Capitulo 10 "Un diente de león en llamas"

Lanzo una mirada fugaz a Jason que parece estar dormido o esta demasiado cómodo viendo televisión y no quiere moverse. Ruedo los ojos cuando suelta un ronquido y solo confirma que de tan aburrido que estaba mejor se durmió.

Peeta y yo hemos hablado durante horas; ya oscureció y ahora estoy hablando con él por el teléfono de la sala. No me canso de escucharlo, él es quien ha manejado la conversación ya que yo no tengo nada que platicar. Hablamos de cualquier cosa, de la boda, de los invitados, como Effie explotara cuando se entere y me quedo muda pensando en las maneras en que se lo diré a mi madre. Me cuenta como se ha reconstruido el Capitolio –lo poco que ha visto- hay muchas personas ya, que andan de un lado a otro cargando bolsas de compras, como en los viejos tiempos. Me cuenta que debe ponerse una gorra y lentes para que no lo reconozcan y no desentonar con su sencillez. No me creo que en el Capitolio haya pancartas con nuestras caras pero Peeta lo jura. Dice que hay camisetas con nuestros rostros, mochilas, sudaderas, que hay una línea de ropa llamada "Sinsajo", vasos, platos, insignias como la mía, termos, tiendas y comerciales. Todo eso me hace entender que a pesar de todo lo que pasó, las personas siempre nos verán como lo que fuimos desde un principio, una atracción.

Sacudo mi cabeza intentando despejar mi mente, olvidarme de todo eso y concentrarme en la voz de Peeta , solo en ella.

Volvemos a sacar en tema de nuestra boda. Y llega el momento en el que chocamos con la misma pared que antes. Decirle a mi madre.

– Me da pena decirle –

– ¿Por qué, amor? – pregunta él con una su paz característica

– No lo se, hace tanto que no hablo con ella –

– Podrías intentar decírselo poco a poco, por decir, primero decirle que estamos juntos y luego de unos meses decirle ya del matrimonio –

Me parece buena la idea. Debo admitir que yo pensaba decírselo todo de golpe.

– Tienes razón –

– Podemos decírselo ambos, o si quieres puedo decírselo yo –

– No te preocupes, se lo diré yo –

– ¿Segura? –

– Si, pero cuando tú estés conmigo –

– Te juro que de ahora en adelante, nunca más voy a separarme de ti, siempre voy a estar contigo –

– Yo también –

Y así hablamos durante más horas, de vez en cuando Jason se despierta sobresaltado, me lanza una mirada adormilada y se vuelve a dormir.

Siento sueño en el fondo, pero no quiero colgar, quiero seguir hablando hasta que por arte de magia él este aquí conmigo con el anillo y podamos cumplir la promesa de estar siempre juntos. Pero sé que eso no va suceder. Miro el reloj que marca la una de la madrugada, sé que Peeta se esta quedando dormido, ya que en momentos se queda sin contestar. Es egoísta de mi parte mantenerlo despierto después de un viaje tan largo pero lo necesito junto a mi, o lo más cerca que se pueda. No, si lo dejo sin descansar se retrasará en su viaje, es preferible que descanse y que mañana hablemos aunque tenga pesadillas esta noche.

– ¿Peeta? – pregunto con recelo

Él tarda unos segundos, definitivamente se esta quedando dormido

Luego responde – ¿Si, amor? –

– Creo que es mejor que vayamos a dormir –

– ¿Tienes sueño ya? – pregunta con un notorio tono adormilado

– Algo así ¿y tú? –

– No – responde de golpe

Yo solo sonrío tontamente – Te estas quedando dormido –

– No es cierto – responde

– Si, debes descansar –

– No quiero colgar, me gusta platicar contigo así –

Se que la discusión seguirá así por un rato. Por más que busco una solución, no encuentro más que una. Peeta no se irá a dormir si no lo hago yo también; pero soy demasiado egoísta como para dejar que duerma. No, tengo que hacerlo. Lo tomaré como un pequeño favor.

