Stupid me says: Ah, ah... ¡muchas gracias por los más de 100 reviews! Esta pobre patética escritora no lo merece, pero los agradece con todas sus entrañas. Pido perdón por la heterosexualidad del capítulo pasado, err, no tengo más excusas. También un poco de mí murió al escribir eso, así que no diré nada. Abrazos y besos para mi querida Kassy, quien sufre de las malditas responsabilidades del colegio una vez más. Toda la perversidad de aquí es para ti, aunque prometo que habrá más sufrimiento (mucho más, je je). Gracias por todo, esto es en parte tu culpa porque me inspiro para escribir más rápido con tal de llegar a mis propios capítulos traumáticos.

En fin, no sé qué más decir, ¿disfruten en capítulo?

Notas especiales para el capítulo: Mhm, no hay lemon (lo siento, kilian), pero hay cosas perversas. Como nuestro pequeño Allen entreteniéndose sanamente con algo que muchas quisiéramos tener para nosotras, ejem. Es por eso que este capítulo sigue siendo clasificado como Mature.

Rating: M

DISCLAIMER: D.Gray-Man no me pertenece, es de Hoshino Katsura-senseii. Si me perteneciera, ninguno de los integrantes del OT4 sería virgen (risita).

Apóstol de Dios

10. Curiosidad satisfecha

El aprendiz de bookman tenía 16 años cuando se unió a la Orden Oscura y empezó a llamarse Lavi, su alias número 49. Se le hizo un nombre adecuado: ahora trabajaría para una organización religiosa cristiana(1). Aún no había visto la habitación que compartiría con el Panda cuando se encontró con una escena curiosa mientras caminaba por los pasillos de su nuevo hogar: un viejo que trataba de abrazar a un muchacho, quien se resistía utilizando algunas de las palabras más groseras que Lavi jamás hubiera oído en su vida (y había oído muchas). El joven era más o menos de su edad, aunque oriental y con una larga cabellera negra con una ligera tonalidad azul; y era tan hermoso que lo hubiera confundido con una linda chica de no ser por el tono de voz. Y hombre mayor insistía en llamarle "Yu-kun". 'Yu-kun esto' 'Yu-kun lo otro'. El pelirrojo ahora llamado Lavi había sonreído burlonamente al ver que el aludido respondía con más furia conforme le seguía nombrando de esa manera.

Así que lo primero que hizo al encontrarse de frente con Kanda fue llamarle "Yu-kun", sólo para molestar a su nuevo compañero.

Por su parte el pelinegro reaccionó de manera previsible: le había puesto el filo de una katana contra el cuello y le había dicho que moriría ahí mismo. El otro exorcista ya estaba a punto de decapitarlo cuando apareció una linda y pequeña Lenalee en su rescate, evitando un derramamiento de sangre que él mismo se había buscado.

Pero la china no estaba ahí en ese momento para salvarlo.

- Entra y cierra la jodida puerta.

Tragó saliva, sintiendo la hoja filosa de Mugen casi cortando su piel. Tomó el pomo de la puerta con cuidado, haciendo lo que le pidió quien lo amenazaba, sin quitar la vista de los dos que estaban frente a él. Yu sostenía su katana firmemente utilizando la mano derecha, mientras que con el otro brazo mantenía a Allen tras de él, como en un gesto protector que Lavi jamás se hubiera imaginado ver en el usualmente frío japonés. El más pequeño miraba a Lavi de vez en cuando, aunque casi todo el tiempo lo pasó con la vista fija en el suelo o en la espalda de Yu; parecía totalmente avergonzado, ya que tenía las mejillas totalmente rojas y respiraba con dificultad aún. Una visión bastante encantadora.

Lavi levantó las manos, tratando de salir de aquello completo.

- Oh, vamos, Yu. No tienes porque...

- Cállate - murmuró el japonés, enterrando un poco la punta de su arma en el cuello del pelirrojo. Lavi no sabía si le había herido ya, pero se estaba poniendo nervioso ante esa mirada por parte de Kanda. Es decir, ya había estado a punto de morir a manos de Yu, tantísimas veces que había perdido la cuenta ya. Pero ahora el oriental parecía totalmente dispuesto a asesinarlo sin importarle nada. Todo por haberlos encontrado así.

"Así". Vaya, de todos los posibles escenarios que se imaginaba con la relación de estos dos lo que menos se esperaba era encontrárselos besándose apasionadamente, a medio camino de desvestirse. Por Dios, hasta se los imaginaba tomando té mientras charlaban sobre jardinería; pero nunca esto. Por eso se había quedado de piedra al verlos. Cuando estaba abriendo la puerta escuchó ruidos sospechosos. Había sonreído socarronamente, pensando que no sabía que Yu fuera capaz de atreverse a traer a alguna chica a su habitación; aunque, ¿qué mujer en su sano jucio querría ir a la habitación del terrible samurái? Esperaba que al menos le diera una buena sesión de sexo para compensar lo nulo de la capacidad de Yu para expresarse con palabras y gestos cariñosos.

Claro que no se esperaba que la "chica" no fuera tal, sino el Moyashi, siendo besado con pasión por el que tanto decía odiarlo. No se había podido detener, había abierto la puerta con sorpresa, incapaz de asimilar las cosas.

Aunque empezaba a atar cabos.

Allen era del tipo de persona que casi todos terminaban amando. Es amable, educado y amistoso. Se llevaba bien con la gente instantáneamente y su sonrisa podía levantar el ánimo de cualquiera, desde el cocinero Jeryy (su fanático número uno) hasta a los pobres atareados científicos de la división científica. Simplemente era un niño maravilloso que cautivaba a todos con su personalidad.

Y Yu... bueno, se trataba de Yu Kanda después de todo; el samurái malhumorado que parecía querer asesinar a todo mundo con la mirada si se tenía la desgracia de cruzarse con él en su camino. Era gruñón, antisocial y sumamente grosero. No le importaba en lo más mínimo la muerte de los buscadores que acompañaban a los exorcistas mientras las misiones se cumplieran, por lo que estos le odiaban y le temían por igual.

Pero la actitud estándar de los dos se distorsionaba cuando estaban frente a frente. Allen se volvía huraño y se ponía furioso fácilmente, hasta se volvía violento si la provocación iba demasiado lejos. Lavi también había experimentado en carne propia cuando Allen se enojaba con él, pero nunca le veía tan enfadado como cuando lo estaba con Yu. Además, despertaba su lado burlón; como si no hubiera algo que le diera más gusto que reírse del mayor de la nada.

