Gracias a Sharon, Chat'de'Lune, Loreley, Alpha and Omega F3, daniela70306, Wings y Moniii por dejarme un comentario 3
Le mando unos besitos a mi novia que está enfermita, y lo subo ahora para que pueda leer algo y se anime, o llore, o lo que sea que pueda provocar este capítulo…quizás no debería ser bueno para su corazón…pero bueno, mi maldad es única. Mejorate pronto, nena.
Ojalá disfruten este capítulo.
¿Sabían que quedan tres capítulos? Se acerca el final.
Capítulo 10: Pasión incontrolable.
La juventud la despertaba. En realidad, era en parte su culpa. Nunca le había pasado, o no imaginaba que le pasaría, pero estaba abrazando a la pelirroja. Quizás lo hacía con mucha fuerza o algo, pero la chica soltó una risa.
-Me haces cosquillas, o me rompes una costilla, algo en ese estilo.
Se despabiló un poco. Y se empezó a alejar lentamente. Su cuerpo aún estaba adormecido. Debía admitir que había dormido muy bien, y se sentía descansada y tranquila. Miró a la chica a su lado. Le sonreía animada. Escuchó el sonido del celular cavernícola de la pelirroja. Ambas saltaron. Anna corrió al living a buscar el aparato abandonado en aquel lugar, mientras que la rubia la siguió lentamente, sin muchas energías.
Se veía que la llamada era urgente, porque llevó sonando un buen rato, con insistencia. Parecía que al ver el remitente ella se negaba un poco a contestar, hasta que al final tuvo que hacerlo.
- ¿Aló? … ¿Hans? ¿Que? ¿¡En el hospital!? ... ¿No recuerdas nada?...
Los ojos turquesa brillaron con una leve malicia. No podía decirle sobre lo sucedido. Lo había dicho ella misma en una de sus clases. La mente humana podía recordar sucesos cuando estaban asociados a otra persona o situación. Si la mencionaba a ella, o a sí misma, en alguna situación, su memoria podría activarse. Si recordaba que posiblemente una profesora le había dado con una tabla de madera, el chico podría levantar cargos y la llevarían presa, o peor, la despedirían.
-…Mira, no lo sé, te pusiste como un idiota y yo me fui de ahí, no sé si te metiste en alguna pelea o algo…Si, de hecho, estuve pensando seriamente en ponerte una orden de alejamiento si sigues así…Como sea, ojalá te mejores, no te deseo mal tampoco, pedazo de imbécil.
Anna dijo un par de cosas más y colgó finalmente. Ambas se miraron.
-Estaba un poco ebrio, así que dijo que habría entendido que se hubiese metido en líos por andar caliente. No indagará más, de todas formas no estaba tan mal. Mi mordida se curará rápido, y por suerte tú no tienes mucha fuerza para haberle dejado secuelas o algo así. - Soltó una carcajada, recibiendo un bufido de vuelta. – Así que probablemente quiera volver a hablar conmigo.
-No te dejaré sola esta vez.
-Oh, vamos, estaré bien.
-Ayer no lo estuviste.
-Vamos, estaba cansada, además tú estabas cerca, no quería ya sabes, ponerme agresiva.
-Prefiero eso a que él llegue a tocarte. O de verdad le romperé cada una de sus vértebras cervicales.
-Dios, eso sí es sexy. Proteges lo que es tuyo, suena bien.
La chica se le acercó y le rodeo el cuello, mirándola con aquella mueca picara. La rubia solo se sonrojó. Abrazándola suavemente de vuelta. Apoyó su rostro en el hombro de la pelirroja. Sin tener zapatos no era tan alta, pero seguía quedando en una posición perfecta.
Sintió que su propio rostro se fruncía. Estaba algo triste. No podía proteger lo suyo si no era suyo aún. Soltó un pesado suspiro. Se sentía extraña. Necesitada. Ansiosa. Melancólica. Permitir que aun pudiese ser algo del joven Wrestler la ponía de un pésimo humor. Si. Quería a la pelirroja para sí misma. Que fuese de ella, y que nadie pudiese acercársele.
- ¿Eh? ¿Dije algo malo?
-Se mi novia, Anna.
