Es una idea alterna a la saga de Macross conocida; he agregado detalles, personajes y otros de acuerdo a las necesidades de la historia.

Resumen: La fortaleza espacial SDF-2, al mando de la Almirante Lisa Hayes, dejó la tierra en el año 2012, sin embargo, algo sucedió en el espacio que le trasladó treinta años en el tiempo, a un punto sin retorno.

"SDF-2: Perdidos en el Tiempo"

Historia basada en "Robotech-Macross"


Capítulo 10


Al parecer de Lisa, en muy poco tiempo habían ocurrido demasiadas cosas dentro las que destacan inigualablemente aquellos eventos que generaban inestabilidad en sus emociones, más allá de lo que ella misma era capaz de soportar. La actitud positiva a la que quería aferrarse de pronto se escapaba como agua entre los dedos debido al odio dirigido hacia todos aquellos hechos que la situaron en este punto, en esta posición que nunca esperó tener.

Llevaba varios días que Neela no le dirigía la palabra más que para tratar con ella los asuntos netamente relacionado con sus funciones; fuera de allí era una persona que bajaba la cabeza o desviaba la mirada cada vez que se encontraban. Neela la estaba evitando y la entendía. Sentía que Neela la culpaba y ella le encontraba razón, porque se creía merecedora de ese sentimiento que le dirigía por ser ella, Lisa Hayes, la razón del quiebre de la relación del matrimonio Hunter.

Ni siquiera Jack la había podido convencer en su momento de que no se odiara por ser Lisa Hayes. Él le había dicho que su persona iba mucho más allá de la representación física de una ilusión perdida de Rick Hunter; se había esforzado en tratar de hacerle ver que ella no era nada más que una víctima de una circunstancia desastrosa y que Rick y nadie más tenía la culpa de lo que pasó y pasaría, no ella.

Si sigues pensando así, te derrumbarás, Elizabeth—había dicho él—. Piensa que tal vez esto sólo es el inicio. Vendrán muchas cosas más a partir de ahora.

¿Qué quieres decir con eso? —preguntó entonces.

Rick Hunter se sentirá aún más libre sin su esposa, libre…

¿Libre para qué? —creía haberlo entendido, pero por otra parte quería saber exactamente lo que Jack estaba pensando.

Ya lo sabes.

De acuerdo a esa conversación producida cuatro días atrás, no cabía duda que Jack y ella pensaban en el peor de los pronósticos pesimistas. Pero Rick no sería tan descarado para intentar venir tras ella, ¿o sí?… Era una posibilidad que no se podía descartar, porque él aún con Grace en el camino se había atrevido a insinuarle sus sentimientos.

—Si sigo así…—se dijo en voz baja, viendo un reporte cuyas letras se le mostraban lejanas y borrosas—, perderé por completo la sobriedad de una mente fría.

Dejó el reporte sobre su escritorio y entrelazó sus dedos sobre los cuales después apoyó su barbilla. Deseosa de liberarse de toda sensación de molestia que interfería en su trabajo trató de pensar en lo bueno que sucedía en estos días. Pensó en Kim, y en la asignación que solicitó para tenerla trabajando bajo su mando. Le costó un poco liberarse, pero lo hizo, y terminó sonriendo al imaginarse trabajando juntas, a Kim incitando a los demás a la alegría y a las risas.

—Definitivamente a mi nueva tripulación le hará muy bien contar con tu don—dijo en voz alta, al tiempo que la puerta se abría y daba paso a la teniente Hunter.

—Le traigo su café, almirante Hayes—señaló Neela—. Necesitaba hablar con usted, y por eso le pedí a Sarah…

—Adelante—indicó con su mejor cara de agrado. Luego siguió cada movimiento de la teniente que dejó su café a su alcance, negro, de buen aroma, como el que necesitaba en ese preciso momento —. Café. Amor el café—No pudo evitarlo y habló en un suspiro.

—Es como a usted le gusta—mencionó la chica, que esperaba un asentimiento para hablar con libertad.

—Gracias, teniente—y tomando el primer sorbo que le supo delicioso al paladar, le hizo una ademán para que se sentara.

—Yo…—comenzó a hablar tímidamente Neela, sosteniendo la pequeña bandeja contra su pecho—, tengo que pedirle disculpas.

— ¿Disculpas por qué? —preguntó, dejando la taza sobre la mesa, siempre enfrentado su mirada.

—En estos días me he comportado con usted de forma diferente e imagino que está pensando que yo en cierto modo la estoy culpando…No es eso, es sólo que—suspiró profundamente sin saber cómo continuar, bajando el rostro a la vez.

—No tiene por qué disculparse, teniente Hunter—dijo comprensivamente —.No me debe disculpa alguna.

Neela alzó su opaca mirada.

—Pero yo me comporté muy mal. Frente a usted ese día dije cosas muy feas…Incluso culpé abiertamente a mi padre, pero tiene que saber que yo sentí mucho dolor al leer lo que mi madre escribió…y aún siento ese dolor…

—Es normal que una persona se sienta así. Es parte de ser humano.

—Pero es mi padre, y una hija no debiera hablar así frente a otra persona, ¿o me va a decir que a usted no le pareció indignante que yo dijera esas cosas?

—Cuando uno se siente herido, cuando las cosas superan nuestro entendimiento— hablaba pausadamente—, hasta la persona más cauta y tranquila, tiende a perder la razón. Teniente Hunter, siendo sincera, tal vez hubo una parte de mí que no gustó de eso, sin embargo dada la situación puedo entender perfectamente que aquello se debió a nada más que la rabia e impotencia. Su lamentable pérdida ocasionó que se desatarán sus emociones tormentosas que expulsó al exterior en palabras de odio y culpa hacia su padre. Le pasa a cualquiera.

—Usted es demasiado tolerante conmigo—musitó Neela —. En este tiempo he visto como trata a los demás, y en cierta forma, y a pesar de que yo me comporto como una niña caprichosa, usted tiene una especie de trato diferencial con mi persona.

—¿No has pensado que es porque te estimo mucho? —Neela abrió mucho los ojos, y Lisa decidió proseguir—Desde que llegué a este lugar me aferro a las personas que pueden brindarme la sensación de una sociedad que no es la mía. Una de las cosas más duras con la que me enfrenté al despertar en una cama de la estación, fue ver a mí alrededor y darme cuenta que no conocía a nadie; todos, incluso a los que yo conocí en mi era, resultaban ser personas distintas. Caminando sola por estos rumbos creo haber encontrado en ti a una persona con la que inmediatamente me sentí a gusto, o bien, no tan inmediatamente porque al principio…

—Yo la miraba como la persona que podría destruir la relación de mi padre con mi madre—Lisa asintió, sin sentirse la menor inquietud por la interrupción.

—Pero eso no fue nada más que un hecho sin mayor importancia. En el poco tiempo que llevamos tratándonos, he aprendido a estimarte mucho como oficial y persona, como una amiga de mi edad.

Neela sonrió tímidamente.

—Tiene casi mi edad, pero obviamente es más mujer que yo. Soy sólo una persona con mente de niña a su lado, por eso no sé cómo puede estimarme de esa forma.

—No es tan así Neela, no te aminores frente a nadie.

—Me sale natural lo patéticamente infantil que soy a veces. ¿Podríamos culpar a mi educación por ese hecho?

—Para nada—dijo con seguridad, abandonando finalmente la taza que estaba casi intacta con su contenido. Su atención estaba centrada en la persona que tenía en enfrente, y que más relajada, al fin se deshacía de la bandeja que dejó sobre el escritorio —.Tus padres como tales, te han dado la mejor educación que ha estado a su alcance. La personalidad es algo de cada persona, con la que se nace. No eres infantil, eres sensible. Y sin pretender atacarte, podría decir que no estás hecha para esto, sino para una vida normal que hasta el momento es sólo un sueño que entre batallas y mucha sangre pretendemos alcanzar.

—Yo hubiera sido cualquier cosa menos médico y militar —Neela sonrió plenamente —. Pero ese es un sueño, esta es la realidad como usted bien dijo; y ante esta realidad quiero comportarme como debe ser.

—Todos y sin excepción tienen sus defectos, no te sofoques pensando demasiado. Tienes que relajarte un poco más.

—Lo sé y me estoy esforzando en ello—se puso en pie y tomó la bandeja—. Muchas gracias por haberme dado un poco de su tiempo, almirante Hayes.

—De nada, teniente.

Lisa vio marchar a Neela y se sumió en pensamientos que giraban en torno a esa mujer capaz de reconocer sus malos actos, sus palabras de arrebato; una mujer que auguraba, podría lidiar de buena manera frente a lo que venía, y que se relacionaba directamente con la vuelta de Rick Hunter y su inevitable encuentro con él.

Daba gracias sin dudar, a las circunstancias que propiciaron su distancia. Para cuando Rick llegara probablemente las heridas de Neela dolerían menos, y por tanto la crudeza de su encuentro no sería tan fatal como si se hubiera producido en el momento mismo en que ella se enteró de la verdad de su madre.

Y refiriéndose al diario…Lisa recordó que aún lo tenía en su poder. Abrió una de las gavetas de su escritorio, y lo vio allí por eternos segundos mientras suspiraba profundamente; luego, simplemente cerró el cajón, y retomó su labor olvidada.

o0o0o

Ninguno de los rostros de las personas que iban llegando al comedor se salvaban de ser observado fugazmente por Ethan quien, olvidándose por completo de su comida, miraba la puerta como si esperara a alguien especial. Frente a él, Jack Archer con apetito voraz en tan solo unos minutos terminaba por acabar con su ración.

