Germania se encuentra a Roma una vez Gales se ha ido de la casa, acabándose su copa de vino en la cocina
—¿Dónde está todo mundo? —pregunta Germania sin haberse enterado de nada.
—¿Eh? —le mira de reojo porque estaba concentrado pensando y no le ha oído entrar.
—Hallo... ¡Estás solo! —sonríe con ello, acercándosele.
—Ah... sic. Estaba hablando con Galles.
—Oh... ¿Hablando de Galia? —frunce un poco el ceño.
—Sic.
Germania se humedece los labios.
—¿Qué te dijo? —pregunta poniéndole las manos en la cintura.
—Qué... ¿quieres salir? —cae en la cuenta de repente.
—¿Salir? ¿Tú y yo? —desfrunce el ceño.
—Sic, a... cenar o de paseo.
—Ja —sonríe el rubio —, ¡Sí que quiero!
Roma sonríe también y el otro se le acerca a darle un beso en la mejilla.
—¿A dónde vamos a ir? —pregunta Germania, contento de sacarle una sonrisa el moreno, que parecía totalmente mal.
—A dónde quieras.
—Vamos a... Vamos a la playa a nadar.
—Vale —asiente, haciendo sonreír al germano aun más.
—Venga, vámonos antes de que pase algo.
El latino deja la copa de vino y se va para ir por las llaves del coche. Germania va atrás de él aún con las manos en su cintura.
—¿Ves qué bien está saliendo todo esto? —tan optimista el sajón.
—¿Está saliendo bien?
—No han pasado ni cinco minutos y ya vamos a salir los dos —le aprieta contra sí y le da un beso en el cuello. Roma, sonríe dejándole.
—Pero eso no tiene que ver con esto.
—Eso dices.
—De todos modos, si tú estás feliz... está bien.
—¿Tú estás bien?
—No mucho —suspira subiéndose al coche—. Pero creo que esto puede distraerme un poco.
—Vamos a estar bien, vas a ver... Sólo es un pequeño paso en la dirección correcta.
—¿Desde cuándo tú estás de acuerdo en esto?
—Desde hace... Poco tiempo. Preussen me ayudó un poco ahora que estaba en casa y... Es un paso en la dirección que YO quiero, por una vez.
—¿Lo es?
—Ja! ¿No lo notas? —estira la mano y se la pone en el muslo, cerrando los ojos por la velocidad. Y es que sonríe aún más dándole unos golpecitos —. ¿Tú qué piensas?
—Non, ¿por qué piensas eso? Ella va a irse.
—Pero no va a dejar de querernos nunca, eso me lo dijo ella.
—Pero no nos querrá igual.
—¿Cómo no?
—Pues ahora le querrá a él.
—Ella nunca se ha querido casar conmigo igual, eso no va a cambiar.
—Tampoco se va a acostar contigo.
—Pero esto es lo que ella quiere, que alguien le quiera SÓLO a ella, y ella... Lo merece. Lo entiendo.
Roma le mira de reojo y traga saliva porque entiende que Germania... se vea reflejado en ella.
—Si hubiera una manera en la que yo pudiera conseguir eso que ella va conseguir —prosigue el sajón —, querría que ella me ayudara. Extrañamente he pensado que esto también me ayuda a mí.
—Tú sabes que... tú... —se humedece los labios con esa idea —, ¿estás hablando de mí, verdad?
Germania le mira y hace los ojos en blanco, sonrojándose. El romano aprieta los ojos con esa reacción.
—Pues claro que... ¿Qué clase de pregunta es esa? —confirma el de ojos azules y Roma se humedece los labios.
—Tú sabes que yo... te quiero.
—Ja. Tú también sabes lo que yo quiero —suelta con un poco de amargura y el moreno asiente —. Y quizás es cruel contigo porque yo sé que tú no quieres que pase lo que yo quiero. Pero yo sí quiero que pase, ¿sabes?
—L-Lo que yo quiero... —vacila extrañamente y se mira las manos.
—Es que todos se queden —le mira con el ceño fruncidito con esa vacilación —¿No?
—En parte, sic.
—Pues yo no. Puede que... Nein, no está mal que se quede Britania, pero si cada uno de los otros se va a hacer su vida y es feliz eso es lo que yo quiero.
—¡Yo también quiero que sean felices!
—Contigo. A mí no me importa que sean felices con alguien más, porque eso nos lleva a un único posible desenlace.
—¡No tiene por qué, pero aquí lo son!
—Galia no lo es del todo, ella quiere a alguien que le quiera sólo a ella. Quiere ser la persona más importante para el muchacho, y más vale que lo sea.
—¡Pero también es una persona muy importante para todos en casa!
—No es lo mismo ser muy importante que ser LA PERSONA MÁS IMPORTANTE.
—Pero aquí está Britania y nosotros e Iberia y... ¡Un montón de gente que la quiere! —aquí tienes los pataleos irracionales que querías, Gales.
—Y aquí vamos a estar siempre... Eso no hace que Galia sea la persona más importante del mundo para ninguno de nosotros. Y ella quiere eso, ¿por qué no lo entiendes? Quizás porque a ti te parece que ser la persona más importante para más de una persona es normal... Pero hay quien desea eso.
—No, pero no es lo mismo, porque va a irse a vivir con él y... no vamos a poder ir a verla —con la de actividades que tienes y el caso que le haces, aunque pudieras ir todos los días, igual no iras más de una vez al mes... como mucho.
—Pues que venga ella. Si Britania está aquí va a venir un montón de veces. Vamos a estar bien y tú tendrás más tiempo y podremos salir tú y yo más seguido. Pido todos los días de Galia.
—P-Pero... ¿Los días de Galia?
—Los días que estás con Galia.
—Los... martes, a la hora de la comida, pero tú estás ocupado y... cómo siempre con ella y... ahora ya no va a estar y...
—¿Los martes a la hora de la comida nada más?
—¿Cómo nada más?
—¿Ese es el único momento de la semana que pasas con Galia y ni siquiera me va a tocar?
—Es que no sé a qué te refieres.
—Todas las horas que pasas con Galia a la semana.
—¿Eh? Pero... es que no lo sé —porque es un latino desordenado y hace lo que le sale de los cojones.
—Bueno pues cada vez que pienses en usar tiempo con ella, ven conmigo —resuelve. Roma suspira porque no es esooo —. No, es que es lo que yo quiero que hagas. ¡Es lo que yo gano!
