10: Fuegos Cruzados
La música.
Así era como trabajaban. Así era como debían influir sobre la mente de las personas para poder controlarlas y convencerlas de que todo lo que ocurría era totalmente natural, o no había ocurrido. La letra podía ser quizá lo menos importante de la canción, a lo mejor era algo en la escritura de la partitura o en la elección de los instrumentos. ¿Cómo podían despertar tanta admiración? Al verlas dando un recital, el cierre del Desfile de Mascotas, Sun-mer y Moonz tuvieron la oportunidad de contemplarlas en acción. Las canciones de las Rainbooms no sonaban nada mal, incluso Moonz hubiera seguido el ritmo si no fuera porque sabía la "verdad" sobre la banda. Ambas amigas se mantenían a prudente distancia del escenario, detrás del todo el gentío que se arremolinaba en la pista, bailando y cantando o haciendo algo, parecían como hipnotizados, aunque no tanto, —al parecer de Sun-mer— como el público en el concierto de Shadagio en Búfalo's Club. Todavía se tomaba con cierto escepticismo lo que la pandilla de Adagio les había contado. Y su humor no estaba de la mejor manera. Sólo quería irse al hotel, pedir servicio a la habitación y echarse en la cama a engullir su cena, con unas cuantas Dash de por medio, y finalmente dormirse, quizá para siempre.
—¿Segura que estás bien? — volvió a preguntar Moonz, la notaba extraña desde que se habían reunido luego de separarse para explorar el sitio.
—Sí, lo estoy — respondió Sun-mer secamente. No sabía por qué le impactaba haber visto a Stargazer con la impostora, en realidad ni siquiera se imaginaba que él todavía estuviera en la ciudad. Creía que se había marchado después de su… pelea. Pero, conociéndolo, era razonable que se hubiera quedado, porque buscaba lo mismo que ella: llegar al fondo de todo eso. Debía estar al tanto del potencial mágico de esas chicas y quería descubrir de dónde salía.
—¿Qué podemos hacer? ¿Sabotear su equipo para que ya no puedan cantar y la gente reaccione? ¿Provocar algún incidente…?
—No, no lo creo, esas son ideas muy tontas y arriesgadas. Esto no es una película, Moonz, las cosas no se resuelven mágicamente por hacer alguna estupidez heroica.
—Pero tiene que haber algo que podamos hacer… yo sé que esta frase es muy cliché, pero es cierto…
—¿Y qué se supone que vamos a hacer, Moonz? Míralas en el escenario, mira a esta gente. Si realmente tienen tanto poder, ¿qué tenemos nosotras para enfrentarlas? ¿Qué puede servir de arma contra su magia? Eso no va a venir a nosotras así como así, y de llegarme espontáneamente un objeto mágico, yo sería incapaz de manipularlo… ni siquiera tú, que te has leído todos esos libros de fantasía.
—Lo sé, lo sé, pero no necesitamos esas cosas… podemos usar, no sé...
—¿Y entonces qué? — la interrumpió Sun-mer — ¿Vamos a llamar a la policía, al ejército, a las unidades especiales? ¿Vamos a decirles: "Hola oficial, un grupo de chicas mágicas quiere esclavizar a la ciudad para ponerla al servicio de una princesa malvada de otro mundo"?
Moondancer permaneció callada por un momento. No quería rendirse, no quería volver a Equustrópolis sin haber intentado algo contra esa amenaza que se cernía sobre Canterlot City y que podía extenderse a todo el territorio. Apeló a todo lo que conocía para pensar en algo, lo que fuera. Recordó los juegos de rol y estrategia que solía jugar con Sunburst (amigo [?] nerdísimo y friki, como ella pero no tanto), y se le vino a la mente una idea que, de principio, al menos podría ayudar.
—Hey, Sun-mer — dijo finalmente, captando la atención de la pelifuego, que parecía estar concentrada en otro tema durante el breve instante que se había mantenido pensando — no necesitamos tomar fusiles y atacarlas con plomo. Recuerda que algo básico en cualquier operación es saber cómo actúa el enemigo. Observar cómo se desenvuelve ante una situación problemática, estudiar sus movimientos y eso, creo que ya lo habíamos hablado…
—Sí, lo recuerdo. Pero cualquier cosa parece tan inverosímil...
—Puede ser que hagamos eso, y también… pues… no necesitamos usar las mismas armas, sino sus armas.
—¿Qué quieres decir? — preguntó Sun-mer, aunque ya se intuía la respuesta.
—Ya conoces la frase "darles de su propio chocolate". Si pudiéramos conseguir al menos un par de esos cristales…
—Oye, oye, oye, ¿y de dónde vamos a sacarlos? ¿Las vamos a golpear para arrancarlos de sus cuellos?
—Mmm, deberíamos intentar algo menos… agresivo.
Sun-mer volvió a dirigir su mirada al escenario. No iba a resultar una empresa fácil. Ni mucho menos segura… sobre todo teniendo en cuenta un detalle importante.
—Recuerdas lo que pasó con Gloriosa Daisy, ¿verdad? La encargada de ese campamento en medio del bosque… y la alumna de esa pretenciosa preparatoria...
—¿Qué tiene que ver Sci-Twi?
—Moonz, ellas perdieron el control por ser incapaces de manejar la magia, — explicó Sun-mer, con mucha seriedad — entonces, en el supuesto de que obtengamos uno solo de esos cristales, si es que realmente funcionan, ¿crees que seamos capaces de utilizarlos sin que nos ocurra lo mismo?
Aquellas palabras asustaron a Moondancer, y pronto se imaginó convertida en una criatura terrible y enloquecida, cuyos ojos brillaban con un resplandor antinatural mientras atacaba a todo el mundo, disparándole embrujos a todos mientras reía desbocadamente. Y eso podría provocar que ella cayera en las manos de la impostora, al verse ésta obligada a intervenir para evitar un desastre mayor. Si por lo menos, así había sido con Sci-Twi. No quería eso, por nada del mundo quería eso. ¿Y entonces qué? ¿En quién podrían confiar?
