¡Hola de nuevo! Lo primero, perdónenme por no subir capítulo la semana anterior. Tuve que atender unos asuntos muy importantes y no me quedó tiempo para nada más, siento no haberlos avisado. Y también quiero pedirles disculpas por el capítulo pasado, no me di cuenta de que se había duplicado al subirlo, pero ya lo he corregido. Así pues, voy a intentar subir el próximo capítulo antes de lo previsto. Creo que se lo merecen por estar conmigo semana a semana, así que voy a dar mi mejor esfuerzo. Y, como siempre, gracias a las personas que me dejan reviews. Me animan a continuar escribiendo cada semana. Ojala pudiera contestarles. Y ahora, ¡a leer!

Aviso: Contiene spoilers del capítulo 362 del manga. Aparte de eso es un fic un poco raro. Digamos que la historia original de Naruto se 'detiene' en el capítulo 362 y a partir de ahí sigue una evolución completamente distinta del manga. Me cuidé de no hacer AU, OOC ni nada de eso, pero eso era necesario para la historia, de algún modo.

Disclaimer: Los personajes de Naruto, idea original, derechos y bla bla bla pertenecen a Masashi Kishimoto. Yo sólo los tomo prestados con la esperanza de entretener a los lectores. Aunque como buena fangirl, desearía que Kakashi-sensei, Neji-kun o Itachi-sama entre otros fueran míos, pero de momento no hay modo.


CHAPTER 10

Ino creyó morirse de alivio. Todo iba a salir bien, sus amigos los habían encontrado, iban a sacarlos de allí con vida. No parecía real. Parpadeo confusa un par de veces para asegurarse de que no era un sueño, aunque tanto le daba tener los ojos abiertos o cerrados en aquella oscuridad. Por fin consiguió reaccionar y respondió a la pregunta de Sai.

- Afirmativo. Estamos los dos bien.

La respuesta no se hizo esperar. Sai quiso saber cuál era su situación y ella le cedió la palabra a Gaara, que procedió a explicárselo.

- Sai, habla Gaara. La cueva se desplomó sobre nosotros y quedamos atrapados en un pequeño espacio. Desde aquí dentro se percibe un alto riesgo de derrumbe, tened mucho cuidado si pensáis abrir un túnel. Además, no aguantaremos mucho sin provisiones ni agua.

- Recibido - contestó el otro ninja desde el exterior - Nos pondremos a trabajar enseguida, tened paciencia.

Se cortó la comunicación durante un rato. Presumiblemente, Sai estaba transmitiendo las palabras de Gaara a los demás y entre todos intentaban decidir cuál era la forma más segura y rápida de rescatarlos.

- ¡Listo! - volvió a hablar Sai - Vamos a tratar de abrir un camino hasta donde estáis en diagonal, ya que es la forma menos arriesgada. Si empezamos a retirar piedras desde arriba, las que tenéis justo sobre vosotros no resistirán sin la sujeción y cederán. Iremos quitando las rocas poco a poco intentando dejar la misma presión en los lados y el techo para que no se os caiga encima. Será lento pero es lo más seguro. Tendréis que intentar aguantar hasta entonces.

- Recibido - contestó Gaara - ¿Cómo van las cosas allí arriba? ¿Cuál es la situación?

Sai se tomó su tiempo para contestar otra vez. Ino se impacientó, eso sólo podía significar una cosa: había malas noticias y el ninja intentaba dar con la manera de informar a Gaara con delicadeza.

- Después de la pelea con Zetsu - dijo al fin - Hinata y Shikamaru dieron la alarma enseguida y mi equipo fue el primero en responder, ya que se encontraba más cerca. Contactamos con el centro de mando, pero una vez allí todo se nos fue de las manos - confesó - Nuestra idea era dejar al resto de los equipos que siguiera con la búsqueda y, mientras tanto, nosotros nos ocuparíamos de rescataros.

- Espera - interrumpió Ino, ignorando la jerarquía de mando, según la cual la palabra de Gaara prevalecía sobre la suya. Al ninja no pareció importarle, dadas las circunstancias - ¿A qué te refieres con 'nosotros'? ¿Quiénes estáis ahí fuera?

