Okita volteó extrañado cuando sintió algo jalar su capa roja. Al principio pensó que tal vez había quedado atorada con algo, sin embargo era de ella, pero tenía una fuerza monstruosa, lo que complicaba que pudiera escapar, y lo peor era que ella continuaba dormida.

Se inclinó cerca de ella, y con un silencioso movimiento le tapó la nariz, con la intención de que lo soltara. Kagura ni siquiera se inmuto, simplemente abrió la boca, para continuar respirando. Su pecho se movía de acuerdo a cada respiro que daba, con tanta tranquilidad que molestaba a Okita. Entonces decidió que era hora de taparle la boca.

Se acercó más a ella, y con la otra mano le tapó la boca, impidiendo que respirara. Kagura lo soltó y él sonrió triunfante, le quitó las manos de la nariz y de la boca, pero antes de que se alejara de ella. Las cálidas manos de Kagura lo sujetaron del rostro, hasta tenerlo a unos pocos centímetros de ella.

"¿Qué planeas hacer china?" Pensó mientras observaba con cautela lo que hacía su rival. Sólo podía sentir el cosquilleo de la respiración de ella en su piel. En un inesperado movimiento ella le propinó un fuerte cabezazo, y lo soltó.

Él realmente estaba molesto, pero había logrado su cometido de que ella lo soltara. De nuevo estaba por irse, cuando Kagura volvió a jalarlo de la capa. "Al diablo" dijo y se quitó la capa para que su nada molesta rival ya no continuara… Mala idea, ya que ella ahora lo tomó de la chaqueta del Shinsengumi.

"Hasta en sueños me odias estúpida china" pensó desesperado por aquella situación, pero ya no quiso continuar luchando con ella, así que nuevamente se desprendió de una prenda, su chaqueta. Ahora si estaba completamente libre, cuando otra vez esa mano lo jaló, pero esta vez en el pantalón.

La miró con una mirada llena de odio… Realmente no estaba de humor para seguirle el juego. "Esta me la vas a pagar muy caro maldita china" Maldecía mientras se desabrochaba el pantalón. Pero antes que continuara con su nudismo a la fuerza, uno de esos hombres se acercó.

-¿Qué se supone haces?—Preguntó con ese chico con los ojos entrecerrados que no se despegaban de Okita— ¿Por qué desabrochas el pantalón?

No respondió, de lo que ese chico preguntaba y se imaginaba era todo menos lo que realmente Okita hacía.

-Mejor metete en tus asuntos, ve y pon una bomba en alguna parte—Le respondió, por fin, con hostilidad e indiferencia

-No hasta que me digas que es lo que planeabas hacer, Capitán Okita—Ese chico comenzó a retarlo con la mirada

Okita sonrió con toda la maldad del mundo, ya sabía con qué divertirse y su víctima estaba enfrente. Se sentó a lado de ella en silencio, y ese chico seguía con la mirada a ese policía sádico.

-Puedes irte, estaré ocupado—Mencionó Okita rodeando a Kagura con un brazo, quien continuaba en su segundo sueño

Al ver el rostro de indignación de aquel chico, no podía contener la risa, pero lo hacía para conservar su fachada de seriedad.

La pelirroja tomó el brazo de Okita y lo mordió, como si de un buen pan se tratase… Y ahora él aparte de la risa tenía que contener el dolor. Su brazo estaba llenándose de marcas de dientes y de baba. Con la otra mano trató de alejar la cabeza de Kagura de su brazo. El chico ahora los veía extrañado.

-Creo que me iré—Dijo con la voz cansada, después de tanto luchar logró que ella lo soltara—Otro día puede ser

Se levantó y verificó que ninguna mano estuviera deteniéndolo. Por fortuna ella ya no lo detenía, y aprovechó ese breve momento para huir de ahí. Él también estaba cansado, no había tenido de tomar sus siestas que tanto amaba. Cuando por fin ese chico ya no pudo ver a Okita cerca dio unos pasos hacia Kagura.

-¿Estás bien líder?—Estaba preocupado

En ese instante un zapato golpeó a ese chico en la cabeza dejándolo medio inconsciente en el suelo.

-Mierda mi zapato—Maldijo Okita a lo lejos, en lo que respecta, ya que había quedado relativamente cerca de ellos

Pero se podría decir que fue un accidente que evitó uno peor. Ya que ese chico que se acercaba a Kagura con poca precaución no llevaba bien acomodada su espada, la cual, si no hubiese sido por Okita, hubiera descendido hacía aquella Yato descuidada y haber causado un gran accidente.

