Día 10. Con el libido subido en medio de una reunión
Ese era, sin duda alguna, el día más caluroso en lo que iba del verano.
Todavía no podía entender a quién se le había ocurrido fijar una reunión de la Orden en un lugar cerrado y con nula ventilación precisamente ese día, pero dadas las circunstancias del caso, no podía ser de otra forma.
Estaban asignando las rondas de vigilancia en los mayores asentamientos mágicos del país. Hace un par de días se había producido un enfrentamiento con mortífagos en pleno Hogsmeade, y el mundo mágico se hallaba en alerta extrema. La Orden había agudizado sus medidas de precaución, y una de ellas era aumentar la seguridad de los lugares más concurridos. Como se trataba de un grupo que actuaba en ese intervalo incierto entre el margen de la ley, y ser derechamente contrario a la autoridad, tenían que ser muy cuidadosos a la hora de montar sus guardias.
Le costaba seguir el hilo de la conversación. Malfoy, Lestrange y los demás puritanos de la sangre pura habían pasado tardes enteras afirmando los detalles del mentado ataque, del que tuvo conocimiento desde sus inicios. Evidentemente, ni ella ni James revelaron esa información a la Orden en su momento. Como tampoco iban a revelar los nuevos puestos de vigilancia a los mortífagos. Ese ramalazo de poder que sentía al saberlo todo, de saberse omnipresente, solía sacudirla hasta la médula. Pero ese día, el letargo del calor era más fuerte.
Carmilla estaba sentada a su lado, afrontando el calor con más éxito que ella. Su amiga había tenido varias discusiones con sus padres, quienes habían querido regresar a Rumania ahora que su hija se había graduado de Hogwarts, arrancando de la guerra. Pero ese lado Gryffindor de Carmilla había sobresalido como nunca, con una voluntad de hierro que le desconocía, para mantener firme su decisión de quedarse en Inglaterra a luchar.
Al otro extremo de la mesa estaba James, medio distraído, medio atento. Black, a su derecha, permanecía más alerta que nunca; por otro lado, Pettigrew se veía atemorizado. Probablemente a él no iban a ponerlo de guardia en un lugar muy crítico ni por mucho tiempo. Vaya Gryffindor.
Sus pensamientos no se detuvieron más que un par de segundos en Colagusano para regresar a James. Traía puesta una camisa azul oscura de mangas largas, que acentuaba la palidez de su piel… sin percatarse de que lo hacía, se lamió los labios. Bendito Merlín, Potter había crecido en lo que llevaban de verano, y si bien ya tenía ese cuerpo firme al finalizar el curso, ahora se veía mucho más robusto. Se notaba en aquella espalda más amplia, esos hombros más anchos y esos brazos… apretó las piernas que tenía cruzadas.
Se permitió divagar un poco, mientras las palabras de aquel auror se perdían en el vacío. Se imaginó los dedos finos posarse en sus hombros, ahí como estaba, sentada a la mesa. Los dedos se arrastraban por la tela liviana del desgastado vestido que llevaba puesto, hasta que encontraban su piel desnuda y ardiente, provocando estremecimientos por todo su cuerpo. Pero ese temblor inicial no era nada comparado al que la sacudía cuando eran los labios los que comenzaban a degustarla justo por debajo de su oreja, y que continuaban saboreando su cuello. Apenas podía contenerse, necesitaba devolver el beso.
Cómo no, él no iba a dejarla. Posó una mano suave pero firme sobre su cabeza para que continuara con la vista fija al frente. Sintió a la otra mano deslizarse por los botones de su vestido y comenzar a quitarlos hasta llegar a sus pequeños senos. Suerte para ambos que ese día no tenía sujetador. Él acariciaba sus delicados pezones con una maestría sin igual, con una destreza que era capaz de llevarla a alcanzar su clímax…
Carmilla le pegó un codazo por accidente. Sólo en ese instante recordó que se hallaba en el medio de aquella tediosa reunión.
Parpadeó, y sacudió la cabeza de forma imperceptible. Un joven auror de nombre Shacklebolt continuaba señalando los turnos de las guardias, y nadie parecía haberse dado cuenta de que momentáneamente se había desplazado a otro lugar aún más cálido.
Se acomodó sobre la silla, tratando de concentrarse, aunque sabiendo que sería en vano.
En cuanto terminara la reunión, le pediría a James que se quedara un rato.
Comentarios:
Finalmente se acabaron los 10 primeros días del amor puro, y ya la viñeta siguiente comienza con los 10 días del amor sexual (eros), iniciando con el Día 11: Contra la pared.
Saludos!
