Esta historia no es mia, sino de Mary Lyons. Los personajes son de la genial Stephenie Meyer.
Capitulo X.
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Con los ojos desmesuradamente abiertos por la sorpresa y el cuerpo tembloroso, debido a la tensión, como si tuviera una fiebre muy fuerte, Rosalie miró a su esposo desde el otro lado de la habitación. Cuando Emmett se detuvo, el oscuro cielo vespertino ofrecía un impresionante fondo a su figura alta, de hombros amplios.
Mientras se esforzaba por dominar su respiración agitada, Rosalie contempló su rostro impasible, que no le ofreció ninguna pista de lo que pensaba. Emmett la miraba fijamente.
Durante largo momento de silencio que se hizo entre ellos, Rosalie casi podía escuchar los fuertes latidos de su corazón. Luego, cuando al fin ella, aturdida, asimiló el hecho de que se trataba realmente de Emmett y no un producto de su imaginación, rápidamente se puso de pie de un salto y corrió hacia él.
—¡Feliz cumpleaños, Rose!
—¡Emmett…! —Exclamó ella, arrojándose en sus brazos, con los ojos llenos de lágrimas—. ¡Oh, Emmett… por favor, no… no vuelvas a dejarme nunca!
Durante el tiempo que duraba un latido de su corazón, la figura masculina permaneció inmóvil. Luego lo oyó lanzar una maldición en voz baja y sintió que los fuertes brazos envolvían su cuerpo, tembloroso.
—¡Rosalie querida! —Dijo él en voz baja, apretándola más contra sí—. No debes llorar.
— Oh, Emmett… —sollozó ella, echándole los brazos al cuerpo y metiendo los dedos en el cabello negro—. Yo… ¡he sido muy tonta!
— No… no, mi amor —dijo el suspirando— Fui yo el que se portó como un tonto… durante cinco largos e intolerables años —añadió en voz baja secándole con delicadeza las lagrimas antes de cubrir el rostro de la joven con besos, lo cual hizo que su corazón se alegrara.
—¡Pero tú no comprendes! —dijo ella, estremeciéndose y sollozando todavía—. Yo… dejé que mi orgullo estúpido se interpusiera entre nosotros. Deseaba tanto decirte lo que sentía, pero… no podía hacerlo. Oh, Emmett… he sido tan tonta. Te amo tanto —añadió en voz baja, ocultando el rostro en su hombro.
—¡Rosalie…! Mi querida Rose… —emocionado, él hablaba con voz ronca—, cuando me enamoré de ti, hace muchos años, capturaste mi corazón para siempre. Y nada que nos haya sucedido desde entonces… ni nuestra separación, ni el tonto orgullo de los dos… nada puede cambiar el profundo amor que siento por ti.
— Oh, Emmett… son las palabras más… románticas que haya escuchado —exclamó ella, mientras lágrimas de felicidad rodaban por sus pálidas mejillas—. Yo… yo tampoco nunca dejé de amarte… por mucho que haya tratado de engañarme a mí misma…
— No llores, amor mío. Por favor, no… —dijo él en voz baja, estrechándola entre sus brazos y enjugando sus lágrimas con besos.
— Lo que pasa… —dijo ella, sonriendo y estremeciéndose— lo que pasa es que no puedo… ¡no puedo creer que sea posible sentir tanta felicidad!—levantó una mano para tocar la mejilla de Emmett, maravillada y llena de alegría. Emmett le sonrió con ternura.
— Espero pasarme el resto de mi vida convenciéndote, todos los días, de lo mucho que te amo —dijo él con voz poco clara, mirándola a la cara—. Y comenzaré desde ahora, desde este momento… —con delicadeza sus labios rozaron los de ella, antes de alzar el cuerpo en sus brazos y avanzar hacia la puerta.
Rosalie exhaló un suspiro de profunda felicidad y apoyó la cabeza en el pecho de Emmett.
— Mi amor… no tengo la menor idea de cómo están distribuidas las habitaciones de esta casa, así que vas a tener que decirme por dónde debo ir.
—¿Mmm…?
—¡Vamos… tonta! ¿En dónde está el dormitorio? —preguntó él con voz áspera mientras subía la amplia escalera.