La chica se soltó del agarre, con su rostro rojo y sus manos temblorosas. Se veía absolutamente sorprendida. Hasta alterada. La apuntó con el dedo haciendo una mueca de fastidio.
- ¡Hey! ¡Se suponía que yo iba a decirlo!
La rubia ladea el rostro con confusión mientras frunce levemente el entrecejo. No entendía a la chica. ¿Quería qué? Los jóvenes de hoy en día…
- ¿Se suponía?
- ¡Claro! …o sea…
La chica se queda meditando un poco y luego suspira. Se veía avergonzada. Era realmente tonto preocuparse por algo tan insignificante. O quizás para la chica tenía un porqué de peso. Una buena razón. Sus ojos la evitaban con nerviosismo.
- ¿Entonces?
-Nunca me lo habían pedido. Las cosas solo sucedían, pero quería pedírtelo yo, ya sabes, como muestra de madurez, pero iba a ser todo tan rápido, y yo…pero pensé que talvez tú, no sé, no estabas preparada para el compromiso aún, y no quise presionarte… ¡Joder! ¡Ahora tú eres la que va rápido, Elsa!
Hizo un pequeño berrinche cruzando los brazos. Solo pudo soltar una risa. Sentía que solo se estaba preocupando de más. Anna la seguía sorprendiendo. Era tan adorable que dolía. Solo quería ayudarla y apoyarla en todo. Era un ángel, estaba segura.
-Puedo ser muy ansiosa a veces.
-Eres de las mujeres que quiere todo de inmediato, lo sé, me he dado cuenta. -Le sonrió, observándola fijamente con esos turquesas llenos de brillo. Cruzó sus brazos tras su espalda convirtiéndolo en un gesto tan adorable junto a la sonrisa más linda que había hecho desde que la conocía. - Acepto. Seré tu novia, Elsa.
Otra faceta de Anna. Una nueva, una que había hecho que su corazón dejara de latir por unos milisegundos, o quizás más. Era como morir, y revivir en un mismo momento.
Se acercó lentamente, saliendo de la impresión, y la tomó de las mejillas.
-Gracias.
-No me agradezcas, no es como que no quisiera.
Soltó un ligero suspiro y sonrió. Siempre sabía que decir. La besó suavemente. Un beso muy casto. Le dio una leve sonrisa. Ahora si se sentía más segura. No se sentía en el aire. Era algo concreto, existente.
Real.
-Bueno, me bañaré primero para hacer desayuno.
La pelirroja se pone alerta. Se miran un momento, atentas la una de la otra.
-Ni lo sueñes, Elsa, ya gané.
Empezó a correr de la nada y llegó al baño en cosa de segundos. Se quedó ahí, mirando la nada. Ensimismada con todo lo ocurrido. Esa chica le gustaba mucho. Más de lo que podía creer.
Luego de unos minutos la chica salió del baño, con su cabello húmedo y su ropa del día anterior. Se miraron. Anna le parecía una mujer muy linda, muy natural. Eso le encantaba. Todo lo que llevase puesto, o como tuviese el cabello, todo se veía cómodo, como si hubiese nacido así.
-Hey, creo que tendré que empezar a traer ropa para cuando me invites.
-Te invitas sola, deberías dejar ropa aquí para cuando la necesites.
Sus mejillas se sonrojaron. Se dio cuenta de lo que había dicho. Muy impropio de si misma. Aunque no podía culparse. Anna la hacía ser diferente de lo usual. Terminó sonrojándose de igual forma. Indudablemente avergonzada.
-Dios, eso sí es una propuesta indecente.
Le iba a tirar la oreja, pero prefirió que no. Su propio nerviosismo se lo impedía. Se limitó a pasar a su lado y entró en el baño. Escuchó a la chica soltar un suspiro. Ya había actuado para proteger su oreja con su mano. Pudo darse cuenta. Soltó una risa al estar sola. Se había vuelto un mal hábito, pero al parecer la joven estaba aprendiendo correctamente.
Cuando salió se vistió con unos jeans y una camiseta azul. No estaba muy frio aún. Avanzó al comedor y vio la mesa servida y a la pelirroja con su coleta alta, aun humedecida, mientras disfrutaba de la televisión. Cuando se dio cuenta de su llegada simplemente le dio una cálida sonrisa. Esa escena era tan gloriosa que le gustaría vivirla cada día de su vida. Daría lo que fuese por eso. Despertar junto a la pelirroja también sonaba memorable.
