Disclaimer: InuYasha, su historia y sus personajes son propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi, yo simplemente los tomé prestados por un tiempo indefinido para escribir esta historia, sin fines de lucro.


Negocios Prohibidos

Por: Samantha Blue1405

Capítulo 10

Secretos

Sesshomaru continuaba observándola y ella permanecía inmóvil, así que él pasó un brazo por su cintura y la obligó a despertar.

Rin lo interrogó con la mirada y arrugó el entrecejo, interrogándolo por haber tomado posesión de su cintura como si nada. ¿Cómo se atrevía?

— ¡No me toque! —Siseó, recordando aquel engaño de la fotografía.

No quería que volviera aprovecharse de lo que su mero contacto ocasionaba en ella. Rápidamente se deshizo de aquel abrazo falso, y se acercó a Ah-Un, que permanecían atentos a cualquier movimiento a su alrededor.

— Ridículo —masculló él, avanzando por la entrada principal del hogar de ancianos.

Tal vez tenía razón, era ridículo molestarse por ese tipo de cosas sabiendo que durante los últimos meses tendrían que hacer algunas sutiles demostraciones de afecto frente a las cámaras de los periodistas y una multitud de personas más. Sin embargo, no quería que la tocara. No ahora cuando su secreto estaba a punto de ser descubierto.

— Aquí ya no hay nada que ver, señor Ishinomori —dijo sin moverse de su lugar, y deteniendo el avance de Sesshomaru.

Él la observó por el rabillo del ojo, sin darse la vuelta por completo.

— No hay nada aquí —repitió—. Nada más un historial médico.

Sesshomaru no le prestó atención y continuó avanzando como si nada.

— ¡No quiero entrar allí! —Él se detuvo de nuevo—. Vaya usted solo si quiere. Yo no me moveré de aquí.

Regresó al auto e Intentó abrir la puerta, pero Sesshomaru ya había puesto el seguro, así que dejó de luchar, sin embargo cuando giró para verlo, él ya estaba a su lado y acababa de quitar el seguro. Rin exhaló profundamente y aferrándose al abrigo limpió disimuladamente una pequeña lágrima que recorría su rostro.

Él le abrió la puerta del copiloto indicándole con una mueca silente que entrara sin chistar, y ella obedientemente lo hizo. Los dos permanecieron en silencio dentro del auto, estacionados frente al hogar de ancianos.

Rin sabía lo que debía hacer: Le debía una explicación, y él la estaba esperando impaciente.

— La persona que vinimos a ver ya no está aquí —comenzó, sin saber cómo proseguir—. Mejor vamos al otro lugar —prosiguió, sin atreverse a confesarle—. Queda a las afueras de la ciudad.

Rin abrochó el cinturón de seguridad y dio por cerrado el tema… de momento. Sesshomaru permaneció en silencio, observando fijamente la carretera, hasta que finalmente arrancó el auto.

Agradeció mentalmente que él hubiera comprendido, pero estaba segura que su paciencia tenía un límite, y ella estaba acercándose peligrosamente a esos límites.

Tras una media hora de camino llegaron por fin al otro hogar de ancianos que, para sorpresa de Sesshomaru, era bastante diferente al anterior. Mientras el primero lucia viejo y maltrecho, este agradable y aunque era antiguo estaba muy bien conservado.

A pesar de estar en pleno invierno, era obvio suponer que en otras estaciones los jardines deberías refulgir de una multitud de colores y aromas. La fachada principal era la de una antigua mansión de principios del siglo pasado, que había sido remodelada y adaptada recientemente para hacer juego con un edificio adicional que estaba construido justo detrás de la primera estructura.

Sesshomaru ingresó al complejo por la entrada para autos, un camino empedrado bordeado de arboles sin hojas, y aparcó en el estacionamiento a unos pasos del jardín oeste de la estructura principal.

Avanzaron por el sendero bordeado de pasto seco y algunos bancos de mármol, mientras un viento helado les revolvía los cabellos y le erizaba la piel a Rin. Sin embargo, los rayos mortecinos del sol lograban apaciguar un poco el frío de la mañana.

A su alrededor, algunos ancianos aprovechaban la escasa luz del sol, abrigados con clásicos gabanes de piel y acompañados de enfermeras y enfermeros que vigilaban hasta el más mínimo de sus suspiros.

Sesshomaru reconoció a un anciano, que estaba sentado en un banco de mármol en compañía de otro anciano y una enfermera. Era un magnate, un viejo rival de su padre. Había competido hombro a hombro durante muchísimos años, sin embargo, ahora estaba allí, recluido en un hogar geriátrico, leyendo lo que parecía ser un viejo y maltratado libro.

Cuando el anciano alzo la vista hacia ellos para ver quién deambulaba por el camino empedrado, lo reconoció e hizo un sencillo asentimiento de cabeza a modo de saludo, el cual Sesshomaru regresó con cordialidad.

— ¿Quién es? —susurró Rin, curiosa, luego de saludar al anciano con una asentimiento y una pequeña sonrisa.

— Es un magnate. Su familia adquirió prestigio a mediados del siglo pasado. Él estuvo a la cabeza de los negocios de la familia por muchos años. Cuando mi padre entró en ese mundo, él ya era toda una autoridad. Mi padre se las ingenió para arrebatarle jugosos negocios y durante años fueron enemigos acérrimos, pero la salud del anciano empeoró hace poco más de diez años y tuvo que ceder todo al bueno para nada de su hijo mayor —Hizo una larga pausa, y sonriendo con malicia, agregó—: Adsorbí una de sus compañías hace tan sólo unos días. Él imbécil tiene tan mala cabeza para los negocios como para las mujeres.

