Nota: ¿Lo que tiene Emily es paranoia?
(Arriba hay una nueva imagen, la dibujé, es la portada del fic, que lo representa la trama)
Octubre.
X
Terminando el informe, Arthur le indica que a la noche le enviará lo que falta por hacer, porque no solamente responderán a las preguntas, agregará más información y temas extras para tener un excelente y espectacular trabajo para ser guardado en la biblioteca de la escuela. Ese cejudo sí que es engreído.
Emily se levanta de la silla sosteniendo a Iggy, lo deja en el suelo con cuidado y ordena sus pertenencias en el bolso. Se lo coloca sobre sus hombros. Lástima que no podrá despedirse de la señora Kirkland, es muy amorosa.
Arthur la compaña hasta la puerta y coge las llaves de la casa. Abre para ir a dejar a la campesina como le prometió a la nana de ella. En eso, el felino interfiere entre la puerta para que el rubio no pueda cerrar. Arthur le ordena que entre. Iggy no quiere, quiere ir con Emily, quien espera un metro afuera observándolos pelear. Es igual al dueño.
―Maldito gato, entra ¿quieres? ―refunfuña el inglés tratando de cerrar la puerta y sobresalta cuando Iggy le maúlla agresivo. ¿Qué demonios fue eso? ¿En serio se enojó?
―Déjalo que vaya, quiere estar conmigo, ¿verdad? ―Emily sonríe y coge al gato, dando por hecho que la mascota de Kirkland irá con ellos.
Cuando regrese a casa conversará severamente con Iggy.
Se van caminando sin mucha prisa. La estadounidense deja al animal peludo en el suelo para que camine por sí sólo, y se le pega al lado siguiendo sus pasos. Los tres se detienen cerca de la casa de la chica. El inglés le dice una vez más que le enviará otros detalles para el informe por correo, ¿cómo sabe su correo? Eh…se lo pedirá a Sakura al llegar a casa, no lo complique tanto.
Se despiden con palabras. Emily se agacha sonriente y desliza de arriba abajo la mano sobre la cabeza de Iggy, y le cosquillea el cuello. Éste maúlla y roza su rostro en las piernas de la chica, ante la fulminadora mirada de su dueño.
―Adiós Iggy, pórtate bien con el ogro. ―le dice y se pone de pie, marchándose a casa.
Kirkland espera a que entre definitivamente, no quiere sentirse culpable si la asaltan de nuevo, seguramente su padre lo hará responsable de todo. Exhala y mira a su mascota. No articula nada aparte de ordenarle ir a casa. Al regresar, de verdad tiene una conversación seria con Iggy en su habitación excesivamente ordenada, estando los dos en la cama.
―Muy bien Iggy, ¿qué demonios le encuentras a esa? ―le pregunta, como si el gato le fuera hablar como humano. Únicamente yace recostado, mirando al rubio― Yo soy tu dueño, no ella. A mí me tienes que tratar así. Te alimento, te baño, limpio tus desechos, te llevo al veterinario, me preocupo que estés bien, al menos deberías agradecerlo con un maulló feliz. Pon de tu parte.
Iggy maúlla de aburrimiento.
―Gato estúpido ―murmura y lo agarra entre sus manos, enfrentándolo cara a cara―. No comprendo, ¿qué tiene esa campesina? Sólo es una campesina que tiene una cerdita de mascota y vive con muchos animales y ―hace una pausa analizando lo que dijo y entrecierra la mirada dirigida al felino―… Así que es eso, su comportamiento hacia los animales te atrajo.
Sacando esa conclusión, lo deja tranquilo a dormir sobre su cama, ahora debe enviarle los datos a esa campesina. Uhm…quizás no debió molestarla en hacerle la broma del beso. Bueno, las norteamericanas no son de gusto, pero Emily no es fea.
¿En qué estás pensando Arthur Kirkland? No seas idiota, puede ser bonita y todo, pero no se fijará en ella, ni en ninguna chica. No quiere volver a pasar por lo mismo, no hasta superarlo.
