Las ruinas de la iglesia se encontraban atestadas de curiosos. Entre la multitud, Reagan pasaba desapercibía a pesar de los moretones en su rostro.

¿Cuánto tiempo más vas a tardar, Shane?

Como respuesta a su pensamiento, Reagan vio a Shane acercarse con un caballo hacia ella.

-Sólo encontré uno, pero es suficiente. –dijo Shane tendiéndole una mano para que subiera. -¡Vamos! Si nos apresuramos podremos seguirlos hasta donde sea que estén llevando a Amy.

Sabiendo que no podía perder más tiempo, Reagan tomó la mano de Shane y subió al caballo de un salto.

De ninguna manera iba a dejar que lastimaran a Amy.

Luego de mucho tiempo cabalgando llegaron a la mitad de la nada. Nada más que una pequeña cabaña donde llevaron a Amy y Liam dentro.

Había unos cuantos hombres que rodeaban el lugar. Sabía que tendrían que pensar en algo. Y pronto.

Shane y ella discutieron de las posibilidades que tenían. No sabían cuánto tiempo había pasado hasta que vieron un caballo acercarse a la cabaña. Incluso a esa distancia Reagan supo quién era.

El carnicero. Y ese cabello rojo era igual de reconocible.

Tenía a Karma.

Bueno, Reagan, este es uno de esos momentos en que debes ser la heroína de la historia.

Suspirando, se acercó a Shane para decirle que iban a hacer.

Tenía un plan.

Una Reunión Familiar

-¿Qué estás haciendo? ¡¿Y por qué está Karma aquí?!

James se tapó los oídos fingiendo molestia. Sonrió a su hermana y caminó detrás de ella haciendo resonar sus pisadas en el suelo hecho de madera. – ¿No estás feliz de verme?

Los ojos de Amy se encontraban pegados a Karma, su mente trabajaba lo más rápido que podía tratando e buscar una salida, pero no encontraba forma alguna. Lo único que podía hacer era ganar tiempo.

-Sé por qué haces esto, James. –dijo Amy. –Pero por qué tienes aquí a Karma y a Liam… ellos no te han hecho nada.

-Liam fue un pedido especial de un amigo mío, no te preocupes ya se lo llevarán... –Amy pudo oír la sonrisa en los labios de James-, pero a tu amiguita sí la pedí yo.

James caminó delante de Amy con un hacha en la mano. Fue directo hacia Karma.

-¡Espera! ¡No le hagas nada por favor!

Con los dedos de su mano, James comenzó a rozar los labios de Karma, pizcándolos con cierta fuerza.

-¿Te gusta esta niña, Amy? –la voz de su hermano ya no delataba nada más que odio. –Seguro te encanta ponerle tus manos encima. Es muy linda, te concedo eso.

Amy sabía que no debía hacer enojar a su hermano, era muy consciente del peligro que eso podría suponer, pero cuando vio sus manos deslizándose hasta los pechos de Karma no pudo evitar contenerse.

-¡Basta! –le gritó la chica con brusquedad. De repente se sentía muy fuerte. -¡Si la sigues tocando te juro que lo vas lamentaras!

-¿Y qué harás? –dijo el muchacho sin dejar de tocar a Karma. -¿Usaras tus superpoderes para salir de aquí y salvar a tu chica? ¡¿En serio no entiendes qué está pasando acá, Amy?!

Su voz sonaba rasposa y retronaba en el pequeño espacio en que se encontraban. Muy rápido, James se dirigió hasta Amy, se agachó un poco para quedar mirándola directamente a los ojos.

-Aquí es donde vas a pagar lo que me hiciste, Amy. Después de todo este tiempo…

Ella sabía que era esa la razón. Siempre era eso cuando se trataba de su hermano. No pudo evitar soltar unas lágrimas mientras trataba de hacerlo entrar en razón.

-Sé que cometí un error, James… pero nunca fue mi intención que todo terminara tan mal…

-Bueno, hermanita, todo terminó mal, gente murió y yo… bueno, ya sabes que ha sido de mí, y todo por tu maldita culpa. Ya llegó el momento de pagar.