Jack ya se había adaptado al escuadrón, pero a su manera tan particular de ser. Por supuesto que ya había levantado habladurías en torno a él; se decía que era un arrogante y desdeñoso, alguien en cuyo mundo sólo existían aquellos capaces de llamar su atención.

—Me pregunto, Hunter…—murmuró repentinamente, sacando a Ethan de su abstracción—si te vas a comer eso—señaló su ración con un gesto.

—Si lo deseas, es tuyo.

—Gracias—acercó la comida hacia sí y siguió comiendo.

Por unos segundos, Ethan lo miró extrañado, no por su apetito, sino por la forma en que comía dando la impresión de que tuviera en su poder el mejor de los manjares del universo. A él particularmente no le gustaba el menú del día, y por eso, sumado a sus preocupaciones, no tuvo mayor intensión de darle más que una corta probada.

—O te encanta esta comida o definitivamente tienes mucha hambre—dijo, con una sonrisa de medio lado.

—Un hombre, mi estimado capitán, tiene que comer como tal para tener energías —respondió Jack entre bocado y bocado.

Ethan negó con la cabeza, aquello le había sonado a burla, y aunque pensó en decirle algo más, decidió callar. Continuó con lo suyo, hasta que Jack terminó.

—Ahora me encuentro listo para todo, incluso para la peor de las batallas —señaló el mayor, conforme con tener el estómago lleno.

—Entonces disfrutarás mucho las horas en el simulador.

—No me recuerdes eso, mil veces preferiría hacer las pruebas en terreno.

—Tú y tu ego.

—Yo y mi ego somos los más fieles compañeros; solos uno solo.

Ethan soltó un respingo mientras veía aparecer a un par de sus muchachos, y tras ellos, a dos oficiales desconocidas acompañadas por un tercero.

— ¿Las conoces? —preguntó señalando a Kim y Sam con un gesto. Jack miró en su dirección y dibujo en sus labios una mueca similar a una sonrisa.

—Son dos bellezas del SDF-2—dijo, y dio el sorbo final a su bebida —. Pensaba irme de inmediato, pero viendo que ellas han llegado…—alzó su brazo en alto, y dio un grito para que Kim supiera que estaba allí. Cuando ella le divisó, él les señaló la mesa —. Espero no le moleste la compañía de dos mujeres guapas capitán. Quién sabe, quizás una de ellas se fije en usted —se encogió de hombros.

—No bromees conmigo—dijo con un tono bastante serio.

—Vamos Hunter, no seas así, ve lo divertido de cada situación—insistió, claramente divertido —. Todo hombre solitario gusta gozar de buena compañía femenina, a menos claro, que sientas que no te van las mujeres.

—Ya estás diciendo estupideces, compórtese.

—Me cansa tu poco sentido del humor, Hunter padre si lo tenía, pero al parecer tú no.

—No que yo sepa, él siempre fue…—Las palabras murieron en su boca al darse cuenta que iba a entrar en temas personales con un desconocido, que por supuesto, esperaba que continuara hablando —. Nada, no es de tu interés.

—Eres aburrido Hunter.

—Siempre lo ha sido—llegó diciendo Robert, que se sentó junto a Ethan, mientras Ian pretendía hacerlo al lado de Jack, pero este le dijo que ese lugar estaba reservado. El piloto no hizo más que bufar y optar sentarse al lado de su compañero, después de todo, tampoco le agradaba mucho estar al lado de Archer.

Cuando Kim fue al encuentro de su amigo y estuvo muy cerca como para reconocer el rostro de Ethan, se cubrió la boca con la mano. Estaba totalmente impresionada por la viva imagen del rebelde Rick Hunter, tanto así que había detenido sus pasos, y con ello detenido a su compañera que la miraba y miraba a Ethan.

—No puede ser—dijo cuando pudo.

—Si puede ser, todo puede ser—dijo Jack, y señalando al líder del Skull, agregó: —teniente Young, le presento a una eminencia, el hijo mismo de nuestro conocido Rick Hunter.

Ethan había bajado la cabeza en tanto golpeaba la mesa con sus dedos, en un gesto de cansancio.

—Vamos Hunter, saluda a la dama, ¿o pretendes que te lo ordene?

Al final el aludido volvió a levantar la vista en medio del silencio que presentaban sus colegas a su lado. Se puso en pie y correspondió debidamente, presentándose. Kim se acercó más, mirándole de arriba abajo como asegurándose de que sus ojos no le engañaran.

— ¡Eres igual a Rick! —exclamó—Es impresionante tu aspecto físico.

—Lo es, pero no es para sorprenderse demasiado—murmuró Jack, quitándole la bandeja que tambaleaba en sus manos.

—Lo mismo digo yo—secundó Sam, viendo qué lugar en la mesa ocuparía.

—¡Ay ustedes! Siempre restándole importancia a todo—Kim se quejó, viendo a sus amigos—. Si parece un clon del Rick que conocemos—señaló al capitán con sus manos—.Sólo mírenlo.

Por su parte, Ian y Robert se miraban entre sí, reimprimiendo la risa. Ellos sabían cuánto molestaba a su líder eso que precisamente estaba pasando. Quienes la pagarían más tarde serían seguramente ellos, pero por ahora disfrutarían de ese malhumor que tenía que aguantarse.

Ethan tuvo que carraspear adrede para hacer notar a la teniente que no estaba tan a gusto con eso, y mientras Sam ya se ubicaba en la mesa, dijo:

—Por favor, no es para tanto.

Kim le volvió a mirar, pero esta vez acercó mucho su rostro a de él, tal vez demasiado.

—Tienes algo, un no sé qué te hace más guapo que Rick—dio un paso atrás rascándose la cabeza, mientras al lado todos estallaban en risas ahogadas—.Bueno…—se encogió de hombros—, ya averiguaré qué es.

—Seguro que lo harás—se burló Jack.

Una vez que Kim se acomodó, Jack dijo, mirando a las mujeres.

—Y el perrito guardián, ¿lo despacharon?

—Si te refieres al Sargento Jerek, pues sí—contestó Kim—. Cuando te vi, le dije que ya no necesitábamos su compañía.

—Sabia decisión—se relajó en su asiento pasando un brazo por la espalda de esa chica—. Como te decía Hunter, ésta es una de las bellezas de la que te hablaba, y no estaba equivocado al pensar que se fijaría en ti —hizo lo mismo con Sam al otro lado—. Esta otra belleza, es la cabo Samantha Hamilton, un piloto como nosotros.

Sam levantó su mano a modo de saludo, siguiendo el juego de Jack.

—Bienvenidas, teniente Young, cabo Hamilton. —dijo Ethan por buena educación. Sus pilotos a su lado le imitaron.

—Yo no pensé…—dijo Kim en forma meditabunda— que algún día tendría el privilegio de conocer al hijo de Rick, más bien no pensé que llegara a tener uno con alguien que no fuera…

—Cuida tus palabras Kim—le acalló Jack.

—No se preocupen—intervino Ethan—. Lo sé. Minmei, ¿verdad? —silencio rotundo de parte de Jack y Kim—O bien, Lisa Hayes. El caso es que no importa.

—Entonces puedo tratar el tema…—murmuró Kim, el capitán asintió mientras la mirada de Jack sobre ella seguía siendo extrañamente seria, y la de Sam y los otros dos eran de expectación —Me refería a Minmei. —terminó explicando.

—Mi padre en su tiempo estuvo loco por ella. Es algo que supe siempre.

—Es que ella lo cegaba totalmente. Esa chica resultaba impresionantemente bella para más de algunos.

—Y para otros, bastante cabeza hueca—agregó Jack, sin mucho tacto, atrayendo la atención de los dos pilotos que interesados habían dejado de comer.

—En cosas de gustos no hay nada escrito—respondió la teniente—. Pero bien que te gustaba pasar el rato con más de alguna de ese tipo, pero tus ojos…—miró burlescamente a su amigo—siempre estuvieron fijos en una sola persona, las más inalcanzable para ti.

— ¿Y esa era? —preguntó Robert sin pensar.

— ¡Rayos! Por qué tienes que tocar este tema con quienes no conocen o no están interesados—criticó Jack a la teniente.

—Vamos Archer, tú siempre has tenido los cojones para hablar dónde y cuándo sea. Estoy segura que ya has hecho de las tuyas, insinuándote abiertamente a Lisa Hayes.

— ¿Perdón? —emitió Ethan.

— ¿Acaso aún no lo ha hecho? —preguntó Kim en son de burla.

—Ya lo hice, pero no es de la incumbencia de ellos.

—Eres una boca floja—criticó por lo bajo, la cabo Hamilton.

—No entiendo nada—dijo Ethan.

—Pues no hay nada que entender Hunter, esta conversación se acabó, está fuera de lugar, ¿verdad teniente? —terminó dirigiendo una seria mirada a Kim y ésta, tragando saliva, asintió —. De acuerdo, hablemos de otra cosa.

—Yo lo siento—dijo Ethan poniéndose en pie—. Si me disculpan, debo retirarme.

— ¿Le incomodó mi comportamiento? A veces suelo hablar demás, y fuera de lugar. Perdón capitán Hunter, no volverá a suceder.

—No es eso teniente Young—miró fugazmente a sus pilotos que comían apresurados para irse con él—, es sólo que recordé que debo presentarme en mi puesto. Disculpe mi abrupto retiro, ya tendremos tiempo para conocernos en otra oportunidad. Con permiso.

o0o0o

El estómago de Lisa había comenzado a gruñir, provocando en ella incomodidad mientras oía los reportes de la persona que tenía en frente.