— ¿Por qué? —Cuando la curiosidad de Rin salía a flote, no había nadie que pudiera detener su horda de preguntas.

— Sus divorcios han sido millonarios.

— ¿Lo conozco?

— No. Pero lo harás —Tras una corta pausa, comentó más para sí que para ella, ensimismado en el recuerdo de la mirada cansada del anciano—. No sabía que estuviera aquí.

Rin lo observó largamente, hasta que llegaron al pórtico. De pie junto a la puerta, los esperaba una mujer de unos cuarenta años ataviada con una bata blanca, y que les sonreía ampliamente tras sus anteojos gigantes de vidrio grueso. Rin le devolvió la sonrisa y se apresuró a llegar hasta ella, tirando del brazo de Sesshomaru con insistencia para que le siguiera el paso.

— Doctora Sato —Saludó Rin alegremente.

— ¡Señorita Blake, qué gusto tenerla por aquí tan seguido!

— Quiero presentarle al señor Sesshomaru Ishinomori.

— Mucho gusto —dijo él parcamente.

— Un placer conocerlo, señor Ishinomori.

— ¿Cómo está ella, doctora? —inquirió en un tono más serio, tras una breve pausa.

— ¡Oh!, muy bien, señorita. ¿Quiere verla?

Rin dudó unos minutos y luego asintió, sintiendo como le escocían los ojos. Deseaba más que verla. Quería abrazarla, besarla, acariciar sus cabellos, hablar con ella…

— ¿Hay… alguna mejoría? —preguntó, mientras subían las escaleras y avanzaban por pasillos de níveas paredes.

— Hemos podido controlar los cambios de humor bruscos y la agresividad con las enfermeras.

Rin se mordió el labio inferior con insistencia y sin prestar atención al camino que recorrían, pues la explicación de la doctora ocupaba toda su mente. Estaba tan absorta, que estuvo a punto de chocar con un sofá, de no haber sido porque Sesshomaru lo evitó, halándola de un brazo. Rin le agradeció con una pequeña sonrisa melancólica, y permaneció aferrada a su brazo hasta que llegaron a una puerta que ostentaba número el treinta y uno en caracteres dorados.

— ¿Desean verla? —preguntó la doctora de nuevo, pues Rin parecía más nerviosa y preocupada, que convencida de ver a la mujer.

Rin tragó en seco y dudó nuevamente. Definitivamente ya no estaba tan convencida de querer darle una explicación a Sesshomaru. No sabía si podía confiar plenamente en él. Y tampoco estaba convencida de permitir que él conociera esta faceta de su vida. En realidad, no sabía qué esperar de él, era tan misterioso y tan impredecible.

— Sé que aunque no lo parezca, los avances que hemos hecho son muy significativos para los resultados a largo plazo del tratamiento —prosiguió la doctora—. Nos ayuda a evitar un posible comportamiento autodestructivo en un futuro, y otras complicaciones que eso traería… Es una enfermedad degenerativa difícil de tratar.

— ¿Cómo se ha adaptado? —preguntó tras una pausa.

— Siempre es complicado este tipo de cambios, en especial para pacientes con Alzheimer, pero parece que está más feliz aquí que donde estaba antes —respondió la doctora sonriendo dulcemente—. Creo que le encanta ver hacia el lago, y ya no se despierta durante las noches.

Rin sonrió complacida. Aquello sí era una gran noticia. Era bueno saber que por primera vez había hecho algo bien. Además de que era reconfortante ver que de todo aquel negocio retorcido con Ishinomori estaban resultando avances tan alentadores y agradables.

— Las terapias cognitivo-conductuales han dado buenos frutos, señorita Blake —continuó alentándola, al ver la sonrisa sincera de Rin—. Puede ver los avances usted misma —Afirmó señalando la puerta—. Acaba de regresar de su paseo por el jardín. Debe estar en compañía de una de nuestras enfermeras justo ahora.

— Eh… Puede darnos unos segundos, doctora. Por favor —suplicó, viendo a Sesshomaru de reojo.

— ¡Oh! Por supuesto. Estaré afuera —les informó, regresando por donde habían entrado.

Rin suspiró, sabiendo que ya era hora de confesarle a Sesshomaru esa parte de su historia. Pero es que era tan difícil.

Decidida por fin, tomó la perilla de la puerta y la giró con cuidado, entreabriendo un poco la puerta para que Sesshomaru pudiera echar una ojeada al interior.

La habitación era como un pequeño apartamento dentro de la antigua mansión. Una cama, una mesita de noche, un secreter antiguo, un armario y una mesita de té japonesa, eran los únicos muebles vistosos de la habitación.

En el interior una joven enfermera platicaba con una ancianita. La mujer no debía sobrepasar los 70 años, y llevaba el cabello largo y canoso recogido completamente en una coleta a la altura de la nuca.

La anciana parecía absorta en la vista del pequeño lago artificial y medio congelado, que se colaba por el vidrio de la ventana. Ni siquiera parecía prestarle atención a la joven sin embargo, cuando ella preguntaba algo, la mujer respondía sin dudar.

