Hola :'D
Antes que nada quiero pedirles disculpas por no haber actualizado. No pude, ya que me surgieron problemas, pero en fin… Ahora que ya mi vida está en paz absoluta les traigo este capítulo dedicado especialmente para MaBo, quien fue la que me recordaba a cada instante que tenía que escribir xD Bueno, disfruten su lectura.
Abrió lentamente los ojos… ¡Demonios! Su cuerpo en verdad le dolía. Era como si hubiese hecho mucho ejercicio o algo parecido… Bueno, en realidad el sexo podría tomarse como ejercicio, pero ese no era el punto.
Palpó la cama tratando de tocar a Levi y estuvo así unos momentos jugando a la gallinita ciega hasta que por fin tuvo contacto con esa piel que lo enloquecía tanto. Sonrió para sí mismo. Ahí estaba el rostro de quien amaba tanto.
—Eres malo Levi, muy malo —acarició la mejilla del pelinegro y se acercó aun más para estamparle la cara a besos.
—Eren —dijo Levi sobresaltando al castaño. Ya se había despertado hace mucho, pero no estaba demás hacerse el dormido para que Eren le de todos los mimitos necesarios—. Me haces cosquillas —pronunció con una cara extremadamente seria tratando de aguantarse las risas.
—Oh —exclamó sorprendido para luego soltar una risita provocadora—. Bueno, me encanta tocarte aquí —besó el hombro del pelinegro—. Y aquí —bajó la cabeza sensualmente hasta llegar a su cuello y darle una lamida muy sexy—. De verdad me encanta —levantó la cabeza y estampó sus labios con los de Levi, jugando y mordiendo los labios de su pareja.
Levi estaba muy complacido. Todo eso le recordaba cuando vivían juntos y prácticamente se la pasaban todo el día en la cama. Con esos pensamientos en su cabeza no dejó que Eren siguiera con sus jugarretas, así que lo sujetó de la cintura y lo pegó aun más para que así le tocara su turno de jugar con la lengua de Eren. Se colocó encima del menor y empezó a profundizar el beso. Poco a poco comenzaba a excitarse y comenzó a masajear el miembro de Eren.
El ambiente empezaba a subir de temperatura. Se separaron un momento por falta de aire y se miraron profundamente, tratando de acompasar sus respiraciones.
—Eren…
—Levi… —se amaban, habían esperado mucho para su reencuentro. Eren levantó la cabeza para volver a unirse en un beso con Levi.
—¡Mami! —hubo una pequeña interrupción por parte del más pequeño de sus hijos: Chibi. No sabían cómo diablos el pequeño había abierto la puerta. Se separaron lo más rápido que pudieron y en vano trataron de acomodarse—. Mami, ¿qué haces? —dijo el pequeñito acercándose poco a poco a la cama.
—Ehh… —Eren empezaba a ponerse nervioso. Miraba hacia todos lados tratando de encontrar una respuesta o algo con que distraer a Chibi, pero nada. Maravilloso, se le acabó la imaginación en ese instante—. Pues… Estaba jugando con Le-
—Estaba jugando con papá —Levi se señaló a sí mismo y le guiñó un ojo a Eren en señal de complicidad. Era momento de que el papá se haga cargo—. Es que era un juego de encontrar la corbata perdida.
—Oh… —Chibi abrió la boquita un tanto sorprendido. Definitivamente nunca había visto jugar eso a ninguno de sus amiguitos—. ¿Pueo jugar con Junior?
Levi abrió los ojos exageradamente. ¿Qué? ¿Qué había dicho su pequeño?
—Hijo, este juego es solo para mamás y papás —puntualizó de manera severa. Sí, tenía que dejar eso claro.
—Peo papá —jugó con sus deditos y agachó la mirada—. Cuando crecamos tabién seremo una mamá y un papá.
A Levi le dio un tic en el ojo al escuchar eso y miró a Eren de manera desconcertada.
Eren soltó una risita por la expresión que en ese momento estaba haciendo el que supuestamente se iba a hacer cargo de todo. Definitivamente Levi era muy celoso, pero ese tema seguro que lo tocarían en un futuro muy lejano.
—Son unos niños aún.
—Pero…
—No te lo tomes a pecho —palmeó la espalda del pelinegro—. Además tarde o temprano ellos tendrán que hacer sus vidas, no serán pequeños para siempre. Ya sabes —cerró los ojos y suspiró—. Déjalos volar.
