Este capítulo me quedo incluso más largo que el anterior, pero tal y como lo dije se vendran otros más debido a que me es complicado fragmentar la historia. Esta entrega está dedicada a Kakashi ya se darán cuenta de por qué y me debo decir que es un capítulo con mucha historia, así podremos comprender un poco más de lo que fue el proyecto Scaramuccia y la participación de Kakashi en todo esto.
-10-
Meneghino.
—¿Te puedo ayudar en algo, amigo?
—No, no señor… tan sólo veía la carpa de su circo. Es enorme.
—Ah, sí, es ya algo viejo…
—Me gustaría que tuviera esto.
—¿Qué es?
—Sólo tómelo, considérelo un regalo de un desconocido…
…
Era como estar contemplando sus ojos nuevamente. Como si se dejase arrastrar en medio de un caos tormentoso para llegar a una playa pacífica y paradisiaca.
Naruto se dejó acariciar por su madre una vez más mientras sentía una brisa cálida en sus mejillas. La mujer, que no había cambiado en cada desde que era un niño, le besó en la frente y acarició sus cabellos mientras mostraba una sonrisa. Naruto también sonrió ante eso.
—Lo siento mucho. –dijo ella, su voz se escuchaba igual a un susurro lejano.
—No, madre… yo lo siento. – Kushina comenzó a llorar, pero sin borrar su sonrisa y Naruto intentó limpiar sus lágrimas para que ella no continuara. Estaba tan conmocionado que empezó a llorar él también…
…
—Finalmente nos conocemos… Sasuke-kun.
—¿Quién es usted?
—Soy un amigo de tu hermano, tan sólo quería conocerte.
—¿Un amigo de Itachi? ¿Por qué no te conozco? ¿Cuál es tu nombre?
—Je, se ve que eres un chico muy listo. Por ahora no es necesario que sepas mi nombre, tan sólo quiero entregarte esto.
—¿Qué es?
—Algo que tú hermano quería que tuvieras…
—¡Esto es mucho dinero!
—Me despido, Sasuke-kun, espero que en el futuro podamos encontrarnos.
Sasuke reavivó sus pensamientos al mismo tiempo que su sentido de alerta. Rápidamente visualizó frente a él la luz cálida del fuego que había encendido, buscó a su caballo, el cual comía tranquilamente del suelo boscoso y después, pero no menos importante, miró el cuerpo del joven que yacía frente a él.
Encontrarse con aquel muchacho había sido difícil pero no imposible. Rastrearlo tampoco había sido demasiado complicado. Con los datos que ya poseía de antemano buscar al pierrot llamado Arlequín no era más que cuestión de tiempo para que pudiera dar con él. El problema aquí era hacerlo en el menor tiempo posible, su condición actual no le permitía tomarse demasiados retrasos, tenía los meses contados y su prioridad era tomar al muchacho, con o sin su consentimiento.
Desafortunadamente las cosas se habían salido de control. No esperaba encontrarse con algo tan maquiavélico en el camino. La presencia del mercenario Zabuza Momochi era comprensible, la relación con la joven Hyuga una casualidad, pero una lucha descabellada para llevar a cabo un simple secuestro, eso sí que le ponía a pensar.
¿Qué era lo que ese demente deseaba de la chica? ¿Por qué arriesgarse tanto por una simple mujer? Bien, era rica, pero eso no justificaba el hecho de asaltar un tren con cuestionables resultados. Un criminal más inteligente simplemente hubiese aprovechado la oportunidad. Eso le sonaba a una clase de persecución que no quería indagar.
El cuerpo de Naruto estaba envuelto en una manta gruesa, la única que traía además de su capa negra. Lo había atado bien para que no se moviera y fuese más fácil transportarlo. Justo como había mencionado antes, mientras más rápido pudiera llevárselo mejor. No obstante, ahora sólo quería tomarse un merecido descanso, el viaje de regreso sería largo y la carrera contra el tren lo había agotado tanto a él como a su caballo.
El cuerpo de Naruto convulsionó repentinamente y con él una bocanada ahogada. Sasuke le miró sin inmutarse, estando atado no se iría a ninguna parte. Lo vio removerse con dificultad y un seguro estrés postraumático, después se paralizó y comenzó a gritar entrecortado. Sasuke se acercó lentamente para contemplarlo mejor. Sus ojos estaban desorbitados, su rostro pálido y rígido. Seguro un brote psicógeno, algo esperado. Ya había visto antes el cuadro, los soldados eran uno de los principales pacientes con dichos trastornos psiquiátricos, lo más probable y atribuible a ese estado debía ser su experiencia mortal de hacía unas horas.
Cansado de escucharlo gemir y temiendo que pudiera desmayarse de nuevo le dio una patada en el estómago con la planta del pie. Esto fue suficiente para que el muchacho se detuviera por la falta de aire y recuperara la conciencia a causa del dolor. Lentamente y con seguridad, los ojos de Naruto pudieron enfocar el rostro taciturno de Sasuke. Su respiración se acompasó a expensas de un lastimero boqueo. Después de eso vino un profundo silencio entre los dos. Sasuke se retiró y regresó a su posición.
—Es-Espera… - musitó Naruto. Estaba sin aliento, la patada y sus heridas lo habían dejado exhausto. —Qué… qué está… pasando…
—Será mejor que no hables demasiado. –alegó Sasuke con una voz tan fría como sólo él podía darla. —Todavía tienes algo de rigor mortis. Además del estrés psicológico…
—¿Rigor… mortis? – no entendía a lo que se refería, ¿Había muerto, eso era de vedad?
—Tu corazón se detuvo. – informó con una espesa oscuridad en su expresión. —Te ahogaste en el lago. – los ojos de Sasuke se transportaron rápidamente al frente, ahí estaba la masa de agua a la que se refería. Continuaban cerca del sitio en donde todo había pasado.
—¿Estoy… muerto? – no podía comprenderlo, se sentía aterrado.
—Si así fuera no estaríamos hablando. – Sasuke miró su rostro, Naruto lo reconoció.
—Eres… el cazarrecompensas de la otra noche.
—Tan sólo un rasguño. – mencionó Sasuke, ignorando su afirmación. —Lo más probable es que sólo te haya rosado gracias a que pude desviar el disparo a tiempo, pero aun así, esa máscara debió ser bastante resistente. – susurró auto reflexivo.
Tras decir esto los recuerdos de Naruto llegaron de golpe a él. Uchiha lo notó al ver como se ponía pálido y sus ojos de desorbitaban. Escuchó como la cuerda alrededor de su cuerpo se tensaba y lo vio mover las piernas con ansiedad.
—Hinata, ese hombre se la llevó. – masculló visiblemente histérico. —El tren, Ero-Senin, maestre Kakashi… todos ellos, tengo que regresar, tengo que regresar… - de nuevo el miedo y la ira cegaban a Naruto, Sasuke suspiró.
—Es inútil, se han ido…
—¡No! – Naruto gritó a todo lo que su cansado cuerpo le permitía. —¡Tengo que alcanzarla, se lo prometí!
—Oye, si no te callas haré que lo hagas…
—¡Se lo prometí!
—Tú lo pediste. – Sasuke alzó nuevamente la pierna y le dio tan poderosamente en el abdomen que lo dejó sin aliento. El corte de oxigeno abrupto por el golpe también sirvió para acallar su cerebro y Naruto quedó nuevamente inconsciente.
Sasuke respiró tranquilo y se recostó en la montura del caballo. Echó un último vistazo al boque, todo parecía en orden. Su caballo continuaba pastando, las ropas del pierrot y las suyas se secaban en las ramas de los árboles, el chico estaba inconsciente y el juego tenía suficiente leña como para arder toda la noche. Se recostó un poco y respiró más tranquilo, deseaba no soñar con el pasado esta vez y descansar ampliamente.