— Es mi abuelita —explicó entre susurros, tras cerrar la puerta de improvisto para que los ocupantes de la habitación no repararan en su presencia.

Rin se alejó de la puerta y tomó asiento en el sofá con el que casi había tropezado minutos antes.

— Eres huérfana —le retó, entornando los ojos y sentándose a su lado.

— Aparentemente —masculló, sonriendo sin ganas.

— Explícate —exigió exasperado.

— Es la madre de mi madre. Se llama Kaede.

— ¡Eres huérfana, Rin! —Le gritó más exasperado de lo usual, e incluso olvidándose del usual "Blake"— Averigüe todo sobre ti antes… —se acalló bruscamente.

— Antes de contratarme o, mejor dicho, antes de seleccionarme como pieza clave de su plan, ¿no es así?

— ¡Sí! —gritó, dándole un puño al brazo del sillón.

— ¡Pues se equivocó! —Le respondió alzando la voz— Mi abuelita esta justo detrás de esa puerta —dijo señalando la puerta—. Hay una falla en su red de información, señor Ishinomori. ¡Se equivocó!

Sesshomaru la interrogó con la mirada, sin poder creer que su red de información hubiera fallado en ese detalle. Para él nada podía ser imposible, y menos obtener ese tipo de datos sobre alguien.

Rin sonrió satisfecha de haber logrado desconcertarlo aunque fuera un poco. Pero aun no era momento de sonreír.

— La razón por la que usted no dio con mi abuelita es porque no hay nada en este país que me relacione con ella… Salvo que yo sé que es mi abuelita —Ella suspiró antes de continuar—. Verá, hace años…, cuando mi madre huyo de Japón con mi padre, al tramitar su nacionalidad británica adoptó el apellido de mi padre, Blake, como suyo. En Japón usted no hallará nunca rastros de mi madre, si busca con los datos que le he dado. En cambio, si la busca con su apellido de soltera, encontrara que tengo una abuela —Sesshomaru no dejaba de entornar los ojos, llameantes de ira—. Igual sucede conmigo. Para cualquiera, Rin Blake no tiene familiares en Japón. Ni en Japón ni en Gran Bretaña —aclaró.

— ¿Hay alguien más aparte de ella?

— No —respondió rápidamente, tragando en seco—. Mi tía se encargaba de cuidarla, pero murió hace unos años. Desde entonces yo me ocupó de ella, obviamente sólo puedo hacerme pasar por un alma caritativa que ayuda a una anciana desconocida —Hubo una larga pausa en la que ni se observaron—. Averigüé si existía alguna posibilidad de encargarme de ella completamente, de llevarla a mi casa, pero al no tener ningún vínculo de sangre ante la ley, no puedo hacer nada. Además, si estuviera conmigo tendría que permanecer sola todo el tiempo, porque tengo que trabajar, y como comprenderá, eso no es bueno para un paciente con Alzheimer. Podría caerse, salir del edificio sin que nadie se dé cuenta, o lastimarse mientras no estoy en casa —la voz se le quebró y tuvo que tragar en seco para contenerse—. Cualquier golpe podría ser…

Rin se reclinó en el sofá y respiró hondo. Era la primera vez que hablaba de esto con alguien que no fuera Sussy. Y, a pesar de que con Sussy había mucha más confianza, siempre era igual de difícil.

— Supongo que ya debe imaginar en qué gasté cincuenta mil dólares, ¿no es así? —Sesshomaru asintió en silencio y ella apretó los labios—. Antes estaba en el otro lugar —le explicó—, era lo único que podía costear con mis ingresos —suspiró nuevamente—. Allí no había tantos lujos, ni médicos, ni enfermeras, ni tratamientos innovadores, pero por lo menos estaba segura de que la cuidaban…, algo que yo no podía hacer.

» Mi temor más grande siempre fue que saliera sola, deambulara por las calles y se perdiera, y no poder encontrarla nunca. Solía tener pesadillas con eso. Pero sabía allí estaba vigilada y cuidaban de ella, y eso era un alivio. Pero nunca me gustó ese lugar, ella no se lo merecía.

» Y ahora… Aquí no solamente la bañan y le dan de comer, sino que recibe un buen tratamiento que, en determinado momento, podría hasta retrasar el avance de la enfermedad —Comentó—. La atención es casi personalizada. Siempre hay una persona a su lado asegurándose de que no se haga daño o no se caiga.

— Es un lugar costoso —afirmó viendo de reojo los acabados y recordando al magnate que habían visto al entrar.

— Sip —afirmó—. Pero ahora puedo pagarlo. Esa siempre fue una de mis metas, pero temía que cuando por fin pudiera lograrlo… fuera demasiado tarde. Usted me entiende —dijo apretando los labios.

— ¿Cómo hiciste para enviarla de un lugar a otro? No eres familiar suyo legalmente, así que no puedes disponer de ella.

— Este lugar es costoso, pero no vale cincuenta grandes —dijo suspicaz, enarcando una ceja. Odiaba mentirle, pero era necesario si no quería que él descubriera más de lo debido. Además, si combinaba las mentiras con algo de verdad, tal vez fueran más difíciles de descubrir—. Tuve que…

— Sobornar es un delito —le recordó.

— Pero fue para algo bueno —protestó sonriendo melancólicamente—. ¡Y no me da miedo! Sé que estoy haciendo lo correcto.