Con Kanda el cambio no era tan evidente, pero el aprendiz de bookman ya se había dado cuenta de que Yu le daba una importancia a Allen que nunca había dado a nadie más. Se metía con él 

nada más verlo, sin que el de cabellos blancos hubiera hecho nada por merecerlo; hablaba de lo idiota que era el niñato ese constantemente aunque éste no estuviera presente. Hasta le había puesto un sobrenombre adorable: Moyashi. Tan encantador que él mismo lo utilizaba para referirse al joven, sólo que él le había agregado gustosamente el "-chan".

Ambos se miraban con ganas de matarse nada más coincidir en alguna misión, habitación o la fila para pedir comida en la cafetería.

Niños, se comportaban como niños. Ahora Lavi se daba cuenta de que se molestaban entre ellos infantilmente, tal y como lo hacían los pequeños menores de seis años cuando les gustaba alguien. ¿Qué otra cosa mejor que llamar la atención de tu amado que halándole del cabello, insultándolo cuando tenías oportunidad o haciéndole una zancadilla? Aunque, claro, estos dos se suponía que eran adultos (al menos Kanda) y los jueguitos inocentes se convertían en batallas donde alguien podía salir lastimado de verdad. Bueno, casi siempre, otras veces sí se trataba de auténticas niñerías.

Ahora todo tenía mucho más sentido, al menos a los ojos de Lavi.

Aunque seguía siendo muy perturbador ver todo puesto en práctica.

- Kanda...

Escuchó que el pequeño susurraba el nombre del otro, colocándole una mano sobre el hombro más cercano a él. Le vio negar suavemente con la cabeza, aún con un bonito sonrojo en las mejillas.

- Che.

Yu enfundó a Mugen, maldiciendo en voz baja. Lavi se relajó un poco, bajando las manos y agradeciéndole mentalmente al Moyashi por salvarlo. Ahora los veía hablar quedamente, tanto que no lograba escucharlos. Y sí, seguía siendo totalmente extraño verles tan cerca en una actitud tan íntima. El Moyashi seguía sonrojado, aunque al discutir con Yu se veía un poco más tranquilo que cuando le vio inicialmente. El pelinegro sólo le observaba, con una mirada que Lavi jamás había visto en los ojos del japonés. Era tan raro que daba escalofríos.

- Oigan, chicos... - empezó Lavi, tratando de excusarse.

- Guarda silencio, Lavi - dijo Allen, sorprendiendo un poco al pelirrojo por la seriedad de su rostro.

- Estamos decidiendo cómo te mataremos por haber entrado de esa manera en mi habitación - soltó de pronto Yu, cruzándose de brazos.

- ¿Matarme? - otra vez escalofríos.

- No seas tan malo, Kanda - murmuró el inglés -, simplemente... simplemente...

Allen estaba dudando. Se mordía el labio inferior mientras se balanceaba suavemente sobre sus pies. Finalmente se inclinó en el suelo, tomando su suéter para empezar a ponérselo. Lavi le miró atentamente, aunque luego sintió que todo se iluminaba, tanto que hasta los ojos empezaban a brillarle.

- ¡Kya! ¡Moyashi-chan tiene barriguita de embarazo!

- ¿Qué... ?

Corrió a abrazarle sin pensarlo, rodeándole con sus brazos con fuerza. Pudo sentir como un pequeño bultito se topaba con su vientre plano, por lo que soltó una risita, encantado. Había esperado bastante para hacer eso, aunque sería muchísimo mejor cuando pasaran un par de meses más. Se puso a hacer cálculos, totalmente ajeno a todo lo demás.

- Veamos, para este entonces debes tener como 14 semanas de embarazo. ¡Eso son tres meses y medio! - exclamó, emocionado, acercando más el cuerpo del pequeño al suyo.

- ¡Suéltame, Lavi! ¡Déjame!

Lavi estaba tan perdido en su mundo de felicidad que no se dio cuenta del aura maligna que estaba tras de él, aunque menos se esperaba que el golpe le viniera de enfrente. Cayó al suelo, sobándose la mejilla adolorida.

- ¡Ouch! ¡Eres malo, Moyashi-chan! Me sacaste sangre - se lamentó el aprendiz de bookman, apenas procesando que Allen le había soltado un puñetazo en el rostro. Su otro problema fue sentir de nuevo el filo de Mugen en su cuello - ¿Yu-u-chan? Eh...

- Conejo bastardo... - pudo sentir esa mirada gélida sobre él. Así que este era Yu protegiendo a su Moyashi. Era mucho más temible que cuando simplemente quería matarlo por molestarle.

- ¡Ah! ¡Ayúdame, Moyashi-chan! - pidió Lavi al saber que no tendría oportunidad contra el japonés, pero sólo logró que el de cabellos blancos lo ignorara mientras se abrochaba por completo su suéter y lo acomodaba perfectamente para disimular su figura.

- Es tiempo de que pongamos las cartas sobre la mesa - exclamó Allen, volviendo a sonrojarse levemente. Le vio tragar saliva, como si intentara con todas sus fuerzas conservar la compostura -. ¿Qué es lo que quieres?

El bookman junior parpadeó, algo confundido por el gesto de temor que el Moyashi había dibujado en el rostro.

- ¿Que qué quiero? ¿Querer de qué? - preguntó Lavi, aún sintiendo la filosa katana muy cerca de él.

- Deberíamos matarlo - masculló el pelinegro con furia -. Debí haberlo hecho desde que empezó a entrar así a mi habitación.

Oh, cierto. No era la primera vez que entraba de esa manera. Desde que había llegado a la Orden solía entrar al cuarto de Yu para molestarle. Casi siempre lo encontraba meditando, aunque Lavi tenía el poder de sacarlo de la abstracción más profunda. Muchas veces había terminado en la enfermería, pero no escarmentaba, ni lo haría si seguía siendo tan divertido. Lenalee sabía de su costumbre; ella la consideraba estúpida además de suicida, aunque seguía dándole de sus horquillas de pelo, como si quisiera averiguar hasta donde podía llegar Lavi antes de que el samurái terminara asesinándolo. Yu obligaba a Komui a cambiar de cerradura, pero el pelirrojo siempre encontraba la manera de salirse con la suya.

Y en esta ocasión se había sacado un gran, gran premio.

- Por favor, Lavi - elevó la mirada, encontrándose con el rostro suplicante del pequeño Allen -. No le digas a nadie sobre esto. Por favor.

El Moyashi tenía las manos unidas, los ojitos llorosos y las mejillas aún sonrosadas; rogándole al pelirrojo de una manera tan adorable que casi le hizo gritar "Strike!" a voz de cuello, pero se contuvo porque podía sentir algo de sangre deslizándose por su piel. Yu, siempre tan cuidadoso. Aunque no pudo evitar susurrar ansioso:

- Eres tan lindo, Moyashi-chan.

