Capitulo IX
Kagome
Salía de mi habitación colocando el bolso en mi hombro para dirigirme al trabajo, mire el reloj de mi pulsera. Tenía tiempo para poder pasar a mi cafetería preferida, y comprar café y tal vez alguno que otro bocado. Algo de chocolate estaría bien, después de todo hacía mucho tiempo que solo había desayunado alguna barra de dieta, sonreí al pensar en ello.
Mi sonrisa se borró de golpe, al momento que me detenía al mirar a mi inesperado huésped en la cocina, sosteniendo con una mano una espátula. Mientras miraba fijamente el sartén que tenía enfrente de él.
―Buenos días ― dije después de aclárame la garganta, el apenas levanto un poco el mentón como saludo. Me acerque lentamente para mirar lo que estaba haciendo, eran panqueques y desde donde me encontraba se podía percibir el olor a maple ―Que bien huelen.
Como era de esperarse no hizo ningún tipo de comentario solo tomo la espátula para darle la vuelta a un panqueque. Comenzaba a acostumbrarme a su charla silenciosa.
No estoy segura de sí dejarlo quedarse es una buena idea, es decir, soy su abogada y se de los antecedentes que lleva sobre sí. Pero a pesar de haber mandado a un tipo al hospital, y del carácter tan hostil que muestra, no lo considero alguien violento. Siento escalofríos recorrer por mi cuerpo, tal vez eso mismo piensan de sus agresores las de víctimas antes de su homicidio.
Sacudo la cabeza para apartar ese pensamiento. Podría decirle que se fuera de mi departamento, y que nuestra relación solo abarcara lo meramente profesional, como abogada y cliente. Pero, por lo dicho por el señor Taisho, no existía sitio donde se quedará por mucho tiempo. No estoy segura de la relación que tiene, pero por lo visto no aceptará ayuda de ninguno de sus progenitores. Por lo que por mientras no me queda otra opción más que ir día a día y ver lo que sucederá.
Lo observo mirando concentrado el satén en momento toma la espátula para asegurarse que se encuentre dorados. Lleva una camisa gris de manga larga, la cual se encuentra arrugada y fuera de unos jeans desgastados. No me siento con la confianza de preguntarle donde se ha encontrado todo este tiempo que no se ha estado con sus padres.
En un momento, toma el sartén y los coloca en un plato, que no había visto, cerca de él. Da media vuelta para quedar frente de mí, sus ojos dorados se clavan a los míos, y pienso en la probabilidad de encontrarme frente un asesino. Me quedo sin respirar por un momento, hasta que él con aquel rostro serio.
― Yo… ― tartamudeo nerviosa, él no se mueve de su lugar. ― Iré al trabajo ― digo y sin ninguna necesidad, vuelvo a colocar el bolso en mi hombro.
― ¿Quieres desayunar? ― pregunta levantando un poco el plato ― Hice un poco de café ― mueve la cabeza para señalar hacia la humeante cafetera.
Camina para dejar los panqueques sobre la mesa y me doy cuenta de que había colocado platos, cubiertos y tazas para dos, vuelve a dirigirle a la cocina para tomar la cafetera. Aparto mi bolso, y me siento en una de las sillas. Desde hacía mucho tiempo que había rechazado la idea del uso de la estufa, la comida congelada solo tenía que meterla al horno eléctrico para que estuviera lista. Así que, aunque fueran uno simples panqueques, no podía rechazara la idea de comer algo no empaquetado. Apareció a un lado mío para tomar la taza que se encontraba frente de mí y llenarla. El que se pudiera inclinar no pasó desapercibido, así que decidí pensar que no se encontraba tan mal como imaginaba, pero por cualquier cosa pasaré a la farmacia para comprar algo para el dolor.
― Gracias ― le digo cuando vuelve a colocar la taza en la mesa.
Llena la suya antes de tomar asiento frente a mí, se inclina para tomar un recipiente que contiene azúcar, reconozco el pequeño azucarero. Fue un regalo que me hizo mi madre cuando decidí irme a vivir por mi cuenta. No tengo idea de donde se encontraba guardado, pero por lo visto lo había encontrado. Era la primera vez que lo usaba, a pesar de que ya tenía más de cuatro años desde que me había mudado a este departamento.
