Disclaimer: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad sino de su creador, el mangaka Masashi Kishimoto. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Silvia García Ruiz, Amor con fecha de entrega. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que es una adaptación, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta maravillosa pareja que se robó mi corazón desde que la descubrí.
Advertencia: este libro contiende contenido sexual y palabras vulgares. Quien avisa no es traidor. Disfruten de la lectura.
CAPÍTULO 10
¡POR FIN!
Afortunadamente, aquel lunes era festivo y no tenía que ir a trabajar. Me levanté derrotada, como si me hubiesen dado una gran paliza en sueños. No recordaba con exactitud con lo que había soñado, pero venían a mi mente diversas imágenes inconexas de Sasuke, Menma, Sakura, Ino... y había sido muy intenso.
Menma ya no estaba en la cama y supuse que estaría trabajando en su despacho. Aquello era lo que mejor hacía. Minutos después, recibí la llamada de Ino.
—¿Estás despierta, Bella Durmiente? —pronunció más animada que el día anterior.
—Sí, me acabo de despertar —respondí somnolienta.
—¿Te apetece desayunar conmigo?
—¿Qué hora es?
—La una.
—¿No es un poco tarde para desayunar?
—Pues tomaremos el brunch, ¿qué más da? —Ino era un auténtico desastre con los horarios y sabía que aquello no era más que una excusa para charlar un rato.
—Vale, dame media hora.
—De acuerdo, en media hora paso a recogerte en la moto.
Hacía un poco de frío para ir en moto, pero seguro que el frescor del invierno ayudaría a aliviar mi pequeña pero dolorosa resaca.
Cuando le dije a Menma que saldría a comer con Ino, prácticamente ni se inmutó, estaba tan absorto en a saber qué, que mi presencia en aquella casa le resultaba indiferente.
Salí del portal y Ino ya me estaba esperando en su vespa vintage de color verde agua. Estaba muy guapa, con un chaquetón de color morado y un gorro de lana multicolor muy divertido, así, tal y como era ella.
Me llevó a un bar cerca de mi casa con grandes ventanales y una mezcla de decoración nórdica e industrial. No lo conocía pero me pareció muy bonito y acogedor.
—¿Qué tal te fue ayer con el horno? —Después de lo desesperada que parecía el día anterior, me alegraba ver de nuevo la sonrisa en su cara.
—Bien, es eléctrico, así que no he tenido que pelear con el monóxido de carbono —respondió con esa guasa natural que la caracterizaba.
—¿Quizás deberías cambiar de horno? —le pregunté justo después de que la camarera nos tomase nota.
—Déjalo, ningún hombre se merece que muera tan joven y espléndida. ¿Y tú qué tal con la reina del baile?
—Bien —pronuncié después de un gran suspiro.
—Nena, ese "bien" ha sonado raro, como el llanto de un gato agonizando.
—Puede ser. —Estaba deseando contarle todo lo que me reconcomía, pero no sabía por dónde empezar.
—¿Qué te ocurre?, ¿va todo bien con Menma?
—No, ya sabes, lo de siempre. Él y su trabajo.
—Pues para ser lo de siempre, te veo como si te hubiese arrollado un tren.
—Ino, me gusta alguien —confesé de una vez por todas.
—¿Cómo?, ¿gustar de querer arrancarle la camisa y morderle los pezones?
—Sí, gustar del verbo gustar, y mucho, además. No puedo dejar de pensar en él. —Sasuke había tomado el control de mi pensamiento. Era el capitán de la nave Enterprise en la que se había convertido mi cabeza.
—¿De quién? Cuéntamelo todo —dijo emocionada. Cuando se lo contase se iba a caer de la silla.
—Ahí viene lo más grave. Es Sasuke.
—¿Ese hermoso prototipo de hombre? Eso no le va a gustar nada a Barbie periodista. —Sólo le faltó dar palmaditas como lo habría hecho Sakura.
—Deja de hablar así, Ino, que esto va en serio. —Con sus comentarios no estaba segura de que se estuviese creyendo todo lo que le contaba.
—Sí, perdona, cariño, pero jamás pensé que me fueses a dar una noticia tan maravillosa. Descorchemos el champán.
—¿Buena noticia? Pero si es una catástrofe —pronuncié con gran desazón.