El teniente Namura, jefe del personal técnico de la nave, le estaba entregando el completo informe de porcentaje de avance en las reparaciones, que satisfactoriamente comprendía más del noventa y cinco por ciento; quedaban sólo los detalles mínimos que comprendían las reparaciones de los espacios interiores que fueron dañados y que debían ser repuestos, pero no tenían mayor prioridad por ahora.

—Es todo, almirante Hayes—concluyó Namura.

—Excelente—emitió Lisa poniéndose en pie, alisando disimuladamente una arruga en su falda—. Creo que en conformidad con su informe podemos decir que esta nave ya se encuentra en óptimas condiciones para partir—agregó, tratando de cubrir los molestos ruidos que ya se hacían más sonoros.

—Listos y en espera de las demás naves que comprenden la flota.

—Es posible…—bajó la mirada un momento, centrándose su vista en el informe correspondiente entregado por el General Brown, y que ella había estado estudiando a fondo. Meditó un poco y luego volvió a mirar al teniente—Dígame teniente, ¿no ha considerado usted que esta labor que efectúa en esta nave no es para su categoría? —miró directo a sus ojos marrones.

Visiblemente incómodo, suponiendo que la almirante estaba cuestionando su efectividad en el trabajo, él respondió:

—Con todo respeto almirante Hayes, mi hoja de vida presenta excelentes recomendaciones y creo que mi capacidad está acorde a las funciones que ejecuto aquí.

—No me refiero a ello—Aclaró Lisa —. Me refiero a que quizás esté perdiendo su tiempo. He estado estudiando su ficha donde se destaca su labor como ingeniero. No sé qué opinará el doctor Lang al respecto, pero he estado pensando en recomendarlo para su equipo.

—No sé qué decir…—musitó vacilante el teniente.

—Sólo tiene que decirme está dispuesto a aceptar mi recomendación.

—Creo que cuento con la experiencia suficiente para arriesgarme, sin embargo, la gente que trabaja con el doctor Lang destaca por sus capacidades.

—Lamento que usted se aminore teniente Namura, debiera ser capaz de ver más allá y poner a prueba sus conocimientos, que por su ficha técnica parecen ser muchos. Y la verdad no entiendo cómo es que hasta ahora lo mantengan en funciones inferiores a las que podría realizar…—buscando bajo el informe de Brown, Lisa obtuvo la ficha del teniente en cuestión y comenzó a leer—. Su currículo dice que usted ha estado en el área de ingeniería del SDF-3, como un técnico asistente del jefe James Ryan. No tiene antecedentes de mala conducta, en realidad no tiene mancha alguna—lo miró al rostro nuevamente—. No entiendo por qué no fue ascendido a una función mayor.

—Discúlpeme almirante, pero la función que ejerzo aquí es de vital importancia para esta nave.

—Eso lo tengo claro, teniente—respondió Lisa con toda seguridad. Retiró su mano de la hoja y agregó: —¿Hay algún problema que no haya sido incorporado en su ficha personal?

—No, señor.

Lisa escrutó con cautela el rostro de facciones asiáticas del teniente, buscando alguna señal de inseguridad, que no obtuvo.

—De acuerdo.

—Almirante Hayes—llamó muy seguro de sí mismo —. Aprecio mucho su consideración al respecto, pero personalmente deseo quedarme en este puesto.

— ¿Por qué razón? —preguntó curiosa.

—Dentro de lo que pueda ser importante, y de gran aporte para nuestras fuerzas, a cualquiera le gustaría ser parte del equipo de investigación, no obstante, mi forma de ver todo es distinta. Debo aclararle que fui yo quien se ofreció para este puesto cuando se supo que usted comandaría en esta nave. Usted es una almirante, y cualquier función que vaya en pos de mantener en condiciones la nave que le salvaguarda, tiene mérito para elevarse a la categoría de la gente apta para trabajar en los más altos grados de ingeniería.

—Veo que ama su trabajo, y eso es admirable. —Alabó Lisa.

—Así es, señor. Tal como los pilotos se hacen pilotos para protección desde el aire, yo me hice técnico de ingeniería para protección de toda la tripulación que depende de nosotros.

—Me ha quedado muy claro—dijo Lisa curvando una sonrisa en sus labios—, y estoy muy conforme con su disposición. Puedo sentirme conforme en que el personal bajo mi mando tiene la categoría y pensamiento necesario requerido…Lo invito a almorzar.

— ¿Perdón? —Inquirió Namura muy sorprendido.

Lisa se limitó a señalarle la puerta, y aunque reprimido, aceptó gustoso.

Iban caminando por el pasillo cuando él expresó sus sensaciones.

—He de pensar que es un gran honor que me invite a almorzar.

—Usted y yo lo necesitamos, teniente—contestó Lisa.

—Es cierto —y con un poco de timidez, agregó: —El trabajo en estos días ha sido agotador, no hemos parado si no es para lo justo y necesario.

—Estoy consciente de ello. Para todos aquí es igual—soltó un fuerte suspiro—. Pero nada acaba aquí, aún nos quedan muchas cosas por hacer.

—La verdad, no quisiera estar en el lugar de los que trabajaron en el Ventura. Para poder tener todo listo a tiempo trabajaron sin cesar, apenas descansaban y comían. Lo sé porque tengo un amigo allí.

Llegaban en ese entonces a un elevador. Ingresaron en él y Lisa presionó el botón de tres niveles más abajo.

— ¿Tiene familia, teniente?

—Tengo una esposa y un hijo de tres años en el SDF-3. Como verá, ahora los veo muy poco.

—Lamento que sea así.

—Así son las cosas en esta realidad. Mandan los deberes adquiridos, y vamos a donde se nos designa.

—Es la pura verdad.

Con un suave zumbido del elevador, se anunciaba la llegada a destino. Las puertas se abrieron, dejando ver el panorama del pasillo. Gente que iba y venía, todos con un aspecto más tranquilo que días atrás.

Amablemente, el teniente cedió la salida a Lisa. Retomaron el tema de familia mientras se dirigían la zona de los comedores, pasos lentos; el teniente Namura le contó más sobre su hijo, sobre la función que desempeñaba su esposa, cómo se las arreglaban con los cuidados del niño, que en su mayor parte del tiempo quedaba a cargo de la guardería presente en la fortaleza.

Una vez que llegaron a su mesa, instalados con comida en manos, el teniente Namura se atrevió a preguntar algo sobre Lisa.

—No tengo mucho que contar al respecto—dijo Lisa, en tanto picaba su comida—. Mi padre era mi última familia y él falleció en la base Alaska, cuando la flota de Dolza destruyó la tierra. Verá que para mí eso sucedió hace sólo un poco más de cuatro años. —Sonrió ligeramente.

—Realmente no puedo ponerme en su posición, ni tratar de adivinar que piensa al respecto—dijo Namura.

—La verdad es mejor no pensar, porque pensar a veces es molesto y nubla la tranquilidad.

—Oh, entiendo su punto—señaló Namura.

Desde la distancia, Ethan que había llegado a ese lugar tratando de encontrar a su amiga se detuvo a mirar un momento a Lisa. Las palabras de Kim aún golpeaban con fuerza su interior, su miedo se estaba haciendo realidad al saber que tenía a alguien como serio contrincante en el amor de esa mujer.

Giró sobre sus talones dispuesto a marcharse y sufrió un sobresalto al encontrarse de frente con Neela, quien rió por el susto que logró causarle.

—Un militar que no está atento al acecho, no merece ese título—dijo en son de burla, y se asió de su brazo, intentando arrastrarlo al interior. Él se resistió— ¿Acaso no quieres acompañarme a almorzar? —preguntó entonces.

Ethan vaciló un momento, pero después de todo la buscaba a ella para charlar un rato, sin embargo, en dicha charla no se contemplaba la presencia de la almirante en los alrededores.

—Está bien, te acompaño.

Los jóvenes Hunter fueron por la comida de ella, y a petición de Ethan se sentaron en la mesa más alejada de la de Lisa. Neela no se había dado cuenta de la presencia de Lisa en el recinto.

—En verdad te estaba buscando—confesó al fin el capitán.

—También quería verte—Neela bajó la mirada—. Disculpa por no querer hablar contigo en estos días. Sobre todo, ayer…Después de que despedimos a mamá quería estar sola.

—Sola no estuviste—replicó Ethan—, Jeremy estuvo contigo, y a él si le abriste la puerta.

Las palabras de Ethan no tenían la más mínima cuota de recriminación.

—Jeremy…Cómo te explico…

—No tienes que explicar nada—sonrió al decir esto—. No me olvido para nada que es tu amigo.

—Ethan, yo quiero decirte algo importante—señaló ella mirándole muy seria—. Necesito que sepas esto, pero…en vista de que este no es el sitio, te lo contaré cuando salgamos de aquí.

—Dudo que vayamos a salir juntos de aquí—miró su reloj—. Tengo que estar en mi puesto en menos de quince minutos.

—Así que estás apurado, ¿eh?…Y siendo así quiero saber por qué me buscabas. —dijo la teniente entre bocado y bocado.

—Quería ver que estuvieras bien y bueno, saber algo de Jeremy…Imagino que te contó algo sobre su nueva misión

—Tenía el ego por las nubes—mencionó Neela divertida—. Me dijo que estaba muy feliz de estar en misión mientras tú te quedabas aquí, esperando a entrenarte en el simulador.

Ethan soltó un pequeño gruñido.

—Es mentira, tonto—aclaró la chica—. No dijo nada de eso. Sólo me dijo que estaba un poco preocupado por los nuevos pilotos que fueron designados a su escuadrón.