—Pero, Eren —juntó las cejas y agachó la mirada. No se lo estaba tomando tan bien.
—Oye —le sujetó el rostro—. Falta mucho para eso.
—Lo sé —por primera vez, el muy serio Levi comenzaba a hacer un puchero y a sentirse realmente mal—. Ya sabía que era mala idea dejar a los dos mocosos juntos.
—¿Mami? ¿Papi? —Chibi los miraba sin saber qué es lo que pasaba exactamente. ¿Acaso había hecho algo malo? ¿Qué le hizo a su papi que lo había dejado así?
De pronto alguien abrió la puerta y se escucharon unos pequeños pasos.
—Papá —esta vez tocaba el turno de Junior—. Ya es tarde —dijo el mayor de los hermanos que ya estaba vestido y limpio. Como pudo él también subió a la cama y observó a la pareja desnuda bajo las sábanas. Sus mejillas se tiñeron de rojo—. ¡P-papá!
—Buenos días, hijo —sí, sabía lo inteligente que era Junior y que obviamente se había dado cuenta de lo que pasaba ahí. Después de todo era su hijo y era muy inteligente y perceptivo.
—E-están de-desnudos.
—Oh eso es… —Levi iba a explicarse, pero no hubo tiempo ya que cierto pequeño se adelantó.
—Papi y mami taban juando a la gallinita ciega —Chibi levantó los brazos y sonrió.
—Ahh, era eso —Junior soltó una risita aliviado. Ese juego sí que era bastante extraño.
Levi miraba incrédulo a Junior. No, definitivamente él seguía siendo un niño. Hanji no lo había corrompido como él se imaginaba.
—Junior, saluda a tu mamá.
—¿Eh? —Levi sonrió y se aclaró la garganta.
—Eren y yo vamos a casarnos. Hijos, nosotros ahora somos una familia. Eren es la mamá.
—¡Hey! —se escuchó una protesta por parte de Eren. Otra vez lo ponían de mamá, aunque él sabía que lo era.
—Yo soy el papá y ustedes, nuestros hijos —explicó pacientemente—. Así que somos una familia —okay, todo eso había sonado cursi y raro por parte del pelinegro, pero en esos momentos de intimidad se permitiría esos lujos.
—¿Mamá? —Junior miró a Eren—. ¿De verdad vas a ser mi mamá?
Eren sonrió. Levi ya le había contado la historia del pequeño, así que desde que había visto a mini Levi como lo llamaba en su mente, supo que sería su hijo. Ahora tendría dos pequeños que cuidar.
—Sí. ¿Quieres darle un abrazo a mamá?
Los ojitos de Junior empezaron a cristalizarse y sin pensarlo dos veces saltó al regazo de Eren.
—Mamá… Tengo una mamá —se acurruco aún más dejándose abrazar por el castaño.
—Yo tabién quiero abacho —Chibi se pegó a Junior y de forma cariñosa movió su cabeza en la espalda de su hermanito.
Levi se limitaba a observarlos con una sonrisa en el rostro. Esa era la nueva familia que tendrían ellos cuatro ahora.
Caminó relajado hacia el auto y con una sonrisa. Hoy era un buen día, todas las cosas estaban aclaradas con Eren y ya habían planeado su mudanza definitiva. No podía pedir más, en definitiva se sentía el hombre más feliz.
—Buenos días —saludó al chofer.
—Buenos días, señor Levi —el hombre vestido formalmente como todos los días se apresuró a abrirle la puerta a su jefe y se dirigió al asiento de conductor para partir hacia la empresa—. Lo noto contento —comentó.
—Sí, creo que me verás feliz a menudo —se peinó los cabellos con los dedos y miró hacia la ventana—. Me voy a casar.
—¿En serio, jefe? —el señor Levi, como todos lo llamaban, nunca había tocado el tema de casarse. Es más, todos creían que moriría soltero o algo, pero vaya qué sorpresas da la vida—. Me alegro mucho por usted.
—También lo estoy. ¿Sabes? Esto es lo que necesitaba para dejar de patearles el culo a todos ustedes.
El chofer carcajeó divertido. Buen punto, si el jefe se casaba, ya no habría malas caras en las mañanas ni tampoco gruñidos.
—Me parece perfecto.