—¿Y las chicas del club Búfalo? Ellas provienen del mismo mundo, seguramente saben cómo hacer. — propuso Moonz — Después de todo, han tenido más contacto con la magia que nosotras.
Shimmer meneó la cabeza negativamente.
—No creo que nos quieran ayudar realmente… es probable que sólo quieran engañarnos y usarnos para apoderarse de los recursos de la impostora y usar ese poder para ellas.
—Sigues sin confiar en ellas.
—Por supuesto que sí. Su historia podrá resultar convincente y todo, pero hay cosas que no tienen sentido para mí. Por ejemplo, que estén trabajando en un club nocturno a varios kilómetros de aquí, en vez de, no sé, permanecer más cerca y en un bajo perfil, para poder espiar mejor las actividades de estas chicas. Y no me vengas con eso de que las corrieron y de que ahora no pueden regresar, si eres lo suficientemente inteligente, encuentras la manera de cumplir tu misión.
Finalmente, Moonz suspiró, y su sentido de la heroicidad se aplacó un poco. Pero entendió que necesitaría paciencia, si bien la idea de provocar un incidente no se fue del todo de su cabeza.
Cuando la última canción acabó y la banda saludó alegremente al público, las dos estudiantes de Everton decidieron retirarse junto con el gentío para salir disimuladamente. Pero antes de que las personas se dispersaran, algunas yendo a la puerta y otras a la parte de atrás para buscar a sus mascotas, comenzó el caos.
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Desde que dúo y trío se separaron, mediaron unas horas de vueltas e incertidumbre para Adagio. La líder de las sirenas nunca se había puesto a reflexionar tan profundamente sobre un tema, pero esta vez era mucho más serio. No dependían de sus propias habilidades sino de las de dos chicas comunes y corrientes, que poco o nada podían hacer si las Rainbooms las descubrían. Eso había suscitado una discusión con Aria, ya que ella no aceptaba quedarse cruzada de brazos esperando que la balanza se inclinara a su favor, sino que pretendía actuar de inmediato, resaltando además el hecho de que Sun-mer no terminaba de convencerse. "Es muy posible que acaben cometiendo una tontería y confesándolo todo, y entonces nuestro plan estaría arruinado" señaló, "no podemos estar seguras de que conseguirán esos cristales sin levantar sospechas". Adagio tuvo que admitir que en eso su hermana tenía razón. Pero tampoco podían presentarse así como así en Canterlot High y hacer de las suyas como si no las fueran a reconocer (a pesar de que su estilo había cambiado un poco). Sonata, por su parte, se mantenía preocupada, porque comprendía que sus hermanas tenían razón, pero no sabía qué proponer.
—Al menos vayamos a echar un vistazo… tengo curiosidad de ver el desfile.
—¿Cuál es la gracia de ver a un montón de animales mimados dando saltos? Concéntrate en lo importante, Sonata. — le dijo Aria.
—Hmmm… no creo que sea mala idea, pero debemos tener mucha precaución — reflexionó Adagio —, de hecho, quizá podría ir una de nosotras.
—¡Oh, oh, déjenme ir a mí! — se ofreció Sonata levantando la mano.
—Preferiría que Aria vaya, será más sigilosa — dijo Adagio.
—¡Pero no es justo! Vamos, prometo no cometer ningún error — suplicó la sirena de cabellos azulados.
—La respuesta sigue siendo no.
—¡Por favor, por favor, por favor!
Adagio dio un suspiro de irritación.
—Agh, como sea… pero harás todo lo que Aria te diga, ¿entendiste?
—¡Sí!
De modo que las dos sirenas se encaminaron a Canterlot High. El barrio se encontraba en completa calma, si la gente no estaba durmiendo seguramente había ido al desfile de mascotas. A medida que se acercaban al territorio de la que fue por unos días su escuela secundaria, podían oír la música que se expedía de ésta, hasta las luces del espectáculo. Y cuando llegaron, les sorprendió ver que estaban las Rainbooms tocando, ya que esperaban ver a un montón de animales en una plataforma, haciendo lo que sus dueños les decían. Los animales estaban en una especie de corralitos, separados por especie: gatos por un lado, perros por otro, y otras especies en jaulas individuales. No parecía haber nadie a la vista vigilando, y eso le dio una idea a Aria.
Con sumo cuidado se introdujeron en el predio, no por la entrada principal sino por una que había al costado. Se movieron cubiertas por la penumbra hasta los bastidores, siempre alertas. Todo el mundo parecía estar embobado con el recital, y esa era la oportunidad perfecta para crear un poco de desorden. Primero se introdujeron a la escuela, por esa zona estaba cercana la cafetería. Sin dudar, Aria se dirigió al refrigerador y tomó la primer cosa comestible que encontró: unos filetes, y le indicó a Sonata que agarrara un balde y lo llenara con agua.
—¿Qué vamos a hacer?
—Ya verás, vamos a darle un toque especial al show.
Salieron así como habían entrado. Entonces Aria le indicó a Sonata que abriera todas las puertas de los corrales y jaulas, luego le dio los filetes y le dijo que los lanzara hacia el escenario, mientras tanto, ella se acercó al panel de control con el balde, y lo lanzó a prudente distancia. Nadie llegó a ver a tiempo lo que ocurría, el agua bañó todos los comandos y éstos emitieron una serie de chisporroteos, lo que acabó apagando todas las luces pero encendiendo fuego con las telas cercanas del escenario. Fue todo cuestión de unos segundos. La manada de mascotas, enloquecida por alcanzar los filetes o por poner su propia vida a resguardo (en el caso de roedores o aves, por ejemplo) sumó su locura instintiva al pánico y desesperación de las personas que, en la semipenumbra, corría para buscar a sus animalitos o para ponerse a salvo del incendio, cuyas lenguas llameantes empezaban a devorarse la estructura del escenario, provocando nuevas lluvias de chispas al alcanzar los reflectores. De la música simpática y movediza se pasó a un coro de gritos, ladridos, maullidos y demás sonidos, sin ninguna concordancia ni armonía.