— ¿Porque no calzan con el perfil del escuadrón?

Ella frunció el ceño, en un gesto de molestia.

—No pienses eso. ¿Hasta cuándo ustedes dos dejarán de pensar mal el uno del otro? —él no respondió en su corta pausa—Este es el momento de lograr una paz definitiva entre ustedes.

—También lo creo—y quitándole el servicio a su hermana, probó su comida—Está buena—dijo después.

— ¿Tú comiste? —preguntó la chica intrigada, recibiendo de vuelta su tenedor.

—Claro, en la estación, pero la comida no estaba buena como ésta…Ya me voy.

—Ethan espera—llamó la chica al verle marchar presuroso.

—Hablaremos más tarde de esto.

Desde la distancia, Lisa se había dado cuenta de su presencia y le seguía con la vista permaneciendo ausente a lo que Namura le estaba preguntando.

— ¿Almirante Hayes?

Lisa devolvió la vista al teniente, sintiéndose un poco avergonzada por su falta de atención.

—Lo siento, teniente. Disculpe mi distracción—devolviendo su vista de reojo hacia el lugar dónde se hallaba Ethan, se dio cuenta éste que ya no estaba— ¿Me decía?

—Oh, no era nada importante.

—Insisto en que repita—sonrió con ligereza, viendo su comida que apenas había tocado—, aún nos queda mucho tiempo para entretenernos charlando mientras comemos.

o0o0o

Jack ya se encontraba de vuelta en el Strike, precisamente en la cabina de su VF, de brazos cruzados, contemplando los controles. Se mantenía alerta a la sensación de sospecha de que no todo estaba tan bien como creyó en un principio; no sabía ni entendía muy bien que era, sin embargo, podía escasamente relacionarlo al hecho de que mantenía latente la sensación de que se encontraba fuera de lugar, siendo que nunca en su vida, una emoción de dicha naturaleza había sido parte de él.

Charlando con Kim tras salir del comedor, había conocido la inquietud que a ésta le embargaba y era básicamente la marcada diferencia en el trato hacia ellas por parte del resto, como si para el universo ellas representaran una casta de seres débiles que sufrían los complejos traumáticos que les daban aires de incapacidad.

Y pensar que todo estaba bien hasta que tuvieron que vivir el desastre en el espacio, se sentía cómodo con lo que hacía, hasta era capaz de acatar órdenes; no obstante, ahora y este lugar, presagiaba un cambio que le inquietaba en el nivel más profundo del que estaba dispuesto a confesar. Estaba ansiando sentirse libre, como aquellos días en que su razón de ser apuntaba directamente hacer las cosas a su conveniencia y según su punto de vista, pero dicha ansiedad contrastaba totalmente con otro deseo, y era aquel de conseguir lo más visible que su `yo´ era capaz de exteriorizar: conseguir a la única mujer que era capaz de hacerle temblar con su tan sola presencia.

Varias veces, cuando se encontraba solo y sin nada que hacer o qué pensar, debatía consigo mismo acerca del significado de ése "deseo" que Kim tachaba como amor hacia Lisa Hayes. En algunas oportunidades llegaba a la conclusión que ella sí le interesaba, para establecerse como un hombre normal -que requería estar con alguien del sexo opuesto- y vivir el sueño que todo humano ansiaba: amar y ser amado; pero en otras ocasiones se decía que todo era un mero capricho, que su deseo por ella no era más que una excusa para dejar a ver a los demás que era humano, y que por tanto tenía emociones tras esa faceta de hombre frío al que parecía que nada ni nadie le importaba.

Justamente tras los comentarios indiscretos de aquella mujer que decía ser su amiga, estaba creyendo fielmente que su interés hacia Lisa Hayes no era más que una entretención. Todo esto hacía que las cosas y personas de su alrededor cobraran poco y nulo interés, dando paso a la emoción de sentirse un león atrapado por las circunstancias. Él pensó que todo sería más fácil estar en la tierra, allí donde la gente para sobrevivir tenía que pelear; ese era su real estilo de vida: estar peleando con alguien, con o sin fundamento de por medio.

Con un dejo de ironía enmarcada en una apenas perceptible sonrisa, miró a su alrededor, la jaula palpable que representaba esa nave. Pero más allá de dicha jaula estaba ese gigante e invisible obligación que le ordenaba respeto estuviese donde estuviese; un rango, un protocolo, una orden que no podía enfrentar…

— No veo que esto tenga algo interesante—dijo desde abajo Rudy Vegas, imitándole en su sentido de visualizar el techo del recinto donde se hallaban. Su postura era bastante relajada y se apoyaba de espaldas en el fuselaje del VF inmediatamente cercano.

Jack se levantó, haciéndose el total desentendido de un comentario sin mucho sentido. Bajó las escalerillas con total tranquilidad y luego simplemente avanzó en el sentido contrario al que debería ir.

— ¿Adónde va, mayor? Se supone que debiera ir a…—intentó decirle Rudy, pero viendo que seguía siendo evadido por el silencio, desistió y quedó parado —. Éste tipo es un imbécil—siseó—, hace lo que se le viene en gana y no escucha a nadie.

Muy a pesar de lo que Rudy pudiera estar pensando, Jack sabía muy bien que en escasos cinco minutos debía reportarse para iniciar las pruebas de simulador. Jack…quien quería que las pruebas fueran a como en la vieja escuela donde las prácticas de vuelo eran reales y se corría riesgo, donde se descargaba adrenalina y se eliminaban las emociones reprimidas.

Pero no era frustración lo que Jack sentía, era otra cosa; era aburrimiento debido a un itinerario que consideraba absurdo.

Dejó de pensar cuando llegó a su casillero y de allí extrajo su antiguo traje de vuelo que deseaba conservar para la posteridad. Nadie, ni él mismo sabía si algún día llegaría a usarlo, pero lo mantenía allí, como un símbolo que representaba aquella voluntad que lo impulsó enrolarse a la RDF cuando Roy Fokker se lo sugirió.

—Veo un poco de melancolía en usted.

La voz que provino de sus espaldas lo sobresaltó totalmente. Dejó el traje dentro del espacio del casillero y se viró hacia Lisa que había llegado allí tan silenciosa como un fantasma.

—Elizabeth, ¿a qué debo el honor de tu presencia? —preguntó dedicando una sonrisa pícara a la mujer de profundos ojos verdes, en tanto se recargaba contra el casillero de al lado.

—Preferiría que en estos lugares me llamaras por mi rango—avanzó hasta él, y estiró su mano para palpar la textura del traje color rojo y blanco que él había dejado arrugado en el casillero—. Busco información, mayor. —contestó al fin.

— ¿De qué?

—Sobre…—retrocediendo con tal de mantener distancia prudente con él, prosiguió: —Sobre lo que viste afuera. Yo sé que siempre dices menos de lo que sabes, pero lo que puedas informarme, no lo dirás a aquí, quiero que vayas a mi oficina.

— ¿Sólo para verme vino personalmente? —le divertía la situación.

—Piensa lo que quieras.

—Vamos Elizabeth, ¿cuándo lo vas a reconocer? Te intereso tanto como yo a ti.

—Lo veo después, mayor.

Lisa se marchó sin mirar atrás. A su paso se encontró con unos pilotos que la vieron algo extrañados, pero ella pasó sin inquietarse por sus miradas.

o0o0o

Después de haber pasado a dar un leve vistazo a quienes estaban de guardia en el puente, se fue a la estación espacial con tiempo de sobra antes de la hora que Marcus Brown había señalado. Iba tranquila, consciente de haber estudiado a fondo los detalles de su informe. Para nada se le pasó por la mente que se encontraría con una cara bien larga cuando se suponía que las cosas habían mejorado un poco para tomar un rumbo tranquilo. Pero así se daban las cosas; el serio General estaba con el rostro contraído en preocupación cuando se enfrentó a su mirada.

— ¿Qué ocurre? —preguntó Lisa.

—Es sobre los estudios que estaba llevando a cabo el doctor Lang.

— ¿Qué hay de nuevo? —se sentó ante la señal de Brown que le indicaba el asiento frente a su escritorio.

—Resulta que hace escasos momentos, él informalmente me dijo que los estudios develaron que nuestros enemigos son entes ciento por ciento mecánicos, y me refiero a los cuerpos que pilotean esas naves que tantos problemas nos causaron—comenzó a explicar.

— ¿Mecánicos? —inquirió siguiendo con la mirada al hombre que apoyó sus dos manos en la mesa, con la cabeza gacha.

—Sí. Y eso hace que me preocupe—levantó la vista—. Lang me ha dicho que desconoce totalmente su tecnología, que le llevará más tiempo de lo debido llegar a una conclusión de qué o a quiénes nos enfrentamos.

—Creo que en estos momentos no debiéramos darle tanta prioridad—dijo Lisa cautelosamente. Brown frunció el entrecejo —, recuerde que Lang debe apresurar la misión para estudiar la anomalía espacial.

—Eso es cierto—finalmente tomo asiento, pesadamente—. Por ahora no le daremos más vuelta. Concentrémonos en un punto importante, que es la implementación de las nuevas tecnologías en nuestros cazas. ¿Piensa usted que estamos apresurando demasiado las cosas? Me refiero al riesgo en que podemos someter a nuestros pilotos.

—Siempre ha existido el riesgo al implementar algo desconocido—señaló Lisa—. Acordamos que haríamos todo lo posible para tener la capacidad de enfrentarnos a nuestros enemigos, simplemente no podemos retroceder.

—Mi decisión. Recuérdelo, yo me impuse ante las opiniones de los demás —reconoció hundiéndose en su asiento.