– A mi también, pero debo admitir que los ojos se me están cerrando –

– Oh – exclama él – entonces debes ir a dormir –

Lo sabía.

– Creo que si –

– Entonces, te llamaré mañana amor –

– Si, te estaré esperando – agrego

– Bien, que descanses –

– Tu igual – digo resignada intentando que no se trasmita a mi voz – intenta soñar conmigo –

– Todos los días –

Sonrío y guardo silencio

Entonces él pregunta y hace que me sienta cerca suyo – Me amas, ¿real o no real? –

Y yo le respondo del modo en que lo hice la primera vez y lo seguiré haciendo hasta el final de mi vida – Real –

– Te amo, Katniss – dice el después de unos segundos

– Y yo a ti Peeta –

Deja pasar unos segundos y después cuelga.

No me preocupo en levantarme, pienso dormir en el sofá. Tomo el control de la televisión y la apagó al igual que la lámpara que esta junto a mí. Me doy la vuelta y como si la mentira que le dije a Peeta fuera cierta, mis ojos comienzan a cerrarse y mi mente comienza a desenvolverse sin coherencia alguna.

No pasan ni unos minutos y me quedo dormida con Peeta como mi último pensamiento.

La gran cantidad de luz que entra por la ventana es lo que me despierta y me doy cuenta de que a Jason no le molesta la luz. Tengo un terrible dolor de cuello, consecuencia de dormir en el sillón. Miro el reloj de la mesita que esta junto a mí que marca las 10 am. Me quedo unos minutos en silencio, pensando en la manera de hacer menos largos los días. Siento como si esperara algo, algo que se que por ahora no llegará, pero aún así lo espero. Siento que tengo que entretenerme con algo, desde que despierto es así y es como si lo hubiera sentido por mucho tiempo. El silencio me esta volviendo loca. Silencio. Lo único que se escucha en la Aldea de los Vencedores desde hace ya demasiado, tanto como para pensar que esta deshabitada. Esta enloqueciéndome poco a poco y aquí sentada sin hacer nada más que mirar por la ventana es algo que hace que el tiempo avance más lento. Repaso cada una de las palabras que dijo Peeta en la noche. Las repito y las repito en mi mente, todo lo que yo dije y lo que no, de que trataron sus pesadillas en el tren, todas sobre los primeros juegos. Repito la conversación una y otra vez memorizando nuestras palabras, es como un juego que mata el tiempo y me hace sentir nostalgia.

Pasa una hora y yo sigo sentada viendo por la ventana hasta que poco a poco me voy recostando en el sillón y sin darme cuenta me quedo dormida de nuevo.

Despierto y lo primero que hago es mirar el reloj que avanzo otras cuatro horas desde que desperté la primera vez. Lo siguiente es que Jason sigue dormido, sin ninguna preocupación y soltando ronquidos de vez en cuando. Debo despertarlo, siento un dolor de cabeza horrible, probablemente provocado por el hambre. Es cierto que me he acostumbrado a siempre comer; desde que Peeta y yo estamos juntos cada vez que siento hambre, hay un pan o comida esperándome en el refrigerador. Hasta podría decir que mi estómago se expandió. Pero de nuevo pienso en Jason y mi culpabilidad. Cuando lo vi en la noche sin camiseta lucía extremadamente delgado, siempre ha estado así, per ahora sus costillas sobresalían.

Vaya amiga, yo ahogándome en comida que obtengo sin ningún esfuerzo y él quebrándose la espalda por conseguir un pedazo de pan. Hace que me sienta una más del Capitolio.

Pero, después de todo, Jason es sumamente orgulloso. Igual que yo. Nunca ha aceptado por completo mi ayuda, menos lo hará si intento regalarle comida o un lugar donde vivir. La verdad es que, no, es solo que él ha hecho tanto por mí. Siempre intentando protegerme aunque solo sea dos años mayor que yo y haciendo de lado mi pasado como yo hago a un lado el suyo. Tengo que encontrar la manera de ayudarlo sin que él se de cuenta de que lo hago.

