Capítulo X
El lobo negro
—Está bien, de veras, si te sientes muy mal puedo quedarme a acompañarte, estoy seguro de que papá entenderá.
—No, Naruto—respondió Sasuke. Estaba nervioso, no midió el tono de sus palabras—. Te digo que necesito estar solo. Vete de una vez, déjame en paz.
El licántropo lo miró, claramente ofendido, y salió cerrando de un portazo. A la distancia lo oyó aullar. Se desplomó en la cama, tapándose el rostro con ambas manos.
—Itachi… Itachi, ¿dónde demonios estás? —murmuró con frustración.
Naruto no era sólo un hombre lobo; era el hijo de Kushina. No sólo era su enemigo mortal; había intentado salvar su vida (claro está que él no sabía que Sasuke ya estaba muerto). Deseaba con todas sus fuerzas contarle su historia al rubio, pedirle que le hablara del amuleto, que le dijera si todavía existía, pero eso implicaría explicarle que lo deseaba para dárselo a los culpables de que su madre hubiera muerto. ¿Qué pasaría ahora? ¿Y si el rubio se daba cuenta de que él era el vampiro?
Necesitaba tiempo para pensar, alguien con quien conversar. Ya era temprano para viajar, no podía exponerse a la luz del sol en su forma alada, eso lo mataría. Resolvió viajar la noche siguiente.
-X-
Naruto miraba el cielo sin luna por la ventana de su habitación. Era consciente de que necesitaba dormir para la prueba del día siguiente, pero pensar en Sasuke le hacía sentir un retortijón de incomodidad en el estómago. «Debe estar pensando que soy alguna clase de fenómeno o algo así» se decía con tristeza «pero aún cuando pierda su amistad me sentiría mucho peor si lo hubiera dejado morir para no revelar mi secreto. Es listo, sabrá guardarlo». Eran más de las dos de la mañana cuando consiguió conciliar el sueño.
Al día siguiente despertó sorpresivamente a tiempo y se alistó para ir a enfrentar el examen de cálculo.
—¿Has visto a Sasuke? —preguntó precipitadamente a Sakura apenas la vio.
—No. ¿Cuál es la urgencia? —indagó ella, entrecerrando los párpados con recelo.
—Ah, esto, yo… quería hacerle una consulta antes de la prueba, sí, eso, es que no estoy seguro de cómo iba esto… en lo que… ¿puedes dejar de verme así?
—Han pasado mucho tiempo juntos recientemente.
—Bueno, sí, estábamos estudiando—Naruto empezaba a sentirse acorralado, ¿acaso los demás también notaban la dependencia que estaba desarrollando por el Uchiha?
—¿Y no te ha dicho nada sobre mí? —soltó la peli rosa en tono esperanzado y con ojos brillosos.
El hombre lobo suspiró aliviado.
—No, nada.
—¿Nunca?
—Nop.
Sakura parecía realmente destrozada.
—Pe-pero el baile de fin de curso es en sólo seis meses—se quejó con frustración—¿cómo va a invitarme si nunca habla conmigo?
Naruto estuvo tentado a decirle que era ridículo preocuparse por un evento tan distante, pero por un momento imaginó a la muchacha vistiendo un primoroso vestido fucsia, colgada del brazo de un muy elegante y serio Sasuke y no pudo evitar fruncir el entrecejo. ¿Eso que sentía eran celos? ¿Qué rayos?
—Por Dios, Sasuke es un hombre—se recriminó en voz alta.
—Vaya, qué observador—se mofó Kiba, que recién llegó por detrás del Uzumaki. Éste le dirigió una mirada antipática.
—Kiba, ¿ya tienes pareja para el baile de fin de curso? —indagó Sakura, visiblemente emocionada.
—Ehhh, no. Iba a pensar en eso dentro de ocho meses o algo así—contestó mirándola como si le hubieran aparecido lunares de colores en la cara.
—Sólo faltan seis, más vale que invites a alguien o te quedarás solo.