- Hinata, Neji, Shikamaru y yo - respondió Sai - A Kakashi le pareció una buena idea, pero el centro de mando tenía otros planes. Esos malditos consejeros se metieron por medio y decidieron que era una oportunidad idónea para acabar con Zetsu. Quisimos decirles que era demasiado precipitado, pero no escucharon y enviaron a dos escuadrones. Fue un desastre. Zetsu acabó con todos ellos y lo único que consiguieron fue hacerle huir, con lo que le perdimos la pista de nuevo. Fue a causa de la batalla que la montaña se derrumbó. En cuanto Kakashi se enteró, montó en cólera; jamás lo vi tan enfadado. Dejó a Tsunade a cargo de aldea y partió en dirección al centro de mando. Ahora mismo se ocupa de coordinar las labores de búsqueda y de reestructurar la misión. Ha sido él quien nos ha organizado para venir a buscaros - finalizó.

Ino y Gaara permanecieron en silencio, analizando la nueva información. La chica se dio cuenta de que él parecía enfadado, aunque no podía verle la cara, pero lo encontraba tenso. No le faltaba razón. Él había planeado aquella misión hasta el mínimo detalle y lo había hecho de tal manera que no supusiera un riesgo demasiado elevado para nadie. Nada de acciones temerarias, nada de intervenciones innecesarias. Y todo ese esfuerzo se había ido, en parte, por la borda, por culpa de la decisión precipitada de aquellos políticos descerebrados. Ino pensó que no era casualidad que en su aldea, Tsunade siempre hubiera tenido tantos problemas con ellos. No creía que hicieran mal su trabajo, pero estaban acostumbrados a planear las cosas sobre un pergamino y desde detrás de una mesa. Al contrario que los Kages, que también eran ninjas, no comprendían los riesgos que sus planes podían entrañar para los shinobis, por muy bien estructurados que estuvieran. Y muchos cometían el error de considerarlos como un ejército al servicio de la nación, simples armas a las que manejar sobre un tablero. A causa de todo ello, varias decenas de hombres habían perdido la vida el día anterior y eso era algo que, aunque no fuera culpa suya, Ino sabía que Gaara jamás podría perdonarse, tal era para él el valor de la vida humana.

Los minutos se sucedían lenta y tortuosamente para los dos ninjas atrapados. La gran cantidad de roca que tenían sobre ellos amortiguaba cualquier sonido que pudiera llegar desde el exterior, pero suponían que conforme sus compañeros se fueran acercando hasta donde estaban empezarían a oírlos. Dado que no escuchaban absolutamente nada, aún debía estar muy lejos. ¿Cuánto tiempo había pasado? Gaara tenía razón, pensó Ino: no aguantarían mucho más. Como si su pensamiento lo hubiera desencadenado, en ese momento las paredes y el techo temblaron violentamente y algunos trozos de roca se desprendieron. Los dos ninjas se agazaparon aún más y esperaron, encogidos, a que todo pasara. Cuando el temblor remitió, la criatura desconocida que había contactado con ellos en un primer momento, y que ahora sabían que era uno de los animales de tinta de Sai, volvió a trepar por su brazo y se quedó en su hombro. La chica se lo dijo a su compañero y ambos prestaron atención.

- ¿Estás bien? - preguntó Sai de nuevo.

- Afirmativo - confirmó Gaara a su vez - ¿Qué ha sido eso?

- Está siendo difícil encontrar un camino sin comprometer la estabilidad de la estructura - informó el ninja - Las rocas están muy bien encajadas, un solo movimiento en falso y todo se vendrá abajo. Parece ser que vamos a tardar más de lo previsto.

- ¿Cuánto? No nos queda mucho tiempo - dijo Ino, angustiada.

- Quizá un día, dos a lo sumo - contestó Sai con sinceridad.

Ino y Gaara se miraron automáticamente, como un acto reflejo, aunque no podían verse. No hicieron falta palabras, los dos estaban pensando lo mismo. Ya llevaban demasiado tiempo allí; si los trabajos de rescate se alargaban tanto como pronosticaba Sai, morirían sin remedio. No tenían agua ni provisiones, pero ese no era el menor de sus problemas. A causa del primer derrumbamiento y de las posteriores secuelas, el aire estaba muy viciado allí abajo. Pronto se haría irrespirable, si no se agotaba primero, y entonces se asfixiarían. Eran unas perspectivas en extremo desalentadoras. Ino no quería creerlo: cuando pensaba que al fin habían escapado a la muerte, sus esperanzas se destrozaban de nuevo. ¿Es que nunca acabaría aquella pesadilla?

