Gracias por acompañarme en la adaptación de esta hermosa historia, y si este es el capítulo final, de una historia cortita y hermosa... hubiera sido lindo que la historia original osea HP hubiera terminado así, pero para eso están los fics.

Gracias por sus comentarios.

¿Molesto? preguntó . ¿Estás ocupada?

Hermione meneó la cabeza y le indicó que pasara.

¿No tienes ensayos esta noche?

No. El director y la estrella están con gripe. Al menos eso es lo que han dicho. Personalmente creo que son amantes. Eso, o se han tomado un día para ir a casarse.

Suena complicado.

Cormac se dejó caer en el sillón y sonrió cuando Garfield y Zambo fueron a darle la bienvenida.

Es el teatro. Siempre es complicado dijo.

¿Qué te sirvo? preguntó con una sonrisa, yendo hacia la cocina.

¿Tienes algún batido de vainilla?

Desde luego a ella no le gustaban pero siempre guardaba algunos en la nevera por si Cormac la visitaba . ¿Qué pasa?

Tenía que contárselo a alguien repuso . Ya no podía guardármelo más.

Sonaba tan entusiasmado que Hermione regresó lo más pronto que pudo al salón. Al darle la bebida, notó que pasaba algo importante.

Es Andy.

¿Sí?

Respiró hondo y soltó el aire con fuerza.

Sé que parece una locura y también que ha sucedido muy deprisa, pero, Hermione, es el elegido.

Ella sonrió. En todos los años desde que lo conocía, jamás lo había visto de esa manera.

Nadie había sido «el elegido», ni siquiera Jude.

No lo esperaba continuó él, poniéndose de pie, lleno de energía contenida . Ya en la universidad me habla gustado, aunque eso no bastó para pararlo todo.

Entonces, ¿qué ha cambiado? preguntó ella.

Todo. Él, yo. Lo único que sé con seguridad es que esto es de verdad. Nunca he sentido algo parecido. Estoy como sosegado, ¿sabes?. Como si hubiera vuelto a casa.

A mí no me pareces sosegado.

Porque lo he comprendido hoy. Hace unas dos horas, para ser preciso. Me lo he pasado en grande y he querido estar con él en todo momento. Hablamos y hablamos, y es un chico normal, salvo que no es nada corriente. Le encantan sus ordenadores, pero no hasta el extremo del fanatismo. Es pasión apoyó las manos en el respaldo del sofá . Pero lo milagroso es lo que siento yo cuando me encuentro con él.

Cuéntame.

Titubeó unos segundos, como si buscara las palabras adecuadas.

Llega hasta mi. No solo a las partes agradables y encantadoras, sino también a las feas y desagradables. Y le gustan todas. En serio. No le importa que me obsesione la interpretación, o que sea un idiota cuando se trata de mi chequera se apartó del sofá y lo rodeó otra vez, sentándose . Me siento completo afirmó Venga, dime que es un tópico... pero, maldita sea, Hermione, es la verdad.

Ella lo entendía. Más de lo que podía revelar, de lo que se atrevía a reconocer ante sí misma.

Me alegro mucho por ti sintió que las lágrimas le humedecían los ojos . Te lo mereces.

¿Sabes qué? le tomó las manos y las apretó . Estoy de acuerdo. Aunque a veces debo pellizcarme para comprobar si es de verdad.

Oh, Cormac. Me complace tanto que me lo hayas contado. Es increíble.

Sí. Cielos, jamás pensé que encontraría lo que tienen Nev y Luna. Pero me equivoqué.

Siento escalofríos se hallaba encantada por el rubio, que había pasado por demasiadas relaciones fallidas. De todos sus amigos, era el más dulce y confiado. Lo cual, desde luego, lo convertía en un blanco fácil.

Nos vamos a ir a vivir juntos continuó él . Este fin de semana. Él va a dejar su apartamento. Durante un tiempo lo intentaremos en el mío, y luego veremos si podemos encontrar algo más grande.

Es maravilloso. Tendremos que ofrecer una gran cena para celebrarlo.

Cormac asintió. Su animación menguó y la sonrisa se desvaneció.

Y bien, ¿qué sucede entre el cabezota y tú?

Hermione se esforzó por no cambiar la expresión.

