Capítulo 10

SAKURA cerró la revista agradecida pensando en que Sasuke no podría verla. Al fin y al cabo estaba en Italia, y los hombres nunca leían ese tipo de publicaciones. El cheque recibido por contar todas aquellas mentiras sobre lo feliz que era en su matrimonio y lo maravilloso que era su marido la compensaba de la vergüenza que sentía. Con aquel dinero se pondría al día en los pagos de la hipoteca y arreglaría el Land Rover.

Hacía dos semanas y tres días que no veía a Sasuke y cada día, cada minuto, lo había echado de menos. Sasuke la perseguía. Tenerlo cerca, aunque la hubiera ignorado, hubiera sido mejor. Anhelaba estar con él. Y estaba molesta y avergonzada por sentir ese anhelo por un hombre que había entrado en su vida con el único objeto de hacerle daño.

Impasible ante cualquier indirecta, correcto y atractivo hasta el final, Sasuke los había llevado al aeropuerto. Daisuke se había echado a llorar al comprender que él no los acompañaba. Al abrazar al niño él había esbozado una expresión satisfecha. El efecto de aquellas dos cabezas morenas juntas sobre Sakura había sido muy diferente.

El parecido físico entre padre e hijo era asombroso. Y Daisuke tenía derecho a saber quién era su padre. Además, Sasuke también tenía sus derechos, por mucho que no tuviera prisa por ejercerlos. Si no se lo decía a Sasuke algún día Daisuke le exigiría una justificación. Su orgullo herido, su ardiente deseo de evitar una confesión y su pesimismo en cuanto a cómo iba a tomarse Sasuke la noticia no era razón suficiente para guardar silencio.

Kiba había llamado por teléfono avisando de que visitaría en La Hacienda con su novia durante el fin de semana. Llegó el viernes, justo cuando Sakura salía de casa con Daisuke.

- Si os vais ahogaré mis penas en alcohol, te lo advierto. Me han dado plantón - explicó hundiéndose en el sofá.

Kiba tenía debilidad por las rubias, pero parecía incapaz de retenerlas. Sakura le dio una palmadita en la espalda y contestó:

- Daisuke tiene una fiesta, y yo me ofrecí para quedarme a ayudar. Estaremos fuera un rato, así que si no quieres quedarte solo llama a Tenten.

- Es una lástima que Tenten no sea rubia - se lamentó Kiba sacando una botella de whisky de una bolsa -. Ninguna de las mujeres que conozco es rubia.

- ¿Y no te dice nada eso?

- Debería de haberme casado contigo, probablemente hubiera sido feliz.

- Kiba... deja esa botella y ve a casa de Tenten. - No voy a contarle que me han dejado plantado... se reiría de mí.

Sakura en cambio sí pasó a ver a Tenten y a contarle lo de Kiba antes de ir a la fiesta. No volvió a casa hasta las siete, y para entonces Daisuke estaba agotado y deseando irse a la cama. Tras acostar a su hijo Sakura miró la botella de whisky medio vacía.

- ¿Tan mal te encuentras?

- Peor.

- Bueno, entonces vete a la cama tú también. ¡Vamos, levanta!

Sakura lo ayudó a subir las escaleras y lo guió hasta el dormitorio que había junto al de ella. Kiba cayó sobre el colchón.

- He conocido a tu marido... ¿desde cuándo tienes marido?

- ¿A mi marido? - repitió Sakura atónita.

- No ha sido muy amable - le confió Kiba en tono de secreto, tomándola de la mano -... trató de pegarme... y hubiera acabado mal si no me hubiera caído antes.

Kiba tenía que estar soñando, pensó Sakura. Sin embargo justo en ese instante se escuchó una voz desde el dintel de la puerta:

- ¿No es agradable?

Sakura se asustó tanto que soltó a Kiba y se volvió.

- ¿De dónde has salido? ¡Llevo más de una hora en casa!

- Fui a dar una vuelta, llegué cuando tú estabas fuera - explicó Sasuke.

Debía de estar espantosa, reflexionó Sakura angustiada. De haber sabido que Sasuke estaba en Inglaterra se habría arreglado. No para atraerlo, sino para evitar que pensara que iba hecha un adefesio. Al fin y al cabo tenía orgullo, aunque herido.