Gaara, por su parte, trataba de ser práctico. Estaba francamente preocupado, esta vez sí lo tenían difícil. Y no sólo eso: no dejaba de pensar en la misión, que aún no había acabado, en los ninjas que estaban ahí fuera cumpliendo sus órdenes. ¿Cómo iría todo? Aunque sabía que estaban en buenas manos ahora que Kakashi se había hecho cargo, no podía evitar sentirse responsable. Ese pensamiento le dio fuerzas: tenía que salir de allí, no podía abandonarlos a su suerte. Pero no iba a ser fácil. Ahora, todo estaba en manos de sus compañeros de afuera. No había nada que ellos pudieran hacer salvo hablar lo menos posible para evitar consumir el aire antes de que el túnel llegara hasta ellos. Gaara no era pesimista por naturaleza pero sabía que, si se salvaban, sería de milagro. Sai había hablado como si el retraso no supusiera mayores problemas, pero todos sabían que el tiempo jugaba en su contra. Si ganaba la carrera, estaban muertos. Además, el pelirrojo tenía otras cosas de que preocuparse. Ino parecía haber llegado a sus límites, psicológicamente destrozada. Si se veía abajo, todo acabaría para ella. Y él seguía estando demasiado débil para tomar el control. Eso lo alarmaba, puesto que no había sufrido un golpe muy fuerte. ¿Habría algo más? Desde luego lo había, una herida en el abdomen, en el costado izquierdo, de la que no había hablado a su compañera. Ya tenían bastantes preocupaciones.

El tiempo seguía transcurriendo lento pero al mismo tiempo veloz. Sai no había vuelto a contactar con ellos, ya que había cortado las comunicaciones después de la última intervención tras avisarles de que no habría más intercambio de información a no ser que fuera absolutamente imprescindible. Seguían sin escuchar ruidos procedentes del exterior y ya no les quedaba nada en que pensar. Torrentes de recuerdos desordenados y difusos se abrían paso por la mente de Ino sin que tuviera ya fuerzas para intentar ponerles freno. Tenía una sed terrible, le dolía la cabeza y empezaba a costarle respirar. Sólo quería volver a ver la luz del sol o morirse, pero fuera lo que fuese, que sucediera pronto. No tenía fuerzas ni para llorar. Y de todos esos pensamientos el que más se repetía era aquel beso con Gaara, ese maldito impulso sin sentido que la atormentaba y la perseguía hasta en las horas previas a su muerte. Ino maldijo no haber sabido controlarse, desear tan desesperadamente que alguien la salvara. La hacía sentir que no valía nada, que lo había perdido todo. Apretó los puños con rabia, olvidándose de que aún tenía las manos sobre los hombros de Gaara. Éste percibió el contacto y sus sospechas se vieron confirmadas, por lo que, a pesar de lo arriesgado que resultaba, decidió hablarle para distraerla. Afortunadamente, la larga estancia en esa prisión había borrado todas las distancias entre ellos. Hasta Ino, tan molesta y recelosa al principio, se había olvidado de ello. Estaban pasando por algo demasiado difícil como para dejar lugar a la frialdad y la corrección.

- Ya deben estar llegando. En cuanto consigan abrir un hueco lo suficientemente grande, entrará más aire y podremos respirar mejor, aunque no hayamos salido - dijo.

Ino no contestó. No parecía compartir sus esperanzas, o quizá no lo encontró necesario, o quizá simplemente detectó la técnica de Gaara y le pareció demasiado evidente como para caer en ella.

- Cuando estemos fuera, nos reuniremos con todos - siguió hablando Gaara - Lo primero que haré será darles las gracias. Después iré al centro de mando a supervisar las actividades. Convocaremos otra vez a los grupos, contrastaremos los datos y reestructuraremos la misión. Y luego, antes de partir de nuevo, iré a ver a mi familia. Le prometí a Asuma-chan que volvería. No puedo fallarle. ¿Y tú que harás, Ino? - preguntó.

Ino prefirió no responder a esa pregunta. Su estómago dio un pequeño vuelco. Cayó entonces en la cuenta de que para ella, la mención del hijo de Shikamaru no le traía a la mente más que el recuerdo de la gran tragedia de su vida. Pero para Gaara era sólo su sobrino. Nunca lo había pensado de esa forma. Y a pesar de que sabía que le dolería, decidió continuar la conversación por ese camino. Quería averiguar cuánto sabía Gaara. Y quería saber más ella también.

- Asuma-chan... Ya veo. ¿Cómo es él? ¿Podría contarme, Gaara-sama, si no es molestia? - dijo Ino con el corazón en un puño.

- Por supuesto - contestó el - Pero a cambio de algo. Llámame sólo Gaara, ¿sí?

- S-sí, Gaara...-san - dijo ella, accediendo a su petición.