Cuando ese zapato golpeó a ese chico, logró desviar la dirección de esa espada a un lado de Kagura. El chico lo notó y su rostro se tornó tan pálido como una insípida hoja de papel, y Kagura continuaba dormida como un pequeño oso y con un hilo de saliva colgando de la boca.

El policía sádico se acercó para recoger su zapato, y juntó las cejas al ver a ese chico en el suelo al igual que su espada.

-¿Qué tratabas de hacer?—Okita llevó su mirada hacía aquel chico que temblaba de miedo

-Yo…Yo—Su voz era trémula y sus ojos irradiaban miedo

-No dudo que quieras matarla—Sus ojos, tan fríos como esa noche, continuaban observando a ese chico—Después de todo es una conocida de uno de los oficiales más fuertes del shinsengumi

-Yo lo siento—El chico, lleno de terror, se inclinó en el suelo en forma de disculpa para después irse corriendo, a pesar de que no había hecho nada

Se río al ver a ese chico correr como una gallina. Recogió su zapato. Estaba preparado para irse a dormir cuando un rayo de sol tocó su mejilla. "Que estupidez" pensó con fastidio, y comenzó a recoger la ropa que había tenido que quitarse. Un bostezo lo hizo voltear hacia donde estaba ella. Por fin había despertado.

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-¡Líder!—La llamó uno de los hombres del Joui— ¡Líder! ¡Líder!—Continuó llamándola exaltado

-¿¡Que!?—Contestó desesperada

Okita venía corriendo hacia ella con bastante velocidad, y con espada en mano. Ella lo vio y con su sombrilla logró detener su espada.

-Te prometí que la pelea no acabaría—Le dijo acercando su rostro a ella

Kagura sonrió.

-Entonces has que no se detenga—Le respondió mirándolo a los ojos

La miró confundido, eso ya lo había escuchado antes, pero su pelea lo hizo olvidarse de sus pensamientos y concentrarse en derribar a esa chica. Esa espada y esa sombrilla se conocían, y odiaban despegarse.

-Pensé que estarías con esa chica—Comentó Kagura mientras continuaban peleando

-Sólo tenía que arreglar unos asuntos—Sonrió—No me iba a perder de una pelea

Los golpes continuaban lloviendo, hasta que los dos estuvieron realmente agotados. Uno de esos hombres se acercó a ellos.

-¿Quieren ir con nosotros a la bodega de aquella vez?—Preguntó alegremente uno de esos hombres—Se preparó un festín

Los dos se vieron como si fuesen cómplices.

-Qué más da—Respondieron al mismo tiempo

Se levantaron y caminaron junto a ellos rumbo a esa bodega. Había frio, pero no tanto como esa noche, las risas que eran símbolo de que nada les preocupaba, aunque fuese lo contrario. Llegaron y las botellas de sake eran lo que más abundaba.

Todos se sentaron y el festín comenzó. Alguna que otra broma del shinsengumi y del gobierno, pero en vez de que todo eso incomodara Okita, lo único que hacía era decir pestes del Vicecomandante del shinsengumi, lo cual hacía reir a todo el Joui.

No queriendo desaprovechar la ocasión, Okita tomó un poco de sake, lo suficiente para no estar mareado. Kagura observaba como todos bebían, y sin que nadie se percatara bebió un poco. El hipo no tardo en venir. Okita la observo, ella volteó hacía él… Pensaba decirle algo, pero antes de que pudiera hacerlo, su cabeza chocó contra la mesa. Se había dormido, y su inexperiencia con el alcohol había salido a flote. Ese sádico se tapó la boca conteniendo la risa por lo patética que se veía.

Después de un rato esa fiesta culminó, y Okita esperaba que alguien se ofreciera a cargarla y llevarla a dormir, ya que él había tenido muy malas experiencias con eso. Estaba a punto de amenazar a alguien para que se la llevara, una mano lo había tomado de la ropa de nuevo… Entonces el maldijo su suerte, pero luego sonrió.

La levantó y todos se fueron a dormir. La llevó hasta donde vio más conveniente, y la soltó. Ella lo soltó de la ropa. Okita suspiró aliviado, pero antes de cantar victoria, ella lo volvió a tomar del rostro. Esta vez él sonrió, sacó polvo pica pica de su bolsillo listo para usarlo en ella. Y esta vez, en sus pensamientos, él iba a salir victorioso.

Lentamente Kagura lo fue acercando hacía ella, mientras él estaba esperando el momento para usar ese polvo del infierno en ella. Sin embargo antes de que lo hiciera, sus labios chocaron contra los de ella tomándolo por sorpresa. Y todo ese polvo cayó en él.