Disclaimer: Los personajes pertenecen a la maravillosa Suzanne Collins, yo simplemente los utilizo con fines de entretenimiento.
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Katniss salió con una mala cara al salir del baño, acababa de terminar de vomitar el desayuno especial que Peeta le preparo esa mañana, se sostuvo en la puerta al no tener las fuerzas suficientes para caminar, ya que sentía sus piernas muy temblorosas. Peeta al verla se acercó a ella y la tomo en sus brazos. La dejo sobre el sillón y puso sus manos sobre su frente sudorosa.
—Katniss —Peeta la llamó estando preocupado; Katniss vio que se mordía el labio—, sé que también es responsabilidad mía, pero… ¿te has estado cuidando?
Katniss se sonrojo al instante y miro para otro lado cuando esa idea se metió de lleno en su mente al saber el significado de las palabras de Peeta.
No, no podía ser cierto. Apenas tenían cerca de cuatro meses de casados, la Gira de la Victoria apenas terminó y no podía meterse en el papel de madre, no era demasiado pronto. Pero no podía ignorar la pregunta que él le estaba haciendo. Y la respuesta definitiva era: no.
¿En qué momento se olvidó de sus responsabilidades?
Peeta dedujo la respuesta de inmediato y Katniss soltó una risita nerviosa.
—¿Crees que deberíamos ir con tu mamá para que nos dé una recomendación?
—Me regañara —Volvió a retirar la mirada—, me dijo que tomar, pero no hice mucho caso después. Pero vayamos hasta mañana. ¿Quieres? Ahora todo lo que quiero es dormir.
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Katniss y Peeta se detuvieron en seco cuando vieron a Gale, quién estaba en su antigua casa, pudo ver que su madre estaba atendiendo a alguien sobre la mesa. La pequeña herida era la hermana menor de Gale. Su madre le estaba sonriendo tiernamente, mientras ella hacía muecas de dolor.
—¿Está bien? —Preguntó Peeta, cuando se hicieron notar.
—Sí —Respondió Gale—. Estaba corriendo por los terrenos que están alejados de nuestra casa, se cayó y se encajó algunos vidrios sobre las rodillas.
—Se pondrá bien —Contestó la señora Everdeen—, aunque las heridas le van a durar por lo menos un mes. Y tener cuidado en donde correr. Podrás cambiarle la venda hasta el día de mañana.
—¿Cuánto le debo? —Preguntó Gale, quién metió una mano al bolsillo de su pantalón.
—No es nada —La Señora Everdeen ayudo a bajar a Possy—, solo cuida que no se vuelva a caer.
Gale asintió. Ambos hermanos se despidieron de los presentes y Katniss se giró para alcanzar a Gale, dejando a Peeta con Prim, quién le sonreía amablemente, como dándole a entender que Katniss iba a regresar. Peeta no se preocupó y se sentó en el viejo sillón al lado de ella.
—Hemos almorzado —Prim comentó—. Iré a la cocina para…
—No, no es necesario —Peeta la interrumpió sonriéndole—. Ya hemos almorzado también, Katniss quiere hablar con tu mamá y quizás contigo también.
—¿Es grave?
—Para nada.
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Peeta se sentía como aquella vez en que Katniss le contó que todo era actuación para mantenerse a salvo. Katniss llevaba encerrada en la habitación desde el día anterior, en que la señora Everdeen le dijo que efectivamente, Katniss estaba embarazada.
Si bien, Katniss no le hablaba, por lo menos comía lo que él le llevaba.
Le estaba dando el espacio que ella necesitaba, pero tenía que hablar con ella. Asegurarle que Snow no se iba a entrometer en esa familia que estaban creando, además de que no le convenía, ya que todos los distritos habían dejado de crear revueltas al notar que Katniss en verdad estaba enamorada de él.
El proyector se encendió automáticamente y un mensaje apareció ordenando a que todos los habitantes del doce no se lo perdieran y se llevaría a cabo a las siete de la noche de ese mismo día.
Katniss bajo a esa hora, despeinada y con ropa muy holgada. Peeta le siguió la pista desde la sala, se quedó sin palabras cuando ella se sentó a su lado y recargo la cabeza en su hombro. Él de inmediato la rodeo con sus brazos.
—¿Qué querrán ahora? —Murmuró.
—Ni idea. ¿Los nuevos Juegos quizás?
—Aún falta para eso.
—Entonces será un nuevo levantamiento.
El proyector volvió a encenderse automáticamente, de nuevo, y Caesar Flickerman apareció con un traje completamente de color negro y con su espantoso cabello de un color morado, sollozaba mientras saludaba a todos los televidentes y luego soltaba la bomba:
El Presidente Snow acaba de morir esa mañana.