—¡Por Dios, Emmett… vas a despertar a las niñas! —Dijo ella en voz baja—. No es necesario que…
— Claro que sí… ¡porque soy un hombre desesperado! —Refunfuñó él al oído de Rosalie—. No sólo he estado separado de mi esposa durante los pasados cinco años… sino que todo ese tiempo he logrado únicamente una vez hacer el amor con ella. Así que será mejor —añadió, amenazante, apretando los dientes— que me digas dónde está tu dormitorio… ¡en este preciso momento!
— Está bien, está bien… ¡no te sulfures! —protestó ella, emocionada al advertir pasión en su voz, mientras señalaba hacia la puerta.
—¡Estoy tratando de no sulfurarme! —exclamó él y rió con una risa ronca y sensual que la dejó sin aliento y estremeciéndose en sus brazos cuando entró en la habitación y la depositó con suavidad en la cama.
Hubo un largo y emotivo momento de silencio mientras se miraban fijamente uno al otro, antes que él comenzara a quitarse la chaqueta. Ella se estremeció y de pronto, por absurdo que fuera, se sintió avergonzada e insegura un momento, mientras Emmett se soltaba la corbata y se quitaba la camisa.
El cuerpo de Rosalie se estremeció al tiempo que permanecía acostada, sonrojada por la excitación, contemplando la figura alta y ágil de Emmett. Luego, sin poder soportar el silencio y la tensión, alzó los brazos hacia él.
—¿Emmett…? —su débil susurro era seductor, un tentador canto de sirena que él no podía resistir.
—¡Rose! —Exclamó, arrojando a un lado la camisa y terminándose de desvestir, para luego acostarse en la cama, junto a ella—. Mi amor… —dijo en voz baja, poco clara, mientras sus fuertes dedos abrían la bata para poner al descubierto las puntas hinchadas de los senos. El quejido ronco de excitación cuando ella colocó las manos sobre el pecho velludo acabó con lo poco que le quedaba de incertidumbre a Rosalie, de manera que lo rodeó con sus brazos, en tanto que gozaba al sentir la presión del cuerpo de Emmett contra el suyo, así como cierta aspereza de la mandíbula de él cuando le quitó la bata de seda y besó con sus ardientes labios el valle que se formaba entre los senos.
Envuelta en una oleada de encantamiento, ella se estremeció cuando la lengua de Emmett le acarició la piel y sus labios rozaron, seductores, los pezones hinchados. Rosalie gimió, impotente, y el deseo opacó el brillo de sus ojos azul zafiro. Abrió la boca, jadeante, cuando los labios se cerraron, ávidos, sobre una punta rosada. Arqueó el cuerpo, suplicante, debajo del de él, en el momento en que deslizó, los labios lentamente por la piel, ahora húmeda, del pecho masculino. Un gemido, ronco y profundo escapó de la garganta de Emmett cuando ella lo besó más abajo y su cuerpo se estremeció casi sin control antes que la estrechara con fuerza contra sí y sus labios se cerraran sobre los femeninos, en gesto posesivo.
Poco a poco Emmett levantó la cabeza y miró a su esposa. Había pasión en sus ojos grises cuando contempló el cabello rubio que formaba una especie de halo dorado alrededor de su cabeza, así como la tersa piel del cuerpo desnudo, que brillaba a la luz de las lámparas.
— Eres tan hermosa… durante años te he soñado así, ¡acostada junto a mí! —dijo él con voz poco clara. Su cuerpo se estremecía mientras intentaba dominar la pasión, cada vez mayor, que sentía.
Al escuchar la voz ronca de Emmett, el corazón de Rosalie empezó a latir apresurado, su respiración era agitada y, fuera de control, su cuerpo comenzó a moverse sensualmente bajo él. Emmett se estremeció y gimió cuando las manos de la chica se deslizaron con urgencia por su piel. Luego la atrajo hacia sí, obligándola a que sintiera su excitación. Besó la tersa y aterciopelada piel, tocando y probando, estimulando sus sentidos, hasta que el deseo de que la poseyera resultó insoportable.
Un calor intenso se extendió por el cuerpo, tembloroso, ávido, de Rosalie. Disfrutó la sensualidad y el placer del momento en que sus cuerpos se entrelazaron y dio la bienvenida a la acometida de la masculinidad de Emmett. Luego, todo pensamiento consciente desapareció cuando una excitación urgente, una sensación de hormigueo la hizo contraer el cuerpo. Se elevó, junto con él, mientras experimentaba un placer exquisito, en el que sus corazones y almas se unieron.