Nada. Se ha ido una semana a California.

¿Aún seguís con el experimento?

Al menos seguíamos asintió . No sé si va a continuar.

¿Por qué no?

Puede que no sea el teatro, pero es complicado.

El rubio suspiró y le apretó la mano.

¿Sabe que estás enamorada de él?

¿A qué te refieres? intentó soltarse, pero él no la dejó.

Es obvio, cariño. Todos lo sabíamos, pero queríamos que fueras tú quien nos lo dijera primero. Te vi en la boda, y en el almuerzo de los domingos. Lo tienes mal. Espero que Harry sea capaz de levantar la cabeza el tiempo suficiente para ver lo afortunado que es. Los dos os necesitáis.

Te equivocas afirmó, consiguiendo soltarse . Solo somos amigos, ¿lo recuerdas? Amigos con sexo.

Puede que yo sea actor, pero no estúpido. Ni tampoco ciego. Es posible que todo comenzara como amigos, pero se ha convertido en algo diferente. Así que no lo estropees. El amor es lo más importante. Créeme.

Hermione sonrió, pero no de alegría.

Hacen falta dos para tener una relación de amor, Cormac. Dos personas que quieran lo mismo.

Y él lo quiere, y tú lo sabes. Aunque debes recordar que es un chico, y a veces no son demasiado brillantes. Dale algo más de tiempo. Terminará por verlo.

Te quiero, Cormac, pero te equivocas. Después de lo de Ginny, jamás establecerá un compromiso permanente con una mujer. Es lo último que busca en nuestra relación.

¿Estás segura?

Lo estoy. Es de lo único de lo que estoy segura en el mundo.

Entonces lo siento Cormac suspiró . Por los dos.

Sí. Yo también.

Harry encendió el ordenador y comprobó la agenda del día. Sí, era el cumpleaños de Hermione. No era que tuviera que mirar en la agenda para recordarlo. Ella no le permitía olvidarlo.

Todas las navidades le regalaba dos calendarios, uno para, el ordenador y otro de mesa, y en su fecha siempre ponía ¡Celebración del Nacimiento de Hermione!

Así era ella, sutil como un tren de mercancías. Sonrió y pensó en el regalo que le había comprado en California. No era fácil de complacer y esperaba que le gustara.

Se levantó, se acercó a la maleta, aún sin deshacer desde que había vuelto unas horas antes, y sacó la caja pequeña. Tras una extensa conversación con una amable mujer en la joyería, al final se había decidido por un alfiler con forma de gato. Le recordaba a Garfield y Zambo, pero ese tenía ojos de diamante. Sabía que le encantaría y que lo usaría.

-Llevó el regalo a su mesa e introdujo el disquete en el ordenador. Había escrito su artículo y algo más. No por una gran ambición literaria, sino porque había necesitado una distracción.

Por supuesto, no había funcionado. No dejó de pensar en ella. Lo peor era por la noche, en la cama fría y estéril de la habitación del hotel.

No solo había echado de menos hacer el amor con Hermione, sino charlar y saber cómo era su día.

La semana había sido difícil. Pero, tras haber tomado una decisión, se dirigió al teléfono. La castaña siempre elegía el restaurante para su cumpleaños.

No era capaz de sentarse quieta. Harry iba a llegar en cualquier momento y estaba. muy nerviosa. La habría encantado tomar una copa, pero eso había quedado descartado. Esa era la noche. Iba a contarle lo del bebé. De algún modo, parecía apropiado que fuera su cumpleaños. Una atmósfera propicia para revelarle una noticia que iba a sacudir su mundo.

Fue a la cocina a darle de comer a los gatos, pero vio sus cuencos llenos.

¿Dónde estaba Harry?

Según el reloj con la figura de Félix el Gato, tenía que llegar en los próximos cinco minutos. Volvió al salón. Dios, estaba limpio. Durante la última semana le había dado un arrebato de orden, y no solo el apartamento brillaba, sino que había comprado flores, velas, cojines a juego para el sofá y había forrado los cajones. En otras palabras, había estado preparando el nido. Resultaba tan predecible que le daba náuseas.