Sesshomaru la observó por unos minutos, tal vez intentando creerse todo el cuento. Pero qué otra opción tenía. Aquella era la verdad, o por lo menos una parte de la verdad, la parte que podía confesarle. La parte que utilizaba para ocultar lo demás.

— Quiero verla un momento —dijo poniéndose de pie— ¿Quiere entrar conmigo? —preguntó, esperando tal vez una negativa, pero sorprendentemente él se puso de pie, dispuesto a acompañarla.

Rin sonrió ampliamente, y llamó un par de veces a la puerta. Tras la indicación de la enfermera, Rin asomó la cabeza con cautela y le sonrió a la ancianita, que la veía fijamente, como tratando de identificar algo en su rostro. Tratando de recordarla.

Aquello siempre era lo más difícil. Tenerla justo en frente, querer abrazarla con todas sus fuerzas, y aun así debía contenerse por miedo a que esto sólo pudiera desencadenar en una reacción desfavorable.

Por otro lado, su abuela desde hacía muchos años no lograba recordarla. Las neuronas encargadas de almacenar la información referente a Rin en la vida de Kaede, habían muerto ya. Era como si nunca hubiera existido para ella. Kaede jamás, jamás recordaría que tenía una nieta llamada Rin, hija de su segunda hija.

Aquella enfermedad es como un virus mortal, que con forme avanza elimina información importante del disco duro, y cuando la información ha desaparecido, empieza a borrar funciones básicas, como hablar, comer y la capacidad para relacionarse con otras personas. Una a una las neuronas mueren y ciertas partes del cerebro se atrofian.

Rin esperó cautelosa junto a la puerta, pero la anciana aun intentaba reconocerla.

— Hola —dijo Rin, sonriéndole anchamente y dando un pequeño paso hacia ella.

Kaede entornó los ojos, rebuscando en su cabeza algo referente a aquella jovencita que le sonreía desde la puerta. Unos segundos después, le devolvió la sonrisa, como si la conociera de toda la vida.

¡La había recordado! Su abuelita la había reconocido. Los ojos de Rin se llenaron de lágrimas, pero aun así mantuvo la sonrisa, respirando hondamente en repetidas ocasiones. Se acercó mucho más a ella y Sesshomaru la siguió.

— ¿Por qué tardaste tanto…, Tomoyo?

Al escuchar estas palabras, el mundo de Rin se vino abajo. No sabía qué responder ni qué hacer. Era como si le hubieran echado un baldado de agua sacada de las profundidades del lago del jardín.

Rin se detuvo en seco. Pero la enfermera le indicó que le siguiera la corriente.

— Eh… Fui a comprar pan, ab… —se acalló y de inmediato se corrigió— Mamá. Traje este —dijo sacando una caja que apenas y cabía en su bolso—. Es el que tanto te gusta —agregó con la voz entrecortada.

La mujer sonrió ampliamente al reconocer el pan dulce que Rin le enseñaba. Entonces, Rin se acercó a ella y depositó un largo y profundo beso en su frente. Puso cajita de pan en la mesita de té y continuó acariciándole el cabello canoso.

— ¡Qué descortés eres, niña!

— ¡Oh! Lo siento, mamá —se excusó Rin—. Te presentó al señor Sesshomaru Ishinomori.

Rin sólo rogaba que Sesshomaru le ayudara siguiéndole el juego, y que no se mostrara frío e indolente por una vez en su miserable vida. No quería que su abuelita soportara una sola de sus crueldades.

— Mucho gusto, señora —dijo él para sorpresa de Rin.

— El placer es mío, joven Ishinomori—respondió, sonriéndole con la misma dulzura que lo hacía Rin.

Ahora Sesshomaru no podía siquiera negar que Rin le hubiera dicho la verdad. Aquel guiño era idéntico al de Rin, claro que el de Kaede estaba un poco maltratado por los signos de la edad y el cansancio de la vez, pero podía jurar que en un pasado habría sido idéntico al de su futura esposa.

— Siéntese por favor —dijo indicándole un lugar en la mesa de té—. Sírvele un poco de té al joven, niña —Le reprendió al ver como Rin se quedaba absorta en el rostro perfecto de Sesshomaru.

Ella asintió y rápidamente la enfermera le indicó dónde estaba el té. Sirvió un poco para los tres y ambos continuaron fingiendo que Rin era Tomoyo. Kaede de vez en cuando desvariaba recordando anécdotas de sus hijas, y de momentos olvidaba o confundía nombres o lugares de importancia. Sin embargo, nuevamente para sorpresa de Rin, Sesshomaru fue paciente y comprensivo, e incluso se inventó una historia convincente de cómo había conocido a "Tomoyo".

En todo este tiempo, Rin no dejó de mimar a su abuelita, y estaba dichosa de verla tan feliz y a gusto. Por otro lado, no desaprovechaba la oportunidad para revisarla superficialmente en busca de alguna herida o indicio de brusquedad por parte de las enfermeras, pues aunque aquel era un lugar costoso, había visto muchos casos en el mundo de ancianos maltratados por las personas que los cuidan. Y no quería que su abuelita corriera esta suerte.

Poco antes de las doce, la enfermera les indicó entre señas que el tiempo de las visitas estaba llegando a su fin. Y con pesar, Rin tuvo que despedirse.

— Mamá, el señor Ishinomori debe irse ya —dijo levantándose con él.