—Vale, entiendo que te sientas perdida porque el mundo se tambalea bajo tus pies. Tu novio ya no te pone, tu gran amiga es un fraude, te gusta el fruto prohibido... ¿Es un caos? No, es la providencia. Por fin, vas a tener aquello con lo que sueñas y lo que te mereces. Sólo tienes que intentar encontrar el equilibrio —dijo Ino como si fuese mi guía espiritual.
—Dicho así, parece sencillo, pero estoy hecha un lío, y ahora mismo, lo único con lo que sueño es con volver a ver a Sasuke. —Parecía como una adolescente que se encapricha con el chico de sus sueños.
—Te entiendo, a mí me pasa lo mismo. —Su voz se apagó.
—Ya. ¿Has probado a hablar con Kiba?
—¿Y de qué voy a hablar con él?, ¿qué le digo: " hola, buenos días, nunca he sido celosa, pero has despertado a la gata salvaje y posesiva que hay en mí"?
—A veces decir la verdad es la mejor opción.
—Pues esa opción en tus manos es una auténtica bomba de relojería. —Sí, sacar a la luz mi gran secreto, sería peor que cualquier arma de destrucción masiva.
—Estoy tan confundida que ni siquiera sé cuál es mi verdad.
—Creo que la cuestión es: ¿Hasta cuándo vas a ser capaz de mantener la mentira?
—¿A qué te refieres? —No comprendía el significado de sus palabras.
—Que no sé cuánto tardarás en darte cuenta de que Menma y Sakura no pintan nada en tu vida.
—¿Quieres que mañana le diga algo a Kiba? —pregunté para desviar la conversación. Adoraba pensar en Sasuke, pero me dolía pensar en Menma y Sakura.
—Sí, bueno... —dijo dubitativa —mejor no.
—¿Estás segura? —La tenté.
—Sí. De momento dejaré que todo siga su transcurso natural y lo que tenga que pasar, pasará. —La parte mística de Ino hizo acto de presencia.
—Buena decisión, pequeño saltamontes, aunque a veces es mejor cambiar el transcurso natural de los acontecimientos.
—Créeme, lo sé. Pero, de momento, yo tampoco estoy preparada para asimilar mi verdad. —Nunca había visto así a Ino a causa de un chico y me daba miedo que su historia con Kiba acabase mal. Era una alocada pero también era una de las mejores personas que conocía y no se merecía que nadie le rompiese el corazón.
—Somos un desastre, ¿verdad?
—Desastrosas pero encantadoras.
Hablar con Ino me había sentado a las mil maravilladas. Después de estar con ella me sentía más tranquila y de ese modo, con mi Universo en estado de calma, el martes me fui a trabajar. Quizá yo también tenía que esperar a que el destino actuase por sí solo, sobre todo, hasta que no estuviese convencida de lo que debía hacer. Pero el destino y mis ansias de volver a ver a Sasuke parecían no estar en sintonía.
De pronto, a las doce de la mañana, la suerte se puso a mi favor y en la pantalla de mi teléfono vibró el nombre de Sasuke.
—Hola. —Su voz me sonó a música celestial.
—Hola, Sasuke —pronuncié en voz baja mientras salía del departamento para que mis compañeras no pudiesen escuchar mi conversación.
—Quiero verte. —No se anduvo con rodeos.
—Yo también. —Mi voz sonó desesperada.
—¿Estás bien?
—No.
—Yo tampoco. Me estoy volviendo loco. —Percibí la angustia en su voz.
—¿Cuándo nos vemos?
—¿A qué hora sales de trabajar?
—A las cinco.
—Pues a las cinco paso a recogerte.
—De acuerdo.
—Bien. Te veo en unas horas.
—Adiós.
—Adiós.
Aquellas horas se me hicieron eternas y estaba tan inquieta que no podía estar sentada en mi sitio. Le mandé un e-mail a Kiba invitándolo a comer conmigo y aunque esperaba que me dijese que no porque parecía tener mucho trabajo, no tardó en aceptar mi invitación y me pidió que lo esperase abajo, en lugar de salir juntos de la empresa.
—¿Qué ocurre?, ¿te avergüenza que te vean conmigo? —le pregunté de camino al restaurante.
—No digas tonterías.
—¿No tendrás miedo de que Tsunade Senju te eche una regañina?
—¿De qué estás hablando? —me preguntó sorprendido.
—De que estoy segura de que entre vosotros hay algo aunque no tengo ni idea de lo qué es.
—Pues borra de tu cabeza esa absurda idea. Además, ¿quién utiliza la palabra "regañina" hoy en día? —dijo riéndose de mi lenguaje tan infantil. Estaba claro que no quería hablar de ella y, como siempre, se salió con la suya.
