DISCLAIMER: Los maravillosos personajes de esta historia le pertenecen a la grandiosa J.K. Rowling (Si fueran míos Draco y Hermione se hubieran casado y hubieran vivido felices forever and ever and ever…) La trama es producto de mi imaginación.


RAZÓN No X: ORGULLO COMPLETAMENTE DOBLEGADO PARTE I

Había pasado tan sólo una noche desde que Draco Malfoy fue capaz de reconocer sus sentimientos hacia Hermione Granger y había sentido su corazón siendo arrancado de su pecho en el intento. Sabía que se lo merecía, tal vez eso y mucho más por haber sucumbido ante la cobardía de querer mantener su estatus frente a un grupo de gente ignorante que ya ni siquiera le importaba y haber lastimado a aquella que era la única luz en su oscuro camino.

Estaba literalmente desecho, como si un millón de crucios lo hubieran golpeado al tiempo sin dejarle siquiera derecho de suplicar clemencia, de la misma manera como ella no había querido escucharlo. Pero se lo merecía por todo aquello que había sido capaz de decir y más porque aun cuando las palabras le hubieran cortado la garganta como cuchillos afilados al salir de ella, no había tenido el suficiente valor para impedirlo y ni siquiera podía justificarse en el hecho de no ser un Gryffindor porque algún día se había dicho a si mismo que las serpientes también pueden ser valientes.

¿Qué eran esos malditos insultos después de todo? Hace mucho que habían perdido el sentido de cualquier manera siendo sólo semántica para él, pero para ella quien había quedado en la mitad del fuego cruzado habían significado una muerte súbita que terminó por llevarse consigo el trozo más grande del alma de él.

Y allí estaba, recostado en su cama como una piltrafa humana que respiraba por inercia. Nunca pensó que se iba a sentir tan afectado por perder algo que jamás había sido suyo y menos tratándose de alguien a quien se dedicó a intentar enterrar con los años, manteniendo masoquistamente algunos pedazos de su esencia en objetos que consiguió robar alguna vez, tratándola a ella en persona como lo peor, sobre todo delante del resto del mundo.

Siempre se consideró a si mismo superior porque fue aquello que le enseñaron a creer, pero hubo un momento de su vida donde fue consciente de su propia desgracia. De nada le servía ser un príncipe orgulloso de su estirpe si su princesa estaba precisamente al otro lado del rio de muerte que representaba la pureza de la sangre.

Le habían inculcado el odio por todo lo que no se pareciera a él y en cambio había aprendido a amar aquello que era extremadamente contrario y que por consiguiente se había convertido en algo nocivo para su propia existencia. Se había extasiado noches enteras con su aroma y su imagen como un enfermo que sólo encontraba salvación refugiándose en ella y ahora cuando había podido tenerla entre sus brazos y sus labios habían sido solo suyos la había perdido de la misma manera fugaz.

Unos pasos aproximándose a su cama hicieron que instintivamente colocara sobre su cuerpo la abullonada sabana verde esmeralda de su cama como si ello pudiera protegerlo de los intrusos.

—Draco, vas a llegar tarde a transformaciones —la voz de Theo podía escucharse claramente aun dentro de su refugio.

—No pienso ir —dijo haciendo un esfuerzo sobrehumano por hablar.

—¿Por qué? ¿Qué diablos te sucede? —insistió el chico con renovado interés.

—No te incumbe, así que por tu bien mejor déjame en paz —contestó esta vez de manera arrogante.

—Sólo intento que no hagas más estupideces de las que ya has hecho —agregó el chico con serenidad.

—No quiero repetirlo Nott —dijo el rubio arrastrando las palabras.

—Ni yo tampoco Malfoy —lo desafió.

—¡QUE ME DEJES EN PAZ! —exigió el rubio exasperado sacando su rostro de entre la pesada sábana para encontrarse con que su amigo seguía impasible.

—No sé exactamente qué diablos te sucede pero de lo que si estoy seguro es de que Granger tiene mucho que ver —el rubio se quedó estático en su lugar mientras su amigo proseguía—. No me creas idiota Malfoy, he visto como la miras y lo mucho que ha cambiado tu actitud hacia ella —Theo hablaba con tanta serenidad que Draco se sintió irritado, esa no era la reacción que hubiera esperado de alguien como él—, además, he notado que te has escabullido de la habitación todas estas noches y has regresado a altas horas de la madrugada y Merlín sabe que me mantengo al margen de tus asuntos, pero estoy muy seguro de que ibas a verla a ella en la enfermería.