Sasuke, en cambio, estaba estupendo. Sakura dejó que su mirada vagara por su semblante. La boca se le secó, el corazón se le aceleró.

- ¡Inuzuka no va a quedarse aquí a pasar la noche! - exclamó Sasuke

- ¡Habla italiano perfectamente! - intervino entonces Kiba sin saber lo que decía.

- ¡Calla, duérmete ya! - musitó Sakura.

- Si él se queda yo me voy - añadió Sasuke.

- ¡No seas estúpido, no te hace ningún daño! - lo defendió Sakura.

Sasuke giró sobre sus talones. Sakura corrió tras él.

-¡Sasuke...! ¿Adónde vas?

- ¡Me marcho! - respondió Sasuke con ojos brillantes y enfadados -. Per amor di Dio... ¡No pienso dormir bajo el mismo techo que tu amante!

- ¿Estás loco? - inquirió a su vez Sakura, con ojos atónitos -. Kiba no es mi amante.

Sasuke hizo un gesto con las manos y gritó algo en italiano. Sakura tragó y comprendió que Sasuke estaba tan furioso que era incapaz de aceptar ninguna explicación.

- Está bien, está bien... me libraré de él - prometió Sakura desesperada, comprendiendo que si no lo hacía Sasuke se marcharía para no volver.

Sakura llamó por teléfono a Tenten y le pidió que lo alojara esa noche. Después levantó a Kiba de la cama.

- Vamos a dar un paseo, Kiba. ¡Dios, pesas una tonelada!

- Déjame a mí - se ofreció Sasuke.

Sakura sacó las llaves del coche de Kiba de su bolsillo y los guió a ambos por las escaleras.

- ¿Adónde lo llevamos?

- Al coche. Pero no le hagas daño - musitó Sakura nerviosa.

Sakura se sentó al volante, y entonces Kiba preguntó:

- ¿Adónde me llevas?

- Ya lo verás.

No tenía valor para contárselo. Tenten tenía una lengua muy afilada, y se había metido muchas veces con él. Dejárselo en aquel estado era como entregarle un bebé a un caníbal. Tenten oyó el ruido del coche y salió a ayudar.

- ¿Tenten...? - musitó Kiba horrorizado.

- Tranquilo, Kiba, te cuidaré - lo calmó Tenten con voz maternal.

Sakura miró a su amiga asombrada.

- Tenten... ¿qué ocurre?

- Tengo tiempo esperando a decirle todo lo que pienso - susurró Tenten con ojos brillantes -. Las rubias no te convienen, Kiba.

- No - respondió Kiba dándole la razón mientras caminaba apoyándose en ella.

Sakura volvió a La Hacienda preguntándose qué planeaba Tenten. Sasuke la esperaba en el vestíbulo. No le dio ni un segundo para respirar antes de preguntar:

- ¿Qué estaba haciendo aquí ese estúpido borracho? - Por el amor de Dios, Sasuke, Kiba se queda en mi casa a menudo, y normalmente no suele beber tanto. Muchas veces incluso se trae a su novia. No sé de dónde te has sacado la idea de que somos amantes...

- Hace tres años estuviste a punto de casarte con Inuzuka. ¡Él te dejó plantada! - le recordó Sasuke airado -. ¡Porca miseria! ¿Pretendes hacerme creer que es solo un amor platónico?

- Sí, pretendo hacértelo creer - respondió Sakura mirándolo a los ojos.

- ¿Aunque sea el padre de tu hijo? - insistió Sasuke.

- Te aseguro que Kiba no es el padre de Daisuke.

Un silencio tenso vibró en el aire. Ansiosa por saber qué pensaba Sasuke tras aquella confesión, Sakura murmuró:

- Ni Kiba ni yo nos dimos cuenta de qué era lo que fallaba en nuestra relación hasta que no nos enamoramos de otra persona. Ahora somos amigos. Es un chico amable, cariñoso.

Sasuke torció la boca mientras la escuchaba con ojos duros y fríos y la seguía hasta el salón.

- Vamos, don Perfecto...

