Crash
by
Aline S.V
Disclaimer: Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi, yo sólo los he tomado prestados para hacer esta locura.
Capítulo X: Descontrol
Trató de serenarse, pero simplemente no podía.
Su enojo sólo podría compararse con la preocupación que le causó el saber que Kagome había corrido riesgo de morir, aunque en ese momento no sabía exactamente si adorar a su hermana por impulsarlo a ir al río con Rin, teniendo en cuenta toda la información que; descuidadamente, habían dicho frente a él.
No sabía cuánto tiempo podría mantener la fachada, tan sólo sentir a Rin caminar al lado de él, le daban ganas de golpearla.
¡Y él era un caballero, jamás le tocaría un pelo a una mujer, pero en una situación así, simplemente quería que esa regla moral desapareciera!
―Joven Souta―pronunció la chica.
Él atendió su llamado girando levemente la cabeza, pero sin decir nada.
―El río se encuentra abajo de este pequeño risco―señaló hacía unos metros más allá de su posición.
Souta miró, entre el follaje pudo distinguir una salida y el final del camino, lo que indicaba el lugar donde el bosque se dividía.
―Bajaremos por la pendiente de allí―entonces la chica señaló unos metros a la derecha, donde se apreciaba el desnivel de la tierra―sígame.
Souta asintió, mordiéndose la lengua y apretando la ropa que la chica había conseguido en el pueblo para él.
Por dentro se repetía la frase que su madre siempre le decía: Respeta a las mujeres. No importa lo que te hagan, no caigas en el juego. Demuestra que eres un hombre hecho y derecho.
Bajaron la pendiente con cuidado, Souta buscó distraerse con el paisaje. Como él había observado anteriormente, el bosque se dividía abruptamente por paso del agua, el estero del río se encontraba definido por un campo gris, piedra resbaladiza y algunos helechos por allí y por acullá. Él no sabría definir cual de todos los ríos existentes de la región era este, puesto que en su época este ya no corría a menos que corriera por debajo de la superficie de la ciudad.
Al llegar a la orilla del río, Rin se volteó a verlo con serenidad, pero alejándose unos pasos de él.
―Estaré a la vuelta de esa roca―comentó con cierto cuidado, como si se hubiera percatado del cambio de actitud de él―puede… puede, si quiere, darme su ropa y yo la lavaré.
Souta reaccionó y con un leve sonrojo negó con la cabeza.
―Yo me encargo de eso, gracias―dijo en un tono presuroso.
―Como usted quiera―asintió suavemente y, con una mirada dubitativa, volvió a dar un paso atrás antes de girarse y alejarse hasta el lugar que ella había indicado antes.
Suspiró.
No sabía cómo comportarse realmente, esto era extraño.
Se mantuvo quieto por unos minutos, observando el lugar en el que ella había desaparecido antes de decidirse por quitarse la ropa sucia de encima.
El agua estaba helada, más helada de lo que quería que estuviera, pero no podía esperar que fuera cálida o aceptable dado que estaban en pleno invierno. Pero hubiera deseado encontrarse con un Onsen en vez de meterse a un río que parecía tener indicios de congelación.
Se estremeció unos minutos antes de terminar de meterse entero en el agua. En su cabeza se recordaba insistentemente el no quedarse mucho tiempo dentro de ese lugar o pescaría un resfriado, incluso una pulmonía.
Luego de un rato, al notar los dedos arrugados y el insistente temblor de su cuerpo, abandonó el agua sintiéndose un poco más fresco. El viento helado le erizó la piel y buscó calor con rapidez, tomando alguna de las toallas que usaban para secarse en esa época. Agradeció el hecho de que el traje que Rin le había traído fuera de tela gruesa, pues al ponérselo se sintió más confortable, aunque sus pies sufrían aún por la falta de abrigo.
Rápidamente y para acabar la tortura helada, tomó toda su ropa y torpemente comenzó a lavarla, frotándola en el agua y estrujándola cada tanto. No estaba acostumbrado a esto y no creía que mojar los calzoncillos hiciera mucha diferencia sino se utilizaba detergente, pero no tenía muchas opciones. Luego de destilar todo lo que pudo su camiseta y su pantalón. Souta hizo una pelota con toda su ropa y, aunque no le gustara, la llevó a cuestas, volviéndose a mojar.
―Rin―llamó con la voz monótona. Sintió calor cuando se acercó a la roca en donde se suponía estaba ella.
El olor de madera chamuscada le indicó que había una fogata prendida y avanzó con mayor rapidez hasta dar la vuelta y encontrarse con ella.
Rin envolvía sus piernas con una mano, provocando que chocaran contra su pecho, y con la otra tiraba en ese justo momento otra ramita al fuego.
―He terminado―musitó sin entrar en más detalles antes de acercarse y dejar caer su desordenada ropa.
