¡Hola! Bueno lo primero disculparme porque creo que he tardado algo más en escribir este capítulo de lo que quería, pero creo que lo puede compesar el hecho de que sea casi el doble de largo de los que he escrito hasta ahora, además, me ha costado mucho más de lo normal escribirlo, porque hay escenas muy íntimas que no estoy acostumbrada a escribir, de cualquier forma espero vuestros reviews, quiero saber vuestras opiniones y si queréis que siga, porque me cuesta mucho de mi escaso tiempo libre escribir esto y de verdad que si es para nada se me hace muy pesado. ¡Disfrutad de la lectura!
10.- LA IMPORTANCIA DE NO SEGUIR LAS REGLAS
James se despertó al sentir un zarandeo, Sirius le miraba con ojos preocupados, se dio cuenta de que estaba temblando de frío y empapado de sudor, Sirius no habló, se limitó a mirarle, esperando a que le dijese algo, pero James no sabía que decir.
Precisamente había soñado con el chico de ojos grises que tenía delante, un sueño horrible en el que Sirius estaba en una sucia celda de Azkaban, cubierto de mugre, sobre el sucio suelo, no parecía él, tarareaba las notas de una canción, conocida para James era el himno de Hogwarts y cuando acababa se reía sin cesar, y luego volvía a empezar a tararear y su piel tenía un tono enfermizo, pero debajo de todo aquello, de la locura y la suciedad era Sirius, Sirius Black, su amigo, su hermano.
Se abrazó a él, al Sirius que le miraba con preocupación, no a la sucia copia de Azkaban, el chico le devolvió el abrazo, con ansiedad por su amigo, preguntándose que le atormentaría que no le dejaba dormir y que le colocaba aquella máscara de indiferencia durante el día, que podía engañar a todos, a todos menos a él.
—¿Qué pasa, James? —preguntó Sirius, alejándose para poder verle la cara.
—Solo una pesadilla —respondió James agachando la cabeza.
—No, James, todos tenemos pesadillas, incluso yo las tengo, pero lo que te sucedía no era una pesadilla, es algo que te atormenta, de día y de noche, y yo soy tu amigo, deberías contármelo.
—Creo que me voy a duchar, Sirius, estoy bien no te preocupes.
James se levantó de la cama y pasó junto a su amigo, pero Sirius le sujetó del brazo al pasar a su lado.
—¿De qué son esos arañazos? —preguntó Sirius, mirando los arañazos que la lechuza le había hecho en el pecho, casi estaban curados, pero aún se veía la marca rojiza.
—¿Qué? —James buscó una excusa precipitada—. ¿Dónde me miras picarón? Si quieres rollo conmigo, no me va el tema.
—Esta tarde cojo la capa y el mapa —dijo Sirius soltando a James, pasando de largo.
—¿Dónde vas? —preguntó James.
—Los secretos van en ambos sentidos, James, si tu no me cuentas lo que te sucede no sé porque esperas que yo hable contigo.
Sirius salió de la habitación, ese día se había despertado temprano y se había duchado, cuando se estaba terminando de peinar ya arreglado había oído a James gemir entre sueños.
Se sintió ofendido porque él le dijese que no era nada, cuando saltaba a la vista que le sucedía algo. Así que recogió la capa y el mapa y salió enfadado de la habitación, evitó dar un portazo para no desperar a Remus y Peter, ellos no tenían culpa de que James fuera tan cerrado.
Selene, como de costumbre, ya estaba en la sala común, se preguntó como siempre conseguiría despertarse la primera, incluso un sábado, que no tenía necesidad de madrugar.
—¿Problemas en el paraíso? —preguntó la chica al ver al merodeador enfadado.
—¿Vienes conmigo al lago? —dijo Sirius por toda respuesta.
Selene se levantó del sofá, dio un breve abrazo a su amigo y luego le cogió la mano para ir al lago.
—Tienes montones de periódicos, ¿por qué no mandarle más? Ya casi estaba hundido —dijo Conner a Ginny, estaban sentados en una de las montañas que había detrás de Hogwarts, desde donde podían ver el castillo, Ginny añoraba vivir en el castillo.
—No, déjale un tiempo, deja que se confíe, que se olvide, y entonces volveremos —respondió Ginny, aunque no miró al profesor de defensa contra las artes oscuras, se limitó a seguir mirando el paisaje y los jardines.
—Uno de mis informadores dice que vieron a Potter y Evans en la biblioteca.
—No importa.
—Pero pensé… dijiste que querías hundirlos.
—Pero si Evans y Potter no se juntan Harry no nacerá, entonces no habrá nada que hundir, no podemos alterar su nacimiento.
—Ginny… —susurró Conner acercándose a la pelirroja—. Yo puedo dártelos, llevártelos donde sea…
—Eres igual en el futuro ¿sabes? —dijo Ginny riéndose alegre, o al menos trató de fingir alegría.
—¿Y qué me respondiste a eso en el futuro?
—Te dije que no me conformaba con la mediocridad, algún día reinaría en el mundo, solo hay dos personas que realmente puedan interponerse, Voldemort y Dumbledore, el primero está tan ansioso de poder que se matará en un intento de aumentarlo, pero siempre y cuando maté primero a Dumbledore claro, y entonces el mundo será nuestro, tuyo y mío.
—¿Por qué no trajiste a mi yo del futuro? —preguntó Conner sonriendo a la mujer.
—Porque alguien tenía que reinar cuando yo no estuviese allí, pero confío en ti, lo harás bien Conner, aunque aquí no seas tan poderoso como allí.
—Haré todo lo que necesites, Ginny, todo lo que me pidas.
—Lo sé… —susurró la chica antes de volver a mirar Hogwarts.
Con once años Ginny Weasley había descubierto lo que era el mal, un mal verdadero que la había arrastrado a cometer crímenes atroces, pero ya no era una niña asustada, y ahora conocía el poder, sabía que había tenido elección, podía haberlo usado para buenas causas, como lo hacia Shido, pero aquello era un insulto hacia su incalculable magia, les enseñaría a todos lo que era el poder, no el mal ni el bien, simplemente el poder, y todos se arrodillarían ante ella.
Sirius Black siempre se había considerado una persona inteligente, saltaba a la vista, era algo innegable, al igual que su belleza, pero había cosas que se les daba mejor pensar a sus amigos, siempre les dejaban las excusas a Remus, o las tácticas a James y Peter era experto en simplificar las cosas, a veces veían un problema muy difícil y Peter encontraba el camino fácil, Sirius siempre había tenido un cerebro práctico, útil, pero hasta que no estuvo sentado en el lago, bajo el frío de noviembre con el mapa del merodeador en el bolsillo y la capa de invisibilidad echada por encima de Selene y el mismo para que nadie les encontrara, no se dio cuenta de lo torpes que habían sido los merodeadores, en aquel caso cuatro cerebros no habían bastado para solucionar un problema simple.
La cosa sucedió cuando Harry y Bronwyn aparecieron por el lago haciéndose carantoñas, al menos desde el punto de vista de Sirius, al principio les miró con desinterés, luego con precaución, porque caminaban cerca de donde estaban ellos y podían chocarse en cualquier momento, lo que descubriría la capa de James, y acto seguido, cuando dos figuras aparecieron de nada junto a los chicos, se sintió avergonzado, dándose cuenta de lo estúpido que había sido.
Sacó el mapa del merodeador, apuntó con su varita y susurró muy bajo para que nadie más que Selene pudiese oírle las palabras mágicas para que aquel pergamino arrugado revelase sus secretos.
Buscó con la mirada el lago y luego los puntitos que impasibles a la capa de invisibilidad rezaban sus nombres: Sirius Black y Selene Krause, siguió una línea invisible hasta sus compañeros que se habían parado junto al lago, pero allí solo había un punto, no cuatro como debía haber, solo uno y rezaba: Shido McArran. Pero él conocía a Shido, hijo de Alex, sobrino de Susan y era un niño pequeño, no aquel hombre de metro noventa.
Y en el mapa no había rastro de Harry, Bronwyn, o la otra chica fuera quien fuese, y nadie absolutamente nadie engañaba al mapa, por más que lo habían intentado, lo habían puesto a prueba con decenas de hechizos y pociones, el mapa nunca mentía, el mapa nunca se equivocaba, el mapa nunca fallaba.
Harry y Bronwyn paseaban por los jardines, para relajarse un poco, habían madrugado más que ninguno de sus compañeros para poder alejarse un poco de todo lo que estaba pasando.
Caminaban junto al lago, abrazados para evitar que el frío de noviembre les calase, cuando una melena castaña apareció de la nada y se lanzó contra Harry, el chico trastabilló y estuvo apunto de caer por el peso añadido de Hermione, pese a ello no la soltó, la había echado tanto de menos que no le molestó su sorpresivo abrazo.
—¿Qué hacéis aquí? —preguntó Harry cuando la chica rompió el abrazo y volvió a colocarse junto a Shido.
—Recibimos vuestra carta —dijo Shido, sonrió ligeramente—. La íbamos a traer para que vieseis que la habíamos recibido, pero Harry, tu madre decidió enmarcarla creo.
—¿Cómo está todo por allí? —preguntó Harry con una sonrisa triste.
—Todos os echamos mucho de menos, Ron ha ocupado tu puesto de profesor, y vuestros padres se pasan el día hablando de vosotros, conjeturando como estaréis…
—Si vamos, que empieza a ser insoportable estar por allí, —cortó Shido, viendo la cara de angustia que se les estaba quedando a Harry y Bronwyn con las palabras de Hermione—. ¿Cómo lo lleváis por aquí?
—Todo iba más o menos bien, o aceptable al menos, hasta que apareció Ginny, si empezaban a confiar en nosotros lo echó todo por tierra. Además son infantiles, inmaduros y crueles —dijo Harry mirando al vacío, le resultaba doloroso hablar así de su familia, pero lo decía de verdad, había visto cosas horribles entre sus padres y de los merodeadores al resto de Hogwarts desde que habían llegado.
—Solo estamos deseando acabar para volver cuanto antes, pensamos en soltar la bomba y dejar que ellos decidieran, pero entonces llegó Ginny y lo lió todo aún más, no la podemos dejar por aquí o podría impedir que nazcamos o algo peor —explicó Bronwyn.
—Mataremos a esa… bruja —dijo Shido, acariciando el brazo de Hermione que se había estremecido al darse cuenta de que su marido quería matar a la que había sido su mejor amiga mucho tiempo.
—No, —cortó Harry—. El problema de todo esto es que nos preocupamos mucho por todos nosotros y nos olvidamos de Ginny, la cogeremos con vida, la llevaremos a casa y la quitaremos los poderes de Tate, y luego la haremos comprender que no somos sus enemigos, conozco a Ginny, está furiosa y confundida, pero es nuestra amiga, así que nadie la va a matar.
—¿Entonces cual es el plan? —preguntó Shido, estaba claro que no estaba muy de acuerdo con Harry, pero no era el momento ni el lugar para discutir.
—Primero quiero averiguar que pretende Ginny, no entiendo que quería conseguir con aquella conversación con James,
—Está bien, será mejor que nos vayamos, antes de que empiecen a venir alumnos, nos hospedaremos en Hogsmeade —dijo Shido.