Así entre risas y bromas se pasaron todo el camino. Levi estaba con ganas de gritar a todo el mundo que era feliz, que tenía a Eren, que su familia estaba completa y que todo era perfecto para él.
Finalmente llegó a la empresa y con aire de que "hoy día me sale todo perfecto", bajó del auto y cruzó las enormes puertas de cristal para subir al ascensor. Suspiró con una sonrisa boba mientras recordaba lo de anoche. Eren había estado muy intenso. Recordaba cada roce, cada caricia, cada gemido… ¡Mierda! ¿Por qué era viernes? ¿Por qué? Si hubiese sido sábado se hubiera quedado todo el día en casa.
La puerta se abrió sacándolo de sus pensamientos, por lo que tomó la ruta más rápida sin tener que chocar con los jefes de cada área y entró a su oficina. Saludó a Ángela y se metió al despacho. Rápidamente encendió la laptop y por primera vez después de meses se conectó a Facebook. Ya saben, prioridades del trabajo.
El primer sonido del chat se hizo escuchar en la habitación.
"Hola amor *3*"
Bendito Facebook, ahora podría chatear con Eren todo el día.
"Hola, ¿qué haces?"
"Nada en especial. Recuerda que antes de irte me presentaste a todo el mundo en la mansión y ahora nadie deja que toque ni una gota de agua ;-;"
"Era lo correcto. Además mi mocoso merece lo mejor." Sí, su mocoso se merecía vivir como rey.
"No soy un mocoso :c"
"Lo eres para mí."
"Tengo 27 años, estoy yendo para los treinta, no es como si fuera un adolescente :'D"
"No es por nada, pero sigues teniendo un cuerpo de adolescente." Se mordió los labios recordando de nuevo las escenas de la noche anterior.
"Eres un pervertido lol"
"Y es eso a lo que me refería. Sigues usando tus caritas y frases."
"Te refieres al lol? Eso ya es parte de mi diccionario :v"
"Sí, eso justamente, eres un mocoso para mí."
"Sí, claro"
"¿Te enojaste?" Sonrió bobamente. Ya lo veía al otro lado de la pantalla, con su puchero y mejillas rojas y juntando las cejas. Aun así lo veía adorable, estúpidamente adorable.
"Nop"
"Eren." Con tan solo escribir esa frase esperó a que su mocoso le dijera si estaba molesto.
"En serio, no me enoje xD te pones en plan psicótico"
"lol"
"DDD: usaste el lol! Demonios este es un momento épico"
"No lo hice."
"Claro que si e.e"
"Claro que no." Contestó de manera juguetona, le encantaba joder a Eren.
"No hay sexo hoy…"
"Ok, sí lo hice (눈‸눈)" Maldito Eren, el sí sabía cuál era el punto más débil de Levi.
Caminaba sin rumbo de manera desganada y con la vista gacha. Todo era una mierda, todo. Apretó los puños mientras las lágrimas caían por sus mejillas silenciosamente. Trataba de evocar los recuerdos que tenía, recuerdos con Eren, recuerdos de ellos dos, solo ellos. Cuando Eren enfermaba y lo tenía que cuidar, cuando comían juntos en las tardes de invierno, solo ellos. Ese momento en los cuales se tenían mutuamente, solo ellos en ese mundo. Ahora llorar, solo le quedaba eso. Lamentarse, gritar, sollozar, así hiciera miles de cosas, ya lo había perdido.
—Eren —susurró para sí misma—. Eren, no me dejes sola —empezó a temblar—. No quiero estar sola —de pronto sintió el vibrar de su celular en el bolsillo. Trató de tranquilizarse, tal vez era él. Respiró profundo y contestó—. ¿Eres tú, Eren?
—No, idiota —escuchó la voz de Petra a través del aparato y una gran desilusión se apoderó de ella—. No estoy para consolarte. ¿Dónde estás?
—En el parque —contestó a secas. Lo que menos quería era tratar con Petra ahora, pero su cómplice le había dicho que esta sería la última jugada.
—Espérame, ya llego —dijo finalmente cortando la llamada.
Mikasa separó el objeto de su oreja y levantó la cabeza para contemplar el cielo. Qué hermoso… Y por un breve instante un sentimiento extraño empezó a surgir desde el fondo de su ser. ¿Acaso era culpa?
