Dragon Ball y todos sus personajes son obra de Akira Toriyama. Esta historia es el simple proyecto de un fan.
Capítulo X
Lupinus
Año 776; Planeta Tierra.
—La principal regla de un guerrero saiyajin es… —dijo Lenn, resaltando la última palabra para que la pequeña completara su frase.
Linnah puso los ojos en blanco y le dio la espalda. Su cola plateada se agitó en el aire, indicando fastidio.
El saiyajin asintió, aceptando el desafío, y con decisión haló fuertemente su cola, la chica emitió un agudo chillido que espantó a cuanto animal estuviese cerca.
—Ahora, responde a mi pregunta —ordenó el pelinegro con aire victorioso, Linnah lo miró con desprecio.
—...La principal regla de un guerrero saiyajin es jamás faltar a su palabra… —replicó ella de mala gana, su hermano volvió a jalarle la cola, casi dejándola inconsciente —¡Sabes que mi cola es muy sensible deja de hacer eso! —protestó dolorida.
—Es parte de tu entrenamiento. Si no te acostumbras a estos tirones serás derrotada fácilmente por los androides ¿sabes?
—¡¿Y por qué rayos tenemos que huir?! ¡Eres capaz de alcanzar la transformación legendaria! ¡Sólo tienes que matarlos!
Otro impiadoso tirón silenció a la niña, y una vez ésta estuvo inconsciente el pelinegro se adentró por su cuenta en el bosque. Cada vez más su mente era invadida por recuerdos indeseables, el rostro de su madre le perseguía incluso estando extremadamente lejos de ella. Lupinus era un fantasma que le acosaba desde las sombras, tan sólo recordar aquel extraño ojo hacía que se le revolviera el estómago.
Apresuró el paso ante ese sentimiento, y una vez estuvo frente al lago abandonó sus prendas y se zambulló en el agua helada, desesperado. Se mantuvo de pie en el fondo del lago, mirando al cielo con agonía, obligándose a mantenerse bajo el agua hasta que el ruego de sus pulmones por oxígeno se hizo insoportable.
—Por qué… —jadeó una vez consiguió volver a respirar.
Obsesionado, comenzó a frotarse los brazos con el agua helada, intentando borrar manchas imaginarias.
Su orgullo estaba vuelto añicos. Apretó los dientes con fuerza e hizo estallar el área, agitando las tranquilas aguas del lago y creando una falsa lluvia.
Su aura dorada, furiosa, ardía alrededor de su cuerpo. Al cielo, le regaló la mirada de un demonio colérico.
Año 767 – Templo sagrado.
Por fin, Vegeta, Trunks y Linnah culminaron su estadía en la habitación del tiempo, acallando muy levemente el desespero que Gokú y Gohan sentían.
La figura de Trunks contrastó fuertemente con la de los otros saiyajin: su cabello había crecido bastante e incluso se había vuelto más alto.
Ambos saiyajin de raza pura lucían exactamente igual debido a que sus cabellos tenían un límite de crecimiento.
Bulma no dejó pasar por alto el cambio y luego de saciar la curiosidad que sentía por la nueva imagen de su hijo, ofreció a todos unos trajes de combate nuevos. Al ver a la saiyajin sin cambios no se ahorró el comentario.
—Como vi que llevabas unos guantes altos decidí que el traje de combate también los tuviera —declaró con orgullo, la castaña alzó una ceja, la madre de Trunks se acercó para murmurar en voz baja —¿Verdad que mi hijo ha crecido bastante…? Espero que se haya comportado como un caballero durante el entrenamiento…
Las mejillas de Linnah enrojecieron con vigor. A falta de respuesta simplemente le dio la espalda a Bulma, llevándose el traje para cambiarse.
A pesar de la poca seriedad que la mujer tenía en esa época, su presencia era el vivo recuerdo de la promesa que le había hecho a su alterno del futuro. Había dado su palabra como guerrera, y se rehusaba a pensar en algo que no fueran su promesa o las memorias perdidas.
El futuro parecía esclarecer durante el combate de Vegeta y Cell… a pesar de que este último había conseguido absorber a número 17, no era capaz de sostener un combate decente contra el orgulloso príncipe.
Lejos de matarlo y acabar con la pesadilla, el padre de Trunks tomó una decisión egoísta y decidió permitirle al androide Cell fusionarse con número 18 para alcanzar su forma perfecta.