—Pero... es que se va a ir y los martes voy a comer solo... —tal vez los primeros cinco minutos, como si no te conociéramos.
—¡Qué vas a comer solo! Nunca en tu vida has comido solo siempre que haya alguien.
—Pues estaba ella, pero ahora ya no va a estar.
—Así que vas a comer con alguien más y en dos horas no te vas a acordar que los martes tenías comida con ella. Ese es justo el peligro contigo y te lo digo yo. Antes... Cuando estábamos sólo nosotros dos, antes de encontrar a Galia, pasábamos un montón de tiempo juntos. Y poco a poco fuiste llenándote con cosas distintas a mí.
El romano parpadea un par de veces.
—Si cualquiera deja de estar, vas a conseguirte cosas con qué llenar ese tiempo —resume el sajón.
—Pero...
—Así es, me lo has hecho a mí ya. Y entre más me he descuidado, he terminado teniendo que protestar. Y seguro es mi culpa porque no te sigo el ritmo o por cualquier cosa, pero creo que... Lo más probable es que Galia termine echándote más de menos de lo que tú la echas a ella.
—¡No digas eso!
—Así es como eres tú, Rom. Y no digo que no quieras a Galia, pero si sólo la ves cuando viene no va a pasarte nada a ti.
—¡Sí que va a pasarme! —chilla bastante pasional. Germania suspira, porque sabe que eso no es del todo cierto... —. ¡Me haces parecer frío y despegado!
—Nein. Lo que tienes es muchas cosas qué hacer... yo lo sé, yo he sido Galia.
—P-Pero...
—No lo haces a propósito, ni lo notas. Pero si uno no llama tu atención como... Britania, por ejemplo, sólo te pasa desapercibido. Y lo sabes. Porque tienes otras treinta cosas que hacer y si no estás haciendo esto, estás haciendo otra cosa.
El latino aprieta los ojos.
—De hecho es muy probable que yo la eche más de menos a ella, o Britania, de lo que lo harás tú...
—¡No es verdad!
—Es que suena fatal, pero así es. El tiempo que le dedicas a ella, en menos de un minuto, se lo dedicarás a otra cosa. Seamos sinceros también, por más que yo quiera, lo más probable es que no sea a mí —agrega gravemente. Roma le mira tan desconsolado —. Uno tiene que pelear por tú atención. Detente ahí adelante, bitte.
Roma lo hace y alguien le pita gritándole, unos cuantos gritos de vuelta porque ahora está de malas con esto. Es que quiere ponerse a llorar. Germania estira la mano y le toma la suya con suavidad.
—Dime, ¿crees que Galia no va a ser feliz?
—Sí que va a serlo —se sorbe los mocos.
—¿Y no crees que podríamos intentar que este fuera un pequeño pasito hacia... tú y yo estar más cerca?
—Sic, pero...
—Siempre me dices que tú y yo no podemos tener esto... sólo tú y yo, por Britania. Porque Britania se quedaría sola. Y es verdad. Pero Galia no se va a quedar sola, y no va a dejar de querernos y... es un paso firme hacia donde yo quiero que tú y yo vayamos.
Es que se le humedecen los ojooooos al moreno.
—Galia va a seguir siendo la mamá de Frankreich además, y siempre vas a tener eso en común con ella —agrega pensándoselo, todo muy racional, mirándole a los ojos —. E-Es... momento de dejarla ir, y de hacer otros planes a largo plazo... conmigo.
—¡Pero si no es que no quiera hacer planes contigo!
—No hay planes conmigo. Punto. Mi único plan real es esperar... y desear que quizás algún día las cosas vayan más como yo quiero. Y habitualmente tienden a ir exactamente como TÚ quieres.
—¡Eso no es verdad!
—No voy a discutir contigo si eso es o no es verdad... —protesta un poco apretando los ojos —. Yo... entiendo. Entiendo que incluso trajiste a Iberia y a Cartago justo para evitar quedarnos con menos gente si acaso Galia terminaba por irse, pero...
—¡No fue por eso!
—No se puede hablar contigo de este tema, ni siquiera estando tranquilo y tratando de entenderte —espeta mirándole fijamente y frunciendo el ceño.
—¡No! Es que no fue por eso, fue porque todos os ibais. Incluso tú y tu fulanita de las montañas —es que derrama bilis. Germania hace los ojos en blanco y bufa.
—Estoy sentado aquí, específicamente diciéndote una vez más que lo que está en mis planes futuros es que tú y yo estemos juntos los dos... ¿Y tú me dices que cambiaste toda la mecánica de la casa trayendo más gente y volviendo a enfurecerme una vez más como castigo por irme con una mujer que está enamorada de Deutschland?
—Los traje porque estaban solos y merecían tanto como el resto estar ahí y por ella, sic.
—Merecían tanto como el resto estar ahí... —repite lentamente —.Tienen tanto derecho como yo. Somos todos parte del grupo de "amantes de Rom".
—Non! Pero sí tanto como Galia, por ejemplo.
El rubio se calma un poco con esa respuesta, volviendo a respirar profuuuuuuundamente.
—Pues yo aún creo que si se van en los términos que propone Galia... está bien que lo hagan. La puerta está ahí, muy ancha.
—Pero es que ella... es que... yo...
—¡Sólo tienes esa necesidad compulsiva porque TODOS estén ahí admirándote, Rom! Estoy seguro de que ella estaría muy contenta por ti y por mí si sólo estuviéramos tú y yo y tooodos los demás estuvieran con sus respectivas parejas.
—Ya lo sé...
—Pero a ti no te gusta ese arreglo, e igualmente no va a pasar nunca, pero si ella quiere irse y si ella puede ser feliz fuera de esta manera terrible que tenemos aquí...
—No es terrible...
—Tampoco está bien. Todos nos peleamos, todos nos envidiamos...
—¿Pero por qué?
—Porque todos queremos más atención tuya. Todos. Y tú haces todo lo que puedes... Y hasta lo que no puedes por hacerlo lo mejor posible, y la verdad es que para ser tantos que somos, todos somos en mayor o menor medida felices contigo.
Roma le mira con los ojos húmedos y el rubio le pone la mano en la mejilla.
