Tú puedes ser el jefe, daddy
tú puedes ser el jefe
Tras el hueso como un perro enfermo
Sabes que me gusta,
me gusta mucho
No te detengas
.
.
.
Desbloqueó el celular de nuevo y con manos trémulas volvió a la conversación. Entonces las disculpas cortantes del hombre hicieron temblar sus inestables y fantasiosas teorías.
"Lo siento, no fui yo
en serio lo siento Yuri, hablaremos cuando lllegue"
Volvió a ver la imagen y solo notó que había empezado a llorar cuando gotitas cayeron en su pantalla distorsionando los colores.
-Hijo de puta - murmuró a penas, ya no siendo capaz de sostener los sonoros sollozos y quejidos que había estado ahogando en su garganta.
Se dio cuenta que la nubecita blanca le avisaba que no era el único mensaje que no había visto, que de hecho, arriba de la imagen había un audio que había ignorado. Y como masoquista con el corazón hecho trizas, lo presionó con manos temblorosas. Quería toda la historia, aquella doliente, aquella verdadera.
Gemidos. Gemidos y la voz de una mujer escandalosa.
Sollozó con más ganas cuando reconoció de inmediato la voz amortiguada del kazajo, ¿y cómo no hacerlo? si él también tuvo el aliento de Otabek en su oído, en sus piernas, espalda, abdomen, pecho y hasta su boca; habían compartido en mismo aliento que ahora se aceleraba por alguien más.
Finalmente bloqueó el celular y lo tiró casi sin fuerzas al otro rincón.
¿Cuán maldito debía ser Otabek para enviarle mensajes así? ¿Para qué? ¿Con qué puto fin ser tan cruel?
Pudo haberlo seguido rechazando como siempre, directo, frío, al grano, con ese estoicismo suyo hiriente. Hubiera sido mejor recibir un rechazo más de ese modo, romperse de ese modo, llorar de ese modo, sentirse humillado de ese modo; pero no, el kazajo había querido humillarlo junto a alguien más, junto a esa perra que gritaba su nombre desesperada y chillona.
¿Por qué refregarle en la cara de esa manera cuando follaba con otra mujer? no debía ir tan lejos, no tenía por qué. Si estaba enojado con él por haber faltado ayer al trabajo, joder, que se lo dijera en la cara, hubiera aceptado el sermón de su parte, un reto, un castigo, lo que fuera. Pero no. El kazajo había preferido lastimarlo.
Estaba dispuesto a hundirse ahí para que nadie lo molestara pero la puerta de improvisto se abrió y cagó su momento de querer ahogarse en su miserable vida/amor.
Volteó rápido dando la espalda y caminó hacia el móvil para fingir que flojeaba ahí, intentando parecer casual.
-¿Yuri? - reconoció la voz de Chris.
-Qué.
Intentó que su voz sonara normal, y lo logró, algo ronca, pero lo supo ocultar bien.
-Baby, alguien ya te ha solicitado abajo. Ha hecho el pago por adelantado - avisó el hombre - y te sorprenderás lo guapo y joven que es, qué envidia Yuri ¡Tienes una suerte de infarto, te odio! - chilló el suizo.
-Ya, ya, ya, ¡Ya voy, ya vete luego a hacer lo tuyo! - dijo con una voz pesada para parecer molesto.
-En 5 debes estar abajo, despégate y apresúrate. Si Otabek te viera...
El solo escuchar el nombre del kazajo hizo que sus hombros temblaran, y no fue hasta que escuchó la puerta cerrarse que soltó el sollozo que tuvo que retener mordiendo su labio.
.
.
.
Lloró mucho, lloró todo lo que pudo en menos de cinco minutos, para así también alcanzar a maquillarse un poco y pasar desapercibido lo más posible. Era una suerte que tuviera algo de alcohol encima y que con eso pudiera excusar sus ojos vidriosos a los que solo les pudo quitar lo rojo por un par de gotitas que encontró entre el desastre de cosméticos de todos los babys de la casa que dejaban regados por todo el tercer piso posteriormente cuando se arreglaban.
Dejó su celular en su bolso. No tenía que cobrarle sentimientos a un aparato sin vida, sin embargo, sabía que de solo verlo y recordar los mensajes de Otabek se iba a largar de nuevo y si ahora debía cumplir con un trabajo era mejor dejarlo ahí. Mañana se ocuparía de llorar todo lo que quisiera y llamaría a Yuuri y Mila para que lo consolaran o mimaran junto a Potya, con comida, helado y una maratón de películas.
Porque aunque Yuri parezca hielo frío, su corazón solo era un cristal joven; demasiado frágil, demasiado sensible. Y aunque dijera no necesitar a nadie en sus momentos difíciles, la verdad eso era solo un llamado de ayuda para que vinieran a socorrerlo. Era orgulloso, era fuerte, pero también era humano.