—Fue aprobado porque consideramos que era viable.

—El punto es, almirante Hayes—exhaló profundamente—, es que ahora estoy preocupado y el por qué, es más que nada referido a un accidente que tuvimos hace una hora atrás. Las primeras pruebas de vuelo fallaron y el piloto falleció. ¿Sabe lo que eso significa?

—Es lamentable, pero no significa nada—Lisa resaltó su opinión mostrando seguridad en su expresión —. Muchas veces hemos visto lo mismo, no será la primera ni la última vez que suceda algo como eso. Son fallas de cálculos generalmente, y generalmente pueden ser resueltos para que todo funcione correctamente.

—Ya está hablando como Lang—murmuró Brown con una pequeña sonrisa de medio lado, que simulaba un instante de relajamiento.

—No se preocupe demasiado, General, ya debería estar acostumbrando con sus años de experiencia.

—Es increíble—Brown murmuró viendo su imagen en el portarretratos en una esquina de su escritorio, donde se veía como el hombre joven, de veinte años que recién había sido ascendido al rango de cabo—. Siendo usted tan joven aún, parece que ha llevado una larga vida militar…He de pensar, bueno…tengo claro que es la única mujer que ha alcanzado un tan alto nivel militar. No niego que usted a veces me exaspera con la frialdad con que ejerce su mando, sobre todo porque en plena juventud sabe muy bien donde está parada…Pero este comentario no viene al caso de nuestra reunión…

Lisa guardó silencio ante eso, mientras tanto Brown miraba su reloj; estaban en la hora en que debería llegar alguien más. Sólo pasaron breves segundos para que el siempre puntual brigadier Donald Fudge, hiciera presencia.

—Ahora que estamos los tres aquí—Brown dijo teniendo ya a las dos personas solicitadas frente a él—, les explicaré la razón del por qué esta reunión extraoficial. Como ambos saben, nuestra cabeza máxima se encuentra a la deriva con problemas en su sistema de transposición espacial. Mi propuesta es enviar una nave que pueda traer de vuelta al SDF-3. Siendo ustedes comandantes de flota, quiero saber su posición.

—Yo no tengo problemas en enviar a una nave, pero…—intentó decir Fudge.

—El problema es evitar la zona de conflicto. Nos tomaría mucho tiempo y riesgo ir en ayuda del SDF-3—intervino Lisa—. Créame general, también lo he pensado y he estado evaluando la situación con más de una nave con la que no contamos en este preciso momento. Usted propone enviar una sola nave, ¿cree que un comandante sería tan temerario para correr el riesgo? Además, tenga en cuenta nuestro problema de incomunicación presente. Es muy probable que los de la tierra hayan pensado lo mismo si es que nuestro almirante logró entablar comunicación con ellos, y siendo así podríamos enviar a alguien a una misión sin sentido.

—Lo he estimado, almirante Hayes—dijo Brown— ¿Pero si no es así? ¿si por no enviar a alguien perdemos una carga tan valiosa como lo es la matriz de protocultura?…Sigo insistiendo en que nuestra capacidad gira totalmente en pos de esa energía, y tenemos que protegerla a toda costa.

—Nadie le contradice—expresó Fugde—, todos pensamos de igual forma, pero la verdad innegable es que muy poco podemos hacer por ahora.

—No me digan que ambos…—se exasperó un poco mirando enfáticamente a Lisa, quien le sorprendía nuevamente por su cautela en cuanto a aventurarse en esa misión— ¿dejarán que las cosas tomen su rumbo sin intervenir? Me decepcionan un poco. Creí que ustedes daban el todo por el SDF-3.

—Damos el cien por ciento, pero es para proteger lo que tenemos—se defendió Fudge—Yo sólo me apego al ideal expuesto por el almirante Hunter. Él señalaba no arriesgarse por algo que quizás no se pueda salvar. Me mordí la lengua para no protestar aquella vez en que decidió enviar a sólo una flota a la tierra, flota que fue destruida enteramente porque su número era insuficiente para hacer frente a las tropas Invid.

—Rick Hunter ya reconoció que esa forma de actuar fue un error—Brown defendió enérgicamente a su amigo— ¿Acaso no vieron la maniobra tonta que ejecutó con el fin de que no nos terminaran por hacer trizas? Faltó muy poco para eso, y esa salvación de lo que tenemos se debió únicamente a él decidió tomar todo el riesgo.

—Sin embargo, usted sigue sin aprobar lo que hizo—dijo Lisa.

—Por supuesto, fue muy arriesgado, sigue siendo arriesgado—calmó un poco sus ánimos—, pero tenemos que hacer algo para no perderlo todo.

—Mi nave está disponible—señaló entonces Lisa.

— ¿Está dispuesta a la división de su flota? —preguntó Fugde mirándola—. El Ventura, y dos más de los suyos están próximos a partir.

—La situación lo amerita.

—Yo iré—el brigadier regresó la mirada a Brown—. Soy un comandante de flota, no tengo una responsabilidad mayor que velar por los míos, mis naves y mis pilotos bajo mi mando. Si hay un riego que correr en el camino lo tomaré yo.

Brown asintió conforme mientras Lisa, no parecía aceptar mucho la decisión.

—No está totalmente de acuerdo, ¿verdad? —le preguntó Brown.

—Viendo el beneficio, no tengo más que acceder—respondió Lisa—. Si el Brigadier Fudge decide ir, no me opongo; sólo me queda desearle éxito. Pero que quede clara la responsabilidad de cada uno en esta determinación; es personal, y cada uno tendremos que dar la cara si las cosas no resultan como se espera.

—El riesgo lo tomo yo, por algo la cité aquí como comandante de flota y no como la cabeza mayor de los que permanecemos estacionados aquí.

—No—protestó Fudge, levantándose —. Como nuestra almirante dijo, ninguno de nosotros puede huir de nuestra responsabilidad que aceptamos al citarnos con usted. Podríamos perder hombres, podríamos sufrir eventualidades que pueden llevar a una nave al desastre, y entonces, por honor de quienes están al mando, debemos responder si eso pasa.

o0o0o

Tras horas que le parecieron interminables, Ethan al fin se encontraba en los vestidores, registrando entre las cosas que tenía allí, algo que suponía perdido. Su mente no registraba el volumen de las voces de la gente en ese lugar. Era como si estuviera en su propio mundo, preso de la urgencia de encontrar aquel objeto tan preciado que siempre llevaba consigo en las batallas, y que representaba para él un amuleto de buena suerte.

Robert estaba vigilando cada movimiento o expresiones de su amigo, desde la distancia, mientras se encontraba recargado contra su propio casillero. Él se sobresaltó cuando vio a Ethan cerrar la puerta con fuerza, y asestarle posteriormente un puñetazo que llamó la atención de todos en aquel sitio. Vio furia en la expresión de su rostro, aunque fue momentánea, pues inmediatamente después de la explosión de sus emociones todo regresó a la calma. Y le miró, a él y a todos los que se atrevieron a verle con cierto dejo de perplejidad.

— ¿Está bien, jefe? —preguntó Ian.

—No—respondió Ethan echando fuera un hondo suspiro—. Perdí algo…Era de mi madre.

—Aferrarse a un recuerdo no hace bien a nadie—llegó diciendo Jack relajadamente—. El hombre no debe aferrarse a las cosas ni mucho menos a las personas.

— ¿Así? —preguntó Rudy Vegas, adelantando en un paso al su capitán que sólo había echado fuera un fuerte bufido.

—Sí—respondió Jack deteniéndose en medio de todos los que ahora le miraban con cara de pocos amigos — ¿Qué? —giró en su sitio a barrer sus rostros con la mirada—¿Acaso les suena demente lo que dije?

—Es un arrogante, Archer—soltó Rudy mientras llegaba hasta él en un cara a cara —. No me agrada tu forma de ser.

—No me interesa si te agrado o no. —fue la respuesta con una sonrisa de medio lado.

— ¡Basta! —intervino entonces Ethan —. No quiero problemas entre ustedes…Terminen de una vez acá y vayan a dormir.

Reticente, Rudy desvió su mirada fulminante que chocó por varios segundos con la mirada de indiferencia que le dedicaba Archer, quien siguió sonriendo hasta que vio a Ethan llegar frente a él, encarándolo casi de la misma manera que el otro piloto.

— ¿En verdad dije algo tan malo? Que pudiera molestar a los demás. —se adelantó a decir.

—Está bien que a ti no te importe nada—dijo Ethan—. Pero estos pilotos no son como tú. No vengas a mostrar tu arrogancia frente a ellos, que no siempre me interpondré si deciden llegar a patearte el culo alguna vez—terminó un siseo de muy bajo tono.

—En verdad son todos especiales, bastante sensibles —señaló divertido, viendo como Vegas le dirigía una fría mirada—Está bien, lo siento. Tendré más cuidado para no alterar el ánimo de las damitas en una próxima vez.

Quiso pasar de Ethan, no obstante, éste le retuvo del brazo.

—No te atrevas a ofenderme a mí o a mi escuadrón.

— ¿O qué? —sonrió al ver que Ethan no respondió a eso—. No te lo tomes en serio, sopórtame nada más porque así es mi estilo, y créeme, dudo que vaya a cambiar.

—Eso me temo, mayor.

— Ahora suéltame—demandó—. Necesito estar presentable para ir con la almirante Hayes.

Le soltó—Pues suerte con ella. —dijo.

— No la necesito —iba a seguir su camino, no obstante, se volvió nuevamente a ver el rostro del capitán, y agregó en un tono sugestivo: —O bien, quizás si la necesito…Ya sabes.

—No, no sé.

