¡Bueeeenas gatetes! Aquí el último capítulo de este fic:3 Gracias por haber leído a esta novata y por haberme ayudado a mejorar. Y sin más dilación..

EL FINAL DEL PRINCIPIO

Estaba preciosa. Tenía una cara más dulce, más inocente. El ligero sonrojo de sus mejillas combinaba perfectamente con el suyo. Los ojos caramelo le miraban curiosos. Lila, con los brazos tras la espalda, se veía más hermosa que nunca y Adrien no pudo pasar eso desapercibido.
-Estás preciosa- dijo alejándose de sus amigos para hablar con ella. Sonrió tímidamente y miró al frente.
-Gracias, tú también estás precioso- Adrien desde luego no se esperaba eso.
-Gracias.. Y dime.. ¿Qué te trae por aquí? Quiero decir.. No es que seas mal recibida, es una grata sorpresa pero..- el rubio se aturullaba con las palabras y Lila soltó una dulce risa.
-Tranquilo Adri, ya lo entiendo. He venido un par de días por unos asuntos de mi padre y ya que estaba por aquí.. Quería disculparme por todo el alboroto que causé la última vez que vine. Y por mentirte. He recapacitado y no sé cómo pude hacer tales cosas- dijo negando lentamente con la cabeza. Adrien posó una mano en su hombro y sonrió, brindándole a la chica un calor que no sentía desde hacía mucho.
-No te preocupes, todo se arregló y ahora se te ve mucho mejor- dijo sinceramente. Claramente no le gustaba que jugaran de esa forma con él pero parecía que había cambiado de verdad en esos meses y se veía tan.. Hermosa. -¿Tú te encuentras bien?- ella sonrió mientras asentía.
-Sí, la verdad es que me siento mucho mejor. Estuve haciendo terapia después de lo ocurrido y cambié mi forma de pensar de una forma drástica y.. Me encanta, me siento genial.- estaban en una ligera nube de hormonas. Aunque era una conversación cortés y natural, ambos sentían una clara atracción sexual hacia el otro. Tras un incómodo silencio ella finalmente hizo la pregunta. -Entonces.. ¿Estás saliendo con Marinette?- dijo la chica mirándole curiosa y sonrojada.
-¡Sí!- dijo el rubio tensandose de golpe, como si lo hubiese olvidado por un segundo y se sintió fatal por ello. Vio la cara decepcionada de Lila y decidió lanzarse. -Tenemos una relación curiosa.. Sabemos que nos queremos y aún así no nos importa estar de una forma u otra con otras personas..- dijo bajando el volumen de su voz, dejando desconcertada a Lila, hasta que lo captó.
-Entonces.. ¿Te apetecería que nos viéramos después de tus clases?- dijo desviando la mirada. El rubio se sonrojó y asintió hasta que vio que no le miraba.
-Me encantaría- dijo dándole un casto beso en la mejilla antes de meterse en el colegio con su grupo de amigos. En la calle, una avergonzada Lila se acariciaba la zona recién besada con una tierna sonrisa.
-Sólo será una aventura-dijo la chica para sí misma girándose y volviendo por donde había venido hacia el gran hotel de París, donde se hospedaba con su padre. Desde luego esta visita iba a ser productiva. Las clases, tan pesadas como siempre, cargaban cada vez más los hombros del rubio. No sabía cómo reaccionaría Marinette a su proposición de acostarse con otra. Ella le había dicho lo de Alya, pero había algo más que simple atracción sexual. Cuando llegó la hora de ir a casa Adrien fue el primero del aula en recoger y esperó impaciente a Marinette.
-¿Te pasa algo?- dijo coquetamente guardando los utensilios en su mochila cada vez más lento y el rubio al ver esto suspiró, estando ellos dos sólos en el aula, ya que la chica se estaba tomando su tiempo en recoger. El rubio se cruzó de brazos.
-Mari..- dijo exasperado. La chica rió y el rubio se relajo.
-¿Qué pasa?- dijo tomándole algo más en serio, poniéndose frente a él y cogiéndole las manos para que deshiciera ese gesto tan feo.
-Esto.. ¿Te importaría si yo..? Ya sabes.. ¿Tuviera algo con otra persona?- dijo mirándole con cara de cachorrito y aunque Marinette no se oponía para nada, no pudo evitar seguir el dramatismo que le ponía el chico.