…
—Jiraiya-jichan, ¿Cuándo vendrá papá? – el pequeño rubiecito sintió el apretón del agarre del anciano sobre su mano, quien le miró en silencio, había lágrimas en sus ojos.
—Naruto… hay algo que debo decirte. – sus miradas se encontraron y el pequeño tembló.
—¿Qué pasa, Jiraiya-jichan?
—Tu padre no… no volverá jamás. Él… no puede. –su corazón dio un vuelco.
—¿Por qué? – Naruto endureció su gesto, pero al mismo tiempo sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Está muy ocupado, el trabajo demanda mucho de él.
—¿Está trabajando? – Naruto se soltó de su apretón de manos, estaba furioso y a la vez muy triste. —Ni siquiera vino por la muerte de mamá. ¡Ella se murió y no vino a su funeral!
—¡Naruto, no grites así! – las personas alrededor los veían de reojo.
—¡Lo odio! ¡No nos quiere, por eso no vino! ¡Nos dejó! – y se echó a correr de regreso al circo.
—¡Naruto! –Jiraiya miró por última vez la lápida frente a él. —Lo siento, Kushina. – se dio media vuelta y corrió tras él.
Abrió lentamente los ojos, esta vez sin locura. Tardó unos segundos en reconocer donde se encontraba, todo se veía repentinamente borroso y desconocido. Tuvo que parpadear un rato para que por fin aclarase su visión. Estaba bajo un hermoso cielo estrellado, al calor de una fogata, maniatado, cubierto por una manta y… ¿Desnudo?
Naruto se percató de ello sin mucho escándalo, había peores cosas de las cuales preocuparse como por ejemplo los dos pozos ébanos que le miraban con cautela. Aquel hombre frente a él, el Capitán Negro, como le había dicho Haku, le regresaba su mirada en un silencio sepulcral.
No tuvo el valor de hablar.
—No te atrevas a gritar.- amenazó Sasuke con una voz relajada.
—¿En dónde estamos? – preguntó con cordura.
—En el bosque.
—¿Tú eres el hombre que nos persiguió la otra noche, verdad? – Sasuke asintió. Naruto pasó saliva. —¿Por qué me salvaste?
—Te necesito vivo.
—¿Para qué?
—Para cumplir una promesa. – no quiso indagar demasiado en ello, aunque se sentía con el derecho de hacerlo, en lugar de eso preguntó algo que simplemente no esperaba su captor.
—¿Por qué estoy desnudo?
—Estabas mojado, hubieras muerto otra vez de hipotermia.
—¿Otra vez?
—Caíste del tren, te ahogaste. – era un hombre de pocas palabras, eso estaba claro.
—¿En dónde está mi ropa? – Sasuke le guio con la mirada a las ramas de los árboles. Naruto alzó una ceja al ver la ropa de Sasuke también ahí. —¿Tú también estás desnudo? – Uchiha alzó una ceja con evidente sorpresa.
—Por supuesto que no. He estado viajando un tiempo, obviamente tengo un repuesto.
—Oh, ya. Lo siento, es que esto hubiese sido demasiado raro. – bromeó con él, cosa que habitualmente no había sin su máscara.
—Hmp.
—Hay sangre en la manta… - exclamó tras comprobarlo, de su hombro derecho relucía una mancha cálida de carmesí.
—Te dispararon. – especificó el pelinegro.
—Oh… es verdad. – recordó lo sucedido hacía unas horas, sintió nauseas de sólo pensarlo. —¿Tú me curaste? –Sasuke asintió. —¿Por qué lo hiciste? No nos conocemos de nada, ¿O sí?
—No. Pero te necesito vivo, si te dejaba la herida al descubierto podrías desangrarte.
—¿Eres médico acaso? – negó en silencio. —¿Entonces cómo lo sabes?
—Mi esposa me enseñó. – admitió y el chico se sonrojó.
—¿Estás casado? – preguntó asombrado y para Sasuke esto no pasó desapercibido.
—¿Algún problema?
—No, no, claro que no… es sólo que te ves muy joven, como de mi edad.
—Hmp. – volvió a bufar, Naruto frunció el ceño.
—De cualquier forma, ¿Por qué estás haciendo todo esto? Si me están buscando por una recompensa no sería importante si me entregarás vivo o muerto, ¿No?
—No soy un cazarrecompensas.
—¿Ah no? – frunció el ceño. —¿Si no lo eres por qué me perseguías?
—Prometí que te llevaría vivo, si murieras todo sería en vano.
—¿Llevarme? – se removió, las cuerdas estaban bien apretadas. —¿A dónde?
—Con tu padre, Namikaze Minato. – Naruto abrió los ojos casi hasta que sus orbes saliesen de sus orbitas y para satisfacción de Sasuke, eso pareció ser bastante interesante; era justa la reacción de esperaba.
—¿Qué? – musitó, estaba abrumado.
—Te llevaré con tu padre, Namikaze Naruto. – le llamó de tal forma que logró desagradarlo.
—¿Estás bromeando no? – apretó la mandíbula hasta que escuchó un chasquido. —¡Estás loco! – acusó, Sasuke la miró sin ninguna emoción de por medio. —No deseo romper tu burbuja pero Minato Namikaze murió hace tiempo.
—Si estuviera muerto no tendríamos esta conversación, Namikaze-kun.
—¡¿Quieres dejar de llamarme así?! – dijo exaltado mientras movía violentamente su cuerpo. —¡Mi nombre es Uzumaki Naruto! ¡No Namikaze! Ese era el apellido de Minato, el mío es igual al de mi madre.
—No me importa tu nombre, tan sólo tu ascendencia. Eres idéntico a ese maldito de Minato, es suficiente para mí.
—Ah, ya entiendo… En realidad te estás vengado, ¿No es así? Esta es alguna clase de venganza por algo que mi padre te hizo en el pasado; pues déjame decirte que yo no tengo nada que ver con él. Minato murió en alguna parte como un perro, se fue a la tumba como el traidor que debió ser y ahora su cadáver se pudre en alguna fosa común.
—Vaya, ¿No se llevan muy bien, eh?
—¡Que está muerto!
—No deseo romper tu burbuja pero Minato Namikaze está vivo.
—¿Es en serio? – los dos jóvenes se tensaron al mismo tiempo. Sasuke casi se dio un giro de 360 grados hasta que ubicó a la persona que había hablado, le apuntó directamente a la cabeza con su avispero y se irguió listo para luchar.
—Sal con las manos en donde pueda verlas, no quiero nada de trucos. – amenazó con una voz sumamente sombría, nada parecido a su voz ligeramente gruesa pero burlona de hacía un rato.
—¡Tranquilo, tranquilo! – emergió entonces alzando sus dos brazos, uno más corto que el otro, Hatake Kakashi.
—Tú. – Sasuke entrecerró los ojos intentando no perder detalle de sus facciones.
—Que impresionante, no todos los días te encuentras a un prodigio rondando por el bosque. – susurró Kakashi sin perder detalle del avispero.
—¡Maestre Kakashi! – Naruto gritó eufórico. —¡Está vivo! ¡Sabía que no podía estar muerto! ¡Maestre Kakashi el tren, Hinata y los demás…!
—Lo sé, lo sé… -le interrumpió el hombre, sin apartar la vista de Sasuke.
—¿Kakashi? – Sasuke sonrió de lado. —Interesante, no todos los días encuentras a una leyenda humana rondando por el bosque.
—Veo que a pesar de los años mi reputación continua precediéndome.
—¿De qué está hablando, Maestre Kakashi? – Naruto se sentía tan fuera de lugar como un pez en la superficie.