—Como sea—Kiba hizo un gesto con la mano, quitándole importancia. La muchacha pareció contrariada y se fue murmurando algo sobre que a Tentén seguro sí le interesaría.
―¿Has visto a Sasuke? ―volvió a preguntar el licántropo.
Kiba negó con la cabeza.
―Hoy es tu examen de cálculo―recordó de pronto el Inuzuka. Naruto asintió―. Te deseo suerte compañero.
El joven Uzumaki agradeció el apoyo de su amigo y, tras comprobar que faltaban sólo diez minutos para el examen, se encaminó al aula.
―Profesora Anko―dijo recién entró al recinto―, ¿ha visto a Sasuke?
―No, señor Uzumaki, ahora por favor tome asiento, que la prueba está por dar inicio y espero que se haya preparado apropiadamente.
Naruto se sentó en el lugar indicado, mirando nervioso la puerta. Cuando la profesora tomó el manojo de exámenes para repartirlos, el Uchiha se asomó finalmente por la puerta. Anko, haciendo uso de su habitual antipatía por las llegadas tardías, le ordenó de mal modo que se sentara y comenzó a repartir la prueba.
No es que le resultara precisamente una pieza de pastel, pero el examen no estaba tan difícil y Naruto lo fue resolviendo con una tranquilidad que, hasta hace poco, le hubiera parecido imposible de alcanzar. Sasuke terminó la prueba antes que él y el hombre lobo lo vio salir, totalmente impotente ante su apatía. Terminó alrededor de una hora después y salió precipitadamente del aula. Buscó a Sasuke por todas partes pero el vampiro simple y sencillamente parecía haberse ido.
«Demonios» se dijo molesto «¿Qué me pasa? No es como que Sasuke sea tan importante para mí, lo conozco hace sólo una semana ¿pero por qué tengo este mal presentimiento? El sinsabor de que algo malo va a pasarle… no puedo permitir que deje de hablarme sólo por conocer mi secreto».
Neji vio a Naruto sentado junto a la laguna en la hora de almuerzo y decidió acercarse.
―Naruto.
El aludido guardó silencio unos minutos.
―¿Qué haces cuando un amigo deja de hablarte porque se entera de algo sobre ti que le resulta molesto?
―Si es así entonces no es verdaderamente tu amigo.
Naruto bajó la mirada.
―Maldición―murmuró―. Todo este tiempo ese bastardo ha estado siendo amable conmigo y ahora me da la espalda como un gusano y yo…―se silenció, recordando la perturbadora belleza del Uchiha; su sutil esencia, el tacto frío de su piel de mármol. Empezó a sentir una ira explosiva que empezó a incrementar peligrosamente. Una rabia que no sabía describir y que le cegaba. «No le importo» se repetía mentalmente. «No es mi amigo. No es mi amigo. No es mi amigo…». Cerró los puños con tanta fuerza que las uñas le rompieron las palmas. Demasiado tarde se dio cuenta que no podía controlarse. Abrió los ojos y Neji vio, espantado, cómo las azules pupilas de su amigo habían desaparecido, tomando su lugar una serie de círculo concéntricos que se destacaban sobre el gris de un ojo no-humano.
―Naruto, ¡no!
Pero el muchacho echó a correr, alejándose cuanto podía del colegio. Su casa, su casa no estaba lejos. Las uñas en sus manos empezaron a afilarse. No podía controlar su transformación. No entendía lo que pasaba. La columna vertebral empezó a dolerle a medida que su cuerpo casi le suplicaba ponerse a cuatro patas. Tenía que resistir. Aceleró el paso hasta el punto de darse cuenta de que estaba corriendo a una velocidad con la que los seres humanos no podían siquiera soñar, nada de lo que le estaba ocurriendo era racional, Kushina nunca le explicó que algo como eso pudiera pasar. Su cara empezó a alargarse. No podría llegar a tiempo a su casa. Saltaría una malla para llegar al bosque, no tenía opción; era prácticamente imposible que un lobo anaranjado de metro y medio pasar desapercibido a plena luz del día. Al acercarse a la malla saltó para colgarse de la parte superior, se sorprendió a sí mismo usando la parte superior de la misma para impulsarse como en un imposible salto de rana. Nunca había saltado tan alto. No en su forma humana. Finalmente llegó a un lugar en que no sería visto, protegido por los árboles, y se desprendió precipitadamente de su ropa. Un alarido de dolor escapó de su boca cuando, al dejar de intentar detenerla, la transformación se apresuró y todo su cuerpo se convulsionó violentamente. Aterrado, descubrió que el pelo que brotaba de su cuerpo no era naranja sino negro.