—Pero quizás poco a poco... —sigue Germania mientras que el moreno se sooorbe los mocos —. Pero vamos a estar bien... yo puedo contigo —le hace un cariñito en la mejilla.
El romano se le echa encima para que lo abrace y eso hace Germania, con fuerza.
—Ehh... no pasa nada, venga ya... si todo el mundo te quiere, Galia te quiere muchísimo, siempre está hablando contigo con los ojos, casi sólo mirándose y yo no entiendo nada —intenta reconfortarle y Roma lo abraza —. Pero ella va a estar bien...
—Ya lo sé...
—Y... yo... yo... quiero que quieras estar sólo conmigo algún día...
—¡Quiero!
—Y quieres otras cosas... quieres también que Galia se quede.
—Sic...
—¿Por qué?
—Porque también la quiero a ella
—Yo también la quiero —el germano sonríe un poquito de lado mientras que Roma aprieta los ojos porque eso le da celos al idiota —. Pero... si ella es el sacrificio para tenerte un poquito más a ti... Ella nunca quiere casarse conmigo ni quiere más nada conmigo porque dice que te tengo a ti.
—Así que vas a conformarte...
—Lo que ocurre es que... —suspira —, es verdad. No podría casarme con ella.
—¿Por?
—Porque tú... existes.
—¿Y si ella te hubiera dicho que sí a ti?
—Seguramente... todo hubiera ido mal.
—Sic.
—Porque es que... tú.
—¿Ajá?
—Galia no es tú.
—¿Y?
—Y no puedo ser feliz sin ti —asegura, sincero. Roma sonríe con eso —. Y eso es una mierda... pero si Galia si puede...
—No lo es…
—Sí que lo es, porque... podría ser feliz con alguien más, con Helvetia. En la montaña. ¡Sería perfecto!
—Qué va a ser perfecto —ojos en blanco.
—Lo sería si acaso yo pudiera ser feliz sin ti... ¡Como Galia!
—Nah…
—Ja!
—Nah, qué va. ¿De quién te quejarías entonces?
—De Helvetia seguro... pero como sea es que no se puede.
—¿Y quién te daría la marcha que te doy yo? —muy triste pero no deja de ser él. Germania se sonroja un poquito.
—Nadie. ¡Ni me harían enfadar como tú!
—Ni te harían la vida tan divertida.
—Ni me darían los celos horrendos y paralizantes que me dan contigo en donde quiero matarte porque no entiendes.
—Sí que entiendo... —suspira.
—¡Lo cual no mejora las cosas! —protesta un poquito aún. El latino aprieta los ojos, derrotado —. Pero eso sólo es un problema a resolver... —explica con bastante seriedad, mirándole de reojo —. Si espero lo bastante, poco a poco...
—Todos se irán... —acaba la frase.
—Aunque eso también me pone un poco nervioso a mí. Porque ya una vez estábamos solos tú y yo... —suspira. Roma le mira, esperando a que siga —. Antes de encontrarles... Y no fue tan bien como yo me imagino que debería ir. ¿Qué pasa si no somos felices los dos solos?
—Siempre estará Britania —se consuela el moreno y Germania suspira con eso.
—Yo puedo hacerte feliz. Lo haría mejor ahora porque he aprendido que sí quiero estar contigo sólo yo.
—Sic? ¿Qué harías?
—Ver menos la tele y pensar menos en casa... Mejor ponerme a hacer muchísimas cosas contigo y tratar de seguirte el paso
—¿Quisieras venir a hacer cosas conmigo? —sonríe porque eso sí que le gustaría —. Eso puedes hacerlo ya aunque estén todos ahí.
—Ja, si quisiera. Pero... —se humedece los labios y desvía la mirada, sonrojándose un poco.
—¿Ajá?
—E-Es que sí lo he intentado.
—¿Ah sí? —joder, ¿ni te has enterado?
—Ja —responde Germania escuetamente, frunciendo un poco el ceño.
—¿Cuándo? ¿Qué pasó?
—Que tú vas muy rápido y cambias ilógicamente de ideas y actividad. Eso pasa siempre.
—¡No es ilógicamente!
—Totalmente. Además siempre tienes a demasiada gente a tu alrededor y estás riéndote todo el tiempo con todos y hablando y no te enteras siquiera de que voy.
—No, cambio de actividad cuando me aburro o ya domino bastante la que hacía.
—Ya... ¡Eso es algo que yo no puedo saber! Es como seguir a un pájaro.
—¿Y qué quieres hacer?
—Nada. Siempre acordamos cosas como que tú me vas a prestar más atención o me vas a invitar o... Algo. Y terminas siempre tú más enrollado con cosas y yo persiguiéndote… Aunque ahora que tendremos los dos más tiempo... Puedo seguirte aún más.
—Puedo hacer algunas cosas que te gusten a ti —sonríe un poquito y Germania le toma la mano.
—Pero de verdad, ¿sin que me dejes atrás? —es que le conoce. Roma asiente —. ¿Y no te aburrirás y decidirás que hacemos otra cosa cuando yo empiece a ser mejor que tú? —sonríe.
—¡No lo hago cuando empiezas a ser mejor, lo hago cuando me aburre!
—Lo haces porque ooooodias perder.
—Nooon!
—Claro que sí. Primero eres mejor que yo, pero conforme pasa el tiempo dejas de serlo. Y cuando yo lo soy, decides que mejor cambiamos de actividad.
—Eso es porque ya me aburrió, no porque tú seas mejor.
—Claro, claro... Eso dices
—Eso ES.
—Eres pésimo perdedor —suelta una de esas risas graves.
—¡Qué no tiene que ver con esooo! —protesta, aunque se ríe.
—Vamos a ver, ¿qué vamos a hacer?
—¿Qué te gusta de lo que hago?
—Mmmm... Ejercicio.
—¡La piscina!
—Podríamos ir en bicicleta a la montaña o algo así... La piscina es un peligro contigo.
—Pero la piscinaaaa.
—Pero tú sólo quieres remojarte en agua caliente.
—Nah, está fría.
—¿Y qué haces? ¿Nadas así de dar vueltas?
—A veces... no siempre —admítelo, casi nunca.
—Yo te voy a decir que creo que haces... Vas ahí, parloteas con todo mundo, bromeas con noséquién, te das un masaje.
—Noooon —no, qué va.
—¿Y tú qué te crees que no te conozco?