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—¿Ya lo vez…? No despertamos a las niñas, después de todo —dijo Emmett con malicia y sus ojos brillaron, divertidos, cuando miró con cordialidad el delicado cuerpo que tenía en sus brazos.
— Tal vez ellas hayan dormido bien… ¡pero nosotros no, desde luego!—exclamó Rosalie, riendo, mientras se apretaba contra él—. ¡Sencillamente, eres insaciable!
—¿De veras…? —preguntó él, alzando una ceja mientras deslizaba los dedos por la tersa piel de su esposa.
—¡De veras! —exclamó ella, sonriendo al recordar que pasaron la mayor parte de la noche haciendo el amor… una y otra vez.
—¿Tienes el descaro de quejarte porque no puedo quitar las manos de tu estupendo cuerpo? —preguntó él, refunfuñando con ferocidad fingida.
— No… ¡por supuesto que no! —exclamó ella, suspirando, feliz, incapaz de decir algo más adecuado cuando los labios de Emmett se apoderaron de los suyos, a los que besó con lentitud. Luego él alzó la cabeza y Rosalie miró al hombre que amaba tanto—. Pero supongo que deberíamos ser sensatos y tratar de dormir un poco —añadió de mala gana—, porque seguramente las gemelas nos despertarán al amanecer.
— Me alegra saber que las niñas están bien y que son felices… que están divirtiéndose mucho aquí en Devon. Bella dice…
—¿Bella? ¿Has estado en contacto con ella? —Preguntó Rosalie, frunciendo el ceño—. Nunca me dijo nada al respecto.
Emmett le sonrió.
— Por supuesto que sí —respondió—. ¿Acaso crees que te habría dejado sola, aquí, si no supiera que ustedes estaban bien? En realidad, hoy regresé de Estados Unidos. Además, te alegrarás de saber que los médicos me aseguraron que Bella y Edward se recuperarán por completo y muy pronto.
— Estoy tan contenta —Rosalie suspiró sonriente—. ¿Podrán salir del hospital la semana próxima?
— Sí, espero que des tu aprobación, porque hice preparativos para que vengan y se queden aquí. Resulta evidente que esta casa es un lugar perfecto para que recuperen fuerzas y se reúnan con las gemelas, a quienes echan tanto de menos.
— Por supuesto que sí —dijo ella—. Tenemos mucho espacio. Además, ya sabes que haré todo lo que pueda por ellos. En cuanto a las niñas bueno… ellas estarán felices de volver a ver a sus padres.
— Lo lamento… —comenzó él y exhaló un profundo suspiro—. Lamento mucho que haya tenido que dejarlas con mi madre. Ahora sé que fue una decisión equivocada. No sabía… no tenía la menor idea de lo vieja y caprichosa que se había vuelto —suspiró de nuevo.
— No te preocupes, mi amor —dijo Rosalie, abrazándolo y haciéndolo apoyar la cabeza en el pecho de ella—. Estaba tan preocupada de que te pusieras furioso conmigo por traerlas aquí cuando estabas fuera del país. Pero, aunque hice un gran esfuerzo, no pude… bueno, en realidad lamento no haber podido congeniar con tu madre. Pero fue porque no te encontrabas allí —añadió rápido—. Estoy segura de que podremos llevarnos mucho mejor en el futuro.
— Eres muy generosa —le dijo él, alzando la cabeza para darle otro beso—. Y como pronto Edward va a dejar el cargo de profesor en Estados Unidos y piensa volver a Inglaterra, los dos podríamos arreglárnoslas con la "viejecita" —rió, pesaroso—. Ya conversé seriamente con mi madre, y me parece que no volverá a tratar a sus nietos así.
— Estoy segura de que no lo hará —convino Rosalie, cruzando los dedos mentalmente, esperando que Emmett tuviera razón.
— Por cierto, hablando de niños… quizás ya es hora de que tengamos los nuestros, ¿no?
— Bueno… mmm… el hecho es que…
— Sé que tu carrera es importante para ti —dijo él rápido—. Pero he disfrutado tanto cuidado a Carlie y Rennesme. Podríamos tener un bebé de inmediato, por supuesto, pero…
La risa burlona de Rosalie lo interrumpió.