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Antes de entrar al correo, prefirió hablar con su hermana por teléfono, justo a tiempo cuando la llamó. Le contó un poco como le ha ido en la escuela, que esté año sí habrá fiesta de Halloween, y que un ogro inglés la tiene como esclava al perder una apuesta.
― ¿Y te ha hecho algo malo? ―desde el otro lado Marguerite se preocupó.
―No, nada. No te preocupes, el asunto es al revés ―soltó una risa pequeña―. Oye Meg, ¿vendrás para estás vacaciones de invierno? Ya sabes, navidad…
―He hablado con un poco con nuestro padre sobre eso, quizás vaya.
― ¿Entonces vendrás? ―se entusiasmó.
―Eh…tal vez.
― ¡Vendrás, que bien!
―E-Emily, no dije que sí.
― ¡Pero eso es un sí!
No había caso con ella, su hermana se adelantaba a los hechos.
Posterior a la conversación, recordó el informe. Cortó y se fue a su cuarto a revisar el correo.
Mueve el ratón cliqueando las entradas de mensajes, ahí está de Arthur y la de…rayos, de nuevo ese tipo. ¿Es que nunca la dejará tranquila? Ni siquiera le contesta y aun así sigue molestándola con sus corazones psicopáticos. Veamos que le dice ahora.
El paraguas se me escapó.
¿Eso es todo? ¿Qué le importa si su paraguas se le escapó? ¿Paraguas? ¿Tiene que ver con que ayer llovió? No, en ese mensaje no habla exclusivamente del paraguas, pero no sabe que puede ser. Su paraguas se le escapó. Bien, al menos el chico anónimo no ha cumplido con sus palabras de hacerles algo a ella y a Arthur. De seguro es de puras palabras y no las cumplerá para asustarla. ¡Ja! No lo conseguirá, estará al lado de Arthur les guste o no.
¿Qué demonios dice? ¡No quiere estar al lado de ese cejudo!
―Esto me provoca dolor de cabeza. ―niega con la cabeza yendo enseguida al correo de Arthur. Le pide demasiado. Si es por el informe, lo hará.
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Al salir de su casa no pudo dejar a Iggy adentro. Algo le pasa con esa americana, su conclusión por ser campesina no es suficiente. ¿Qué le atrae tanto? No lo sabe y seguir preguntándole parecerá un loco. Lo peor de todo esto que viene caminando a Thomas Jefferson High School con su gato, lo regañaran, será el escándalo de la escuela.
Se frena en la entrada y ve a Iggy esconderse detrás de la pared. ¿No tenía tantas ganas de ver a la señorita Jones?
El gato le mira fijamente. Arthur acierta y lo toma en brazos y entra con él. Siente que todos lo observan, chicas y chicos. Un pequeño grupo de féminas de grados mayores se le acercan con muchas ganas de acariciar a Iggy, porque lo encuentran muy lindo. Arthur, esperando que su gato muestre el mismo cariño a ellas como lo hizo con Emily, las esquiva mostrando su disgusto en su maullido.
Debe agradecerle por despejarle el camino, al menos su mascota tiene el poder de alejar a las niñas insoportables.
Se dirige por los pasillos y se encuentra con Gilbert apoyado en la entrada de la sala.
― ¿Por qué trajiste a tu gato asesino? Sabes cómo dejó el hermoso rostro del grandioso yo la última vez que lo vi. ―espeta resentido por todas esas cicatrices en su hermosura física aquel día.
―No lo pude dejar en casa, de ayer se comporta extraño.
― ¿Extraño? ―pregunta arqueando una ceja. Arthur lo invita entrar al aula y le dice que ya verá por qué.
―Ahí está Emily. ―le señala a su gato sobre sus brazos, que rige las orejas y salta en dirección a la rubia que yace sentada en su puesto junto con sus amigas.
Emily detiene la conversación de un impulso al ver que Iggy sube a su mesa. ¿Qué hace el gato de Arthur aquí? Levanta la vista y Arthur se acerca.
―Te quería ver, no lo pude dejar en casa. ―explica sin expresión como diciéndole hasta cargo de él.