— Un placer conocerlo.

— El placer ha sido mío, señora Kaede.

— Acompañaré al señor a la puerta, luego pasaré por unas pinturas a la tienda —dijo despidiéndose de ella, recordando que antes de irse a Gran Bretaña, su madre pintaba para una humilde galería de la ciudad.

— No tardes mucho. Pronto será hora de comer.

— Sí, mamá —respondió abrazándola fuertemente, derramando unas cuantas lágrimas.

— ¿Por qué estás llorando, Tomoyo? —preguntó, notando sus mejillas mojadas.

— No es nada, mamá —dijo sonriendo fingidamente—. No tardaré.

Rin escoltó a Sesshomaru a la puerta, pero antes de llegar hasta allí, Kaede dijo:

— ¡Tomoyo!

Rin se giró un poco para verla, y Sesshomaru aguardó tras ella.

— Este muchacho sí me gusta para ti… Los hombres de occidente no son buenos para una niña como tú. Creen conocer demasiado del mundo y no valoran lo importante, lo que está aquí —dijo señalando su pecho.

Rin abrió la boca en señal de protesta, pero desistió, y simplemente asintió tratando de mostrar una sonrisa, pensando que quizás algo similar le habría dicho a su madre cuando conoció a su padre.

La familia de Tomoyo jamás aprobó la relación con su padre, siempre dijeron que no era bueno para ella, sin embargo nadie había amado tanto a Tomoyo como Thomas Blake. Y nadie sintió tanto su muerte como él. Rin podía dar fe ciega de ello.

Todos en la familia de Tomoyo se habían equivocado con respecto a Thomas, así como su abuela se había equivocado respecto a Sesshomaru. Él no era bueno para nadie. Él no era bueno, aunque sabía aparentarlo muy bien cuando le convenía.

Rin sonrió y giñó un ojo a su abuela, y terminó de escoltar a Sesshomaru a la puerta.

— ¿Qué quiso decir? —inquirió Sesshomaru cuando estuvieron fuera de la habitación.

—Eh… —Rin dudó antes de animarse a responder— Tomoyo era mi madre —le informó, aunque a estas alturas él ya debía saberlo—. Y-y cuando mis padres se conocieron…, papá nunca le simpatizo a la familia de mamá… —«Por eso ella huyó con él a Londres», quiso completar, pero se abstuvo de hacerlo. Sesshomaru no era Sussy para contarle aquella historia. Inhaló hondamente y agregó—: Es una larga historia. Complicada.

— ¿Porqué te confundió con ella?

— No lo sé. Hay ocasiones en que ni siquiera logra relacionarme con algo… y tengo que inventar cualquier historia para que me permita hablar con ella, desde vendedora de pinturas hasta la doctora de turno. Hoy por lo menos pude fingir ser mamá, y acercarme un poco a ella. Hasta pude acariciarla —comentó sonriéndole, mientras doblaban la esquina del pasillo para salir a las escaleras que daban al recibidor.

— Supuse que te parecías a tu madre…

— Nop —le atajó—. Bueno, en realidad, no mucho: Cabello negro, ojos cafés, piel blanca, pero mis facciones son diferentes. Tengo la nariz Blake —agregó señalando su nariz respingada, demasiado estilizada, demasiado inglesa para ser herencia de una familia nipona—. Además, tengo los labios de mi otra abuela. Soy una mezcla extraña de las dos familias, en cambio…

— En cambio ¿qué?

— E-en cambio mamá tenía labios finos y una nariz diminuta —respondió nerviosa, esquivando la pregunta adrede, sin que él logrará notarlo—. El que me hubiera confundido con mi mamá fue… coincidencia.

Sesshomaru guardó silencio y ella se dedicó a seguirlo por las escaleras, pero al llegar al segundo piso, él giró a la derecha.

— ¿A dónde vamos?

— A hablar con el director de este lugar.

— ¿Para qué?

— Las empresas Ishinomori deben mostrarse comprometidas con la sociedad, y esto es una buena oportunidad.

Rin lo agarró del brazo y frenó su avance de repente. Lo observó con una mezcla de urgencia y desespero.

— ¡No lo haga! —Suplicó, negando enérgicamente con la cabeza.

Él la interrogó con la mirada, pero ella se mantuvo firme en su postura, sujetándolo con fuerza sin dejar de presionarlo con su mirada.

Tenía que lograr que la escuchara. Si él quería saldar su deuda con la sociedad, que ya de por sí sola debía ser bastante grande, ella conocía una mejor manera para hacerlo.

— Los familiares de las personas que están aquí pagamos muy bien para que ellos reciban el mejor trato del país, y uno de los mejores del planeta. Este es un centro especializado en Alzheimer y en el cuidado de ancianos con demencia senil. Además, familiares como los de su amigo el magnate hacen jugosos donativos anuales a cambio de ciertos privilegios para ellos. Pero eso es otra historia. El punto es que, no me parece que las personas que están aquí necesiten de su generosidad, señor Ishinomori, ni del dinero de sus empresas.

Él entrecerró los ojos, perdiéndose en la mirada reflexiva y suplicante de Rin. Perdiéndose de nuevo en la generosidad y la tranquilidad que emanaban de ellos.

— El otro lugar —prosiguió, aprovechando que tenía toda la atención de Sesshomaru—, el que visitamos primero… Allí su donativo sería bien recibido. Prácticamente el sitio sobrevive gracias a las donaciones de algunas personas, y de lo poco que pagan los familiares de los ancianitos.