Siguió perdido en su mundo, sin darse cuenta de que el japonés miraba a Allen con una ceja arqueada, como remarcándole que era un maldito manipulador y que éste sólo sonrió inocentemente.

- Sin embargo - empezó Lavi, despertando de su ensoñación y poniéndose serio de pronto -, eso que tienen ustedes dos, ¿saben que está prohibido por la Iglesia, verdad? ¿Saben que se castiga con la muerte?

- Claro que lo sabemos, conejo estúpido - respondió Yu rápidamente, adelantándose incluso al Moyashi, quien ya había abierto la boca para decir algo.

- ¿Entonces...?

- Lavi - fijó su ojo en el más joven ya que había pronunciado su nombre al interrumpirlo -, ¿te parecemos aborrecibles? ¿Sientes asco de nosotros?

Esta vez Allen lucía preocupado, había algo en su mirada que reflejaba una angustia verdadera según lo que pudo leer Lavi en sus ojos. Al parecer al pequeño no le preocupaba lo que la Iglesia le harían si se llegaban a enterar de esa relación, sino que le daba más aprensión el saber que alguno de sus amigos lo detestara. A Yu y a él, había hablado en plural. Aunque el japonés no parecía muy preocupado al respecto, ya que sólo observaba al Moyashi de una manera que provocaba escalofríos en Lavi. Aún así, no pudo evitar sonreírle suavemente al menor, entre divertido y enternecido por esa actitud tan inocente y estúpida.

- Moyashi-chan, pequeño tonto, ¿cómo crees que sentiría eso? Ustedes dos son mis amigos aunque Yu me niegue en cada oportunidad. Además, soy un bookman, conozco la historia oculta de la humanidad - dijo, levantándose del suelo aunque aún tenía a Yu apuntándole al cuello con el filo de la espada -. Hay pocas cosas tan negadas como la homosexualidad de las figuras famosas a través de los tiempos, sobre todo desde que la Iglesia Católica tomó el mando.

- ¿Homosexualidad? - preguntó Allen, ladeando el rostro, haciendo que Lavi casi saltara a abrazarlo de nuevo por ese gesto tan lindo de no ser que sintió la mirada furiosa del exorcista de su edad tan cerca.

- Sí, eso es cuando sientes atracción por alguien de tu mismo sexo - informó, haciéndose el importante, feliz por tener a alguien a quien instruir.

- Oh, ya veo - murmuró el inglés, sentándose en la cama de Yu -. No sabía que esto tenía nombre.

Le vio jugar con una de las mangas de su suéter, como si pensara muy profundamente en lo que acababa de aprender. Le parecía un poco increíble que el Moyashi estuviera tan poco informado del asunto, después de todo, ¿qué no estaba con otro hombre? Sin duda esta era una de las mejores cosas de las que se pudo haber enterado, podía servir como perfecto chantaje. Había tantas cosas que quería saber de estos dos seres tan misteriosos. Sonrió sombríamente.

- ¿Qué piensas darme, Moyashi? Tendrá que ser algo muy bueno como para que valga mi silencio - su sonrisa se amplió al ver la mirada asustada del más joven.

- Tu vida es más que suficiente, estúpido conejo - masculló el pelinegro entre dientes, hundiendo un poco la punta de Mugen es su piel.

- ¡Yu-chan! ¡Me estás lastimando! - exclamó, llevándose una mano a la herida.

- Ese es el punto - palideció al ver la mueca sádica que el espadachín tenía en el rostro.

- ¡Ah! ¡Moyashi-chan,ayuda!

- ¡Me llamo Allen, maldita sea! - gritó de pronto el más joven, asustando al pelirrojo.

- Che - al final Yu había decidido guardar a Mugen en su funda, aunque Lavi no sabía si era porque se había dado cuenta de que el pequeño ya estaba demasiado alterado como para seguir con aquello. Increíble, hasta el temible Yu le tenía miedo a los cambios de humor del Moyashi.

Hubo un pequeño silencio, como si esperaran a que Allen se calmara un poco, aunque Lavi lo estaba aprovechando para poner en orden sus ideas. Elevó la mirada para encontrarse con que Yu se había sentado al lado del otro, pero sin tocarle, sólo observándole detenidamente. Mientras que el Moyashi sólo intentaba acomodarse su traje. Entonces era cierto lo que había dicho Lenalee con respecto a Allen; la ropa ya no le quedaba y se negaba a decirlo. Arqueó la ceja.

- Yu-chan, no deberías de meterte con el Moyashi-chan por su figura. ¡Está realmente lindo así! - señaló el pelirrojo, frunciendo un poco el ceño y olvidándose de que Allen había reclamado porque lo llamaba precisamente así.

Aunque parecía que Allen también se había olvidado de aquello, porque ambos le observaron con un gesto de confusión en el rostro.

- ¿Qué idiotez dices, conejo?

- ¡Eso! Molestas al Moyashi porque está engordando, ¿no? Por eso esconde tanto su figura y no quiere decirnos nada.

Yu le miró con furia, pero Lavi no iba a quitar el dedo del renglón. Se moría de ganas por ver al Moyashi en algo que no fuera ese horrible suéter.

- Pero Kanda no me molesta con eso - desvió la mirada al escuchar al inglés hablar tranquilamente -. Lo hago porque quiero, no porque este idiota me lo haya dicho.

- ¿A quién llamas idiota? - ahora la mirada de odio de Yu iba dirigida a quien estaba a su lado. Lavi vio como el samurái ponía su mano sobre la cabeza de Allen para empezar a presionar con fuerza. No podía creer lo que veía, ¿no se suponía que estos dos tenían una bonita relación de pareja? El Moyashi estaba embarazado de casi cuatro meses y se suponía que Yu era su querido y atento novio, ¿no?

- ¡No hagas eso, idiota!

- ¡Entonces deja de llamarme así, Moyashi!

- ¡Idiota! ¡Idiota!

Sintió algunas gotitas de sudor resbalando por su sien. Definitivamente sus amigos tenían una relación amorosa de lo más extraña. Lavi pensaba sinceramente que se trataban mejor ahora; después de todo, ese beso parecía bastante tierno, aunque no pudo verlo con claridad. Pensó unos momentos más antes de interrumpir la estúpida riña infantil que ocurría frente a sus ojos.

- ¿Cuánto tiempo llevan saliendo?

Los dos que estaban frente a él detuvieron su tonta pelea para observarlo.

- ¿Esa es la pregunta más astuta que se te ocurre, estúpido? - quiso saber Yu, mirándole con un gesto de autosuficiencia típico de él.

- Kanda y yo no estamos saliendo, ¿o sí?

Tuvo que abrir la boca por la impresión. Allen miraba a Yu, interrogante, pero éste ni se inmutaba.