Comieron tranquilas. Pero se notaba que la pelirroja tenía que irse. Miraba la hora con algo de incomodidad. Como si estuviese amarrada por algún deber, pero evitara con fervor el tener que moverse de su lugar.
- ¿Tienes que irte?
-Estoy algo nerviosa, tengo que estudiar. Esta semana son los exámenes, y también sé que debes estar ocupada con ello, y no quiero ser una distracción para tu trabajo.
No le molestaba para nada la presencia de la chica, pero era consciente de que la distraía un montón. Era el imán Summers que venía incorporado en la chica. Igual se alegraba de poder pasar tiempo con ella en la semana. Verla en el salón. Tropezarse por los pasillos. Esperaba verla más seguido ahora que eran una pareja como tal. No pudo evitar sonreír.
- ¿Me vas a extrañar?
La voz de la pelirroja sonó en un tono divertido. Le gustaba tanto molestarla. Solo soltó un suspiro y la miró fijamente. Quería que sus ojos azules transmitieran todos los sentimientos alborotados que la llenaban.
-Cada segundo.
Su rostro había enrojecido de inmediato. Le dio un bufido e infló sus pecosas mejillas. Ella también podía jugar ese juego.
Pero era verdad. La extrañaría.
Su cercanía, sus besos, su calor, su aroma, hasta sus bromas. La extrañaría desde que dejara su departamento.
La acompañó hasta la salida, disimulando la decepción de no tenerla más tiempo con ella.
-Nos vemos el martes.
Anna soltó una risa. Su rostro se veía tan juvenil. Tan lleno de vida. De verdad era su luz. Se le acercó en un rápido movimiento y le robó un beso. Su sonrisa divertida era lo mejor. Igual no pudo evitar sonrojarse. No era fácil acostumbrarse a aquello.
La chica se alejó, y antes de doblar para coger el ascensor, se devolvió casi corriendo. No pudo siquiera comprender la situación. Solo sintió las cálidas palmas en sus mejillas, y los labios pasionales en su boca. Como si quisiera destruir toda pizca de lejanía entre ambas. Se quedó ahí, mientras la pelirroja la devoraba con pasión. No podía siquiera moverse. La chica se detuvo a segundos de que sus piernas cedieran.
-Nos vemos el martes.
Dijo riendo y empezó a caminar hacia el ascensor.
Se quedó en el marco de la puerta, con sus fríos dedos tocando el rastro de calor en sus labios. Su corazón estaba eufórico. Exaltado. No sabía que parte de ella era la que estaba más cuerda, pero su mente estaba en blanco, mientras se iba llenando rápidamente del nombre de la pelirroja en cada rincón vacío.
…
El lunes empezó a dar clases a las diez, y las dos clases siguientes eran repasos para la evaluación. Cada sección tenía dos clases por semana. La primera era de repaso o materia diferente, y la segunda se ocupaba para dar los exámenes correspondientes. Esa era la metodología de la universidad en semanas evaluativas.
Adoraba los repasos. Eran tranquilos, claro, si los estudiantes no tenían muchas preguntas ya respondidas veinte veces antes. Podían terminar antes si tenían todo resuelto. Cuando se volvió una persona adulta dejó de sentir sentimientos de odio hacia los demás, pero estaba bastante cercano el sentimiento con aquellos estudiantes que detenían las clases, y no era porque no entendieran, era porque no prestaban atención. Hacían que sacara lo peor de sí misma.
Cuando salió de su última clase pasó por un pasillo y vio justo en el cruce a la pelirroja. Iba a saludarla, pero se escondió detrás de un pilar cuando la vio conversando con el joven Wrestler. No se encontraba sola. No entendía porque se había escondido de manera tan infantil, pero de verdad agradecía que no hubiese muchos alumnos por ahí o notarían que algo pasaba. Solo suspiró y se quedó escuchando en silencio. No quería que el chico se pusiera tan mal como antes, pero al menos no tendría posibilidades de hacer alguna estupidez como la de esa noche con la cantidad de movimiento del pasillo.