—Oye —interrumpió Petra, despertándola de su ensoñación. Se sentó al lado de Mikasa y se cruzó de brazos—. Ya que la jodiste, tenemos que hacer otro plan.
Mikasa alzó una ceja extrañada. ¿Plan? No, se dijo a sí misma. Ya no lo haría, eso no era lo correcto.
—No haré nada —afirmó.
—¿Qué? —Petra la miró incrédula—. Estás bromeando. No puedes echar a la basura todos estos años de sacrificio, estos años de planeación —se levantó exaltada—. Simplemente, ¡no puedes hacerlo!
—¡Cállate! Todo esto está mal —permaneció en su lugar—. En un principio nunca debí hacerte caso, ¡nunca debí hacerlo! —se sujetó la cabeza con ambas manos—. Todo está mal, todo.
—Eres patética —Petra escupió con desprecio. Esa idiota no iba a echarle a perder todos sus planes—. Recuerda lo que hizo Levi. Él me dejó embarazada y por su culpa perdí a mi bebé. Recuérdalo.
Mikasa levantó la cabeza y la observó detenidamente. Era cierto… Levi era un maldito. Había actuado de manera ruin con Petra y con mentiras se había ganado a su hermano, eso era lo que le había dicho Petra en ese entonces.
—Pero… No sé…
Petra sonrió, ya estaba cayendo. Volvió a sentarse y fingió llorar desconsoladamente.
—Recuérdalo, Mikasa. Hace cinco años me dejó tirada y engañó a Eren diciéndole que yo era la que lo acosaba. Tú sabes que también quiero proteger a Eren.
—Yo…
—Recuerda, Mikasa —sujetó las manos de la pelinegra—. Recuerda lo mal que actuó Levi. Él no es lo que tú piensas. No es el senpai que te ayudó, también te estuvo engañando, recuérdalo.
—Senpai —murmuró Mikasa—. Parecía un buen compañero.
—¡No! No lo es, nunca lo fue —sujeto a Mikasa de los hombros y la giró—. Mírame, nunca diría mentiras sobre ellos. Todo esto lo hacemos por Eren, todo es por él.
—Eren —volvió a mirar al cielo. La verdad es que ahora no le importaba si su hermano la quería o no, lo importante es que estuviera bien—. Todo esto es por Eren.
—Claro.
—¿Cuál es el plan? —pronunció decidida.
—Excelente decisión, Mikasa —sonrió Petra—. Excelente decisión.
Petra sacó de su bolso un rollo de papeles. Este plan tendría que funcionar, este plan lo era todo. Si todo iría como ella quería, usaría de nuevo la ingenuidad de Mikasa a su favor. Solo alguien tan estúpida como la pelinegra sería capaz de creer tantas mentiras.
Era un hecho de que en un principio la relación de Mikasa y Levi no había sido la mejor de todas, ya que ellos se habían conocido mucho antes de la universidad en un viaje y habían sido, no amigos, sino camaradas. Pero la vida da vueltas y ahora estarían ya no como camaradas, sino como cuñados. Eso no le agradó a Mikasa, estuvo reacia a la situación en un principio, aunque luego fue asimilando la idea poco a poco. Ya iba a aceptar a Levi hasta que Petra le dijo todas esas revelaciones. Mikasa no entendió explicaciones simplemente actuó… Petra le había dicho muchas mentiras.
Se sentía incómodo, demasiado apretado. Empezó a quitarse el chaleco que hace poco le habían puesto. Desde la mañana que su papi se había ido y su mami estuvo ocupada. Se había quedado solo, ya que Junior también tenía asuntos que atender.
Todo iba bien hasta que las señoras con trajes raros empezaron a acercarse y decir cosas extrañas para él. No era lindo, claro que no, él era un caballero que rescata princesas. Definitivamente no era lindo. Esas señoras terminaron por colocarle esos trajes feos y además muy incómodos. Gruñó enojado y juntando las cejas.
—¿Chibi? —escuchó la voz de Junior—. ¿Qué haces? —preguntó intrigado mientras sujetaba unos globos. Se había despertado muy temprano para pedirle al mayordomo que lo lleve al parque a comprar globos para él y su hermano.
—No me guta —levantó el chaleco—. No me guta, a Chibi no le guta eto —infló los cachetes y alzó una ceja. Esa era la pose que Levi le había enseñado para mostrar su descontento.