Decido ya no pensar en eso, lo único que puedo hacer ahora es dejar que se quede aquí el tiempo que quiera y que me ayude a acabar con la comida.

– ¡Jason! – exclamo pero no me oye – ¡Jason! – insisto pero no se mueve ni un poco.

– ¡Jason! – grito. Él se levanta sobresaltado tirando manotazos al aire. – ¿¡Qué!? –pregunta limpiándose la saliva de su mejilla. Luce como un muchachito de 15 años con ese gesto y esa mirada infantil en el rostro. Creo que la mayoría no puede ver a ese muchacho que existe en él. A ese joven al que le arrebataron la juventud pero aún así sigue allí. Con ojos endurecidos por la necesidad pero cuando lo veo adormilado me doy cuenta de que en el fondo, él sigue teniendo 15 años.

– Levántate ya –

Se talla los ojos y arruga la frente viendo por la ventana – ¿Qué hora es? –

– Las 2:13 –

Él solo suelta un suspiro y se estira hasta casi caerse del sofá. Se queda boca-abajo y suelta un gemido, luego se levanta rápidamente y se sienta con los codos en las rodillas.

– ¿Ya comiste? – pregunta con los ojos entrecerrados.

– No, me acabo de despertar también – respondo

– Bueno, vamos a comer –

Se pone de pie y me acerca las muletas ayudándome a ponerme de pie con mucho más cuidado que la primera vez. – Quedo un poco de comida de ayer – le digo siguiéndolo a la cocina.–

– Si, asaré un pedazo de carne para cada uno – responde.

Me debato entre intentar ayudar o quedarme sentada como siempre. Decido hacer el intento, caerme es lo peor que puede pasar. Me paro frente al refrigerador, recargo una muleta en mi costado derecho y con esa mano abro la puerta pero la muleta cae, intento dar un paso pero mi otra muleta se resbala y se que estoy por caerme. Pero no siento suelo, siento el pecho de Jason y sus manos me sujetan por las axilas.

– Joder, Katniss – dice en un gruñido por la fuerza supongo

Me desequilibro un poco pero de nuevo él me ayuda a ponerme de pie. Me siento en la silla como una chiquilla regañada.

– ¿Has oído el dicho "Más ayuda el que no estorba"? –

Pienso en contestarle pero tiene razón, no he hecho más que estorbar. Me quedo callada en lo que él hace de comer.

– ¿A qué hora te dormiste, tortolita? – dice entre divertido y fastidiado, un tono muy característico en él.

– No se, como a las 12 –

– Yo no supe ni que pasó, tenía demasiado sueño –

– Si, me di cuenta –

Comemos entre discusiones y bromas, y no puedo dejar de pensar en ese niño que Jason lleva dentro, ese joven que goza de la juventud que en su tiempo no tuvo, como todos nosotros. Platicamos como si fueras amigos del alma, nunca tuve amigos, pero se que así se siente tener un mejor amigo, es diferente a todo lo anterior. Diferente a Gale. Siento como si esta fuera otra vida, una totalmente ajena a la que yo vivo.

No conozco toda la vida entera de Jason, ni su triste historia, es algo de lo que nunca hablamos pero como si yo necesitara hablarle de la mía, la mitad de mi vida es y fue televisada hasta el último tramo. O al menos es lo que Panem cree, excepto el Distrito 12 que me ve paseando del brazo de Peeta de vez en cuando. Solo se que sus padres eran granjeros, vivía en una zona muy pobre. La Veta del Distrito 10. Nunca me habla sobre sus padres, es algo de lo que ninguno de los dos nos atrevemos a preguntar. Es como si tuviéramos un acuerdo.

Ignora mi pasado y yo ignoraré el tuyo.

Nada más, nos concentramos en el presente y olvidamos el pasado aunque suene frío, olvidamos a nuestra familia por nuestro bien propio.