- ¿Te he pedido perdón cuantas veces?
-Da igual las veces, dije que no te iba a perdonar, fuiste un imbécil.
-No me culpes, tuve mis razones.
-No te perdonare, joder.
-Pero soy tu novio, deberías pensar en eso.
-Ya no lo eres…
Hubo una pausa. Tragó pesado al notar como la pelirroja buscaba las palabras indicadas para continuar.
-Además, hay alguien más…
- ¿Qué? ¿De qué hablas? ¡Bromeas!
Vio de reojo como el chico tomaba a la pelirroja de la muñeca. Era su momento de entrar. Ser la temible Elsa Storm. Caminó a su lado, haciendo sonar sus tacones. El chico dio un respingo y se topó con la profesora que tenía encima esa seriedad característica.
-Señor Wrestler, usted es un adulto, y debería discutir sus problemas con seriedad y responsabilidad y créame que el pasillo no es el lugar indicado para hacerlo, y si se comporta de una manera sospechosa, algún docente que le haya visto, podría llamar a la policía.
El chico de inmediato le soltó la muñeca. Se le notaba arrepentido y avergonzado.
-Lo siento, profe.
-Es una advertencia, y será la última. Hasta luego, jóvenes.
Salió caminando de ahí. Se alegraba que el joven no recordara nada de la noche pasada. Además, también agradecía que fuera un lame botas. Para él era importante mantener una buena actitud con sus superiores. Como si quisiera ganarse un lugar en el mundo. Al parecer antes no le tenía mucho respeto, pero ahora sí. Al fin la veía como autoridad, y eso era bastante bueno en aquella situación.
No quiso darle una mirada a la pelirroja, o probablemente perdería un poco de su frialdad. Soltó un suspiro. Llegó a la sala de profesores a buscar sus cosas y a asegurarse que tenía los exámenes correctos para el día siguiente. Luego salió de ahí para ir hasta su auto. Se demoró un poco, pero solo faltaban unos minutos para las cinco y era reparador llegar unos minutos antes a su casa. El día siguiente sería un día duro, necesitaba descanso.
Condujo hasta su departamento y subió al ascensor. Dio un respingo al ver a la pelirroja en la puerta de su casa. Agarraba los arciales de su mochila mientras miraba el suelo. Se veía algo deprimida, o no sabía bien. Empezó a imaginarse lo peor.
- ¿Anna? ¿Te pasó algo?
La chica levanta la vista. Su rostro se veía muy rojo y sus ojos tenían ese tono oscurecido. Tenía miedo que el castaño le hubiese hecho algo inapropiado.
-No, solo quería verte.
Volvió a bajar la mirada. Se notaba avergonzada. Llevó sus manos hacía el bolsillo de su sudadera fucsia. No entendía que le pasaba. La sentía extraña, diferente de la típica Anna. Se acercó a la puerta y metió la llave. Antes de girarla escuchó a la voz de la chica.
-Lo siento, Elsa, sé lo que te dije, pero ya no puedo aguantar más…
Se quedó unos segundos intentando descifrar las palabras. ¿A qué se refería? Volteó a mirarla. Se notaba confusión en su mirada. No la entendía. La pelirroja la miró notablemente enfadada por tener que resolver ella misma el acertijo. Su rostro se encendía cada vez más.
-Quiero hacerlo contigo, Elsa, dije que esperaría, pero no creo que pueda, no teniéndote en mis pensamientos noche y día, y mucho menos viéndote en la universidad, estando ahí, tan cerca y tan lejos…
Volvió a mirar la llave inerte. Eso sí fue muy directo. Sintió su cara hervir. Tomó un respiro. Su mano comenzaba a temblar. Estaba mal empezar todo tan rápido, lo sabía. ¿Pero que era rápido? Ahora eran pareja. ¿Esperarían al matrimonio? Eso era ridículo. Podía notar como Anna era honesta con ella. Anna ponía de su parte, y pensaba en sus sentimientos. Hacia el intento. Pero hasta ella era humana. Luego del beso que le dio hace unos días, sus sueños se habían vuelto aún peores que antes.
Le dio la vuelta a la llave y abrió la puerta.