Junior sonrió tontamente, Chibi de verdad se pasó de adorable. Se tapó la cara enrojecida y giró el rostro hacia un lado.
—Entonces simplemente no te lo pongas —sugirió.
—Hmm… —se sentó en el suelo con semblante serio—. Peo la señoita me dijo que no me lo quite.
¿Señorita? ¿No será…? Estuvo unos minutos en silencio pensando sobre quién estaba hablando Chibi. De pronto su rostro palideció y tragó audiblemente.
—¿Ella tenía lentes?
Chibi movió la cabeza en señal de afirmación.
—¡Síp! Y se reía muusho —movió los brazos de un lado a otro.
—¿Su cabello era castaño? —oh, por Higía y por todos los dioses que su papá tanto adoraba, que no sea la persona que estaba pensando.
—Ajá.
Era el final. Soltó los globos y cayó sentado frente al menor.
—Tía Hanji —susurró para sí mismo. Ahora que su tía había visto a Chibi seguramente lo acosaría y le haría ponerse esos trajes tontos. No, por favor, todo menos eso. Movió la cabeza exageradamente.
—¿Qué pasa? —Chibi miró preocupado al mayor. Tal vez las galletas de la mañana le habían hecho daño. Se acercó lentamente y lo sujetó de los hombros para moverlo un poco—. Junior.
—Chibi… —levantó la cabeza y observó a su pequeño hermanito. De verdad que no quería verlo sobre las garras de su tía Hanji—. Huyamos —lanzó esa frase como si nada.
—¿Ah? —el pequeño lo miró confundido—. No etiendo.
—¡Vámonos! —se incorporó y levantó su puño hacia el techo—. No lo permitiré, Chibi, no te dejaré solo.
—¡Sí! —el más pequeño se levantó como resorte entusiasmado.
—Primero hay que preparar todas las cosas que necesitaremos —caminó en círculos con Chibi siguiéndolo por detrás—. Serán algunos utensilios básicos, nada de qué preocuparse.
—¿Utensios?
—Sí —afirmó con una sonrisa—. ¡Oh! También provisiones, eso es muy importante.
—¡Sí! —Chibi exclamó emocionado—. Yo te protegeré.
Junior se sorprendió al escuchar lo último. Volteó y observó a su hermanito.
—Chibi, acabas de decirlo bien —mostró una sonrisa encantadora.
—¿Eh?
—Parece que ya estás creciendo —lo sujetó de las manos—. Es cierto, hay que llevar mucha leche.
—Yo seré muuy ato —sonrió—. ¡Leche! Quiero leche —abrazó a Junior—. Y cuando sea ato vamos a casanos igua que mami y papi.
—¿Eh? —se ruborizó—. N-no digas e-eso —habló nervioso. Siempre era lo mismo, ya se sentía un poco acosado por su pequeño hermano—. No lo digas.
—Peo mamá y papá se besan.
—E-eso… —empezó a temblar. De verdad que se moría de la vergüenza, ya no lo aguantaba, eran demasiadas emociones para su pequeño ser.
—Yo te di beso —hizo un mohín y señalo su boquita.
¿Por qué? ¿Por qué le pasaba esto? Se subió el abrigo hasta la cabeza y comenzó a andar a ciegas. No quería que Chibi mirara su rostro, no lo dejaría. Dio unos pasos sin saber dónde pisaba, tenía que salir rápido de ahí antes de que le dé un infarto. Seguramente ya le faltaba poco para llegar a la puerta, pero alguien lo sujetó por la espalda.
—¡Waa! —dio un gritito exaltado.
—¿A ónde vas? —Chibi estaba a su atrás sujetando los globos.
—Tengo que ir al baño —dijo nervioso.
—Yo tabién.
—Quédate, no es necesario que me sigas a todas partes —dijo lo más rápido que pudo mientras cerraba los ojos con fuerza.
—¡Yo quieo ir! —insistió el pequeño.
Rayos. Lanzó un suspiro derrotado. Junior ya había perdido antes siquiera de empezar.
—Supongo que siempre irás conmigo…
Miraba hacia todos los lados, explorando el inmenso lugar.
—Vaya… —exclamó impresionado mientras miraba el enorme candelabro colgado en lo que era la… ¿sala? No sabía cómo llamar a cada lugar de esa enorme mansión. Apenas y su casa era del tamaño de una de las habitaciones de ahí.