» Esos ancianos necesitan muchas cosas, señor. Necesitan más personal capacitado que cuide de ellos todo el tiempo, más doctores que los atiendan, sillas de ruedas, recursos para comprar los medicamentos costosos que deben que ser importados. Necesitan instrumentos médicos y especialistas en terapias nuevas. Necesitan oxigeno, porque muchos tienen que vivir atados a un tubo de oxigeno.

» Señor Ishinomori —suplicó nuevamente, lanzando un hondo suspiro y aferrándose más fuerte a su brazo—, muchos de esos ancianos ni siquiera tienen familiares con vida, y viven allí de la caridad de otros... Es un lugar muy triste y usted podría ayudar a mejorar la calidad de vida de esas personas.

» Aquí en cambio, no hay mucho que se pueda hacer.

— No soy un filántropo, Blake —dijo, mostrándole una media sonrisa despiadada—. No es a mí a quien tienes que remitir tu pliego de peticiones.

— Pe-pero usted dijo… —intentó, sin poder evitar sentirse un poco decepcionada. Su discurso había sido en vano, y a Sesshomaru ni siquiera le interesaba hacer algo bueno, sino quedar bien ante la sociedad y ante los empresarios.

— InuYasha — le soltó antes de empezar a descender nuevamente por las escaleras—. Desde ahora él se encargará de darle la buena cara a las empresas —Rin lo interrogó con la mirada—. Se supone que en unos meses seré un hombre casado, y que debo compartir algo del trabajo con él —prosiguió, estando un escalón más abajo que Rin, y aun así ella no lograba sobrepasar su estatura—. Las obras sociales y benéficas es lo único que puedo dejar en sus manos. Y tus ideas altruistas le serán de ayuda, al parecer te escucha más que a mi padre.

¿Sesshomaru la estaba ayudando o era su imaginación? Le estaba dando carta libre para hablar con InuYasha del asunto, lo cual significaba que el proyecto tenía su aprobación automática. Rin le sonrió ampliamente, agradeciéndole pero sin poder pronunciar palabra aun.

— ¡Muchas gracias, señor Ishinomori! —masculló, aguantándose las ganas de llorar—. Sé que InuYasha hará un buen trabajo con eso. Se lo prometo.

Abandonaron el hogar de ancianos en silencio, sin siquiera verse a la cara. Y cuando llegaron a la desviación de la carretera, Sesshomaru tomó la dirección opuesta al camino que conducía de vuelta a la ciudad. Rin lo interrogó con la mirada, pero él parecía bastante concentrado en el camino.

— ¿A dónde vamos?

Pero él simplemente la ignoró el resto del camino, hasta que aparcó en un restaurante campestre a la orilla de la carretera y que colindaba con un bosque de bambú. Sesshomaru apagó el auto y rápidamente la ayudó a bajar. Ah-Un aparcaron el Audi junto al Aston y los esperaron fuera del restaurante.

El lugar no era ni mínimamente como lo esperaba Rin. No sólo era campestre, sino que aparentemente bastante exclusivo. Las pocas mesas estaban ocupadas por hombres encopetados y mujeres emperifolladas acompañados por sus hijos de plástico. Sin embargo, pese a lo lleno del establecimiento, un mesero acudió a ellos presuroso e hizo una reverencia a los dos. Recibió el abrigo de Rin y el tomó el gabán negro de Sesshomaru en su brazo.

El hombre los guió por el pasillo y doblaron a la derecha hasta llegar a una puerta corrediza de papel y madera con un maravilloso paisaje pintado a mano. Una joven con quimono de invierno deslizó la puerta y los invitó a seguir.

Sesshomaru ordenó algo para los dos y en menos de cinco minutos estuvieron a solas en la estancia, una especie de saloncito destinados sólo para los clientes más exclusivos. Rin se sentó junto a la mesita y Sesshomaru abrió la puerta corrediza que daba a un jardín japonés tradicional. En ese instante la helada briza se coló a la habitación, y Rin echó menos su acogedor abrigo.

Pero a Sesshomaru parecía no afectarle en absoluto el frio. Sólo estaba allí de pie en el suelo de madera observando el cielo opaco, sintiendo como la briza daba de lleno en su rostro. Sacó de su bolsillo algo que Rin a primera vista no supo identificar, pero supo exactamente qué era cuando él lo llevó a su boca y encendió la punta con la llama del encendedor.

¿Desde cuándo fumaba? Ni siquiera sabía que lo hacía. Nunca lo había visto hacerlo. Claro que ella ni siquiera lo conocía. Era de esperarse que no supiera este tipo de detalles acerca de él. Él era tan extraño para ella como el par de tailandeses que aguardaban afuera, y sin embargo una opresión en su pecho le decía que no le gustaba verlo haciéndole eso a su cuerpo. Fumar era malo, ella misma había visto los efectos letales que el cigarrillo había tenido en su padre.

No soportaba verlo así. No quería que Sesshomaru sufriera el mismo destino que su padre. No podía permitirlo.

Se puso de pie y se deslizó por la puerta hasta quedar junto a él. Sesshomaru la observó de reojo, mientras ella se estremecía con el frio. Se aferró fuertemente a sí misma, tratando de entrar en calor. Tras una pausa, se llenó valor para enfrentarlo nuevamente.