- No... siempre está contando las mismas historias y bromas una y otra vez

Sakura estaba asombrada. Sasuke no insistía sobre el tema de la paternidad de Daisuke. ¿Seguiría creyendo que había habido otros hombres en su vida?

- ¿Pero por qué no le has dicho que estabas casada? Accidenti... ¡Un amigo tan íntimo y ni siquiera sabe que existo!

- Hoy ha sido el primer día que lo he visto desde la boda. ¿Cuándo has llegado?

- Poco después de las seis. ¡Y no pensaba encontrarme a un hombre aquí!

Sakura parpadeó y reflexionó. Sasuke se estaba comportando como un marido celoso y posesivo, y ella estaba reaccionando como una mujer recién casada e insegura, deseosa de aplacar a su marido. ¿Sasuke, celoso? Eso era imposible.

- ¿Te has puesto celoso cuando has pensado que Kiba era mi amante? - preguntó Sakura.

Sasuke se quedó inmóvil y la miró con los ojos entrecerrados.

- Soy una persona muy celosa de mi dignidad. - ¿Tu dignidad?

- ¿Es que no te parece razonable que espere que te comportes como una esposa normal? No es muy inteligente por tu parte invitar a Inuzuka a quedarse contigo después de todo lo ocurrido entre vosotros dos...

- Inteligente... - repitió Sakura pensando en lo poco apasionada que resultaba esa palabra.

- Ahora que eres mi mujer estás bajo el punto de mira de la prensa, eres una posible presa del cotilleo. No querrás que nadie sospeche nada malo de nuestro matrimonio tan pronto, ¿verdad?

Sakura asintió. Sasuke no estaba celoso. Era simplemente el macho arrogante y orgulloso de siempre empeñado en salvaguardar su imagen. La gente se reiría de él si sospechara que su mujer no le era fiel.

- A propósito, te he pagado la hipoteca - señaló Sasuke con satisfecha naturalidad. Sakura se quedó boquiabierta -. Como eres tan independiente imagino que querrás devolverme el dinero cuando cobres la herencia, pero por lo menos ahora estás libre de esa carga.

- Pero... Sasuke... ¿qué derecho...?

- Aún no he terminado. También he ido a hablar a tu banco. Ya no tienes límite de crédito. Y no me lo arrojes todo a la cara - se apresuró a añadir Sasuke -. No tengo ningún derecho a interferir, lo sé, pero tenía que ayudarte en todo cuanto pudiera.

Sakura tragó. Aquello sí lo entendía. Sasuke se sentía culpable, y aquella era su forma de reparar el daño. Aquella forma de inmiscuirse Sasuke en el terreno económico la irritaba, pero no estaba en posición de rechazarlo.

- Gracias.

- Me hubiera gustado poder hacer mucho más, cara mía, pero sabía que no lo aceptarías.

- ¿Te has dejado las alas aparcadas fuera? - inquirió Sakura con una sonrisa insegura ante aquel respetuoso comentario.

- ¿Las alas?

- Eres mi ángel de la guarda.

- Temía que dijeras que era tu hada madrina - le confió Sasuke.

- Lo he pensado, sí - rió Sakura por primera vez en semanas.

Entonces recordó la confesión que tenía que hacerle y su rostro se ensombreció. Pronto, se dijo...

Eran más de las ocho y media cuando llamaron a la puerta. Sasuke estaba en la biblioteca haciendo unas llamadas, y Sakura había subido a ponerse un vestido que marcara su silueta. Al abrir la puerta se sobresaltó. Eran Tayuya y Karin. Y ambos la miraron extrañadas de su nueva imagen.

- ¿Es un traje de Galliano? - preguntó Karin envidiosa.

- ¿Un... qué?

- ¡Y esos zapatos son de Prada! ¡Menuda prisa que se ha dado en quitarte tus trapajos! - rió Karin -. Es peligroso que un hombre trate de cambiar a una mujer.

- ¡Y el verde desentona con tu pelo rojizo, Sakura!

- Pero Sakura no tiene el pelo rojizo - intercedió Sasuke saliendo de la biblioteca -. Es rosa, de un tono brillante y primaveral.

Sakura miró a Sasuke como una nadadora a su chaleco salvavidas. Karin y Tayuya no fueron lo suficientemente rápidas como para encajar el golpe.