- ¿Importa?

- ¡Jo! ¡Claro que importa, Yu-chan! - se quejó el aprendiz de bookman, sin poderse creer que alguien como su pequeño hermanito Allen no tuviera las cosas claras con Yu. De todas maneras, se notaba desde lejos que los sentimientos eran muy importantes para el Moyashi. Pero bueno, al parecer Yu era muy mal novio como para seguir tratando así al menor aunque estuviera embarazado de él. Se preguntó cómo demonios el samurái había logrado conquistar a alguien tan diferente a él como el Moyashi. Entonces varios escenarios aparecieron en su mente gracias a su gran imaginación: ¿y si Yu simplemente se había aprovechado de lo indefenso que estaba Allen en su estado para abusar de él? Tal vez para el japonés esto sólo era una diversión, otra manera de torturar al de cabellos blancos y de saciar sus bajos instintos al mismo tiempo.

Porque, ahora que lo pensaba, Yu nunca había manifestado atracción por las mujeres; al contrario de Allen, quien se sonrojaba vistosamente cada vez que Lavi tocaba el tema. Y el Moyashi tenía las hormonas alborotadas, no sólo por su embarazo, sino por su adolescencia; cualquiera podría sacar provecho de ello. Más si esa persona era el padre del bebé que esperaba.

- A mí... no, creo que no - susurró el inglés, para la sorpresa del pelirrojo, quien dejó de lado sus ensoñaciones al escuchar eso.

- ¡Sí te importa, Moyashi-chan! - le señaló el bookman junior, escandalizado por la ligera sonrisa que Allen le dedicaba a Yu.

Allen le sonreía dulcemente a Yu. Vaya, él nunca le sonreía de esa manera al japonés. Y Yu le correspondía con una mueca parecida a una sonrisa maliciosa, pero cálida. Por Dios. ¡Esto iba en serio! Se apoyó en la pared, algo mareado por la visión. Claro que no era nada romántico, eran el Moyashi y Yu después de todo, pero era demasiado para tratarse de los dos. Soltó una risita irónica. Ellos no estaban saliendo, pero se besaban. No tenían una relación, pero se miraban de una manera que Lavi raras veces había tenido la oportunidad de observar.

Aún así era demasiado, así que prefirió no pensar más en aquello en esa ocasión. Tendría mucho tiempo para eso ahora que podía interrogar a los dos con la ventaja de que no podrían negarse.

- Te prestaré mi suéter, estúpido Moyashi. Aunque seguro que te quedará demasiado grande porque eres un niñito - escuchó decir a Yu, sonando más burlón que cariñoso. De hecho, era completamente una burla y no una muestra de cariño.

- No necesito tu ropa, Bakanda. No quiero oler a soba todo el tiempo - dijo el menor, volteando el rostro con un gesto ofendido.

- Che. No podrás esconder eso durante mucho tiempo - vio al pelinegro señalar el vientre del más joven para después levantarse de la cama para sacar su maleta y buscar en ella. Cierto, Yu no tenía más muebles en su habitación más que la cama que usaba para dormir y esa mesita con el reloj extraño que le causaba tanta curiosidad.

El samurái sacó un suéter color crema, más largo y ancho que el negro que tenía Allen. Lavi pudo ver el profundo sonrojo del Moyashi, aunque éste había fruncido el ceño y miraba el suéter del otro con una carita de enfado.

- Te dije que no lo necesito, Bakanda.

- Cállate, imbécil - masculló Yu, lanzándole la prenda en la cara -. También te daré alguna de mis camisas. Usa el pantalón desabrochado, no se notará con el suéter. Y deja de hacer estúpideces, ya sé que es casi imposible para ti, pero al menos has un intento, Moyashi.

- ¡Me llamo Allen! ¡Allen!

Al parecer estos dos lo estaban ignorando, pero no le importó. Después de todo, no podía apartar la mirada. Yu había sacado una camisa de manga larga y repitió el proceso de aventársela al Moyashi en la cabeza, quien se quejó escandalósamente para después quitarse las ropas de Yu de encima , despeinándose por completo. El japonés le acomodó los mechones blancos sin delicadeza alguna, obteniendo más quejas por parte del pequeño. El pelinegro le decía que era su culpa por tener un corte de cabello tan desastroso y el más joven le contestaba que al menos él no tenía un peinado de mujer.

- Y ponte algo, ¿quieres? Me da frío nada más verte - se quejó el inglés al ver el torso desnudo del otro exorcista.

- Che. ¿Seguro que te da frío y no todo lo contrario, Moyashi?

Lavi pudo ver el sonrojo del Moyashi-chan ante ese comentario, sumado a la sonrisa perversa del mayor; entonces supo que tenía que decir algo.

- ¡Hey! ¡Que no me moleste su relación no quiere decir que quiera verlos haciendo sus cosas! - gritó, fingiéndose realmente escandalizado al taparse dramáticamente el rostro.

- ¡Lo siento, Lavi! - escuchó decir al menor, provocando que soltara una ligera risita disimulada.

- Lárgate si no quieres ver entonces - masculló Yu, logrando que Allen se sonrojara otra vez.

- ¡No! Ustedes me deben varias explicaciones, además yo... - no pudo continuar porque ya tenía a Mugen en el cuello de nuevo - ¿No puedes dejar tu katana un segundo, Yu-chan?

- Me vuelves a llamar así y te rebano la cabeza de un tajo.

- Err... - Allen parecía querer decir algo para evitar la muerte del aprendiz de bookman - ¡Ah! ¿Ese es el nuevo uniforme, Lavi?

Lavi se miró a sí mismo, observando detenidamente su ropa. Claro, no se había cambiado después de regresar; sólo había ido a su habitación a dejar la carpeta con los informes para esconderlos bien del Panda. Ah, y tampoco traía su bufanda roja, la cual de todas maneras se hubiera manchado con sangre cortesía de Yu.

- Sí, Johnny y Tup se lucieron esta vez. Me veo muy guapo, ¿verdad, Moyashi-chan? - ignoró la mirada furiosa del samurái para seguir hablando, algo intrigado - ¿Pero qué Yu no te ha mostrado el suyo? Hace tiempo que lo tiene ya. Bueno, de hecho todos lo tenemos excepto por ti, claro.

- Te dije que no me llamaras por mi nombre, conejo.

Otro grito y más escándalo. El Moyashi parecía marearse por verlos pelear, aunque lo que realmente hizo que se detuviera Lavi fue el ver a Timcanpy posarse sobre la cabeza de Allen, quien lo miró con sorpresa. El pelirrojo sólo sonrió maliciosamente, zafándose de Yu para tratar de atrapar al golem, pero éste no parecía estar muy de acuerdo porque terminó mordiéndolo antes de que tan siquiera pudiera tocarlo.