Se inclinó para susurrarle al oído.

—Busco lo que todo hombre busca en una mujer…Pero eso tú lo pasas por alto porque me he dado cuenta.

— Escúchame, y escúchame bien —dijo Ethan agarrándolo de la solapa, para después estrellar su espalda contra los casilleros —Oí muy bien lo que dijo tu amiga, y sólo quiero darte un consejo: juega con quien te dé la gana, no con ella que es un alto oficial que no merece las burlas de alguien que a simple vista demuestra ser un patán.

— ¿Quién dijo que estoy jugando con ella? —Inmediatamente se sintió más acorralado contra la pared, viendo de reojo, como los que aún permanecía allí los miraban sin intensiones de intervenir.

—Pues si no lo estás más te vale que te vayas con cuidado, o…

—Jefe—la voz que provino de a sus espaldas era de Robert.

— ¿Qué? —preguntó secamente.

—No se olvide de los rangos.

—Eso es cierto, Hunter—agregó Jack, con aires de superioridad y una sonrisa enmarcada en su rostro—. Podría hacer que te encierren.

—Y no lo valdría—señaló Ian al lado de Robert.

—Quien sabe—acotó Vega.

—Es cierto—soltó de una buena vez a Jack—. Sólo eres un arrogante, no valdría la pena un encierro sólo por callar tu boca. Pero equivócate Archer, porque allí me tendrás.

— ¿Tú y cuántos más? —se desarrugó el traje con total indiferencia.

—Los que sean necesarios.

Dicho eso, prefirió abandonar el recinto seguido por Robert, mientras Rudy e Ian le decían a Jack quien sabe qué cosas que él no logró registrar.

—Perdiste la paciencia con poco—dijo Robert tratando de llevar el mismo ritmo de pasos que su capitán— ¡Maldita sea Ethan! Tienes que calmarte, no puedes andar mal todo el tiempo.

—No estoy mal—respondió deteniéndose en seco para mirarlo a la cara—. Es sólo que ése tipo me exaspera…Él…Él…—apuntó con su mano el lugar que había abandonado sin ser capaz de seguir con sus palabras.

—No te metas en lo que no te importa—Ethan bajó su brazo y cabeza rendido—. Ya lo dijo, es así, y nadie ni nada va a cambiar su personalidad fastidiosa.

Ethan se mordió el labio, y a los pocos segundos sintió una mano en su hombro. Levantó la vista para ver a su amigo.

—Jack no es el problema, el problema eres tú. Te estás guardando el dolor de la muerte de tu madre…Déjalo salir, Ethan.

—No es eso—susurró.

—Sí lo es…Ve a descansar y piensa en cómo apaciguar el dolor que sé que estás sintiendo. Es lo mejor amigo.

Ethan asintió después de meditarlo un momento.

o0o0o

Rick Hunter había analizado la situación después de días de haber dejado la estación espacial; no todo había salido bien, pero tampoco las cosas habían salido mal.

Contemplando la imagen de la superficie de Urano que se proyectaba en el monitor principal del puente, ahora meditaba acerca de sus últimas decisiones, preguntándose si había sido acertado decir "no" a la propuesta de Reinhart cuando éste le dijo que Vincent podría ir en su socorro, de no haber sido así ya no estarían solos, ni estancados en este lugar: la órbita del planeta que albergaba el vuelo de su nave.

Rick estaba totalmente concentrado, ajeno a los normales movimientos que se desataban en ese lugar, pero en un momento dado cuando las alarmas se desataron producto de que los radares detectaron a naves que salían de un salto espacial, volvió a la realidad en todo sentido. Atento recibió la comunicación proveniente de los suyos.

—No alegra saber que están intactos—dijo un sonriente capitán, comandante de la nave Norad, misión Fárrago.

—A nosotros nos alegra que estén aquí, aunque no los esperábamos.

—Agradezca al General Sterling—mencionó el Capitán Vargas—. Nos avisó que estaban en problemas, y Jonathan Wolf no dudó en enviarnos.

—Como siempre, Max…—murmuró más para sí, para luego agregar: —Pues como pueden ver, no estamos en graves problemas; sólo tenemos un pequeño inconveniente en nuestros sistemas de transposición, pero agradezco que se hayan tomado la molestia de haber hecho un viaje tan largo.

—No, señor. No fue un viaje largo — aclaró —. Nos encontrábamos siguiendo una pista en las cercanías a este sistema. Específicamente en un planeta donde se suponía que una fracción de las fuerzas Invid habían estacionado; no encontramos nada más que desiertos, y estábamos prestos a devolvernos cuando nos llegó el aviso.

—Siendo así…—vaciló en sus siguientes palabras—, entonces no me quejaré—dijo finalmente.

—No puede, señor, ya estamos aquí—Rick sonrió ligeramente—. Nos acercaremos y tomaremos la órbita, pero no podemos hacer mucho para ayudar en su problema, sólo seremos su apoyo y escolta.

—Y se lo agradezco, Capitán Vargas.

—Para eso estamos, señor.

Rick quedó totalmente extrañado por ciertas situaciones que se estaban dando, y no dudó en ir con los analistas de las comunicaciones, quienes trazaron las rutas según las posiciones de las fuerzas con las que podía contactarse y con quienes no. Al final de largas horas triangularon la zona en que las comunicaciones eran escasas y nulas; la estación espacial estaba en el centro.

—Esto no es bueno—dijo entonces.

Las personas frente a él, advirtieron la preocupación en su rostro y le vieron salir en completo silencio de su recinto.

Rick se dirigió a su oficina, pretendiendo meditar este dilema, no obstante, en pleno camino encontró a gente buscándolo.

—Señor nos han informado que no hay avances en la reparación de los sistemas de transposición. Se debe reemplazar algunos equipos que están muy dañados…

Rick detuvo la marcha mirando al oficial que se intimidó con su mirada seria.

—Sólo ahora me lo informan.

El oficial tragó pasó saliva con dificultad.

—Señor, se hizo todo lo posible con los equipos con que contábamos y…Lo siento señor, fue un grave error de cálculos, nunca nos imaginamos que nos pasaría algo así…Lo que necesitamos para tener esto esté funcionando prontamente sólo lo podemos obtener de la estación espacial.

—Siempre, y escúcheme bien, mayor—Rick estaba molesto—.No debemos depender de las cosas que están en otro sitio, ¿por qué no hay equipos de reserva en esta nave?

—Los había, señor, pero en el ataque perdimos un área de almacenamiento. Sólo pudimos recuperar ciertas cosas, y no sirven.

—Era su labor informarme antes.

El mayor bajó la mirada.

—Lo siento señor, no tengo excusas.

—Por supuesto que no las tiene—le dio la espalda retomando la marcha—. No habrá una próxima vez, téngalo claro.

Aquella advertencia provocó en el mayor una sensación de enorme frustración. Consideraba que había tenido suerte y que el almirante había sido condescendiente con él. Más le valía en una próxima vez ser más riguroso con su función, o su cabeza rodaría. Estaba seguro de ello.

Rick, arrastrando más carga que ya estaba sobrepasando el límite de su paciencia, luego de minutos finalmente pudo llegar a su oficina. Estuvo a solas allí no más de veinte minutos cuando un llamado a la puerta interrumpió su calma. No obstante, dicha interrupción no fue del todo desagradable pues tenía frente a él a una persona que hacía mucho no veía. Ella era Dana Sterling, la primera hija de Max a quien vio crecer hasta que ella tuvo cinco años.

Dana ya era toda una mujer militar, de un porte arrogante, que mantenía la rebeldía de sus tiempos de juventud. A sus casi treinta y tres años había alcanzado el rango de mayor, y se encontraba siendo parte de la gente bajo el mando de Jonathan Wolf.

Para Rick, siempre era agradable tener a un Sterling en frente, a los que consideraba como su misma familia.

— ¿Problemas, almirante Hunter? —hubo dicho ella con una sonrisa, apenas al verlo.

—Son los complejos de siempre por estar al mando.

Dana avanzó hasta él, y la recibió estrechando su mano.

—No sabía que venías con el capitán Vargas—le hizo un ademán para que tomara asiento.

— ¿Enserio creía que me anunciarían con sonidos de tambores? —se permitió bromear mientras se sentaba. Desató una sonrisa en Rick —. Hablando en serio almirante…

—Supongo que has crecido demasiado como para seguir llamándome "tío" —interrumpió Rick.

—Siempre lo será en el fondo de mi corazón—sonrió—, pero en la realidad tengo que limitarme al uniforme —Rick asintió con un movimiento de cabeza—. Ahora bien, por qué estoy con el capitán Vargas es porque simplemente mi escuadrón es el más apto para incursiones en tierra. No tenían mejor opción que nosotros—terminó diciendo sin un toque de humildad, que divirtió a Rick.

—Y hablando de tu escuadrón…

—Sean Phillips, Bowie Grant, Angelo Dante y otros de mis muchachos se quedaron en la nave, viéndome partir para verlo a usted—vio que Rick se quedó pasmado con la rapidez en que expresaba sus palabras, con la boca abierta por la interrupción brusca.

Rió de sí misma meneando la cabeza.

—Es lamentable señor, pero parece que siempre hablo demasiado. Disculpe.

—No, Dana—se reclinó en su silla, divertido—. Ya sabes que estamos en privado. No hay formalidades entre nosotros.

—Sí señor, lo sé—su expresión se tornó seria—. Pero debo controlarme. Siempre he tenido problemas por esta forma de ser, que por supuesto no hederé de mi cauto padre.

