenía para ofrecer. Quería llegar, pero no llevaba demasiada prisa y aunque su ansiedad aumentó a medida que se acercaban supo mantenerse calmada. Al llegar una comitiva de sirvientes se apresuró a bajar del carruaje el equipaje, Syndra se tomó unos minutos para tranquilizar los nervios pero al bajar no encontró a Irelia esperando por ella. Preguntó y le informaron que la Capitán Lito no había dormido mucho en casa en los últimos días pues la guerra contra Noxus parecía inminente, por tanto era su deber preparar el ejército para el combate. Hasta entrada la noche cuando Irelia por fin llegó no pudo la maga evitar sentir una presión extraña en el pecho, recordó con temor aquel deseó olvidado que le dio en su momento la fortaleza para seguir con aquel compromiso. Se arrepintió tantas veces que perdió la cuenta, y el sueño le fue esquivo hasta que sintió por fin a su esposa escabullirse en la habitación. No dudó un segundo, giró para toparse con la expresión cansada pero feliz de Irelia y se levantó con tanta prisa que casi pareció inmediato para lanzarse a sus brazos y besarla, besarla como había deseado desde el momento en que por fin aceptó sus sentimientos.

Sobra decir que esa noche, por fin, no se resistió más a la tentadora idea de yacer con Irelia y aunque no reparó demasiado en los detalles recordaría hasta el último de sus días lo dulce que podía ser el amor.


El próximo será Lux x Katarina, ¡Ya hace falta!