—Pero vengaaaaaaaaaa.
—Vamos, vale, vale... Pero es que yo no soy de ponerme a hablar por horas con todos como tú.
—Pero eso no pasa nada.
—Sí que pasa porque tú estás divertido y no estamos haciendo lo divertido de eso.
—¿Y qué es lo divertido?
—Hacer ejercicio, competir... Y ganarte.
—Naaaah.
—Ja!
—Se puede hacer todo.
—Quizás deberías llevarme a todas las cosas que haces de aquí a la boda de Galia.
—La boda de Galia —aprieta los ojos de nuevo.
—Ah, ¿qué crees que no voy a poder?
—No, es que me he acordado... cuando se casó conmigo... —el drama, hasta Germania pone los ojos en blanco.
—Was?
—Ella me lo pidió, sabes... y no le presté mucha atención.
—¿Eh? ¿Te pidió qué?
—Que nos casáramos, fue ella quien quería...
—¿Y tú no le hiciste caso? —le mira de reojo y frunce un poco el ceño.
—Sí le hice pero... no todo el que debía.
—Esta vez ella no se lo pidió al muchacho tonto.
—Ya lo sé.
—Seguramente yo tampoco sé lo habría hecho... —suspira —. De haberse casado conmigo
—Sic, claro que sí, tú eras la maldita opción perfecta y yo he estropeado eso también...
—¿Cual opción perfecta de quién?
—Para Galia.
—¿Te parecía YO una opción para Galia? —le mir O.
—Claro que sí.
—¿Y algún día tuviste a bien decírmelo...? ¿O decírselo? ¡¿Qué querías?! ¿Qué me casara yo con...? Verdammt! ¡¿Qué estás diciendo?!
—Non! Claro que no os lo iba a decir a ninguno de los dos.
—No se lo pedí una vez, se lo pedí un montón de veces, ¡¿Y ahora me dices que tú querías que nos casáramos?!
—¡No quería!
—¡Me acabas de decir que era la opción perfecta!
—Lo es, pero eso no significa que quiera.
—E-Espera. ¿Tenías un plan? Que Germania se case con Galia... Así Germania se siente bien, y Galia no se va con alguien más.
—Non!
—Pero de los males te parecía el menos malo. ¿Hago que Germania se case y así deja de alegarme siempre que nadie le quiere sólo a él, y Galia se queda y me quiere a mí?
—Non! —aprieta los ojos porque no es eso para nada.
—¿Entonces a qué te refieres con que éramos la opción perfecta?
—A que lo erais. Tú querías a alguien que te quisiera a ti solo, a alguien como ella que te entendiera y fuera dulce y bonita y a pesar de ello pudiera seguirte el ritmo y lidiar perfectamente con tus cambios de humor. Y ella... ella quería a alguien como tú, que la quisiera y la protegiera pero a la vez fuera delicado y la tratara como a una princesa... además os conocéis desde siempre y os queréis muchísimo... y si no fuera por mí...
Germania levanta un poco las cejas con toda esa explicación, parpadeando.
—P-Pero es que tú estás ahí. Galia te quiere más a ti, se entiende mejor contigo, eres mucho mejor pareja para ella —es que no se lo puede creer. Roma niega con la cabeza.
—Lo que soy es mucho más seductor.
—Pues lo que seas, siempre me has ganado con Galia. E igualmente... Rom. Yo no creo que esto sea nuestra culpa del todo, esto que pasa con Galia. Quizás de inicio, sí, pero ni tú eres para ella ni... Yo al parecer.
—Pero sólo porque... sólo porque yo tenía que hacerlo pero eso no significa que yo sea buena pareja a largo plazo.
—En realidad... —Germania sonríe un poquito —. Sí, eres fatal pareja a largo plazo... Por eso es que yo sufro amargamente.
Roma baja la cabeza, regañado, pero Germania se la levanta de nuevo tomándole de la barbilla.
—Tú, y yo, y Galia... Todos somos un desastre de parejas y eso es en parte tu culpa, ja, aunque nos has enseñado otras cosas importantes.
—Si no hubiera... si no hubiera sido por el puto imperio.
—Si no hubiera sido por el imperio te hubieras quedado con Helena.
—Non, ella... non. Con Iberia... —sonríe de lado y suspira.
—Yo estaría solo.
—Non, tú hubieras estado con Galiae o con la chica de la montaña. Helena con Egipto —porque ahora siente que ellas nunca le quisieron del todo de ese modo —. Y Britaniae hubiera estado con ese idiota bárbaro del norte.
—Pregúntale a Galia cómo nos fue... No hubiera estado con ella, nein —suspira y traga saliva —. Aún podrías. Ir con Iberia y dejarnos a todos.
—No quiero... no puedo, no soy lo bastante fuerte. Además aun intento que ella y Cartaguito...
—A Cartago le gusta... El problema es que yo creo que ella está como todos estábamos antes, aún tiene esperanzas de quedarse contigo.
—Lo sé...
—Todos te quieren... Mucho. Más de lo que a mí me es conveniente. Pero si poco a poco... Ellos dos. Y si fuera de verdad por mi hermano, quizás Britania también...
—Ni sabemos si él ha vuelto...
—Bueno... Si él ha vuelto, ¿qué piensas de eso? Vamos a... ¿Cómo se llamaba el dios tuyo ese del arco y la flecha que juntaba a las personas?
—NON!
—¿Por qué no? —pregunta pacientemente Germania.
—¡Porque no! ¡Bastante tengo con Galiae! —se cruza de brazos, haciendo sonreír un poco al sajón —. Además a ella no le gusta él.
—Como no le gusta nadie —se ríe porque Roma parece traumado.
—Nooon!
—No creo que Britania te deje algún día de querer...
—¡Pues mira Galiae!
—¡Deja de hacer tanto drama! —protesta apretando los ojos.
—Es queeee...
—Vamos a estar bien, te recuerdo que es lo que YO quiero.
—Ya lo sé, ya lo sé.
—Vamos a ser buenos con ella...
—¿Con quién?
—¡Con Galia!
—Ah...
—Tú nunca vas a renunciar a Britania, ¿verdad? ¡Creíste que hablaba de ella! Es tan... Como yo.
—¿Cómo tú?
—Es tan como... Yo —se sonroja un poco.
—No sé a qué te refieres.