—Desembucha —Fue la primera palabra que pronunció en cuanto nos sentamos en la mesa.
—¿Eh? —Kiba parecía la voz de mi conciencia y siempre iba un paso por delante.
—Me has invitado a comer porque te mueres de ganas de contarme algo, así que empieza ya.
—He quedado con Sasuke esta tarde. —Estaba segura de que él me entendería.
—¡Alabado sea Dios! —pronunció exagerado.
—¿Por qué dices eso?
—Porque es evidente que se muere por tu body, nena ¿Y tú qué?, ¿te mueres por él?
—Nos hemos besado. —Si debía confesarme, Kiba era el mejor confesor.
—Arderéis en el infierno —dijo con mirada perversa.
—¿Sabes? Tú y Ino haríais una gran pareja. Es imposible mantener una conversación seria con vosotros.
—Sí, probablemente, pero ya sabes que yo no... —dejó caer sus palabras en un tono muy bajo y no terminó la frase, dejando que se perdiera en el silencio.
—Lo sé. No te va el compromiso, pero Kiba, aunque yo no debería decírtelo, le gustas. —Ino me mataría si supiese que había dicho eso, pero necesitaba tantear a Kiba para poder protegerla.
—Es evidente, ¿me has visto?, ¿cómo no le voy a gustar? —retomó su habitual chulería para no profundizar en el tema de Ino.
—Sí, pero me refiero a que le gustas mucho —insistí.
Kiba dejó de comer, se limpió la boca con la servilleta, apoyó sus manos sobre la mesa y se quedó en silencio durante unos segundos.
—Se me ha quitado el apetito. —Por desgracia, no supe averiguar el significado de su rostro: angustia, aburrimiento...
—Lo siento, no pretendía molestarte.
—Olvídalo, no lo has hecho. Pero quiero decirte una cosa. Hinata, esta tarde, por favor, relájate, déjate llevar y vive el momento. —Volvió a evitar hablar de Ino. —Conoce y disfruta de un hombre que desea poder compartir su tiempo contigo.
—¿Quieres que esta tarde sea como tú?
—Sí, esta tarde sí. Y sé mala, muy, muy mala.
—Lo seré.
Sasuke vino a recogerme en coche y cuando me subí no tuve la sensación de estar haciendo nada malo.
Deseaba estar a su lado y sólo él me importaba. Su cara, que en principio parecía tensa, se relajó y me dedicó una sonrisa tan cálida que me derritió.
—Estás preciosa —me dijo sin borrar esa cautivadora sonrisa de su cara.
Mi corazón latía a mil por hora. Tal vez era la emoción por rozar lo prohibido, pero me sentía sorprendentemente feliz.
Sasuke había reservado una habitación en el hotel Urban, uno de los hoteles más lujosos y céntricos de Tokio que no estaba muy lejos del lugar en el que trabajaba.
Cuando vi el destino escogido por Sasuke me sentí aliviada. Quería estar a solas con él y no correr el riesgo de que alguien pudiese vernos. Y una emoción que no recordaba haber sentido nunca aceleró mi respiración. Iba a estar a solas en una habitación con el hombre al que deseaba con todas mis ganas.
¡Dios mío! Iba a estar con Sasuke.
Bajamos del coche, Sasuke me agarró de la mano y ese simple gesto me hizo flotar. Con él nada malo podía pasarme. El contacto de ese pequeño trozo de piel me resultó muy reconfortante y excitante.
Nos montamos en el ascensor y Sasuke, que se había puesto frente a mí, comenzó a acariciarme con delicadeza la cara como si quisiese que sus manos memorizasen cada curva de mi rostro. Su mirada no era capaz de apartarse de mi boca y deseé que, por fin, se decidiese a besarme, sin embargo, no lo hizo. Tal vez, tenía que ser yo la que tomase la iniciativa pero tuve miedo de que mi ímpetu lo asustase y le hiciese desaparecer.
Cuando el ascensor terminó su corto recorrido, Sasuke me llevó hacia la habitación guiándome con su mano. Parecía nervioso y no me miró durante el corto trayecto a través del pasillo.
Abrió la habitación y una vez dentro, con las luces apagadas, me arrinconó contra la puerta. Agarró mis manos con fuerza para evitar que pudiese escapar y me besó como un lobo hambriento. Y ese beso me supo a poco. Quería tocarle, acariciarle, desnudarle, llenarme de él. La pasión de su lengua recorriendo cada rincón de mi boca, me hizo estallar de deseo y necesitaba desesperadamente tenerlo dentro de mí. Sasuke dejó libres mis manos y en medio de un abrazo, me arrastró hasta el centro de la habitación.