—Ah, por cierto, Sirius me dio esto para vosotros —Hermione sacó un sobre grueso de su bolsillo y se lo tendió a Harry.
—¿Qué es? —preguntó el moreno.
—¿Creéis que explotará al abrirlo? —preguntó Bronwyn con una ligera sonrisa.
Harry sopesó el sobre y luego se lo guardó en el bolsillo, tal vez Bronwyn llevase razón, dudaba que fuese a explotar de forma literal, pero conociendo a Sirius podía haber metido cualquier cosa dentro, así que llegó a la conclusión de que mejor era abrirlo cuando estuviesen a solas, se despidieron rápidamente de Shido y Hermione, porque los alumnos más madrugadores ya debían estar desayunando, si cualquiera de ellos decidía salir a los terrenos y veían a los chicos sería muy difícil de explicar, así que desaparecieron aprovechando que no había nadie por allí.
Ginny sintió la magia de Shido en el mismo momento que apareció en los terrenos, y se quedó mirando hacia él, como si pudiese descubrir que hacia en Hogwarts, o mejor aún en el año 1977.
Desde su elevada posición en las montañas Shido no era más que un punto, rodeado por otros tres, Hermione, Harry y Bronwyn sin duda, y aquello representaba un serio problema, sabía que tarde o temprano Harry pediría ayuda, pero era demasiado pronto, su plan no había hecho más que empezar.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Conner.
—Tenemos problemas, Shido está aquí, y probablemente Harry le haya ordenado que me mate lenta y dolorosamente.
—Los mataré antes de que… —empezó Conner, pero Ginny se puso de pie furiosa.
—Tú no vas a matar a nadie, vas a obedecer mis ordenes, hasta ahora nuestra mejor baza es que no saben que trabajas conmigo, así que vas a volver a Hogwarts, agachar la cabeza y portarte bien, no te pongas en contacto conmigo y demuéstrale a Dumbledore que eres de fiar. Yo me pondré en contacto contigo.
Sirius y Selene se quedaron bajo la capa de invisibilidad incluso cuando Harry y Bronwyn volvieron dentro del castillo, esperaron un tiempo prudencial entes de moverse o hablar.
—¿De qué crees que iba todo eso? —Preguntó Selene—. ¿Y qué era eso que les has dado?
—Yo no he sido, vete a desayunar, Selene, y no le cuentes a nadie lo que hemos visto, ni siquiera a James ni los demás.
—¿Estás seguro…?
—Sí —la cortó Sirius, la sacó de dentro de la capa y la susurró que volviese al castillo.
Sacó el mapa, en su vida solo había confiado dos cosas, en sus amigos y en los artículos que había fabricado con ellos, el mapa no mentía, el mapa no se equivocaba, no se podía engañar al mapa, el mapa no cometía fallos, si estabas en un lugar estabas y el mapa te registraba, buscó con la vista por el castillo, pero como era de esperar Harry y Bronwyn no aparecían en él, y el puntito correspondiente a Shido ya había desaparecido.
De una forma un poco compulsiva recorrió de nuevo el mapa con la vista, esta vez en busca de sus amigos, quería saber que todos estaban bien, encontró a Peter en su habitación con Brianne, frunció el ceño, se alegraba de que su amigo se hubiese enamorado y fuese correspondido, pero debían mantener una charla con él respecto a lo de meter a la chica siempre en su sala común, no es que tuviera nada en contra de ella, simplemente consideraban su habitación como un templo, tenían miles de cosas prohibidas allí y no conocía suficiente a Brianne como para declarar que fuera completamente de fiar, decidió hablar con Remus primero, podrían habilitar una habitación para los "enamorados" algo privado, con un cuadro que guardase la puerta, tenían varias así por Hogwarts.
A la siguiente que encontró fue a Evans, en la biblioteca, le sorprendió haberla buscado también a ella con la mirada, no sabía en que momento Evans había pasado a preocuparle, pero estaba claro que frente a la amenaza que representaban Harry y Bronwyn quería asegurarse de que todos sus conocidos estuviesen bien.
Remus estaba en la enfermería, junto a la señora Pomfrey, seguramente charlando sobre su próxima transformación, Lunático era muy concienzudo con eso, siempre iba a hablar con la enfermera para asegurarse de que todo estaba preparado, y eso que aún le faltaba una semana para la transformación.
Susan estaba junto al gran comedor, como estaba con Selene, el chico dedujo que se habían encontrado allí, no pudo evitar preguntarse si Selene le estaría contando a su amiga lo que habían oído, seguramente era así, quería muchísimo a Selene, pero lo de guardar secretos no se le daba muy bien, por eso nunca la habían pedido que participase en las bromas de los merodeadores, seguro que acabaría todas con un cartel con sus nombres para que todos supieran quien había hecho aquello.
Y pese a que no quería finalmente buscó el nombre de James, seguía enfadado con su mejor amigo por no haberle contado lo que fuera que le atormentase, por otro lado no podía estar enfadado mucho tiempo con él, el merodeador restante estaba en el campo de Quidditch, aunque no volaba, probablemente estaba sentado en las gradas, a James le gustaba sentarse allí para planear las jugadas o simplemente para pensar.
Se guardó el mapa en el bolsillo trasero y la capa bajo la sudadera, decidió seguir evitando a James, tal vez unas horas solo le hiciesen darse cuenta de que le necesitaba y así volviese a hablar con él, de cualquier forma cuando volviesen a hablarle pensaba contarle lo que había descubierto, y como había conseguido la carta que su "yo futuro" les había escrito a Harry y Bronwyn, luego iría a Hogsmeade a llevar a Susan a su cita y encontraría a esa tal Hermione, usaría sus encantos para sacarle toda la información que pudiese sobre esa tal Ginny.
Sirius fue silbando una alegre melodía hacia el castillo, sabiendo que tenía un gran plan entre manos, si todo saldría bien probablemente se librarían de Harry y Bronwyn, no es que odiase a los chicos, es que sentía que habían invadido su espacio de mala manera, un espacio que quería recuperar.
James miró los aros, sin necesidad de concentrarse podía ver a su equipo, marcando tantos con la quaffle, esquivando las budgler o atrapando la snitch. Normalmente suponía un alivio, sentarse allí, a rememorar las mejores jugadas de su equipo o a preparar jugadas nuevas, pero aquel día no era así, no podía pensar en nada que no fuera su mejor amigo, sabía que Sirius necesitaba saber lo que pasaba, pero él no podía contárselo, no podía arruinarle la vida, no entendía quien ni porque le había cargado a él con esa pesada losa.
Por eso cuando llegó su equipo para el entrenamiento se alegró de no ver a Sirius, le alivió que el moreno no apareciese durante todo el entrenamiento, un entrenamiento silencioso, la mayoría del equipo le preguntó donde estaba el chico, James se limitó a encogerse de hombros, mientras les gritaba ordenes desde su escoba algo más elevado de lo normal, los machacó hasta que los agotó y luego los dejó irse.
Pero cuando bajó de la escoba para dirigirse a los vestuarios donde poder darse una ducha de agua caliente y relajarse se chocó contra Susan de frente.
—Lo siento, Montgomery…
—Espera, Potter, ¿puedo preguntarte algo? —le dijo Susan.
James se paró bruscamente, lo que no había hecho ni cuando se habían chocado, nunca había tenido mucha relación con Susan, siempre había prestado más atención a Lily que a cualquiera de las otras dos, pero como Selene pasaba mucho tiempo con ellos finalmente se habían hecho amigos, pero nunca se había molestado en conocer a Susan.
—Claro, dime.
—Es que… yo bueno… tenía que hablar con Black y llevo todo el día sin verle —dijo Susan sonrojándose.
—¿Qué? —preguntó James con una ceja alzada, luego resopló—. Dime que no te gusta, Susan… no creo que pudiera soportarlo…
No es que le molestase que a Susan le gustase Sirius, por supuesto, si hubiese pensado que podía ser correspondida el mismo hubiese azuzado ese amor, pero no pensaba que Sirius pudiese corresponderla, él no se enamoraba de las chicas, nunca lo había hecho, Remus solía bromear, le decía que no podía amar a ninguna mujer porque temía que si llegaba a algo más serio con alguna esta se convirtiera en alguien como su madre, aunque Sirius se tomaba esas bromas enserio y solía darle la razón a Remus.
—¡No! —dijo Susan escandalizada—. No es eso… Por favor… ¿Qué concepto tienes de mí? Solo teníamos que hablar de… algo, no importa ya le buscaré…
—No, espera Susan, yo no sé donde está, hemos… discutido creo… Lo siento no estoy muy simpático hoy…
—No importa, Potter, tú y yo no es que seamos amigos precisamente, no tienes que estar simpático conmigo.
—¿Por qué? —le preguntó James, Susan le miró con curiosidad por lo que el chico se explicó—. ¿Por qué no somos amigos?
—No lo sé, nunca nos hemos llevado bien, creo que es por tu manía de perseguir a Lily.
—Sí, puede ser… —James agachó la cabeza y volvió a andar hacia el vestuario, aunque cuando estaba llegando se paró y miró a Susan—. Si conozco a Sirius y créeme que le conozco, si no está a medio día en el comedor estará un rato después en las cocinas, no se puede saltar ninguna comida.
—Gracias Potter.
Sirius recorrió el castillo entero, de arriba abajo, cada sala y cada pasadizo oculto, cuando no encontró a Harry y Bronwyn en ningún lugar del castillo que el conociera, y estaba seguro de que Hogwarts no ocultaba ya muchos secretos para él, al menos no secretos que consideraba que otros pudieran descubrir y él no, se decidió a buscarlos por los terrenos.
Aunque tampoco los vio, pensó en alargar su búsqueda a Hogsmeade, pero decidió que aquello era mejor dejarlo para la noche, así que iba a volver a entrar en el castillo, cuando vio a los jugadores de Quidditch de Gryffindor salir del campo, se dio cuenta de que se había perdido el entrenamiento, y esperó oculto tras la cabaña de Hagrid hasta que James volviera al castillo.
El chico siempre solía salir el último del campo, para asegurarse de que todo estaba ordenado, una vez se habían dejado la Snitch suelta y la habían perdido, McGonagall había amenazado con echarles del equipo si volvían a perder algún material del colegio, aunque eso fue en tercero y todo había tenido más que ver con Lily que con un despiste real, pero desde entonces James siempre se aseguraba de que todo estuviese en su lugar.
Sonrió ligeramente, recordando tercero, aquel año había sido increíble, Voldemort aún era apenas como un nombre remoto, aún no había empezado el temor, de hecho la gente solía llamarle Voldemort sin más, hasta tres años después nadie había empezado a temer a aquel nombre, después había comenzado el miedo.
Cuando vio a James caminar hacia el castillo y perderse tras su enorme puerta volvió a sacar el mapa, vio como el chico iba a la sala común, probablemente a dejar las cosas de Quidditch, luego volvió sobre sus pasos y se quedó en el Gran Comedor, donde se reunió con Remus y Peter seguramente para comer.
No podía estar seguro de si Bronwyn y Harry estaban allí, porque no salían en el mapa, pero era un buen momento para revisar sus habitaciones.