- ¿Qué pretendes, Lavi? - preguntó el pequeño, mirándole con curiosidad y algo de bochorno por verlo retorcerse de dolor mientras el golem dorado volvía a colocarse sobre el de cabellos blancos - ¿Para qué quieres a Tim?

- ¡Tú! - señaló a la esfera alada - ¡Muéstrame lo que has grabado de estos dos!

- ¿¡Qué!? ¡Pensé que no querías vernos hacer esas cosas! - reclamó el inglés, totalmente ruborizado, señalando acusadoramente a Lavi.

- De verdad te quieres morir, ¿cierto, estúpido conejo?

Pero para decepción de Lavi, el golem de Allen sólo se negó, acurrucándose entre los cabellos del más joven como si nada. Aunque le llamó la atención que los otros exorcistas estuvieran tan aliviados. Se preguntó si el Moyashi le había dicho a Timcanpy que no le mostrara aquello a nadie, claro, si es que la esferita estaba presente cuando estaba con Yu; cosa bastante probable ya que no parecía dejarlo para nada, casi como si fuera su niñera.

Apenas iba a preguntar por aquello, porque la verdad era que le daba mucho morbo que sus amigos estuvieran juntos y quería saber qué tan lejos habían llegado cuando se escuchó que alguien llamaba a la puerta. Allen dio un claro respingo, tensándose notoriamente. Yu sólo chasqueó la lengua, guardando a Mugen antes de ir por su maleta y sacar otra camisa para ponérsela al fin. Seguían tocando, más y más fuerte, pero ninguno de sus compañeros quiso atender.

- Hum, chicos, tal vez deberían...

- Che. Es ese maldito bastardo.

Lavi parpadeó, algo fastidiado. Eso no era demasiada información desde que el japonés solía expresarse así de todo mundo. Fue cuando vio al Moyashi levantarse de la cama lentamente que se dio cuenta de que se trataba del inspector Howard Link. El famoso Dos-Puntos.

El más joven tomó las ropas que el pelinegro le había dado y que tanto se había negado a usar. Aún estaba levemente sonrojado, aunque tenía un gesto de angustia dibujado en el rostro. Caminó hacia la puerta bajo la atenta mirada de Lavi.

- Por cierto...

Soltó un grito cuando sintió un fuerte golpe por parte de Allen en la cabeza. Se llevó las manos a la zona adolorida, quejándose, totalmente confundido por esa muestra de violencia que no había previsto.

- ¿¡Por qué fue eso, Moyashi!?

- Tú sabrás - le oyó decir, antes de que fuera hacia la puerta para abrirla y salir de la habitación del samurái.

Parpadeó un par de veces, aún confundido por la acción, tratando de recordar si le había hecho algo al menor como para que reaccionara de esa manera. Tal vez alguna broma o algo que había olvidado. Volteó hacia el otro exorcista para observarle. Estaba dando la espalda, como si intentara no mirar la puerta, tal vez para no lanzarse contra ella para salir y matar al inspector. Sabía que Yu lo detestaba, muchas veces lo había escuchado maldiciéndolo aunque no viniera al caso. Bueno, al menos ahora ya sabía por qué le enfadaba tanto, después de todo era Link quien podía estar casi todo el tiempo con el pequeño Moyashi.

- Yu.

- ¿Aún sigues aquí?

- ¡Claro que sigo aquí! Me ignoras, ¡eres malo! - lloriqueó el pelirrojo.

Pero ni eso logró que el japonés saliera de su ensimismamiento. Lavi frunció el ceño; odiaba que le ignoraran y más cuando se trataba de alguien tan divertido para molestar como Yu.

- Dime, dime, ¿hasta dónde han llegado el Moyashi-chan y tú?

- Che. Eso no te interesa, estúpido.

- ¿Ya se la metiste?

Logró lo que quería, pues el oriental había volteado a verlo con un gesto de total enfado.

- Cállate - le oyó decir entre dientes, furioso.

- ¡Ah! ¡Entonces sí lo has hecho! - sonrió ampliamente, encantado por tener la atención del otro exorcista - Era obvio que tú serías el dominante, aunque el Moyashi-chan no parece ser fácil de domar aún y cuando se vea tan lindo e inocente. Seguro es una pequeña fierecilla en la cama, ¿no?

- Cierra esa jodida boca, conejo.

- ¿Qué tal se siente hacerlo con un hombre, eh? Siempre me ha dado curiosidad, pero me gustan demasiado las mujeres como para intentarlo. ¿Es muy diferente, Yu?

- ¿Cómo coño quieres que sepa eso? ¡Lárgate de una vez!

El del parche arqueó una ceja. ¿O sea que su amigo nunca se había acostado con una mujer? Cierto que no parecía muy interesado en ellas, pero las hormonas llaman y pensaba que un hombre tan solicitado como lo era el samurái al menos habría sucumbido alguna vez ante tantas muchachas hermosas ansiosas de la compañía de un joven apuesto. No era que Lavi tuviera un largo historial de aventuras, aunque de que se había divertido lo había hecho. Tampoco creía que el japonés se hubiera acostado con un hombre antes, era mucho más fácil que la Iglesia se enterara y lo castigara si lo hacía durante alguna misión. ¿Y si esta era su primera vez?

- Dios mío, Yu, ¡le diste tu virginidad al Moyashi!

- ¡Que te calles!

Volvió a levantar las manos al ver al pelinegro acercarse, aunque le sorprendió que no le hiciera nada más que verlo con furia contenida. Le vio sentarse en la cama, mirando hacia la pared como si no quisiera enfrentarse a Lavi, quien parpadeó sin poderse creer que estuviera vivo aún.

- Tú, estúpido.

- Eh, ¿sí?

- ¿Sabes cómo hacerlo?

- ¿Hacer qué? - se quedó pensando, analizando lo que quiso decir sin lograrlo.

- Che. Como tener sexo con otro hombre correctamente, ¿sabes o no?

Podría jurar que Yu estaba avergonzado, pero era difícil saberlo si no le podía ver el rostro. Se le hacía algo raro que preguntara algo como eso, después de todo, se suponía que él era el que tenía la experiencia. A menos que...

- No me digas que... argh, ¡idiota! ¡¿Lastimaste a Allen, verdad?! - se pasó la mano por el cabello, furioso, quitándose la banda de la frente. No podía creer que Yu fuera tan estúpido y ni siquiera se quería imaginar lo mal que lo había pasado el pequeño.