-¿Cómo? Por favor Adrien.. ¿Cómo puedes decirme algo como eso?- dijo llevándose las manos al rostro -pensaba que me querías- empezó a temblar y al contrario de lo que pensaba el rubio, ella estaba riendo. Adrien no sabía qué hacer ni qué decir. Apoyó una mano en el hombro de la chica.
-Mari yo no..- la miró más atentamente y suspiró. La chica al ver que ya se había dado cuenta se echó a reír libremente.
-De verdad Adrien, ¿cómo se te ocurre preguntarme si quiera?- dijo sonriente -creí que habíamos dejado claro lo de la relación abierta y tal- dijo dándole un golpecito en la frente. El chico se puso de morros y volvió a cruzar los brazos. -Lo único que deberías decirme es que no vas a venir esta noche porque vas a estar con otra, al igual que yo- dijo guiñándole un ojo. Adrien abrió los ojos como platos. Esa noche le tocaba a él y se lo iba a perder.. Marinette rió y le dio un golpecito en el hombro. -¿Y bien? ¿Quién es? ¿Es guapa? ¿Guapo tal vez?- dijo moviendo sugerentemente las cejas de arriba a abajo. El rubio sonrió y le giró la cara a la azabache.
-Ya la conoces, es Lila- dijo sonrojado.
-¿Ha vuelto?- dijo más seria. La verdad es que esa tipa no le caía bien, era tan.. Agh. Pero si era lo que el rubio deseaba..
-Sólo dos días- comentó el rubio. Sabía que la chica no era de su agrado pero no podía evitarlo. Se sorprendió al notar un beso en los labios después de eso.
-Pasatelo bien- dijo la azabache sonriente antes de coger su mochila y salir del aula -Ops, te están esperando- dijo asomando de nuevo la cabeza por el lateral de la puerta con una sonrisa cómplice. Después de desaparecer, apareció por la puerta Lila.
-Hola- Dijo la chica tímidamente, con los brazos tras la espalda. Iba con una falda de volantes naranja que iba difuminándose hasta el negro en las rodillas, una camiseta de tirantes que hacía el mismo degradado pero hacia arriba y en blanco, que marcaba claramente su dulce figura. Adrien se quedó con la boca abierta.
-Hola- dijo cogiendo su mochila y acercándose a ella. -Estas preciosa- dijo con su sonrisa pícara. Lila al principio se sonrojó, pero después le siguió el juego.
-Lo sé, sólo tú puedes compararte a mi belleza- dijo con la misma sonrisa pícara. Y así, entre coqueteos corteses, llegaron a la habitación de la chica. Adrien daba gracias a lo que fuera que había allí arriba por no haberse encontrado con su rubia amiga, ya que ella vivía en ese hotel. No hablaron de sus vidas, no querían ese tipo de relación. Soportaron las formas hasta llegar a la habitación.
-¿Y tú padre?- preguntó Adrien apoyándose en la pared mientras la chica buscaba la tarjeta-llave en su bolso.
-Sólo vendrá a dormir- dijo la chica cuando al fin la encontró y al abrir la puerta cogió al chico por el cuello de la camiseta negra y le tiró hacia el interior. Cerró la puerta y empezaron a besarse lujuriosamente, casi viendo el montón de hormonas que les rodeaban. Justo antes de dejarse caer en la cama, Adrien cayó en la cuenta.
-Oye.. ¿Tienes..?- la chica se sacó un preservativo del sujetador con una sonrisa pícara y él la imitó. -¿Y tú ya..?- el chico la deseaba, pero tampoco quería que su primera vez fuera por puro deseo sin ningún tipo de sentimiento. La chica le miró burlesca.
-No, soy casta y pura, ¿a ti que te parece?- dijo llevando su mano a la virilidad del chico, acariciándola sobre el pantalón. El chico soltó un ligero gemido y ella sonrió complacida. Le empujo sobre la cama y el chico se sobresaltó hasta que vio como ella se posaba sobre él con movimientos sutiles y seductores. Se sentó sobre el miembro del chico aún bajo el pantalón y pudo notar fácilmente cómo chocaba con su intimidad. Se quitó la ajustada camiseta y disfrutó de la cara del rubio.