Cuando visualizó a Chris se encaminó a él entre sonrisas un poco decaídas hacia los hombres que lo saludaban.
Y su mandíbula definitivamente cayó cuando vio quién era el acompañante del Giacometti, quien supuestamente lo había comprado esa noche.
-Yuri, él es...
-Yam Yass Liroy - dijo algo despectivo, queriendo lastimar el ego del hombre imperturbable que solo sonrió con elegancia.
-Vaya, entonces fuimos dos los que entendimos mal nuestros nombres - repasó sus labios con la punta de su lengua y volvió a sonreír de lado; acción que Yuri notó a leguas que había mojado la tanga de Chris que lo miraba como el ser más maravilloso de todo el puto planeta - Jean Jacques Leroy, de ahora en adelante no lo olvidarás más. Y supongo que tú no te llamas "Yui Altin".
Yuri soltó una sonrisa, bueno, eso para él había sido algo divertido. Lo habían pillado. Chris lo miró confundido por el nombre, luego habría de explicarle que el Leroy lo había visto entre la gente hace unas horas y había consultado con él su nombre para poder comprarlo.
-Yuri Plisetsky, daddy.
Yuri no lo hizo con intención, sin embargo, su voz algo desanimada sin ganas de parecer seductor o algo por el estilo, más bien sonó tierna. No notó que con eso la sonrisa del Leroy había temblado de una forma extraña, casi sorprendido, quizá algo embobada.
La conversación solo duró un par de diálogos más, en donde Leroy no dejaba de sonreírle y Yuri solo miraba sin ganas, intentando parecer normal.
Ya qué. Estaba vendido.
Jean Jacques Leroy era un hombre apuesto, el rubio por más que le costara no lo pudo negar. Lo único que le jodía era su actitud arrogante y engreída que creía traer a todo el mundo a sus pies como si se tratara de un maldito rey o algo por el estilo.
Y como la política de Yuri era: "Si es feo por dentro entonces es feo por fuera", no le agradaba. Al menos no del todo.
Cuando salieron al estacionamiento, el rubio evitó por todos los dioses mirar por la carretera. No quería avistarlo, no quería ver al kazajo, no quería ver ni su carro, no quería ni siquiera asomar nariz para cerciorarse si venía o no, porque sabía que se pondría a llorar como maldita magdalena de nuevo.
Fue así como movido por el ya poco alcohol en su cuerpo, las ganas de salir de ese lugar y por un momento olvidar todo, entró al asiento de copiloto del lujoso Lamborghini de Leroy cuando este le abrió la puerta.
Por lo poco que había estado atento a la conversación junto a Chris y él, tenía entendido que irían a la residencia de Jean.
Mientras iban camino hacia allá Yuri no pudo evitar mostrarse decaído, no llegando a insultar a Jean con la charla que intentaba sacarle, no respondiendo sarcástico, no ironizando nada.
Iba apoyado en el vidrio de la ventana mirando el paisaje iluminado artificialmente de las 2 Am en Moscú, o eso hasta que la mano de Leroy sobre su rodilla lo hizo sobresaltarse.
Miró donde el hombre acariciaba y su mente lo traicionó pensando en las manos del kazajo abrazando su piel. Soltó un suspiro apretando la mandíbula y tragándose las ganas de llorar. Por suerte Leroy miraba la carretera y no su rostro.
Mordió su labio para reprimir el último atisbo de querer de llorar y con eso llevó su mano propia sobre la de Jean.
-¿Perdón? - intentó mirarlo socarrón, con una ceja alzada, tratando de verse como usualmente lo haría estando en su ánimo normal.
-Te compré, no tienes mucho que reclamar muchacho - dijo con voz divertida, y bueno, Yuri no pudo discutirle nada.
Sonrió despacio y volvió a fijar su vista sobre sus manos que ahora el mayor entrelazaba mientras con la palma seguía acariciando su pierna.
Entonces pensó que así mismo se vería su mano tomada con la del kazajo, solo que Otabek tenía una pequeña cicatriz en uno de sus nudillos y... Ah, carajo. Ya estaba pensando en él...
Miró por la ventana, sintiendo sus ojos escarcharse. Apretó el agarre con el canadiense y lo invitó a subir a tocar la piel de su muslo que quedaba al aire fuera de las medias, cediéndole paso a su piel para acariciarla. Y claro que el otro no lo desaprovechó, como perro hambriento aceptó.
Mientras Yuri miraba por la ventana y unas pequeñas lágrimas rodaban por sus mejillas, el canadiense miraba el camino con una mano al volante y la otra mano subiendo por la sedosa piel. La apretaba a veces suavemente y las caricias fueron subiendo de nivel a medida que el chico se fue internando bajo la falda blanca del ruso.
Yuri volvió a cerrar los ojos, en un vano intento de parar sus lágrimas y concentrarse en las caricias.