—Uchiha Sasuke, mejor conocido como El Capitán Negro, un prodigioso cadete que ascendió sus escalafones en un tiempo record, igual que tu hermano mayor Uchiha Itachi. – una ceja tembló ligeramente en el rictus de Sasuke al escuchar el nombre de su hermano. —Es un placer volverte a encontrar después de tantos años.
—Coronel de la primera y única brigada CDA 92, mejor conocido como la brigada Scaramuccia, famoso por su inteligencia y astucia, reportado como muerto en batalla, una leyenda urbana y el único sobreviviente del proyecto Scaramuccia; Hatake Kakashi, volvemos a vernos.
—Creo que te subestimé, eres todo un detective. Pensé que esa información se había perdido en los albores del tiempo.
—Verá usted que no, coronel.
—No deseo importunarlo, capitán. – miró a Naruto, quien estaba estupefacto. —Pero ese chico de ahí es mi amigo. Además, ha dicho algo muy interesante lo cual me gustaría corroborar. – su voz ensombreció. —¿El General Namikaze… continua con vida?
—No es necesario que lo constante. Lo ha escuchado, ¿Verdad? – Kakashi asintió.
—Quería estar seguro. – se acercó confianzudamente al fuego y al hacerlo acarició su hombro izquierdo. Escuchó cómo Sasuke deshacía el seguro de su arma. —Por favor, no soy una amenaza, no es necesario que me apunte con esa arma.
—No quiero correr riesgos. Sé que el chico es tu compañero de trabajo, te advierto que si piensas desatarlo te dispararé antes de que logres deshacer el primer nudo. – su amenaza era demasiado seria, tanto que les causó escalofríos a los otros presentes. Kakashi se mostró dócil.
—No es por Naruto por quien estoy aquí, sino por mi maestro, Namikaze Minato. –Naruto abrió los ojos impresionado.
—Pe-Pero maestre Kakashi, mi padre… es decir, Minato murió hace años. ¿Qué sucede con usted? ¿Qué no se da cuenta que el abuelo y los demás están en grave peligro? – Kakashi miró de reojo a Naruto.
—Tranquilízate un poco, ¿Quieres? – respiró con cansancio. —Ha sido una noche agitada para todos. – volvió a mirar a Sasuke, quien no descendía el arma. —Puedes confiar en mí, Sasuke-kun. Después de todo, soy amigo de tu hermano.
—¿Amigo de mi hermano? – soltó una pequeña carcajada irónica. —Itachi jamás te mencionó.
—Ah, pero seguro recordarás la vez que te entregue aquella suma considerable de dinero. – Sasuke se vio acorralado. —Si no hubiese sido amigo de tu hermano me hubiera robado hasta el último centavo. –Sasuke descendió finalmente el arma. —Así está mejor. ¿Ves? No hay nada de qué preocuparse.
—Maestre Kakashi, ¿Qué cree que está haciendo?
—Cálmate Naruto, no tienes idea de lo que está pasando ahora, ¿Verdad? – él negó lentamente. —Estamos frente a un evento de gran relevancia. Saber que mi maestro está vivo es demasiado importante… mi destino vuelve a reavivarse, mi pasado se funde con mi presente.
—¿Qué?
—¿Acaso no lo vez, pierrot? – habló Sasuke al fin, ya más relajado. —Este hombre ante ti, al que llamas tan despreocupadamente como maestre es en realidad uno de los peores criminales que han vivido en este país.
—¡¿Qué?! – de nuevo demandó explicaciones.
—¿Criminal? Suena algo rudo, ¿No lo crees, muchacho? El título lo entrega en gobierno regente, en mi época puede que incluso me hubiesen categorizado como… un héroe.
—Tal y como acaba de decir, en su época quizá. – respondió con evidente riña el pelinegro.
—No ha sido una vida fácil. – dijo con serenidad.
—Maestre Kakashi, ¿Es cierto toda esta patraña? –Kakashi miró a Naruto unos segundos.
—Estás herido. ¿Cómo te encuentras?
—Oh. – el chico miró su brazo, la sangre se había esparcido más debido a los movimientos de antes. —Estoy bien. Ese soldado me salvó de morir en el lago.
—¿Caíste del tren?
—Me dispararon.
—Zabuza Momochi, ¿Eh?
—Maestre, se llevaron a Hinata. – apretó los ojos. —¿Por qué la quieren a ella? ¿Es por qué es hija de una familia aristócrata? ¡Ella no tiene la culpa de nada!
—Te equivocas. – para sorpresa del Uzumaki la voz ronca de Kakashi le sorprendió. —Hyuga Hinata no es más que una herramienta, como yo.
—¿Una herramienta? – Naruto mascullo esto con desprecio. —¡Es una persona! ¡¿Me está diciendo que todo esto es por dinero?!
—¿Dinero? – Kakashi se carcajeó. —No, Naruto. Temo que lo que ella posee vale más que unos cuantos millones de oro. – miró de soslayo a Sasuke, el chico continuaba en silencio. —¿Lo sabía, capitán? ¿Sabía el valor incalculable que tiene esa jovencita?
—No sé de qué habla.
—La estaba persiguiendo, así que supongo que no ignora de todo los hechos.
—Su padre me contrató para buscarla, pero para serle honesto, no me interesa lo que le suceda.
—¡Oye! –Naruto le miró indignado. —¿Qué rayos pretende decir, maestre?
—Hinata es actualmente, además de mí, la única que conoce el paradero de… - pero se detuvo justo ahí, suspiró. —Uh, estuve a punto de decirlo.
—¿Qué cosa? – Sasuke se inclinó interesado. —Será mejor que termine lo que estaba a punto de decir, coronel. – volvió a amenazarlo con la pistola.
—No pienso involucrarlos a ustedes, de hecho, sólo quería saber sobre el General Minato, si fueses tan amable de decirme donde está te prometo que me marcharé y no te molestaré.
—Claro como si eso fuese a pasar. Aunque no te lo dijera nos perseguirías y me vería en la necesidad de asesinarte. Por el contrario, si tú me das cierta información nuestro intercambio sería igual.
—¿Qué quieres saber?
—Es un acontecimiento que quizá no podré repetir en toda mi vida. Tú debes saberlo, Minato no me lo ha dicho, ¿Cómo murió mi hermano?
—¿En verdad quieres preguntarme eso? – el arma de Sasuke no dejaba de apuntarle, Kakashi se resignó y dejó salir un gran soplido. —Contarte sobre la muerte de Itachi tan sólo plantearía más dudas en ti y no me dejarías de hacer más y más preguntas.
—Entonces empieza a contar.
—Si lo hiciera tendría que asesinarlos. – Naruto se tensó, Sasuke por el contrario se emocionó.
—No tienes nada que perder, coronel. Además, si es pelea lo que buscas, pelea tendrás. – una corriente de aire ondeó su capa, la ausencia de su brazo izquierdo se marcó.
—Supongo que tú tampoco tienes nada que perder. – musitó Kakashi.
—Kakashi. – el hombre de cabellos de plata le miró extrañado, usualmente Naruto nunca dejaba su prefijo fuera de una oración, era evidente que estaba serio. —Si tu historia tiene que ver con Hinata también quiero escucharla.
—Te gusta mucho, ¿Eh? – el chico se sonrojó. Después miró a Sasuke y tras todo pronóstico dejó escapar un sonoro suspiro. —Escucha Naruto, la vida de tu amiga es invaluable para un grupo selecto de personas. Lo más probable sea que ellos hayan contratado a ese mercenario.
—¿Por qué? – el rubio continuaba a la expectativa, Sasuke también y lentamente retiró su arma.