— No debería fumar.

Pero él parecía decidido a ignorarla tal como venía haciendo hace más de media hora.

— Es malo —afirmó, sin hallar nada más inteligente qué decir, pues la actitud negativa de Sesshomaru la dejaba sin argumentos.

— No deberías estar aquí afuera, si tienes tanto frio. Pescaras un resfriado.

— No cambie de tema. Un resfriado no es mininamente comparado con un cáncer de pulmón, la impotencia sexual, o cualquiera de las otras enfermedades asociadas al tabaquismo.

Sesshomaru la observó enarcando una ceja, con una media sonrisa socarrona dibujada en su rostro.

— ¿Te preocupa que tu futuro esposo no pueda cumplirte en la cama? —inquirió con una seriedad absoluta, pero sin dejar de verla con aquella expresión burlona y de superioridad.

Ella abrió la boca en señal de protesta, pero el rubor en sus mejillas y la vergüenza fue mayor que sus ánimos de protestar.

— No quise decir eso… A-además tampoco es algo que deba preocuparme —Pero con cada palabra se hundía más y más— Eh… Me refiero a que en el contrato quedo claramente estipulado que usted y yo jamás… jamás habría algún acercamiento intimo.

Él desvió su mirada de nuevo al jardín, y ella continuó con sus argumentos iniciales.

— Señor Ishinomori, fumar…

— No finjas que te preocupas por mí, Blake —le interrumpió.

— ¡No finjo! —dijo exasperada, logrando que él clavara su mirada de lleno en ella.

Y de inmediato se arrepintió de haberlo dicho. Se ruborizo hasta las orejas, y desvió la mirada hacia el lago congelado, arrugando el entrecejo.

— Es sólo que… que nunca me han gustado las personas que fuman.

Sesshomaru sonrió a medias y socarronamente, mientras observaba el cigarrillo en su mano.

— Siempre he creído que fumar es una forma cobarde de suicidio —prosiguió ella.

Sesshomaru la observó inquisitivamente, pero Rin simplemente lo miró con dureza, dejándole claro que estaba hablando en serio, que no era ninguna broma y que tenía argumentos para afirmar lo que acababa de decir.

— Todos los fumadores mueren, y de alguna forma u otra, todos sus males a largo plazo derivan de fumar. Son como suicidas que no se atreven a cortarse las venas, colgarse de un árbol o saltar de un puente; sino que se matan lentamente, y hasta siente alivio y satisfacción al hacerlo, porque la nicotina les induce éste estado de ánimo. Saben que fumar está mal, que van a morir, y aun así lo hacen, porque muchos en el fondo es lo que buscan. Morir.

Ambos guardaron silencio, y Sesshomaru se llevó su cigarrillo a la boca nuevamente, pero justo antes de que tocara sus finos labios, Rin se lo arrebató, lo arrojó al suelo y rápidamente lo aplastó con su bota negra.

Sesshomaru la asesinó con la mirada, pero ella lo ignoró completamente.

— No deberías juzgarlos tan duramente. No eres quién para hacerlo.

— Es mi opinión y es bastante respetable. No le hago daño a nadie con ello, y mucho menos a mí misma.

— No dirías lo mismo si…

— Si tuviera un fumador en mi familia —completó, interrumpiéndolo y riendo con melancolía—. No hable tan rápido, señor —Tras una pausa, añadió —: Luego de la muerte de mi madre, mi papá fumó tanto que cuando le hicieron la autopsia, sus pulmones estaban hechos añicos.

— Un fumador no tiene una muerte tan sencilla como afirmas, Blake.

— Entonces, con mayor razón no debería fumar. Si lo sabe, no debería hacerlo.

— No eres mi madre, Blake.

— Usted tampoco es mi padre, pero si hubiera tenido la oportunidad de decirle esto a él, lo habría hecho. No eché en saco roto lo que le digo. Escúcheme…, por favor.

Girándose sobre sus talones, regresó al interior de la estancia y se sentó en el mismo lugar que antes. Sesshomaru también regresó adentro, y se sentó frente a ella. Rin sirvió té caliente para ambos y bebieron en completo silencio por unos minutos.

— No soy estúpido, Blake —dijo de repente.

Rin lo interrogó con la mirada, pero él la observaba con severidad.

— ¿Piensas que soy tan ingenuo para creerme el cuento de que gastaste cincuenta mil dólares pagando el tratamiento de tu abuela?

Rin tragó en seco, y aunque había estado preparada todo el día para esa pregunta, no dejaba de asustarle que él pudiera descubrir algo que la delatara.

— No sólo tuve que pagar el tratamiento, señor. También la cuota de ingreso, la mensualidad y los medicamentos especiales que importados. Además, también cubrí los gastos del traslado…

— Ya me hablaste de tu soborno. ¿Gastaste cincuenta mil dólares en todo eso?

— Tenía deudas, ¿O.K.? —Dijo a la defensiva— Todo el mundo las tiene.

— ¿Deudas de más de veinte mil dólares? No seas ilusa, Blake.

— ¿Acaso sabe cuánto tuve que pagarle al tipo que me dejó sacar a mi abuelita de aquel lugar? —le respondió, tratando de que le creyera.

— Supongamos que te creo…

— Lo que haga con el dinero que me paga, no tiene por qué importarle. Simplemente hago mi trabajo y punto.