—Te deseo tanto —susurró entre beso y beso.
De pronto, se alejó ligeramente de mí y comenzó a desnudarme. Primero, me quitó el abrigo y a continuación, comenzó a desabotonarme la blusa negra que llevaba puesta.
Sentir sus dedos sobre mi piel era totalmente enloquecedor, pero no tanto como la angustia que me creaba no tener sus labios sobre los míos, así que, instintivamente, me abalancé sobre su boca para detener mi desesperación.
Sasuke respondió a mi fogosidad levantándome en el aire, colocando mis piernas alrededor de su cintura y apoyando mi espalda contra la pared más cercana. Con un movimiento brusco, levantó el trozo de falda que le estorbaba y la dejó a la altura de mi cintura. Se desabrochó el pantalón y liberó su miembro que estaba a punto de estallar.
Con su mano retiró a un lado mi fina y húmeda ropa interior y, sin preaviso, me penetró con tanta fuerza que no puede evitar gritar con una mezcla de placer y dolor.
—Fóllame —le supliqué dejándome llevar por el ardor de mi sexo. Y esas tres simples sílabas lo excitaron tanto, que los movimientos de Sasuke se volvieron todavía más profundos y apasionados.
—¿Quieres más? —bramó desde el fondo de su garganta.
—Sí, por favor, más, más —conseguí pronunciar entre gemidos.
De pronto, sentí cómo sus penetraciones eran cada vez más frenéticas y cómo su respiración estaba cada vez más acelerada y enferma, y supe que no tardaría en estallar dentro de mí. Deseé dejarme llevar y alcanzar el orgasmo junto a él y en pocos segundos y a un ritmo enloquecido, los dos nos dimos tanto placer que acabamos desplomándonos sobre el suelo.
Estuvimos varios minutos allí tumbados, abrazados, con nuestros cuerpos semidesnudos. Había creído que después de acostarme con Sasuke no soportaría el sentimiento de culpabilidad, pero no era así, me sentía fantásticamente bien entre sus brazos. Había vuelto a disfrutar del sexo y eso me llenaba de una placentera vitalidad.
Había sido un orgasmo liberador y volvía a sentirme una mujer plena.
—¿En qué piensas? —me preguntó Sasuke mientras acariciaba el contorno de mi pecho.
—No pienso, me limito a disfrutar de lo bien que me siento a tu lado. —Quería seguir flotando en mi nube, mi nube Kinto.
—¿Qué va a pasar a partir de ahora?
—No lo sé. No quiero pensar. —No quería preguntarme por el futuro porque el presente era tan maravilloso que nada lo podía superar. Sasuke resultó tener superpoderes, porque cuando estaba con él todos mis problemas desaparecían.
—Cuando vuelva de Milán voy a dejar a Sakura. No puedo seguir con esta farsa de relación. —Sasuke quería hablar sobre nosotros y nuestro futuro y me forzó a bajar de mi confortable nube del algodón.
—¿Estás seguro de que es lo que quieres hacer?
—No sólo lo hago por ti, Hinata. Lo hago principalmente por mí. No soy feliz a su lado y tarde o temprano la acabaría dejando.
—¿La quieres?
—No, ya no la quiero. —Ojalá yo pudiese decir eso con tanta convicción.
Me quedé en silencio pensando. Deseé tener el mismo don de la clarividencia que tenía Kiba.
—¿Qué vas a hacer tú con Menma?
—No lo sé, Sasuke. No puedo romper una relación de siete años de la noche a la mañana. He compartido muchas cosas con él y tengo miedo de hacerle daño. —Sí, lo había dicho, estaba muerta de miedo.
—¿Sigues enamorada de él?
—No, ya no estoy enamorada.
—¿Le quieres?
—Sí y eso no va a cambiar nunca, pero querer no es suficiente.
—Saber que ya no estás enamorada me da esperanzas y eso me hace feliz.
Volví a quedarme sin palabras.
—Hinata, tengo que confesarte una cosa. —Sasuke intensificó la profundidad de sus caricias.
—Dime. —Mi cuerpo comenzó a reaccionar al sensual contacto de sus manos.
—Debes saber que he fantaseado contigo desde el mismo día en que te conocí.