Ya apenas podía contener los sollozos. –No lastimes a Karma… por favor…

Justo entonces, una puerta que Amy no había visto por la oscuridad se abrió y dos hombres entraron sosteniendo rifles. Por un momento Amy pensó que venían a ayudarla, pero James les indico con un gesto de su mano que se llevaran a Liam.

Cuando salieron, James había perdido claramente la paciencia. Se dirigió hacia Karma y comenzó a romper su vestido con las manos.

-¡No le hagas nada, por favor!

-¿Sabes qué es curioso, Amy? –dijo James con los dientes apretados. –Que no te importara tanto tu propia familia para que terminaras matándonos casi a todos, y que por esta estúpida niña te pongas así.

-Sé que estás enojado, pero no le hagas nada por favor… -su voz comenzó a fallar. Sintió como la vista se le nublaba y la imagen de su hermano corriendo hacia ella lleno sus ojos.

-¡No te desmayes, maldita! –le gritó James dándole una bofetada en la cara. -¡Quiero que veas lo que le haré a tu preciosa niña!

El golpe pareció despertar a Amy, y su hermano, con una nueva sonrisa volvió hacia Karma que todavía yacía inconsciente.

-Será mejor que empecemos rápido.

James se posó sobre Karma quitándole los restos de ropa rota de encima. Amy peleaba con todas sus fuerzas para liberarse, pero las cuerdas estaban muy apretadas. Y ya no tenía muchas fuerzas después de lo que había sucedido en la iglesia.

Los latidos de su corazón sonaban tan fuertes como sus sollozos que ya no trataba de esconder.

Alguien tocó a la puerta.

-¡Estoy un poco ocupado ahora! –gruñó James molesto. -¡Sea lo que sea tendrá que esperar!

Volvieron a tocar.

Ya realmente molesto, James se bajó de encima de Karma y tomo el hacha que había dejado a un lado. Se dirigió a la puerta y la abrió con un golpe.

En ese momento, Amy vio como alguien golpeaba a su hermano tan fuerte en la cabeza que lo mando al suelo con un golpe brusco.

-¿Amy?

Esa voz era irreconocible.

-¡Reagan!

Entonces Reagan y Shane entraron a la habitación con sus armas en alto. Se veían muy malheridos pero ambos sonreían como locos.

-Estoy ofendida, Amy. –dijo Reagan con una sonrisa. – ¿Tienes una reunión familiar y ni siquiera recibí una invitación? –posó una mano sobre su pecho fingiendo dolor. –Creí que lo nuestro era especial…

-¡Cállate, idiota y sácame de aquí! –gritó Amy pero una sonrisa se había posado en sus labios brevemente. No podía creer lo cerca que habían estado.

Shane cortó las cuerdas que la amarraban y con un golpe seco, la rubia cayó al suelo. Se levantó con cuidado y fue hacia Karma. La besó en la frente con cuidado y la abrazó fuerte, sintiéndose sumamente culpable de lo que casi le sucede a su pequeña.

Deja de llorar como una tonta, Amy. ¡Tienes que sacar a Karma de aquí!

-Tengo que reconocer -murmuró Reagan-, que la pelirroja no está nada mal…

Coincidentemente sus ojos se mantenían posados sobre su cuerpo. Amy le dio una mirada fea y cubrió a Karma con su chaqueta. Sus largas piernas quedaban al descubierto pero eso tendría que bastar por ahora.

La puerta se abrió nuevamente, pero esta vez fue Liam el que entró cojeando.

-Ya me encargué del… -se detuvo en seguida. Sus ojos fueron a Karma, su Karma semidesnuda en brazos de Amy.

Se dirigió a ella y trató de quitársela de encima, pero su pierna lastimada le evitaba soportar el peso de Karma.

-¡Estás herido! –le gritó Amy. –Yo la llevo, no te preocupes.

-Si crees que voy a dejar que…

-¡Ya basta! –lo cortó Reagan. –Liam, estas herido, no discutas. Y Amy, quita esa sonrisa de tu cara.

-¿Qué sonrisa?...

En lo más profundo de su mente no podía evitar sentirse feliz de ser ella quien cargara a Karma, a pesar de que otra parte de su mente le decía que era estúpido estar feliz por algo como eso.

-Bien, ya estamos. –dijo Shane que había estado amarrando a James con las mismas cuerdas que sostenían a Amy. –A James lo dejamos aquí, ¿verdad?