―Yo quiero tocar al gatito. ―Elizaveta se anima, Arthur le pide que no lo haga e Iggy maúlla agresivo de nuevo alejando la mano de la castaña.
Emily parpadea confundida. Entonces es verdad lo que le dijo R2D2 ayer, ese gato es esquivo, ¿pero por qué con ella no? Decide aproximar su mano e Elizaveta grita que no lo haga ante la expectación de Sakura. Le toca la cabeza y recibe ronroneos cariñosos. No comprende, los demás tampoco.
―Algo tiene contigo desde que viniste a mí casa. ―al comentar, su grupo los observan sorprendidos con que la norteamericana estuvo en la casa del inglés. ¡No es lo que piensan! Sólo fue para avanzar en el informe de biología, ineptos.
―Tal vez le gustas ―la castaña cruza las piernas desde su silla dando su opinión hacia Emily. ¿Le gusta al gato?―. No me refiero que se haya enamorado de ti, es un gato. Le gustas de alguna manera, tu cercanía, la forma de expresarte, o se siente más seguro contigo que con Arthur.
Los dos rubios se miran y miran a Iggy. Iggy da un pequeño salto acomodándose sobre las piernas de Emily, vestidas con unos vaqueros. Arthur chasquea la lengua y no le queda otra para salvar a su mascota de las manos de los maestros, no se meterá en problemas. Todo lo que diga a él, no le hará caso. De seguro a Emily sí. Eso hay que verlo, hagamos la prueba. Le dice a la chica que le dé una orden, de lo que sea.
―Dame la patita.
¡No es un perro!
¡¿En serio le da la patita?! Dios, Santo Dios, le hace caso. Eso es todo, que se haga cargo hasta terminar las clases.
Emily exclama pidiendo las razones del por qué se lo tiene que cuidar durante las clases, la van a pillar y será castigada. Arthur frunce el entrecejo y surca un poco los labios, o eso parece. ¿No se da cuenta? Iggy le hace caso, si está con él, no podrá ocultarlo, sabe que le desobedecerá. Emily es su única opción.
Justo en ese instante, un estudiante entra corriendo avisando que viene el profesor. El inglés le da buena suerte y la amenaza que si le pasa algo malo al gato, la meterá en serios problemas. La rubia hace un gesto de desprecio, no lo hará por él, lo hará por Iggy, a él debe cuidarlo. Además, es su esclava, debe hacer lo que le diga. Enseguida toma su bolso y le dice al gato que si se puede esconder hasta que ella le diga. Sakura la observa confundida, no puede creer que el gato de su amigo esté acatando todas sus palabras. A lo mejor Iggy tiene un don de ver a la chica correcta para Arthur, o a lo mejor ver mucho anime le está haciendo un poco mal por esas fantasías. Sólo es un gato.
La joven Jones deja la mochila al lado de su asiento, dejando un poco abierto para que pueda respirar la mascota de su 'amo'.
Dándose el primer receso, Iggy fue muy obediente durante la clase. Emily sigue a Arthur a las áreas verdes de la escuela. El londinense ve qué suelo se encuentra seco después de la lluvia de ayer. Se sientan en el césped, el inglés saca de su mochila un libro y se pone a leer mientras la campesina como suele llamarle da un suspiro teniendo a Iggy en su regazo. Ella levanta la cabeza y sólo ve nubes blancas cubriendo todo el cielo. Vaya día y aburrido. R2D2 ni siquiera le dirige la palabra, no importa que sea su amo, pero es el peor y el más aburrido amo que existirá en la historia, con la esclava que se aburre con él.
Siente una brisa helada y tiembla un poco. Arthur no la mira. Es como si estuviera en otro mundo sin escucharla. Lo observa disimuladamente, que perfil…, que estuvo aproximado al suyo en su sueño y en la casa de él.
Se ruboriza por lo que piensa. Sacude la cabeza alejando esas ideas malvadas contra su moral y buenas costumbres, no puede pensar en su rostro y decir internamente que es lindo. ¡Lo está haciendo de nuevo! ¡Vete, vete, vete, vete, vete!