Además, no le contestó. El japonés sólo seguía evitando mirarle, confirmando lo que había dicho. ¿Hacía cuanto que había pasado aquello? Después de todo, seguían sin saber hace cuánto habían empezado a estar juntos. El Moyashi parecía muy tranquilo, así que tal vez había pasado hace tiempo. Aunque ver a Yu tan perturbado le decía otra cosa. Intentó tranquilizarse, respirando profundamente. Debía estar muy mal como para que el pelinegro lo hubiera mencionado.

- ¿Cómo no vas a saber diferenciar entre una mujer y un hombre? ¿Tienes dieciocho años o cuatro? - masculló entre dientes, aún algo enfadado, aunque mucho más relajado.

El otro seguía sin hablar. Era la primera vez del tiempo que tenía de conocerlo que lo había visto tan preocupado, tanto para ni siquiera reclamarle por las claras ofensas que le dedicaba. Chasqueó la lengua contra el paladar, terminando por apoyarse en la pared mientras observaba al techo. El silencio era muy incómodo y ahora estaba seguro de que Yu no lo rompería, así que tenía que ser él.

- Te diré cómo hacerlo. Pero tendrás que contestarme unas preguntas. ¡Además! Me dejarás llamarte Yu-chan sin tratar de matarme.

- Che. No me jodas, conejo.

- ¿Qué? ¿No quieres saber? - preguntó el pelirrojo, decepcionado.

- Terminaré follándolo otra vez. Tú sabes si quieres que el Moyashi lo disfrute o no.

Abrió la boca con gran sorpresa. ¿Que no estaba en lo absoluto arrepentido por lo que había hecho? Lo peor es que ni siquiera se podía enfadar con él por alguna extraña razón. Después de todo, era tan típico de Yu que no sabía si asustarse o no por lo que dijo.

- Eres un bastardo, ¿lo sabías?

- Che.

Lavi negó con la cabeza, separándose de la pared para acercarse al japonés.

- Bien, te ayudaré, ¡pero sólo por mi pequeño hermanito Moyashi-chan! No puedo creer que le guste una persona tan abusiva como tú. ¡Hey, deja de sonreír!

Cuánto descaro del oriental al mirarle con esa mueca socarrona, sabiéndose en total mando de la situación. ¿Era eso lo que había cautivado a Allen? Era un masoquista entonces, cosa que ya sospechaba de todas maneras. Aunque tendría que interrogar al Moyashi después; con él sería mucho más sencillo si sabía cómo hacer sus movimientos.

- ¡Bueno! Después de todo, cuando lo haces por detrás tienes que tener ciertos cuidados, sin importar si es hombre o mujer.

Se dio una palmada en el rostro cuando vio que Yu solamente lo observaba con los ojos entrecerrados, una clara señal de que no había captado lo que había dicho. ¿Cómo alguien que usaba tantas groserías no podía entender algo como eso? Todo sin contar lo que le decía al 

Moyashi, estaba casi seguro de que no se medía para molestarlo cuando estaban en la intimidad. Sacudió con fuerza la cabeza, tratando de alejar las imágenes mentales.

- Oh, Dios. Esta será una noche larga - resopló dándose un aire importante, quitándose el saco del uniforme al tiempo que volvía a colocarse su banda para el cabello.

Por suerte se había tomado un par de cafés muy cargados.

-o-o-o-o-o-o-

Allen se sentó en su cama, observando detenidamente el regalo que le había traído Link, cortesía del auditor Lvellie: una caja con chocolates.

Eso era raro, muy raro. Por eso el inglés los miraba con desconfianza. No había tratado mucho con el jefe de su inspector, pero sabía algunas cosas sobre él; y entre esas no estaba que acostumbrara a regalar dulces a los exorcistas. Tomó uno de ellos y lo acercó a su rostro. Realmente no le gustaban mucho los chocolates. Sí los comía y los disfrutaba como cualquier cosa dulce, pero irremediablemente le traían a la memoria al general Cross y una borrachera descomunal por haberse comido toda una caja de chocolates con licor. Temblaba con tan sólo recordar el castigo que le había puesto su maestro.

Regresó el chocolate al paquete, colocando a éste a su lado, sabiendo que Howard Link lo observaba de manera penetrante. Sabía que el inspector había hablado con Komui, seguramente sobre él. Pero la verdad no quería enterarse: ya había demasiadas cosas en su cabeza como para agregar una nueva. Ya era suficiente por ese día, demasiadas cosas en muy poco tiempo: que Lenalee no era tan inocente como su hermano pregonaba, que Lavi los había descubierto justo antes de que las cosas pudieran avanzar y que Kanda...

Se sonrojó levemente al ver la ropa del japonés a su lado, le hacía recordar lo que había pasado antes de que Lavi les interrumpiera. Entonces Kanda en realidad lo deseaba, tanto como para mostrarse así ante él y anunciar que había tenido que conformarse con el consuelo de su mano durante esas dos semanas de separación autoimpuestas por el samurái mismo. Se recostó por completo en la cama, abrazando el suéter de color claro contra su pecho, pensando en que esa misma prenda había sido usada por el pelinegro.

De pronto sintió ganas de comer algo picante. Rayos, ¿no se suponía que los antojos ya habían pasado? Por alguna extraña razón había desarrollado una afición por los alimentos condimentados. Agradecía tener un estómago fuerte, porque si no tendría aún más molestias. Aunque podía ser que precisamente era lo que Kanda le había dicho que no comiera. Sonrió maliciosamente.

Aunque no sabía si tenía ganas de caminar hasta la cafeteria cuando en realidad no tenía mucha hambre. Y no era como si le pudiera pedir a Link que se lo trajera; sería raro. Además, ya era tarde, no quería despertar a Jeryy para que le preparara algo sólo por los estúpidos antojos. Suspiró ruidosamente antes de ver a Timcanpy revoloteando sobre él. Arqueó una ceja, recordando que se había encontrado con el golem en los pasillos de la Orden y que éste parecía estar siguiendo a Kanda.

- ¿Qué era lo que hacías en ese pasillo? - preguntó al tiempo que la esfera dorada se posaba sobre el suéter que aún seguía entre sus brazos - ¿Estabas con Kanda antes de encontrarme, Tim?

Timcanpy parecía mirar atentamente a Allen, como si estuviera decidiendo si decir o no lo que había estado haciendo. Pero antes de que el inglés pudiera preguntar de nuevo, el golem ya se había elevado otra vez, agitando sus alas lentamente antes de abrir esa boca llena de dientes y empezar a proyectar algo.

Parpadeó, enfocando correctamente su mirada. En la proyección se podía ver a Kanda entrando a los baños comunes, sudado, justo como si hubiera terminado de entrenar. Pasó saliva, sintiendo que se sonrojaba de manera ténue pero notoria por ver esa camisa negra pegada al cuerpo del japonés. Sacudió la cabeza, totalmente avergonzado, pero sin atreverse a desviar por completo la mirada.