Era un espectáculo que sólo las dos sirenas podían disfrutar plenamente, una pequeña venganza por la humillación que recibieron la noche de la Batalla de las Bandas. Pero no podían quedarse a admirar el preciosamente caótico paisaje.
Las Rainbooms se vieron obligadas a saltar del escenario, tanto para ponerse a resguardo del fuego como para intentar infundir calma y orden, por lo que inevitablemente quedaron separadas. Applejack por un lado, y Rainbow Dash por el otro, ponían su empeño en evacuar el predio, lo cual era difícil en medio de toda la confusión. Por otra parte, Pinkie Pie fue a socorrer los puestos, aunque no fueran la prioridad por el momento. Fluttershy fue arrastrada por la multitud, casi sin entender lo que estaba sucediendo, y tropezó con las gradas, no llegó a ver quién la ayudó a levantarse, ni a darse cuenta de que esa persona se había llevado algo suyo. Se dedicó a ayudar a sus amigas con la evacuación, también rescatando a cualquier animalito que viera indefenso.
A pesar del humo, Twilight se dirigió al panel de control junto con Rarity para apagar el fuego o intentar contenerlo. Fue cuando quedaron paralizadas durante unos segundos que las dos dazzlings aprovecharon para atacarlas por detrás. Aria se lanzó a noquear a Twilight, con un puñetazo en la espalda que la hizo caer de rodillas, con tanta fuerza que sus anteojos cayeron. La sirena de las dos coletas le dio una patada en el estómago para hacerla caer de bruces y tomar el cristal de su cuello, sintiendo una adrenalina increíble en todo su cuerpo ante lo que había hecho. Nunca había sido tan violenta, pero la sola imagen de Sparkle hacía hervir su sangre de forma inusitada.
—¡Aria!
Por su lado, Sonata tuvo que correr a encargarse de Rarity, propinándole un empujón tal que la hizo trastabillar y caer, golpeándose contra un costado del escenario, que aún no ardía pero no le faltaba mucho. La chica no quedó inconsciente pero sí muy aturdida.
—¡Sonata, larguémonos de aquí!
Sin poder procesar bien lo que había hecho, la dazzling se apoderó del cristal de Rarity y puso los pies en polvorosa junto con su hermana, dejando atrás el vocerío desesperado y el desastre en que se había convertido el show.
Las llamas siguieron avanzando. Entre todo el tumulto, Sunset se dio cuenta de que faltaban dos de sus amigas. La evacuación ya casi había terminado, Applejack entró a la cafetería a buscar cuanto balde o recipiente con agua pudiera, Fluttershy y Pinkie Pie se encargaban de las mascotas y sus dueños, reuniendo, contando y revisando a unos y otros, y Rainbow se había puesto a ensayar técnicas para apaciguar un poco el incendio hasta que llegaran los bomberos. Fue ella quien gritó que Sci-Twi y Rarity estaban en problemas, encerradas entre el fuego y los escombros. A la estructura que sostenía las luces del escenario no le faltaba mucho para derrumbarse…
—¡Oh, cielos, no puede ser! — masculló Sunset, corriendo hacia la zona sin pensar.
—¡Espera, Sunset, es…! — advirtió Rainbow.
—¡Hey, Dash, ayúdame con esto! — se oyó desde abajo, era Applejack con un montón de botes con agua —¡Rápido, toma unos baldes y échalos allá, hay demasiado humo y fuego!
Mientras la chica de pelo multicolor acudía al llamado de su amiga, Sunset, a pesar de la tos y la dificultad visual de la humareda, halló a Twilight tendida en el suelo, gimiendo y tosiendo a su vez, estaba de rodillas tanteando a su alrededor para encontrar sus anteojos.
—¡Twilight! Twilight, ¿me escuchas? Tenemos que salir de aquí, vamos. ¿Dónde está Rarity? Ven… — dijo Sunset mientras la ayudaba a levantarse con cuidado.
—Es… fue… mis anteojos…
—No te preocupes, lo importante ahora eres tú…
—¡Hey! ¿Hay alguien ahí? — la voz provenía de alguien a su izquierda, era una voz grave y conocida.
—¡Sí, soy Sunset Shimmer! ¿Rarity está contigo?
—¡No hay mucho tiempo! —las palabras se entrecortaban por la tos —¡Ella está muy mal!
—¡Ya voy, no se desesperen! — gritó Sunset —Ven, Twilight, vamos…
Dio algunos pasos con ella, pero el camino se hacía difícil ya que no podían ver mucho y todo el suelo ardía. De pronto algo incendiado se desmoronó frente a ellas, cortándoles el paso, entonces alguien echó un baldazo de agua y las llamas se redujeron. Era Flash quien se había sumado al rescate, y sin que éste dijera palabra, Shimmer se apresuró a dejar a Twi en sus brazos y a pedirle que se alejaran los más posible del incendio, dando la vuelta rápidamente sin dejar tiempo a Flash de decir nada.
Ya se iba retirando a su auto cuando Stargazer vio lo que pasó. En realidad, se había detenido en la puerta para mirar una vez más al escenario cuando se desató la catástrofe. Estuvo un tiempo dudando entre ir a ayudar o irse definitivamente, hasta que vio que ocurría algo a la derecha del escenario, donde estaban los controles del sonido y la iluminación. No había visto a las dos amigas de Sunset acercarse al lugar pero sí a dos chicas extrañas que las atacaron por detrás, y al parecer les robaban algo. Impresionado, Stargazer gritó un "¡EH!" que se perdió en el ruido del jaleo, y se dispuso a atrapar a las atacantes en su huida, pero tras saltar la valla y perseguirlas por un par de calles, se perdieron de vista. Entonces se apresuró a regresar a la escena del ataque.
Fue todo en cuestión de minutos. Si no se hubiera demorado buscando elementos de primeros auxilios en el botiquín de su auto, habría llegado a tiempo para rescatar a las chicas antes de que el incendio se esparciera más alrededor de ellas. Decidió atender primero a la joven que estaba medio inconsciente en el escenario, pensaba reanimarla un poco para que despertase y luego irían por la de anteojos. Pero el ambiente se complicaba cada vez más con la escasa visibilidad y la dificultad para respirar que producía el humo creciente, y eso sin contar el peligro que representaba la estructura a punto de derrumbarse.