El pelirrojo esbozó una sonrisa cálida que su compañera no pudo ver y, acto seguido, procedió a hablarle de su sobrino. Se estaba quedando sin aire y sin fuerzas, la herida le escocía, pero no le importó. Le contó que Asuma-chan era un niño tranquilo y sosegado, un carácter que había heredado de su padre, pero también valiente y decidido cuando se fijaba un objetivo, sin duda como su madre. Era ciego, pero no le importaba. Bien era cierto que, de más pequeño, había llorado noches enteras porque deseaba ser un ninja como sus padres. Pero ellos lo habían arropado y consolado cada una de esas noches diciéndole que no tenía de qué preocuparse, que ellos lo querrían igual y que fuera lo que fuese lo que llegara a ser en la vida ellos lo aceptarían y le darían todo su apoyo para conseguirlo. Desde entonces, Asuma-chan no lloró más. Se esforzó en la academia, sus notas eran excelentes y, aunque no sería ninja, ardía en su interior la voluntad de fuego que su padre le había inculcado. Había oído mucho acerca de Asuma, el sensei cuyo nombre llevaba y del que tanto le gustaba hablar a su padre, y deseaba ser como él en el futuro: capaz de aportar cuanto pudiera para proteger a las personas que le importaban, quizá no en primera línea de batalla, pero sí tras las sombras. Era un cometido tan digno como el de los que luchaban frente a frente con los enemigos, y así se lo dijo su madre.

Ino ya casi no escuchaba. Estaba empezando a marearse por la falta de aire, pero también por la magnitud de sus propios y abrumadores sentimientos. Ese niño podría haber sido uno de los más grandes ninjas de la historia de Konoha, pero ella había acabado con esas esperanzas y había provocado interminables noches de dolor para sus padres, que siempre llevarían encima esa carga. Quiso morirse de una vez y que todo acabara, pero no podía interrumpir a Gaara, siempre era tan fascinante escucharle... Hablaba con adoración de Asuma-chan y su discurso era tan conmovedor que Ino no pudo soportarlo más.

- Basta, por favor. Basta - dijo, casi inconscientemente.

- ¿Ocurre algo, Ino-chan? - quiso saber Gaara.

- Yo... yo no... No puedo... - balbuceó la rubia, no sabía muy bien qué decir - No puedo...

- ¿Ino-chan? - Gaara estaba confuso.

Estaba absolutamente fuera de control. Había sucumbido a sus emociones de tal manera que, en el momento y lugar menos apropiados, parecía que iba a liberar todo lo que había estado reprimiendo en su interior durante años. Pero ¿qué otra cosa podía hacer? Escuchar a Gaara hablar así de Asuma-chan era superior a sus fuerzas. Tenía que saber la verdad. Era su familia. Tenía que odiarla, como Shikamaru, como Temari. No podía seguir soportando su amabilidad, que se preocupara por ella... Empezó a respirar muy rápido, necesitaba aire, estaba ahogándose.

- ¡Yo tuve la culpa! - gritó al fin, con sus últimas fuerzas - ¡Yo tuve la culpa de que Asuma-chan naciera así!

Gaara no podía hablar. Estaba demasiado impactado y confuso. ¿Por qué Ino decía eso? No entendía nada. Quiso preguntar, pero no le salían las palabras. Entonces se dio cuenta de que Ino parecía más calmada, pero al instante comprobó que no era así. Haciendo un enorme esfuerzo, se arrastró como pudo y tanteó el suelo de piedra hasta dar con ella. No respiraba. Maldijo en silencio. La herida le dolía de forma insoportable y le parecía que una densa niebla se había introducido en su cabeza, impidiéndole pensar con claridad. Sus movimientos y hasta sus pensamientos eran lentos y torpes. Eso sólo podía significar una cosa: el aire se había acabado y aún no había rastro de sus compañeros. Gaara se dejó caer al lado de Ino y, casi sin darse cuenta, rodeó su cuerpo con los brazos y rozó sus labios levemente antes de perder el sentido.


Y esto es todo por esta vez. ¿Qué les pareció? ¿Demasiada angustia? Yo personalmente amé a Gaara, es tan lindo... Pero no quiero que se salga de la faceta de su personaje real, así que está siendo realmente complicado escribir esta historia sin caer en el OOC. En verdad, esos dos ni siquiera hablaron así que respetar sus caracteres originales y enredarlos juntos no es cosa fácil. Espero que les esté gustando, porque esto se está acercando al final. Pero no hablemos aún de eso que todavía queda tela por cortar antes de que eso pase. Por el momento, pueden decirme lo que quieran sobre este capítulo o sobre el fic en un review, no tengan miedo. Yo los leeré encantada ^^

Matta ne!

Karin16