Corrió por el castillo y entró en su dormitorio, se aseguró de que Harry no estaba en el baño ni en la sala común y cerró la puerta, normalmente usaría el mapa para ver si volvía, o James estaría vigilando para distraerle si aparecía, pero como no salía en el mapa y estaba enfadado con su amigo, si Harry volvía le pillaría con las manos en la masa.
Buscó primero en su baúl, a los pies de su cama, pero allí solo había algo de ropa, y libros del colegio, luego buscó en la mesilla, pero aparte de un saquito atiborrado de monedas no encontró nada.
Levantó el colchón, en su casa Sirius escondía cosas bajo el colchón, su madre solía revisarle la habitación, pero era demasiado vaga para agacharse y levantar el colchón, siempre lo había considerado un buen escondite.
Pero cuando estaba pasando la mano por debajo del colchón la puerta se abrió, trató de apartarse rápidamente, pero sabía que era tarde, quien fuese le había visto, solo le quedaba esperar, mientras se daba la vuelta despacio, que fuese uno de sus amigos.
Susan le miraba con genuina curiosidad desde la puerta, Sirius resopló, entre molesto y aliviado.
—¿Qué quieres? —preguntó el chico algo malhumorado porque hubiese interrumpido su búsqueda.
—¿Crees sinceramente que esos chicos serían tan tontos de esconder algo bajo la cama que está en vuestra habitación?
—No tengo tiempo de sermones, Montgomery, ¿Quieres algo o es que no puedes vivir sin verme?
—Es que… me dijiste que me llevarías a Hogwarts si convencía a Lily de que se portase mejor con Potter, pero no he visto a Lily en todo el día, de hecho estoy un poco preocupada por…
—Da igual —la interrumpió Sirius—. Y Evans está en la biblioteca.
—¿Da igual significa que me vas a llevar o que no? —preguntó Susan con la boca seca y un tono algo borde que se dio cuenta de que no favorecería a su causa.
—Que te llevaré, no soy el mayor fan de James ahora mismo, vigila si viene alguien, esa es la nueva condición…
—Potter me dio que habíais discutido.
—¿Puedes vigilar o no quieres ir a Hogsmeade?
—Vale, vigilaré.
Susan salió de la habitación y dejó la puerta entreabierta para poder avisar al merodeador si aparecía alguien.
Remus se dejó caer sobre el sofá de la sala común, era media tarde de un sábado, por lo general sus amigos estarían por allí y más cuando faltaba tan poco para la luna llena, generalmente la última semana no le dejaban en paz ni aunque se lo rogara, pero aquel día no había visto a ninguno de los tres, aparte de durante la comida.
Así que decidió que era un momento tan bueno como otro cualquiera para retomar la lectura de uno de sus libros favoritos, con una tableta de chocolate en la mano, por supuesto.
En algún momento de la lectura vio a James pasar y encerrarse con un portazo en su habitación, pero ni siquiera le dirigió una mirada, dirigió la vista hacia las escaleras, podía ir tras James, si usaba las palabras correctas su amigo estaría encantado de contarle todo lo que le pasaba, por ejemplo lo que fuera que le sucedía con Sirius, les había oído discutir por la mañana, aunque no había querido meterse en aquella pelea.
Y nada había cambiado, ahora tampoco quería ir a hablar con James, el libro y el chocolate le parecía menos hostil y no le gustaba enfadarse los días antes de luna llena, luego el lobo se volvía más salvaje.
Pasó de página y le dio otro mordisco al chocolate, decidiendo que sus amigos serían capaces de arreglárselas por si mismo.
Susan se paseaba de arriba abajo por su habitación, Lily había aparecido hacia diez minutos, gracias a Selene, que había ido a buscarla a la biblioteca y la había arrastrado lejos de los libros, según la chica estudiar un sábado debía ser por lo menos delito.
La rubia les había contado a sus amigas que había quedado con Ryan y que Sirius Black la iba a ayudar a escaparse para verle y ahora se paseaba histérica por la habitación, mientras Selene buscaba en su baúl ropa para que se pusiese y Lily jugueteaba con su almohada de forma distraída.
—¿Por qué creéis que han discutido Potter y Black? —preguntó Susan, dejando de pasear para mirar a sus amigas, Selene paró de sacar ropa y la miró a su vez.
—¿Por qué sabes que han discutido? —preguntó Selene preocupada.
—Black no se presentó al entrenamiento y cuando pregunté a James por donde estaría me dijo que habían discutido.
—No lo sé, ha sido esta mañana creo, Sirius bajó enfadado y se fue al lago, con este frío solo va allí cuando quiere pensar, se les pasará en unas horas.
—¿Pero por qué crees que ha sido? —Preguntó Lily fingiendo desinterés—. Nunca les había visto discutir, parecen siempre como hermanos.
—Pues la última vez que discutieron —dijo Selene riéndose un poco mientras hablaba—. Fue cuando Sirius dijo que... Oh… —Selene se interrumpió a si misma, esquivó la mirada de sus amigas y siguió sacando ropa.
—¿Cuándo Black dijo qué? —preguntó Lily con el ceño fruncido, Selene no solía tener problemas para contar cotilleos.
—No importa…
—Selene Krause, ya estás contando lo que sea que sabes si no quieres que dejemos de hablarte nosotras —dijo Susan con seriedad.
—No seríais capaces —dijo Selene con una sonrisa segura.
—Ponnos a prueba —respondió Lily sin sonreír pero con la misma seguridad.
—Genial, no sé si sabéis que Sirius pasó las vacaciones de verano en casa de James porque la situación en su casa era insoportable.
—No lo sabíamos —dijo Susan, intercambiando una mirada con Lily que se encogió de hombros, ella tampoco tenía noticias de eso.
—El caso es que, y todo esto lo sé por lo que Sirius y James me contaban en sus cartas, un día James estaba hablando de ti, Lils, y Sirius le dijo que debía olvidarse de ti porque eras… bueno no me comentaron las palabras exactas, pero digamos que Sirius no te dejó en muy buen lugar, James se enfadó muchísimo con Sirius, no le habló en una semana, luego me pidió ayuda a mí, fue cuando le sugerí que te dejase vivir un poco a tu aire, por eso te dijo en el tren que te iba a dejar en paz, quería encontrar la forma de no molestar a Sirius y que no pensases que ya no te quería.
Sirius se dejó caer sobre su cama, con el mapa en la mano, mirando la habitación de las chicas, había pensado en ir a registrar las cosas de Bronwyn, pero las chicas llevaban todo el día allí metidas, y no quería que supieran con la facilidad que podía entrar allí.
Remus estaba en la sala común, Sirius le había visto al pasar, pero el chico ni había levantado la vista del libro para mirarle, así que había supuesto que no tenía ganas de hablar con ellos y se había ido a la habitación. Y James estaba en las cocinas.
—Travesura realizada —susurró Sirius apuntando el mapa con la varita.
Dejó el mapa y la capa a los pies de la cama y se estiró en ella, iba a ir a las cocinas a comer, pero no quería encontrarse con James, y se ponía de malhumor cuando no comía, había quedado un par de horas después con Susan, así que no tenía nada que hacer hasta entonces.
Después de diez vueltas se dio cuenta de que no podría dormir, no había encontrado la carta que Harry y Bronwyn habían recibido de "su yo futuro" de hecho ni siquiera había encontrado a Harry y Bronwyn en todo el día.
Se levantó de la cama, volvió a guardarse la capa y el mapa y bajó a la sala común, Remus seguía allí, leyendo y comiendo una rana de chocolate, debía haberse quedado ya sin tabletas.
Sirius se sentó junto a él y le quitó una rana, Remus le dirigió una mala mirada y Sirius decidió volver a dejar la rana de chocolate en su sitio.
—No quiero saber nada —dijo Remus antes de que a Sirius le diese tiempo a decir nada.
—Pero si no he dicho nada…
—Lo sé, pero sé que has venido esperando que yo te de la razón, no me importa, arreglaros vosotros.
—Es que lleva días ocultándonos algo… —empezó Sirius, pero Remus le interrumpió.
—Sirius, no quiero saberlo, queda poco para la luna llena y no quiero estar cabreado con vosotros.
—Llevas razón, Remus, lo siento, ¿cómo lo llevas? —preguntó Sirius, dándose cuenta de que con lo de James llevaba todo el día ignorando a sus amigos.
—Bien, Sirius…
—He pensado algo, — por primera vez Remus cerró el libro y escuchó atentamente a su amigo—. Peter se pasa el día con Brianne en nuestra habitación, podíamos cederles alguna de nuestras habitaciones privadas para que no esté todo el día en nuestra sala común.
—Como quieras, háblalo con James.
Sirius iba a protestar, pero en ese momento apareció Selene dando saltitos escaleras abajo y se sentó enfrente de Sirius y Remus.
Selene extendió un brazo y le quitó una rana de chocolate a Remus, el chico dejó el libro sobre la mesa, dando por hecho que sus amigos ya no le iban a dejar leer.
—¿A ella la dejas comerse tus ranas? —preguntó Sirius fingiendo estar enfadado.
—Sí, ella no me da tantos disgustos como tú.
James eligió ese momento para entrar en la sala común, dudó un segundo antes de caminar hacia sus amigos, seguramente pensando en que podía darse la vuelta y salir antes de que le viesen, pero finalmente fue hasta ellos y se sentó junto a Selene.
—¿Haciendo reuniones a mis espaldas? —preguntó James de broma.
—¿En serio te molesta que te ocultemos cosas? Porque…
Remus resopló, interrumpiendo a Sirius, murmuró algo de la biblioteca y salió de la sala común.
—¿Ves lo que hacéis con vuestros absurdos enfados? —preguntó Selene antes de salir tras Remus.
—Sirius… —empezó James, pero el chico le cortó.
—No hace falta James, creo que te entiendo, voy a comer algo.
Y sin más salió de la sala común, sin dar tiempo a James a replicar.
Remus iba camino de la biblioteca, para poder leer su libro a solas, pero una mano pequeña y fría sobre la suya le hizo frenar bruscamente y girarse para ver a Selene.
La chica respiraba de forma acelerada, seguramente había corrido para alcanzarle. Remus la miró con curiosidad, aunque consideraba a la chica su amiga normalmente solo se acercaba a ellos cuando estaba Sirius.
—¿Cómo estás? —preguntó Selene al chico.
—Bien, ¿qué pasa? —respondió Remus preocupado por si había pasado algo, conociendo a James y a Sirius podían estar lanzándose maldiciones imperdonables en medio de la sala común.
—No pasa nada, pensé que podíamos dar un paseo, juntos.
Remus la miró sorprendido, después del baile de Halloween no habían vuelto a hablar, quizá por eso le extrañaba tanto la oferta de la chica, aún así asintió con la cabeza, y la siguió.
—¿Todo va bien? —la preguntó Remus, no podía evitar preguntarse si todo aquello sería porque en el fondo si sucedía algo.
—¿Queda poco para la luna llena verdad? —preguntó Selene, cuando estuvieron en un pasillo suficientemente desierto.
Remus la miró entre sorprendido y horrorizado, cogió su mano y la empujó hacia un aula en la que solían guardar el material escolar y que por suerte para ellos siempre dejaban abierta.
—Entiendo que sea un tema que provoque tu curiosidad, pero no quiero que nadie se entere, si se extendiera el rumor podrían echarme de Hogwarts.