Sin poder evitarlo, lo observo detenidamente cuando coloca los dos brazos sobre la mesa para acerca la taza a sus labios para soplar un poco antes de tomar el primer sorbo. Haciendo que sus bíceps se marquen por debajo de la camisa, trago saliva lentamente. Aparto rápidamente la vista y tomo un sorbo de café negro, y me digo que la temperatura de mi cuerpo subió debido al calor del líquido. Y de ninguna manera podía ser por la cercanía de aquel muchacho.
En todo el tiempo en que demore terminarme un par de panqueques, no levante la vista de mi plato, tratando de evitar encontrarme con su mirada. Cuando he terminado dejo los cubiertos aun lado. Entonces recuerdo, y tomo mi bolso y busco dentro hasta encontrar lo que estaba buscando. Estiro la mano sobre la mesa para dejar una pequeña llave metálica. Él levanta una ceja en forma interrogativa.
― Es la llave de la puerta ― dijo con cierta duda, ya que no estoy segura si es buena idea ―Por si necesitas salir a algún sitio.
Asiente y lleva una mano para recoger la llave. Pero antes de que lo haga la vuelvo a tomar apartándola un poco.
― Es mejor que hagas buen uso de ella ― le digo mirándolo fijamente.
El frunce el ceño, con obvia molestia, pero después de mirar mí gesto de advertencia, frunce un poco los labios de costado y vuelve a asiente, esta vez lentamente. Cuando lo hace vuelvo a acercar la llave, nuestros dedos apenas se rozan cuando la llave pasa de una mano a otra. La toma y observa por un segundo y la coloca en el bolsillo de su camisa, dándose unos pequeños golpes sobre el pecho. Interpreto que me quiere decir que se encuentra segura. Y en verdad espero no arrepentirme de esta decisión Se levanta tomando su plato para después tomar el mío.
― Será mejor que te apresures si quieres llegar a tiempo.
Dirijo mi vista rápidamente al reloj en la pared, todavía estaba a tiempo, pero sería mejor que me diera prisa antes de tomar el tráfico de la mañana.
― Gracias por el desayuno ― me levanto y tomo mi bolso apresuradamente.
Antes de salir, escucho el agua corriendo en el fregadero. Y en cuestión de minutos me encuentro dirigiéndome hacia el trabajo. Por fortuna, no encuentro demasiado tráfico en el camino. Aunque cuando llego al estacionamiento de la empresa, el lugar se encuentra lleno sonrió cuando al fin encuentro un lugar disponible. Acelero un poco más para asegurarme que nadie más decida estacionarse en él. En el momento que me acerco, veo como una persona se atraviesa y tengo que pisar de golpe el freno. Cuando levanto la mirada, me encuentro con el rostro de Kouga. El cual se encuentra sonriéndome, como si no había estado a punto de ser atropellado por mi causa. A pesar de que todavía me encuentro temblando por el suceso, me obligo a sonreír. Mira hacia otro lado y con una mano me hace señas que me apresure para estacionarme ya que se acerca otro auto. Me apresuro a estacionarme, y cuando salgo me encuentro con Kouga, esperándome.
― Buenos días.
Le respondo y caminamos juntos, ya que nuestras oficinas se encuentran cerca uno del otro. A pesar de que todos los compañeros de trabajo visten de traje, Kouga resaltar de entre los demás. Su piel morena en contarte con su camisa blanca y el negro del traje en combinación con sus ojos verdes, hacen derretir a más de una. En los baños podía escuchar como algunas compañeras hablaban acerca de él, la mayoría de sus comentarios eran demasiado depravados como para ser repetidos. Ninguna de ellas se explicaba como en el tiempo que llevaba en la empresa, no le habían conocido ninguna novia, por un momento se puso en duda su orientación sexual. Lo cual fue rápidamente descartado, ya que ningún hombre que desbordara tantas testosteronas podría serlo.
― ¿Y cómo marcha el trabajo últimamente? ― me pregunta antes de subirnos al elevador.
Suben con nosotros más compañeros, doy los buenos días me responden tratando de fingir una sonrisa, pero yo sé que a mis espaldas me miran con recelo. Se que no soy de todo estimada en los diversos departamentos de la empresa. Cuando una tiene éxito, no tarda en salir la envidia, por lo que ninguna de mis compañeras podría considerar de confianza. Sango es la excepción de todo.