Algunos buscadores estaban ahí cuando vieron al pelinegro entrar; así que tan pronto como pudieron se alejaron del aura maligna que desprendía ese hombre. No pudo evitar soltar una ligera risita, esa era la fama del exorcista oriental, tan mala que las personas preferían interrumpir sus actividades diarias con tal de no estar cerca de él más de lo necesario.

Volvió a poner atención cuando se vio a Kanda entrando en una de las regaderas, las cuales usaban antes de entrar en los baños termales terapéuticos que Komui había instalado para todos. Luego empezó a desvestirse, sacándose la camisa y el pantalón rápidamente, casi con brusquedad. Parecía realmente enfadado por algo, muy enfadado. Pero Allen no se detuvo mucho a pensar en eso cuando le vio quitándose la ropa interior con la misma fuerza con la que había empezado a desvestirse.

Esta vez sí sintió su rostro ardiendo al ver la entrepierna del otro exorcista. El japonés tenía una gran erección y eso parecía fastidiarle muchísimo, podía notarlo por su rostro de ira y frustración, más que nada frustración. El de cabello blancos se ajustó el cuello de la camisa, empezando a sentir calor de nuevo, de ese mismo tipo que sentía cuando estaba con Kanda. Le observó detenidamente hasta que el otro abrió la regadera. Ahora entendía por qué el cabello de Kanda estaba tan helado cuando lo acarició, seguramente se había duchado con agua fría para calmar la calentura que sentía. ¿Era culpa de él, de Allen, que el pelinegro se sintiera de esa manera? Otra vez pasó saliva, aún sin poder quitarle la vista de encima a la película que Tim proyectaba del mayor.

No funcionaba, podía darse cuenta de que aunque se bañara con agua sumamente fría, la dureza de Kanda no cedía. Por Dios, ¿es que era normal? No lo sabía, nunca le había pasado algo como aquello, aunque ya se sentía demasiado acalorado por lo que veía como para razonar las cosas. Y la sensación aumentó cuando le vio colocar su mano derecha sobre el pene excitado. Aún corría el agua, haciendo que el largo cabello se pegara a su cuerpo y a su rostro; y aquello provocó escalofríos en el menor, algo que no pudo explicar ni se molestó en pensar demasiado.

Kanda había empezado a acariciarse a sí mismo, demasiado rápido como para apenas haber comenzado, como si hubiera pasado por eso varias veces. Entonces sí era cierto lo que le dijo, no solamente una exageración. Se llevó una mano a la boca al escuchar los profundos gemidos que hacía tiempo no había oído. Sí, el japonés gemía muy quedo pero audible, con los ojos cerrados en un gesto de total concentración. Nunca le había visto así, tal vez porque se le nublaban tanto los sentidos por culpa del placer que Kanda le daba cuando le tocaba que no había podido observar atentamente el rostro del otro mientras estaban en la intimidad. Ese rostro que mostraba enfado, sí, pero también un deje de lujuria y necesidad que nunca había visto en él. De pronto sintió ganas de volver a la habitación del samurái y obligarle a que retomaran desde donde Lavi los había interrumpido, sin importar que el aprendiz de bookman siguiera ahí.

Se tapó la cara con las manos, al fin dándose cuenta de las cosas en las que estaba pensando. Era vergonsoso, no se suponía que se sintiera así; era cierto que le gustaban las caricias de Kanda, pero no eran tan necesarias como sólo tener a su lado al mayor. Y ahora mismo quería sentir esas grandes manos sobre su cuerpo o, que le dejara ser él quien le acariciara para calmar esa desesperación que se veía en el rostro del pelinegro. ¡No se suponía que pasara! No se suponía que su cuerpo se sintiera con tanto calor por sólo ver esa proyección.

Dio un pequeño respingo al escuchar algo. Estaba seguro de que el Kanda de la imagen había dicho su nombre entre dientes. Bueno, no exactamente su nombre, más bien el sobrenombre. 

Frunció el ceño; no, no era posible que Kanda hiciera eso, no en los baños comunes. Aunque parecía no preocuparle en lo absoluto, después de todo, seguramente todos los presentes habían salido nada más mirar que el samurái era quien seguía de ducharse justo como había pasado con esos buscadores.

Entonces lo oyó de nuevo. Un claro "Moyashi" saliendo de esos labios apretados mientras se apoyaba en la pared, masturbándose más frenéticamente si era posible. Ahora también Allen respiraba agitadamente, con los ojos muy abiertos al tiempo que se acercaba más a donde estaba Tim proyectando. Su rostro estaba ardiendo, su cuerpo entero estaba ardiendo. Estaba pensando en él después de todo, Kanda se tocaba pensando en él. Justo como se lo había dicho.

Le vio venirse, ahogando un gemido lo mejor que pudo. Respiraba con dificultad, no demasiada, pero era obvio que su pulso se había acelerado considerablemente. Luego Kanda golpeó la pared, provocando que el menor diera un respingo al ver la acción repentina. Murmuraba algo, tal vez en su idioma natal pues Allen no entendió nada de lo que decía. El japonés se quedó un rato más bajo el agua de la regadera, aún respirando entrecortadamente mientras el agua se deslizaba por su cuerpo. Aún estaba enfadado, tenía el ceño fruncido y la mirada llena de furia.

Le oyó susurrar:

- Moyashi.

Abrió la boca. Por Dios, esto había sido... ni siquiera sabía cómo definirlo. Sólo sabía que su cuerpo estaba totalmente acalorado, que estaba sumamente sonrojado como nunca en su vida, que quería regresar al lado de Kanda cuanto antes.

Pero luego recordó algo de pronto. Volteó a su lado rápidamente, con un gesto de terror en el rostro.

Link le miraba con un notable tic en el ojo, con una expresividad en el rostro que nunca antes había visto en el inspector alemán. Allen se quedó paralizado unos cuantos segundos más hasta que reaccionó, arrojándose sobre Timcanpy para atraparlo.

- ¡Ah! ¿Por qué no me dijiste de Link-san? ¡Tim! - sabía que era una tontería gritar algo como eso, después de todo había sido su culpa por preguntar. Y más por haberse quedado embobado viendo aquella escena tan morbosa olvidándose por completo de que no estaba solo. De que nunca estaba solo.

Tomó a Tim con sus manos, al tiempo que el golem dejaba de proyectar a un Kanda arreglándose el cabello en esa coleta desordenada que Allen le había visto. ¿Por qué demonios el golem había grabado eso? ¿¡Y por qué se lo había mostrado sin practicamente dudarlo cuando se negaba a proyectar otras cosas del mismo tipo!?