Ésto provocó una riña entre el príncipe y su hijo, quien estaba desesperado por evitar que un mal mayor ocurriera… sin embargo fue inútil. Vegeta peleó contra Trunks para permitir que sus ambiciones se cumplieran.
No sólo eso, Linnah permaneció completamente inmutable a pesar de que Trunks había dirigido sus ojos hacia ella en busca de ayuda.
Una vez más estaba sólo contra el mundo. Una vez más la forma de ser de los saiyajin ponía en peligro a todos.
Trunks fue obligado a contemplar cómo la última forma de Cell derrotaba a su orgulloso padre, incapaz de intervenir hasta que éste estuvo inconsciente y lejos.
—Yo me encargaré de derrotarlo… quiero que te vayas de aquí junto a mi padre y Krillin —sentenció con frialdad el hijo de Vegeta. Su ki emanaba rayos eléctricos que obligaban a la saiyajin a mantener cierta distancia.
—Sabes que no puedo hacer eso —replicó ella, ambos estaban transformados, pero Trunks resultaba más intimidante. No sólo era más fuerte, sino también mucho más alto.
—No quiero verte cerca… ¡vete…! —su usual calma se disipó en aquel grito, Linnah se rehusó a moverse, fiel a sus palabras.
Krillin, sosteniendo el cuerpo inconsciente de Vegeta, se vio intimidado por la tensión entre ambos viajeros del tiempo. Por más que quisiera acercarse y acallar la situación, sentía que sólo conseguiría empeorar las cosas.
Cell contempló a los guerreros con impaciencia, deseoso de probar los poderes de su siguiente oponente.
—¿Y bien…? ¿Vas a pelear? —Inquirió el monstruo.
Trunks ignoró sus palabras y en un acto iracundo tomó a la saiyajin por los hombros, estrellando su pequeño cuerpo contra una de las enormes rocas de la isla en la que estaban.
El amigo de Gokú se sobresaltó.
—¡¿Trunks….?! —exclamó Krillin, anonadado.
El híbrido, aún sosteniendo a la chica, comenzó a elevar su ki a un rango inimaginablemente alto. La enorme cantidad de energía que emanaba desde él lo volvieron extremadamente intimidante, por un instante sus ojos parecieron estar en blanco, faltos de cordura alguna.
Linnah, incapaz de moverse, observó con incrédula al muchacho.
—Ni se te ocurra interferir en la pelea… yo me encargaré de derrotar a Cell —la voz del joven carecía de emoción alguna —Así que ve con Krillin y con mi padre… Protegelos —ella asintió y una vez Trunks liberó su cuerpo, se dejó caer sobre sus rodillas.
Desde su postura, observó con asombro al hijo de Vegeta y a la vez, se sintió preocupada. No podía detenerlo en un combate directo… Trunks había conseguido superarla.
Era débil.
«¿Cómo puedo mantener mi promesa… si este estúpido es más fuerte que yo…? ...Si va a hacer lo que pienso que hará… yo… Bulma...»
Resignada, Linnah emprendió vuelo hacia una isla alejada en la que permaneció junto a Krillin. Pronto el despejado cielo se volvió tormentoso y las aguas se agitaron en un mal presagio.
Los poderes de Trunks y Cell dejaron asombrados a la saiyajin y a Krillin por igual.
—Oye, Linnah… —habló con cierta timidez el muchacho. Su mirada estaba inundada de una amabilidad nata —Quiero disculparme en lugar de Trunks… él tiene una parte humana como yo… y muchas veces los seres humanos generamos resentimiento ante las acciones de otros. Sé que Trunks comprende hasta cierto punto que Vegeta y tú son saiyajin de raza pura… pero es todavía muy joven como para asimilarlo en la forma en la que los trata. Creo que él no quería que supieras lo fuerte que se había vuelto… estaba protegiendo tanto tu orgullo como el de Vegeta… por eso esperó hasta el último momento para combatir.
Ella escuchó las palabras del terrícola, pero no pudo mirarle directamente. Apretó los puños, frustrada, casi desesperada; sentía que si no era capaz de cumplir la promesa hecha a Bulma estaría traicionando a alguien muy importante. Alguien cuyo nombre y rostro no podía encontrar en sus memorias.
Había un vacío abrumador en su pecho, y sus ojos no tardaron en llenarse de lágrimas. Su orgullo estaba herido y su concepto de guerrero, amenazado por la existencia de seres increíblemente superiores a ella.