― Todo bien ― le digo consciente de los de los oídos a nuestro alrededor.
― La prensa está bastante interesada en escuchar con respecto al caso de los Taisho ― dice.
Y el silencio se hace a nuestro alrededor. Lo demás están interesado en escuchar lo que tengo que decir. Me mantengo sin decir algún comentario, pero Kouga continúa diciendo
―Es una suerte que la seguridad se haya incrementado en el edificio… ― lo escucho en silencio.
Algunos de los compañeros comienzan a hablar al percibir que no haré ningún comentario en frente de ellos. Van bajando de apoco en poco en los diferentes pisos del edificio y cuando al fin llegamos al nuestro, salimos. Todavía se encuentra un poco vacía las oficinas, pero eso no evita que varios pares de ojos se posen en nosotros. Mientras caminamos Kouga se pone a dar los buenos días con una voz fuerte y con entusiasmo, saludo en un tono más bajo. Caminamos mientras que mis tacones resuenan en el lugar.
― Espero que tengas un buen día, Kouga ― le digo en despedida cuando me encuentro enfrente de la puerta de mi oficina.
Doy media vuelta, y me detengo cuando siento su mano sosteniéndome el brazo. Volteo para mirarlo, tiene una sonrisa tímida en el rostro.
― Estaba pensando… ― dice mientras que aparta la mano con la que me sujetaba para introducirla dentro del bolsillo de su pantalón ― Si te gustaría salir a comer juntos. Digo solo si…
― Esta bien ― le digo interrumpiéndolo.
Su rostro se ilumina al instante, y por todos los dioses. El corazón se me acelera al mirarlo.
― Tengo que llevar hacer un trabajo en el departamento de proyectos. Pero podemos vernos a las dos en la puerta de entrada. Si te parece bien ― dice explicándose rápidamente.
Sonrió y asiento.
―Entonces nos vemos ― dice dando un paso hacia atrás, mirándome fijamente.
―Nos vemos ― le digo levantando una mano antes de darse la vuelta para alejarse.
Entro a mi oficina y cierro la puerta de cristal al entrar. Me dirijo a mi escritorio y prendo la pantalla de la computadora.
Por varias horas me dispongo a trabajar en diversos casos, el sonido de un correo me hace apartar de la vista de los documentos que tengo enfrente y dirijo el ratón para abrirlo. Es la factura del hospital donde se encuentra el demandante Bankotsu, leo la cantidad y es demasiado. Pero encontrarse en uno de los mejores hospitales de Japón tiene su precio. Miro el remitente y se trata del señor Taisho, como uno de los comprobantes de encontrarse pagando por lo daños ocasionado por su hijo. Frente de un juez, esto sería lo mínimo que se esperaría por ellos.
Es decir, la única declaración con la que contamos era por parte de Bankotsu, el cual se había hecho la noche en la que había sido ingresado. Sesshoumaru no había querido dar parte de su testimonio. Con lo único que contaba Bankotsu, cuando Sesshoumaru había sido detenido, y Bankotsu llevado al hospital. En su relato era que este se encontraba con su grupo de amigos cuando Sesshoumaru había aparecido con un arma en forma de tubo metálico, y había comenzado a ofenderlo verbalmente. Mientras que él lo había tratado de tranquilizar, pero sin más Sesshoumaru había comenzado a golpearlo fuertemente, hasta dejarlo en esas condiciones.
Sesshoumaru no había querido hacer ninguna sola declaración a su defensa. El señor Taisho tuvo que pagar una gran cantidad de dinero para que su hijo volviera a tener la libertad en forma condicional.
Si las cosas seguían como hasta el momento, era cuestión de tiempo para que Sesshoumaru fuera llevado a juicio, y sin poder hacer demasiado para su defensa podría pasar un par de años en prisión.
Suspire pesadamente. Este podría ser el caso que podría llevar mi impecable imagen a la ruina. Levante la vista de la pantalla al escuchar dos golpes en la puesta. Sango entro sin esperar respuesta.
― Vengo a entregarte esto ― me dice colocando unos folders sobre el escritorio.
Los leo y veo que son los documentos que pedí para el caso.
― Gracias Sango.
Levanto la vista y puedo ver algo en su rostro que no anda del todo bien. Al ser amigas desde hace tanto tiempo, habíamos aprendido a leernos ampliamente.