-No me digas que tú..- dijo la chica sonriente acariciando su pecho. El chico negó, pero estaba sin habla. Paseó sus manos por las curvas de la chica. Era bastante diferente a Marinette. Aunque seguía estando en su peso, tenía la piel más morena, los pechos más grandes y las curvas un poco menos marcadas. Aún así le parecía preciosa, era una pequeña delicia italiana. Desató el sujetador de la chica sin esfuerzo pues ya tenía pillada la práctica, dejando los pechos al aire, como para opinión del rubio, deberían estar siempre. Los masajeo suavemente, poniendo los pulgares en los morenos pezones, moviéndolos como si de dos joysticks se trataran. La morena cerró los ojos, dejando que el rubio le masajeara a su antojo. Empezó a mover casi inconscientemente la cintura, restregándose contra la hombría del rubio. -Adrien, no es que no me gusten tus caricias pero..- apoyó sus manos en el pecho del chico mordiéndose el labio, dándole a entender lo que quería. El rubio sonrió y se levantó un poco para poder quitarse las camisas y después la chica se tumbó un segundo para quitarse la poca ropa que le quedaba. Al igual que la chica, el rubio se quitó los pantalones y los boxers. La chica abrió el preservativo y se lo puso como nunca antes se lo habían puesto. Con la boca. Lo colocó en la punta y después, lo fue bajando con los labios mientras le hacía una felación al rubio. Claro que Marinette ya había pasado sus labios por su miembro, dudaba que hubiese alguna zona de su cuerpo que la chica no hubiese besado, pero el preservativo solía ponérselo él. El chico se sonrojó al ver a la chica tan entusiasta hasta que acabó de ponerle el condón. Después volvió a sentarse encima, sin penetrarse, haciendo perder la cordura al rubio. -¿Quieres algo?- dijo pícara restregandose nuevamente contra el miembro. El rubio que se mordía el labio, le miró sonrojado. -No puedo saber lo que quieres si no..- se sorprendió al ver que ya no se encontraba sobre él, si no debajo.
-No soy bueno con las palabras- dijo pasando su miembro por su humedad, sin penetrarla, haciendo que ambos soltaran ligeros gemidos. -¿Y tú? ¿Querías algo?- dijo igual de pícaro llevando su mano al botón de la felicidad de la chica, acariciándolo.
-Quiero que tu mano siga ahí y que me penetres de una vez- dijo sin vergüenzas. Desde luego no era pura y casta, aunque eso no le parecía negativo al chico.
-A sus órdenes- dijo sonriendo antes de entrar en ella de una sola estocada. Sintió el espacio y el calor de la chica rodeando su miembro. Empezó a moverse al ver que a ella no le dolía para nada. Con una mano cogió su cintura y con la otra siguió masajeando el clítoris de la chica bajo él. Eran un conjunto de espasmos y estremecimientos, de placer y deseo. La profundidad y velocidad de las estocadas fue aumentando rápidamente, al igual que los gemidos, ambos podían notar ese pequeño centro de placer en el vientre, avisando de la cercanía del orgasmo. Unas pocas estocadas más tarde, un conjunto de placer invadía el cuerpo de los jóvenes sobre la cama, dejándolos rendidos tras el ejercicio y la explosión que acababan de recibir. El rubio salió de ella gentilmente y se tumbó a su lado, con la respiración entrecortada al igual que la chica. Lila se tumbó sobre el pecho de Adrien.
-Ha sido.. Impresionante- dijo acariciando el pecho desnudo del chico, especialmente la zona donde tenía una curiosa y gran cicatriz. -Nunca..- miró al chico, tan sonrojado como ella -podría contar con una mano las veces que he llegado al orgasmo gracias a otro-dijo con total sinceridad con la boca pequeña. Al rubio le extrañó, ya que cada vez que lo hacía con la azabache, podía notar claramente como la otra llegaba.
-No sé con quién lo harás en Italia pero.. Debería prestarte más atención- dijo Adrien, acariciando el brazo de Lila. -La verdad es que se nota mucho qué te gusta- dijo acompañado con una risa. La chica se avergonzó, sabía a lo que se refería. En el momento en el que el chico había empezado a masajerarle el punto mientras la embestía había clavado sus uñas en la ancha espalda del puro placer.
-Los chicos de allí sólo piensan en su.. Placer. Entran, salen y si no has llegado es cosa tuya- dijo de morros, cabreada con aquellos que le habían dejado más de una vez lejos del orgasmo o, aún peor, a las puertas.
-Diles lo que quieres- dijo el rubio firmemente. -Tú también tienes derecho a disfrutar. Es cosa de dos, tenéis que pasarlo bien los dos. Si no queréis disfrutar juntos, que yo sepa, tenéis manos- dijo el chico como quien no quiere la cosa. Su chica le había enseñado a tratar el sexo y el cuerpo humano como algo natural, algo que no suele inculcarse en esta sociedad y él pretendía hacer lo mismo con ella. Lila se había sonrojado y casi parecía que iba a decirle al chico que cómo se le ocurría proponerle que hablara sobre eso, pero tras pensarlo unos segundos, no entendía por qué se sentía tan cohibida con ese tema.