—No me lo creo —respondí coqueta. Me encantaba haber sido la fantasía de Sasuke y deseaba seguir escuchándole hablar sobre ello.
—Sí. Incluso la primera noche, mientras escuchábamos a aquel chico que tocaba las canciones de Linkin Park, vi la atracción que existía entre Menma y tú, y deseé estar en su lugar. Cómo os mirabais, cómo aprovechabais cualquier ocasión para rozaros... sentí mucha envidia.
No podía creérmelo. El simple hecho de que se acordase de aquella noche tenía que ser una señal del destino.
—¿Qué será de nosotros? —Pregunté con preocupación. La nube comenzaba a evaporarse.
—¿Existe un nosotros? —dijo Sasuke emocionado.
—Sí. —¿Acaso él no lo daba por hecho?
—¿Quieres que forme parte de tu vida? —percibí entusiasmo en su voz.
—Ahora mismo eres tú el único elemento de mi vida que consigue ilusionarme. Es gracias a ti que me siento con fuerzas para luchar por conseguir la vida que siempre he deseado. — Sasuke me proporcionaba una gran seguridad y quería tenerlo siempre cerca de mí.
—Es maravilloso escucharte decir eso.
Coloqué mi cuerpo medio desnudo sobre él, encajando mis piernas entre las suyas, puse mis manos bajo su cabeza y lo besé con delicadeza, pero con grandes dosis de seducción.
—Hazme el amor. Hazme el amor como si no hubiera un mañana. —Tener su cuerpo bajo el mío era demasiado excitante.
—No digas eso, por favor. No hables de nosotros como si no tuviésemos futuro. Cuando me mires a los ojos quiero que veas esperanza.
—Cuando te miro a los ojos lo único que deseo es poder atravesarlos para poder meterme dentro de ti y formar parte de tu cuerpo.
—¡Qué casualidad!, ¡yo siento lo mismo! —dijo Sasuke divertido, mientras se adueñaba de la situación llevando su cuerpo sobre el mío. —Te deseo tanto que me gustaría poder estar siempre dentro de ti.
Eran casi las diez de la noche y los dos sabíamos que había llegado el momento de la despedida. Me incorporé en la cama y comencé a buscar con la mirada cada una de las prendas de ropa que estaban desperdigadas por la habitación. Nada me apetecía más que ducharme, pero la idea de ver cómo las gotas de agua llenaban de brillo la piel morena de Sasuke me resultaba demasiado tentadora. Debía irme a casa, era demasiado tarde.
Él intentó frenarme sujetándome del brazo y acercándome de nuevo hacia su pecho. Pero no sólo me resistí, sino que además, con la intensidad de mi mirada atormentada, le imploré que me dejara marchar.
La nube había desaparecido por completo y, de nuevo en la realidad, habían reaparecido la culpabilidad y la incertidumbre. En cuanto me puse la ropa interior, lo primero que hice fue sacar el teléfono móvil del bolso para revisar si tenía alguna llamada perdida o algún mensaje. Y persiguiéndome, como si fuesen la Inquisición, tenía varias llamadas perdidas de Menma y de Sakura y un mensaje de Menma preguntándome dónde estaba y avisándome de que él ya estaba en casa.
Con manos temblorosas, le contesté al instante con un simple mensaje que encerraba una gran mentira: " Problemas en el trabajo. Llego en 20 minutos ". Sasuke, preocupado, me preguntó qué ocurría, y le pedí que llamase a Sakura ya que por todas sus llamadas perdidas intuía que le sucedía algo.
—No te preocupes, seguro que no es nada, probablemente no le guste el vestuario que le ha escogido la estilista de su programa —pronunció con sorna.
—Sasuke, no hables así de Sakura. Es tu novia y es mi amiga.
—Mucho me temo que ambas cosas van a cambiar.
—No digas eso.
—¿Qué sucede?, ¿quieres que Sakura y yo sigamos siendo novios?
—Por favor, no me presiones de ese modo. Creo que te acabo de demostrar que no.
—Lo siento, cariño, me he dejado llevar por la angustia que me produce esta situación. Ojalá todo fuese más fácil y no tuviésemos que vivir entre la mentira y el engaño.
—No te preocupes, todo irá bien. Disfruta de tu viaje a Milán, descubre un gran artista y a la vuelta, con la cabeza fría, resolvemos esta situación —le dije al mismo tiempo que me acababa de vestir y me acercaba a él para darle un beso fugaz en la comisura de los labios.