Amy lo miró, sintió como su repentina felicidad se desvanecía. – ¿Qué insinúas? ¿Qué lo matemos? ¡Es mi hermano!

Nadie discutió con ella.

-Como sea –dijo Liam-, me encargue de los hombres que vigilaban afuera. Ya no hay nadie más, pero será mejor que nos vayamos de aquí.

Salieron afuera de una cabaña en medio de la nada. Amy divisó unos cuerpos en el suelo. Debían ser lo que había mencionado Liam.

La carreta estaba con dos caballos. Shane tomo el mando junto con Reagan y Amy, Liam y Karma se quedaron en el interior del carro.

En el momento en que comenzaron a alejarse, Amy dejó escapar un largo suspiro. Realmente habían estado muy cerca.

Liam empujó a Amy y se quitó su camisa para cubrir las piernas de Karma. La rubia le dio una mirada de muerte, pero Liam se rehusó a moverse.

Quería pelear, pero estaba cansada y Karma ya estaba a salvo. Se fue hacia la parte delantera al lado de Reagan.

-Y por cierto, ¿cómo nos encontraron?

-Bueno, después que alguien –le dio una mirada significativa a Amy- hizo explotar la iglesia, me desperté entre unos ladrillos junto a Shane. Vimos cómo te llevaban a ti y a Liam y los seguimos sin que se dieran cuenta. Nos encargamos de los hombres que vigilaban, y cuando sacaron a Liam de una habitación supusimos que los tenían allí. Nos encargamos de esos hombres y despertamos a Liam que se encargó del resto de los tipos malos, y eso es todo.

Amy solo abrazo a Reagan. A pesar de que siempre peleaban sabía que siempre podía confiar en ella. Se lo había demostrado cientos de veces ya, pero aun así la seguía sorprendiendo.

-Oye, si me abrazas de esa forma voy a pensar que quieras algo más –la molestó Reagan.

-Creo que acabas de leerme la mente, encanto. –respondió Amy con una sonrisa juguetona.

-Oiga ustedes, por favor corten su lesbianismo. –dijo Shane. –No puedo conducir tranquilo si dos hermosas lesbianas comienzan con esos juegos. Ah, y por cierto yo estoy muy bien, aunque nadie se ha molestado en preguntar.

Amy se escurrió entre Reagan para darle a Shane un beso en la mejilla. –Es que tú eres todo un hombre, Shane. El mejor de todos.

-Ahora estas adulándome –dijo Shane pero Amy notó sus mejillas enrojecerse un poco.

Los tres amigos se rieron mientras los caballos galopaban lejos del peligro.

-¡Chicos!

La voz de Liam alertó los demás y casi los hace desviarse del camino.

-¿Qué sucede, Liam? ¡Casi me haces estrellarme! –protestó Shane.

Liam dejo ver su rostro marcado de temor hacia los demás.

-Algo está mal con Karma. Creo… creo que le hicieron algo.

De mal en peor

Estaba despierta.

Cuando esa maldita Elizabeth la atrapó y la llevó con El Carnicero. Le habían dado algo par a que "se quedara tranquila", y ya más no pudo moverse.

Estaba completamente inmovilizada. Ni siquiera podía abrir sus ojos, pero estaba más que despierta, sin poder hacer nada que más que sentirse impotente ante su secuestro.

Las imágenes de la explosión, y de Mike poniéndose frente a ella para salvarla del peligro se rebobinaban en su mente una y otra vez.

Al final la habían atrapado igual.

Luego de un rato que se le hizo eterno llegaron a alguna parte. Y así estuvo esperando por lo que sea. No le habían dicho nada.

Éste sí que será mi fin.

Entonces escuchó a Amy gritando su nombre. Estaba muy cerca, podía oírla claramente.

Y de ahí, todo ya era un poco más confuso. Oía las voces de Amy y otra persona pero sonaban mal sintonizadas en sus oídos. Una especie de dolor comenzaba a sentirse en su pecho.

Algo así debe ser morir… voy a morir… lo siento tanto, Liam, Mike… y Amy…

Y entonces Karma perdió la noción de todos sus sentidos.

La Carrera

-¡Tenemos que ayudarla!