—Hola, hola, ¿estás bien? Tengo que sacarte de aquí, ¿puedes oírme?
Stargazer no había recogido mucho del botiquín más que algo de gasa, cinta, medicinas y un bote de agua oxigenada. Reconoció que en ese momento no eran de mucha ayuda, pero de todas formas mojó algo de gasa con el agua oxigenada y humedeció la frente y las mejillas de Rarity con eso. No estaba seguro de si era algo correcto, aunque por suerte surtió algo de efecto y la jovencita espabiló.
—Escucha, eh… ¿cómo te llamas?
—Ra… Rarity — respondió ella incorporándose, pero tambaleó y Ster la sostuvo — ¿Qué… qué ha… pasado? No recuerdo bien… oh, cielos…
—Tranquila, Rarity, voy a ponerte a salvo. Eh… — Ster pasó el brazo por su cintura con delicadeza — ¿está bien así?
—Sí... No te preocupes…
Entonces oyeron cercana la voz de Sunset, Stargazer le habló y ella dijo "¡Ya voy, no desesperen!", tras lo que se demoró unos segundos en aparecer.
—¡Rarity!
—Estoy bien querida, de no ser por…
De pronto se escuchó un ruido detrás de ellos: era la viga del escenario que se les venía encima. El primer impulso de Stargazer fue esquivarla, empujando a Rarity hacia Sunset, que la agarró justo a tiempo. Sin pensar, Rarity quiso formar un escudo para proteger a su salvador, pero su magia fue muy débil y las piernas de Ster quedaron atrapadas por la viga.
—¡¿Qué pasa con mi magia?!
—¡Rainbow, Applejack, chicas aquí!
Mientras tanto, Rainbow y Applejack habían conseguido controlar el incendio, y entonces oyeron el llamado de Sunset, viendo en la situación en que se encontraba junto con Rarity y ese tipo que habían conocido en la plaza hace unos días. Con los últimos baldes de agua despejaron el camino, Rainbow se quedó con Rarity mientras que Applejack levantaba la viga para que Sunset pudiera sacar a Stargazer, siendo ayudada por Pinkie Pie al último minuto. Entre ambas lo levantaron para llevarlo a la zona segura, mientras eran aplaudidas por las demás personas, la mayoría estaban siendo atendidas por paramédicos que llegaron junto a los bomberos, incluso ellos aplaudían, lo mismo que Fluttershy y el veterinario de la tienda de mascotas, que se estaban encargando de atender a los animalitos.
—Hey, Ster, ¡hoy te convertiste en héroe! — exclamó alegremente Pinkie Pie — Si no hubiera sido por ti, Rarity habría quedado como un malvavisco chamuscado.
—Fuiste muy valiente, amigo. Realmente lamento haberte dado ese pelotazo. — Acotó Rainbow.
—Nunca vamos a olvidarlo, querido, nunca me olvidaré de lo que hiciste por mí esta noche. Permíteme hacerte un traje completamente nuevo y gratuito como muestra de agradecimiento, tu ropa quedó totalmente arruinada por salvarme…
El graduado de Everton no recordaba haber recibido tanta gratitud, ni haberse arriesgado tanto por alguien. Debía admitir que, a pesar del dolor y de todo, se sentía realmente bien. Lo acostaron en una camilla para revisar su estado, no tenía grandes lesiones en el cuerpo, más que unas quemaduras y moretones en las piernas. Las siete chicas permanecieron a su lado durante un rato, luego se disculparon para ir a atender lo que quedaba del espectáculo, y dejar la escuela en condiciones antes de marcharse. Sólo Sunset se quedó a su lado, no sabía bien qué hacer o qué decir, pero no quería irse. Por su parte, aquella compañía ponía un poco nervioso a Stargazer, ahora se sentía cansado y quería regresar al hotel, pero no encontraba la excusa adecuada, y además no podía evitar disfrutar ese momento. Maldita sea, eran demasiadas emociones juntas. Cerró los ojos e intentó pensar en frío su situación.
Parecía un momento propicio para Sunset de ver qué había en los pensamientos de ese muchacho, aunque le daba pena pensar meterse así en la cabeza de otra persona. ¿Qué tanto le incumbían los pensamientos ajenos? Tan solo debía posar levemente la mano sobre su frente por unos segundos, la tentación era fuerte…
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La puerta de la habitación se abrió bruscamente, el reloj marcaba más de la medianoche cuando las dos estudiantes de Everton regresaron por fin al hotel, completamente cansadas. La experiencia del incendio había resultado bastante pavorosa, tanto por la experiencia en sí como por el hecho de que ellas habían pensado justamente en producir un incidente, que al final fue ejecutado por otra persona. Porque aquello no podía ser por casualidad…
Al menos vieron un poco a esas chicas en acción, la única excusa para quedarse en vez de largarse inmediatamente de allí. El tumulto de gente y la necesidad de mantenerse en bajo perfil las obligó a permanecer más retiradas, por lo que no pudieron apreciar demasiado el desenvolvimiento de las Rainbooms en la emergencia. Y al hallarse a la izquierda del escenario tampoco supieron lo que ocurría a la derecha, sólo que, una vez que las personas se dispersaron, vieron a algunas de ellas cargando a alguien hacia el sitio donde los paramédicos atendían a los heridos. Moonz se había puesto muy ansiosa por marcharse y no quiso prestar mucha atención, pero Sun-mer, contra todo riesgo, se mantuvo tercamente en su posición para observar con detalle a quién habían rescatado. Cuando lo reconoció, se habría arriesgado a acercarse, de no ser por Moonz que le tironeó del brazo impacientemente.
Aquella noche no se pusieron a comentar lo vivido, como habían hecho en otras ocasiones. Moondancer, que había venido con las manos en los bolsillos de su pantalón todo el trayecto, se preparó para dormir, dejando algo debajo de su almohada.