¡Lo encuentras lindo!
¿Qué fue eso? ¿Iggy, fuiste tú? Se pregunta mirándolo y mirando para todas partes. Seguro fue su imaginación, o no. Es su interior, su subconsciente, esa partecita sincera de su cuerpo. No, no seas tonta Emily. Además, ¿quién se fijaría en el ogro? Es un ogro total, un maleducado, gruñón, con sus actitudes de viejo anticuado que se enoja por todo. Se lamenta por sus nietos. ¿Qué le encuentran, eh?
Bueno, por algo tuvo una novia, ¿no?
Tú, cállate. Ni siquiera te conozco, es decir… ¿por qué naces ahora?
Porque primera vez en tu vida te estás negando a algo cuando sabes que no es así. Estoy de acuerdo contigo, es creído y un ogro, pero tampoco está tan mal.
Emily lo vuelve a mirar de reojo, se ruboriza y se golpea la cabeza varias veces sacándose a su parte no-sincera.
Arthur la percibe y gira el rostro. Pestañea y no comprende qué demonios se hace esa campesina. Ella lo nota y se avergüenza por lo estúpida que se vio, ahora la molestará más.
― ¿Te tomaste los medicamentos hoy? ―se burla un tanto preocupado y confundido, ¿qué le hizo golpearse la cabeza de esa forma?
―No te metas en lo que no te importa. ―dice a regañadientes.
―Vaya mujer.
― ¡Eres aburrido! ―grita de repente asustando a Iggy y a Arthur. ¿Ahora qué demonios le pasa?― Kirkland, eres muy aburrido, me aburro contigo, desperdicio un día de la escuela contigo, donde podría correr, saltar, gritar y ser feliz. Contigo no se puede. Ni siquiera me diriges la palabra para platicar de algo, del tiempo o de cualquier cosa, me da igual. Eres el peor amo aburrido que ha tenido la humanidad, y soy la esclava que más se aburrirá hasta terminar el año escolar.
¿Así que es aburrido? ¿Y qué quiere entonces? Bueno, ni no quiere aburrirse le dará tareas, después de todo no la ha hecho trabajar mucho. No debería ser tan blando.
Surca los labios y le señala a un chico de más allá acompañado de un grupo. Le ordena que vaya a él y le escupa en la cara.
Emily se espanta por la asquerosidad que hará. ¿Está loco? No hará eso, se meterá en problemas. No lo hará y no.
Bien, tal vez es asqueroso que una niña haga eso. Veamos, otra cosa que pueda hacer, donde ella se avergüenza y él disfrute. Tiene la idea perfecta.
―Sube a ese árbol y grita: Soy Emily Jones y soy la esclava favorita de Arthur Kirkland, el mejor amo que una puede tener, es un amor de persona.
― ¿Estás de broma?
―No lo estoy.
No bromea, va en serio. La chica respira hondo sin poder creer lo que va hacer, era mejor escupir la cara de ese chico desconocido. Deja al gato en el suelo y se dirige a subir al árbol que le señaló Arthur. Éste le sigue y le pregunta si necesita ayuda para subir. No lo necesita. Es cierto, se le olvida que es una campesina. Emily chasquea la lengua y sube pisando y agarrando rama por rama, lo suficiente para ser vista por toda la escuela. Arthur la observa desde abajo junto con Iggy, mete las manos en los bolsillos para ser todo oído.
Y grita a todo pulmón coloreando de sobremanera sus pómulos.
Gilbert, para las orejas y oye el grito proveniente de afuera, Antonio se pregunta si fue su imaginación, Sakura reconoce la voz de su amiga y se pregunta por qué gritó así, ¿será que Arthur la obligó? Y Elizaveta se desorienta dejando de masticar sus galletas sabor frutilla. Todos ellos se encontraban en un salón.
Emily se avergüenza. Arthur sonríe ganador totalmente satisfecho. Ahí la entretuvo un rato, al menos él se divirtió.
Tratando de bajar por las ramas, pisa una media deteriorada y se rompe, resbalando sus pies. La reacción del británico es inmediata atrapándola, cayendo en el suelo de espaldas. Auch, eso dolió. Emily cayó sobre él del mismo modo y se queja.