—¿Qué? —Draco trató de mantener su máscara de indiferencia pero era tarde pues estaba totalmente expuesto.

—No he terminado aún —continuó Theo—. Estoy muy convencido de haber visto tu lucha interna cuando dijiste todas esas tonterías sobre ella que por cierto no me he tragado, pero me parece que de verdad has debido tener pantalones para liberarte por fin de todo eso —Draco no podía articular palabra alguna mientras Theo parecía estar hablando de un tema tan normal como el clima.

—¿De dónde has sacado todo eso? —preguntó cuando por fin fue capaz de recuperar su voz.

—No necesito ser adivino para verlo en tus ojos pero la razón principal es que he vivido en carne propia algo como lo que has pasado tú, claro con la diferencia de que yo tomé la decisión correcta a tiempo.

—¿De qué diablos estás hablando? —el rubio ahora estaba más interesado en la conversación.

—De que también estoy enamorado de una chica prohibida para mí por los estúpidos preceptos que me inculcaron —contestó Nott serenamente pero estudiando bien la reacción de su amigo.

—No sé de qué estás hablando —dijo Draco restándole importancia.

—Es más fácil mantenerse en negación amigo pero créeme, llegas a un punto en que no lo soportas más y te importa un bledo hacer una tontería aun cuando tengas una enorme audiencia a la expectativa.

—Pero…

—No te preocupes, si quieres puedes seguir lamentándote bajo las sabanas y encerrado en estas cuatro paredes mientras te pierdes de un mundo de posibilidades que tal vez puedan devolverte lo que anhelas —Theo caminó hacia la puerta del dormitorio—. Todo en esta vida está hecho de decisiones, Draco y sólo tú deberás vivir con las consecuencias de ellas.

Y dicho esto Theodore Nott salió de la habitación dejando a Malfoy sentado sobre su cama, pensando el aquellas palabras que ya antes le había dicho Dumbledore.


Hermione no había podido dormir durante casi toda la noche y muestra de ello eran las bolsitas bajo sus ojos y los surcos negros que las delineaban. Se reprochaba a sí misma una y otra vez el haberse dejado arruinar el descanso por alguien que no valía la pena y mucho más sabiendo que había demasiadas cosas importante en que pensar como el hecho de que las pesadillas de Harry cada vez eran más recurrentes.

Dumbledore había decidido que era imprescindible el que el chico aprendiera oclumancia para evitar cualquier invasión por parte de Voldemort a su mente que no sólo implicara poner en peligro al mismo Harry sino también a las personas a su alrededor y aun cuando ella debía ser un apoyo para su amigo no podía pensar en nada más que en su decepción al escuchar a Malfoy pregonar a los cuatro vientos la razón que había sido la discordia entre ellos por tantos años y que ella pensó erróneamente que por fin parecía haberse disipado.

Que tonta era.

Caminaba por los pasillos rumbo a su clase de transformaciones cuando se topó nada más y nada menos que con el mismísimo Malfoy quien se quedó como detenido en el tiempo observándola tal vez con la firme intención de hablarle, lo cual se habría hecho realidad de no ser porque la castaña huyó de inmediato.

Durante la clase se dedicó de la misma manera a ignorarlo, a pesar de ser consciente de que el chico no hacía más que observar en su dirección y conforme empezó la clase de McGonagall hasta el final, Malfoy no pudo hacer más que morder el polvo dejado por la chica cada vez que se alejaba, burlando sus planes de acercársele.

Pero no podía ignorarlo el resto del tiempo y menos cuando ya sólo faltaban días para el baile de navidad. La verdad era que ahora tenía menos ganas de ir que antes y estaba pensando en la excusa perfecta para poder zafarse de aquella responsabilidad. Dumbledore tenía que entender que esa había sido una mala idea desde el principio y como fuera hallaría la manera de enmendar ese error pues aunque días atrás suspiraba como una tonta por Draco Malfoy ahora no estaba muy segura de sus sentimientos hacia el rubio.