Sunset no le prestó atención, su cabeza divagaba por otros derroteros, de otro modo se habría fijado y le habría preguntado qué tenía allí. Echando un vistazo al minibar, descubrió las botellas de licor, whisky y champaña que contenía. No solía consumir nada en los hoteles, sobre todo debido al precio que se recargaba a la cuenta, pero esa noche tenía ganas de beber algo más fuerte que una cerveza. Había un vino espumante que le pareció bebible por su color. Se preparó entonces un remojón, en el armario del baño había unas sales. La tensión acalambraba todo su cuerpo, y un baño de sales más un buen trago debían ser suficientes para relajarse… bueno, unos cuantos tragos, ya que aquella bebida era realmente deliciosa, y se disfrutaba muy bien estando dentro de la bañera. La joven se sentía como esas damas adineradas que se daban todos los lujos.
Pensó en todo y en nada. Pensó en cómo hacer frente a toda esa situación, si al final todo era verdad o todo era mentira. También pensó en Stargazer, y en por qué estaba también en ese lugar, qué pretendía hacer, y qué hacía estando con la impostora y sus secuaces. Temía que él la delatara, que por venganza echara todo por la borda y confesase a qué había venido y para quién trabajaba. ¿Ster era capaz de eso, a pesar de que aún le tenía cariño? Tal vez nunca habían tenido mucha camaradería, quizá faltaba esa unión tan especial que caracterizaba a otras parejas. Ahora Sun-mer se preguntaba qué los había unido en primer lugar, qué cosas tenían en común, cómo pasaban los momentos que compartían juntos. ¿Había sido una simple calentura entre estudiantes, entonces? Sun-mer no se consideraba ese tipo de chica. Solía escuchar a sus compañeras hacer un "recuento" de sus amantes o de los chicos con quienes se habían acostado, aunque a ella no le interesaba en lo más mínimo, oía esos comentarios con la indiferencia de alguien que se sentía "superior" por no hacer lo mismo que la mayoría. Y aunque sí le fastidiaban los murmullos que rondaban por Everton tanto cuando empezó a salir con Stargazer como cuando cortaron, especialmente en lo primero, siempre aparentaba que no le afectaban. Si ella no se metía en la vida de nadie, ¿por qué alguien tenía que meterse con la suya? Lo único que podría considerarse "intromisión" eran los consejos que le dio a Moondancer, cuando vio que andaba con ese tal Sunburst. No es que él le cayera mal, sólo que había sido amigo de una extremista ideológica que fue expulsada de Everton por sus acciones casi terroristas. Moonz le aseguró que no debía preocuparse, que apenas eran amigos.
Pero volviendo a Stargazer… ¿Qué clase de relación habían tenido realmente? ¿Un capricho, o algo que merecía ir en serio? ¿Había amado a Stargazer? Al final, era una cruel ironía que se hubiera sentido superior a otras chicas, y resultara haber hecho lo mismo que ellas. Ahora sí lograba sentir algo de lástima por él…
¿Pero era demasiado tarde ya? ¿Había algo que se pudiera hacer? ¿Había sido lo correcto dejarlo solo? ¿Por qué no podía concentrarse en otra cosa, en el verdadero problema? ¿Quién era el problema? ¿Ella? ¿Stargazer? ¿La impostora? ¿Cuál era en realidad el sentido de toda esa aventura? Vaso tras vaso, afloraban más preguntas que respuestas.
El problema… el problema… el maldito problema… La vacía botella rodó lejos de la bañera, y la copa derramaba la última gota… Sun-mer se dejó sumergir en el agua tibia, sintiendo cómo un calor recorría su cuerpo. Bajo el agua, todo se veía distorsionado y en movimiento, a sus oídos no llegaba más que el susurro de su propia sangre, y un eco acuático, como el que proviene del interior de los caracoles de mar. Cerró los ojos, y algo extraño sucedió. Una serie de visiones instantáneas y sin sentido, con personas que parecían monstruos o monstruos que parecían personas, con alas transparentes o colas escamosas u ojos rojos o fuego alrededor. No puedo reconocer más que una cara, la suya, o más bien, la de la otra Sunset. Eso la hizo reaccionar, levantándose bruscamente y salpicando todo alrededor en el proceso. Había sido un susto importante.
Finalmente Sun-mer salió de la bañera y se puso una bata de baño. Con el cabello goteando en su espalda y hombros, se detuvo a mirarse en el espejo. Al principio su imagen se veía difusa, y al pasarle la mano, apareció una figura casi demoníaca, una Sunset con el pelo en llamas, piel rojiza y unos inquietantes ojos negros. Por la impresión retrocedió, tropezando con la botella de espumante vacío y salvándose por un pelín de golpearse la cabeza con el borde de la bañera. Soltó una maldición mientras se reincorporaba, sosteniéndose del lavabo, le dolían la pierna derecha y la cadera. Se atrevió a enfrentar de nuevo al espejo, y como lo esperaba, no había nada allí. Ya eran demasiadas locuras…
Pasó al cuarto y fue directamente a buscar su bolso, allí donde guardaba la medicina que sólo tomaba cuando la situación se le volvía inmanejable. Sacó dos cápsulas y se las tragó sin pestañear. Tal vez no fuera lo más adecuado ingerirlas luego de haber bebido, pero eso poco le importaba ahora. Su mano tocó algo duro y metálico cuando volvió a guardar las pastillas. Y recordó su conversación de la noche anterior con Moonz, sobre las chicas mágicas y las armas con las que debían enfrentarlas. Se preguntó qué tan fuertes o resistentes podían ser, qué cosas de este mundo podían hacerles daño. La idea podía sonar a locura, teniendo en cuenta las consecuencias que conllevaba. ¿Quizá la magia estaba supeditada a la vida de su portador? No perdía nada con intentarlo.
Se fijó que Moondancer continuara dormida. De hecho, roncaba plácidamente, de modo que no se enteraría si su amiga se marchaba. Completamente resuelta, Sun-mer se buscó ropa y se vistió con prisa, poniéndose un abrigo negro con bolsillos interiores, especiales para guardar objetos discretamente. Dudó si dejarle o no una nota a Moonz, pero de todas formas, ella estaría muy lejos para cuando la pelirroja se despertara.