Después de haber estado tonteando en la mañana conversando por Facebook con Levi, se le había ocurrido hacer un recorrido. Después de todo lo que menos quería era perderse en esa enorme residencia. Y eso que solo miraba los interiores, no quería imaginar cómo serían los exteriores.
—¿Señor? —escuchó una vocecita a su atrás. Eran las mucamas que lo habían atendido en la mañana.
—Hola —pensó un momento que era lo que iba a decir. No quería decir algo que ella puedan entender como una orden y que después estén atendiéndolo de nuevo—. Solo daba una vuelta.
—Oh, bueno —la muchacha sonrió e hizo una reverencia—. Cualquier cosa que necesite no dude en pedirlo, estamos plenamente a su servicio.
—Gracias —respondió con una sonrisa maravillosa mostrando su perfecta dentadura.
Las mucamas observaron esa sonrisa algo sonrojadas. El nuevo amo era todo una lindura.
—Nos retiramos —volvieron hacer una reverencia y salieron algo apresuradas.
Ya salido del apuro, Eren dio unos cuantos pasos. No tenía rumbo fijo, así que estuvo andando un rato hasta dar con una puerta blanca. La abrió lentamente y asomó la cabeza. Al instante, percibió un delicioso olor y al adentrarse, vio como las personas corrían de un lado a otro.
—Esto… —quiso hablar, pero fue interrumpido por una señora de blanco.
—¿Eres nuevo? —le preguntó amablemente.
—¿Eh?
—Bueno, no hay tiempo, luego te presentarás —aquella corpulenta mujer cogió un mandil que estaba sobre una mesa y se lo colocó—. Acompáñame a pelar las papas.
Eren permaneció un momento extrañado. Al parecer había sido confundido, pero en realidad no importaba. Mejor aún, eso le facilitaría todo, ya que igual quería ayudar en la cocina.
—¡Voy! —prácticamente brincó hasta llegar a su puesto.
Cogió el cuchillo y meneaba la cabeza mientras pelaba una a una las papas. Todo el ambiente era nuevo para él.
—Disculpa —se dirigió a la cocinera—. ¿Dónde las coloco?
—En aquel bol —señaló con la cabeza—. Apresúrate, porque el señor nos dijo que haría un banquete. Es por eso que hoy estamos ajetreados con tanto trabajo.
—¿Un banquete?
—Sí, algo así —sonrió la mujer—. Al parecer se va a casar y piensa anunciarlo. Ya era hora; el señor Levi siempre estuvo solo, nunca trajo a nadie, todos estamos contentos por su compromiso —la mujer suspiró—. Se lo merece, se merece ser feliz.
Eren se quedó en silencio escuchando cada cosa que le decían. Levi había estado solo todo ese tiempo. Se le apretaba el corazón cada vez que recordaba el tiempo que estuvieron separados, pero eso se acabó. Ellos estaban juntos de nuevo.
—Lo será —susurró—. Él será feliz.
—¡Señor Eren! — escuchó un grito desde la puerta. Oh, rayos, estaba atrapado—. Señor, le dijimos que si necesitaba algo, nos lo dijera.
—¿Señor? —la cocinera levantó una ceja curiosa.
—Ah, bueno —sonrió nervioso—. Soy Eren, me casaré con Levi —dijo lo último algo apenado, ya que todas las personas en la cocina lo observaban.
—¡Oh, vaya! No sabía que eras tú, discúlpame —la cocinera le dio unas palmaditas en su espalda—. Ahora conocemos a nuestro próximo jefe. ¡Vaya qué eres guapo!
—Gracias… —murmuró avergonzado apartándose de la mesa y se aproximó a las mucamas. Lo único que podía hacer era gritar al aire un: "¡Sigan con su trabajo y gracias por su esfuerzo!" Se apartó lo más que pudo y ya lejos de toda atención suspiró tranquilo—. ¿Qué es lo que pasa?
—Discúlpenos por el alboroto —dijeron las chicas al notar su error.
—No es nada —restó importancia agitando la mano—. Díganme por qué me buscaban.
—Hay alguien que lo llama por teléfono, señor.
—¿A mí?
—Sí —contestaron al unísono. Eren estaba sorprendido, nadie de sus contactos sabía que él estaba en otra casa, una llamada tan repentina le resultaba raro. Se dirigió al teléfono en la sala.
—¿Hola? —dijo no muy confiado.