—A-A que ella es también como yo... Como... Bueno, técnicamente yo soy tu pareja más pareja que los otros... Nein?
—Sic, pero ella...
Germania frunce el ceño porque acaba de decir que Britania es especial como él, lo que lo hace a él menos especial.
—¿Es más divertida?
—Non.
—¿Más especial? Más... ¡Oh! Es el asunto del multior-... ¿Eso?
—Non! Non, no lo es, no es cómo tú.
—No me engañas —le mira de reojo —, yo sé todo lo que te gusta.
—Sic, pero también me gusta Helena y Galiae y Egipto e Iberia... y todo eso.
—Ya, ya, te gustan todas y yo no soy taaaaan especial, sólo fastidio más que el reeeesto —ojos en blanco.
—Non... sí que lo eres.
—Como el resto...
—Non…
Germania le mira con ojitos entrecerrados.
—Sólo me lo dices para que deje de protestar... —es decir, convénceme y consiénteme.
—¡No es verdad!
—Y porque soy el más enojón de todos...
—No, porque eres el único que tiene verga.
—No me toques ese tema, imbécil, porque trajiste otra verga a la casa y aún no te perdono —le pica el pecho, haciendo reír al otro —. Yo creo que soy especial porque soy hijo de Odín, y además nadie más te gana en cosas, y... Soy el único que te exige.
—Eso es verdad.
—Y el único que te amenaza con irse... Bueno, ahora Galia. Y ella sí que se va a ir de verdad... Es muy valiente de su parte —admite.
—Es horrible...
—Irse en serio... Es impresionante.
—Ugh! ¡No la admires!
—La admiro porque no podría hacerlo yo, y porque va a conseguir ser feliz...
—¡Tú también!
—Ah, ¿sí? —sonríe un poco.
—Non?
—Depende de ti.
—No sólo de mí.
—Bueno, y de las chicas también... —o sea tú no tienes nada que ver con tu propia felicidad, Germania.
—¡Hablo de ti mismo!
—Ah... Yo. Bueno eso, yo siempre estoy intentando serlo incluso con las circunstancias adversas en las que me encuentro —dale un golpe por favor.
—Pero no lo consigues.
—Eso es culpa tuya —se cruza de brazos. No, no es para nada objetivo.
—¿Mía?
—Ja, porque haces exactamente lo que no necesito —tan indignado él. Hasta levanta la nariz.
—¿Y tú haces lo que yo necesito?
—Yo vivo aquí en tus términos.
—¿En mis términos?
—Ja. Yo vivo aquí, en la casa como tú quieres, con tu grupo de novias como tú quieres, me guste o no.
—Pero puedes irte, si quieres.
—Pues podría, pero no lo hago. Si me fuera no estaría haciendo lo que tú necesitas.
—Yo también estoy en tus términos.
—Was?! Nein. ¡Sabes bien cuáles son mis términos! Mis términos no son compatibles con los tuyos y... Ganan los tuyos. Y yo no soy feliz, tú sí. Así funciona por ahora.
—Es que... no podremos ser felices nunca.
—¿Porque mis términos no te hacen feliz a ti?
—Porque uno de los dos siempre será infeliz —frunce el ceño. Germania traga saliva con esa idea y se mira las manos.
—¿Nunca vas a ser feliz sólo conmigo, entonces?
—No he dicho eso.
—Eso es lo que quiere decir...
—No, eso quiere decir que nuestros términos se contraponen y siempre habrá uno que se sienta desgraciado, según tú lógica.
—Si yo te dejo hacer esto y aguanto quizás eventualmente si seamos felices.
—¿Sabes? No, no lo creo.
—¿No? ¿Por qué? Por todos los dioses, Rom...
—Non. ¿Y sabes por qué? Por una puta razón muy simple, porque tú ahora dices que estamos en mis términos así que lo único que haces es quejarte y quejarte porque eres la supuesta víctima así que yo intento compensarte con todo lo que puedo para que te sientas mejor, pero nada es suficiente, tienes la excusa perfecta. Y como los has aceptado te sientes en deuda y la deuda es que yo acepte los tuyos porque sí y sin protestas, porque tú has estado en los míos. Pero si yo me siento mal lo que haces es hacerme sentir culpable, en vez de tratar de hacerme sentir mejor. Así que... ya ves. De nuevo, salgo contigo y de nuevo, acabamos en una puta pelea.
Germania se mira las manos.
—Me pregunto si estás realmente enamorado de mí o sólo lo estabas del puto imperio y lo que este me obligaba a hacer —remata el latino.
—Claro que estoy enamorado de ti, y por supuesto que no estoy enamorado de tu imperio. El problema es... El problema es esta forma contigo que, como siempre, no sé cómo...
—Es que... mira lo que me estás diciendo.
—¡Te digo la única cosa que puedo decirte para explicarme a mí mismo que hay alguna esperanza de que esto salga bien! No estoy intentando hacerte sentir culpable, te lo sientes porque tenemos un problema y el problema es que no hay forma de que arregles nuestro problema.
—¿Yo? ¿Te escuchas a ti mismo? "TENEMOS un problema y TÚ no quieres arreglarlo".
—No dije que no quisieras, dije que no hay manera en que tú lo arregles —aclara.
—En que YO lo arregle.
—¡Ni tú ni yo, es igual! No hay solución... ¡Yo no quiero que sea como es y tú no vas a hacerlo distinto!
—No, es que no puedes decir que no quieres hacerme sentir culpable y luego que yo tengo que arreglar el problema —replica y el germano aprieta los ojos.
—Rom, lo que estamos haciendo es jalar cada uno a un lado diferente. Lo que estoy intentando decir ahora mismo es que si tú estás jalando ahora y no me gusta lo que hay, espero eventualmente poder jalar yo a lo que quiero.
—¿Y qué harás entonces? ¿Echarme en cara que no soy feliz a solas contigo?
—Creo que quisieras que fuera más como Britania... —recarga la cabeza en el asiento —. Y yo quisiera serlo también.
—Algunas veces... sí.
—No creas que pienso que debe ser divertido para ti salir conmigo si cada vez terminamos peleando por lo mismo. Sólo no puedo acostumbrarme a esto así, siento que si te dejo en paz, si me obligo a que no me importe, voy a perderte. Reclamarte, encelarme, odiarte y esperar que un día las cosas vayan como quiero, implica no soltarte.