Si ella no tenía algún tipo de negación al respecto y estaba segura de los sentimientos de la pelirroja, ¿Por qué tenía que ir lento?
Confiaba en ella, en la manera seria en la que estaba reaccionando a su relación, hasta había cortado de manera directa su relación con el chico. Amaba a Anna, y sabía que Anna la correspondía. ¿Qué más podía pedir?
Tenía algo de miedo, tenía que admitirlo, pero imaginaba que era algo normal.
La pelirroja cerró la puerta tras ella. Tenía que ser honesta.
-Solo ten cuidado…
Era su primera vez. Parte de su yo fantasioso quería que esa vez fuera perfecta. Pero era con la persona que amaba, así que solo podía tener fe en que Anna la trataría bien. Aunque no dudaba de eso. Ella siempre la sorprendía.
Escuchó la mochila de la pelirroja caer al suelo, y antes de mirarla, sintió su cuerpo apegado contra la pared. Anna la estaba besando y la presionaba contra la construcción. Las manos de la joven llegaron a sus piernas, y de la nada sintió sus pies elevarse del suelo. Dejó caer su bolso ante el movimiento. Anna la presionaba, llenándola de su calor y de su euforia. Su lengua no la dejaba pensar en nada. Solo podía agarrarse de su cuello por miedo a caer.
Era solo una muñeca de trapo entre esas manos de cazador.
La agarraba con fuerza. Podía sentir ahora la boca de la chica en su cuello. No imaginaba que la chica iba a actuar tan deprisa. Con tantas ansias. Como si las palabras que le dio fuesen tan ciertas que rozaban la locura. Como si ella misma estuviese rozando la locura durante ese corto tiempo.
-Anna, deja que me dé un baño.
-Cuando te decía que no podía esperar iba en serio.
-Me arrugaras el traje.
Cerró los ojos. Anna besaba su cuello y le daba leves mordidas. Las sensaciones no la dejaban concentrarse en su dialogo. O en algo. O en cualquier cosa que no fuesen los escalofríos que pasaban eléctricamente por cada rincón de su cuerpo.
-Déjame al menos de darme el gusto de tenerte como la profesora de la que me enamoré.
No pudo rehusarse a sus palabras. Hasta sintió como sus labios se curvaban en una leve sonrisa. Anna era muy linda y astuta.
Anna comenzó a caminar por la casa, con ella a cuestas, sin detener sus besos, sin detener su actitud de depredador. Tenía la sensación de que su falda se podía desgarrar en cualquier momento. Anna no estaba pensando en lo absoluto. No iba a detenerse. No podía. Lo tenía claro.
Sintió como era dejada en la cama. Con cuidado, pero con rapidez. Los ojos turquesa la miraban con esa oscuridad tan lasciva. Estaba decidida. Sintió como le abría la camisa. Quizás oyó como uno de los botones salió volando, estrellándose con la pared. Siguió besando su piel. Jamás había sentido algo así, y le estaba fascinando. Era todo tan nuevo. Mejor que cualquier sueño que pudo haber tenido. La realidad superaba cualquier expectativa.
El rastro de sus labios cálidos era una sensación indescriptible.
Se aferró de la cama mientras los labios de la pelirroja recorrían todo su torso. Con sus manos intentaba despojarla de su saco torpemente. Intentando desnudarla sin mucha efectividad. Cuando lo logro solo sintió aquellas manos inquietas en sus piernas, buscando otro objetivo, sin perder tiempo. Subiendo y bajando. La estaba volviendo loca. Intentaba no dejar que su boca emitiera sonidos demasiado fuertes. Intentaba controlarse. Pero su humanidad lo hacía todo más complicado. Su cuerpo temblaba, sobre todo cuando las manos de la pelirroja llegaron al lugar que ni ella misma había explorado lo suficiente.
Ahí simplemente perdió el control. El calor sofocante había traspasado las barreras que quedaban aun en su vida. No podía negarse. No ahora. Reiteraba, las imaginaciones no eran nada comparadas con la realidad. Se estremeció y se aferró al cuerpo de la pelirroja, mientras su mente se iba a blanco poco a poco. No controlaba sus espasmos, su voz, o cualquier parte de su cuerpo y mente. No era nadie. Solo sabía que era de Anna. La sentía tan cerca. Su aroma, su calor y sus movimientos acompasados con los movimientos involuntarios de su cadera. No podía pensar en nada más que en ella. Las sensaciones eran tan fuertes y tan nuevas que no era capaz de asimilar absolutamente nada. Su voz temblaba. No podía contenerse.