—Para entender eso deberé contarles un poco de historia. – miró atentamente el fuego de la hoguera, sus recuerdos cobraron vida. —La muerte de Itachi, la supuesta traición del General Minato, el secuestro de esa chica, todo está conectado con el principio, con mi pasado.
—Explícate. – exigió Sasuke.
—Es difícil para mí. – excusó Hatake. —Pero si de algo tienes razón es sobre lo que dijiste hace un rato. Soy el único vivo de aquella brigada específica. El proyecto Scaramuccia lo inició todo y de la misma forma que empezó, terminó.
—¿Eso tiene que ver con mi padre y Hinata? – Kakashi asintió ante la pregunta de Naruto.
—Ellos estaban buscando algo. Un secreto tan bien guardado que muy pocos conocían y a sí mismo, planeaban un estruendoso final.
—¿Final de qué? ¿Quiénes son "ellos"?– cuestionó ahora Sasuke.
—De la monarquía. "Ellos" son las personas que trabajaron en secreto para hacer realidad el golpe de estado, todas esas personas que participaron en la rebelión de hace unos años. Los mismos hombres que asesinaron a Itachi, los mismos hombres que inculparon a Minato-sensei, los mismos… que buscaban incansables Septum Borealis.
—¿Septum Borealis? – el nombre le era familiar a Naruto.
—¿Hablas del lugar legendario? – Sasuke alzó una ceja. —¿No era sólo un cuento?
—Es tan real como tú y yo. – Kakashi apretó sus puños.
—¿Entonces todo esto en realidad gira en torno al oro? –Naruto se mostró ofendido.
—No, ellos deseaban algo que se escondía en ese lugar. Un arma lo suficientemente poderosa como para destruir una ciudad entera en un instante, un proyecto que se gestó en secreto con patrocinio de la corona real, me refiero… Al proyecto Scaramuccia.
El silencio se apoderó de la oscura noble, el fuego que crepitaba enfrente a ellos habría de trasportarlos al pasado, una época no tan vieja, un sitio que sería recordado por su solemnidad y descaro.
La capital Belliccia, visualizaba por las memorias de las viejas postales y cuentos encantados en cuya cima de la ciudad, en una hermosa colina, situada con un esplendoroso bosque y riachuelos, el palacio real. Lo llamaban Castillo Amatista. Había sido el hogar de todos los reyes desde hacía al menos cinco siglos de antigüedad y cada década era embellecido nuevamente para otorgarle aún más prestigio.
Sí, era el sueño de todo aquel campesino que visitaba la capital, de todo ladrón que ansiaba robar un botín digno de un rey, de cualquier turista que ansiaba ver algo fuera de su imaginación.
Se habrían de ubicar entonces en el palacio, hace 13 años desde el tiempo presente, antes de que el siglo cambiase su curso.
—Teniente Hatake, estamos contentos de verlo.- había sido citado con una semana de anticipación. Kakashi perfilaba en las fuerzas de campo del ejército real. Últimamente había tenido mucho trabajo por desempeñar, misiones sencillas y otras complicadas. El crimen era común entre los poblados, así como pequeñas guerrillas por tierras para cosechar, movimientos políticos impulsados por ideologías religiosas y científicas, todo lo que deben pasar en un reino que ya es demasiado viejo para continuar siendo gobernado por un rey, pero que continua siendo demasiado joven para pasar a otra clase de modus operandi.
Kakashi tenía entonces sólo 19 años y era todo un genio. No era tan fácil encontrarse con personas como él. Graduado con honores de la academia desde los 16 años, ascendido a un puesto de oficial a los 17, conmemorado por salvar a un escuadrón de oficiales y el sobrino del mismísimo rey de un ataque terrorista. Hatake Kakashi, a su escasa edad tenía un reconocimiento singular por parte de las fuerzas armadas y se había convertido en un teniente hacía apenas tres meses.
Pero en esta ocasión no era para promoverlo o algo en particular por lo que había sido llamado. Cierto día recibió una parta por parte del rey, ahí decía que necesitaba se presentara para una audiencia privada, sin duda todo un honor a lo que el chico asistió la fecha pactada. Helo ahí.
—Al servicio señor. –saludó con firmeza, realzando su bien planchado uniforme e insignias.
—Oh, sin duda es todo un honor conocerlo. – dijo un hombre de barba larga y llamativa. Lo recibían dos hombres reconocidos, se trataba del General Sarutobi, un viejo, pero sabio militar al servicio de la corona por más de 30 años y con él, el coronel Danzo Shimura con una apariencia ligeramente más dura que el viejo Hiruzen. Los dos acompañados de los mayordomos del rey, quienes les guiaban por el esplendoroso castillo.
—El honor es todo mío, señor. – abogó Kakashi con estricto régimen militar, cosa que fascinó a los dos hombres.
—Descanse. – pidió Hiruzen. —El rey lo recibirá en breve, haga el favor de acompañarme.
—Sí, señor. – todo era estrictamente profesional, Kakashi podría ser joven, pero no por ello menos educado. Caminó con firmeza tras ellos, las puertas de la cámara real se abrieron y en lugar de quedarse ahí los dos se dirigieron a una oficina de conferencias, en donde se hallaba el rey y otro hombre que no supo identificar.
—Buenas tardes caballeros. – los dos militares que anteriormente lo habían recibido se inclinaron respetuosos y Kakashi no tardó en hacerlo.
—Mi señor. – dijeron al mismo tiempo, el rey sonrió.
—¿Estamos todos? –preguntó el hombre.
—Sí, majestad. –Shimura miró a los mayordomos y éstos se dirigieron a las ventanas y puertas. Al unísono estas se cerraron herméticamente con espesas láminas de madera y acero. Los sirvientes salieron de ahí y a la orden de Danzo varios soldados que ya estaban dentro, montando guardia al rey salieron para posarse y vigilar las entradas. Finalmente sólo quedaron los dos militares de alto rango, Kakashi, el rey y el otro hombre.
—Disculpe el protocolo teniente. – dijo el general. —Es absolutamente necesario.
—No hay problema señor. – indicó él.
—Teniente Hatake, ¿No eres hijo del Coronel Hatake Sakumo?
—Sí, majestad, fue mi padre.
—Era un buen hombre. – el rey era un hombre mayor, de facciones duras y a la vez de voz amable, a la vista de todos era un pacifista, pero para sus enemigos y aliados más cercanos un tirano de temer. Era un monarca que si bien no era injusto, tampoco era precisamente un alma blanca, pues sus pecados habría de tener.
—Disculpe mi imprudencia, majestad. ¿Puedo preguntar para qué me fue solicitado?
—Ah, desde luego. – volteó a ver a los oficiales. —Tomen asiento, teniente, acérquese por favor. – el joven hizo lo que le pidió. —Déjeme presentarle al profesor Akasuna Sasori y el Ingeniero Deidara Iwakure. – cuando se vieron los rostros Kakashi no ocultó su sorpresa, aquel hombre ostentaba un cutis perfecto, pelirrojo y con un aspecto demasiado jovial para ser un profesor, título académico que se entregaba tras muchos años de estudio en escuelas especializadas.
—Es un placer, teniente. – los hombres le extendieron la mano y Kakashi respondió por cortesía.
—El placer es todo mío, profesor, ingeniero. – les saludó formalmente a ambos.
—¿Está todo en silencio, no? – preguntó el rey a Hiruzen y Danzo, los dos asintieron. —Muy bien, entonces puedo comenzar. – Suspiró el monarca.—Teniente, el motivo por el cual lo hemos llamado es para hacer una audición.
—¿Una audición? – se tensó un poco.
—He recibido excelentes reportes de usted en el campo de batalla y entrenamiento. Es toda una celebridad tengo que admitir. Más que nada por ser tan joven y talentoso. Créame, un hombre de su edad, siendo un oficial de rango mayor es singularmente brillante. Es por eso que he decidido llamarlo.