—No es curiosidad, es preocupación…
—¿Te asusto? —preguntó Remus alejándose un poco de ella para mirar por la ventana a los terrenos.
—¡No! Remus eso nunca, no me asustas —Selene caminó hacia él y le acarició la cara—. Yo he vivido con monstruos toda mi vida, mis padres… ellos no tenían ninguna excusa, eran bestias, animales salvajes que disfrutaban dañando a los demás… —Selene se interrumpió, seguramente porque algún recuerdo amargo la había recorrido, haciendo que su piel se pusiese de gallina, luego se esforzó en sacar a sus padres de sus pensamientos y seguir hablando a Remus—. Tú eres una gran persona, un amigo fantástico, tienes un defecto ¿y qué? Todos los tenemos, y el tuyo es fácilmente controlable, no me das miedo, pero he visto la cara que has puesto cuando han aparecido James y Sirius, imagino que no lo estás pasado bien con su enfado, solo quería saber si estabas bien.
—Gracias —susurró Remus mirando por la ventana, estaba acostumbrado al odio, al miedo, pero no a la comprensión, solo sus amigos habían reaccionado así.
—No tienes que dar las gracias, Remus, en realidad quería decirte lo bien que me lo pasé en Halloween contigo.
El merodeador sintió que se sonrojaba ligeramente, aunque Selene parecía tan impasible como siempre.
Selene se acercó a él los pocos centímetros que le separaban y juntó sus labios con los del chico, solo un roce, como una caricia, después se separó de él y salió tarareando una canción.
Remus se quedó en la habitación hasta que entró Peeves, y empezó a tirar papeleras de un lugar a otro.
—Black ¡por fin apareces!
Aquellas palabras fueron el recibimiento de Sirius en cuanto cruzó el retrato de la dama gorda, miró a Susan que estaba junto al sofá, Lily fingía leer en una silla, pero probablemente su amiga no la había dejado ni un solo instante.
—Aún es pronto, Montgomery —se defendió Sirius—. Además te estaba dejando tiempo para que lo reconsideraras, te vas a saltar un montón de reglas de la escuela, si te pillan te pueden expulsar.
—Lo sé, vámonos.
—Me extraña mucho que Lily Evans la prefecta y premio anual esté sentada tranquilamente sin poner objeciones.
—Todos nos merecemos una diversión de vez en cuando —dijo Lily, demostrando al merodeador que llevaba razón y ella no estaba leyendo de verdad.
—No os reconozco —dijo Sirius con fingido horror y salió de la sala común riéndose, mientras Susan le seguía desde muy cerca.
Cuando salieron Lily dejó de fingir que leía y dejó el libro sobre la mesa, había quedado con James en la sala común después de la cena, pero no tenía hambre, se había pasado casi todo el día en la biblioteca, investigando, tratando de averiguar algo, pero ni siquiera sabía lo que buscaba.
La sala común se fue vaciando de forma progresiva, mientras los alumnos iban a cenar, pero Lily se quedó sentada con la cabeza apoyada en el respaldo y la mirada perdida, por primera vez no sabía que hacer.
Harry jugueteaba con los dedos de Bronwyn, la chica releía la carta que Sirius les había mandado, como llevaba haciendo todo el día, no porque pusiera algo relevante, Sirius seguía con su norma de escribir mucho y contar realmente poco, pero les echaban de menos tanto que la chica no podía evitar leer y releer sus palabras una y otra vez.
Se habían refugiado en la sala de los fundadores, donde pasaban prácticamente todo el tiempo que podían, Harry leía un libro que había cogido de allí, mientras acariciaba a Bronwyn, era un libro sobre la época que habían fundado Hogwarts, una especie de biografía no autorizada, aunque alguien debía haberlo considerado importante, porque lo habían guardado allí.
—¿Podemos ir a cenar? —preguntó Bronwyn.
—Claro —Harry cerró el libro con el cuidado que se trata a una joya de un siglo de antigüedad y lo guardó en su sitio.
Sirius ayudó a Susan a entrar en el hueco de la bruja jorobada, luego miró alrededor para asegurarse de que no había nadie cerca y entró tras ella, cuando el hueco se cerró se hizo la oscuridad, Sirius encendió la punta de su varita con un "lumus" y caminó delante de Susan para que viese el camino.
—¡Qué asco! —se quejó la chica al pasar junto a una montaña de lo que parecían arañas—. Odio los bichos.
—Mira al frente, Montgomery —dijo Sirius, aunque la sujetó de la mano para que caminase más cerca de él—. Quien algo quiere algo le cuesta.
—Ahora resulta que eres todo un filósofo, Black.
Sirius no la respondió, se limitó a sonreír y a caminar algo más rápido para salir cuanto antes de aquel pasadizo estrecho, notaba la mano de Susan apretando la suya cada vez que veía algún bicho, no es que le molestase, de hecho si hubiese sido cualquier otra chica hubiese ido más despacio y hubiese disfrutado del momento, pero le parecía aprovecharse de Susan.
Consideraba que cualquier otra chica entendería que él se aprovechase de aquella situación, pero seguramente Susan ni siquiera se daba cuenta de lo excitante que era que diese grititos y se aplastase contra el constantemente, sin duda no se daba cuenta de lo estrecho que era aquel pasadizo, y lo cerca que estaban, podía sentir su calor y su aroma, y deseaba aplastarla contra la pared para poderla besar, pero tomó aliento, aceleró el paso y trató de desviar aquello de sus pensamientos.
Remus y Peter se sentaron a cenar solos en el lugar de los merodeadores, sus amigos no aparecieron durante la cena.
Selene apareció cuando ya casi estaban acabando y se dejó caer al lado de Peter, estiró el brazo por delante del chico y le quitó la jarra que tenía delante de zumo de calabaza.
—Estoy sedienta —les dijo a los chicos que la acompañaban.
—¿Y eso? —preguntó Peter, ya que Remus estaba demasiado ocupado mirando fijamente a los ojos de la chica, tratando de averiguar en que pensaba realmente.
—He estado haciendo un trabajo atrasado de pociones, las pociones siempre me dan sed…
—¿Pero has hecho el trabajo o te las has bebido? —preguntó Peter con burla.
—No me las he bebido, pero es oír hablar de tantos ingredientes asquerosos y me dan ganas de beber algo que sepa bien.
—¿Dónde están tus amigas? —preguntó Remus, era raro ver a la chica cenar sin Lily y Susan.
—Pues aunque suene raro, Susan está con Sirius y he dejado a Lily con James en la sala común, creo que el mundo se está acabando.
Peter se rió de la gracia de Selene, pero Remus no la quitó los ojos de encima, la chica le había besado por la tarde, y ahora estaba allí, bromeando sobre lo extrañas que estaban sus amigas, cuando para él ella era la que se comportaba de forma más extraña.
Sirius dejó a Susan junto a las tres escobas, esperando a su amigo, él la dio un apretón amistoso en el hombro y entró al lugar con paso decidido.
Madame Rosmerta estaba sirviendo mesas, como siempre, con un vestido rojo muy escotado y unos tacones finísimos de al menos diez centímetros, Sirius sonrió y se apoyó contra la barra, a la espera de que la mujer volviera, esforzándose por mostrar su sonrisa más seductora. James y él siempre jugaban a aquello con Rosmerta, tonteaban, se reían juntos y luego cada uno seguía su camino, nunca habían intentado ir más allá, porque estaba seguro de que lo estropearían si trataban de ir más lejos.
Madame Rosmerta se acercó contoneando las caderas a Sirius, cuando acabó de servir la mesa, pasó al otro lado de la barra y le dedicó una gran sonrisa.
—Diría que hoy no es día de visita, Sirius —bromeó la mujer.
—En realidad busco a alguien, una chica de mi edad más o menos, algo más bajita, con el pelo castaño alborotado y un chico así de alto —puso la mano un palmo por encima de su cabeza—. Rubio, ojos azules, tieso como si le hubiesen metido la escoba por…
—Sí, creo que recuerdo a un chico rubio, de ojos azules, sexy y guapo… —dijo madame Rosmerta con una sonrisa—. ¿Qué sucede con él?
—Quiero saber dónde se aloja.
—Alquilaron la casita frente a Honeydukes, lo sé porque estaban muy interesados por ella, pagaron una cantidad exorbitada a una familia que ya la tenía alquilada para que se la dejasen, dijeron que habían vivido hay hacia unos años y tenían buenos recuerdos, aunque no creo que hayan vivido aquí nunca, yo los conocería…
—Genial, —dijo Sirius—. ¡Eres la mejor!
Sirius dejó unas monedas sobre el mostrador para compensar a Madame Rosmerta y salió a paso apresurado de las tres escobas, Susan ya no estaba en la puerta, se paró bruscamente al darse cuenta, si iba a cenar con Ryan como la chica había dicho, debían haber entrado a las tres escobas, pero no lo había hecho, miró alrededor aunque no vio a la rubia.
Sirius sabía como eran los hombres y lo que probablemente Ryan buscaba de Susan, aunque era bastante mayor que la chica, seguramente solo querría tener algo físico con ella, así que se debatió entre ir a buscarla o ir a la casa frente a Honeydukes.
Se dijo que Susan sabía donde se estaba metiendo al quedar con Ryan y emprendió el paso hacia la casa frente a Honeydukes, necesitaba resolver aquello, él si sabía porque alguien habría alquilado esa casa, si sabías que había allí un pasadizo que conducía a Hogwarts vigilar aquella tienda te daría una información muy útil sobre quien salía y entraba del colegio, seguramente los habían visto cruzar a Susan y a él.
Susan Montgomery siempre había vivido rodeada de gente, hombres y mujeres de todas las edades, por eso siempre había sabido como eran las relaciones entre hombres y mujeres, aunque nunca había tenido ninguna, había salido con chicos sí, se había besado con ellos, pero nunca había pasado de las castas caricias adolescentes.
Cuando conoció a Ryan en verano en el mismo momento que lo hizo se dio cuenta de que era diferente, no podía pretender tener con él una relación como había tenido hasta el momento, Ryan era varios años mayor que era, y seguramente buscaba algo más profundo que unos besos.
Pero no se esperaba que su cita, que supuestamente era para cenar, la llevase directamente a la habitación alquilada del chico, tal vez una chica más experimentada en el tema, hubiese esperado que cuando un chico mayor que tú te pide que te escapes de la escuela y tu lo haces, no espera tener una cena realmente, pero Susan pese a que había vivido rodeada de gente y en más de una ocasión se había encontrado con personas teniendo relaciones intimas no tenía ninguna experiencia en el tema, y no se esperaba aquello para nada.
Por eso se sintió muy estúpida cuando tuvo que hacer una pregunta obligada, aunque incluso ella ya había comprendido la respuesta:
—¿No íbamos a cenar? —preguntó con timidez.
Ryan Bennett sonrió ligeramente, era un tipo fornido y bastante alto, que no acostumbraba a que las mujeres se le resistieran, por eso cuando había conocido a Susan Montgomery había sentido una irremediable atracción hacia ella, siempre estaba rodeada de sus primos, y familiares, protegiéndola, la chica tenía diecisiete años, edad en la que él ya había estado más que versados en temas sexuales, pero estaba seguro de que la chica no lo estaba, pero cuando había tratado de acercarse a ella en su casa la legión de familia que vivía con ella se había interpuesto y ella no se había dado ni cuenta, y como a quien le prohíben algo y se lo hacen más atractivo Ryan llegó a la conclusión de que debía acostarse con ella.