- ¡Eres un pervertido, Timcanpy! - le gritó, aún totalmente rojo por la escena observada ante la mirada incrédula de Link, quien seguramente pensaba que el pervertido era otro.

Así que Allen también se sentía algo sucio por excitarse nada más por ver a Kanda satisfaciéndose a sí mismo, gimiendo por él en esa voz queda y ronca. Esa voz que despertaba nueva sensaciones en el inglés que no lograba comprender del todo.

Aunque, por suerte para él, el susto y la vergüenza había bajado un poco su necesidad de desahogo. Aún tenía las mejillas sonrojadas, pero sabía que eso tardaría más en atenuarse. Miró tímidamente a Link, dándose cuenta de que el inspector había recuperado de nuevo la compostura. El alemán se aclaró la garganta, al parecer siendo él quien quería evitar a toda costa encarar al de cabellos blancos.

- Será mejor que vayamos a dormir, Walker.

Allen asintió rápidamente después de voltear hacia otro lado. Se levantó torpemente de la cama, casi tropezándose con las sábanas por lo nervioso que estaba. También aprovechó para acomodar la caja con chocolates sobre el escritorio, sintiendo un ligero escalofrío al recordar de dónde venían. Link ya había empezado a cambiarse para ponerse el pijama dándole la espalda al menor, por lo que pudo tranquilizarse un poco para sacar su ropa para dormir. Era una suerte que aún le quedaran, o al menos la última vez que se lo puso cabía en ella gracias a que era mucho más holgada que los acostumbrados pantalones ajustados que solía utilizar.

También aprovechó que Link había decidido a ignorarle para cambiarse ahí mismo. Generalmente le pedía al inspector que saliera de la habitación, porque si ni siquiera dejaba que Kanda le mirara mucho menos iba a dejar que otro lo hiciera. Apenas terminó de cambiarse para darse cuenta de que apenas le cerraba esa ropa también. Mierda, mil veces mierda. Maldita barriga, malditos antojos, maldita misión, ¡maldita calentura!

Inhaló profundamente, mirando la ropa de Kanda sobre su cama. Era claro que eso sólo lograba que su aún notorio sonrojo aumentara, pero no le importó. Tenía algo de frío y quería ponerse ese suéter ya para poder dormir con algunos botones desabrochados al menos. De por sí era ya bastante incómodo encontrar una posición adecuada para dormir para aparte preocuparse por lo apretado de su vestimenta. Tal vez debía de dejar de ser tan terco y pedirle ayuda a Johnny y a Tup, pero su orgullo se lo impedía.

Suspiró profundamente, tomando ese suéter para colocárselo sobre el pijama, abrigándose muy bien. Podía oler la esencia de Kanda, soltó una risita porque estaba casi seguro de que olería a soba, pero no. En realidad no podía describirlo, sólo sabía que le gustaba y ya. Se recostó de nuevo en la cama, mirando acusatoriamente a Timcanpy mientras éste se posaba tranquilamente a su lado en la almohada.

Link ya había terminado de cambiarse también. El inspector de nuevo se aclaró la garganta, aún evitando mirar a Allen. Volvió a sentir algo de pena, después de todo, Howard Link consideraba aquello como una perversión en contra de la Iglesia Católica. Sólo esperaba que no cambiara de opinión y que siguiera manteniendo el secreto sin reportar aquello, porque si no Kanda y él estarían en un grave problema según lo que el mismo inspector había dicho.

Empezó a moverse como en todas las noches. Era imposible, simplemente no encontraba la posición adecuada. Seguro que esta sería otra noche de insomnio, más por las imágenes que había presenciado. Pero poco a poco su mente empezó a despejarse, estaba preocupado por otras cosas que evitaban que se entregara por completo a esa visión de Kanda.

Se dio la vuelta otra vez, mirando a Link recostado en un futón en el suelo. Mañana sería uno de los días que podía pasar la noche con el samurái. Sonrió levemente, con las mejillas sonrosadas, de un tono mucho más suave que antes. Después de todo, lo que quería ahora sólo era estar a su lado nada más. ¿Esto era parte de los cambios de humor que Lavi tanto decía? Tal vez.

Cerró los ojos, respirando profundamente mientras intentaba relajarse, intentando no pensar en nada. Ni siquiera en Kanda, mucho menos en él porque no sabía cuándo su cuerpo tendría necesidades no tan tiernas como un simple abrazo. Se acurrucó así como estaba, de lado, aunque al final se recostó por completo boca arriba. Podía sentir a Timcanpy haciéndole cosquillas en el rostro con su cola para después retirarla por completo. Al parecer también Tim entendía que Allen necesitaba dormir, sólo que su cuerpo se negaba a complacerlo.

Sin embargo, justo antes de tratar de moverse otra vez, sintió algo en su vientre bajo. Había sido muy ligero, casi imperceptible. Una especie de golpeteo muy suave, muy diferente a cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes. Se quedó quieto un momento, esperando a que volviera a repetirse.

Al darse cuenta que no pasaba nada decidió incorporarse, sentándose en la cama al tiempo que Tim volvía a extender sus alas para observarle con curiosidad. Pero Allen lo ignoró, solamente miraba hacia abajo, sin pensar realmente en nada. No sabía qué había sido aquello, sólo que se había sentido extraño. Tal vez no era nada, tal vez sólo estaba muy nervioso y por eso su cuerpo reaccionaba así. Volvió a acostarse, con los ojos muy abiertos y la mente en blanco.

Tras unos cuantos minutos que transcurrieron lentamente parpadeó un par de veces antes de decidirse a cerrar los ojos, pasando su mano derecha suavemente por su vientre por primera vez desde que había iniciado su misión.

Esa noche pudo dormir perfectamente.

+ Continuará +

Notas finales: Acabé, yay (suspiro). Bueno, en realidad no tengo mucho qué decir... ¡ah, sí! Tengo una pregunta para ustedes, en el próximo capítulo habrá lemon (sí, lo prometo); lo que quiero saber es de quién prefieren que sea el POV, si de Kanda o de Allen (sonrisa radiante). Es que no me decido, cualquiera de los dos se oye interesante y no, no puedo hacer los dos, lo siento (gotitas). Así que si quieren opinar lo pueden dejar en su review si me quieren ayudar (más gotitas), me gustaría saber también por qué quieren ese POV, aunque no es necesario (apenada). Muchas gracias por leer este capítulo y mi fic. ¡Gracias! (reverencias).

(1) Lavi significa "León" en hebreo, un símbolo muy utilizado en la Biblia. No sé si haya una razón por la cual decidió ponerse así, pero quise ponerlo aquí de todas maneras (risa tonta).