—Dana, sé que en tus funciones eres excelente. Wolf me ha hablado muy bien de ti y de tu equipo, y tus padres están muy conformes. Eres una digna Sterling.

—Me halaga, señor, pero hay error en todo esto, yo no…

La puerta abriéndose a sus espaldas la interrumpió, antes de girarse uno de los oficiales ya anunciaba un nuevo evento que se detectaba. Una nave. Otro de los suyos.

— ¿Qué está diciendo? —preguntó Rick levantándose.

—Que la nave del comandante de la décima flota ha emergido de la transposición y se dirigen hacia nosotros. —contestó el agitado oficial, que sudaba por la carrera desde el puente.

Rick, advirtiendo la falta de aire en él, miró el aparato comunicador sobre la mesa que había apagado para que no le molestaran, consiente que en su ausencia su primer oficial estaba al mando.

— ¿Son buenas noticias? —preguntó Dana mirando a Rick.

—Muy buenas, señor—el oficial respondió por Rick quien se sumió de pronto en la idea de que detrás de eso estaba la mano de Lisa—, anuncian que vienen por nosotros.

— ¿Cómo?

—He de suponer el modo—dijo Rick al fin.

— ¿Entonces qué esperamos?

—La veré después, Mayor Sterling.

Dana asintió viéndole iniciar la rápida marcha hacia el puente, luego al quedarse allí en total soledad, miró sobre el escritorio de Rick donde se encontraba un portarretratos boca abajo. Con aires de curiosidad lo miró. Allí estaba la familia Hunter con una sonriente Grace. Se preguntó inmediatamente en qué parte de la nave estaría. Deseaba verla, y saludar también a Neela. Sonrió cuando pensó en lo que ellas dirían después de volver a verla, después de más de cuatro años en que no lo hacían cara a cara.

o0o0o

—Esperábamos que no estuvieran solos—dijo Fudge en pleno contacto con Rick—, pero nunca esperábamos a parte de la flota de la misión Fárrago con ustedes.

—Pues me llevé la misma sorpresa—contestó Rick—, y ahora no es diferente. No esperaba que nos enviaran ayuda desde la estación espacial.

—Fue idea del General Brown…

Rick sintió un golpe a sus sentidos. Él pensaba que era idea de Lisa; quiso creer en algún momento que ella lo haría volver de alguna forma y esta noticia lo desanimó.

—Lo sentimos señor—continuó hablando Fudge—, esta determinación se tomó sin el protocolo de rigor. Debo ponerlo en claro, antes que nada. Usted decidirá sobre nuestro proceder.

—Ya hablaremos de eso brigradier Fudge, ahora dígame como están las cosas en la estación.

—Tuvimos una baja del treinta y dos por ciento de nuestras fuerzas, y los daños materiales y humanos en el resto fue considerable.

— ¿La almirante Hayes está bien?

—Sí, señor. En su ausencia ella ha estado a la cabeza de gran parte de las determinaciones, entre las que cuenta el envío de del equipo del Doctor Lang al denominado punto cero de disturbio en el espacio. Ellos partieron un día antes que nosotros, pero por el problema de las comunicaciones, eventualmente a nuestra salida no teníamos mayor información sobre la misión.

—Y mi hijo, ¿sabe algo de él? —preguntó seguro de que Neela estaba bien, si Lisa lo estaba.

—El capitán Ethan Hunter está bien señor, pero no así…—bajó la mirada, deteniendo sus palabras.

— ¿No así qué? —no sabía por qué, pero tuvo un muy mal presentimiento.

Fudge por su parte, se dijo que éste no era el momento ni la forma en que él debía darse por enterado; tampoco pensaba que él tenía el deber.

—Lo siento almirante, pero no me corresponde decirle. —optó por decir.

—Hable, o tendré que ordenárselo.

Fudge se giró a ver a la persona a su espalda que confirmaba un acercamiento efectivo, de modo que debían esperar la orden para el inicio de la maniobra.

—Estamos listos, señor—señaló evadiendo al impaciente Rick —, cuando usted diga iniciaremos el conteo para la ejecución del salto espacial.

—Eso puede esperar, ahora responda a lo que le pedí, es una orden.

—Señor—exhaló profundamente al verse sin salida, y dijo, con todo el pesar que podía sentir—Lamentablemente en el ataque…perdimos a su esposa. Lo siento señor,… la doctora Grace Hunter falleció…

o0o0o

Lisa trataba de dominar su ansiedad por no saber nada de Lang, pero era una batalla perdida. Se levantó de su asiento y vio a Neela muy concentrada en dirigir a escuadrón que había salido misión de reconocimiento rutinario por la zona donde se concentraban las chatarras del desastre de la batalla. Ésa chica ciertamente había levantado la cabeza y se veía mejor, tranquila consigo misma. Dado que todo parecía estar en calma, anunció que iba a su oficina; sentía que necesitaba un café.

Por su parte, Ethan se encontraba recostado en su cama. Se sentía sumido en una pesadilla de despertar. Se sentía perdido. Confundido. Sin conformidad consigo mismo. Después de días, había llegado a la conclusión de que algo estaba mal en él. Si bien siempre se mantenía tranquilo explotaba a la más mínima provocación, y en esos momentos no se sentía a gusto.

—Creo que seguiré su consejo, General—murmuró en un instante dado. Se refería a dicho consejo que le dio Marcus Brown cuando fue a verlo dos días atrás, donde le expuso todo lo que pasaba con él en un intento de obtener un buen consejo. Él le dijo que, si tanto se sentía afectado por el tema emocional que lo atacaba, finalmente se dignara a tomar los días libre que le otorgaron.

Finalmente, cuando se levantó, tenía el firme pensamiento en no declinar en esta decisión. Era lo mejor para él, pero por sobre todas las cosas para el escuadrón Skull. A pasos firmes se dirigió a hablar con su superior directo, no obstante, éste organizaba los turnos de cada escuadrón para el uso de los simuladores y le dijo que esperara.

Casi con disgusto se veía en la penosa tarea de esperar mientras voz interna le decía que no lo hiciera, que dado el problema de Archer con el resto del escuadrón las cosas podrían tomar un rumbo desconocido que pudiera acrecentar los malos ánimos que se estaban desatando; pero la voz de la conciencia contradecía; le gritaba que no estaba apto para seguir con su mando. Así que se quedó esperando, viendo a la gente entrar y salir de la oficina del capitán. No supo cuánto tiempo pasó hasta que Robert lo encontró, y sin decirle nada, lo jaló de un brazo arrastrándolo por los pasillos, elevadores, por la rampla de descarga, hasta soltarlo una vez en la estación. En todo ese rato, él se había negado a responder a sus preguntas, pero finalmente se dignaba a darle una respuesta.

—Tu padre, Ethan,…el SDF-3 está a punto de acoplarse a esta estación.

— ¿Y eso qué? Es una buena noticia, pero no el sentido para mí—le dio la espalda a su amigo.

— ¿No quieres verlo? ¿No quieres saber cómo está? ¿Estar con él por lo de tu madre? —se viró hacia Robert sin mostrar expresión alguna—Vamos Ethan, es tu padre, y está aquí, de vuelta con nosotros.

— ¿Sabes lo que me dijo Neela hace algunos días atrás? —Robert le miró turbado por su insensibilidad—Algo con lo que estimo que mi padre no merece derecho al consuelo porque no lo necesita.

— ¿Por qué lo odias, Ethan?

—No lo odio, sólo siento indiferencia hacia él. No sabes cuánto daño hizo. No tienes idea del papel que jugó en la muerte de mi madre—sonrió con ironía—.Lo peor es que Neela…ella me dijo tantas cosas; me dijo la verdad, me dijo también que debíamos hacer un esfuerzo por perdonarlo.

—No sé de qué hablas Ethan, y quisiera saberlo para ayudarte…Soy tu amigo, merezco el derecho a saber algo de ti.

Aunque vaciló un poco, al final determino contarle.

—Ven—le dijo, y juntos fueron a un lugar de la zona de carga donde casi no había nadie. Quedaron ocultos en medio de dos transportes estacionados.

Ethan le contó a Robert sobre la información del diario que le proporcionó Neela; también le dijo sobre ese amor que Rick tenía por la almirante Hayes. Le contó todo y con lujo de detalles, dejándolo con la boca abierta.

—Es que no lo creo—dijo Robert cuando pudo sacar palabras.

—Créelo. Ése es mi padre.

— ¿Cómo pudo haber hecho eso? ¿Cómo pudo seguir amando a una mujer que supuestamente estaba muerta?

—Enamorarse de ella es muy fácil; es bella, es inteligente, es una mujer espectacular.

—Lo sé —Intervino Robert un poco más repuesto de su impresión—. Cuando la encontramos, aún oculta bajo la capa de polvo me pareció muy hermosa—frunció el ceño repentinamente—. Ethan, ¿No será que tú…?—éste asintió y él negó incrédulamente.

—Si puede ser —estaba nervioso por su confesión, pero no lo demostraba—.Yo la quiero, … mi padre la quiere…Ambos amamos a la misma mujer, pero con ese amor él causó mucho daño a mi madre, a mi familia…

—Y eso es lo que te tiene mal, ¿verdad? —otro asentimiento de parte de su amigo—. Eso y la muerte de tu madre.

—Todo me tiene mal—se giró dando un golpe al vehículo con su puño cerrado—He pensado que bajo estas condiciones no estoy para seguir siendo el líder de Skull —obtuvo nada más que un frío silencio de parte del teniente—Tienes que comprenderme, y tienes que guardar esto como un secreto de amigos…No espero que lo divulgues con el escuadrón.