Sus ojos plateados destellaron ante el cielo eléctrico.
Krillin notó las lágrimas que caían desde el rostro de la chica, encontrando la arena seca de la isla. Comprendió la ira que la consumía, y optó por mantenerse en silencio.
—El híbrido va a perder ese combate —dijo ella luego de largos minutos. La pelea continuaba a lo lejos, creando explosiones y temblores en la zona.
—¿Qué…? —replicó el humano, ella continuó sin prestarle atención.
—...Si él muere… —las manos de la saiyajin temblaban. Quería detener ese combate. Debía hacerlo, pero no quería ver al híbrido saiyajin a los ojos otra vez.
La herida en su orgullo comenzaba a abrirse cada vez más, haciéndola agonizar por dentro. Y entonces, el Ki de Trunks descendió con brusquedad.
«¡Trunks…!»
Simplemente voló en dirección al sitio de combate, ignoró absolutamente todo, su mente estaba enfocada en el muchacho y sólo reaccionó al verlo de pie frente a Cell. No podía hacer nada. Se detuvo en seco.
—He perdido las esperanzas de derrotarte… ¡Mátame! —a pesar de la distancia, las duras palabras del muchacho alcanzaron los oídos de la saiyajin.
«¡¿Qué estás diciendo…?!»
Su corazón tembló dentro de su pecho, sintió que algo se quebraba en su interior.
Cuando por fin pudo reaccionar, Cell se había ido y ella voló hacia Trunks para propinarle el más fuerte de sus puñetazos.
Allí, sentada sobre él, continuó golpeándole el rostro al desganado joven.
—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡¿Es que acaso olvidas que tienes a alguien esperándote en nuestra época?! ¡Maldito estúpido!—el último golpe impactó el suelo junto a la cabeza del muchacho.
Las lágrimas de Linnah cayeron sobre el rostro de Trunks, helándolo por completo.
—¡¿Por qué te rendiste…?! ¡¿Por qué…?! ...¡Nunca voy a perdonarte por esto…! ¡Te dije que lo había prometido…! ¡Te dije que… le prometí a Bulma… protegerte…! —la saiyajin comenzaba a ahogarse en su propio llanto.
El muchacho no encontraba palabras para responderle. Se sintió avergonzado.
—...¡¿No quieres salvar al futuro de esos androides?! ¡Responde! —la voz usualmente tranquila de la saiyajin retumbó en el sitio, quebrando lo último que quedaba del semblante neutro de Trunks.
—Lo siento… Linnah… lo siento mucho… —el joven cubrió su rostro con el antebrazo, sus lágrimas escapaban fuera de control. Ella tenía la razón.
Ambos permanecieron así por un largo rato, incapaces de detener el llanto que habían guardado por tantos años.
Perseguidos por una constante sombra de horror y desesperación, invadidos por una responsabilidad más grande que sus poderes.
Año 785; localización desconocida – Futuro alternativo.
—General Lupinus… ¿de verdad cree que vale la pena ir a la Tierra? ¿No piensa que su última creación ha sido un éxito total? —habló la antropomórfica lagartija, vigilando con una atenta mirada a los encargados de dirigir la imponente nave.
Los paneles, llenos de luces de múltiples colores y monitores con distintos gráficos eran interrumpidos en el centro por una enorme ventana hacia la infinidad del espacio.
La general agitó su malograda cola.
—Zardli… Es obvio que mis hijos son más importantes que cualquier otro proyecto… —sus crueles palabras helaron a todos. El comentario, falto de emoción alguna, era obviamente sarcástico —Así que… si bien tomará tres años llegar a la Tierra, la cual he oído es un planeta hermoso habitado por seres indignos, vale la pena… ¿entiendes…?
—Sí, señora —el cuello del soldado quebró de inmediato. El fuerte chasquido atemorizó a todos.
—Sabes muy bien… que detesto que me recuerden mi edad… —su voz bajó con crueldad —Mi querido Lenn… me pregunto qué tanta cordura te queda después de saber la verdad.
Un grupo de soldados se encargó del reciente cadáver, mientras la intimidante general mantenía la vista fija en el espacio.
El ojo izquierdo de Lupinus comenzó a brillar, aquel color verdoso, extraño a la naturaleza de cualquier saiyajin normal, era lo que más temían todos sus subordinados.
Tan sólo mirarlo significaba la muerte: nadie se atrevía a subestimar el abrumador poder del ojo de dragón.
