Y con esto se termina este fic, ¡gracias por leer! n.n


#10 - Vicio


Simplemente no había manera de detenerse. No encontraba una razón y menos la voluntad para hacerlo

El sabor que le brindaba la boca de Alemania era inigualable

Enredó los dedos en ese cabello rubio suave que antes creyó seco

Pegó su pecho al de él, el que alguna vez odió por su dureza, pero que ahora lo aplastaba con placentera fuerza

El calor, el contacto, la forma en que sus cuerpos se complementaban era algo imposible, algo que jamás se le hubiera ocurrido; algo que disfrutaba más que nada por el hecho de la sorpresa y lo que lograba al fin con ello

Todo ese tiempo deseó que sucediera

Gimió en su oído al sentir los finos dedos acariciar sus piernas por encima de la tela; el modo en que las subió hasta su cintura y la forma en que logró que se afianzara le pareció sublime, magnífico

Maldito macho patatas, sabía lo que hacía

Pero sobre todo, lo sabía él. Era consciente y no tenía la mínima intención de detenerlo

Porque sin importar cuánto lo negó y cuanto se esforzó por dar la imagen contraria, siempre hubo un espacio para la imaginación

Para imaginar cuál sería la textura de sus manos sobre él, la temperatura de su cuerpo, la ternura y la inocente torpeza para comenzar dado que no tenía demasiada experiencia en aquellos menesteres

Si se volvió un vicio fantasear con ese acto, ahora estaba completamente perdido al saberlo realidad y sentirlo en plenitud

Ya no había salvación, y no la quería dado que las caricias, los frotes y los besos constantes que sostenían llenaban la habitación junto con sus respiraciones aceleradas, unas que no había visto venir en la discusión que sostuvieron antes sobre los wurst y la pasta

¿A quién le importaba eso ahora?

Gimió otra vez cuando una mano curiosa empezó a acariciar su entrepierna sobre el cierre del pantalón

Se volvería un vicio, lo sabía: estar con Alemania de esa manera no podía ser la última vez. No podía pensar en que así sería

No cuando realmente, con todo lo que alguien como él era capaz de ofrecer, quería entregarle cada fragmento de lo que se había atrevido a denominar amor

Amaba a Ludwig, y por eso sería un vicio, algo que lo enfermaba y lo consumía, pero que no se atrevía a abandonar, y mucho menos a pensar que no lo necesitaba

No se atrevería a mentirse a ese grado, y tampoco a él

Detuvo un momento los besos, y con lo que podía hacer de un grado impensable de sinceridad, lo abrazó

Lo hizo tan fuerte, con calor y afecto que se negó incluso a sí mismo

Él permaneció quieto, aunque cerca, muy cerca como para lograr que la respiración y el palpitar se aceleraran más de lo imaginado

Distinguió su calidez, el aroma, todo aquello que lo formaba como el maldito macho patatas que lo orilló a aquello

Se lo merecía

Ese alemán merecía saber de palabra qué le esperaba y qué implicaba ese momento. Era necesario para los dos

-Te amo – le susurró sin mirarle, con calma

No estaba nervioso, porque era el instante perfecto

Lo sintió temblar

Eso fue adorable

-Y-Yo… también, Romano – respondió con voz queda – También te amo

Era su fin, la condenación a un vicio que lo volvería demente

-Está bien por mí

Y lo volvió a besar, ayudándole a desabrochar su camisa mientras él se ocupaba de la bragueta

No encontraba razón, y así lo quería