Fue al cuarto de baño, encendió la luz y recogió el cepillo para el pelo. No necesitaba peinarse, pero al menos mantendría ocupadas sus manos. Sin embargo, se rió de su propio reflejo, del cuidado que se había tomado con el maquillaje. Del largo vestido de color borgoña que había comprado aquella tarde y de los pendientes que había encontrado en la tienda de la Séptima Avenida.

Para una mujer que estaba a punto de decirle al padre del hijo que aún no había nacido que se sentía plenamente satisfecha con criar al bebé sola, se había arreglado demasiado. Igual cuidado se había tomado con la ropa interior, lo cual carecía de sentido si no entraba en sus planes volver a dormir con él. Jamás.

Suspiró, dejó el cepillo y regresó al salón. En ese momento llamó él.

Se le desbocó el corazón, sintió la garganta seca, las manos frías y no pudo moverse.

Harry volvió a llamar. La ojimiel se obligó, a moverse y a esbozar una sonrisa agradable y sosegada. Luego abrió la puerta.

Maldición. Harry lucía exactamente la misma sonrisa. Iba a contarle algo terrible. Lo sabía. Como que había conocido a alguien en California y que le gustaría que ella asistiera a su boda. Tenía que ser eso. ¿No lo era siempre?

¿Puedo pasar? preguntó.

Ella se hizo a un lado y asintió. Él se detuvo un instante para darle un beso leve en la mejilla.

Hermione pensó que había sido una idiota. ¿Cómo podría haber creído, incluso durante un instante, que podía dejarlo sin desmoronarse, que sería estoica, valiente y madura, cuando lo único que sentía por él era una necesidad tan fuerte que era capaz de hacer que Manhattan se deslizara al mar. Y encima él la saludaba con un beso amistoso.

¡Feliz cumpleaños!

La castaña cerró la puerta con tanta fuerza que ambos se sobresaltaron.

Gracias.

Te he echado de menos comentó Harry de camino al sofá.

No pareció notar la alfombra limpia ni los nuevos cojines. O que ella padecía una muerte muy lenta.

¿Cómo fue tu viaje? preguntó, sin ser capaz aún de mirarlo. Mientras él se acomodaba, fue a la cocina.

Bueno. Terminé el artículo y recogí suficiente material para unos cuantos más.

Estupendo. ¿Qué te sirvo?

¿Qué? ¿No hay champán?

Hermione lo había olvidado. En su cumpleaños siempre era champán.

Pensé que después del viaje estarías harto de vino. ¿Qué te parece un refresco?

Claro repuso tras una pausa confusa . Estupendo.

Mientras ella sacaba los vasos, los llenaba de hielo y servía el líquido, buscó algo a lo que aferrarse, algún modo de enfrentarse a la velada sin volverse loca por completo.

Desde luego, aún tenía que contarle la noticia, pero lo haría más tarde, después de que se hubiera calmado. ¡No se suponía que pasara de esa manera!

El otro día Cormac pasó por aquí comentó, decidiendo en ese momento que necesitaban unos canapés. Terminó de servir las bebidas y regresó a la nevera con la esperanza de haber colocado una fuente de langostinos junto a la mayonesa. Por desgracia, seguía siendo su frigorífico, y lo mejor que pudo encontrar fue apio y crema de queso. Bastaría. Al menos la mantendría ocupada.

¿Cómo está?

Tuvo que pensar un segundo para recordar que había mencionado el nombre de Cormac.

Muy bien. Enamorado.

¿Bromeas?

Dice que esta vez va en serio.

Supongo que habla de Andy, ¿no?

Sí. Van a irse a vivir juntos.

Vaya comentó con tono raro.

Pero ella no tuvo tiempo de pensar en eso mientras preparaba el apio con el queso y trataba de no perder el equilibrio. Lo mejor que podía hacer era relajarse. Respirar hondo. Tener pensamientos serenos.

Espero que le funcione añadió Harry . Sin duda es complicado.

¿Qué, vivir juntos?

No, el amor.

Sí, sí se confundió y untó queso en su dedo pulgar . Muy cierto.

Puede resultar confuso.

Hmm.

Se limpió las manos con un trapo y luego depositó los refrescos en una bandeja. No temblaba tanto al regresar al salón.

El ojiverde estaba sentado con los brazos apoyados en el respaldo y las piernas cruzadas. Pero no fue eso lo que hizo que casi tirara la bandeja, sino el estuche que había sobre su rodilla.