En cuanto salí del hotel, el lugar del delito, lo primero que hice fue devolverle la llamada a Sakura. Sabía que Sasuke tardaría en hacerlo a pesar de que yo se lo hubiese pedido.
—Creo que Sasuke me engaña —me espetó Sakura en cuanto descolgó el teléfono.
Esa sospecha golpeó mi estómago como si me hubiese dado una patada el campeón mundial de Kickboxing.
—¿Pero qué ocurre, Sakura?, ¿por qué dices eso? —le pregunté a mi amiga intentando disimular mi nerviosismo.
—No sé, Hinata, le noto muy frío y distante.
—Seguro que son imaginaciones tuyas. Sasuke y tú siempre habéis sido muy independientes.
—Sí, puede ser, pero no soporto que no responda a mis llamadas. Lo he llamado mil veces y aún no se ha dignado a llamarme.
—Sakura, ¿estás bien?, ¿qué es lo que te ocurre realmente? —Me había parecido tan ridícula la justificación de su sospecha, que intuí que había algo más detrás de sus suposiciones. De repente, Sakura se echó a llorar mientras que entre llantos balbuceaba algunas palabras sueltas: " nadie... entiende...nadie... a mí...nadie... me quiere ".
—Sakura, sabes que eso no es cierto. Todos te queremos.
—Ya —pronunció mientras un pitido se hacía hueco en nuestra conversación. —Hinata, te dejo, Sasuke me está llamando —dijo con una sorprendente calma, después de su teatralizado llanto. Y me colgó.
Miré mi teléfono móvil esperando que aquel aparato inteligente fuese capaz de explicarme qué acababa de suceder. Aquella escueta conversación con Sakura había sido totalmente surrealista.
Llegué a casa. Saqué la llave que colgaba de mi llavero de cuero en forma de rosa y la introduje con calma en la cerradura del apartamento que compartía con Menma y me quedé sorprendida al ver que la culpabilidad se había esfumado, a pesar de estar a pocos segundos de encontrarme frente a frente con el novio al que acababa de engañar.
Por alguna extraña razón, me sentía en paz. Pensé en aquellas escenas tan recurridas en la ficción en la que la mujer que acaba de traicionar a su pareja, arrepentida, va directamente a la ducha para borrar todas las huellas del engaño con las gotas de agua y de sus propias lágrimas. Pero eso no iba a suceder, porque aunque no quería hacer daño a Menma deliberadamente, los dos éramos culpables de haber llegado a esa situación.
—Ven, cariño, he aprovechado que aún no habías llegado para preparar la cena —me dijo en cuanto atravesé la puerta. ¿Cómo?, ¿cariño?, ¿cuánto tiempo llevaba Menma sin utilizar ningún tipo de apelativo como ese?, ¿y la cena?, ¿era posible que Menma hubiese aprovechado su tiempo solo en casa para preparar la cena? No podía salir de mi asombro y lo miré con detenimiento por si encontraba alguna pista que indicase que ese hombre que se encontraba ante mis ojos era un farsante.
—No me mires así. Tenemos que hablar, bueno, yo tengo que hablar. Quiero disculparme porque sé que últimamente te he tenido muy descuidada y no te he prestado toda la atención que te mereces. Quiero compensártelo. —Seguí mirándolo como si fuese un extraterrestre verde con dos antenas y tres ojos, y eso lo desconcertó. —Te compensaré, no sólo hoy sino todos los días.
No sabía qué decir. Podría haber esperado cualquier cosa al llegar a casa: desde un Menma molesto por haber llegado tan tarde a un Menma indiferente porque habría invertido su maravilloso tiempo en soledad para seguir trabajando sin una novia pesada que le estuviese reclamando continuamente su atención; pero jamás de los jamases, habría pensado en encontrarme a un Menma totalmente distinto, caído del planeta de la reconciliación.
—Menma, los dos sabemos que últimamente nuestra relación no marcha tan bien como debería, pero no creo que nuestros problemas se solucionen sólo porque me prepares la cena. —Un apelativo cariñoso, un plato de pasta y la promesa de prestarme más atención, no iban a arreglar nuestra situación.
—Lo sé, cariño, pero esta cena es una de las primeras cosas que quería hacer para demostrarte lo importante que eres para mí. Es sólo el principio.
¡Qué ironía! Menma estaba pensando en iniciar un increíble proceso de transformación personal que salvase nuestra relación y lo único que pasaba por mi mente, era la idea de ponerle punto final. ¡Qué caprichoso es el destino!