—Podemos dejar la cena para después —sugirió Ryan mientras se acercaba a Susan y la cogía de la mano, la chica se dejó hacer, porque se encontraba en estado de shock.
—¿Después de qué? —preguntó Susan con voz algo chillona, echándose un paso hacia atrás.
—Después de esto —susurró Ryan, ignorando el miedo de la chica y besándola el cuello.
Susan no protestó está vez, llevaba meses detrás de Ryan, ¿qué tenía de malo dejarse llevar? Seguramente si pedía opinión a Sirius Black la aconsejaría que lo hiciera, estaba convencida de que no hacia nada malo por dejar que Ryan la besará y la acariciara el cuerpo.
Pero aunque estaba segura de que no tenía nada de malo, no entendía porque entonces tenía un nudo en la garganta que la hacia desear salir de allí corriendo.
Cuando James entró en la sala común se encontró a Lily mirando al techo, aunque parecía estar pensando en algo mucho más lejano que el techo, James se apoyó en la pared, junto al retrato para poderla observar, la pelirroja aún no había detectado su presencia, no era algo que ocurriese a menudo.
Cuando James entraba en la misma habitación que estaba Lily la pelirroja siempre conseguía poner aquel gesto serio y adulto, como si estuviera por encima de él, o por encima de lo que él solía hacer, por supuesto no la culpaba de ello, pero era agradable verla así, pensativa, con la boca abierta unos milímetros por su gesto forzado y las mejillas ligeramente sonrosadas.
James carraspeó ligeramente para hacerse notar y compuso su sonrisa más sexy, que Lily recibió con un ceño fruncido que contrastaba con su gesto de unos segundos antes. Pero James no dejó de sonreír, se alegraba de haberla visto con la guardia baja por una vez.
—¿Qué tal el día, Evans? —preguntó James, mientras se sentaba frente a ella, o más bien se dejaba caer sobre el sofá.
—Fatal, me he pasado todo el día en la biblioteca leyendo y ni siquiera sé que he sacado en claro… ¿Por qué no quitas esa sonrisa prepotente? Trato de ayudarte.
—No pretendía parecer prepotente Evans, pero sonrió justo por eso, porque tratas de ayudarme, hace un año la sola idea probablemente te habría hecho ganas de vomitar, pero aquí estás, ayudándome.
—Supongo que todos tenemos que madurar —respondió Lily aunque ni siquiera le miró.
—Vaya, Lily Evans, no te reconozco, aunque creo que te equivocas, tu naciste siendo madura, probablemente la primera palabra que dijiste fue "no".
—Eres un idiota, Ja… Potter, así que me voy a dormir.
Lily se levantó del sofá, y comenzó a andar hacia el dormitorio, James pensó en su promesa de principio de curso, la había prometido dejarla en paz, pero se sentía incapaz completamente, prefería arrancarse una muela antes que ignorar a Lily.
Así que se levantó del sofá y la sujetó con suavidad de la mano antes de que a la chica la diese tiempo de llegar a las escaleras.
—¿Qué haces, Potter? —preguntó Lily dándose la vuelta para encararle.
—Soy un idiota ¿sabes? Un imbécil inmaduro y prepotente, te has portado muy bien intentando ayudarme, pero tengo tanta tensión acumulada que me temo que me cuesta comportarme como debería, perdóname por favor y no me dejes solo aún, si me acuesto las pesadillas volverán a acosarme.
—¿Por qué has discutido con Black? —preguntó Lily mientras volvía a sentarse.
—Sabe que algo me pasa y que no quiero contárselo, no es que no quiera, es que no puedo, sé que le hundiría, yo no quiero… no puedo… —James se pasó la mano por el pelo, y caminó hacia la ventana, a tiempo de ver a Susan y Sirius caminar por los terrenos, camino seguramente al sauce boxeador.
Lily no sabía como animar a James, nunca se había molestado en conocerlo realmente, en saber que podía animarle, solo sabía una cosa que podía animarle, que ella le diera algo de coba.
—Potter —susurró Lily, pero el chico ni siquiera se volvió a mirarla—. No he cenado y me muero de hambre, ¿me llevas a cenar?
James se giró a mirarla, la sonrió con tristeza y la sujetó una mano entre las suyas.
—No tienes que hacerlo por lástima, Lily, vete a descansar, mañana hablaremos.
—No siento lástima por ti, Ja… Potter, pero entiendo como te sientes, y me gustaría ayudarte, y como creo que tu no has cenado y yo tampoco, podemos hablar mientras cenamos… juntos.
—Está bien, vayamos a las cocinas.
Sirius se apoyó en el escaparate de Honeydukes y se miró las uñas con aspecto distraído, o al menos fingió hacerlo durante unos segundos, luego miró hacia la ventana de la casa de enfrente, una figura le devolvió la mirada unos segundos y luego la cortina se movió tapando la ventana.
Entonces Sirius se separó del escaparate y caminó hacia la casa, no estaba seguro de tener un plan o de si surgiría sobre la marcha, pero sabía que debía hacer algo, necesitaba saber de que iba todo aquello, así que se paró frente a la puerta y golpeó un par de veces con los nudillos sobre la superficie de madera.
Pasó un tiempo indefinido allí, frente a la puerta, con el frío aire de noviembre golpeándole constantemente en la espalda, como si quisiera arrancarle los pies del suelo, pero no iba a ceder, volvió a golpear la puerta algo más fuerte, aún preguntándose que haría si esta realmente se abría.
Volvió a golpear por tercera vez, decidiendo en el acto que si nadie abría se marcharía de allí a buscar a Susan, sentía cierta preocupación por la rubia, algo que jamás reconocería en voz alta por supuesto, cuando estaba apunto de darse la vuelta para marcharse la puerta se abrió con un crujido, como si no estuviera acostumbrada a ello.
Una chica con el pelo castaño revuelto le abrió la puerta, la misma que había visto en los terrenos de Hogwarts hablando con Harry y Bronwyn. Sirius se esforzó en poner su mejor sonrisa seductora y su mirada más convincente.
—Hola —dijo Sirius usando la voz que solía guardar para las conquistas más difíciles—. Siento molestarte a estas horas, pero pasaba por aquí y te he visto por la ventana y he sentido la necesidad de conocerte.
—Creía que los alumnos de Hogwarts no podían salir de la escuela —respondió Hermione.
Si Sirius hubiera tenido que adivinar, habría dicho que aquella muchachita del futuro era la hija de McGonagall, al menos había usado el mismo tono que la profesora solía usar con ellos cuando les veía hacer algo indebido.
—Guapa y con carácter, deja que te invite a cenar, por favor —pidió Sirius y extendió una mano hacia ella—. Por cierto mi nombre es Sirius.
—Pues lo siento Sirius, pero estoy casada, así que si me disculpas… —Hermione hizo el amago de cerrar la puerta, pero Sirius dio un paso hacia delante impidiéndoselo.
—¿Casada? Si eres muy joven aún, además, ninguna mujer debería casarse sin haber estado antes conmigo, es algo muy cruel.
—Creo que no me interesa gracias —Hermione volvió a intentar cerrar la puerta, pero Sirius puso la mano sobre ella para evitarlo.
—Al menos dime tu nombre, necesito saber el nombre de quien me rechaza.
—Me llamo Hermione y ahora… —Hermione miró tras Sirius unos segundos y luego volvió a mirar al chico.
Sirius miró hacia atrás a su vez, a tiempo para ver una melena rubia tratando de entrar en Honeydukes, aunque la puerta ya estaba cerrada, Sirius miró a Hermione, sabía que si se quedaba con ella un poco más la sacaría algo de información útil, y que si se iba no podría volver a llamar a su puerta como si nada.
Pero Susan estaba haciendo tanto ruido en la puerta de Honeydukes que seguramente pronto bajarían los dueños varita en mano, así que se despidió de Hermione con una sonrisa, sujetó a Susan de la mano y la arrastró lejos de allí.
—¿Qué pasa? —preguntó Sirius sin detenerse, llevando a Susan prácticamente a rastras, la chica se dejaba hacer sin protestar.
Pero Susan no respondió, lo que empezó a preocupar a Sirius, la llevó a una esquina alejada de ojos indiscretos y la obligó a mirarle a la cara, tenía las mejillas llenas de lágrimas.
—¿Qué te ha hecho, Susan? —preguntó Sirius, la sujetó de la barbilla con una mano y le limpió las lágrimas con la otra mano.
—Nada, quiero irme a casa —dijo Susan sin levantar la vista del suelo.
—¿Te ha hecho daño? —preguntó Sirius no tan dispuesto como la rubia a dejar el tema sin más, sentía deseos de matar a Ryan por hacerla llorar.
—No, no me ha hecho nada, me he ido yo, —Susan levantó la vista del suelo para clavar sus ojos en los de Sirius—. Llévame a casa por favor.
—Está bien, tranquila —susurró Sirius, la soltó la barbilla y la pasó una mano por la cintura.
Susan dudó al principio, en la última persona que se le hubiera ocurrido buscar consuelo era en Sirius Black, pero finalmente se abrazó a él, apoyó la cabeza en su hombro y dejó que las lágrimas volvieran a salir de sus ojos, corriendo por sus mejillas y acabando en la túnica de Sirius.
Cuando todos los alumnos volvieron a sus habitaciones después de la cena y el castillo estaba en silencio, una alumna se dedicaba a pasear por los pasillos más polvorientos de las mazmorras, pese a ser una Gryffindor Selene siempre había sentido un extraño interés hacia las mazmorras, eran lugares fríos y húmedos, sucios, generalmente solo las chicas de Slytherin disfrutaban de aquel lugar, el resto de chicas solían "huir" de aquel lugar, pasaban el menor tiempo posible allí y no solo por el paisaje, también porque podía salirte una serpiente de Slytherin en cualquier momento.
Pero Selene había crecido en un lugar así, sus padres tenían una bonita casa a las afueras, con unas mazmorras más grandes que la propia casa, y cuando querían castigarla la encerraban en uno de aquellos lugares durante días, y como sus padres la odiaban y querían castigarla a menudo solía pasar más tiempo en aquel lugar húmedo y oscuro que en la casa, por ello a veces la gustaba pasear por allí, de cierta forma se sentía como en casa.
Caminó hasta una de las habitaciones más profundas de Hogwarts, hacia tiempo que había dejado atrás la sala común de las serpientes y el aula de pociones, por aquella zona tan profunda y estrecha no circulaba el aire, pese a que no hacia calor, la temperatura allí era bastante inferior a la del resto del castillo, y el hedor a humedad era tan profundo que apenas la permitía respirar, la puerta antaño de madera ahora se había vuelto negra y se había quedado pegada a la pared, como si se hubiese vuelto parte de ella.
Pese a que a Selene la gustaba pasear por las mazmorras aquel no era al lugar al que solía ir, solía quedarse mucho más arriba, allí el suelo estaba cubierto de excrementos de murciélago y de trozos de bichos muertos, que seguramente los murciélagos habían rechazado.