-Supongo que lo haré- dijo tras meditarlo largamente. El chico le regaló una cariñosa sonrisa y la chica le acarició una mejilla, dejándole un tanto desconcertado. -Eres increíble- dijo en un susurro la chica, antes de besarle dulcemente. El chico se quedó sin habla. ¿No se suponía que era más que atracción física? ¿Entonces, cómo podía notar el cariño de la chica a través del beso? Se sentía fatal por no haberlo notado antes. -No te emociones rubito, es sólo un agradecimiento- dijo después con una sonrisa. El chico se quedó un momento pensativo.
-¿De verdad es sólo eso?- dijo el chico seriamente, mirándole a los ojos.
-¿Acaso cambiaría algo?- encogió los hombros y desvío la mirada. Ella se había sentido extremadamente atraída hacia él desde la primera charla con el chico, aunque él claramente no se la tomara en serio por su carácter. Por eso pensaba que todo a lo que podía aspirar era a esos encuentros cada vez que pasara por París.
-Podría cambiarlo todo- dijo levantándole la barbilla para que la chica le mirara. Se le había iluminado la mirada, estaba más que emocionada, no se esperaba para nada esa respuesta. Hasta que recordó a Marinette.
-¿Y Mar..?-
-No hay problema, ya te lo he dicho- respondió rápidamente el rubio. La chica sonrió y le besó en los labios.
-No me lo puedo creer- dijo llenándole de besos entre sonrisas. El chico se dejó mimar hasta que se le pasó por la mente una muy buena idea. Se puso sobre ella en un instante y mordió suavemente su lóbulo.
-Voy a hacer que te lo creas- susurró antes de empezar a bajar con suaves besos y mordiscos hasta la unión de sus piernas.
-¿A-A-Adrien?- dijo la chica al adivinar sus intenciones. Como ya le había dicho, a ella le había tocado hacerlo más de una vez, pero a ella no se lo habían hecho antes. El chico le sonrió traviesamente asomado desde la entrepierna de la chica antes de separar sus labios con una mano y empezar a morder, succionar y friccionar con la lengua el botón de la felicidad de la chica. A Lila se le desestabilizó la respiración desde la primera caricia del chico y no hacía más que jadear. El rubio notó como la castaña arqueaba la espalda del placer y decidió aumentarlo. Introdujo dos de sus dedos en la humedad de la chica, moviéndolos de fuera a adentro y en tijera, alcanzando todos los puntos nerviosos de la chica, haciendo que los gemidos pasaran a ser jadeos, ya que apenas podía respirar, como para ponerse a gritar. Pocos minutos más tarde, el rubio notó en sus dedos los fluidos y las contracciones provocados por el orgasmo de ella. El rubio se relamió antes de volver a tumbarse a su lado. Le dio un suave beso en la frente y le brindó una sonrisa que derritió el corazón alterado de la chica.
-No me puedes hacer esto..- Lila abrazó al rubio y escondió su rostro en el amplio y fuerte pecho. Su voz temblorosa desconcertó al chico, pensaba que le había gustado. Abrió la boca para preguntar, pero la cerró al escuchar la dulce voz de la morena. -Me.. Me voy mañana. No sé cuándo voy a volver. No puedes.. No puedes hacerme esto y esperar que vuelva como si nada a Italia. Yo.. Adrien.. Te..- el rubio tragó saliva. La chica le parecía atractiva, desde luego. Y ahora también adorable, le había cogido cariño en ese rato que habían pasado juntos pero lo más probable es que por el momento no pudiera corresponderle, pero dudaba que si seguían en contacto no acabase queriendo a la chica. -Te deseo. Mucho. Podría pasarme el día haciéndolo. Y sí, te he cogido cariño, eres el primero que hace que me sienta así de bien-
La chica iba a seguir hablando, pero escuchó la risita contenida del rubio. Levantó la mirada y volvió a ver la preciosa sonrisa del modelo. Se puso de morros y le miró inquisitiva. -¿Qué pasa?-
El rubio la rodeó con sus brazos antes de darle un beso en la cabeza, como un padre hace con su hija.