—¿En qué puedo servirle, majestad?
—Necesito un hombre fiel, hábil y prodigioso. – sonrió con fervor. —Teniente, permítame hablarle del proyecto Scaramuccia…- lo que vino a continuación fue una larga charla sobre planes a futuro. Planes de conquista, dominación y ciencia armamentista. Así como buenos deseos para el resto del país. Kakashi, quien estaba entrenado para obedecer escuchó atentamente todo lo que le dijo el rey. Básicamente, el profesor Akasuna se encontraba en proceso de crear algo poderoso, un arma capaz de destruir una nación entera a la cual habían bautizado como Scaramuccia. Ésta arma, la cual se encontraba en proceso era inestable y bastante difícil de fabricar, dado que se encontraba en constantes modificaciones. Según el rey, últimamente habían recibido varias amenazas de reinos vecinos, ideologías que dominaban incluso a su propia gente, revoluciones hacia la corona motivadas por codiciosos y hambrientos de poder.
—Scaramuccia no es sólo un arma, teniente. Es una oportunidad. – dijo con aspecto soñador. —Será una forma perfecta de defender el país de ataques mayores. Usted mismo lo ha confirmado, ¿No? La batalla constante contra el país vecino, Borseis, ha dejado a cientos de familias sin sustento y hogar. Hace tres meses invadieron Gallade, si no fuese por las valientes fuerzas armadas no habrían podido expulsarlos. Scaramuccia nos ayudará a ganar esta guerra y al mismo tiempo podremos expandir nuestros horizontes, ser una nación fuerte y soberana.
Kakashi asintió. Desde hacía mucho tiempo, que tras sus entrenamientos en la milicia, había dejado de pensar como un individuo y se había transformado en uno de las masas. El bien común, la doctrina que le había sido impuesta en sus años de cadete, era lo único que valía; pues como muchos habrían de afirmar, el fin justificaba los medios.
—Me alegra que lo comprenda. – sonrió el káiser. —Será promovido a la brigada, necesito decirle que esto es por demás exclusivo y altamente secreto. Si llegase a liberar información sería condenado como traidor.
—Entiendo, majestad.
—Su puesto continuará siendo el de un teniente, pero recibirá más paga por ende. Todo se mantendrá en estricto control y será enviado a misiones secretas. Usted y un pequeño grupo de hombres serán los encargados de proteger el proyecto a toda costa. Le daremos un tiempo de entrenamiento especializado y mientras más méritos tengo mayor será su recompensa.
—Será como usted diga, majestad. –inclinó la cabeza con respeto.
—Entonces que inicie su entrenamiento.
No fue un entrenamiento convencional. Al cabo de tres años Kakashi fue amaestrado en diferentes técnicas tanto militares como de espionaje. El régimen exigía más que buenos soldados y para asegurarse de ellos eran sometidos a prácticas militares de elevado nivel, misiones secretas para obtener los materiales que construirían a Scaramuccia, batallas contra líderes de ideologías diferentes a la monarquía, asesinato, desarrollo intelectual y académico.
Hiruzen se encargaría de la disciplina militar y Danzo de la intelectual y psicológica. El entrenamiento de Kakashi lo apartó del mundo normal al que estaba acostumbrado. Siempre tan alerta, en constante aprendizaje y siendo sometido a una jornada de endurecimiento mental. Fue torturado y amonestado con cada falta que cometía, por mínima que fuese. Así, después de tres años de constante adiestramiento el pequeño Teniente se convirtió en un experimentado Coronel. Fue ascendido por su desempeño tanto en el campo práctico como teórico y al igual que Kakashi los tiempos cambiaron.
Tras tantos años de servicio y haber formado parte de la brigada que se encargaría de proteger aquel proyecto tan grande, Hatake pudo darse cuenta de muchas cosas. Tal y como el rey lo pensaba se extendieron rumores sobre un plan secreto autorizado por la corona. Tales habladurías no eran más que el producto de algunos soldados o sirvientes que habían abierto la boca, pero a pesar de ser sólo eso, chismes por parte de la población, los encargados de la brigada y resguardar el secreto no lo tomaban a broma. Él supo, tras varias insinuaciones, que los soplones eran ejecutados en el acto y no sólo ellos, sino también las personas que escuchaban de éste.
Como era de esperarse, al tratarse de algo en extrema confidencialidad el sólo expandir un rumor sería demasiado peligroso. Además de esto, en ocasiones se había dado cuenta de que la salud del rey decaía lentamente. Estaba enfermo de algo que ni los médicos reales podían entender. Era como si algo lo estuviese consumiendo por dentro. Y eso era justamente lo que sucedía, lo veía venir.
Un día, en uno muy sombrío, para ser precisos, Kakashi fue llamado por el rey. Era una reunión secreta al parecer, pues nadie se había enterado que vendría. Incluso los sirvientes lucían desconcertados. La noche estaba sobre sus cabezas y yacía el monarca recostado en su enorme cama. Era invierno, estaba haciendo mucho frío.
—Ah, Kakashi, me alegro de verlo. – exclamó el rey, su voz sonaba ronca y fatigada.
—Majestad. – él se inclinó con respeto. —Me ha llamado muy repentinamente, ¿Por qué no esperar para el día de mañana?
—No es algo que quiera discutir mañana, muchacho. Prefiero hacerlo ahora. – con la mano le pidió que se acercara. Kakashi lo hizo, se sentó a su lado en una vieja silla de madera. —Dime, Kakashi, ¿Cuántos hombres componen actualmente la Brigada Scaramuccia?
—Ahora sólo cinco majestad, sin contar a los dos generales.
—¿Tan pocos?
—Son los mejores en su clase, desafortunadamente hemos tenido algunas bajas.
—Ya veo. – suspiró. —¿Bajo el cargo de quien estás ahora?
—Del General Sarutobi, señor.
—Ah, sí. Hiruzen-san es un buen hombre.- sonrió complacido. —Escucha con atención lo que voy a pedirte, Kakashi. Porque es muy privado. ¿Puedo confiar en ti?
—Seré una tumba, majestad.
—Me alegra escucharlo. – le acarició la cabeza con la mano, el militar se tensó, no estaba acostumbrado a esta clase de ademanes. —Eres un hombre confiable, Hatake Kakashi. Tanto como tu padre. Estaremos orgullosos de él siempre.
—Gracias, majestad.
—Por esa razón quiero pedirte algo. Lo que te voy a pedir es más que cualquier honor otorgado por la corona a ningún hombre. Es un secreto que sólo yo sé y nadie más. – entonces apuntó un pequeño buró que estaba en el armario. Se levantó con cuidado, Kakashi lo notó, estaba más delgado que antes. Sacó de un cofre encadenado lo que parecía ser un libro grueso forrado de cuero y cubierto por una manta que le protegía del polvo. Se lo dio a Kakashi.
—¿Puedo preguntar, que es esto, majestad?
—Es el tomo de toda la investigación que se ha requerido para perfeccionar a Scaramuccia. Hice que el profesor Akasuna me diera para conservarlo.
—¿Pero no lo necesitará el profesor para trabajar?
—Es demasiado inteligente, seguro lo memorizó todo. –tosió y se sentó en la cama. —Kakashi, quiero que escondas el tomo. No es seguro que esté aquí.
—El Palacio Amatista es el lugar más seguro de todo el reino, su majestad.
—¿Tú lo crees? –se rio deliberadamente. —El Palacio Amatista es el lugar más hermoso de todo el reino, pero nunca ha sido el más seguro. No, muchacho, debes llevar esta investigación al único sitio que sé jamás podrán penetrar.