Kirkland le ruega que se quite de encima, pesa mucho, ¿qué es lo que come? La de orbes azules se hace a un lado y se defiende con que no pesa nada, es una linda pluma, es él el que no tiene la capacidad de aguantar un peso encima.
Sí, como no, piensa Arthur. Puede soportar cualquier peso, menos a ella. Quién sabe si su peso se debe a esos grandes… Desvía la mirada, no quiere parecer tan obvio.
Los dos se ponen de pie y sienten que todos posan sus ojos en ellos por el grito de la muchacha de Missouri. El inglés sonríe. Emily no le entiende la gracia. Regresan a las siguientes clases donde su grupo usual les hacen un cuestionario del por qué la de cabellos ondulados gritó todo eso. Órdenes del señor de la amabilidad.
Nuevamente la chica esconde a Iggy en su mochila. Pobrecito, no debió venir por ella.
Pasan los minutos, pasan las horas. Arthur hace una pequeña reunión con los presidentes de cada grado, de los mayores. Se ponen de acuerdo y Emily hace de secretaria como ayer, mientras Iggy duerme en un rincón. Parpadea desconcertada al enterarse que se cambiará las horas de algunos clubs para usar el gimnasio, ahí se hará la decoración para la fiesta como todos los años. El tema se elige. Decoraciones estilos medievales que estén en mal estado, pueden ser muebles de sus bisabuelos, abuelos, o alguien que coleccione antigüedades. Sería bueno que trajeran estatuas de gárgolas, dará un ambiente más siniestro, elegante y gótico. Y por supuesto las velas blancas en candelabros. Y el que tiene un esqueleto en la casa, o cualquier otro material que dé miedo, bienvenido sea. La comida, los postres y las bebidas, ya están asignadas. La música estará a cargo de un primo de Elizaveta, es DJ.
Al terminar donde todos se van yendo, Emily llama a Arthur, tiene una duda ese cambio de horario de los clubs.
―Se cambiarán al final de utilizar el gimnasio al decorar la primera parte ―le informa―. Vendrás conmigo ayudarme a la decoración y después a la práctica de fútbol.
―Pero nuestras prácticas estarán en la misma hora, ¿cómo voy acompañarte? ―pregunta confundida y molesta. Arthur se pasa la mano por el cabello sin comprender que no haya entendido.
―Tendrás tu práctica de béisbol como siempre, cuando termines, te duchas y vienes al gimnasio. ¿Entiendes, o te lo explico con manzanas?
―Te puedes comer las manzanas. ―no es tonta, entendió perfectamente.
―También, hoy comenzaremos. Tendrás tu práctica, luego irás al gimnasio, comenzaremos con los detalles y cómo ubicaremos lo que son muebles, mesas, sillas y otras cosas.
―Bien… ―es lo único que responde desanimando su humor. Ya es la hora de ir a su práctica de béisbol. Deja a Iggy con su dueño, no podrá ocuparse de él mientras se concentra en el juego.
Se dirige al casillero de la escuela sacando su ropa de entrenamiento, yendo a los vestuarios.
Su entrenadora la felicita por el buen rendimiento que ha dado en estos días y le comenta sobre el rumor que ronda acerca de Arthur Kirkland. Cielos, parece que tendrá que explicarle a todo el mundo para que nadie piense mal. Le responde mientras bebe una bebida hidratante.
Enseguida se ducha y se cambia de vestuario con su ropa habitual de hoy. Corre a toda a prisa a su casillero y guarda el bolso. Su celular suena y es Arthur. Vamos, recién terminó su entrenamiento, trata de ser lo más rápida posible, ¿Cómo es posible que sea tan mandón? Parece más un sargento.
Cierra su casillero con todas las precauciones de seguro antirrobo. Aumenta la velocidad de su carrera llegando al fin al gimnasio. Kirkland le pide que se acerque y le muestra el diseño que han ideado por mientras en un cuaderno. No está tan mal pero, sólo con velas no alumbrarán todo el espacio, además puede ser peligroso y provocarían un incendio.