—Eren —era Mikasa al otro lado de la línea.
—¿Mikasa? —juntó las cejas. ¿Cómo había conseguido el número?—. Creo haberte dicho que no me contactes. Por favor, así que no vuelvas a llamarme —exclamó molesto dispuesto a cortar.
—¡Espera!
—Por favor, Mikasa —habló irritado, no quería discutir.
—Solo quiero hablar contigo una última vez —suplicó—. Hoy me iré a Francia, así que quiero despedirme. ¿Puedes venir al parque donde solíamos jugar de niños?
El castaño suspiró profundamente. Aún quería a Mikasa, a pesar de todo la consideraba su hermana.
—Está bien.
—Te esperaré —dicho esto cortaron la llamada. Eren se apoyó sobre la pared y agachó la mirada. Mikasa se iría y ya no la vería jamás, solo esta última vez.
Suspiró por décima vez en los últimos cinco minutos y miró hacia el cielo. Estaba limpio y despejado, tan celeste. Una pequeña sonrisa se asomó a sus labios. Ahora que lo recordaba, cuando eran niños Mikasa y él se tiraban sobre el pasto y observaban las nubes hasta quedarse dormidos.
—¿Por qué? —tenía sentimientos encontrados. Su hermana, a quien tanto adoraba, le había hecho mucho daño. No podía perdonarla tan fácilmente, simplemente no podía hacerlo.
—Eren —escuchó la voz de Mikasa, se encontraba a su lado con esa bufanda roja—. Me alegra que vinieras —sonrió tristemente.
—¿Qué querías decirme, Mikasa? —puso un semblante serio mientras la pelinegra lo observaba cuidadosamente.
—¿Eres feliz, Eren? —preguntó de pronto.
La preguntaba le había caído de sorpresa. Pestañeó un par de veces y sin pensarlo mucho respondió.
—Lo soy, soy inmensamente feliz —Mikasa permaneció en silencio al escuchar la respuesta—. ¿Por qué preguntas?
Eren era feliz, ya lo había dicho. Entonces no había motivo para enseñarle esos papeles que Petra le había dado, esas pruebas que demostraban que Levi mentía. Tal vez solo por esta vez debería dejar todo como estaba.
—Solo quería saberlo, debo irme —se levantó de la banca.
—Espera —Eren la detuvo—. Antes de que te vayas, quiero que me digas por qué hiciste todo eso.
—…Lo hice por mi egoísmo.
—Mikasa.
—Esa es la verdad, lo hice por mí. Ya debo irme.
Se había acabado, solo quedarían los recuerdos de cuando eran niños, solo eso.
—Te acompañaré.
—No es necesario.
—Será la última vez que te vea —Eren se levantó y se colocó al lado de ella—. Debo insistir, eres mi hermana.
Mikasa solo sonrió.
—Está bien.
Sin decir nada más caminaron unos pasos hasta llegar a la avenida donde tomarían un taxi. El plan de Petra consistía en mostrarle esos papeles a Eren, que eran supuestamente las pruebas de que Petra estuvo embarazada e inculpaban a Levi, pero Mikasa desechó la idea al ver la expresión que Eren tenía. Para ella, que se había equivocado tanto, lo que realmente ahora quería era la felicidad de Eren. Repentinamente sintió su celular vibrar.
—Discúlpame —dijo apartándose un momento para contestar—. ¿Diga?
—Soy yo —era la voz chillona de Petra—. No lo hiciste —afirmó la ojimiel muy segura.
—Estuviste espiándome —frunció el ceño—. Sabes que no pienso hacer nada que lastime a Eren. Esto se acaba, ya no hay juegos.
Petra soltó una carcajada.
—Sí, como digas, querida —soltó un bufido—. Esto no se acaba hasta que yo lo diga. Despídete de Eren.
—¿Qué? —la llamada terminó y lo único que vio al levantar la cabeza, fueron las luces del auto que venía a toda velocidad hacia el castaño—. ¡Eren!
Continuará…
Huehuehue *3*
Cierta vez alguien me dejó en un review que todo era algodón y dulce en la historia, así que algo de drama para ustedes xD okno…
El próximo capítulo será el final, pero habrá extras. Todavía falta contar lo que sucederá con Chibi y Junior cuando sean grandes ewe Ellos también jugarán a buscar la corbata xDD Espérenlo. ¡Nos vemos! :33