—¿Señor? –no entendía a qué se refería. El palacio era conocido en todo el país como una fortaleza impenetrable, llena de túneles y cámaras secretas bajo tierra que perfectamente podrían ser claves para salvar a toda la ciudad en caso de una invasión.
—Quiero que lleves el libro a un lugar tan secreto que nadie podría pensar si quiera en llegar ahí. Llevarás el tomo a Septum Borealis. – lo último lo susurró con una voz tan ligera que apenas pudo escucharle. Entonces pensó que había enloquecido.
—Pero… ¿Habla en serio? – el rey frunció el ceño. —No se ofenda majestad, pero Septum Borealis es un cuento para niños, yo no…
—Oh, pero por supuesto que es un cuento, si no lo fuera no sería el lugar más seguro del país. – dijo casi musitando. Kakashi alzó una ceja, sin comprender. —Es real. – reveló al verlo tan confundido. —Sólo hay una persona en toda la nación que conoce su ubicación, yo. Con cada generación el rey pasa este secreto a su sucesor en su lecho de muerte. Es una tradición exclusiva y sólo el rey es el único que puede saberlo durante cada reinado. Pero ahora te diré en dónde está. ¿Entiendes lo serio que es esto? – el coronel parpadeó pero después asintió, obedecería hasta donde le fuese posible. Así eran las reglas, así le había enseñado su padre. —Perfecto. Tu misión, Kakashi, será ir a ese lugar y resguardar el libro. Debes asegurarte que nadie te siga y que nadie se entere de a dónde te diriges. Será un viaje largo, pero cuento con que podrás hacerlo bien.
—A la orden, alteza.
—Confió en ti, Kakashi. No se lo pediría a nadie más. – colocó ambos brazos sobre sus hombros, era una pasada carga para el joven, pero el rey estaba seguro lo haría. —Dentro de la cámara, en el pasaje más profundo y oscuro, deberás ocultarlo en una caja fuerte. Mi padre la mandó diseñar a un habilidoso herrero, es impenetrable, al menos eso aseguró el hombre. Tiene un código muy complicado y deberás tener cuidado, porque si fallas al accionarlo la caja se destruirá.
—Comprendo.
—Debes guardar el libro y regresar al palacio, si alguien pregunta darás una coartada. Escucha, Kakashi, nadie debe enterarse, ni siquiera tus superiores, ni mis hijos, ni el creador del arma, si eres capaz de traicionarme… tendré que condenarte a muerte, ¿Lo has entendido?
—Sí, señor.
—Pero si cumples exitosamente la misión, no te alcanzara la vida para disfrutar de sus placeres… -dijo por último, esperando que con todas esas ofertas Kakashi se convenciera aún más de cumplir con la misión.
—Lo haré, mi señor.
—Perfecto… Ahora, te recitaré la ubicación y el código, es un criptograma, para mayor seguridad.
—No se preocupe, lo encontraré.
…
—Así comenzaría un viaje que me llevaría varios días a caballo. Ni siquiera recuerdo cuantos. Tal y como el rey había dicho, encontré la entrada de Septum Borealis en el lugar donde menos pensaría, así mismo, tras pasar por diferentes obstáculos logré llegar al pasaje más profundo y justo en medio yacía la caja fuerte. Introduje el código exacto y dejé el tomo.
—Un relato así causaría sensación de todos los caza-tesoros del mundo. – dijo Sasuke al son del relato de Kakashi.
—¿Por qué nunca había escuchado de esa arma? – Naruto interrogó dando en el clavo.
—No del todo. – interrumpió Sasuke.—Es natural que no sepas nada del arma. Incluso en el ejército es un tabú hablar de esta. Sólo existían rumores y leyendas tal y como su brigada. – Kakashi asintió y prosiguió con su historia.
—Scaramuccia había sido terminada y se escogió un determinado día para probarla. Hasta ese momento todo había sido suposiciones por parte de sus inventores. Cuando fue el momento las expectativas marcaron muchas diferentes de lo esperado. El arma consistía en una enorme ojiva que se disparaba de un cañón fabricado por los mismos inventores. Transportar el cañón era un reto pero gracias a las modificaciones de los mismos se consiguió crear una locomotora lo suficientemente grande como para transportarlo. El cañón y el proyectil era el conjunto perfecto. Yo lo vi todo, ni siquiera había podido llegar con su majestad a reportarme, sólo tuve la mala suerte de pasar cerca del lugar de prueba.
Kakashi lo recordaba como si hubiese sido ayer y no era para menos.
Acababa de salir hacía al menos una hora de un pequeño pueblo en la frontera, era de recién creación debido a sus escasos asentamientos. Daba una pequeña vista al mar y parte de las montañas. Era su viaje de regreso, tras algunos percances, Kakashi había logrado retomar su camino a la capital.
Iba pues avanzando de forma cansada, tenía que volver a subir una montaña para bajarla al otro lado, era el camino más fácil, pasar a través del bosque para después llegar a una vieja estación de tren, lo cual indicaba que la capital estaba a sólo cinco días de ahí a caballo. No era su mejor tiempo, debía admitir, estaba tan fatigado y hambriento que incluso le era pesado cabalgar. Le gustaría mucho tomar un tren, las vías eran recientes y seguramente una ruta comercial, pero no podía arriesgarse demasiado, el rey se lo había advertido.
Estaba tan ocupado en sus pensamientos que el sonido de la maquinaria trabajar lo trajo nuevamente al presente. Kakashi, quien iba por el bosque, vio pasar un enorme tren de carga que subía la misma montaña que él intentaba cruzar. Le pareció sospechoso, puesto que lo reconoció un poco. En escasas ocasiones había visto parte del armazón de la máquina, pero logró entender que se trataba de la misma. Megatón, así habían bautizado el enorme tren que justo ahora estaba fuera de la capital. Kakashi se quedó viéndolo subir y cuando finalmente estuvo en la cima éste se detuvo. Tal y como pensaba, demasiado sospechoso.
No advirtió lo que estaba por pasar. Miró al fondo, el pequeño pueblo pesquero que había dejado atrás era apenas distinguible. Entonces el ferrocarril, la estructura del vehículo se había acomodado de una forma que intuía era para descargar algo. No fue hasta que una plataforma se abrió por medio de poleas que emergió el pavoroso cañón. Kakashi abrió los ojos intrigado. Ese mecanismo sí que lo conocía.
—Scaramuccia. – musitó intrigado. Sonó el metal mientras se deslizaba, después el grito de muchos hombres que se coordinaban para acomodarlo como era debido. Apretó las riendas de su caballo, un escalofrió recorrió su columna. No era un tonto, esa sensación la sentía muy a menudo cuando luchaba en batalla.
Entonces se escuchó un estruendo tan grande como el de un trueno. Se tuvo que cubrir los oídos, las montañas causaron eco ante éste. Lo que emergió del cañón fue la ojiva que volaba por los aires con precisión. Se percató para cuando era tarde, la estructura metálica caería muy cerca del pueblo, pero antes de hacerlo decenas de compartimientos se abrieron liberando otros proyectiles más pequeños. La caída libre las hizo más letales. Las balas descendieron en un bombardeo sofocante. La presión de los mismos destrozó árboles y las casas de madera de las personas. Entonces comenzaron a explotar. Había pólvora y otros componentes dentro de las mismas. La ojiva más grande terminó de caer causando un gran cráter y entonces, ya en el suelo, liberó un espeso humo rojo. Kakashi miró alarmado todo esto desde la posición de su silla de montar, su caballo entró en pánico repentinamente y le costó mantenerlo tranquilo lo suficiente como para ver lo que pasaba a continuación. Los otros proyectiles habían liberado parte de aquella sustancia gaseosa, cuando el cargamento más grande del dispositivo principal se vacío por completo, mezclándose con el humo yacía toda una neblina roja.