- Creía que estabas en Italia, Sasuke - sonrió su madrastra tensa.

- Sí, y yo creo que esa es la razón por la que habéis venido - respondió Sasuke apoyándose cómodamente sobre la chimenea mientras las visitantes permanecían tensas, de pie, sin terminar de comprender qué quería decir -. ¡Qué amables al pensar que Sakura necesitaba compañía!.

- Estoy segura de que Kiba ha venido a acompañarla - comentó Karin inocente.

- Sí, es un chico simpático - respondió Sasuke tranquilo, con una sonrisa burlona, mientras Sakura giraba la cabeza mirando a unos y otros.

Karin y Tayuya habían encontrado un contrincante perfecto.

- Karin y yo estábamos pensando ayer en la coincidencia que ha sido que Ino Yamanaka y Sakura hayan encontrado marido en tan poco tiempo - comentó Tayuya suspicaz -. ¿Cómo se llamaba la otra ahijada de tu madrina Sakura?

- Hinata - musitó Sakura -. ¿Por qué?

- Por curiosidad, naturalmente. ¡Esa mujer hizo un testamento tan curioso! Supongo que pronto oiremos decir que Hinata se ha casado...

- Lo dudo - soltó Sakura -. No tenía planes para casarse cuando la vi por última vez.

Karin le dirigió a Sasuke una enorme sonrisa y cruzo las piernas bajo su escaso vestido.

- ¡Apuesto a que no tienes ni idea de qué estamos hablando, Sasuke!

- Pues yo debo de confesar que se me ha pasado por la cabeza el que Sakura pudiera haber... - intervino Tayuya.

- ¿Haberse casado conmigo para heredar ese millón? - sugirió Sasuke irónico y seguro -. Sí, por supuesto, conozco ese testamento, pero puedo aseguramos que la última voluntad de esa excéntrica madrina no ha tenido nada que ver con mi deseo de casarme con Sakura.

- Sí - intervino Sakura entrando en el juego -, de eso estoy segura, Sasuke tiene una agenda muy apretada.

- ¡Ooh! - respiró Sasuke a su oído, haciéndola ruborizarse.

Tayuya, no obstante , no cedió tan fácilmente:

- No sé cómo decirlo para que no penséis que me entrometo pero... sinceramente, me preocupó mucho cuando mis amigos me contaron que habían visto volver a Sakura sola de Venecia tras solo cuarenta y ocho horas de luna de miel...

- ¡Pero mamá, es que Venecia no puede ser un lugar agradable para Sakura! - exclamó Karin mirándola significativamente- ¡creo que de ahí saco a su hijo! – comento Karin en un susurro que muy apenas fue entendido por Sakura.

- Me encanta Venecia - la contradijo Sakura.

- Ya sé que le pusiste ese estúpido nombre de Daisuke a tu hijo, pero enseguida dejaste de usarlo - objetó Tayuya.

- ¿ Daisuke? - repitió Sasuke de pronto.

- ¡Qué nombre más tonto! - rió Karin -. La verdad es que Sakura nunca ha tenido ni gusto ni discreción.

Sakura se sentía demasiado mortificada como para mirar en la dirección de Sasuke. Tenía los nervios de punta. Hubiera deseado ponerle a Karin un saco en la cabeza y sofocar sus palabras antes de que revelara demasiado.

- Tu sentido del humor debe de resultar ofensivo muy a menudo - respondió Sasuke frío -. Yo, por lo menos, tengo poca tolerancia para cualquier cosa que moleste a mi mujer.

Karin se ruborizó, y Sakura se tranquilizó ante el tono protector de Sasuke.

- Sí, Karin, has sido un poco atolondrada diciendo eso - convino Tayuya-. Pero ya pasó. En realidad yo he venido para expresar mi preocupación por algo que ha hecho Sakura.

- ¿En serio? - inquirió Sakura apoyándose en su marido. - Trajiste a Sasuke a la fiesta que di para vosotros y no me dijiste nada de su estatus financiero – continuó Tayuya -. Además, ¿por qué, siendo así las cosas, has hecho esto? - añadió sacando una revista de su bolso y tendiéndosela -. ¿Es que no hay nada que no seas capaz de hacer por dinero? ¿Cómo has podido violentar a tu marido así, Sakura?