—¡Eso es lo que tú sabes! La verdad es… —vaciló un momento, preguntándose cómo iba a recibir Emmett la noticia—. La verdad es, mi querido esposo, que estoy casi segura de que el bebé se aproxima… ¡y llegará más pronto de lo que crees! No estoy totalmente segura, desde luego, pero, de acuerdo con las cuentas que he hecho, parece que nosotros dos vamos a convertirnos en tres algún día de marzo.
Cualquier temor o duda que podría haber tenido desapareció de inmediato al ver su alegría.
—¡Mi querida Rose! ¡Eres una mujer magnífica, inteligente! —exclamó él, estrechándola en sus brazos.
— Bueno… no lo hice yo sola —se rió Rosalie.
—¡Qué modesta! —sonrió él, pero luego se puso serio—. Todo mi trabajo… todo aquello por lo que he luchado tanto… de pronto parece valer la pena.
—¡Oh, Dios mío! Lo siento, mi amor. Estaba tan emocionada de volverte a ver que olvidé preguntarte qué pasó con tus negocio. ¿Lograste vencer al enemigo?
—¿Tú qué crees? —sonrió Emmett.
— Creo… creo que no permitirías que nadie se apoderara de tu empresa… o cualquier otra cosa que te pertenezca —respondió ella.
—¡Tienes toda la razón! He logrado asustarlos, así que me parece que no volverán a tratar de competir conmigo. Y ya que hablamos del tema de luchar contra intrusos, ¡no estoy dispuesto a permitir que ese hombre, Dunton, se siga metiendo con mi esposa! Cuando Bella me contó que le parecía que tu jefe deseaba casarse contigo, supe que tenía que intervenir y detener esas tonterías de una vez por todas —dijo él, apretando los dientes y abrazándola con ademán posesivo.
—¿Te refieres a que…? —Preguntó ella, abriendo la boca—. ¿Estás diciéndome… que tú y mi tramposa prima…?
— Por supuesto, me he mantenido en contacto con Bella durante los últimos cinco años… ¿de qué otra manera crees que podría estar al tanto de lo que hacías? Además, Bella está casada con mi hermano, después de todo. Si eso te hace sentirte mejor, quizá te guste saber que ha estado diciéndome que en cuanto a nuestra separación yo tuve toda la culpa… porque fui demasiado orgulloso para desistir o admitir que estaba equivocado. Créeme, tu prima no habla con remilgos. Era obvio que estaba ansiosa de que nos reconciliáramos… y, gracias a Dios, ¡lo hicimos! —dijo con voz ronca.
—¡Oh, Emmett! —suspiró ella—. Yo también era infeliz… ¿cómo pudimos dejar que nuestro orgullo y dignidad herida nos mantuviera separados durante tanto tiempo? Sin embargo, con qué facilidad hablas de "ese hombre, Dunton". Pero ¿qué me dices de "esa mujer, Kate"? —añadió con ira repentina—. ¡De ninguna manera estoy dispuesta a aceptar que sigas teniendo que ver con esa horrible mujer!
—¡Cariño! Puedo asegurarte…
—¡Tiene que irse! —Exclamó Rosalie—. No importa lo eficiente que sea en su trabajo. Si quieres que nuestro matrimonio tenga posibilidades de éxito, ¡será mejor que despidas a esa mujer mañana a primera hora!
Al contemplar a su esposa, quien lo miraba airada, echándose el pelo rubio hacia atrás con ademán autoritario, Emmett pensó en una leona orgullosa, posesiva, cuidando a sus cachorros. Sin embargo, ese no era el momento para decirle a su querida Rose que parecía muy hermosa cuando estaba furiosa, así que se apresuró a aclarar las cosas.
— Cálmate, mi amor —dijo él en voz baja, tomándola en sus brazos—. ¡Me deshice de Kate hace años!
—¿De veras…? —Lo miró con asombro—. Pero yo creía todavía trabajaba para ti. Supe que te había seguido a Australia.
Él asintió con la cabeza.
— Sí, me siguió. Pero yo no le pedí que lo hiciera, de manera que cuando empezó a dar lata, le dije que tendría que dejar nuestra oficina. Así que, ¿lo ves?, todos tus temores eran infundados —dijo él, tomándole la mano y llevándosela a los labios—. No es muy galante decirlo —añadió, besándole con delicadeza la punta de los dedos—, pero el hecho es que Kate quería ser la segunda señora Cullen… mientras que yo, mi amor, sólo estaba interesado en la primera.