Selene estaba allí por Sirius y James, les había pedido ayuda para transformarse en animago, y después de muchas discusiones sus amigos habían cedido, así que la habían puesto deberes, si quería poder trasformarse en un murciélago debía saber como se comportaban.
Así que allí estaba, rodeada de la peste de los murciélagos y la humedad, en una habitación sin ventilación, esperando a que los pequeños animales decidieran moverse para saber como demonios se comportaba un murciélago.
—Lily, ¿puedo preguntarte algo? —preguntó James, alejando el plato que aún estaba rebosante de comida de su lado, los elfos habían preparado un banquete para veinte al menos, aunque solo eran dos.
—Claro Potter.
—¿Ya no rezas para no tener que hablar conmigo? —James sonrió con tristeza.
Lily tuvo que hacer memoria, había rechazado tantas veces a James que le costaba encontrar una en concreto, aunque esa la tenía fresca en la memoria, porque la había extrañado mucho la actitud del chico, había sido durante el viaje en tren hacia Hogwarts.
—No, creo que empiezo a soportar hablar contigo, Ja… Potter —dijo Lily, sonriéndole ligeramente.
—Eso me gusta, vamos quiero enseñarte algo —James se levantó de su asiento y sujetó la mano de Lily para ayudarla a hacer lo mismo.
—¿El qué? —preguntó Lily, conocía a James desde hacia mucho y sabía que no podías fiarte de ellos sin preguntar.
—Si te lo digo, ¿qué gracia tiene?
Remus se despertó en el sofá de la sala común, miró extrañado a su alrededor, aunque esta estaba vacía, lo normal es que si alguno de sus amigos había pasado por allí le hubiese despertado para que se fuese a la cama y no se pasase toda la noche durmiendo en el incómodo sofá.
Su instinto de lobo le hacia sentir más deseo de protección hacia sus amigos de lo normal, por lo que trató de convencerse de que aún era pronto para que ellos llegasen, así que se levantó algo tambaleante y recogió los envoltorios de chocolate que había dejado esparcidos por la mesa.
Cuando hubo acabado de recoger y estaba apunto de irse a dormir el retrato se abrió y Selene apareció por el hueco.
—¡Remus! —dijo la chica, aunque parecía sorprendida de verle allí—. Es tarde ¿qué haces despierto?
—Ya me iba a la cama, ¿has visto a los chicos?
Selene negó con la cabeza y Remus se despidió con un gesto, aunque cuando iba a subir las escaleras trastabilló ligeramente, empezaban a dolerle todos y cada uno de los huesos de su cuerpo, como si estuviesen empezando a mutar.
—Espera te ayudo —Selene corrió hasta él y le obligó a pasar un brazo por encima de sus hombros.
—Siento decirte esto, Selene, pero apestas.
—Lo sé, he estado haciendo cosas sucias —bromeó Selene, la verdad es que probablemente se le había pegado el olor a mierda de murciélago.
Selene le obligó a apoyar su peso sobre ella y le llevó hasta su dormitorio, que estaba vacío, salvo por la cama de Peter, en la que dormía el pequeño merodeador con Brianne.
Selene le quitó las deportivas a Remus, ante las quejas del merodeador, y le ayudó a tumbarse, luego le dio un beso en la frente y le arropó.
Cuando acabó volvió a su habitación para lavarse y cambiarse y quitarse la peste, como sus amigas tampoco estaban en su habitación decidió bajar a la sala común para esperarlas.
—Vamos, Susan, —susurró Sirius—. Ya estamos en Hogwarts, solo tenemos que subir y ya estaremos en casa.
—Espera —susurró Susan—. No quiero ir a Gryffindor… no me siento… no puedo… no estoy… preparada para hablar con Lily y Selene, yo… ellas…
—Tranquila, ven —Sirius le sujetó de la mano y la condujo escaleras arriba.
Susan le siguió sin prestar demasiada atención al camino que recorrían, hasta que llegaron a una sala grande, repletas de cuadros, era como el almacén donde metían todos los cuadros que empezaban a estropearse y que no eran suficientemente importantes como para restaurarlos, se limitaban a guardarlos allí y poner otro en su lugar.
Sirius recorrió la sala a paso lento, siguiendo el ritmo de la chica, que se lo agradeció en silencio, algo que nunca reconocería en voz alta por supuesto, Sirius se paró frente al cuadro de un anciano que le saludó con una breve inclinación de cabeza.
—Sir Sirius que alegría verle por aquí de nuevo —comentó el viejo con una alegría notable en la voz.
—Sir Robert, lleva razón, me temo que este curso esta pasando tan rápido que no nos da tiempo a nada.
—¿Y quién es su encantadora acompañante?
—Oh, ella es Susan Montgomery, necesita un lugar para pasar la noche y pensé que este sería el mejor lugar…
—¿Montgomery? Sí, yo conocí a sus antepasados, también estudiaron aquí, una notable familia, pero parece cansada, pasen, pasen no quiero interrumpir su descanso —el cuadro se abrió dejando ver el agujero en la roca tras de él.
Sirius ayudó a Susan a cruzar, por el hueco, aunque estuvo apunto de tropezar al entrar, porque la sala estaba casi a oscuras, y se quedó aún más cuando se cerró el agujero tras ellos.
Sirius rió entre dientes, sacó su varita y la punta se encendió sin necesidad de que el chico pronunciase una sola palabra. Susan se dio cuenta de que le estaba apretando la mano y le soltó de golpe, aunque aquello solo causo otra risilla por parte de él, mientras caminaba hacia la chimenea para encenderla.
Susan fue viendo la habitación a medida que Sirius avanzaba, a la derecha estaba la chimenea, frente a un gran sofá de color rojo, de hecho cuando fue viendo más de la habitación se dio cuenta de que todo era de color rojo y dorado, los colores de Gryffindor.
Sirius encendió la chimenea con otro movimiento de varita, la habitación que no era mucho más grande quedó iluminada al completo, al fondo había una cama de matrimonio con doseles dorados y la colcha roja perfectamente estirada, y en la única pared que quedaba libre había una mesa con cuatro sillas.
—¿Quieres comer algo? —preguntó Sirius mientras se sentaba en el sofá.
—No, creo que necesito dormir —respondió Susan, aunque no se movió de donde estaba.
—Susan, entiendo que yo no sea tu persona favorita en este colegio, de hecho probablemente sea la persona que peor te cae en toda Gran Bretaña, pero puedes contarme lo que quieras y no saldrá de estas paredes.
Susan bufó sin creérselo, pero caminó hasta el sofá y se sentó lo más alejada que pudo del chico.
James había llevado de vuelta a Lily a la sala común, donde dormía Selene acurrucada en el sillón, sin comentar nada James la cogió en brazos y la llevó al dormitorio de los chicos, porque no quería que Lily supiera que podían burlar la alarma y subir al dormitorio de las chicas, así que la acostó en su cama y volvió a bajar con una caja en la mano.
—¿Qué es eso? —preguntó Lily, que aunque no había comentado nada sobre la forma de James de tratar a Selene se había puesto algo celosa.
—Lo que te quería enseñar.
James se sentó junto a Lily y le pasó la caja, Lily levantó la tapa con cuidado, por si algo saltaba desde ella, pero la sorprendió aún más encontrar fotos dentro, algunas en movimiento y algunas completamente muggles.
No tardó en darse cuenta de que había imágenes que relataban toda la vida de su compañero, salía de niño, sonriente junto a sus padres, jugando en el parque, abriendo su carta de Hogwarts, en su primer día de clase junto al expreso de Hogwarts, y luego durante sus días en Hogwarts, con sus amigos, con Selene, incluso había varias fotos con ella, que ella no recordaba haberse hecho, probablemente las habría hecho cuando no miraba.
—¿Por qué me enseñas esto? —le preguntó Lily, aunque no pudo evitar seguir mirando aquellas fotos.
—Mi madre estaba obsesionada con las fotos, como puedes ver hacia fotos a absolutamente todo, cualquier momento era bueno para hacer fotos, pensé que estaría bien poder compartir alguna parte pequeña de mi vida contigo.
—Recuerdo esta foto —dijo Lily sacando una del montón para mostrársela a James, era del año anterior, la única foto en la que salían todos—. Selene nos prometió que si nos hacíamos esa foto con vosotros nos dejaríais en paz dos meses, lo cual resultó no ser verdad —Lily sonrió con nostalgia.
—Estás preciosa cuando sonríes —susurró James, había intentado evitarlo, pero la veía sonreír tan poco que finalmente se había rendido y había tenido que remarcar aquel hecho tan evidente para él.
Lily se sonrojó y pareció ponerse nerviosa, se le cayeron un par de fotos, y volvió a recogerlas.
—Por cierto —Lily se esforzó por buscar otro tema del que hablar y decidió centrarse en su amiga ausente—. ¿No crees que Sirius y Susan están tardando mucho en volver? Tal vez deberíamos ir a asegurarnos de que estén bien.
—Sirius no dejará que le pase nada a Montgomery —aseguró James.
—No creo que a Black le preocupe demasiado la seguridad de mi amiga.
James suspiró y levantó las manos en gesto defensivo, no quería discutir con ella, no quería estropear aquello, así que buscó el espejo intercomunicador en su bolsillo para asegurarse de que Susan estaba bien.
Selene no se despertó cuando James la levantó en brazos, ni cuando la subió por las escaleras, ni cuando la depositó en la cama y la dio un beso en la frente, sin embargo Remus si lo hizo, tenía el oído muy fino, probablemente más de lo que le gustaba a menudo, cuando tenía que oír por ejemplo lo que sus compañeros de habitación hacían con sus ligues, por eso desde quinto les había obligado a buscar otro sitio al que llevarlas, ahora el único que le atormentaba era Peter.
Pero por muy profundo que fuese su sueño, el ruido de la puerta le despertaba absolutamente siempre, por muy despacio que sus amigos tratasen de abrirla, quizá era una especie de protección, su instinto lobuno confiaba en sus amigos, pero no lo hacia en los que estaban fuera.
Por eso cuando James entró con Selene en brazos sintió una punzada en el pecho, tardó un par de segundos en reconocer el motivo, eran celos, se tuvo que recordar a si mismo que James estaba tan enamorado de Lily que nunca pensaría en Selene así, aún así apretó las sábanas contra su cuerpo para no saltar sobre él, la cercanía de la luna llena le afectaba demasiado.
Pasó un rato sin moverse incluso después de que James saliese del dormitorio, temía que si se movía despertaría a la chica, finalmente retiró las mantas de encima suya y se sentó al borde de la cama, por suerte al igual que la cercanía de la luna le hacia sentir que sus huesos estaban siendo machacados por una apisonadora también le agudizaba sus sentidos, así que podía ver los rizos castaños de la chica sobre su mejilla, incluso distinguía el ligero rumor de estas, producido por el sueño, también le llegaba su inconfundible olor natural, mezclado con el de melón de su champú, Selene se había desarropado y dormía de lado, aún con el uniforme de Hogwarts puesto, Remus podía verla las piernas, la falda se le había subido permitiendo ver incluso sus caderas, tragó saliva con dificultad, el pecho de la chica se movía de forma rítmica, y su corazón latía a una velocidad constante, a diferencia del de Remus que se había acelerado hasta casi hacerse doloroso, es como si quisiera abrirle un agujero en el pecho para escapar de él.