-Si eso es lo que te preocupa.. Que no te preocupe-dijo cambiando su sonrisa a una más traviesa. -Estamos en el , hay internet, cámaras, micros..- vio como la chica enrojecía de sólo pensarlo y no pudo evitar continuar. -Podríamos probar a hacer una sesión ahora. Yo te voy diciendo qué debes hacer, si me desobedeces.. Habrá un castigo- dijo el chico relamiéndose de sólo pensarlo. Notó a la chica temblar entre sus brazos y su rostro cambió bruscamente a uno de preocupación. No quería asustar a la chica, desde luego no era eso lo que pretendía. Le abrazó más fuerte mientras le consolaba. -Hey, Lila, tranquila, no.. Si no quieres no te voy a obligar, desde luego. Sólo era una propuesta o..- se quedó de piedra cuando la chica levantó el rostro con los ojos iluminados y una sonrisa temblorosa. Pero no era de miedo o de presión, era de pura emoción.
-Siempre he querido probar eso- dijo emocionada. Temblaba sólo de pensarlo. El rubio suspiró y sonrió de nuevo.
-Entonces.. ¿Probamos a ver qué tal?- dijo acariciando su largo cabello, y ella asintió antes de ponerse medio de pié sobre la cama. -Muy bien.. Ambs.. Nunca he hecho algo como esto así que avisame si digo alguna tontería o quieres algo- dijo el chico mostrándose algo tímido mientras salía de la cama, se ponía una bata del hotel y acercaba un sillón frente a la cama, dejándolo a unos dos metros (la habitación era exageradamente grande).
-¿Adrien?- dijo Lila tapándose un poco con la manta. El rubio se sentó y se cruzó de brazos.
-No te tapes- el estricto tono de voz dejó a la chica sin habla. -¿Debo repetirlo?- la chica negó con la cabeza y salió de entre la tela. -Bien. Ve a buscar un champú al baño- esa petición le extrañó, pero al ver que no cambiaba de expresión, fue medio corriendo al baño y volvió con un pequeño botecillo de champú (aunque más grande de lo normal), de esos de muestra de los hoteles. Se volvió a sentar en la cama y esperó la siguiente orden. -Restriegatelo- la cara de incoherencia de la chica hizo que el rubio diera más explicaciones de las que esperaba. -Sujetalo con las manos, no puedes moverlas, debe ser con los movimientos de cadera- la chica se sentó de rodillas y colocó el botecito en horizontal bajo su humedad y miró al rubio. -Como antes has hecho con mi pene- dijo con una sonrisa maliciosa. La chica se sonrojó y no dudó a obedecer. Al principio le pareció de lo más extraño, pero tras la vergüenza empezó a sentir placer, y cuando miró al rubio mientras lo hacía llevó una de sus manos a su entrada. Necesitaba más. Pero cuando el rubio vio ese gesto negó. -No- dijo estrictamente. La chica paró y le miró, sonrojada y jadeante como se encontraba. -Usa el bote- Lila miró el bote y dudó, no era muy grande pero.. ¿meterse eso? -¿Pasa algo?- dijo aún estricto, aunque con un ligero tono de cuestión real. No quería salirse de su papel, pero tampoco quería que ella se hiciera daño. La chica sonrió ante eso.
-No señor- dijo casi en un gemido mientras empezaba a meterse poco a poco el cilíndrico botecito. Después empezó a moverlo y volvió a escuchar la estricta voz del rubio.
-No- le miró de nuevo dubitativa. -Te he dicho que no puedes mover las manos. Sólo la cadera- el rubio se cruzó de brazos y piernas. La chica no dudó. Empezó a moverse para complacerse, sintiendo que aunque parecía una tontería todo eso realmente le excitaba y sentía que el orgasmo no estaba lejos. No pudo contenerse y llevó una mano a su clítoris para empezar a masajearlo. Y él, al verlo, volvió a hablar.
-Para- dijo tan seco que la chica casi pensaba que era una broma.
-No, Adrien..-
-Para- repitió. Y la chica paró, mirando al rubio con cara de cachorro. -Me has desobedecido. Tres veces. Y me has contestado- al ver la cara de indiferencia del chico y su seria voz se sintió tonta pues quería más. Le ponía ese tono. -Ahora..- volvió a sentarse bien y su erección era clara. La chica se sorprendió al ver tan grande torre. -..sólo podrás moverte cuando yo mueva mi mano. ¿De acuerdo? Si no sigues mi ritmo, se acabó. No te dejaré acabar- la chica se mordió el labio, tenía muchas ganas de seguir, pero sólo pensar que le dejase así..
