DICERIA
Como se habrán dado cuenta, mi inspiración simplemente no ha vuelto. Lamento las molestias.
Aténganse a lo siguiente que van a leer :D
Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capítulo, por favor.
Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Katekyo Hitman REBORN y Cía. no me pertenecen, son propiedad de Amano Akira. Esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro.
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Cuando el río suena, agua lleva.
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°O° Recuerda, tú no eres nadie para juzgarlos. °O°
...
La mafia y las autoridades públicas de justicia a nivel mundial tienen algo en común con respecto a Vongola (Y no, no solo era la firme creencia de que si atentaban a ponerles un dedo encima sin un excelente plan de acción, terminarían con sus traseros embarrados en el piso), y esa cosita que compartían ambos bandos, era la inagotable capacidad de asombrarse de los niveles extraordinarios de rareza y peculiaridad que poseía la familia Vongola.
No se sabía si tomarlo como algo simpático o una mala broma mediocre, pero le salía natural a Vongola su extravagante forma de vida, sin hacer esfuerzo alguno más el que no morir en el intento.
No eran remotamente normales a sus ojos, eso era un hecho. Sin ir muy lejos: el líder actual de la familia italiana más influyente del mundo, era japonés; con genes europeos degradados desde quién sabe cuántas generaciones atrás, pero no dejaba de ser japonés. Sus fieles Guardianes, parecían un grupo heterogéneo de maniáticos psicópatas idiotas asesinos despreocupados al que solo un imbécil se le pudo haber ocurrido poner a trabajar juntos, y sin esperar que se maten entre ellos o destruyan el lugar en los primeros cinco minutos metidos en el mismo cuarto. También entre sus particularidades se incluyen sus hábitos alimenticios, brujerías, chismes de corazones rotos, triángulos amorosos, aparecidos, sobre quién es en verdad el Guardián más fuerte, entre algunas paranoias y tabús.
Y entre tanta rareza que derrochaba dicha familia, allí se podía encontrar el caso del simpático Botiquín de Primeros Auxilios que podías encontrar en la mansión Vongola. Si, incluso el bendito Botiquín de Primeros Auxilios era algo que no estaba dentro de los estándares convencionales, internacionales y dentro del rango del buen sentido común.
Chismes, rumores, cuentos e invenciones se contaron por el misterioso y anómalo contenido de la dichosa caja. Y no solo porque la gente estuviera desocupada y se pusiera a indagar sobre los productos de esa gaveta en especial; cómo cuando la gente se ponía a divagar si la ropa interior de Decimo también era Armani o dónde escondía Gokudera Hayato tanta dinamita en su cuerpo y tener la genial idea de ser un fumador compulsivo (¿Qué lógica tiene eso?)
No, a diferencia de esas cuestiones ociosas nacidas del mero morbo o ignorancia, los rumores propagados sobre el Botiquín se expandieron porque había testigos, había gente, había evidencia, de quién había visto en el interior de la misteriosa caja o mirado los productos que vienen de ella, y la expresión en común para alguien ajeno a la Mansión, solo podía ser descrita como: "What the f… ?!"-face.
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Iván sabía que había algo raro en la escena y tenía la horrible impresión que el único que estaba en fuera de lugar, era él.
Era su primera vez en la mansión Vongola y no había querido creer en la sarta de cosas y rumores que se decía sobre la residencia. Y sobre todo, de sus inquilinos.
Él se apreciaba como un hombre de reflejos rápidos y mente ágil, con sentidos siempre alerta y listos para cualquier oportunidad que tuviera al frente y aprovecharla. Pero debió de admitir que esa extraña impresión que tenía justo en ese momento (y hacía mucho no había tenido), era la de precisamente confusión y la terrible y familiar sensación de torpeza, de esas que no sabes cómo actuar ni que decir por qué no sabes ni qué carajos está pasando.
Tenía tiempo de no sentirse así de inútil…
Debía de admitir que se había preparado mentalmente para cualquier imprevisto que podría ocurrir durante su breve visita. Desde alguna explosión, una estampida de solteronas desesperadas acosando a los Vongola, algún intento de asesinato, exageradas pilas de documentación sin trabajar, visitas inesperadas o incomodas, un pleito campal o desobediencia civil eran algunas de las favoritas. ¡Incluso Varia nomás yendo a joder por qué se le pego la gana! A él le gustaba estar preparado para todo, y no pretendía mostrar ningún punto vulnerable y mostrarse completamente seguro y capaz frente al Décimo.