Los animales corrían asustados alejándose de las mismas, los componentes eran tóxicos, pero además, altamente inflamables. Por último y para dar un golpe de gracia Scaramuccia se detonó. La explosión liberó llamaradas y dado que el gas estaba esparcido por todas partes se encendió como un verdadero mar de fuego. No quedó ningún rastro del pueblo y del bosque. El caballo de Kakashi corrió en dirección contraria y no pudo detenerlo. Lo que había visto era tan tremendamente horripilante como para no verse afectado.
No era de extrañarse por qué tanto secreto. El arma era monstruosa y además se veía muy complicada. Su diseño acaba desde varios puntos, era de alto alcance y no bastando con el daño físico, se atrevía a usar compuestos químicos y detonantes para dar más fuerza a su capacidad destructiva. Tras galopar un largo rato Kakashi paró en seco, cayéndose del animal como resultado, mas poco le importo. Reflexionó con horror al darse cuenta de todo. Esa arma era tan terrible que no sólo era capaz de dañar a sus enemigos, también a sus aliados. No podía dejar de imaginar lo fugaz y escalofriantes que habrían sido los últimos momentos de las personas de aquel pueblo. Era sin duda una experiencia traumática, como si un meteorito cayese.
Recordó entonces las palabras del rey y cómo éste motivaba a sus soldados a guardar el secreto. Sintió miedo y repulsión de sí mismo. Había matado sin dudarlo por la causa, obedecido como un perro amaestrado ante el son de la trompeta. No había parpadeado al darse cuenta que algunos de sus compañeros, partes del proyecto, habían sido asesinados por liberar una mísera palabra de la operación. Todo se redujo a una epifanía. El rey y sus militares estaban locos, esa arma era sumamente peligrosa… y él era idéntico a ellos. Kakashi miró sus manos un momento y apretó su mandíbula. No habían tenido ninguna clase de miramientos en destruir aquel pueblito, en dañar la montaña ni en matar a tantas personas para satisfacer sus ansias de poder. Kakashi miró las vías del tren y ubicó a lo lejos la estación en donde supuestamente descansaría. Ahora no se detendría por nada, tenía que hablar con el rey.
Tomó un tren, no le importó que se viese tan mal y la gente hablara. Le urgía llegar a la capital. Cuando finalmente lo consiguió no quiso detenerse a charlar con nadie, pidió una audiencia con el rey, quien por cierto, lucía todavía más enfermo.
—Kakashi. – el hombre le saludó desde su silla en su oficina principal. En tiempos como estos el rey trabajaba todos sus asuntos en una oficina blindado dentro del hermoso palacio Amatista.
—Majestad. –se inclinó todavía tembloroso y adolorido.
—Pero qué aspecto te traes hombre, ¿No sería mejor que tomaras un baño primero? – se burló el monarca.
—Es más importante que se lo diga primero majestad.
—Entiendo. Cierra la puerta, hablaremos en privado y sin que nadie nos moleste. – Kakashi se apresuró a hacer lo que le pidió. —Por tu aspecto me atrevo a decir que lo has hecho, llegaste a la cámara.
—Lo hice, alteza. Fue difícil, pero pude encontrarla.
—Ah, maravilloso, sabía que podía confiar en ti. Serás recompensado, Coronel, tal y como lo prometí.
—No es por eso que vine a verlo señor. De camino a la capital he visto algo terrible. – el rey endureció el gesto.
—¿Qué sucedió?
—Alguien ha sacado a Megatón, el tren secreto para utilizar a Scaramuccia. – contó con alarma, todavía recordaba el escenario posterior a su detonación.
—¿Qué? – el rey alzó ambas cejas. —¿Dices que han probado el arma?
—Sí, majestad. Ha sido muy peligroso, tiene un poder tremendo, no quedó nada después de usarse. Lo peor de todo es que una población entera desapareció tras su ataque. Mi señor, temo que alguien…
—¿No quedó nada? – entonces Kakashi sintió angustia al verlo sonreír. —¡¿Nada de nada?! – estaba contento, eso sólo lo perturbó más. —¡Que magnífica noticia, muchacho! – aplaudió el káiser. —Eres augurio de buenas noticias, coronel. ¿La viste? ¿Qué tan majestuoso es el cañón?
—¿No está… no está asustado? – musitó al verlo tan gozoso.
—¿Asustado? – se carcajeó ante esto. —Por favor, Kakashi, no digas tonterías. Fui yo quien ordenó se probara el arma. Últimamente no he estado bien de salud, por lo que no podía ir yo mismo, pero les he pedido al General Shimura y el profesor que lo hagan. ¡Eso sólo fue el comienzo! Akasuna Sasori sólo diseñó ese prototipo, pero dentro de un año tendremos todo un arsenal, ¡Es más! Ahora que has confirmado lo poderosa que es simplemente tengo que ampliar la cobertura, invertir más y lograr fabricar una segunda ojiva.
—Pe-Pero mi señor… - Kakashi estaba sudando. —El poder de esa arma no tiene igual, es peligrosa incluso para nuestras fuerzas. Además si llegara a caer en manos enemigas…
—¿Qué tanto dices? – entonces el hombre se molestó. —¿Es que sabes algo que yo no? – le miró con amenaza. —¡Dime, Kakashi! ¡¿Sabes de alguien que intente robarme mi poderoso invento?!
—N-No majestad, es sólo una suposición, pero…
—¡No digas estupideces! – gritó, adiós a las charlas confidenciales. —Scaramuccia es tan poderosa como para intimidar a cualquiera. Resolveremos sus por menores y haremos de esta nación una potencia.
—Alteza, yo sólo digo que tanto poder puede salírsele de las manos, el arma es impresionante pero…
—¡Suficiente! – a su voz aparecieron por las puertas de la oficina varios guardias. —¿Estás delirando acaso? – entonces le apresaron por la espalda, Kakashi estaba tan cansado que no pudo defenderse. —¿Por qué sospecho que te estás rebelando? – le dijo directamente. —¿Es que insinúas que me traicionarás?
—¡Majestad, por favor! He sido su más fiel siervo, soy parte de la brigada…
—¡Silencio! – gritó ensordecedoramente. —¡No digas ni una palabra más! ¡¿Estás demente?! ¡Está estrictamente prohibido decir algo referente a ello! – había enrojecido y agitado visiblemente, los guardias no comprendían como es que el rey se había enojado tanto. —Creo que Danzo no te disciplinó bien, Hatake. Una sola palabra más y te mandaré a la horca. ¡Guardias! Llévense a este hombre a una celda y antes que nade, denle un baño.
—¡Sí, señor! – lo arrastraron hasta que lo apartaron de su vista. Kakashi contempló conmocionado la realidad. Todo lo que había hecho no era una causa humanitaria, era solamente parte del plan de un desalmado. El rey, a quien llegó a considerar una figura paterna y de autoridad lo había traicionado. La fe y confianza depositada en el monarca, junto al respeto se fueron a la basura cuando lo mandó a prisión.
Una vez ahí, no sin antes haber sido bañado a petición del rey, Kakashi se sumió en frustración y desesperación. Estuvo largas horas meditando, también durmió, y cuando llegó a una conclusión supo que sus años de entrenamiento no podrían desperdiciarse. El rey había cometido un error, confiarle tamaña misión sería su principal estrategia. Si bien el único que podía construir otro proyectil era el mismo inventor sin la ayuda de un instructivo, eso no significaba que estuviera disponible de hacerlo cuando fuese. Una sola palabra se repetía en la cabeza de Kakashi, lo hizo tantas veces que al final se convenció que la sólo existía esa forma para acabar con todo.
Asesinato.