Finalmente se levantó del borde de la cama y se acercó a Selene, dudó un segundo, y finalmente se atrevió a tocarla, apartó el mechón de la chica de su mejilla, ella soltó una especie de gemidito, seguramente Remus la había hecho cosquillas con el pelo, pero aquel ruido le provocó más de lo que podía soportar en aquel momento.
Caminó lo más rápido posible hasta el baño, cerró la puerta con fuerza, sabía que había despertado a la chica, y probablemente a Peter y Brianne también, pero no le importó, solo necesitaba meterse bajó una ducha de agua helada, deseando que Sirius no volviese pronto, si se daba cuenta de lo mucho que le afectaba la presencia de Selene le mataría.
Aún con la ropa puesta se metió en la ducha y abrió el grifo del agua fría, sus huesos crujieron y se quejaron, doloridos, pero Remus no se movió, esperó bajo el agua hasta que su cuerpo se relajó y se acostumbró a la temperatura, luego se quitó la ropa y la tiró al suelo, deseaba gritar y golpear cosas, y temía la luna llena y poder hacer daño a alguno de sus amigos.
Salió de la ducha y enrolló la toalla en el cuerpo, estaba helado y tiritando, pero aquello impedía que su cuerpo reaccionase de formas indebidas, él no debía enamorarse, no podía condenar a una mujer a esa tortura, no tenía derecho a hacerlo, no quería hacerlo, y si tuviese que elegir a una mujer a la que obligar a llevar una vida maldita no sería a Selene, ella había tenido suficiente dolor en su vida como para añadir más a su lista, ya había sufrido suficiente.
Un golpeteo en la puerta le puso sobre aviso, respondió con un gruñido, un sonido que indicaba que quería estar solo, pero la puerta se entreabrió unos centímetros, y la voz preocupada de Selene llegó hasta él.
—¿Estás bien Remus?
—Sí, —quería echarla, pedirla que se largase y le dejase, pero no podía, era incapaz, solo pudo sentarse en el suelo y esconder la cabeza entre las piernas.
Selene abrió la puerta y entró en el baño con él, le observó en silencio, tratando de averiguar lo que le pasaba al chico, algo que no parecía nada fácil.
—¡…Y entonces me golpeó con la escoba, la muy loca! —acabó su historia Sirius ante las risas de Susan.
Puede que a Sirius Black se le diesen mal muchas cosas, pero tenía un talento innato con las mujeres, siempre encontraba las palabras exactas, sabía que algo había asustado a Susan y sabía que nunca se lo contaría a su compañero de clase Sirius Black, por eso se estaba esforzando en que Susan dejase de considerarle Sirius Black el compañero de Hogwarts y le considerase, al menos durante un par de horas, su amigo Sirius.
Y la forma más rápida que se le había ocurrido era contándole sus historias más humillantes, algunas reales, y algunas exageradas para conseguir su propósito, de cualquier forma lo estaba consiguiendo, Susan se había acercado más a él, el color había vuelto a su cara y se reía con bastante frecuencia.
—¿Y que te pasó con Myrtle la llorona? —preguntó Susan, cierto día en quinto el fantasma de había decidido abandonar su apreciado baño para ir a la clase de historia de la magia a gritar a Sirius durante al menos diez minutos, aunque entre las lágrimas y los gritos apenas habían entendido nada.
Sirius rió entre dientes, aquella historia le encantaba a James, solía recordársela cuando querían reírse, Peter solía llorar de risa cuando recordaba como el profesor Binns había decidido seguir hablando durante todos los gritos, aunque incluso Lily había dejado de tomar apuntes, y en algún momento cuando Myrtle ya se había ido el profesor se había limitado a decir: "por favor dejen de hablar por allí detrás".
—Es una historia genial —dijo Sirius con una sonrisa, Susan subió los pies descalzos sobre el sofá y se acercó un poco más a Sirius con expectación.
En realidad no había mucho que contar, se había escondido en el baño de Myrtle para librarse de Filch y la fantasma se había enfadado tanto que le había seguido a su siguiente clase, pero eso Susan no lo sabía.
—¿Y a que esperas? —preguntó Susan al ver que él no arrancaba.
—Te lo contaré en cuanto me cuentes lo que pasó con Ryan.
—Entonces déjalo, no quiero hablar de eso, me voy a dormir…
Susan trató de levantarse, pero Sirius la sujetó de la mano para evitarlo, Susan se quedó quieta, por un lado necesitaba desahogarse, pero no se sentía capaz de contarle aquello a Sirius Black.
—Espera, James me llama, —dijo Sirius, Susan le miró desconfiada—. ¿Qué quieres que le diga? Deben estar preocupados por ti.
—No quiero volver aún… —susurró Susan, tan bajito que Sirius tuvo problemas para escucharla.
Sacó el espejo y se aseguró de que Susan no saliese en el reflejo, James le miraba con los ojos brillantes mientras Lily observaba con la cabeza muy pegada a la de él, seguramente tratando de averiguar como funcionaba el espejo.
—¡Black! —exclamó la pelirroja—. ¿Dónde está Susan?
—Yo estoy bien gracias por tu preocupación preciosa —se burló Sirius.
—No estoy para bromas Black, no me fío un pelo de ti.
—Tu amiga está bien histérica, —dijo Sirius, mirando a Susan sobre el espejo, la chica no parecía bien, miraba la chimenea con la mirada pérdida—. Hemos vuelto hambrientos de Hogsmeade, así que hemos pensado en hacer una parada para cenar y Susan estaba tan cansada que se ha quedado dormida, así que vamos a pasar aquí la noche, así no la tengo que despertar, no me gustan las mujeres recién despertadas, tenéis un carácter horrible.
—Vale pues… —empezó James, pero la pelirroja le interrumpió.
—Más te vale que me la devuelvas en perfecto estado Black, o te juro que no tendrás descendencia.
—Buenas noches pelirroja, James, cuidado que muerde —dijo Sirius antes de guardarse de nuevo el espejo.
—Gracias, Black —susurró Susan.
—No, esta noche no soy Black, soy Sirius y somos amigos, así que cuéntame lo que te ha pasado.
—En realidad él no ha hecho nada malo, he sido yo… soy una idiota, estúpida…
—Vale, vale lo capto, —la interrumpió Sirius acariciándola la mano que aún no la había soltado—. Salta a la parte de lo que te ha hecho.
—Mira esto no es buena idea, no quiero hablar de ello…
—¿Por qué? —preguntó Sirius, Susan se sonrojó—. Te prometo que nadie se enterará, ni siquiera James, lo que hablemos quedará entre estas cuatro paredes.
—Pero tú… Pensarás que soy idiota.
—Su, yo te considero mi amiga, ¿sabes? A ti y a la pelirroja, tenemos una relación especial, disfrutamos picándonos, burlándonos unos de otros, pero sabes que te defendería y protegería de cualquiera, te aprecio y quiero que estés bien y necesitas hablar de esto con alguien y te juro por lo que más quiero en esta vida que no pensaré que eres idiota, ni me reiré de ti, ni usaré esto para meterme jamás contigo, necesitas desahogarte y yo se escuchar, cuéntamelo.
—Bueno cuando llegó Ryan —Susan habló cabizbaja y en un susurro, pero Sirius puso toda su atención en escucharla—. Me llevó a su habitación y…
—¿Te obligó? —preguntó Sirius al ver que ella no hablaba.
—¿Qué? —Preguntó Susan levantando la cabeza sorprendida, tenía las mejillas increíblemente rojas—. ¡No!
—Así que el problema es ese ¿no? —preguntó Sirius con una pequeña sonrisa, contento de comprender al fin lo que pasaba, puso la mano bajo la barbilla de Susan para que levantase la cabeza.
—Yo…
—No hace falta que digas nada Susan, la primera vez es muy especial para todas las chicas, has hecho bien negándote, ¿por qué te has negado no?
—¡Sí! Por supuesto, pero me siento estúpida e infantil, ¿Por qué no puedo ser como las demás?
—Claro que puedes ser como las demás, pero no lo eres, y eso es lo que te hace especial, Susan, algún día encontrarás a un hombre al que quieras y podrás acostarte con él sin que te suceda esto.
—Pero no quiero esperar, sentía miedo, Sirius, estaba aterrorizada, él me gusta mucho, pero no querrá nada conmigo si me pongo a llorar cuando me toque, no quiero sentir miedo, ¿Cómo puedo perder el miedo? —Susan parecía apunto de echarse a llorar lo que enterneció a Sirius que la acarició la mejilla.
—Cuando te acuestes con alguien y te des cuenta de que no es tan terrible, pero no tienes que tener prisa, no es algo que hacer a la ligera, será algo que recuerdes toda tu vida, y si lo haces con alguien sin experiencia o que no te guste seguramente sea algo horrible, olvídalo encontrarás a alguien mejor que ese capullo asaltacunas.
—¿Sirius? —susurró Susan, pues una idea comenzaba a tomar forma en su mente.
—Dime, Su.
—Quiero que lo hagas tú —pidió ella con voz suave.
—¿El qué? —preguntó Sirius, sinceramente desconcertado.
—Haz que pierda el miedo, te has acostado con medio Hogwarts, no creo que esto suponga un sacrificio para ti.
Sirius no pudo responder, claro que no era un sacrificio, llevaba soñando con llevársela a la cama toda la tarde, pero eso no significaba que pudiera hacerlo, era Susan Montgomery, la chica le odiaba, siempre lo había hecho y seguramente lo haría aún más intensamente si la quitaba la virginidad, ahora no lo veía porque estaba cegada por la vergüenza, pero al día siguiente le odiaría.
El chico abrió la boca y la cerró varias veces, sin saber que decir, Susan se levantó del sofá había tomado una decisión, no había podido hacerlo con Ryan porque quería impresionarle, pero no tenía ese problema con Sirius, le conocía desde hacia tanto que era como un amigo, tenía confianza con él de cierta forma y deseaba borrar cuanto antes aquello de su vida, poder acostarse con Ryan la próxima vez que le viese, se puso frente a Sirius, delante de la chimenea y se sacó el jersey por la cabeza, dejando al descubierto su sujetador de encaje negro, uno demasiado sexy que Selene la había obligado a ponerse.
—Susan —gimió Sirius como si le doliese, mientras trataba de desviar la mirada, nunca se había negado a una mujer que quisiese llevarle a la cama, y él sabía como convencerlas para que se bajasen las bragas, pero nunca había intentado que una chica se las subiese.
La chica se mordió el labio durante un segundo dudando, pero finalmente la lógica y la razón perdieron la batalla y se soltó el botón de los pantalones.
—¿Estás bien? —preguntó Hermione cerrando el libro que tenía sobre el regazo, había estado leyendo para no dormirse mientras esperaba a Shido.
Y aunque ya había pasado la media noche no se había ido a dormir, Shido pareció sobresaltarse al verla, seguramente no la esperaba despierta, tenía el pelo muy revuelto, aún así se pasó la mano por él despeinándoselo aún más, y sus ojos azules brillaban con un brillo rojizo.
—¿Qué haces despierta tan tarde? —preguntó el chico, aunque no esperó su respuesta, pasó de largo y se metió en el dormitorio.