Nadie pensó en eso. El inglés se sorprende, a lo mejor la campesina de verdad tiene un cerebro.
Entonces las velas quedan descartadas, utilizaran luces, sin embargo eso opacaría el tema de la celebración. ¿Qué tal velas eléctricas? Sí, de esos candelabros que se recargan, pueden ser utilices y no habrá accidentes. Una vez más aporta Emily.
Definitivamente debe tenerla dentro de la decoración, sí o sí…idiota, es tu esclava, claro que tendrá que obedecerte. Se dice internamente Arthur.
―Ah ―suspira Emily―, tengo hambre.
Gracias al murmuro de la chica, Arthur recuerda que no le da dado su té. Estando pendiente de Iggy se le había olvidado. Le ordena enseguida a la muchacha que le mira con repugnancia, ¿qué? ¿Creía que no se acordaría? ¡Ja! La quiere en diez minutos acá, que comience a correr a la cafetería.
Espera sentado en un escalón mirando a Iggy, se pregunta si tendrá hambre. Debe quedarle un poco de pan en su mochila. La revisa y le queda un pedazo pequeño, se lo da a su gato acercándose. Éste maúlla y acepta el alimento. El inglés surca los labios al momento que Emily parece en silencio llevando un vaso de té. Para en seco, ya que sus ojos se dirigen a la sonrisa de él, inconscientemente. ¿Por qué de repente se siente tan rara? Como si quisiera quedarse ahí admirándole la sonrisa en vez de entregarle el té. Pero sobresalta al ser tomada por sorpresa cuando el rubio voltea y se le acerca recibiendo su infusión. Luego le informa que al terminar de beber le acompañe a su entrenamiento de fútbol, y que le traiga bebidas hidratantes, agua embotellada y toallas. Y eso debe ser…ahora.
¿Cómo va a conseguir todo eso tan rápido? Bueno, que se las arregle, por mientras irá a los vestidores.
Jones ve terminar de comer al felino. Ambos bajan a los casilleros sacando su bolso de práctica para llevarlo a casa a lavar su ropa sucia, y sus ojos parpadean al encontrar una carta adentro. Curiosa, la voltea y lee su nombre. La abre.
Cuando juegas béisbol en pantalones cortos,
tus piernas lucen fascinantes.
Las mejillas le arden, jamás había recibido una carta con esas palabras tan… ¿sensuales? ¡No! ¡Pervertidas! Cierra el casillero, arruga la carta entre sus manos, la hace trizas y la tira al basurero. ¿Q-Quién pudo enviarle una carta así? ¿Su psicópata? Es lo más probable.
Olvida lo sucedido y va a la cancha de fútbol de los chicos, siendo seguida por Iggy. Espera… ¿dónde sacará las bebidas, el agua y las toallas? Ya no tiene más dinero. Tal parece que tendrá que buscar un trabajo a medio tiempo, el ogro la dejará en banca rota. ¿Qué puede hacer? No se le ocurre nada de nada.
A la distancia ve Antonio llevando un balón entre sus brazos. Alza la mano para llamar su atención.
― ¿Bebidas hidratantes? ¿Arthur? ―suelta una pequeña risilla por lo cruel que fue el rubio con la pobre americana― Emily, pequeña, todo lo que dijo el idiota de Arthur se encuentra en ese bolso. Sácalos y los dejas a tu lado, para que piense que hiciste lo correcto.
―Oh. ―se sorprende. ¡Matará a ese anglocejón! ¡Ya le debe dos! No, ¡tres con su humillación en público!
Corre en dirección hacia los bolsos. Saca bebidas hidratantes, tres botellas de agua y cuatro toallas, yéndose a sentar en esos asientos que decoran la cancha. Deja su bolso a un lado junto con las otras cosas. No ve al idiota de cejas enormes.
―Me hace venir aquí y no aparece. ―le dice a Iggy.
Pensando que sólo la molestó para perder el tiempo, su silueta vestida de camiseta blanca y pantalones cortos rojo carmesí se hace presente. Es la vestimenta de entrenamiento, está todo despeinado.