¿Cómo podían haber cambiado las cosas en tan poco tiempo? ¿Y cómo era que ahora todo volviera a ser como al principio? Por el bien de ambos era mejor que todo se hubiera quedado como estaba para no tener que pasar por tantas complicaciones que ahora significaban un deterioro aun mayor de la situación. Antes se ofendían el uno al otro por prejuicios fundados en teorías arcaicas de la sangre, ahora ni siquiera eran capaces de mirarse a la cara con indiferencia.


El jueves de esa semana la escuela había preparado para los chicos una excursión al pueblo mágico de Hogsmeade, cuyo único fin en realidad era poder prepararse para el baile de navidad. Dumbledore había pedido amablemente a Madame Malkin que estableciera una tienda temporal en el lugar para que los chicos pudieran comprar allí sus trajes de gala para el evento y aunque la mayoría estaban más que emocionados, algunos otros dudaban presentarse esa noche.

—Hermy ¿Ya pensaste lo que vas a usar en el baile? —preguntaba animadamente Lavender que sólo esperaba llegar al pueblo para correr por su vestido.

Hermione quien estaba dejando que su mente vagara entre la nieve que cubría las laderas, ignoró el comentario intentando pasar de las miradas curiosas de Ginny y Parvati.

—¿Hermione estas bien? —preguntó la pelirroja tratando de centrar la atención de la castaña—. No has dicho una palabra desde que salimos de Hogwarts.

—Estoy bien, no te preocupes ¿Qué decían? —preguntó intentando parecer interesada cuando en realidad aquello era lo último de lo que deseaba hablar.

—Decíamos que si has pensado en lo que quieres usar para el baile —repitió Parvati.

—Ah, el baile… —se quedó pensativa unos instantes sin saber que decir pues el insinuar que no deseaba comprar un vestido le supondría demasiadas explicaciones que no se encontraba en la facultad de dar así que pensó que tal vez las evasivas serian un mejor camino— Ya veremos.

Las chicas caminaron por las calles adoquinadas y totalmente cubiertas de nieve mientras el resto de sus compañeros se dividían entre los diferentes locales del lugar para comprar dulces, bromas y toda clase de chucherías para llevar al castillo, sin embargo, el sitio que estaba mayormente atestado de gente como lo había predicho la castaña era la tienda de ropa de la prestigiosa diseñadora del mundo mágico.

—Démonos prisa o no conseguiremos buenos atuendos —dijo Lavender halando prácticamente a sus amigas quienes decidieron seguirla.

Mientras tanto en otra parte del pueblo un chico rubio platino caminaba en compañía de sus amigos que no dejaban de tontear comparando las jugadas de Ravenclaw y Hufflepuff a lo largo de la temporada de quidditch. Ciertamente no había tema que le interesara menos que ese pero al ver que era imposible callarlos decidió empezar a ignorar por completo lo que decían Crabbe y Goyle.

Durante unos minutos se quedó contemplando el lugar que cubierto de nieve se veía muy diferente de la última vez que estuvieron allí y no tardó el reparar en cierta chica de rizos castaños que en compañía de sus amigas entraba a la tienda que Madame Malkin había instalado temporalmente allí.

¿Iría por su vestido para el baile?

Había estado muy seguro de que ella no asistiría al mismo después del horrible desaire que se había llevado por su culpa, pero el hecho de que estuviera interesada en comprar un atuendo le devolvía la esperanza que parecía haber perdido justo en el momento en que ella replicó sus horribles palabras.

Tenía que lograr que lo escuchara pero sobre todo hacerle entender que él ya no era el mismo cretino de años atrás que llego a tratarla mal por una estúpida creencia inculcada por personajes que a esta época yacían metros bajo tierra.

Y era la verdad, él ya no era el mismo niño inmaduro cuya boca repitió por años muchas palabras que ni siquiera eran suyas. Palabras que nunca llegó a adoptar del todo porque de haber sido así jamás hubiera sido capaz de aceptar lo que sentía por ella. Cuan tonto había sido perdiendo el tiempo comportándose como un arrogante y pasando de ella cuando lo único que siempre había deseado era tenerla a su lado. ¿Sería muy tarde para lograr que lo perdonara? No lo sabría hasta intentarlo.

Debía aceptar que no había hecho mucho para lograr su perdón pues al principio había optado por encerrarse en sí mismo a lamentarse y luego tan solo había tratado de encontrar el momento perfecto para acercarse desistiendo cada vez por el empeño de ella por huir, pero se puso a pensar que si esperaba por ese momento podría quizás pasarse la vida en ello perdiendo para siempre lo único que valía la pena para él.