—Buenas noches, Moonz. No espero que entiendas lo que voy a hacer. — Dijo Sun-mer en voz baja, dedicándole una última mirada antes de abrir la puerta y dejar la habitación.
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En la oscura quietud de la noche, dos figuras se deslizaban por los muros, andando nerviosas entre las sombras. Luego de la breve pero intensa persecución, y de mirar por sobre el hombro para asegurarse de que no había nadie detrás de ellas, dieron un recodo y se escondieron en un callejón vacío y en penumbras, donde no serían vistas fácilmente. Se apoyaron en la pared para descansar y recuperar el aliento, aliviadas de haber escapado con suerte. Ahora sólo quedaba reunirse con Adagio, y activar el poder de los cristales.
—Ufff… por un pelo. ¿Quién rayos era ese tipo? ¿Cómo nos vio? Maldición… seguramente esas tontas ya deben estar enteradas… Hey, Sonata, ¿qué te pasa?
Pero Sonata no reaccionó, sus ojos idos miraban a la nada y su cara reflejaba preocupación.
—Las dejamos… en el fuego…
—¿Qué? Oh, vamos, Sonata, ¿no te estarás sintiendo culpable por eso, verdad?
—Nunca golpeé a nadie así antes…
Ya exasperada, Aria tomó a su hermana por los hombros con fuerza y la miró directamente a los ojos.
—¿Y qué? ¿Por qué tendrías que preocuparte de lo que le pase a esas dos? ¡Recuerda que fueron ellas y sus amigas las que destruyeron nuestras gemas y nos lo quitaron todo! Me parece totalmente justo que nosotras tomemos las de ellas, ojo por ojo, joya por joya.
—Lo sé, lo sé, es que… había tanto fuego…
—¡Olvídalo, Sonata! ¡No puede ser peor que haber sido empujadas a la servidumbre de un cretino asqueroso y su maloliente club nocturno! Morirán con dignidad, serán dos menos de las que encargarse. NO vamos a retroceder ahora que hemos llegado tan lejos, ¿entiendes?
—Sí, está bien...
—Ya sabía yo que no eras la indicada para venir, pero al menos no volvemos con las manos vacías.
Dicho esto, Aria soltó a Sonata. Entonces se dispusieron a examinar los cristales: el de Aria, que correspondía a Twilight Sparkle (supuestamente es la de ese mundo), era de color púrpura, y el de Sonata, que correspondía a Rarity, era más bien celeste. Podían sentir cómo palpitaba la magia en ellos, era como un cosquilleo agradable en las manos. Era como volver a tener sus rubíes. De hecho, ya casi habían olvidado lo que se sentía, y hasta parecía extraño que la falta de ellos no les hubiese causado ningún problema, ya fuera una enfermedad o la misma muerte.
—Todavía extraño mi rubí, me gustaba acariciarlo antes de dormirme, incluso cuando vivíamos en Equestria… aunque también extraño los tacos.
—A veces me parece increíble que hayamos sobrevivido así… sin magia. Siempre decía que moriría si la perdiera, no sé si lenta o rápidamente, pero seguro sería una agonía. Sin embargo… aquí estoy.
—Sí, aquí estamos… Oh, es tan bonito, aunque no lo es más de lo que era mi gema… ¿Sabes? Creo que aún hay magia en nosotras.
—Hmm — dijo Aria con los ojos entrecerrados.
—Sé que parece imposible, es que creo que nos queda un poquito, tan poquito que no podemos simplemente usarla, ¿no?
—Tal vez sea porque en este mundo, dependemos de un objeto especial para hacerla funcionar a voluntad. He estado hablando con Adagio de eso. Por alguna razón, la magia es casi nula aquí, y eso debe tener que ver con la posibilidad de manifestar la propia naturalmente. Sumado que nuestro cuerpo adopta una forma diferente en este lugar, ese mago debió saberlo antes de desterrarnos.
—Hey, eso que dices me recuerda algo, cuando las Rainbooms nos confrontaron en el salón de la escuela, no pudieron hacer nada, ¿lo recuerdas? ¡Quedaron totalmente en ridículo! Sólo nos pudieron vencer cuando tocaron música… y, bueno, también por su vínculo de amistad y todo eso.
—Y ahora, casualmente, tienen estos cristales, que les otorgan la habilidad de utilizar magia con más libertad…
—¿Crees que funcionen con nosotras realmente?
—Mira, Sonata, si esa Sunset Shimmer nos dijo la verdad, otra persona fue capaz de usarlos, y no uno, sino todos. No dudo de que puedan servirnos igual que a ellas, ni bien descubramos cómo activarlos.
—Sí… no veo la hora de probar qué puedes hacer, mi preciossssso — dijo Sonata con un tono sibilante, acunando el cristal entre sus manos y mirándolo de una manera obsesiva, sonriendo ampliamente.
Pero Aria se dio cuenta de un pequeño detalle. Sólo tenían dos cristales, faltaba uno para Adagio.
—Oye no toques a mi preciossso, ¡no intentesss robármelo! — siseó Sonata cuando Aria alargó la mano para tocarlo, encorvándose y dándole la espalda para poner a resguardo su cristal.
—¡Deja de hacer idioteces, Sonata! Necesitamos otro cristal para Adagio…
—¿Y por qué simplemente no nos fugamossss con ellossss?
Con una ambición desmedidamente alta, la sirena de coletas púrpura habría maquinado el modo de hacerse con el cristal de su hermana y quedarse con toda la magia para ella.
—Bueno, bueno… — una voz conocida irrumpió en el callejón, al tiempo que una figura de abultado cabello.
—¡¿Adagio?! — exclamaron las dos sirenas al unísono.
Si bien Adagio no había escuchado claramente la parte en que Sonata sugería escaparse con los cristales, la líder dazzling se sentía de buen humor por el éxito de la búsqueda.
—¿Cómo llegaste aquí? — preguntó Sonata.
—Simplemente, no podía perderme la diversión, por eso decidí seguirlas. — Respondió Adagio con naturalidad.
"Eso… o no confiabas en nosotras" pensó Aria, pero se guardó sus comentarios.
—¿Y bien?
