Edward y Norah avanzaron por la oscura y lluviosa noche londinense.
Fueron directamente hacia el escenario de la visión que había tenido Alice: el cementerio. Una vez allí, fueron derechos hacia la tumba de Norah y su esposo.
- No hay nadie – dijo Norah ansiosa, mirando por todo el cementerio, esperando ver cualquier sombra. No vio nada. – tal vez hayamos llegado pronto.
Esperaron allí un buen rato, buscando algún indicio de que hubiera alguien observándoles, pero seguía sin aparecer nadie.
- Ahora vuelvo – dijo Edward sacando algo del bolsillo de su chaqueta.
- A donde vas? – preguntó, alarmada, Norah.
- Voy a llamar por teléfono. Aquí dentro no tengo cobertura. Estaré en la entrada y así podré controlar si viene alguien.
- Ah! Vale. Yo también estaré alerta.
Edward se alejó, marcando el número de Alice en el móvil. Debía de saber más detalles sobre la visión.
Norah estuvo un buen rato mirando fijamente la lápida, cuando de repente vio unas sombras reflejadas en la piedra. Se volvió lentamente, horrorizada, creyendo saber a quienes pertenecían las sombras.
- Joder! Vaya susto que me has pegado – dijo Norah en un grito, dándole un puñetazo amistoso en el hombro.
- Tu si que me has asustado. Vaya cara se te ha quedado! – dijo Edward, riendo.
- Creía que eras otra persona. Ya has hablado con Alice?
- Si, de momento no ha visto nada nuevo.
- Bien, eso es buena señal, no? – Dijo ansiosa – van hacia forks y allí no encontraran a nadie.
- No estoy seguro. Algo me dice que estamos en el lugar indicado.
Norah estuvo unos segundos pensativa.
- Podemos ir a un lugar? – preguntó dubitativa, sin estar del todo segura de que Edward fuera a aceptar su propuesta. – tal vez lo hayan demolido ya, pero…
- El psiquiátrico? Claro, vayamos. Así podrás contarme como fue que te transformaron.
- Ya te lo conté – dijo confusa.
- Me refiero a como sucedió de verdad.
- Que?! – exclamó exageradamente.
- No te hagas la tonta conmigo, Norah. Hay algo raro en tu historia. Olvidas que puedo oír lo que piensas?
- Vale, de acuerdo. – dijo Norah rindiéndose. – las cosas sucedieron como te conté, solo que cambié algunos detalles.
- Conocías de antes a quien te mordió. – dijo Edward afirmándolo. Podía oírlo.
- Si. Era el doctor Adams, el medico que me trataba. Lo planeemos todo para que me pudiera escapar. Cuando ya estuvimos fuera nos dirigimos hacia una casa donde nos dieron cobijo. Allí pasamos la noche. La mejor noche de mi vida. Y por la mañana sucedió todo.
- Que ocurrió?
- Me convirtió en vampiro y al poco tiempo nos marchamos.
- Porque?
- Verás, Edward. Yo le amaba y él a mi, pero le pillé mordiendo a una paciente y me amenazó con matarme. No tuve otra opción, acepté que me convirtiera y así poder estar juntos para siempre. Tenía miedo – dijo Norah, sollozando.
- Te comprendo. Es razonable. Que ocurrió después?
- Al poco de ser convertida me marché por un tiempo. Él me esperaría en su castillo hasta el momento de reencontrarnos. Él entendía que yo quería ver mundo, así que estuvimos juntos un año, aproximadamente, me ayudó mucho a contenerme durante el primer año. Él continuaba trabajando en el hospital y me traía bolsas de sangre, aunque la mayoría de la sangre que me traía era de animal. Cuando al fin pude contenerme nos separamos. Cumplió su parte del trato.
Norah se quedó callada. Parecía que le costaba continuar. Aquello le dolía realmente.
- Tranquila, Norah. Ya me lo contarás en otro momento – dijo Edward pasando su brazo por los hombros de Norah.
- No, Edward. Quiero contártelo.
- Vale.
- Hace unos años volví con él. Fui a su castillo. Me aceptó al instante, a pesa de que sus… digamos… compañeros, se negaban a que me quedara en el castillo. Aro habló con ellos y llegamos a un acuerdo. Yo les serviría la comida. Me refiero a que yo iba a buscar a los humanos para que ellos se alimentaran. Hace unos pocos años decidí dejar todo aquello atrás. No podía seguir viendo como tantos inocentes morían, y menos aún por mi culpa. Aro nunca me lo ha perdonado.
- Aro? – preguntó Edward extrañado y a la vez sorprendido. – como no he podido verlo antes? – dijo en un susurro.
- Siento todos los problemas que estoy causando.
- Estás dispuesta a entregarte?
- Si. Debo reconocer que todavía siento algo por Aro, pero no voy a permitir que ninguno de ellos haga daño a la familia de mi hijo.
- Querrás decir tu familia.
- Gracias Edward, por todo.
- Ya hemos llegado – dijo Edward deteniéndose ante los escombros que lo que había sido un pequeño edificio. Unos pasos más adelante, el hospital psiquiátrico seguía en pie.
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- No aguanto más la espera – dijo Carlisle a Esme. Estaban a solas en el dormitorio azul de la pequeña casa de la isla Esme. – creo que voy a aprovechar para ir a comprar algo para que Renesmee coma.
- De acuerdo. Vas a llevártela contigo?
- Si.
- Bien. Id con cuidado.
- Si. Hasta ahora – dijo dando un intenso beso a su esposa.
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- Han tirado la capilla del hospital… - dijo Norah mirando los escombros y más tarde mirando el imponente edificio del hospital en el que había estado durante tantos meses.
- Eso parece.
- Podemos pasar?
- Claro. A eso hemos venido.
- Vamos. – dijo Norah cogiendo a Edward de la mano y llevándolo hacia los desiertos pasillos del hospital. Fueron recorriendo todas las habitaciones. – es todo tan distinto…
- Piensa que hacer cerca de 400 años que estuviste aquí.
- Lo se, pero aun así… creo que por aquí estaba mi dormitorio.
Juntos se dirigieron hacia el interior de una oscura habitación. Pronto se dieron cuenta de que no estaban solos. Había alguien más allí. Edward no había oído nada, por lo que la única explicación plausible era que esa persona había estado bloqueando sus pensamientos de alguna manera.
Edward gruñó sonoramente y Norah comprendió el porqué.
- Os esperaba – dijo solemnemente una voz que Edward y Norah conocían muy bien. La figura se dio la vuelta y avanzó hacia ellos.
- Aro? – preguntó Norah innecesariamente, ya que conocía perfectamente la respuesta.
- No creí que fuera a encontrarte aquí, aunque reconozco que lo esperaba. Pensé que serías más lista y que huirías.
- No quiero huir más. He venido a Inglaterra con la esperanza de encontrarte.
Aro se quedó mirando a Norah. Ésta dudó unos segundos pero tomó su mano. Edward observaba la escena bastante preocupado, todavía con la mano de Norah entre la suya.