Así que con renovado valor decidió ir a buscarla y exigirle que lo escuchara aunque luego de ello optara por no volver a dirigirle la palabra nunca más. Sería mejor aquello que perder todo lo que había logrado solo por el temor de intentarlo y fracasar. Podía tragarse su orgullo por una vez en su vida pues aunque le habían enseñado que un Malfoy jamás se doblega ante nada o nadie, el amor podía ser la perfecta razón para empezar a hacerlo.

—¿A dónde vas Draco? —preguntó Zabini viendo que el rubio empezaba a alejarse del lugar.

—Tengo algo que resolver —dijo sin voltear a verlo pero percibiendo las miradas de todos en su espalda y aunque no pudo asegurarlo estaba más que convencido de que en especial uno de sus amigos consideraba que había tomado la decisión correcta y estaba en lo cierto pues Theodore Nott sonreía con orgullo por la determinación de su amigo.


La tienda de Madame Malkin era toda una locura. Parecía que todas las alumnas de la escuela estaban allí probándose y cuchicheando sobre los hermosos modelos de gala que estaban exhibidos. El lugar era todo color y magia y en el instante mismo en que las chicas ingresaron allí, cada una se dirigió a buscar el vestido perfecto, todas menos ella. Hermione vagaba entre las diferentes telas y cortes del lugar sin fijar su vista en ninguno especialmente porque estaba muy segura de no necesitar ninguno.

No obstante había alguien que la estaba observando detenidamente y que la abordaría justamente cuando menos se lo esperaba.

—¿Ya elegiste tu vestido querida? —la voz de Madame Malkin resonó a la espalda de la castaña que de inmediato se giró.

—Creo que no tendré oportunidad de usarlo —contestó palpando la suavidad de un vestido satinado a su lado.

—¿No tienes pareja para el baile? —se interesó la mujer que acomodaba un hermoso modelo rojo a su costado.

—Algo así —dijo Hermione sintiendo que no mentía.

—Tonterías cariño, no necesitas a un hombre para lucir un bello vestido —se acercó y posó su mano sobre el hombro de la castaña—. Ven, acompáñame, quiero mostrarte uno de mis favoritos —y diciendo esto ambas se dirigieron a un probador.

Draco llevaba rato esperando que Hermione saliera de la tienda de Malkin, la había visto entrar pero estaba seguro que no había salido aún y mientras la esperaba, intentó concentrarse en cualquier movimiento del pueblo que estaba particularmente concurrido el día de hoy, pero como era de esperarse, todo fue en vano pues siempre volvía sus ojos al mismo lugar.

¿Cuál sería sus siguiente movimiento? Pensaba para sí mismo pues no había reparado en el hecho de que la castaña no andaba sola y que de seguro ya les había platicado a sus amigas sobre lo sucedido con él, lo cual haría imposible cualquier intento de acercamiento. Estaba perdido pero aún así no se rendía. Daría la pelea hasta el final, toda la vida le habían dicho que era un cobarde y eso era algo que pensaba empezar a cambiar.

Y luego de lo que le pareció una eternidad, la vio salir pero a diferencia de lo que había estado esperando extrañamente Hermione no iba con sus amigas sino que estaba acompañada por la mismísima Madame Malkin.

No dudó ni un segundo y frotándose las manos enguantadas se dirigió al lugar donde ella salía con una mano de la diseñadora mágica en su hombro.

—Que lastima que no te decidieras, el vestido turquesa te quedaba extraordinario —decía la mujer a la castaña percatándose del chico que estaba frente a ellas— ¡Sr. Malfoy! —lo saludó.

—Madame Malkin —contestó él haciendo una reverencia a la mujer que era una conocida de su madre.

—Espero que su madre se encuentre bien —prosiguió ella aun con su mano sobre el hombro de Hermione.

—Así es muchas gracias.

—Llévele saludos de mi parte —concluyó dejando libre a la castaña quien sólo se había limitado a escuchar la conversación entre ambos.

Al ver la intención de la chica por irse Draco fue más rápido abriendo sus labios.

—Hermione ¿Podemos hablar? —estaba nervioso pero no era el único pues la chica al escucharlo llamarla por su nombre sintió que sus piernas temblaban, sin embargo, no lo demostró y se mantuvo impasible.

