Disclaimer: Los personajes son propiedad de Rowling.
Cap 10: La huida
N/A: Pensé que estaba muerta, cuando me di cuenta que no había actualizado este fic. Que amo, a pesar de todo. Pero no. Estoy viva y coleando y no me iba a perdonar el dejar esta historia inconclusa, he de decir que faltan dos caps, para que concluya. Y quiero agradecer a todos aquellos que me siguieron y aguantaron mi inconstancia. Como todo escritor, vivo de los comentarios de los lectores. Este es una pequeña introducción al final.
Por si no se acuerdan, les repaso que Snape ha entrado a Grimmauld place con un plan para sacar a Bellatrix de ahí, ella como es tan bondadosa se acuerda de Sirius y quiere despedirse de él como se debe. De la manera más sensual, cruel y retorcida que las circunstancias le pueden ofrecer. El próximo cap se tratara de eso y el ultimo será un capricho que se me metió en la cabeza desde hace tiempo. Muahahaha, haciendo enredos con la historia de Rowling y volviéndola clasificación M. (6)
Feliz año! les desea Mel.
-¡KREACHER!- Bramó un Sirius Black, enfurecido- ¡BASTA YA, TE LO ORDENO!
Molly Weasley que estaba tratando de tranquilizar al viejo elfo, que como loco se había puesto a destruir toda la alacena de la cocina, sacando platos, vasijas, comida y demás, se tapó los oídos protegiéndose del grito atronador del animago que hecho un demonio había entrado en la estancia.
La horrorosa criatura de grandes ojos inyectados en sangre, paró al instante. Temblando de una contenida ira. Observó a su amo, con unos ojos que parecían escupir fuego, Sirius le correspondió de la misma manera.
Estaba más que molesto. Por su encierro, por Harry, por Snape, por Dumbledore, por la maldita de Bellatrix, y ahora por ese apestoso elfo. ¿Podía ser peor? Solo quería un momento de soledad en ese instante, no una revolución.
Sacó toda su frustración y la descargó en Kreacher, que murmurando cosas ininteligibles, lo desafiaba plantado en el piso, con una copa de plata en una mano y una bolsa de verduras en la otra.
-¡LARGO DE AQUÍ, AHORA!- El hombre señaló la salida y Kreacher refunfuñando por lo bajo, salió a zancadas de ahí. No sin antes tirar al suelo frente a la señora Weasley la copa y la bolsa de patatas, las cuales salieron disparadas hacia todas direcciones.
La bruja suspiró cansada. Le hartaba aquel elfo, pero, Dumbledore había mencionado que no debían de tratarlo mal, menos de aquella manera tan brutal como lo hacía Sirius. Molly se dio la media vuelta dándole la espalda a Black, dispuesta a arreglar todo ese desorden. Con su varita en mano, empezó a recoger las cosas haciendo que volaran en el aire.
Sirius salió de la cocina, respirando agitadamente. Tenía tantas cosas en mente que un punzante dolor en la sien empezaba nacer.
Y si eso no bastaba, lo que ninguno de los dos sospechaba, es que mientras ellos lidiaban con Kreacher, Severus Snape, sigiloso, había entrado y salido de la casa, sin dejar rastro.
Ese día había reunión de emergencia, la Orden daría los reportes de la llamada de alerta que hacía unos minutos les había llegado. ¿Cómo estarían?
¿Qué tan grave había sido el asunto? Sirius deseaba más que nada, haber podido salir, ver la luz del sol, entrar en combate. Defender lo suyo. Un par de batallas con los mortifagos no le caerían nada mal. Él no estaba hecho para quedarse tras bambalinas, encerrado viendo como los demás se llevaban toda la acción. Simplemente no lo podía soportar. Talvez en Azkaban no se había vuelto loco, pero ahí… ya lo estaba dudando.
Subió las escaleras de dos en dos, hasta llegar al cuarto que antaño había pertenecido a su madre. Ahora su nuevo amigo, Buckbeak, residía ahí. Le gustaba pasar el día solo con el hipogrifo. Era su momento de meditación, apartado de todo aquello que le irritaba. Si bien, le alegraba tener compañía, Sirius se había acostumbrado a la soledad y necesitaba su espacio.
Entró a la oscura habitación con la intención de no salir de ahí hasta en la noche para la reunión. Rogó internamente que no trajeran noticias malas.
Su mente vagó por los pisos inferiores, concretamente en el segundo, donde cierta mortifaga se encontraba. ¿Qué estaría haciendo? Definitivamente ya no se acercaría a ella. Dumbledore tenía razón. ¿Qué diablos le pasaba? Últimamente se sentía tan fuera de si, tan indeciso, tan pésimo. Harry era lo único que lo mantenía vivo. Tenía que estar para su ahijado. No podía cometer estupideces, mas de las que ya hizo.
Se sentó en el piso, esperando a que luz se consumiera para darle paso a la noche.
Los integrantes de la Orden del Fénix llegaban uno tras otro. La tensión se había liberado un poco al saberse que el ataque de los mortifagos había sido una farsa. La señora Weasley alegre de que todo mundo estuviera bien, preparaba una cena.
El hecho de ella estuviera aún en el cuartel, era que vigilaba a Bellatrix Lestrange al igual que Sirius. Eran los únicos permanentes.
Muchos de los presentes, subieron a revisar a la mortifaga. Alastor Moddy le había obligado dejar la puerta de su habitación abierta. Para que cada vez que pasaran por el pasillo pudieran ver el interior. Bellatrix obedeció a regañadientes. Kinsgley Shacklebolt le había subido un poco de comida.
En ningún momento sospecharon que la bruja había pasado por una de las peores torturas de su vida, ni tampoco que se había puesto en contacto con alguien más.
Era surrealista la imagen que ofrecía aquel pasillo. Uno paseaba por la casa topándose con toda la Orden del Fénix y de pronto se cruzaba una habitación con la seguidora más fiel y peligrosa de Lord Voldemort, echada en la cama con cara de extrema aburrición. Sirius se paralizó unos segundos cuando la vio, pero siguió de largo hasta la cocina. Remus Lupin y Nymphadora Tonks habían tenido reacciones parecidas. No es que les sorprendiera el que estuviera ahí, pues eso era ya sabido, sin embargo la idea aún no se asimilaba.
El desfile de personas que ante ella sucedía poco le importaba. Solo se preguntaba cuando saldría de ahí.
Después de que Snape se había marchado, el elfo Kreacher, le había entregado ropa y le había explicado como se llegaba al acceso. Era una trampilla en el piso. Se abría fácilmente y se deslizaba hacia un lado una sección del piso de madera, descubriendo un angosto túnel por el cual ella entraría hasta caer en un pasillo largo. Tenía que seguir las flechas que la criatura con órdenes de Snape había colocado para la mortifaga.
Kreacher se encargaría de volver a cerrar el pasadizo. El momento oportuno para el escape irónicamente era mientras la reunión se llevaba acabo. Bellatrix se escabulliría debajo de la mesa, donde la Orden del Fénix al completo estaría sentada. Aquella idea le divertía en demasía a Bellatrix. Que mejor manera de burlarlos que frente a sus narices.
Y justo en el momento menos esperado Sirius recibiría su sorpresa. Tenía que dejarle un recuerdo para que no se olvidara de ella.