—¡Oh… Emmett! —Exclamó ella, extasiada, pasándole los brazos al cuello—. Pero seguramente hubo otras mujeres durante estos cinco años, ¿verdad? —preguntó, inquieta.
— Amor mío, nadie ha ocupado tu lugar en mi corazón —afirmó él, y el tono profundamente sincero, inequívoco, de su voz la tranquilizó—. Como espero haberlo demostrado esta noche —agregó sonriente—, soy un hombre perfectamente sano. Sin embargo, en la actualidad nadie que tenga sentido común tiene relaciones sexuales ocasionales. Además, no estaba interesado en una relación más profunda con otra mujer. Así que —agregó—, sencillamente me concentré en los negocios y me volví más adicto al trabajo que nunca.
— Ojalá hubiera sido un poco más sofisticada cuando nos casamos —dijo Rosalie; exhalando un profundo suspiro—. Quizá no le habría permitido a Kate que me causara tal infelicidad. Pero, cuando me contó que tenías una aventura con ella, en lugar de discutirlo a fondo contigo, dejé que eso me envenenara la mente.
—¡Nunca tuve una aventura con Kate! —protestó él.
— Ahora lo sé… pero en aquel tiempo era demasiado joven para hacer frente a su maldad. Además, no me gustaba tener que darle a ella las cartas que te escribía, pero no sabía de qué otra manera podía ponerme en contacto contigo, pues no conocía tu dirección en Australia.
—¿Cuáles cartas? No recibí ninguna carta de ti. En realidad, me sorprendió que no contestaras la carta que yo te mandé —dijo él, encogiéndose de hombros—. En ella te abría mi corazón, Rosalie, diciéndote lo mucho que te amaba y que, a pesar de nuestras dificultades, estaba seguro de que podíamos encontrar la manera de resolverlas. Pero como ni siquiera te tomaste la molestia de contestarme… —movió la cabeza y lanzó un profundo suspiro.
— Pero, Emmett… ¡no recibí ninguna carta tuya! ¿A dónde la enviaste?
— No la envié. Se la di a Kate para que te la entregara y…
—¿Cómo…?
Se miraron entre sí en silencio un momento, antes de que Rosalie exclamara:
—¡Fue Kate! ¡Seguramente destruyó nuestras cartas! ¿Cómo pudo hacerlo? ¿Cómo pudo ser tan… tan traidora? ¿Te das cuenta, Emmett, que pudo haber destruido nuestras vidas para siempre? Si Bella y Edward no hubieran tenido ese accidente, lo cual nos reunió para cuidar a las gemelas, ¡quizá nunca nos habríamos reencontrado! —exclamó.
— Si vuelvo a ver a esa mujer, ¡la mataré! —dijo él, apretando los dientes.
—¡No lo harás si yo la atrapo! —afirmó Rosalie con tanto rencor, que Emmett no pudo menos que confiar en que su antigua asistente personal tuviera el sentido común de quedarse en Australia.
— Sin embargo, no tienes por qué preocuparte, amor mío —le dijo Emmett—. Ya había llegado a la conclusión de que llevábamos demasiado tiempo separados. Cuando Bella me dijo que tu jefe comenzaba a hablar de casarse contigo, rápidamente trasladé mi centro de operaciones a Londres.
—¿Cómo…? ¿Lo hiciste… sólo por mí? —preguntó Rosalie, mirándolo con asombro.
Él se sonrojó un poco.
— Bueno, tengo que admitir que también fue una maniobra muy atinada —dijo, riendo—. Pero mis intenciones eran muy claras… así que puedes preguntarle a Bella si no me crees.
— Por supuesto que te creo —dijo ella, amorosa—. Además, me muero de ganas por volver a ver a Bella. Será maravilloso tener a ella y a Edward aquí con nosotros. ¿Qué va a hacer tu hermano cuando se recupere de sus heridas?
Emmett vaciló un momento.
— Es muy pronto todavía, por supuesto. No obstante, ahora que sé que esperas un bebé, me parece que tenemos que hacer algunos planes. Seguiré trabajando en la City, desde luego, de modo que espero que podamos vivir cerca de Londres.
Ella frunció el ceño.
— No entiendo qué tenga que ver eso con Bella y Edward. Además, si quieres que vivamos cerca de Londres, ¿qué pasará con esta casa? Sería absurdo dejarla vacía y no podría vender la vieja mansión de la familia. También hay que pensar en el señor y la señora Uley. ¿A dónde irían, a la edad que tienen?