Emily se pierde sin percatarse del rubor marcado.
Kirkland busca con sus orbes verdes a la campesina si hizo o no lo que le ordenó. Perfecto, ahí está, bien obediente. ¿Por qué está roja? ¿Tendrá fiebre? Después se ocupara de ella, su entrenamiento es más importante.
El entrenamiento comienza con un precalentamiento. Emily sacude la cabeza teniendo un montón de preguntas de su inmovilidad repentina. Vamos, sólo va a jugar a la pelota, nada del otro mundo mostrando las piernas.
¡Basta!
Contrólate Emily, ¿qué demonios te está pasando?
El sueño, el casi casi casi casi casi beso que sólo jugó contigo. Esto debe tenerte un poco paranoica, ¿no?
¿Paranoica? Sí, puede ser eso. Pero eso ya pasó y se vengará de él. No tiene por qué reaccionar como boba pegada en su rostro.
O quizás no. Quizás tus hormonas están reaccionando sin darte cuenta. No lo culpo, el ogro como le llamas, su único defecto que es autoritario y creído contigo, no te ha mostrado ese supuesto lado caballero que muchas dicen. ¡Así te gustará más!
¡Desparece de mí mente!
Sacude la cabeza y respira. Se volverá loca hablando consiga misma, no le prestará atención al inglés, mirara a otra parte, y debería acariciar a Iggy por ejemplo.
El entrenador les da un breve descanso y llama a Gilbert a replicarle que no sea tan agresivo si no quiere recibir tarjetas rojas para el campeonato escolar, por poco casi a mata a Antonio.
Kirkland camina hacia a Emily y toma una botella de bebida hidratante. La chica lo observa de reojo y vuelve al frente para no sentir lo mismo que sintió hace poco en su discusión mental.
― ¿Te gusta como juego? ―pregunta de la nada el joven londinense como si no le importara realmente, a lo que sí le importa de manera que tan obediente es su esclava.
―No ―sabía que iba a decir eso―. Juegas como un androide, R2D2. ―sonríe arqueando una ceja dirigida a él.
¿Así? Se muerde el labio y toma una botella de agua. La destapa, posa el dedo pulgar en el orificio, salpicándole un poco de agua a la rubia que empieza a gritar afinando la voz, e Iggy da un salto, no le gusta el agua.
¿Pero qué se cree ese idiota? ¡No se ría, no es gracioso!
Arthur ríe unos segundos y agacha la cabeza para mojarse el cabello. Se siente más refrescante. Se sacude agitando la cabeza y continúa con la práctica abandonando a una campesina con un puchero marcado de odio y resentimiento, sintiendo su ropa húmeda. No la mojó mucho que digamos, únicamente fueron gotas, muchas gotas.
Vuelve a acomodarse y el gato del condenado ogro inglés no se le quiere acercar. Lo entiende, tampoco estaría con alguien con la ropa húmeda, y a los gatos no les gusta el agua. Estúpido R2D2, ¿por qué hizo eso? ¿No ve que está nublado y se puede enfermar? Se nota que no tiene la conciencia de eso. Bufa y cruza las piernas viendo el entrenamiento. Reza para que Arthur se lesione y llore como niña.
Al fin terminando y haciéndole tarde para regresar a casa, Kirkland se sienta a su lado todo jadeado y sudado, bebiendo de las bebidas para recuperar energía. Asqueroso. Emily se aleja unos centímetros de él.
―Sécame ―ordena respirando entrecortado con una voz grave y profunda. Dios, ¿de dónde sacó esa voz?―. Agarra una toalla y sécame el rostro, luego iré a las duchas.
―Como diga, señor. ―a regañadientes toma una toalla blanca con la mano. Piensa cómo debe secarle la cara. Se lo imagina y ríe en silencio. Posterior, mira a Arthur quien la espera impaciente. Averigua por donde comenzar.
¡Vas a secar el rostro de Arthur Kirkland!
¡Otra vez esa cosa! ¡Fuera, fuera, fuera!