—Muchas gracias Madame Malkin, ha sido usted muy gentil —contestó la chica dirigiéndose a la mujer e ignorando por completo al rubio.

—No te preocupes querida, ha sido un placer —Malkin se despidió no sin antes observar a ambos chicos esbozando una sonrisa que ninguno de los dos entendió para luego retirarse y dejarlos solos.

—¿Qué quieres? —preguntó la castaña secamente echando a andar hacia las tres escobas donde había quedado de verse con sus amigas quienes hace algún rato habían salido de la tienda.

—Hablar —dijo él, caminando a su lado aligerando el paso. Esta vez no se escaparía.

—Creo que no hay mucho de qué hablar —contestó secamente sin detenerse.

—Hermione por favor —Draco tomó de la muñeca a la castaña que sintió como miles de corrientes recorrían su cuerpo no solo por el contacto sino también porque hubiera pronunciado su nombre de nuevo.

La castaña de inmediato cambió su rumbo redirigiéndolo hacia un lugar alejado de la concurrencia del pueblo, lo cual el rubio asumió como un asentimiento obligándose a seguirla como un perro faldero.

Cada vez estaban más alejados de la plaza central del pueblecillo, lo cual le dio una idea del lugar al que se dirigía la castaña quien se detuvo justo frente a la casa de los gritos. ¿Acaso pretendía que entraran allí? De inmediato pudo recordar un pequeño sustillo que se llevó en tercer año cuando algunas bolas de nieve impactaron en su rostro luego de haber estado molestando a Granger y a Weasley justo en ese mismo lugar, ahora que lo pensaba jamás entendió lo que había sucedido.

Hermione se detuvo junto a la verja que encerraba la casa encarándolo y permitiéndole ser consciente del sonrojo de sus mejillas que de seguro habían adoptado ese color por el frio y no porque de alguna manera pudiera sentirse apenada pues su rostro demostraba que en cambio seguía enojada.

—¿Y bien? —pronunció con indiferencia instándolo a decir todo aquello que había estado ensayando con antelación y que extrañamente ahora no le salía. El, el gran Draco Malfoy se había quedado sin palabras frente a una chica que toda su vida le enseñaron a ver como inferior.

—Yo quería explicarte… —empezó a titubear enojándose consigo mismo por lo ridículo que se veía.

—Al grano Malfoy, mis amigas y una cerveza de mantequilla me esperan en la taberna de Madame Rosmerta —sus palabras adquirieron el tono mordaz que ayudó a Malfoy a decidirse a hablar.

—Lo lamento —dijo casi en un susurro esperando por la reacción de la castaña que pareció no inmutarse ante sus palabras.

—¿Eso es todo? —preguntó ella frunciendo el ceño.

—No, claro que no —contestó preparándose para seguir.

Malfoy no podía creerlo. Si en algún momento de su vida le hubieran dicho que iba a estar bajo el frio del invierno disculpándose con una chica, habría hecho que esa persona pagara su insolencia a punta de crucios. Un Malfoy jamás se disculpa y menos acepta que se ha equivocado.

Pero así era y ahí, en medio de laderas blancas por la nieve y lejos del resto de visitantes del pueblo él deseaba más que nada que aquella chica se compadeciera y lo perdonara por su estupidez. Era de humanos equivocarse y ni siquiera aquellos con sangre pura estaban exentos de aquello. Sin embargo debía hacer más, así que en cuanto fue consciente de eso caminó hacia la castaña haciendo que instintivamente ella retrocediera tomando aquello como una advertencia y decidiendo desistir del contacto que anhelaba.

—He sido un idiota o más que eso, me he comportado como todo un cobarde diciendo una cantidad de tonterías que ni siquiera sentía —Malfoy decidió que era tiempo de abrirse a ella como nunca lo hizo con nadie y al ver que la chica guardaba silencio expectante decidió seguir declarando—. Toda mi vida me enseñaron que era un ser superior y que debía tratar con desprecio todo aquello que fuera diferente de mí, me inculcaron valores importantes pero también ideas erróneas acerca del mundo en que vivía —hizo una pausa para mirarla fijamente— y yo las habría seguido al pie de la letra de no haber sido por ti.

Hermione permanecía aún en silencio, estudiando cada frase y cada gesto del rubio tratando de encontrar algún fallo en su declaración pero todo parecía perfecto, sin embargo, no caería con el dos veces pues él era un hábil mentiroso que de seguro estaba tratando de embaucarla otra vez con sus palabras.