— Ten cuidado, Blake —le advirtió—. No retes mi paciencia.

Después de eso comieron en silencio y luego regresaron a Tokio sin pronunciar palabra. En los días siguientes no se vieron. Rin se dedicó de lleno en adelantar su trabajo de grado y en visitar a su abuelita cada vez que podía, aunque fuera para verla de lejos cuando era imposible platicar con ella.

Los días pasaron lenta y perezosamente y Rin cada vez se sentía más extraña de no tener que salir a trabajar, y sólo salir del pent-house para dar un paseo, ir al hogar de ancianos, hacer una visita o comprar víveres.

Así pasó una semana y pronto llegó la navidad. Organizaron una pequeña reunión en casa de Sussy e invitaron a InuYasha y unos cuantos amigos suyos, entre ellos Koga y una joven pelirroja, llamada Ayame.

Todos los asistentes a aquella reunión no tenían nadie más con quien pasar esta fecha. Todos excepto InuYasha, quien sólo había ido para no tener que asistir a la reunión navideña de las familias adineradas de Japón en compañía de sus padres y Sesshomaru.

— Esa estúpida reunión habría sido una buena oportunidad para dejarte ver en compañía del idiota de Sesshomaru —le susurró al oído en una oportunidad, cuando los demás invitados estaban supremamente concentrado en el karaoke improvisado en medio de la sala de Sussy.

— No, InuYasha. Es demasiado formal. Además, ni siquiera me han presentado formalmente a tus padres.

— Era la oportunidad perfecta.

— Pero llegó antes de lo esperado.

— Tendremos que buscar un evento parecido en unos meses —fue lo último que dijo, antes que fuera su turno para cantar.

Al final, Rin ganó el concurso de karaoke como siempre, e InuYasha no dejaba de gritar que había hecho trampa. Lo cierto era que, pese a los infantiles reclamos de InuYasha, Rin había tomado clases de canto desde pequeña por complacer a su tío, así que él y su voz chillona no tenían nada que hacer con la melodiosa y educada voz de Rin y su interpretación magistral de "Set fire to the rain".

La reunión terminó luego de las dos de la mañana, y Rin regresó al pent-house en compañía de Ah-Un. Revisó el contestador, pero al igual que todas las noches, no había nada. Recién se instaló en el pent-house, Rin había hallado la manera de hacerle saber a su familia su nuevo número telefónico y dirección, aunque sabía que era en vano.

Suspiró y dio gracias a que aun podía darse el lujo de que Sesshomaru no pudiera indagar más en su pasado.


Hola de nuevo

Como lo prometido es deuda, aquí está el capítulo 10. Y les adelanto que el 11 ya va por la midad, ya que inicialmente haría parte de este, pero creo que, como siempre, me alargue demasiado en ciertos detalles, y tuve que dejar el resto para el próximo capítulo.

Tengo el leve presentimiento de que a este paso, este fic terminara siendo de 100 capítulos jajajajaja xD

Agradezco mucho su paciencia, y me disculpo de nuevo por la tardanza. No pensé que los asuntos de trabajo se fueran demorar demasiado ni que fuera a tornarse tan complejas :S pero creo que salí bien librada de eso :P

¿Se esperaban lo de la abuelita de Rin? Si no se lo esperaban, debieron haberse sorprendido un poco. Y si se lo esperaban, déjenme decirle que esta chica esconde más, y Sesshomaru tal vez pueda averiguarlo… O tal vez nop. Pero ya lo descubriremos después. Prometo sorpresas, grandes sorpresas Jejejeje

Este capítulo estuvo dedicado a conocer algo acerca de nuestra misteriosa Rin, y nos ayudará un poco a entender algunas de sus extrañas actitudes.

Sesshomaru puede parecer cruel, déspota y malvado, e incluso puede llegar a serlo de verdad, pero tiene a favor que se mostró amable con la abuelita de Rin. Es un punto a favor para nuestro Sexymaru.

Con respecto a la canción, Irivel en uno de sus reviews me la recomendó como una posible banda sonora del fic, y me encantó la idea, jamás lo habría pensado y creo que es una canción hermosa. Por eso decidí que debería abrirle un espacio. Ya venía pensandolo desde hacía muchos días, y creí que lo mejor sería que la interpretará nuestra Rin en un concurso de karaoke navideño. ¿Ustedes qué opinan? ¿Tienen alguna canción que pueda servir de banda sonora? Comenten, chicos.

Agradecimientos:

Agradezco como siempre a todos los que pasaron y leyeron. Mil y mil gracias por permitirme llegar a sus cabecitas con esta historia.

Quiero agradecer a todos los que comentan, porque gracias a ustedes la historia ya tiene ¡más de 50 reviews!, y eso es mucho más de lo que me esperaba con mi primer fic. Mil gracias!

También agradezco muy especialmente a los que comentaron el capítulo anterior: Ako Nomura, I can hear the screams tonight, rosedrama, SolMjTaisho, nodoka-san, Soul of Wolf, DUCKAN, ary princxsaku, e irasue15.

Y como siempre, agradezco a Miara Makisan. Mil gracias por comentar siempre y no olvidar esta historia :D Gracias!

Gracuas a yoss y a Blueberry Blisspor por agregar la historia a sus alertas y favoritos.

Un abrazo de oso y beso enorme para todos!

Nos leemos muy, muy pronto, lo prometo.

Sammy Blue