Tenía que ser el estuche de un anillo. Unos pendientes o un collar se guardaban en otro tipo de caja. ¿Qué otra cosa parecía un estuche de un anillo que no fuera el estuche de un anillo?

Feliz cumpleaños, Hermione.

Ella volvió a sonreír y luego dejó la bandeja sobre la mesita. Costaba analizar el estado de ánimo de Harry, algo que jamás le había planteado problemas. Conocía a ese hombre mejor que a nadie en todo el mundo, pero en ese momento no tenía ni idea de qué le pasaba por la .cabeza.

Aún esbozaba esa sonrisa enigmática. No parecía nervioso, pero, no obstante, tampoco la miraba a los ojos.

¿No quieres abrirlo?

Claro manifestó con voz demasiado alta y alegre. Se sentó a su lado y en ese instante la dominaron los nervios. Él tuvo que pasarle el estuche.

Lo abrió con cuidado, sin romper el envoltorio con su habitual fervor. Le temblaban las manos y esperaba que el pelinegro no lo notara.

Era un estuche de anillo. Un estuche negro. Con el corazón desbocado y una plegaria silenciosa, lo abrió.

En el segundo exacto en que Harry vio que la desilusión le cambiaba la expresión, comprendió lo que había hecho. Hermione había pensado que se trataba de un anillo. El estuche... Desde luego. Oh, Dios.

Es precioso musitó ella.

Pero él captó la emoción ahogada, la vio parpadear varias veces antes de moverse en el sofá y recubrirse con su dignidad.

¿Qué había hecho? ¡Por qué no lo había visto? Había herido a la persona que más quería en el mundo. Se maldijo por su propia estupidez y entonces se le ocurrió otro pensamiento. ¿Y si había querido que ella pensara que se trataba de un anillo? ¿Y si había deseado esa reacción como prueba de que si le pedía que fuera su esposa aceptaría?

La idea lo cegó un instante y le dificultó pensar. Santo cielo, qué expresión había puesto Hermione al abrir el estuche, temblorosa por la anticipación. Ella quería que fuera un anillo. Quería que estuvieran juntos para siempre, y como el golpe producido por una tonelada de ladrillos supo que la amaba y que deseaba, estar a su lado el resto de su vida. Hermione era la llave, Había abierto la puerta de acceso a la tienda de dulces y lo invitaba a pasar. Así de sencillo.

Hermione se inclinó, tratando de calmar sus pensamientos febriles, de cerciorarse de que ella lo entendía.

Ella se levantó de golpe, con el estuche aún en la mano.

Perdona dijo . Tengo que... no terminó la frase y se marchó corriendo.

Aguarda se incorporó de un salto, pero ella fue demasiado veloz. Al llegar al cuarto de baño le cerró la puerta en la cara.

Hermione, sal.

En un minuto.

No, no lo comprendes.

Sí que lo comprendo. Lo comprendo muy bien.

Harry abrió la puerta. Ella se hallaba junto al lavabo con un trozo de papel higiénico ante los ojos. Al retroceder estuvo a punto de tropezar.

No, no lo entiendes repitió él . Te di el estuche equivocado.

¿Qué?

El alfiler. Me equivoqué. Tengo que devolverlo.

¿De qué hablas?

Avanzó, la aferró por los hombros y la sentó en el borde de la bañera. Entonces él bajó la tapa del inodoro y también se sentó. Ella retorcía el papel entre los dedos.

No lo he comprendido hasta ahora comenzó . Pensé que manejaba la situación, pero estaba equivocado ella se limpió la nariz pero no lo detuvo . Este... este experimento no salió como yo pensaba. No tenía ni idea... no sabía que alguna vez sentiría esto.

¿Qué es esto? susurró ella.

Que... que quiero más.

¿Más?

Asintió, deseando saber cómo decírselo.

Te quiero soltó.

Y yo te quiero a ti.

No, no lo entiendes. Te amo.

¿Me amas?