De repente se le acelera el corazón y la respiración también. Esas palabras de su mente que le va a secar el rostro al ogro, la ponen así. ¡¿Por qué?!
― ¿Estás bien? ―gira hacia ella― Estás roja, ¿no te habrás enfermado porque te lancé un poco de agua, verdad?
―N-No. ―tartamudea sin explicación.
―Déjame ver. ―posa la mano en la frente de la misurence comprobando su temperatura y ver si tiene fiebre.
De un impulso, Emily lo aleja empujándolo con la toalla todavía en las manos. Arthur casi se cae y se afirma de la banca, ¿por qué tan agresiva? Quiso ser amable y preocupado si estaba enferma. No quiere tenerla enferma, ¿quién atenderá sus cosas? No quiere una esclava en cama durante una semana.
―Sólo trataba de ver si tenías fie-
― ¡Sólo vete a las duchas y apúrate que me quiero ir a casa! ―grita más roja que antes.
Arthur se desorienta. De acuerdo, irá a las duchas. No tiene que alterarse tanto esa chica. Agarra una toalla y se va.
Emily respira profundamente más calmada, mas sus nervios continúan cuando le tocó la frente. ¿Por qué, por qué? Por favor, que no sea lo que esté pensando, tiene que estar loca, además, Arthur le dejó bien claro que jamás se fijaría en una norteamericana, no hay razón para…para…eso por él. Es decir, se conocen hace…dos meses y… ¿puede ser suficiente?
¡No, nunca! Sé racional Emily, no es un cuento de fantasía con final feliz. Lo mejor es olvidar lo sucedido, tranquilizarse…
"La adolescencia es confusa cariño, no sólo por las hormonas, sino también por lo confuso que se pone el corazón."
¿Por qué se le tiene que venir a la mente su padre? Esto no es una confusión, es una confusión relacionada con lo traumada que quedó con su pesadilla y por el juego de ese británico. La alteró y la confundió. Arthur es una especie de amigo-amo, que la tiene como su esclava y eso es todo.
Debe inspirar y exhalar. ¿Ven? Ahora está mejor, son ideas tontas. No debe pensar más en esas tonterías y seguirá como siempre insultando a Arthur, por cierto, le debe cuatro. Tendrá que idear una venganza que equivalga a esas cuatro.
Pero, algo la tiene intrigada. Tuvo una novia, no les gusta las norteamericanas, sobre todo las estadounidenses. ¿Será que su ex fue estadounidense? ¿Le habrá dañado, ella a él? ¿Sería bueno averiguarlo? Tal vez Sakura lo sepa.
Escucha su nombre a la distancia de la boca de Arthur. Emily se levanta y coge sus cosas siendo seguida por Iggy, es hora de regresar a casa.
Caminando al lado del rubio, no le sucede nada, está tranquila. Tenía razón, sólo estaba aturdida por esas cosas que no quiere mencionar. No hay nervios, no hay sonrojos, únicamente siente la brisa gélida viendo el atardecer.
Arthur la mira disimuladamente y la ve sonreír.
.
Adelanto:
Se encuentran demasiado cerca, a centímetros. Él no quita la mirada de la suya, está aterrada. Siente su respiración, la hace estremecer, en su vientre siente… ¿mariposas? Se agita, convulsionará en cualquier instante.
El británico dibuja una sonrisa.
Dacía reacciona y alza la voz. ― ¡Y la pareja ganadora es…!
Tan cerca, tan arrogante, tan ogro… Los nervios la traicionan por esa sonrisa y le da una cachetada para separarlo de ella.
―Es…oh. ―la menor italiana se cubre la boca. El sonido de la bofetada se escucha hasta lo más inimaginable del gimnasio. Todos callan desconcertados.
.
N/A: ¡Adelantos, adelantos! Ya los extrañaba. Lo subo hoy, porque mañana estaré ausente todo el día. Y tenía ganas de subirlo ya, es la adrenalina xD
Nos vemos para el próximo capítulo, gracias por sus comentarios ^^
Se vendrá un especial AntonioxChiara :3
¡Besos!