—¿Qué te pasa? —preguntó Hermione entrando tras él.
—Estoy cansado Hermione, no he estado de fiesta, ¿sabes? Llevo todo el día buscando a esa putilla pelirroja, te juro que cuando la encuentre la voy a arrancar la cabeza.
—Harry no quiere que la pase nada.
—Hermione me importa una mierda lo que quiera Harry por mi como si quiere tirarse por un puente, nunca afectará a tu vida, pero mi padre anda por aquí, conmigo de niño, no pienso dejar que me haga nada.
—Será mejor que duermas, pareces agotado.
—Por fin lo entiendes —susurró Shido, se dejó caer sobre la cama y se puso de espaldas a Hermione, la chica iba a salir, pero se paró en la puerta.
—Ha venido Sirius, bueno su yo adolescente o lo que sea.
—¿Qué quería? —preguntó Shido con voz ahogada porque la tenía enterrada en la almohada.
—No lo sé, pero creo que sospecha algo.
—No es tan listo, no vería la verdad ni aunque le mordiera el culo, ahora déjame dormir, preciosa.
Hermione salió del dormitorio y cerró la puerta, pensó en dormir en el sofá, pero finalmente se fue al baño, se sentó junto a la bañera, en el suelo, y dejó que las lágrimas saliesen de sus ojos, lágrimas de frustración por no saber que le pasaba a Shido, por no poder ayudarle, por no poder sacar el mal de él, mal que estaba segura de que le estaba consumiendo.
Luego se dio cuenta de lo que estaba haciendo, ella era Hermione Granger, no lloraba, se iba a la biblioteca e investigaba como solucionar el problema, eso era lo que debía hacer, ir a Hogwarts y buscar como solucionar lo que le sucedía a Shido.
James esperó a que Lily acabase de ver las fotos, luego decidió que era hora de dormir, no quería separarse de ella por supuesto, pero era hora muy tarde y aunque Lily aún no se había percatado, seguramente cuando lo hiciese se enfadaría con él por no haberle avisado.
—Lils, me odio por lo que voy a decir ahora, pero será mejor que nos vayamos a dormir, estoy agotado.
—Es cierto es muy tarde.
—Aunque si quieres seguir conmigo —sonrió el moreno—. Puedo acompañarte a la cama.
—Déjalo Potter, buenas noches.
Lily siguiendo un impulso que más tarde negaría haber sentido dio un beso en la mejilla a James y se levantó de un salto del sillón para ir al dormitorio, James no se lo impidió, se limitó a mirarla desaparecer por la escalera con una enorme sonrisa prepotente.
—Remus, levanta de ahí o te pondrás enfermo.
—¿Por qué me haces esto, Selene? Sabes que soy un monstruo aléjate de mí, huye, antes de que sea tarde.
—¿Recuerdas en quinto, cuando Sirius me prohibió ayudaros a gastar aquella broma a Snape y tuvimos aquella discusión enorme?
—Sí —Remus levantó la cabeza para mirarla, sin saber donde ella quería llegar, Selene se puso de cuclillas frente a él.
—Tú viniste y me diste una de tus tabletas de chocolate dijiste que me sentiría mejor después de comerla, me convenciste de que era mejor que no participase en las bromas, ¿recuerdas la última frase que me dijiste?
—No —dijo Remus, recordaba aquella conversación, ella lloraba y él quería que dejase de hacerlo, le dolía verla así.
—Dijiste que no querías que participase en las bromas, cuando te pregunté porque me dijiste que no querías que me sucediese nada malo, después apareció Sirius y te alejaste para que hiciésemos las paces.
—¿Y qué? —preguntó Remus, aún no entendía que tenía aquello de especial.
—Cuando me dijiste eso, el estómago me dio un vuelco, nunca he sentido nada hacia los chicos, Remus, mis padres me quitaron los sentimientos más básicos no puedo sentir cariño, ni amor hacia la gente, no de esa forma que el resto de las chicas lo hacen, mi corazón está muerto, pero cuando me dijiste eso, me dio un vuelco el estómago, un sentimiento agradable me recorrió.
—No entiendo…
—Después de eso un día en Hogsmeade tomamos juntos una cerveza de mantequilla y al ir a pagar me dijiste que me invitabas, quise impedirlo y me sujetaste la mano para que no pudiera sacar el dinero, el corazón se me aceleró y sentí un cosquilleo en el estómago, puedo seguir diciéndote cosas, momentos en los que me hiciste sentir, en los que reavivaste mi corazón y no me hace falta remontarme tan atrás, ahora mismo, mientras te digo esto, el corazón me late con fuerza, ¿lo oyes verdad? Y me arden los labios, del deseo insatisfecho de besarte, así que no me rechaces ni me digas que eres un monstruo porque los monstruos no sienten y tú me quieres, lo sé, yo también puedo sentirlo.
—Selene… —empezó Remus, pero no pudo acabar, porque Selene se abalanzó sobre él y le besó, Remus no se movió, se dejó hacer, al principio demasiado sorprendido como para reaccionar, luego enterró su mano en el pelo de la chica y la acercó aún más a él, necesitaba sentirla, si aquel iba a ser su último beso antes de que Sirius le matase quería disfrutarlo lo máximo posible.
James se esforzó en hacer el menor ruido posible al abrir la puerta, no quería molestar a Remus, aunque sabía que se despertaría igual hiciera poco ruido o mucho sabía que su amigo valoraba que intentase no despertarle.
Aunque cuando consiguió entrar en la habitación de forma sigilosa y se acercó a la cama de Remus para asegurarse de que estaba bien, a veces con la cercanía de la luna tenía terribles pesadillas, se dio cuenta de que la cama de Remus no estaba ocupada solo por el licántropo.
Selene le acompañaba, ambos se sobresaltaron al ver la figura de James junto a la cama, el chico resopló, se pasó una mano por el pelo despeinándose y se dejó caer sobre su cama, completamente vestido con los brazos y las piernas abiertos.
—¿James? —tanteó Remus.
—No, yo no quiero saber nada, ni quiero estar delante cuando se lo contéis a Sirius. Buenas noches chicos.
—Será mejor que me vaya a mi cama, antes de que venga Sirius —susurró Selene.
—Sirius está con Susan en una de las habitaciones del castillo, no creo que vengan esta noche —dijo James, cerró sus doseles y se tumbó de lado, rememorando cada palabra y cada gesto que había hecho la pelirroja aquella noche.
Susan se sentía bastante torpe, nunca había intentado seducir a un hombre, aunque había visto a sus primas ligando muchas veces, pero no estaba muy segura de cómo debía actuar ahora, se había quedado vestida solo con el conjunto de encaje interior, pero no sabía que debía hacer a continuación.
Sirius trataba de mirar hacia otro lado, pero no podía, se decía que aquello no estaba bien, que debía salir de allí cuanto antes, pero él era Sirius Black y nadie podía esperar que el fuera moral ¿Verdad?
Las palmas de las manos le ardían del deseo insatisfecho de acariciar a Susan, quizá otra mujer no le hubiese impresionado tanto, pero estaba acostumbrado a ver a Susan con ropa de hombre, ropa ancha que no dejaba ver sus curvas, y verla allí, frente a él, prácticamente desnuda, sugerente, le estaba volviendo loco.
Y como si la muchacha supiera lo que pasaba por su cabeza se bajó un tirante del sujetador, seguido del otro.
—Susan por favor… —gimió Sirius, aquello no estaba bien, pero él no tenía la fuerza de voluntad suficiente como para rechazarla, y estaba convencido de que ella se arrepentiría de aquello.
Susan no respondió, se desabrochó el sujetador aunque no se lo quitó, se acercó a Sirius muy despacio, y se sentó a horcajadas sobre sus piernas.
—Madre mía —susurró Sirius—. ¿Por qué me torturas así, Susan?
—No pretendo torturarte, tengo entendido que es todo lo contrario —susurró la rubia, se acercó un poco más a Sirius y le besó en el cuello.
—¿Por qué yo? —preguntó Sirius, sujetando a Susan de los brazos para separarla un poco de su cuello, si seguía tocándole perdería la razón por completo.
—¿Quién mejor que tú? Considero esto un tramite necesario, tú tienes versada experiencia en el tema, después no quedará más que lo que había antes entre nosotros, sé que no pretenderás tener nada más, y como no tenemos una amistad de verdad esto no la afectará, eres el candidato perfecto.
—¡Qué romántica! —dijo Sirius, aunque la chica le estaba consiguiendo convencer.
Susan se dejó caer el sujetador entre Sirius y ella, y aquello consiguió que Sirius perdiese la poca resistencia que le quedaba, el chico se levantó y sujetó a Susan entre sus brazos, unió sus labios a los de ella, y la besó con fuerza, con todo el deseo que llevaba todo el día reprimiendo.
Susan gimió y Sirius la separó un par de centímetros de él para poder desabrocharse la camisa, cuando Sirius se quitó la camisa y notó el pecho desnudo de Susan como el suyo volvió a recobrar un poco de su cordura.
No tanta como para separarse de ella, pero Susan no era como las chicas que el acostumbraba a llevarse a la cama, a cualquiera de esas podría hacérselo contra la pared o en el suelo, pero no a Susan Montgomery, de una forma retorcida sabía que Susan recordaría siempre su primera vez y él quería que fuese impresionante, ponerle el listón tan alto que si algún día se acostaba con Ryan solo fuese una decepción.
Sabía que aquello era muy egoísta, pero no podía pensar con cordura en aquel momento, de hecho estaba demasiado excitado como para pensar, con cordura o sin ella, así que volvió a besar a Susan mientras la llevaba a la cama.
—Ha venido un demonio desconocido haciendo preguntas sobre ti.
Ginny acariciaba un mechón de su pelo de forma distraída, asintió hacia el demonio, ya suponía que Shido iría por allí, el maldito infeliz se pensaba que todo era como el conocía, que los demonios eran libres, pero no lo eran, la servían a ella, ella era su reina, todos vivían y morían por ella.
Pero necesitaba la daga, era suficiente poderosa para matar a cualquiera de esos demonios, incluso a varios a la vez, sonrió cuando esa idea cruzó su mente, pero no era lo suficientemente poderosa como para matar a Shido, aún no, pero lo sería cuando consiguiera la daga.
—¿Cómo le eliminaremos?
—Como se acaba con cualquiera de ellos —dijo Ginny de forma distraída. El demonio la miró con curiosidad—. ¿No sabéis nada? Atrapa a su mujer, hará lo que…
—¿Mi reina? —preguntó el demonio esperando que siguiese.
—Acabo de tener una idea genial, necesito entrar en Hogwarts, tráeme a Conner, por fin ese inútil podrá hacer algo bueno.
—Sí, mi reina —respondió el demonio antes de desaparecer.
Ginny sonrió, ella no era lo suficientemente poderosa, pero había algo en Hogwarts que si lo era, algo que ella dominaría, conseguiría la daga y le arrebataría sus poderes a Shido, de una vez por todas tendría el puesto que merecía, el puesto de reina, no sería solo la reina de los demonios, sería la reina del mundo.
Rió en voz alta, de pura felicidad.
—La reina del mundo —dijo antes de volver a repetirlo un par de veces, sonaba realmente bien.