Sakura se quedó paralizada. Miró la revista, se ruborizó y creyó morir de vergüenza. Tayuya sacudió la cabeza y añadió:

- Me quedé horrorizada al saber que Sakura había vendido la historia de vuestro matrimonio a una revista de cotilleo, Sasuke.

- Yo en cambio recordaré algunas de las frases que dice Sakura en ella como preciados tesoros - soltó Sasuke en un tono complaciente, alargando una mano hacia ella para calmarla -. Cuando leí eso de que sintió una «extrañeza mística» y un «sentimiento íntimo de reconocimiento de un alma gemela» nada más conocerme, admiré profundamente su capacidad para expresar con palabras las sensaciones y sentimientos que yo mismo experimentaba y no podía describir.

- ¿Sasuke?, - musitó Sakura temblorosa, atónita ante el hecho de que hubiera leído el reportaje y pudiera incluso citar textualmente algunas de sus palabras.

Sasuke, no obstante, parecía incapaz de parar:

- Lo que sentí realmente fue una necesidad tan poderosa de volver junto a Sakura que vine volando. Siempre consideraré ese reportaje como una carta de amor pública de mi mujer.

Karin y Tayuya se quedaron inmóviles, sin decir palabra, hasta que por fin la última habló:

- Por supuesto me alegro mucho de saber que esa entrevista no ha estropeado vuestras relaciones, estaba muy preocupada...

- Me sorprende - declaró Sasuke -. Tendría que estar ciego para no ver que intentas desvalorizar continuamente a mi mujer a mis ojos. Sakura es una persona íntegra, cosa que no entiendo sabiendo que ha vivido toda su vida junto a vosotras dos.

- ¿Cómo te atreves a hablarme así?

- Te ofende que mi mujer posea un bien que ha pertenecido a su familia durante más de cuatrocientos años, estás furiosa porque se ha casado con un hombre que va a ayudarla a conservarlo. Esperabas que se viera forzada a vender para poder repartir los beneficios - la condenó Sasuke con disgusto -. Por eso es por lo que me atrevo a hablarte así.

- No voy a quedarme aquí para que me insultes – soltó Tayuya caminando hacia la puerta.

- Muy inteligente.

Sasuke escuchó el portazo. Atónita, Sakura respiró:

- Voy a ir a ver a Daisuke...

- Daisuke - murmuró Sasuke en voz baja, agarrándola de la mano mientras subía por la escalera -. Es evidente que escogiste ese nombre porque tenía un significado especial para ti. ¿Fuiste feliz aquella noche conmigo?

- S.. sí - tartamudeó Sakura.

- Pero nos conocimos en un momento difícil de tu vida - añadió Sasuke seleccionando con cuidado sus palabras -. Ahora comprendo que perdonaras a Inuzuka tan generosamente después de dejarte plantada en el altar. Era evidente que él no tenía toda la culpa. Te habías acostado con otra persona antes de la boda.

- ¡No, eso es falso! - exclamó Sakura ruborizada, deteniéndose en el pasillo.

- ¡Accidenti! ¿Qué sentido tiene negarlo? ¡Puede que no lo supieras, pero estabas embarazada aquella noche cuando te acostaste conmigo!

- ¡No... no lo estaba! - exclamó Sakura abriendo la puerta del dormitorio de su hijo -. ¡Otra vez yerras el tiro!

- ¡Tenías que estar embarazada! - contraatacó Sasuke -. Tu hijo nació siete meses después.

- Daisuke fue prematuro. Estuvo semanas ingresado en el hospital antes de que pudiera llevármelo a casa... - confesó al fin Sakura conteniendo el aliento y poniéndose tensa antes de girarse para mirarlo.

La expresión de Sasuke era de desconcierto, de profunda confusión. Se quedó mirando fijamente a Sakura y preguntó:

- ¿Fue prematuro?

- Sí, así que ya lo sabes - respondió Sakura con la boca seca y el corazón en un puño -. Y, para ser sinceros, Sasuke, siempre hubo solo una posibilidad.

- ¿Estás tratando de decirme... que Daisuke es mío? - susurró Sasuke con ojos de oro a la escasa luz del dormitorio.