—Aún recuerdo la primera vez que te vi —parecía hablar más para sí mismo que para ella—. Estabas tan bonita con tu cabello revuelto y tus enormes y curiosos ojos chocolate y enseguida supe que serias mi perdición —sus ojos de inmediato tomaron un matiz triste— y eso fue algo que comprobé una vez supe de tu linaje —volvió a tomar una pausa—. Sé que he sido un bastardo contigo desde entonces pero he llegado a comprender perfectamente las razones por las cuales lo hacía. Estaba negándome a mí mismo lo que ha sido evidente tan sólo hasta el momento en que te tuve y vi que te perdía —intentó acercarse de nuevo pero esta vez ella no retrocedió—. Hermione, me equivoqué contigo de miles de maneras principalmente porque quise creerme eso de que eras inferior solo para justificarme y olvidarte…

La había dejado sin defensas ante aquello. Ella que había pensado miles de perjurios para gritarle, tan sólo lo observaba fijamente y para el momento en que él tomó su mano no pudo más que ceder a ello.

—…Pero ahora que he tenido la oportunidad de alcanzarte lo único que anhelo es estar contigo —sus ojos fijos en los de ella no se parecían en nada a los del chico arrogante que siempre había sido— y sé que se nos vendrá el mundo encima porque ni los tuyos ni los míos lo aceptaran pero estoy seguro de una cosa: quiero permanecer a tu lado y luchar contigo en esta guerra que se avecina, quiero protegerte y vivir cada día porque cambies la horrible imagen que tienes de mí —Hermione había bajado la guardia por completo y su cabeza estaba hecha un rio revuelvo en tiempo de lluvia—. He sido arrogante y tal vez lo sigo siendo pero si tú me aceptas te aseguro que daré mi vida si es necesario por cuidar de ti.

Estaba hecho. Había dicho todo aquello que sentía aun cuando la castaña no había sido capaz de articular palabra. ¿Esa era una buena señal? Sin embargo, se había imaginado de todo al momento de practicar su monologo: que ella refutara, Lo insultara e incluso lo golpeara diciendo que no le creía pero nada lo preparó para lo que vino a continuación.

—Malfoy yo… —Hermione sentía el corazón bombearle fuertemente en el pecho e incluso las lágrimas casi asomar en sus ojos porque jamás esperó algo como eso, es cierto que antes le había dicho que la amaba pero el discurso que acababa de pronunciar era perfecto en su totalidad y significaba más de lo que hubiera imaginado y ella no estaba preparada para eso— Lo siento… —Dijo soltándose lentamente de su agarre— No puedo hacerlo —. Y dicho esto se encamino de nuevo hacia la taberna dejándolo solo.

Malfoy se quedó en su lugar como una estatua tan solo viéndola marcharse mientras empezaba a nevar tanto en el ambiente como dentro de su corazón.


Mis queridos lectores y lectoras lamento decirles que ya casi me despido de esta historia que me ha encantado tanto escribir y la cual me ha traído tantos momentos gratos. Agradezco a quienes se tomaron el tiempo de leerla y de comentar como también aquellos que la pusieron entre sus favoritas o la empezaron a seguir. El próximo será el último capítulo pues aunque debió ser este me pareció justo tomarme otro espacio y regalarles un poquito más de mi imaginación. Sin embargo, para quienes me han hecho en comentario de que quisieran que fuera más larga les cuento que no es posible porque por eso se llama "10 razones" y la última solo la he dividido en dos, no obstante como bien propuso mi querida Pao, yo ya venía pensando en una historia que sea la continuación de esta y que les aseguro nos dará entretención por un rato más, además de que es necesaria porque sino habrían cosas que se quedarían sueltas… Como dijo una persona por ahí… Aún hay una profecía en el aire…. Incluso he estado pensando en un título y creo que se lo voy a atribuir a Hermione.

Habrá que esperar de todos modos y mientras tanto deseo que hayan disfrutado de este capítulo. Infinitas gracias a los comentarios de mis queridas Pao Malfoy Cullen Uchiha, CynthiaMellark, Mutemuia, Liz Malfoy Granger y Patsmasen. ¡Amé leer sus apreciaciones!

Un beso enorme…

¡Travesura realizada!