-Sí señor- Adrien asintió y empezó a masturbarse, con un ritmo lento y tortuoso. A la chica le estaba matando ese ritmo. El chico se sentía sorprendido, ni él mismo sabía de esa faceta suya, pero la verdad era que le encantaba. Aunque intentaba ir despacio para que fuera un castigo para ella, entre las vistas y el autoplacer que se proporcionaba no podía evitar acelerar el ritmo. Le sorprendió ver lo mucho que le gustaba a la chica este tipo de relación, se veía que lo estaba disfrutando muchísimo y él podía decir lo mismo. Tenía ganas de levantarse y proporcionarle el placer el mismo, pero se suponía que esto era algo así como una practica para cuando no pudieran estar juntos, así que no podía. Al cabo de unos minutos, el rubio dejó de contenerse, masturbándose rápidamente y soltando algún que otro gemido, al igual que la chica. Se veía más que cansada, pero también se veía que no pensaba parar por nada del mundo.
-Lila.. Tocate tú también- dijo el chico en un gruñido y ella no tardó en obedecer. Con una mano se masajeaba el clítoris mientras con la otra se metía rápidamente el champú, siguiendo el ritmo con sus caderas.
-No.. No puedo más..- dijo la chica entre gemidos y cuando vio al rubio asentir, dio un par de movimientos más antes de llegar a un poderoso orgasmo, casi tanto como el del rubio. Al acabar, el rubio se levantó y besó a la chica antes de cojer el bote y dejarlo a un lado de la cama. Después se tumbo y ella le siguió, ambos aún jadeantes. Adrien le dio un suave beso en los labios, con el mismo cariño que ella le había besado antes.
-Bien hecho, Lila- dijo acariciando dulcemente su mejilla. Ella cerró los ojos con una sonrisa en el rostro.
-Gracias Adri- dijo acurrucandose dulcemente en su pecho. Y así entre momentos de cariño y momentos de pasión pasó esa tarde y parte de la noche, hasta que un teléfono sonó. -Debes irte- dijo la chica saltando de la cama y recogiendo la ropa del chico desperdigada alrededor de ésta. -Mi padre viene hacia aquí- el chico empalideció y empezó a vestirse rápidamente. Ya estaba acostumbrado.
-Yo.. Entonces.. ¿Cómo quedamos?- dijo el chico ya en la puerta, mirando divertido a la nerviosa Lila.
-Ya sabes..- ante la divertida mirada del chico se relajó -un rollete a distancia- dijo antes de acercarse al chico y lamerle tras la oreja. -Esperaré tus llamadas..- dijo dándole un rápido beso en los labios junto a un guiño antes de cerrarle la puerta en la cara.
-A.. Avisame cuando llegues a Italia- y tras esas palabras a la puerta, el rubio se fue dando pequeños saltitos hacia la entrada del hotel, donde ya le esperaba una limusina a pesar de haber avisado mientras estaba bajando en el ascensor. Ya estaba acostumbrado a esa eficacia. Se subió al coche y se quedó dormido casi al instante, había sido una tarde animada, desde luego. En cambio, a unas manzanas de allí, una zorrita y una mariquita seguían jugando bajo las rosas sábanas de la azabache.

El amor libre era maravilloso, y a esos jóvenes les encantaba poder disfrutar de él, ya que pocos podían permitírselo. Marinette y Adrien siguieron juntos el resto de sus días, al igual que Nino y Alya. Y al igual que Marinette y Alya. Tras sus respectivas carreras habían mandado a hacer una mansión a nombre de los cuatro, ya que tras los años habían comprendido que, por mucha gente que entrase y saliese de sus vidas de una forma más o menos romántica, ellos seguirían amándose. Así pues, vivieron juntos y felices, disfrutando de un amor del que pocos gozan beber. Un amor pleno. Un amor que no suele ser de cuento, pero que para ellos, lo era.

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Y.. ¡Corten! Hasta aquí este fic:3 No ha estado mal para ser el primero, ¿no? Sé que dejo muchas cosas sin cerrar, como la batalla con Papillon, los kwamis, la relación de Arien y su padre y demás, pero quería centrarme únicamente en la historia del poliamor. Si se me pidiese podría cerrar algo que os gustase ver cerrado:3 ¡Habéis sido unos lectores encantadores! ¡Espero que os haya gustado! Nos vemos en mis futuros fics 3