Los gritos de Amy estremecían a todos. Reagan y Shane no entendían muy bien qué sucedía. Creían que Karma estaba dormida.

Por lo visto estaban equivocados.

Sudor helado impregnaba la frente de Karma. Su respiración era entrecortada y rápida. Parecía que le daría un ataque.

Y por más que lo intentaban no podían despertarla. Parecía atrapada en una pesadilla.

Amy le daba golpes suaves en su rostro para despertarla, hasta que Liam la detuvo.

-¡Quítame las manos de encima! –gritó Amy tratando de liberarse.

-¡Hagas lo que hagas no puedes ayudarla! –le gritó Liam. –Sé lo que pasa…

Todos lo miraron esperando.

Liam suspiró pesadamente antes de continuar. –Es una droga. El Carnicero suele usarla con sus víctimas…

-¿De qué estás hablando? –lo interrumpió Reagan. –El Carnicero no tiene de esas cosas. No es más que un sádico idiota.

-Se me ocurren algunas ideas de quien le proporciono eso. Puedo saber que lo son por las pupilas de sus ojos y las manchas en su piel.

Amy levantó cuidadosamente los parpados de Karma para notar que efectivamente unas manchitas se podían notar, al igual que en su abdomen y piernas. Por sus nervios no lo había notado antes.

-¿Y cómo la sanamos? –preguntó Amy más impotente de lo que nunca se había sentido.

-Existe una cura. –dijo Liam. Su voz sonó sin emoción, casi perdida.

-¿Y por qué perdemos el tiempo? –dijo Shane pero Liam solo bajo la cabeza y estuvo en silencio.

-¡Dinos dónde está la cura o te mato!

Amy ni siquiera tenía un arma pero bastó el sonido de su voz para sentirse amenazado. Agarró al muchacho de las manchas del cuello de su camisa.

-¡¿Es que no quieres salvarla?!

-¡Es que ya está muerta! –gritó Liam. –Esta droga termina acabando con quien sea en cuestión de horas. Los efectos ya se están notando por lo que debe haber pasado cierto tiempo desde que las ingirió. Ya… ya no podemos salvarla no hay tiempo suficiente…

-¡Responde mi maldita pregunta! ¿Dónde está la cura?

-En mi pueblo. Los doctores tienen algo que podría ayudarla, pero… llegaríamos al amanecer y para entonces… ya sería tarde… nadie puede soportar tanto tiempo de esta forma. Ahora mismo está sufriendo mucho…

Apenas lo dijo el movimiento de la carretilla aumento a toda su velocidad en dirección al pueblo de Karma.

-¡Es prácticamente imposible que logremos llegar! –les gritó Liam con la voz rota. -¡Nadie puede soportar tanto tiempo!

-¡Ella sí puede! –la voz de Amy no dejaba lugar a dudas. -¡Karma va a lograrlo!

Se encontraron en una carrera por la vida de Karma. Liam, ya un poco más compuesto iba adelante tratando de guiar a los chicos por aquellos caminos más cortos.

Amy estaba con Karma en la parte de atrás. Notaba como si pequeña sufría, pero dentro de sí sabía que Karma era fuerte. Ella podía soportar el tiempo suficiente para salvarse. Lo iba a lograr.

-Pequeña… -susurró Amy en su oído. –No sé si puedes escucharme, pero quiero que sepas que este no es el fin…que me maldigan si dejo que mueras aquí, Karma, yo… voy a conseguir lo que necesitas y te salvaré. Lo prometo, te salvaré, tú… sólo resiste el tiempo suficiente, por favor. –le dio un tierno beso en sus labios. –Sólo resiste…

El viaje continuo sin descanso. El rostro de Karma empeoraba a cada momento y las manchas en su piel llegaban a notarse en su cuello y brazos.

Se veía espuma en la boca de los caballos pero ni así pararon. No podían.

Amy no soltó la mano de Karma en todo el viaje. Acariciaba su frente y decía palabras de aliento en su oído.

-¡Amy!

El gritó de Reagan trajo a la chica a la realidad. Habían llegado. Todavía no amanecía pero se notaba el cielo un poco más claro. Pero habían llegado, y Karma todavía estaba aguantando. Sabía que su pequeña lo lograría.