Pero lamentablemente todo se fue por un tubo a la primera señal de problemas.
...
...
Estaba tranquilamente, discutiendo con el carismático nipón de cabello castaño sobre unos cuantiosos asuntos de negocios, Gokudera Hayato estaba a su lado, tomando los apuntes. Decimo era un partidario de las iniciativas propias y la inversión privada; de todo aquello que lograra sacar del mal estado financiero varias comunidades, ciudades y poblados bajo la protección de Vongola. Iván estaba seguro de lograr convencerlo en invertir en un proyecto o dos, estaba a punto de explicarle la mejor parte, sobre las ganancias cuando…
— Oh, Hayato — interrumpió alguien la reunión — Que bueno es volver a verte. — continuo hablando esa preciosa voz.
Iván volteo apenas para ver como entraba a la habitación, una de las mujeres más hermosas que había visto: despampanante, con un elegante porte, una figura de diosa y una sonrisa encantadora. Estaba a punto de ponerse de pie, formulando una que otra galantería para la dama, cuando de pronto se escucho el THUMP.
Al voltear a ver qué es lo que había caído, con estupefacción, miro tendido al Guardián de la Tormenta en el piso, retorciéndose y con una expresión agonizante en su rostro. ¿Un ataque? ¿Envenenamiento? ¿Una ilusión? Antes que Iván pudiera elaborar más teorías de por qué la mano derecha de Decimo había terminado en el suelo, el mismo Don hablo.
— ¡Bianchi! — escucho reprender el Decimo a la guapa mujer mientras él se acercaba al Guardián tirado. Aunque más que molesto por la inoportuna mujer o preocupado por su sufriente guardián, el nipón parecía… fastidiado.
— Oh, lo siento. Tonta de mí, lo olvide — sonrió ligeramente apenada la susodicha.
— Decimo ¿Qué sucede? — pudo preguntar por fin Iván, mirando a Gokudera en el piso, casi echando espuma por la boca y la mencionada Bianchi con su expresión angelical. Allí había gato encerrado, y no podía ser que el Guardián se hubiera puesto así nada más por ver a una hermosa mujer. ¿Verdad? — ¿Puedo ayudarle en algo? — se ofreció.
— Oh, Iván, gracias. No te preocupes, no es nada serio — sonrió apenado el anfitrión.
¿Nada serio? Su guardián estaba pálido y balbuceando lo que parecía ser su última voluntad.
— Insisto —
Tsuna miro de reojo a Bianchi, que al igual que él, lucía indiferente ante la agonía del peliblanco (Y por alguna enferma razón su sola presencia parecía empeorar la situación, para confusión de Iván) y parecía dispuesta a no despegarse de su lado.
Decimo suspiro, se pellizco el puente de la nariz y acepto la ayuda. — Si fueras tan amable de ir al Botiquín de Primeros Auxilios. — señalo una modesta gaveta blanca que estaba a un lado de una columna, pegada a la pared y pasaba apenas desapercibida de todo el mobiliario lujoso del lugar. — Estoy seguro de que allí encontrarás… —
Y no terminó de hablar porque Gokudera pego un aullido lastimero de dolor mientras sujetaba su estomago. Iván no aguardo más y salió disparado al botiquín. De seguro allí encontraría algo que ayudaría a remediar el problema.
Una medicina para el estómago, una anestesia, algún remedio milagroso, lo que sea de ese nivel de extraordinario que se podía esperar de Vongola, así que abrió confiadamente la gaveta, estando seguro de encontrar la solución a todos los problemas y entonces…
Parpadeó una, dos veces.
Dio un paso hacia atrás, cerro la gaveta y la miro con cuidado por un segundo.
Volvió a abrirla, pero esta vez lentamente y tras contemplar que no eran figuraciones suyas lo que había dentro, su boca se abrió en una perfecta "O" de la pura sorpresa.
¿Pero qué carajos era toda esa basura allí metida? Estuvo a punto de expresar a voz alta.