—Deberías saber cómo resultó todo, si estuviste allí. — Respondió Aria, quería poner a prueba a su hermana, solo por un instante.
—En realidad no estuve allí, sólo me mantuve a distancia prudente. Pude ver la columna de fuego que se levantó.
—Entonces supongo que no viste que nos persiguió un sujeto cuando escapábamos… — comentó Sonata.
—¿Qué dices? ¿Esto es una especie de prueba o qué? ¡Les recuerdo que estamos en el mismo bando!
—Mira, no te enfades, Adagio — contestó Aria luego de dar un resoplido —, pero lo de la persecución es verdad. No tenemos ni idea de quién era ese hombre ni de dónde salió.
—¡Agh! — el buen humor de Adagio se disipó — ¿Tienen idea de lo que eso significa?
—Tranquilízate Adagio, quizá él ni sabe quiénes somos nosotras.
—El problema, Sonata, es que las Rainbooms sí, y si ese idiota habla con ellas, se darán cuenta.
—¿Y qué querías que hiciéramos, Adagio? ¿Que lo golpeáramos y lo tiráramos al fuego? — replicó Aria — Lo mejor era perderlo de vista de vista y largarnos de allí.
—¿Al menos pudieron verlo para saber cómo era?
—Pues… creo que tenía traje y cabello negro, pero mucho más no sé… — respondió Sonata.
—¡Tenemos que encontrarlo para evitar que hable con nadie!
—¡Sí claro, vamos a volver al lugar del incendio para rastrear a un desconocido, o en su defecto buscarlo por toda esta maldita ciudad! ¿En qué demonios estás pensando?
Adagio iba a responder, pero entendió que eso las llevaría a una pelea innecesaria, de modo que respiró profundo para calmarse, había otras prioridades de las que ocuparse.
—Ya, ya, dejémoslo ahí. Ahora díganme la buena noticia… si es que la hay.
—Bueno, conseguimos dos cristales nada más, nos haría falta un tercero. — Aria y Sonata extendieron (no mucho) sus manos para que su hermana pudiera verlos. Eso era un gran contratiempo, aunque contaban al menos con una segunda posibilidad.
—Hmmm… Tal vez convendría averiguar quién tiene uno más…
—.—.—.—.—.—
Parecía que había dormido unos quince minutos, pero en realidad habían pasado horas. Moondancer se despertó muy inquieta, sin saber por qué. Todo estaba en penumbras, probablemente ya era de madrugada. Había una extraña energía en el aire, como si esa sensación de mal presagio regresara. Empezó a preocuparse cuando vio que la cama de Sunset estaba vacía, y al llamarla, ésta no respondió. Revisó en el baño, y tampoco estaba. ¿A dónde se habría ido? ¿Por qué estaba sola en el cuarto? Quizá se hubiera ido al bar del hotel, por lo general permanecía abierto hasta muy tarde. A lo mejor la encontraría allí, seguramente le ocurría algo porque ella sabía que sólo podía haber dos razones para que Sun-mer hiciera vigilia: estudiar para un examen importante, o una situación interna muy compleja. Aún había cosas que no conocía de ella, que no las preguntaba porque no se animaba o porque la pelifuego no decía nada. Alguna vez vio una tableta de pastillas en su bolso, pero supuso que eran analgésicos.
Se vistió prontamente y se dispuso a salir.
De repente tuvo otra preocupación. Levantó la almohada de su cama, y allí estaba su cristal, el que había tomado al ayudar a la chica de pelo rosado. En ese momento le pareció que alguien tan débil, que se dejaba pisotear, no merecía tenerlo. Aunque ahora sentía un poco de lástima por ella, no podía devolverlo. Lo tomó, lo apretó entre sus manos, al principio no ocurría nada pero luego sintió un cosquilleo que iba de sus manos a todo su cuerpo. Del mero susto lo soltó, y aquella pequeña cosa poderosa cayó al suelo con un tintineo. Moonz se arrodilló para mirarlo mejor. No había nada especial, ni un brillo raro, ni levitación, nada. Parecía un pedazo de vidrio ordinario, pero ella sabía que era mucho más. O quería creerlo, porque la verdad no estaba segura de si podía funcionar independientemente de su portadora.
Lo juntó con sus dedos pulgar e índice y lo miró detenidamente. No podía evitar la curiosidad por saber qué hacía. Sería genial si aprendiera a usarlo para así convertirse en una chica empoderada. Podría caminar con tranquilidad por la calle, segura de que si alguien la atacaba, bastaría sacar su cristal y convocar sus poderes. Hasta podría convertirse en una heroína de medio tiempo… porque la otra mitad la usaría para estudiar, por supuesto.
—¡Cristal que guardas los poderes de la amistad, libérate ante Moondancer…! — improvisó, con el cristal entre sus manos extendidas, esperando si se elevaba… pero no pasó nada.
—¡Por el poder de la danza lunar…! — esta vez lo tomó con su mano derecha y lo alzó al cielo.
Nothing happens.
—¡Kame hame haaaaa!
—¡Yare yare daze!
—Eh… ¿ábrete sésamo? ¿Cuál es la contraseña secreta?
Cada nueva improvisación iba acompañada de una improvisada pose. Sin embargo, ninguna de ellas activaba alguna clase de transformación.
—Será mejor que me deje de hacer tonterías y busque a Sun-mer… — se rindió finalmente.
Cuando bajó, el bar ya estaba cerrado.