Así es y así será. Es como si por alguna razón estuviéramos unidos, aparte de que nos protegemos él uno al otro, el remordimiento con el que nos sentimos identificados es el de no haber salvado a nuestros hermanos.

La misma triste y repetitiva historia, aquel que no pudo salvar a su hermanita menor.

Recuerdo la vez en que me lo grito a la cara en el bosque, ambos gritábamos y llorábamos. Peeta había tenido un ataque y yo estaba colapsando. Ahora entiendo él porque Jason me trató de esa manera. Distante y frío. También él tenía cosas adentro y tener que soportar el llanto de una reprimida no es algo que ayude mucho. El llanto del ataque de Peeta se transformo en llanto por Prim y él se dio cuenta. Comencé a gritarle e insultarlo, él hizo lo mismo y de la nada, se desató el nudo de la garganta que llevaba cargando por todo ese tiempo. Lloramos toda esa tarde. Yo, el dolor de Peeta y la muerte insuperable de Prim. Él, la muerte de su hermanita y su madre y el asesinato de su padre.

El pasado es lo que nos forma. Generaciones y generaciones de jóvenes sin juventud.

Nacidos sin tiempo.

Definitivamente, no puedo permitir eso. Se por lo que ha pasado Jason, lo sé porque yo lo he vivido también. Pobreza, muerte, furia, sed de venganza. Todo sin esperanza que a la vez, se vuelve nada. Quiero darle una esperanza, de la manera en que me la dieron a mí en el Distrito 13, en el 8. Ver las caras de todos al verme, hacerlos sentir confianza y esperanza es algo que me hacia sentir bien. Me hacía confiar en mí. Quiero eso para Jason, quiero que sepa que yo creo en él. Quiero que crea en mí. Quiero ser un diente de león en primavera.

Se que nunca seré de esas personas que inspiran y que saben hacer que las quieran, pero por una sola vez, quiero encender la chispa de esperanza que hace falta en Jason. Prender una llama en él, no de fuego sintético, de fuego cálido como con el que me ilumina Peeta.

Y es que lo único que quiero, es salvar al chico de los cuentos. Salvarlo de si mismo, así como Peeta me salvo de mí.

– ¿Qué? – dice Jason sacándome del trance

– ¿Qué? – pregunto confundida

Él se queda mirándome extrañado – ¿Qué te pasa? –

– Nada – respondo aun media ida

– Te quedaste mirando al vacío –

– No, no es nada –

Él levanta los hombros como restándole importancia y se acaba el último bocado que queda en su plato.

Y de la nada pregunta – ¿Cómo esta Peeta? –

Me tardo unos segundos en responder – Bien…estaba algo cansado por el viaje, pero esta bien – lo miro pero el sigue mirando a su plato jugando con una servilleta – ¿Y desde cuando tu interés? –

– ¿Qué? ¿No puedo interesarme en la salud de mi amigo? – pregunta en tono de reclamo

– No, no es eso…es solo que como casi nunca preguntas por él y ahora si lo haces, solo me parece raro –

– Pues que no te parezca, Peeta es mi amigo ¿algún problema? –

– ¡Jason, que humor! – reclamo tratando de sonar exaltada pero en vez de estar molesta, su actitud me da risa – ¡Ya no se te puede decir nada! –

– ¡¿Qué te estoy diciendo?! ¡Tú fuiste la que empezó todo! –

– ¡¿Por qué gritas?! – le reclamo tratando de aguantarme la risa – ¡¿Por qué te pones así tú?! –

– ¡¿De qué forma?! ¡No me pongo de ninguna forma! –

Pero no me puedo aguantar la risa y termino soltando una risotada haciendo que Jason se indigne. Susurra algo pero no le entiendo bien, creo que es algo como "tonta".

Toda la tarde no la pasamos entre carcajadas y peleas. Como siempre, y creo que así siempre ha sido y será nuestra amistad. Peleas y jugueteos. La verdad no conozco una mejor.

Y esa fue una pequeña introducción a la vida de nuestro Jason…