— Ya he pensado en eso —dijo él—. Y, aunque no quiero decirte qué hacer…
—¡Increíble!
—…¿Sería buena idea que Bella y Edward; con las gemelas, vivieran aquí? —Preguntó él con cuidado—. Edward podría conseguir trabajo en alguna universidad cercana… como Exeter, por ejemplo. Esa podría ser la solución a todos nuestros problemas.
— Estaría encantada si Bella y las gemelas quisieran vivir aquí —dijo ella—. Pero, ¿y nosotros?
— Ah… es gracioso que lo menciones —dijo él—. Da la casualidad de que hay un lugar bastante agradable en venta, no demasiado lejos de Londres. Tiene cincuenta acres de parque y bosques, con un río… alrededor de un castillo del siglo quince —añadió con naturalidad.
—¿Un castillo? ¿Te refieres a un verdadero castillo…?
— Ajá… aunque no ha sido restaurado del todo y queda mucho trabajo por hacer. Desde luego tendrás que dejar tu empleo, ahora que estás embarazada, de manera que restaurar el castillo quizá sería algo en qué ocupar tu tiempo y tu inteligencia. ¿Crees que podría interesarte?
Rosalie lo miró en silencio un momento. La cabeza le daba vueltas. Por supuesto, estaba interesada… ¿quién no quería vivir en un castillo antiguo? Y ahora que debería renunciar a su trabajo, tener algo en qué ocupar su tiempo, como restaurar un viejo edificio, parecía una idea estupenda. También la sugerencia de que Bella y Edward vivieran en la vieja casa de la familia. Porque, por supuesto, también fue el hogar de Bella, de modo que significaría mucho para su prima poder criar a sus hijas en un ambiente tan tranquilo.
— Cariño… ¡me parece que todas tus ideas son maravillosas!
—¡Tu eres la que es maravillosa! —exclamó él, abrazándola una vez más.
Rosalie bostezó, acurrucándose contra él.
— Me pregunto… —dijo ella en voz baja, cerrando los ojos, somnolienta —me pregunto si deberíamos tomar una póliza de seguro por si acaso tengo gemelos…
— No veo el motivo —dijo él, apartando un mechón de pelo rubio del rostro amado—. Nunca hemos tenido gemelos en la familia…
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Pero Emmett estaba equivocado, pues nueve meses después, Rosalie estaba sentada en la cama, orgullosa, con Eric y Tyler en brazos, quienes tenían tres días de haber nacido. Ya estaba cansada del hospital y se moría de ganas por llevar a los gemelos al castillo medieval que ahora era el hogar familiar.
Mientras la observaba y ella miraba con cariño a los bebés que eran una copia al carbón de su padre, Emmett se dio cuenta de que era un hombre muy afortunado. Con la esposa de sus sueños a su lado y la felicidad de tener dos hijos sanos, ahora poseía tesoros que ninguna cantidad de dinero podría comprar.
Muchos de los amigos de él les advirtieron entre risas, que ahora tenía un "doble problema". Sin embargo, al contemplar a su hermosa esposa, quien mecía a los bebés en sus brazos, supo que la verdadera definición de su gran alegría era: ¡una manada de leones!
FIN
Holasssssssssssssss...
Aca les dejo el ultimo capitulo de esta hermosa historia... yo la ame apenas llego a mis manos, por eso no dude en hacer que ustedes también la conocieran.
Graciassss por todo el apoyo, las buenas vibras, el cariño y todas las hermosas palabras que pude leer a través de los reviews y a través del grupo de face.
Tenia una deuda con la pareja de Emmett y Rosalie (hace un tiempo atrás había empezado a escribir una historia de ellos, pero por falta de ideas no pude concluirla... ojala con esta puedo completar la idea que tenia desde que empece a escribir fanfic... por lo menos tener una historia con las principales parejas de los libros de S. Meyer...)
Cariñossssssssssssssssssssss a todas y todos... a aquellos que me dejaron reviews, por los favoritos, por seguir esta historia capitulo a capitulo y a todos aquellos lectores fantasmas, también.
Las y los invito a mi grupo en face "Pasion por los fanfic"... el link esta en perfil. Donde subo y subiré avances de todos mis fic...
Cualquier duda o comentario solo escríbanme y tratare de responderlos a la brevedad... estaré pendiente.
Cariñosssssssssssss.
Gala.