—Ya lo sé, y en general también hace que yo te preste atención como mereces, pero...
—Pero no hoy.
—Non, pero pienso que... me gusta que hagas eso, que pelees por mí y me busques y pienso que tal vez... una vez me tengas... ya no lo harás —suelta, tembloroso y Germania levanta las cejas.
—Pero, Nein! Puedo ser buena pareja tuya, de verdad. Puedo hacerlo bien sin sufrir y sin sentirme mal y sin morirme de celos.
Roma suspira, apoyándose encima del sajón cuando este le atrae hacia sí.
—No me gusta, no. No me gusta no ser bueno contigo y sólo estar enfadados —susurra el rubio.
—Menos mal.
—No me extraña que te cueste imaginarte ser feliz conmigo... Yo sé que soy insoportable a veces —le abraza.
—No tanto —le abraza de vuelta y se ríe un poco.
—Cuando era niño, en casa de mi padre... Cuando vivíamos muy, muy al norte, antes de cruzar el mar... —rememora con vista nublada. Roma le mira de reojo, escuchándole —. En el invierno, la luz duraba sólo unas horas, y todo lo demás era oscuridad...
—Espera... ¿Sí conociste a tu padre? ¿No dices que era Odín?
—Era Odín, claro. Y era su casa... ¡No es eso lo que te estoy contando! —le aprieta un poco más.
—Siempre pensé que... crecisteis con tus hermanos y nada más.
—Pero era casa de mi padre. Vivíamos en Asgard, pero él vivía más al norte, en el palacio de Valaskjalf en donde no podíamos entrar...
—¿Entonces le conociste o no?
—Le conoció mi bruder... —ahora puedes entender el asunto.
—Oh... qué triste.
—No fue tan malo. Mein bruder hablaba mucho de él.
—Tú eres el pequeño, ¿verdad?
—Ja —asiente —. Escandinavia el mayor... Luego Kiev y el último yo.
—¿Y qué pasaba cuando se acababa el fuego?
—Cosas. Si había luna y no tan mal clima salíamos, a mí no me gustaba mucho salir con Kiev porque él... —suspira —, hacía cosas.
—¿Eso querías contarme?
—Nein. Un poco... En realidad a lo que me refería era a los días de oscuridad... A veces siento que estamos en esos días.
—¿Por? ¿Qué cosas hacía Kiev?
—Kiev... Hacia muchas cosas raras. Muchísimas. Más aún cuando había oscuridad.
—¿Pero cuáles?
—Se comía a los cuervos de Vater. Vivos —tiene un escalofrío y el moreno levanta las cejas —. Con todo y plumas. Les sacaba los ojos también... Hacia cosas.
—Cielos... ¿Pero qué cosas te recuerdan a los días de oscuridad?
—Estar enfadado todo el día y tener miedo de perderte, es... Como eso. Como ser pequeño otra vez y estar en la oscuridad —lo aprieta. Roma le mira desconsolado —. Soy yo el que no sale de ahí... Cuando estoy contigo y me río o cuando estoy en casa y están las chicas... Son como las horas de luz del día.
—Es un símil horrible —aprieta los ojos —, no tienes nada que temer.
—Es sólo como me siento cuando me pongo a pensar... Y en si hay cosas que tengo razón.
—Prefiero hablar de cuando eras pequeño.
—Casi nunca hablamos de eso —asiente un poco sonriendo de lado.
—Por eso.
—Hacía frío todo el tiempo en casa. Tú te quejarías todo el tiempo.
—Vamos, vamos a la playa como querías y... si quieres podemos ir a ver si han vuelto tus hermanos y traerlos a casa con nosotros —propone. El sajón asiente al asunto de ir a la playa pensando en ello mientras arranca el coche.
—Sí querría encontrar a Escandinavia, me alegraría mucho verle —sonríe de ladito pero Roma tuerce el morro —. Si Kiev ha vuelto, seguramente él lo sabrá.
—Mmm... bueh.
—Was? ¿Te preocupa Britania?
—Non —no, que va. Por algún motivo, no tiene celos con España pero sí con Escandinavia.
España es su niño adorado… Y está con Romanito y no se la llevar. Exacto... o sea lo de España es sólo un flirteo.
—Britania no se va a ir con él —ojos en blanco.
—¿Cómo lo sabes? ¡Decíamos de Galia y mira!
—Galia no es Britania... a Britania ni siquiera le gusto yo lo bastante... y no es que mi bruder tenga una sola cosa que no tenga yo.
—Y tú...
—¿Yo qué? —levanta una ceja y Roma le mira de reojo —. Was?
—No... vas a... hacer cosas raras, ¿no?
—¿Cosas raras de qué?
—No lo sé, ¡De raras!
—¿Con Britania?
—Non! ¡Con tu hermano!
Parpadeo, parpadeo.
—Was?! ¿De qué hablas con cosas raras?
—¡No lo sé! De irte a... ¡Correr en bicicleta o lo que sea!
—Ah... pues... bueno, ¿eso qué tiene de raro?
—¡Pues de irte con tu hermano!
—¿Hablas de irme de casa para irme a vivir al norte con él?
—¡Ni se te ocurra! —el FRENAZO.
—Ugh... Rom! —protesta porque ha sentido que casi se salía por el parabrisas.
Creo que el coche de atrás pega un frenazo también y los esquiva, pero el otro se estampa contra el que ellos han esquivado. Milagrosamente a ellos no les pasa nada.
—Verdammt... ¡No puedes frenar así! —protesta Germania girándose a ver si alguien está herido.
—Tú no puedes irte con tu hermano —prende de nuevo el motor para irse.
—¡Ni siquiera había pensado en la posibilidad! —se gira otra vez a mirarle —. Espera... no quieres que me vaya.
—¡Pues ni la pienses!
—¿Por qué no quieres que me vaya? —sonríe un poquito.
—¿Cómo que por qué?
—Porque no quieres que me vaya —reafirma sonriendito—. Porque me quieres y sí que soy especial y no podrías vivir sin mí.
—Sic!
—No voy a irme, idiota... si quisiera irme ya me habría ido a mi casa o con Helvetia.
—¡Pues más te vale!
—¿O qué vas a hacer? —pregunta estirando la mano hacia él y poniéndosela en la pierna
—Matarte.