Tras los iniciales segundos de confusión y los siguientes segundos de duda, Iván trato de ordenar sus ideas y no ahogarse en el mar de preguntas y teorías que inundaron su mente, que trabajaba por encontrarle lógica o relación a todas esas variadas cosas apretujadas en ese pequeño espacio.
Tras dar el reinicio a sus sistema locomotor y emocional, Iván trato de encontrar algo que ayudara con su problema actual pero… ¡No podía evitar mirar con pasmo todos los artículos que allí estaban!
Removía los objetos dentro de la gaveta en busca de algo, lo que fuera, para curar al enfermo, pero francamente, todo lo que estaba allí acumulado ¡dudaba mucho que fuese de alguna ayuda!
¿Cómo carambas la cantidad de cosas metidas en ese botiquín se podría considerar como algo básico en ofrecer los primeros auxilios?
En ese espacio no había vendas ni gasas, alcohol (o por lo menos del tipo de alcohol que se esperaba), bandas adhesivas, pomadas ni jarabes, jeringas, guantes, tijeras, agua oxigenada… ¡Por Dios, ni una bendita aspirina!
— Iván — llamo Decimo e Iván se dio cuenta que ya había demorado en su tarea. ¿Pero que se supone que debía de encontrar allí?
Los nervios y las ansias, la vergüenza se estaban apoderando de él. Quedaría como un idiota si no encontraba algo que mermara el problema.
¡Aunque francamente nadie podría culparlo! Esto debía de ser un maldito chiste, alguien debió de haber jugado de forma muy infantil una broma a los Vongola como para haber cambiado el contenido de su botiquín con todas esas excentricidades allí apiladas. No podía haber otra respuesta, no habría otra forma de explicar el por qué la gaveta, esta en particular...
¡Estaba atiborrada con animalitos de peluche!
...
...
Pequeños, afelpados y suavecitos, de formas adorables, con pequeños ojitos de botones y tiernas expresiones.
Y si bien eran de las cosas más bizarras que había visto dentro de este botiquín, las demás no se quedaban muy atrás. Allí también se encontraba metida una cafetera, (que de alguna extraña forma estaba funcionando como si nada dentro de ese pequeño espacio); por allí también se encontraba una botella de Tequila, por allá había varias barras de chocolate, bolsas de bombones y dulces de uva; no muy lejos se encontraba un vaso con leche; por allí andaba un frasco con una etiqueta que medio se entendía decía "Catnip"; más de un par de tapones para los oídos; unos enormes googles; lo único remotamente similar a un medicamento era una humilde cajita de pastillas sin nombre o etiqueta alguna, pero tenía pegado una hoja de calendario; sin olvidar que pegada a una de las puertas de la gaveta se encontraba pegada la foto de una bonita y simpática mujer castaña, con un número telefónico garabateado en una esquina de la imagen (Y si Iván supiera leer japonés, hubiera entendido otro mensaje allí escrito que decía "Llamar a casa, no olvidar") y otra nota pegada en la parte trasera de la caja pero era casi casi lo primero que veías al abrir el botiquín, esta vez en italiano y decía "Cuenta hasta diez, son tu familia… No hagas una estupidez de la que te puedas arrepentir después."
— ¿Iván? —
E Iván no sabía que carambas a hacer cuando Decimo lo volvió a llamar. No tuvo más remedio que, con una expresión producto del bochorno y la derrota, dar la cara y afrontar su fracaso rotundo, justo enfrente del gran capo y quedar como un idiota en momentos de crisis.
Con un montón de cosas que había sacado del botiquín entre los brazos (la mayoría, un montón de peluchitos adorables) y procurando que su voz no sonará tan lastimera como en verdad se sentía, estaba a punto de pedir disculpas por su mediocridad cuando…
— ¡Oh, los encontraste! — comentó Decimo con sosiego en su voz al acercarse y tomar un objeto de entre todos los que estaba sujetando. — Gracias al cielo, por un momento pensé que ya no había de estos en el botiquín, supongo que son el último par pero por ahora bastarán. Muchas gracias, Iván — sonrió complacido el nipón mientras regresaba con Bianchi y le entregaba… el par de googles que había sacado en sus prisas.
¿Ah?
...