― ¿Qué ocurre? ― le pregunto.
Ella sonríe sin que esta llegue a su rostro, después frunce el ceño. Me levanto rápidamente para dirigirme hacia ella, cuando las primeras lagrimas se asoman en sus ojos. Cierra los ojos cuando pongo una mano sobre su hombro.
― Miroku ― me dice, llevándose una mano a sus mejillas para apartar las primeras lágrimas.
― ¿Ahora que hizo ese imbécil? ― le digo.
― Lo mismo de siempre. Lo encontré tonteando con otra mujer, cuando le reclamé y lo negó todo. Me acuso de ser una celosa histérica.
Conozco a Miroku y a Sango desde la universidad y desde que empezaron a andar juntos. Se amaban con locura, pero de vez en cuando terminaban con alguna discusión cuando Sango lo había visto coquetear con otra chica. La abrace y espere a que ella se desahogara, se apartó cuando comenzó a calmarse.
― Tienes que hablar con él, dejar las cosas claras y si… ―
― No ― me interrumpió con una voz ronca debido a las lágrimas ― Todo se acabó entre nosotros, lo eche del departamento.
― Oh, Sango.
Un par de lágrimas se derramaron por sus ojos. A pesar de las diversas peleas que había tenido a través de los años. Nunca habían decidido dar por terminado su relación. Así que intuyo que aquella había sido mucho más que una simple discusión.
― Estoy bien ― dijo sin mirarme.
Más para ella misma, limpiándose cualquier rastro de lagrima en su rostro.
― Estoy bien ― repitió irguiendo los hombros.
Asentí en silencio.
― ¿Qué tal si salimos a tomar algo esta noche? Vamos a desquitarnos y hablar de lo estúpido que son los hombres ― su rostro cambio a uno más animado, y pude respirar tranquilamente al ver a mi fuerte amiga sonriendo.
― No creo que sea buena idea, Sango. ― niego con la cabeza ― Mañana tenemos que…
― Vamos Kagome no sea tan estricta ― rueda los ojos, aquello que siempre me hace cuando me dice que me parezco a mi madre cuando comienzo a reprenderla ― Solo serán un par de horas. Vamos, en verdad lo necesito. ― dice un rostro melancólico.
― Esta bien, pero solo antes de las nueve. ― le advierto.
― Gracias, Kagome ― sonríe y me abraza eufóricamente ― Entonces nos vemos a la hora de la comida ― dice dirigiéndose a la puerta.
― ¡Por cierto! ― dije, mientras ella se detiene ― Quedé en salir a comer con Kouga, pero podemos ir los tres juntos.
Ella niega con la cabeza con una sonrisa pícara en su rostro.
― Oh, no, no, no. Claro que no hare mal tercio con ustedes dos a su alrededor. Además, que no estoy de humor para escenita de amor. ― ruedo los ojos ― Ve a comer con él, pero la tarde es nuestra. ― me giña un ojo antes de salir.
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Se que dije que iba a subir un capitulo por semana, pero el capitulo anterior fue bastante corto así que me adelanto en subir en siguiente capítulo. Se que la historia va un poco lenta, pero les aseguro que en dos capítulos más las cosas se volverán candentes con esta pareja.
Sara: Muchas gracias por mantenerte todavía en esta y en mis otras historias. En verdad que no quiero dejar ninguna sin terminar, solo que estaba comenzando un nuevo trabajo así que mientras me adaptaba no encontraba tiempo para escribir. Y he estado trabajando en esta y en las otras historias. Pero puedo decir orgullosa que esta casi se encuentra terminada.
Mimato bombon kou: Jejeje, hay un desnudo en unos capítulos, pero…. No te diré, mejor espera a que llegue. Y si este joven Sesshoumaru anda como tetera con las hormonas todas revueltas. ¿Y qué relación tendrá con Rin? No lo sé. Jejeje. Muchas gracias por seguir esta historia, prometo que esta vez nos leemos pronto.
Faby Sama: Se que las cosas van un poco lentas, pero quiero crear un panorama un poco más claro de las cosas, antes de llegar al punto crítico del asunto. Esta vez espero está aquí hasta darle un final de esta historia. Espero contar con que me acompañes hasta ver como se resuelve todo esto. Saludos