―Debe tener frío―comentó ella―siéntese, hay que secar la ropa y usted debe recuperar la temperatura.
Él hizo una mueca, pero hizo lo que pidió, se sentó en el suelo de piedra y dejó que el calor lo hiciera sentirse mejor.
Rin cogió su ropa con cuidado y la estiró por sobre la fogata en un improvisado tendedero.
―Cuando era niña, Lord Sesshoumaru decía que debía hacerme cargo de mí misma.
Souta levantó la mirada, sus manos se cerraron en puños y se volvió a morder la lengua.
―Así que, cuando debía lavar mi ropa, debía buscar las cosas por mi misma―decía―a Lord Sesshoumaru no le gustaba que fuera mimada―continuó mientras él intentaba evitar escuchar su charla―yo pienso que era porque él es un demonio poderoso y no quería que fuera una compañera debilucha.
― ¿Enserio? ―musitó, monocorde.
―Sí, creo que eso es―su voz fue decayendo hasta perderse en un murmullo inentendible.
― ¿Y fue eso lo que te dijo para que cometieras la estupidez de meterte en una pelea que no te incumbía?
Silencio.
Souta quiso golpearse mentalmente, su boca cobró vida y no aceptó los designios de su cerebro.
―Eso no es cierto―afirmó ella con un hilo de voz.
― ¿Enserio? ―repitió― ¿te parece sano el arriesgar tu vida por una estupidez?
― ¡No es una tontería! ―exclamó.
―Lo es, si no hubiera sido por mi hermana, estarías muerta―contestó con suma frialdad―porque tú si hubieras muerto, quizás por el tétanos u otra enfermedad. La única razón por la que mi hermana no llegó al límite, es porque su sistema inmunológico está más armado que el de cualquier humano en ésta época―argumentó―a la hora que ella no tuviera ninguna de esas defensas, estaría muerta.
―Yo le dije que la señorita Kagome me salvó, usted lo sabe―dijo en un tartamudeo.
―Yo asumí que sabías pelear, que estabas defendiendo algo―musitó―nunca pensé que te habías lanzado a una pelea para la que no estabas preparada.
―Lo lamento―respondió ella.
Rin se mordió el labio inferior y retiró la mirada de la de él, quien la mantenía fija y de forma acusadora.
―Debiste haber pensado en las consecuencias antes de meterte―musitó con cizaña.
―Lo lamento―repitió ella, agarrando el faldón de su yukata.
Sus mejillas se habían encendido en un poderoso rubor, no causado por el nerviosismo como cuando era niño o la excitación del momento ante alguna emoción. Ésta vez se trataba absolutamente de un cúmulo de enojo que se expresaba a través de sus mejillas, junto a sus ojos y sus ácidas palabras.
―Lo siento tanto―Rin pronunció con la voz quebrada.
―Mi hermana―masculló, sin saber cómo hilar las palabras que se arremolinaban en su cabeza.
―Lo sé y lo siento―cabeceó― ¡lo siento mucho! ―los hombros de Rin comenzaron a temblar de pronto, él no lograba ver sus ojos desde su posición, porque el flequillo de ella los tapaba por completo. Pero si podía ver el cómo mordía su labio y su mentón temblaba.
Eran claros signos de algo que él siempre había odiado.
Se sintió un monstruo cuando vio las primeras lágrimas caer y perderse sobre las manos y ropa de ella.
La bestia resentida se fue disipando poco a poco, al ver lo que había causado. Souta dejó caer los hombros, destensándose y finalmente se arrastró hacia el lado de Rin.
―Lo siento―repitió suavemente mientras ponía una mano sobre su hombro tembloroso―ella es mi hermana, sólo estaba asustado―continuó―Rin.
Entonces ella dejó de forzar su boca cerrada y dejó escapar su llanto a través de su garganta. Souta apretó suavemente el hombro de ella, mientras ésta seguía dejando escapar su pena, antes de que, finalmente buscara asilo en el pecho de él.
―Lo siento mucho, no quería que te sintieras así―le comentó luego de sentir el golpe sobre su pecho cuando ésta se lanzó a sus brazos. Rin volvió a negar, restregando su rostro en la gruesa tela.
Algo incómodo por la situación que había provocado, finalmente posó sus manos sobre la espalda de ella, masajeándola mientras ella hipaba sobre su pecho. Se preguntó qué hubiera pasado si su hermana hubiera muerto en el ataque, se preguntó cómo lo hubiera tomado Rin si ya no soportaba el peso de la culpa con una sola herida.
Entonces se dio cuenta que no sólo había sido error de ella, su acción había tenido un causante e iba a averiguar qué había sido aquello que el hermano de su cuñado le había dicho para hacer reaccionar de la forma brusca en que lo hacía.