—¡Ha! Qué vas a matarme tú a mí... —es que sigue sonriendo, apretándole un poco la pierna.
—¿Crees que no? ¡Vamos!
—¿Cómo pretendes matarme, a ver?
—¡A puño desnudo si hace falta!
—¡Anda! A golpes por irme de casa... —sonríe un poco más.
—Sic! —exclama, serio. Germania se ríe un poco con su voz grave, acariciándole un poco la pierna.
—Vaya manera de intentar que vuelva a casa...
—¿Y qué esperabas?
—Pues si me estoy yendo con mi hermano que fueras por mí con... —se sonroja un poco — yo que sé, cerveza y una invitación amable a volver.
—¿Y ya?
—¿Y una feliz promesa de "seré tuyo y sólo tuyo para siempre"?
—Pensaba más en un plan para una buena sesión de sexo sucio.
El germano le quita un poquito la mano de la pierna y se sonroja.
—Se-Sexo sucio... conmigo, ¿verdad? No con mein bruder.
—Ah, eso podría ser —asiente. Germania frunce el ceño y le quita del todo la mano de la pierna.
—Detén el coche.
—¡Ya estamos llegando, no seas dramas que sólo bromeaba!
—¡Es que lo dices en broma y luego vas y lo haces! —se cruza de brazos —. Ahora no quiero que vengas conmigo porque él te va a dar curiosidad como te dan todos, quizás... quizás le conoces y decides que siempre es mejor él...
—Yaaa —ojos en blanco. El rubio le mira de reojo.
—Quizás yo te mate a ti... otra vez.
—De amor... —el ridículo. Germania se sonroja otra vez y deja de fruncir el ceño.
—¿Podría? Seguro no, con el corazón de condominio que tienes... —pica y le da un golpecito en el hombro al moreno cuando este se ríe del comentario.
—Entonces, ¿cómo era cuando vivías con él?
—Frío —sonríe un poco —. Y salvaje. Pero vivíamos bien. Él era un buen hermano mayor.
—¿Sí?
—Él sí. Él... era el jefe, y casi todo el tiempo lo hizo muy bien.
—¡Le tienes en un pedestal! ¿Lo ves?
—No le tengo en un pedestal, tuvimos nuestras diferencias y peleamos...
—Ya, claro.
—Nein, peleamos muy, MUY fuertemente y yo le desafié pretendiendo quedarme yo como el jefe...
—¿Y? —le insta a que prosigue. Germania se sonroja un poco pero sonríe y aprieta los ojos.
—Como verás, yo no soy el dueño del norte.
—No del norte-norte.
—Yo tuve que cruzar el mar... Él era fuerte y yo era un niñato idiota.
—¿Lo eras? Aun lo eres un poco.
—¡¿Discúlpame?! —hasta le hace crack el cuello y Roma se ríe —. Nein, ahora no soy ni niñato ni idiota.
—Ah, ¿no? ¿Qué hacías antes que te hacía serlo?
—Ser joven y pensar que me iría mejor solo... Y me fue mejor solo, pero...
—¿Ajá? ¿Conociste a un bello y arrebatador dios del sexo sureño que te hizo plantearte ese asunto de la soledad?
—Nein! Sí que me fue bien solo y... ¡No es lo mismo!
—Sí que lo conociste —se ríe.
—Lo conocí y me recuerda todos los días como es que estaba mejor solo que acompañado del idiota este.
—Alaaaa —se vuelve a reír el muy tonto.
—Tú no conociste a mi bruder, ¿verdad?
—Non, ¿por? —levanta una ceja. El sajón aprieta los ojos.
—Es que seguro va a gustarte...
—¿Por qué?
—Porque es más alto que yo, y fuerte y también es hijo de Odín, y además... tiene mejor humor. Hace chistes y se ríe.
—Mmm... tal vez sí puede venir a casa entonces —bromea y Germania hace los ojos en blanco.
—Es perfectamente posible que te guste y te lo tires y además... es posible que en cuanto sepa que yo no quiero que te lo tires no le parezca tan mala la idea.
—¿Por?
—Digamos que... no es la primera vez que peleamos por alguien.
—¿Peleabais por Britaniae? —sonríe de ladito, haciendo sonrojar al sajón.
—Vamos a decir que no le hizo ninguna gracia que... yo fuera por ella.
—Así que celoso además.
—Es de familia... —sonríe de lado y le mira de reojo, pensando que... de verdad qué pasaría si Roma le prefiriera —. Lo único es que no creo que le gusten los hombres.
—De todos modos quizás aun me vería más como rival... ¡Como tú!
Germania hace los ojos en blanco con eso.
—Sabrá perfectamente bien que en eso has ganado, basta sólo con ver a Britania.
—No estoy seguro, creo que ella quisiera lo mismo que... todos queréis.
—Britania te quiere a ti.
—Hasta que deje de hacerlo.
—Nein, no va a dejar de hacerlo. No se puede dejar de quererte, y además tú y ella... lo he hablado con Galia incluso —le mira de reojo.
—Nah! ¡Y lo dice Galiae precisamente!
—Galia dice, y con razón, que tú le haces caso a ella muy fácilmente.
—No más que al resto —ojos en blanco, pero que poco objetivo eres consigo mismo. Germania hace los ojos en blanco.
—¡Es que no puedes decirme a mí eso! Britania atrae tu atención sólo con aparecer.
—Quid? Non!
—Ya quisiera yo... Conseguir lo que consigue ella —bufa Germania.
—Pero, ¿conseguir qué?
—Tu atención. Y no soy el único.
—¡Pero si lo único que hace es criticarnos a todos! —¿y entonces porqué sonríes así, idiota? Germania suspira.
—Yo te critico a ti, y lo que consigo es pelear.
—Pero porque tú... lo haces en serio.
—Es que es igual... Ella te hace reír y... Eres su pareja.
—Tú también me haces reír.
—Nein, no así. Tienes algo con ella que... —no sabe explicarlo. Roma suspira.
—Tengo algo especial con cada uno. Y que lo que tenga contigo o con Galiae sea más sutil no significa que no exista o que sea menos importante.
—Es que no tiene nada que ver, sólo digo que ella no va a dejarte.
—En fin... yo no estoy tan seguro, pero es lo que tú quisieras así que...
—¿Sabes qué sí me sabe mal con esto de Galia?
—Quid?