— Listo, Tsuna — escucho decir a Bianchi con su misma melosa voz, Iván nuevamente se quedo desconcertado al ver que su preciosa belleza estaba cubierta por ese par de gafas enormes, que no entonaban en nada con su elegante ropa.
— Bien. La próxima vez trata de ser más cuidadosa, de suerte teníamos un par extra en el botiquín — decía sin mucha importancia Tsuna mientras recogía los documentos que había dejado tirados Gokudera.
La susodicha Bianchi rió coquetamente, se excuso y sin más se retiro de allí. Iván solo alcanzo a verla salir y después solo poso su vista en el cuerpo casi inerte de Gokudera. Cuando menos ya no parecía retorcerse de dolor como algún poseído.
Quizás su expresión era tal que Sawada Tsunayoshi, al verla, suspiro y sonrió cansinamente.
— ¿Quieres que te explique qué fue lo que paso? — pregunto amablemente
No.
Francamente no.
Si Iván no quería saber por qué demonios tenían todos esos cachivaches metidos en lo que se supone debía ser el Botiquín de Primeros Auxilios, obviamente no quería saber por que demonios semejante hermosura de mujer hacía enfermar a uno de los más temidos y respetables Guardianes de Vongola.
Sonrió derrotado.
— No, gracias —
Hombre listo, pensó Tsuna para sus adentros.
Tratando de obviar el hecho que había una persona medio inconsciente en el piso, que la mesita de café se había visto repleta de un montón de peluchitos (Iván no quiso regresar y abrir nuevamente el Botiquín, para ver con horrorosa confusión que más cosas había dentro), y procurando de no mencionar para nada lo que había ocurrido en los cinco minutos en esa habitación, tanto Iván como Decimo siguieron con su conversación.
Iván aprendió, como muchos otros, y de forma rápida, en no cuestionar las cosas y mejor solo aceptarlas.
Algunas veces la gente olvidaba que para salvar la vida de una persona a otra, podía variar demasiado que pudiera considerarse como primeros auxilios. Principalmente tratándose de esta peculiar familia.
Así que evitando de darle lógica al asunto, ahorrarse unas neuronas y algunas situaciones embarazosas, la gente se abstenía de opinar.
Así que para muchos era toda una incógnita de por que Vongola consideraba de vital importancia tener una botella de Tequila en caso de una inesperada visita de Xanxus; por qué Gokudera hacía uso del Catnip; el misterio de esas pastillitas; la necesidad de tener siempre un buen café a la mano; la suma atención de no olvidar llamar a casa y saludar a Maman, para que no se sintiera sola allá en Japón... Y cosas así, que uno sería incapaz de comprender.
Si Iván hubiera tenido el valor de preguntar porqué, entonces, siendo tan caóticos, su botiquín no tenía ninguna pastilla para el dolor o su similar. Fácil. Decimo y todos sus allegados cargaban aspirinas consigo a todas horas, peor que dulces, en ocasiones. ¿Por qué no tenían ni siquiera una lista de los números de emergencia? ¡Decimo se hubiera reído! Ellos no tenían esos números ni en marcación rápida. Mejor dicho, los servicios de emergencia son los que tenían algunos números de Vongola y llamaban con frecuencia para saber si no se les ofrecía algo. Nunca estaba de más checar que la mansión mafiosa siguiera en pie de vez en cuando.
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Así que la próxima que andes por la famosa mansión, y que veas un plushie demasiado kawaii de Hibird dentro del Botiquín de Primeros Auxilios, ¡cierra la boca y no preguntes! Si estás en dicha residencia y justo eso está dentro de su bendito botiquín, ¡es porque en verdad puede salvar tu vida en el momento más oportuno !
¡Deja de buscarle la lógica al asunto!
¡Uno no es nadie para juzgarlos!
Así que sostén ese plushie como si tu vida dependiera de ello, que allí viene Hibari y quizás con algo de suerte (y con mucha ayuda de tu pequeño peluche) ignorara el hecho que tú y él están en la misma habitación, y no estás haciendo una gran multitud la cuál él se verá en la necesidad de morder hasta la muerte.
Suerte~
Espero no haber exagerado demasiado con este capítulo.
¿Qué otras cosas consideran ustedes deberían estar dentro de ese botiquín?