Había sido entrenado para matar, le pesara a quien le pesara, incluso lo había hecho en nombre de la corona. El patriotismo no era lo suyo, pero si tenía que hacerlo, lo haría; y esa decisión se marcó con mayor fuerza en su mente cuando tuvo una inesperada visita a su celda.
La puerta se abrió dejándose ver nada menos que Danzo Shimura. El viejo coronel recién ascendido a general le saludó con la mirada, una cargada de decepción habría decir.
—Coronel Hatake. – Kakashi inclinó ligeramente la cabeza para saludar. —Es una pena que el rey lo haya encerrado aquí, no me he enterado de los detalles, esperaba que usted pudiera aclararlo.
—No estoy autorizado a hablar de nada referente al proyecto, señor. – atacó con la misma piedra.
—Claro, eso sólo aplica a los que no estén involucrados en el mismo. – Danzo estaba armado, Kakashi se dio cuenta de ello, pues no dejaba de entrever su portable de cuero. —Kakashi, iré directo al punto. ¿En dónde habías estado las últimas dos semanas?
—No me es posible hablar de ello. – su voz era firme.
—¿Se trata de Scaramuccia? – contratacó Danzo. Kakashi no dijo nada. —Porque sería extraño, no hemos autorizado ninguna clase de misión recientemente. ¿Eso tiene que ver con el hecho de que estés aquí encerrado?
—General. Megatón no está en su hangar.
—Oh… - afortunadamente pudo leer entre líneas. —Lo has visto. –sonrió, su rostro era parecido al del rey. —¿Es impresionante no es así? ¿Cómo es que lo viste? – Kakashi de nuevo enmudeció. —¿Qué opinas?
—Es monstruoso.
—Lo es, ¿No? – sonrió aún más. —Con un poco más de potencia y podríamos destruir una ciudad entera, me atrevo a decir, que incluso tan grande como Belliccia. – Hatake alzó una ceja.
—Sea claro conmigo, General. – Danzo calló para después hablar como si pensara bien en sus diálogos.
—Te lo dejaré así. La monarquía inició un proyecto que no puede ser manejado por un rey.
—¿Qué?
—Es preferible que un hombre más capacitado lo haga, ¿No crees? Algo así como… un Führer.
—¿Qué insinúa, General?
—Déjame decirte una cosa, Kakashi. – le miró con una chispa asesina en sus ojos. —Este país necesita un cambio y Scaramuccia es la manera de lograrlo. El rey tiene una visión, pero yo tengo una mejor. – entonces le apuntó con su arma. —¿Recuerdas el credo de la brigada? "Morir en una riña rápida, matar para no prolongar el sufrimiento, actuar bajo consentimiento, servir con disciplina." – entonces lo comprendió. —Fuiste un buen soldado, pero me temo… que ya no necesitaremos de tus servicios.
—¿Entonces así termina todo? – apretó los dientes. —¿Ahora me considera como una pieza inútil en su tablero de ajedrez?
—Sabes demasiado, Kakashi. Además el rey confía en ti.
—Él me traicionó.
—No es del todo su culpa, después de todo está… enfermo.
—¿A qué se refiere?
—Es un hombre longevo de eso no hay duda, pero es preferible entregarle una muerte natural y sin sufrimientos, así será más… creíble.
—¿Usted… le ha hecho algo a la salud del rey?
—Era necesario.
—Eso es más que sólo un proyecto real, ¿No es así? Hay más conspiraciones de las que podría imaginar en todo esta mascarada. Desde el inicio de la fabricación del arma ustedes han armado un golpe de estado. – acusó Kakashi. —No se trata de seguir las órdenes del rey, se trata de aprovecharse de ello, de fingir ser perros dóciles para después atacar como lobos hambrientos, ¡Ustedes quieren poder no orden! ¡Una dictadura!
—No seas dramático, coronel. Esto lo supera incluso a usted…
—Los soldados de la brigada Scaramuccia que han muerto antes lo han hecho sólo porque no cumplían sus expectativas. –acusó.
—Es cierto. – Kakashi reconoció el peligro de inmediato. —Ahora usted es como esos soldados. El rey debe sospechar, ¿Es por eso que lo ha mandado a espiarnos? Desde hace tiempo que creía era un doble agente para el mismo rey, ¿No es verdad? – resintió las acusaciones, pero no dijo más. —Es todo, soldado. No más preguntas.
—Es una locura, general. Toda la población pagará por su insensatez.
—Déjese de sermones. – se escucharon cuatro disparos en la celda.
…
—¿Cómo es que sobreviviste? – preguntó Sasuke, interesado en el relato más que cualquiera.
—Danzo creyó haberme matado, pero sólo me atinó un disparo, me dio en el hombro, lo noqueé antes de que pudiera cargar su arma. Tras confirmarme sus intenciones me quedé sin opciones. – Kakashi miró a Naruto. —Sólo había una persona en la que podía confiar y si quería hacer algo bueno por mi país tenía que apresurarme.
—¿Buscaste asistencia? – Naruto se removió un poco en medio de sus ataduras.
—Oh, sí que lo hice… - recordarlo le causó satisfacción. Aún podía recordar su encuentro. Estaba lloviendo a mares y tocó la puerta desesperado, cuando abrieron al otro lado sus ojos grises se toparon con los azules de su maestro.
—¿Kakashi? ¿Eres tú, Kakashi?
—Maestro Minato. – él cayó de rodillas, estaba ensangrentado, mojado y agobiado.
—¡¿Pero qué te pasó?! Hace años que no sé nada de ti y te apareces de pronto. Son las dos de la madrugada, espero que tengas algo increíble para contarme.
—Maestro. – Kakashi fue prácticamente arrastrado al interior del cuarto. Se había escabullido en uno de los campos más prestigiosos del batallón 14, en la academia de reclutamiento lugar en donde Minato ofrecía sus servicios. —Necesito su ayuda. – no tenía a nadie más a quien acudir y la forma en la que lo dijo preocupó al rubio.
—Dime Kakashi, te escucho.
—Ayúdeme a impedir un desastre. Hay alguien a quien debo asesinar… - Minato se puso pálido.
—¿Pero qué…? ¿Estás bromeando? – se levantó y fue por vendas y agua caliente. —Deliras, déjame lavar tus heridas.
—¡No! –Kakashi tomó su mano en el aire antes de que le tocara.
—¡Kakashi! – reclamó Minato.
—Debe escucharme, Minato-sensei.
—De acuerdo, de acuerdo… - suspiró, estaba tan agitado que parecía que le daría algo de tanto temblar. —¿De qué se trata todo esto?
—Todo se salió de control. – Tragó saliva reunió valor. —Ayúdeme a detener… el proyecto Scaramuccia.
Brighella miró a Meneghino, el personaje secundario acababa de convertirse en principal.
…
—Vamos a jugar, ¿Está bien?
—Sí.
—Camina, sin detenerte… no mires atrás, porque si lo haces el juego se acabará, ¿Comprendes?
—Sí, lo entiendo. Si miro hacia atrás… moriré.
—Chica lista.
…
Meneghino habla de política, se ríe, grita, lamenta, teme, es una sombra de días pasados, pero ¿Sabes algo princesa? A pesar de todo, a pesar de ser un loco… fue un héroe.
Continuará…
Finalmente llegamos a Minato. El verdadero misterio y trasfondo se revelará. Espero lo hayan disfrutado. En serio, este capítulo abarcó 29 hojas en word. Generalmente mi límite es de 20 hojas, dado que tampoco me gusta sean episodios tan largos, pero como lo dije al principio se me hizo complicado fragmentarlo. En el siguiente capítulo cambiaremos la narrativa y nos trasladaremos a la época, la historia detrás de Minato se revelará.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