-.-.-.-.-.-
La acidez que sentía debía ser producto de ese trago que le pidió al cantinero, quien se lo preparó pero bajo aviso de que ya estaba por cerrar. Ya era tarde de todos modos. Preguntó si podía utilizar uno de los ordenadores que había a la derecha del bar, nada más unos minutos. Abrió su Magebook y puso en el buscador "Sunset Shimmer", clickeando en la segunda que apareció (la primera era ella). Por primera vez accedía al perfil de la impostora. Lo revisó rápidamente. Primero entró en la sección de "información básica" para ver si había alguna dirección o dato que pudiera servir para ubicarla. Como era de esperarse, no había mucho, simplemente su edad, sus intereses, y que estudiaba en Canterlot High. Entre sus Amigos, obviamente figuraba su grupo de amigas, casi esperó encontrar a Stargazer. Fue a la sección "Fotos", mirando tanto en aquellas en las que la habían etiquetado como las que había subido por su cuenta, y se fijó especialmente en todas las que aparecía un edificio o casa. Por un momento, creyó que no encontraría nada, y oía por detrás al cantinero preparando todo para cerrar. Hasta que, por fin, se topó con una foto de Twilight Sparkle en la que ésta había etiquetado a Shimmer. En dicha publicación se mencionaba la calle Flare, quizás Sparkle tenía activada la función Ubicación en su celular. Detrás de las dos chicas, podía verse lo que parecía un departamento modesto, de color amarillo con naranja, cercado por una reja roja.
"Con esto me basta" pensó Sun-mer. Cerró su Magebook y puso en el navegador MundoMaps, una página que permitía ubicar cualquier lugar en el mundo, con ayuda de tecnología satelital. Sólo había que escribir país, ciudad, dirección, y cualquier dato que sirviera de partida al buscador. De modo que escribió "Canterlot City" y "Calle Flare", la cual el sitio ubicó como una calle transversal con respecto a la de Canterlot High, y paralela a la del hotel, que corría de norte a sur. Sólo debía cruzar cinco calles para llegar.
—Señorita…
Ya no había más tiempo para precisiones, por lo que Sun-mer tuvo que conformarse con esos datos, los cuales de todas formas eran muy valiosos. Apuró su bebida y salió del bar, dando las gracias al cantinero por su amabilidad.
Una vez fuera del hotel, Sun-mer contempló el cielo estrellado, no podía verlo pero desde el horizonte una leve claridad empezaba a extenderse. La avenida estaba completamente desierta y en silencio. Un leve escalofrío le recorrió la espina dorsal; esa sensación que anticipa un mal presagio, justo cuando uno está por emprender una acción importante y compleja, cuyos resultados están supeditados a las propias acciones y al azar. Se cerró bien el abrigo y cruzó la avenida.
-.-.-.-.-
Por mucho que lo intentara, Stargazer no podía dormir. Todo lo acontecido en aquella noche era como una gran pila de carbón que mantenía encendida continuamente la locomotora de su tren de pensamiento. Estaba más inquieto de lo que nunca había estado en esa semana. Sólo podía dar vueltas y vueltas por la habitación, con la camisa a medio desprender por encima del pantalón, y descalzo. Primero que nada, el incendio, que no fue para nada casual… cuando oyó a las Rainbooms preguntarse sobre las causas del incendio y sobre lo que había pasado con Twilight y Rarity, decidió dar los pocos datos que tenía sobre las misteriosas chicas que las habían atacado. Todas, salvo Sparkle, reaccionaron ante la mención de los colores de cabello de las atacantes, preocupándose mucho sobre todo al darse cuenta del robo que habían sufrido, no sólo ellas dos sino también Fluttershy. Entonces el grupo le agradeció su ayuda y se reunió aparte, dejándolo con muchas dudas. Algo sí podía tener más o menos claro: el incendio, el ataque y los robos debieron ser premeditados, probablemente por unas rivales. También supo que cada una tenía un cristal, algo de bastante valor a juzgar por lo preocupadas que estaban por ellos.
Había vuelto al hotel ya casi cuando no quedaba nadie en la secundaria. Aún se sentía confuso y embotado cuando pudo pararse y caminar, con permiso del médico. Se fue sin despedirse, un poco por temor y otro poco para no molestar más a las chicas. Sin embargo, en un instante fugaz, su mirada se cruzó con la de Sunset, y no comprendió los que sus ojos aguamarina expresaban. ¿Qué significaba eso?
A través de la ventana se veía cómo iba cayendo la madrugada.
Por otro lado, Stargazer deseaba creer con todas sus fuerzas que Sun-mer y Moondancer estaban totalmente fuera de ese asunto, aunque no supiera si estaban ya o no en la ciudad. No las creía realmente capaces de eso, pero últimamente ocurrían muchas sorpresas. Le inquietaba no saber de ellas y de las cosas que se traían entre manos. Para colmo, tenía un picor en el cuello que no auguraba nada bueno.
Había resistido el impulso de llamar, hasta ese momento. Sabía que Sun-mer no iba a atenderlo, menos a esa hora, pero debía intentarlo. Sin embargo, después de tres llamados sin respuesta, desistió. Así que recurrió a Moondancer. Iba a escribirle un mensaje en Magebook, pero no estaba conectada desde hacía cinco horas, por lo que era poco probable que contestara. No obstante, no perdía nada con tratar. Por suerte sólo tuvo que probar dos veces.
—¿Hola? Eh, ¿Moondancer?
—…¿Ster?
—Perdón por la hora, pero es que quería saber…
—Ster, necesito ayuda con algo… es complicado de explicar… ¡hey, no…!
—¿Qué pasa, Moondancer?
Del otro lado sólo se oían gritos y sonidos incomprensibles, hasta que la llamada se cortó de repente. El escozor aumentó instantáneamente. ¿Qué estaba ocurriendo? No había tenido ni siquiera tiempo de preguntarle a Moondancer dónde estaba ni qué hacía, pero evidentemente se hallaba en problemas. Volvió a marcarle pero esta vez sin éxito. Verificó en los datos de la llamada para conocer su ubicación, y decidió ir a buscarla.
-.-.-.-.-
Cargando final: 95%
El Final de Identidad Robada está casi con nosotros. Quería que éste fuera el capítulo final y que después viniera el epílogo, pero luego se fueron sumando cosas nuevas y ya no me iba a alcanzar un solo capítulo para relatar todo. Así que estimo que quedan uno o dos capis más, y el epílogo.
Para fin de año quiero terminar este fic sí o sí, pero el problema son la universidad y la falta de inspiración, porque sé qué quiero que pase al final, pero no sé cómo desarrollarlo. Es complicado, quienes estén estudiando me entenderán.
Un gran saludo a CSR por ayudarme con la corrección.
Nos leemos pronto ;9