De a poco le fue abriendo más las piernas, deslizándose despacio y muy lentamente por el asiento de cuero, dejando que el mayor metiera su mano y tocara la piel más sensible por la parte interior de su muslo, justo bajo su entrepierna vestida con encajes blancos y cintas rosas. Jean apretó la piel de ese lugar y Yuri suspiró pesado; haciéndole notar lo sensible que era.
Se mordió el labio cuando sintió que su encaje fue tirado a un lado y la mano del mayor se colaba ahí para darle placer.
Entre suspiros, gemidos bajos y sollozos silenciosos, maldecía internamente estar imaginándose a merced de las manos de alguien más, maldecía que su mente lo traicionara así, maldecía que su propia imaginación le jugara chueco.
.
.
.
Cuando Leo notó que los clientes pausaban su paseo por la barra, avisó que se tomaría un break, dejando el trabajo a los chicos que eran sus compañeros a cargo.
Vio algunos babys realizar bien su trabajo y algunos pasearse divertidos entre los clientes que parecían a gusto jugueteándose con ellos antes de comprarlos. También vio a su mistress favorita, Mila, muy cariñosa con un hombre algo entrado en años, cuchicheando a veces con otra mujer a su lado cuando este no se daba cuenta, como si coqueteara con ambos a la ves "Chica astuta" pensó Leo divertido. Por eso le caía bien la rusa, nunca tenía dónde perderse.
Sin embargo, tras unos minutos, notó que Yuri no estaba por ningún lado. Así que se acercó a Chris a preguntarle si lo habían comprado por la noche o estaba flojeando escondido por ahí.
-Se lo llevaron hace media hora más o menos, un cliente nuevo - le restó importancia el Giacometti.
-¿Cliente nuevo? - preguntó algo intrigado, usualmente los compradores siempre solían ser conocidos que ya habían venido o mantenían contacto con la agencia.
-Sí, parecía buen tipo de todos modos, quedó anotado en los registros y pagó por adelantado así que todo en orden.
-Oh, bien - asintió el chico, pero de pronto la curiosidad lo asaltó -¿Algún nombre conocido, recomendación de Yakov? ¿Apellido de dinero, empresario o...?
-Creo que era Leroy... Jean Jacques Leroy - asintió.
De pronto los ojos cafés de Leo se abrieron como platos y su boca se abrió ligeramente de sorpresa. Oh, santa mierda, eso no podía estar pasando.
Chris notó que el de la Iglesia había palidecido y se preocupó, chasqueó los dedos frente suyo para que espabilara.
-¿L-Leroy? - dijo a penas.
-Sí, Leroy - rodó los ojos y se cruzó de brazos dejando una mano en alto "afirmando" su mentón, tal cual diva - dijo que manejaba unas empresas al otro lado de la ciudad.
Leo llevó sus dedos a su labio inferior, mordiendo con nervios palpables, un mal hábito que tenía cuando algo lo jodía o mosqueaba. Miró el gran salón como si pudiera hallar a la pareja aún cuando sabía que ya no estaban ahí, que ya se habían ido.
-¿Pasa algo? - finalmente preguntó Chris.
Leo lo miró con los mismos ojos sorprendidos, volviendo a mirar alrededor nervioso y algo errático. Negó con la cabeza rápido y seguido se apresuró a la barra en busca de su móvil. Como Otabek se enterara que Leroy había vuelto a aparecer y llevado a uno de sus babys... y que por encima de todo fuese el problemático de Yuri, ay Dios, no quería ni pensarlo...
Iba a marcarlo cuando un par de chillidos emocionados por parte de algunos babys se escucharon en la entrada. Otabek ya había llegado. Y sus chicos lo saludaban felices, se le colgaban al cuello y besaban sus mejillas demostrando su cariño y cuánto lo habían extrañado. El kazajo trataba de saludarlos a todos a la vez con una tenue sonrisa.
Sin embargo, Altin miraba un poco más allá de sus chicos, hacia los sofás, como si buscara algo, o más bien, a alguien. Pero muy poco y nada le importó a Leo.
Se acercó rápido a su amigo, antes de que siquiera el Giacometti pudiera saludarlo y le quitó a todos esos chicos de encima, arrastrándolo totalmente confundido hasta la barra que estaba más vacía. Otabek había preguntado qué pasaba, pero no obtuvo respuesta hasta que estuvieron algo más alejados. Leo decidió ir al grano de inmediato:
-Beka, es Jean, Jean al parecer compró a Yuri por una noche.
La cara de Otabek mostró sorpresa, pero enseguida su expresión cambió a una sombría y enojada; casi un rostro resentido. Y entonces pensó que ese día solo podía ir de mal en peor.
Hola
Buen, a verss, en cuanto al capítulo... Ay, estoy muy tentada a que esta mini relación(?) Pliroy pase a mayores, pero no sé hajsjsj
Y con Beka, bueno, me gustaría ahora trabajar más con sus sentimientos ahora *1313
💞💞Muchas gracias por leer bebés!