Estaba a la merced de Anna. De su Anna.
Su cuerpo se estremeció de una forma casi ficticia para terminar en la nada misma. Estaba cansada. Agotada. Como si hubiese corrido un buen tramo y al fin pudiese descansar. Su ritmo cardiaco estaba enloquecido. Sintió como Anna besaba su rostro con una sonrisa divertida. La abrazaba con fuerza. Protectoramente. Se quedó a su lado, apegada, unos momentos, hasta que al fin pudo recuperar el aliento. Sintió como era arropada. Su cabeza dejaba de dar vueltas y empezaba a ejercer sus funciones. Nuevamente solo podía distinguir esa sonrisa que tanto adoraba.
- ¿Y qué tal?
Puso su mano en el rostro de la chica, tomándola por sorpresa. Tenerla así de cerca, mirándola descaradamente luego de todo lo que había ocurrido, era demasiado. Solo quería hundirse en las mantas y no ver a nadie por horas.
-No puedes preguntarme eso.
Sintió como ella hacía un leve puchero. Era una chica hermosa. Retiró su mano y le peinó el flequillo con sus largos dedos. Normalmente se sentía tan contrastante con la piel de la pelirroja, pero ahora se sentía tan llena de ese calor. No se sintió gélida. Ya no se sentiría así de nuevo.
-Ahora tendré que llevar esta ropa a la tintorería.
-Pero me esforcé.
Hizo un leve berrinche y la abrazó con más fuerza. No le iba a decir que hizo un buen trabajo, porque desconocía lo que era un buen de un mal trabajo. Pero la había hecho darse cuenta que la actividad sexual no estaba tan sobrevalorada como creía. En realidad, era una manera rápida y eficiente de demostrar los sentimientos por otra persona. Le dio un beso en la frente e intentó acomodarse. Su camisa estaba desabrochada al igual que su sujetador, ambos en estado precario, su falda estaba subida y sus medias estaban en sus rodillas. Se veía muy desordenada, más de lo que podía soportar. Soltó un suspiro. No estaba lo suficientemente cómoda para seguir en lo suyo.
Escuchó la risita de la pelirroja.
-Ups, lo siento. -Le sonrió pícaramente, sacándole la camisa lentamente. - Te ayudaré con esto.
No le bastaba con hacérselo, sino que también quería cumplir su objetivo fallido en el acto. Sintió sus labios nuevamente en su cuello. La hizo temblar. Esa podía ser una de sus zonas erógenas. Negó con la cabeza. No sabía si estaba lista para lo que los jóvenes llamaban "un segundo round". Anna era muy hiperactiva y tenía montones de energía. Pero ella no demasiada. Le tiró una de sus trenzas intentando llamar su atención. Sus manos ya habían desabrochado su falda y su torso estaba completamente desnudo. Sintió algo de vergüenza al verse así. Era extraño y algo incómodo. Intentó taparse sin mucho éxito. La mirada de Anna se veía suplicante.
-No sé si pueda aguantar otra vez, Anna.
-Vamos, solo una vez.
Su rostro de cachorrito volvía a presentarse. Ella sabía que no podía resistirse a eso. Solo pudo demostrar su desaprobación con un suspiro y Anna terminó haciendo de las suyas.
No pudo resistir mucho. A los minutos cayó rendida en la cama. Sentía su corazón a punto de salirse. No era físicamente probable, pero la analogía describía bien la sensación. La chica se había acurrucado a su lado. Se despojó de la sudadera por la culpa del calor del momento, y su rostro estaba enrojecido por el cansancio. No quería imaginar lo roja que ella misma podía estar. Se sentía tan caliente. Y cansada. De hecho, se durmió unos segundos. Fue casi como un largo pestañeo.