-X-
Minato miraba nervioso por la ventana. «¿Dónde estás, Naruto?» repetía para sí mismo. Estrujó la carta entre su mano. Kushina era tan impulsiva, ¿cómo es que nadie nunca le dijo nada? ¿Y si el poder del amuleto se había liberado? ¿Cómo reaccionaría Naruto? Era un Uzumaki después de todo. El talismán había nacido del poder milenario del primer alfa, fundador del clan, pero y si Naruto no tenía lo necesario… ¿qué sería de su hijo?
-X-
Naruto estaba más que sorprendido de su poder. Nunca antes fue tan rápido, tan fuerte. Nunca antes pudo percibir olores con tanta claridad. Nunca antes fue capaz de enfocar un objeto perfectamente a tanta distancia. Casi voló hacia su lugar favorito, eufórico, incapaz de querer dejar de sentir la constante liberación de adrenalina que le provocaba su nuevo estado. Se paró en la cumbre del monte Kuroki y aulló con fuerza. Inhaló hondamente y entonces sintió la familiar esencia. El vampiro.
-X-
Sasuke planeaba lentamente sobre la ciudad, pensativo. Sentía un deseo increíble de ir a buscar a Naruto, de despedirse de él. No sabía si sería capaz de regresar y forzar a la suerte. Temía tener que enfrentarse a él y que sólo uno de los dos sobreviviera. Tan absorto iba en sus cavilaciones que no se percató de nada cuando un enorme lobo negro con un collar de pelo blanco en el cuello saltó sobre él, derribándolo. «¿Pero cómo?» Se preguntó «si yo voy volando a una altura considerable, es imposible…»
―¿Sorprendido, chupasangre? ―el lobo habló, con una voz profunda y siniestra.
Sasuke no se sintió capaz de hablar. Las fauces del enorme cánido sobre su cara le hacían sentir que su hora había llegado. Había sido idiota al dejar de vigilar minuciosamente el área. No se percató de la presencia de ese otro lobo, mucho más poderoso y amenazante que el anterior. Sorpresivamente, el gigantesco animal retiró su peso de encima del otro y se sentó, como un tranquilo perro, a contemplar al vampiro con su mirada gris. Sasuke recordó las palabras de Juugo.
―¿Qué diablos eres? ―interrogó, francamente asustado. No se molestó en intentar moverse del suelo, el inmenso licántropo sería capaz de destrozarlo en el aire si quisiera―tú no tienes los ojos de un lobo.
El comentario pareció turbar severamente al animal, que se fue corriendo de ahí a una velocidad increíble.
―Nunca jamás regresaré aquí―se dijo, minutos después, mientras volaba a su máxima velocidad en dirección a la isla donde habitaban los Taka―No me arriesgaré a morir antes de haber encontrado a mi hermano.
Minato seguía mirando por la ventana con preocupación cuando dos grandes ojos grises, ataviados de círculos, prácticamente aparecieron frente a él. Asustado y sin saber cómo reaccionar, vio que el imponente animal de pelaje negro rodeaba la casa. La puerta trasera se abrió con un chasquido y el lobo entró cautelosamente.
―Papá―habló al llegar frente a él―, dime qué está pasándome.
N/A: me gustaría mucho saber qué piensan hasta ahora del curso que ha tomado la historia. Críticas, quejas, amenazas, peticiones, preguntas; todo será bien visto. Espero sus reviews! x3