—Que Galia fue expresamente contigo y el muchachos avisarte...
—¿Y? ¿Crees que reaccioné mal?
—Nein, de hecho... Nein... Es sólo que... Bueno, a mí no vino con su muchacho a avisarme.
—¿Eh?
—Habló conmigo ayer y me dijo que no estaba lista... Pero no consideró necesario decirme que hoy yo sí lo está, ni... El chico me dijo nada. No les pareció que fuera importante obtener mi... Visto bueno como en tu caso.
—Anda ya, no es como que se casaran ayer, ¿sabes? Ya te lo dirán —pat pat. El germano tuerce la boca.
—Creo que describe bien la relación conmigo frente a ellas... Galia es con la que mejor me llevo.
—Eso es porque eres un frío y calculador sajón que da mucho miedo y con el que es difícil hacer drama... porque más vale que lo que sea que se te cuente sea importante.
—Pero esto es importante... Y esto demuestra que tengo razón.
—Sin embargo, ella fue a hablar contigo sobre sus miedos...
—Ja, porque yo soy su amigo. Y tú su... Pareja. Tú eres Rom. Si se fuera Britania sería igual.
—Exacto, ¿lo ves? Al final vinieron a hablar conmigo porque yo soy el padre del muchacho. Intentó pedirme que actuara como tal... y Galiae me lo ha pedido mil veces. ¡Deja de hacerte ideas sin saber los hechos!
Germania parpadea.
—Was?
—¿No sabías que es hijo mío?
—Sí, sólo no... ¿Galia vino a pedirte específicamente eso?
—Bueno, ella me ha pedido muchas cosas muy distintas en relación a esto, entre ellas eso.
Germania suspira.
—Yo pensé que había venido a informarte oficialmente de la boda y a decirte que nos... Te deja.
—Non, de hecho me ha asegurado de todas las maneras posibles que nos va a seguir queriendo.
—¿Veees? ¿Qué más te dijo? ¿Te dijo algo de mí?
—Pues lo mismo, suele hablar en plural —se encoge de hombros. El germano se relaja un poquito y hasta sonríe levemente —. Quid?
—Nosotros tampoco vamos a dejarla de querer y sí que vamos a echarla de menos. Es suave y delicada y bonita... Y sabe hacer unas cosas muy... Ricas en la cama —dafaq. Roma le mira con cara de circunstancias —. ¡Pero yo también te lo hago bien a ti! ¡Y hay cosas que ella no puede hacer!
El latino sonríe y niega con la cabeza, derrotado.
—Y... Por Thor, ¿tú no vas a besarme hoy o qué?
—No mientras conduzco.
—¡Pues ya, para en algún sitio!
—¡Ya estamos llegando!
—Pues... ¡Pues! —se sonroja un poquito.
Roma se ríe y aparca entonces junto a la playa. En Civitavecchia. El rubio sonríe de lado, aun sonrojado y se frota un poco los muslos, nervioso. El latino le mira de reojo y le cierra un ojo, apagando el motor, sacando las llaves y abriendo la puerta.
—Oh... —Germania le mira de reojo y abre la puerta.
El moreno sale y estira los brazos un poco. Germania se baja también, cerrando la puerta con su cara de palo. Roma rodea el coche acercándosele mientras que el rubio se pasa una mano por el pelo y levanta la nariz.
Roma sonríe y cambia el peso de talones a puntas.
—Tu cara de... —se sonroja el sajón.
—¿De qué?—sonríe de ladito.
—¡Esa cara!
—¿Qué le pasa?
—Es cara de pillo.
—Eso es porque lo soy un poco.
—¿Sólo un poco? —pregunta sonrojándose un poco más y cruzándose de brazos pensando que... Roma se ve siempre ridículamente bien cuando están al aire libre en Roma. Le recuerda a... cuando eran jóvenes (ha, como si no lo fueran ya), y Roma tenía el imperio y cada vez que estaban aquí se enamoraba estúpidamente de él.
—Un poquito pequeñito así —le muestra los dedos juntos índice y pulgar explicando que tan poquito.
Germania se ríe un poco, suavemente, levantando un brazo y haciéndole un gesto de que se acerque para poder abrazarle. Era verdad que a veces le odiaba y que tenía muchas cosas que reclamarle, pero nada de eso se podía comparar con lo feliz que era cuando estaban juntos, aunque pelearan como una pareja vieja de casados siempre por las mismas cosas.
—Eres terrible... —le "regaña". Roma se acerca, cadera con cadera, abrazándole de la cintura y riendo. Germania le abraza de los hombros —. Esta estúpida ciudad te hace ver bien...
—No es la ciudad, mi amor... —tan humilde. El sajón se ríe un poco embobadito porque le ha llamado mi amor y eso le guuuusta.
—Es estar acompañado por mí entonces, lo que te hace ver bien.
—¡Desde luego! —se le acerca, cerrando los ojos pero Germania le detiene antes de que pueda darle un beso. Roma frunce el ceño con eso.
—Yo no voy a irme a ningún sitio. Aunque hagas cosas que no me gusten y no reaccione como quieras. Si no es contigo, no quiero hacerlo.
El romano inclina un poco la cabeza y sonríe, aunque no deja de fruncir un poco el ceño.
—I-I-Ich... —traga saliva y se sonroja un poco —. Ich liebe dich.
Roma deja de fruncir el ceño del todo.
—Y por eso eres mi favorito.
—A-Aunque a veces lo dudes y... sea u-una p... —se calla sonrojándose un poco más y mirándole a los ojos —. Yo no soy el único que te quiere...
—No me importa —sonríe. Germania sonríe un poquito también.
—Ahora quiero mi beso.
—Pues ve por él.
Germania se ríe, haciendo los ojos en blanco y sonrojándose un poquito más. Pega su frente contra la de Roma, que se ríe, cerrando los ojos.
Dios mío de mi vida, ¿pueden darse un beso ya?
El sajón le acaricia un poco la mejilla con la nariz, y estira el cuello hacia él. Roma empieza a desesperarse también. No nos extraña, con lo histeriquito que es él. Quizás Germania vuelva a detenerse cuando está a puuuunto de darle un beso. Esta vez sí es a propósito.
¡Y ahí lo bese Roma porque JODER!
Germania se ríe y le besa de vuelta porque al menos se ha salido con la suya.