Se asustó un poco, pensando que ya era tarde, pero solo habían pasado una hora desde que llegaron. Anna tenía los ojos cerrados. Había recuperado su color. Respiraba calmada. Tanto que no sabía si estaba dormida o solo descansaba.
Iba a ser un reto si Anna quería más rounds de los que su cuerpo podía aguantar. Sonaba vergonzoso, pero tenía de admitirlo. Llevarle el ritmo a una universitaria iba a ser difícil.
Se quedó mirando a la chica unos segundos. Sus pestañas, sus pecas, sus labios. Hasta que sus ojos se posaron en la fina clavícula de la chica. El temor la atacaba. El miedo más grande que tenía respecto a esa parte de la relación. Sus inseguridades la golpeaban con malicia.
Su miedo…
Anna tenia experticia. Anna sabía que lugares tocar. Anna conocía muy bien la anatomía. Bueno, ella también, pero solo a un rasgo científico. Anna la tocaba como pudo haber tocado a alguien más. Frunció los labios. Eso la deprimía así que intentó alejarlo de su mente. Solo esperaba que su cuerpo fuera el ultimo que tocara. Se retó a si misma. Eso era egoísta.
¿Acaso no todas las relaciones lo eran?
Al menos ella si lo era. Se sentía egoísta, también era parte de su miedo.
Sus nulas habilidades le jugaban en contra.
No tenía muchas habilidades en las relaciones interpersonales por obvias razones, pero tampoco tenía habilidades en ese nivel físico-sentimental, por también obvias razones. Quería tocarla. Quería que Anna fuese suya. Que no fuera ni de Hans Wrestler ni de Kristoff Johnson. Ni cualquier otra persona que fuese cercana a ella. Solo suya. Demostrarle sus sentimientos como la pelirroja lo había hecho con ella. ¿Tan difícil era?
Marcarla como de su propiedad.
Sonaba horrible hasta para sí misma. Casi inhumano. Pero era una mujer controladora que quería todo para ella, que las cosas fueran como ella quería. Eso era lo peor de sí misma. Pero no había forma de solucionarlo. Uno nacía con sus valores y con aquellas cosas que forman parte de la personalidad, aunque no sean del todo agradables.
Pero le daba miedo no ser lo suficientemente buena para ella.
No complacerla.
Poder ser comparada con alguien más que hubiese tocado a Anna…
Sentirse menos. Sentirse inútil.
Cerró los ojos. Estaba deprimiéndose nuevamente. Se sentía débil cuando pensaba sobre eso. Por qué si, lo había pensado mucho últimamente. Desde esas imaginaciones, luego desde que empezaron a tener algo.
No ser suficiente para Anna…
Que Anna se aburriera de ella…
Y la dejara…
Anna tuvo que irse luego de un rato. Ambas tenían clase al día siguiente y tenían cosas que hacer. No supo bien al respecto. Sentía que estuvo en las nubes todos esos minutos que hablaron. Pensando en eso. Intentó dejarlo pasar, pero su mente la lastimaba, metiéndola una y otra vez en aquel agujero negro del que no podía escapar. Esperaba que la pelirroja no se molestara por aquello. Que no se percatara.
Soltó un suspiro.
Despedirse siempre era difícil.
Se acurrucó en la cama. Aun teniendo su cuerpo bañado en las sensaciones pasadas. Aun sintiendo los temblores que la cubrieron por completo.
Se dijo a si misma que tenía que preparar evaluaciones, sin embargo, siguió pensando en aquello que le remordía la conciencia. Sintió como una lagrima bajó por su rostro. La primera en mucho tiempo. Una lagrima de impotencia. Se abrazó a sí misma. Intentando cobijar sus temores. Intentando alivianar la carga que sentía en su espalda.
"No me dejes, Anna…Menos ahora que has calado tan profundo en mi corazón."
Capitulo siguiente: Circunstancias Incomprendidas.
"Estaba jugando con el destino, estaba a segundos de perder la batalla…"
¿¡ELSITA PORQUE PIENSAS ESO!? ¡Si eres un manjars!
¿¡PORQUE LE HAGO ESTOOOO!?
Creo que soy una persona muy vil, y aun puedo ser peor ;-; No me maten en el siguiente capítulo por favor.
¡Dejen un comentario, me anima mucho!
Nos leemos pronto.