-¡¿Y qué esperamos?! –les decía Amy. -¡Vamos por lo que necesita!

-No será tan fácil, Amy. –le dijo Liam. –Desde lo de la iglesia estarán buscándome a mí... y bueno, a ti siempre te han buscado. Será muy difícil.

-No importa. –dijo Amy poniéndose de pie. –Reagan, ven conmigo. Shane conduce lo más cerca del pueblo que puedas y espéranos. Liam tú quédate con Karma.

Y sin más todos la obedecieron.

-Ah, cierto… -dijo Reagan revisando su cinturón. –Toma.

Era su arma. La vieja Colt de su padre. Amy la miró sonriendo.

-No iba dejar tu preciosa arma ahí tirada, ¿o sí?

Amy pudo haberla besado, pero claro, su imagen alertó a los demás.

Ni siquiera habían puesto un pie cerca del doctor y la gente corría gritando que la demonio de cabello amarillo venía por ellos.

-Supongo que éste es el adiós al elemento sorpresa. –dijo Reagan. -¿Plan b?

Amy ya había echado a correr sin escucharla hasta el final.

-Por supuesto… -murmuró Reagan siguiéndola.

Ambas chicas tuvieron suerte de no encontrar a nadie hasta la consulta del doctor. El pobre anciano las miró asustado y les dio lo que necesitaban pero entonces ya las tenían rodeadas.

-¡Tenemos compañía, Amy!

Reagan se encontraba al lado de la ventana observando afuera. No eran muchos hombres, pero tenían caballos y ellas poca munición.

La rubia guardó lo que necesitaban en su bolsillo mientras sus ojos buscaban una salida.

-¡Arriba! –gritó, rompiendo una ventana y subiendo al tejado. Apenas llegaron arriba los disparos no se hicieron esperar. Las estaban masacrando.

-¡¿Otra brillante idea?! –le gritó Reagan. Amy sólo la miró feo.

Estuvieron defendiéndose hasta que las balas se les terminaron. Ya no podían defenderse y no tenían mucha escapatoria.

Los hombres gritaban de emoción al notar que las chicas estaban a su merced. Estaban entrando, cuando Shane apareció en la carrtea junto a Liam ambos disparando como nunca. Se detuvieron justo debajo de las chicas.

-¡¿Esperan una invitación?! –gritó Shane por sobre los disparos.

Amy tomó la mano de Reagan y ambas saltaron. Cayeron en la parte trasera y de paso rompieron en parte el techo, pero ya estaban en movimiento. Shane y Liam habían detenido a los hombres y nadie los siguió.

Apenas Amy logró ponerse de pie, fue al lado de Karma y le dio la medicina que necesitaba.

Trataba de hablarle para que reaccionara pero se veía como antes.

-¿Por qué no funciona? –preguntó a Liam, sintiéndose asustada. Quizá ya era tarde..

-Hay que esperar a que la medicina haga efecto. Solo podemos esperar.

Amy suspiró, cerró la mano de Karma junto a la suya y esperó.

Le dolía todo el cuerpo. Incluso respirar le era difícil, pero, en el momento en que abrió los ojos, el rostro amable de Amy la recibió. Estaba durmiendo en su pecho.

Karma miró a su alrededor. Estaban en una especie de cabaña. Por lo deteriorada que se veía se notaba que nadie estaba allí desde hace tiempo.

¿Qué había pasado?

No recordaba mucho. Imágenes borrosas vinieron a ella, pero las alejó como pudo. Incluso pensar le dolía.

Tocó la cara de Amy para despertarla. Se asustó cuando la rubia abrió los ojos de golpe. Pero se asustó más cuando vio lágrimas. Amy estaba llorando.

-¿Amy...? –No pudo terminar su pregunta. En el momento en que abrió la boca Amy la beso sin darle tiempo a nada más que a sentir su dulce boca.

Cuando se separaron, Karma la miró confundida. Todavía lloraba peor también reía. ¿Qué diablos le pasaba?

-Karma… -dijo Amy tratando de encontrar las palabras. Cuando falló, sólo sonrió y la beso de nuevo.

Karma no entendía mucho que pasaba, pero si algo sabía, era que ésta era una buena forma de despertarse.

Realmente una muy buena forma.