—Jamás lo haría—sacudió su cabeza enérgicamente para despabilarse—. Pero no estoy de acuerdo a que dejes el liderazgo.

Ethan encaró a Robert—Será providencial, y estoy seguro que el cargo recaerá en ti—dijo.

—Si es que no se lo otorgan a Jack Archer.

—No creo que le den el liderazgo a ése imbécil.

—Veo odio allí también, y creo saber la razón ahora que sé de tu amor por la almirante Hayes…Tiene que ver con lo que dijo aquella teniente en el almuerzo de la otra vez.

—He de suponer que él las tiene todas de ganar —se cruzó de brazo suspirando con resignación—. Ella no es para mí, lo mejor es que me olvide, y eso es lo que estoy tratando de hacer.

— ¿Cuándo te enamoraste de ella?

—No lo creerías—sonrió. Robert le miró extrañado—. Desde niño Robert, la amo desde que ella era una persona que supuestamente se encontraba muerta. Suena a ironía, pero los hombres Hunter tienen el mismo mal.

—Vaya mal…Está destruyendo su familia.

—Ya lo hizo—dijo sereno—.Todo ha cambiado y ya nada será igual…

Comenzó a caminar alejándose, sintiendo que tenía un peso menos tras sincerarse con su mejor amigo, aunque el dolor interior no parecía disminuir.

Y mientras él iba sin rumbo fijo, Lisa salía rumbo a la estación donde había sido convocada a una reunión de emergencia. Brown había sido claro al decirle que Rick quería una reunión privada.

Una vez que llegó a la sala de juntas y mientras esperaba en compañía del Brown y del doctor Smith, se permitieron tratar un poco del tema de la evolución de la ex tripulación del SDF-2 que aún permanecían en observación psicológica, como también de aquellos que estaban de alta y se preparaban para recibir asignaciones.

Un Rick serio, frío, y algo molesto, se presentó acompañado de dos oficiales escolta.

—Necesito hablar con la almirante Hayes—dijo despidiendo a su escolta con un gesto.

—Pensé que se tocarían los temas oficiales en conjunto—dijo Brown, levantándose de su asiento.

—Por favor —demandó Rick—.General, doctor, salgan.

Los dos hombres se retiraron con desgano, mientras Lisa se puso en pie, de frente a él.

— ¿Cómo fue? Quiero saberlo—Lisa no sabía a qué se refería y no respondió—.Dime Lisa, cómo murió Grace.

—Rick…—musitó, y negó levemente con la cabeza—.No necesitas saber cómo…Lo siento.

— Dime, Lisa—insistió.

—El doctor Smith y Brown iban a decírtelo. Yo no soy quien.

— Quiero oírlo de tus labios.

No había dolor en su voz, sólo frialdad, y Lisa lo percibió.

—No me corresponden los detalles, sólo le pudo decir que su esposa recibió los honores militares en despedida hace diez días. Siento mucho que se haya efectuado en su ausencia…Le doy mi más sentido pésame.

—Lisa—quiso acercarse, pero ella retrocedió esquivándolo — ¿Qué hace, almirante Hunter?

—Sólo quiero…—meneó la cabeza a ojos cerrados—.Perdí a mi esposa…

—Sí, la perdió. Ya le dije que lo siento, es lo único que puedo hacer—él la miró sentido, obligándole a decir algo que ella no quería—. No estoy para consolarlo. No señor. No sé qué piensa al hacerme esto, pero es incómodo. Demando que se comporte como la persona que es, porque me está obligando a ser cruel.

—No me hagas esto, te necesito—sólo deseaba abrazarse a ella, sentía que la necesitaba y se estaba dejando llevar por las emociones, no por la conciencia.

Quiso tocarla una vez más y la cachetada en su rostro no tardó en llegar. Para mala suerte de ambos Ethan presenció lo último. Él -después de haber reconsiderado su idea de no ver a su padre- había llegado hasta allí encontrándose con Brown, quien le dijera acerca de la petición de Rick. Decidió entrar rápidamente enfrentándose a un espectáculo que le dejaba pasmado.

— ¡Capitán Hunter! —exclamó Lisa, sorprendida, avergonzada de lo que había hecho.

Rick, sobándose la cara se volvió hacia su hijo. Tenía una sensación de De javu. Algo parecido había ocurrido con Neela.

Ethan no sabía qué decir. Dejó que la puerta se cerrara tras de sí, y avanzó para encarar a su padre.

— Si pudiera, te rompería la cara sin dudar.

— No, Ethan es tu padre —dijo Lisa poniéndose rápidamente en medio de los dos, dando la espalda a Rick.

—Un padre que por lo visto deja un excelente ejemplo como persona —Lisa tragó saliva al ver tanto odio en la mirada del piloto, y no imaginaba la cara de Rick tras ella—. Lamento que las cosas sean así, almirante Hunter. Lamento ya no poder llamarte nuevamente como mi progenitor.

—No digas eso Ethan, lo lamentarás—dijo Lisa, al tiempo que sentía la mano de Rick que la instaba a hacerse a un lado.

—Escúchame, Ethan—suplicó Rick.

—No, no puedo.—su voz carecía de fuerza y demostraba mucho dolor.

—Escúchalo Ethan—le dijo Lisa.

—No apeles por él después de eso que le hizo merecedor de tu cachetada—dijo mirándola—Dile a nuestro almirante que ya estás con Jack Archer, ¡díselo!—apuntó a Rick con su dedo—¡Dile para que de una vez deje pensar que tiene esperanza contigo!¡Díselo para que deje de deshonrar la memoria de mi madre, de Grace!—miró a su padre—Tu esposa fallecida a la que debieras estar guardando luto.

—Espere Capitán Hunter, está diciendo tonterías, eso no es…—pero viendo la mirada de Rick sobre ella, dijo: —Eso no debió decirlo, no le corresponde meterse en mi vida privada.

— ¿No lo vas a negar? —preguntó Rick.

—No espere nada de mí, almirante Hunter, puede prescindir de mi presencia aquí. Me retiro.

Ethan siguió los pasos de Lisa y la alcanzó sólo cuando ésta entró a un elevador; en tanto, dos confundidos hombres se habían detenido a ver a Rick derrumbado.

—Lo siento almirante, de verdad lo siento…—las puertas se cerraron a sus espaldas.

—Tal vez también yo habría hecho lo mismo, aunque era mi última opción—figuró una mueca en sus labios, parecida a una sonrisa triste—. Lo siento Ethan, lo siento mucho…Por lo de tu madre, por lo de tu padre, por lo que Jack me dijo de ti cuando habló conmigo.

— ¿Él le dijo algo de mí? —preguntó turbado.

—Sí—detuvo el ascensor, jaló a Ethan del brazo, instándolo a sentarse con ella —.Él me dijo que no te veías bien, que andabas irritable y eso no va contigo…—sus ojos estaban puestos en sus reflejos de las puertas metálicas—.Para ti y para Neela ha sido duro, pero te pido lo mismo que le pedí a ella: tengan paciencia con su padre. Rick…simplemente no sabe lo que hace.

—Si lo sabe, siempre lo ha sabido—su vista se posó en el techo—. Nunca debió haberse casado con mamá si no la amaba.

—Entonces tú y tu hermana no existirían.

Él la miró.

—Gracias, almirante Hayes.

—No tienes que darla, después de todo indirectamente también tengo culpa.

—No la tiene—se levantó y volvió a echar a andar el elevador.

Antes de salir de allí, Ethan le dio una última mirada.

—Si piensa quedarse allí, por lo menos hágalo de pie. Podría coger un resfriado.

Las puertas se cerraron.

Lisa sonrió mientras se levantaba, pero en el fondo se sentía muy mal por todo. No tenía escape, solo la esperanza de que los líos personales con Rick un día acabaran. Ella pensaba que había sido muy bajo seguir el juego de Ethan, pero quizás eso podría dar resultado. En cuanto a Ethan, en él había visto la misma angustia y frustración que vio en Neela; ellos estaban dolidos, y pensaba que tenían razón.

Suspiró pensando en cómo salir de esto, cómo evitar que situaciones de esa naturaleza que sólo entorpecían la realidad de ser militar. Pero a pesar de todo comprendió una cosa, y era que Rick ya no le importaba tanto como en un principio.

Ethan por su parte, iba por su camino pensando que el hoy era un desastre, no para él, sino para su padre que justo ahora no sabía cómo levantar la cara. Todo estaba mal para la cabeza máxima de la RDF. Todo se estaba derrumbando como nunca antes lo imaginó.

Neela, ella se mantenía entretenida en sus funciones, considerando que debía pensar muy bien antes de encarar a su padre. Necesitaba el valor suficiente, necesitaba saber que no se herirían mutuamente, aunque ese era un deseo casi imposible de alcanzar por ahora.

Muy lejos de la estación, Jeremy se mantenía en alerta en su alfa, listo y preparado por si la situación lo ameritaba, más siempre había espacio para desviar sus pensamientos; hacia Ethan, hacia Neela por quién seguía muy preocupado.

Y en la estación espacial misma, mientras vagaba por un recinto- el mismo en que Lisa fuera a ocultarse una vez, cuando Neela se enteró de la verdad de su padre-, Jack pensaba en su porvenir, en Lisa y el verdadero significado de ella en su vida, porque aunque lo quisiera o no, dudaba del real sentido de su atracción por esa mujer: era amor o era capricho, nunca las dos cosas a la vez. Pero en sí, dudaba de todo, ¡Y cómo molestaba eso! Porque él no era así, y no la tenía la más mínima de idea de qué le estaba pasando.

Para todos ellos, nada estaba claro, todo era confuso.


Fin Capítulo 10