Capítulo 10 – La Invitación
Jareth se encuentra en su despacho leyendo cuando se abre la puerta y entra su madre la reina Anika. – ¡Siempre trabajando! ¿Cómo nunca tienes tiempo para divertirte? eres un hombre joven que necesita disfrutar de las cosas de la vida. La reina se acerca a él y le da un beso en la frente.
–Hola madre ¿Qué traes entre manos? – Jareth le da un tierno beso en la mano.
– ¿Qué no puedo venir a visitar a mi pequeño hijo sin alguna razón en particular? Jareth se le queda mirando y levanta su ceja como diciéndole te conozco muy bien.
Su madre le pone la invitación sobre su escritorio.
- ¿Qué es esto? –
- Sabes muy bien lo que es. –
- Y sabes muy bien que no me gusta ir –
- ¡Sí, me lo has dicho muchas veces! pero eres parte de la monarquía y tienes que ir. Llevas años evadiendo este compromiso y la gente empieza a murmurar. –
- Madre, me tiene sin cuidado lo que piense la gente. -
- Hijo, - su madre le contesta con toda la ternura del mundo - hazlo por mí. –
Jareth exhala profundo y acepta moviendo su cabeza. – Gracias, no sabes lo feliz que me haces. –
- Pero no esperes que sea amable y gentil con todos. – contesta Jareth con un tono poco molesto al pensar lo que le espera en la fiesta.
El Sr. Cueto, Sr. Santiago y la secretaria llegan a su destino. Entran a la Gran Ciudad de los Místicos y son recibidos en la Corte. – El Gran Maestro los espera, pueden entrar – le contestaron al unísono los Ancianos de la Corte.
Entran y hacen una reverencia. – Levántense hijos míos y acérquense al gran cristal de los recuerdos. – Los tres se acercan y se postran ante él. El Gran Místico Shaban empieza a recitar un cantico mágico que los relaja. Sus memorias se transfieren al cristal dejándolos a ellos sin ninguna recolección.
- Levántate Kieve, levántate Urso, levántate Aberfa – los tres se levantan poco a poco al escuchar su verdadero nombre.
- Maestro ¿Qué es lo que pasó? – pregunta extrañado Kieve (Sr. Cueto)
- Ciento como si hubiera estado en un sueño profundo – comenta Urso (Sr. Santiago).
- Sí, pero no me siento cansada – contesto Aberfa.
- Nada ha pasado hijos míos, regresen a sus deberes –
Caminan hacia la puerta y la cierran. Shaban voltea – Bueno las memorias de lo sucedido están contenidas en el cristal de poder.
- Gracias Maestro – le contestan las siete virtudes. Nosotras ya nos encargamos del resto. Nadie en el mundo Underground sintió el cambio.
- ¿Qué me pueden decir de Jane? – pregunta Shaban.
- Jane fue trasladada por la fuerte y sincera amistad que tiene con Sarah. Ella como Sarah, tiene la memoria de pertenecer a nuestro mundo. – contesta Sabiduría.
- Y al igual que Sarah, no tenía ningún lazo que la atara a su mundo. – agrega Armonía
- Ahora solo queda dejar que el Destino termine de unir a Jareth y Sarah para siempre. – dicen las Siete Virtudes antes de desvanecerse.
Sarah se encontraba bordando en el gran salón de su casa cuando Selina entra y anuncia que tiene una visita.
- ¡Jane! Que gusto me da verte de nuevo. Las dos se dan un fuerte abrazo. Cuéntame ¿cómo te fue en tu viaje a Levington?
- ¡Fenomenal! no tienes idea de lo que te perdiste. Caballeros caminando por las calles con toda gallardía, soldados de la guardia real presumiendo sus aventuras, las damas cuchicheando de los solteros más codiciados y de las últimas tendencias de la moda. Y yo sin mi Sarah para poder desahogarme. La visita la puedo resumir en una sola palabra: tortura. –
- ¡Que dramática eres! ¿Tan mal te sentiste sin mí? – le dice Sarah en tono de broma.
- Mi querida Sarah, ya sabes que la única razón por la que voy es porque mi padrino y madrina quieren mi compañía cuando tiene reuniones con la legión de caballeros. Ellos son como mis segundos padres. Y también tengo la sospecha que tratan de buscarme un marido. Mi pobre madrina me presento tantos caballeros que ni me acuerdo de ninguno. – Jane suelta una carcajada.
Las dos se sientan y Selina entra con el té. – Nunca he probado mejor té que el que preparas Selina. – comenta Jane.
- Gracias Lady Jane – contesta con modestia Selina. – con su permiso.
- Sarah ¿fuiste con el sanador como te lo sugerí? –
- No –
- Y me lo contestas tan campante. ¿No te preocupa en lo más mínimo lo que te pasó en casa de tu tía Lady Vandenhoff? Me diste un gran susto cuando te desvaneciste y no reaccionabas. –
- Pero no fue nada. Eso me pasó por dar una gran caminata sin haber tenido un buen desayuno. –
En eso alguien toca a la puerta y esta se abre lentamente. - ¿Interrumpimos? – pregunta Lord Wallace y detrás venía Lady Wallace.
- No, por supuesto que no – contesta Sarah con una gran sonrisa. Entren, están en su casa. –
- ¡Hola padrinos! – saluda Jane.
- Ya sabíamos que ibas a estar aquí y por eso nos tomamos la libertad de entrar sin ser anunciados. –
- Bueno mis pequeñas hijas hemos recibido una invitación para asistir a la Gala en la mansión Pearson. – les dice con mucha alegría Lady Wallace.
Sarah y Jane se miran a los ojos y saben muy bien qué es lo que pretende. – Y no vamos aceptar excusas para no asistir – les dice
Continúa…