Como se aman Nev y Luna asintió. Los ojos de ella. se volvieron enormes y oscuros. ¿Dónde estaba su felicidad? ¿Su sonrisa cegadora? Es realmente un riesgo inmenso prosiguió . Sé que las probabilidades no están a nuestro favor. Es que... le tomó la mano ... por primera vez en mi vida me siento con suerte, no predestinado. Otras personas no son nosotros. Otras mujeres no son tú. Dios mío, he estado tan ciego, centrándome en lo que podía pasarnos y no en lo que nos había pasado. Hermione añadir sexo a nuestra relación hizo que la tierra se sacudiera, pero aguantamos con fuerza, ¿no?. No nos separamos. En todos los años en los que juré que jamás me casaría, que jamás tendría hijos, dejé fuera una gran parte de la ecuación...

¿Oh?

La confianza dijo él . Dejé fuera la confianza. Esa que comparten los mejores amigos. La que tú y yo tenemos desde que nos conocimos. Y cuando seamos viejos y estemos cansados, observando a nuestros nietos en el porche, nuestra confianza aún será fuerte. Casi tanto como nuestro amor.

Las lágrimas comenzaron a caer por la cara perfecta de ella. Él la consoló y se las secó con el dedo. En cuanto la tocó, ya no pudo parar. Le alisó el pelo, le masajeó la nuca, le acarició la mejilla.

Quiero que nos casemos indicó Harry . Y, no te desmayes, pero también quiero que tengamos hijos.

Ella se enderezó de golpe. Al fin la felicidad apareció en sus ojos. Y la sonrisa cegadora que calentaba su corazón como no lo conseguía nada en el mundo.

¿Estás seguro? preguntó, como si temiera que pudiera contestar que no.

En respuesta él se inclinó y la besó. Al principio con suavidad, pero el sabor de las lágrimas saladas lo impulsó a levantarse, arrastrándola consigo. La abrazó y la besó como si ello le pudiera salvar la vida.

Hermione le acarició la espalda, cerciorándose de que era real y de que no se había vuelto loca.

Pasado largo rato, se apartó y lo miró con ojos despejados y el pulso firme. Aún quedaba una cosa de que hablar.

¿Qué? inquirió él.

No me malinterpretes. Esto es lo más romántico del mundo, pero pensaba que quizá podíamos continuar en la otra habitación, Harry rió, la besó otra vez y, de la mano, la condujo fuera del baño hacia el dormitorio. Se sentaron en el borde de la cama, con las rodillas pegadas y los dedos entrelazados.

Hay otra cosa indicó Hermione.

¿Debo preocuparme?

Dios, espero que no meneó la cabeza.

¿Por qué eso no me tranquiliza?

Ella respiró hondo y se lanzó.

¿Recuerdas que hace una semana tenía el estómago revuelto?

Claro asintió y frunció el ceño confundido.

Bueno, no era por el estómago.

¿Has ido a ver a un médico? mostró preocupación.

Harry, estoy embarazada.

La noticia le llegó despacio, en fases. Primero enarcó las cejas. Luego se puso pálido. Se quedó boquiabierto. Le recorrió el cuerpo con la mirada, deteniéndose en el vientre, para subir otra vez a sus ojos.

¿Te encuentras bien? preguntó Hermione con el ánimo hundido.

Entonces el ojiverde sonrió. Una sonrisa amplia y arrebatadora que le reveló todo lo que necesitaba saber.

¿Vamos a tener un bebé?

Dentro de unos ocho meses corroboró ella.

Pero, ¿no usábamos ... ?

Sí. Imagínatelo.

Santo cielo.

Sí.

Él parpadeó algunas veces, luego se encogió de hombros y su rostro se iluminó con el brillo de sus ojos.

Bueno, creo que deberíamos casarnos pronto.

Creo que sí convino la castaña, sintiendo que se evaporaba la última tensión.

¿Un bebé? repitió Harry con sonrisa bobalicona.

Nuestro bebé.

Vaya experimento que hemos llevado a cabo Hermione asintió Solo me preguntaba una cosa.

¿Qué?

¿Por qué no tenemos sexo?

Las palabras que lo habían iniciado todo.

Ella sonrió y se adelantó.

Porque vamos a estar demasiado ocupados haciendo el amor.

Justo cuando sus labios se encontraban, sonó el teléfono. Hermione no le prestó atención, ya que sabía que sería Luna, o Nev, o Pansy o Cormac. Pensaba contárselos, pero no esa noche. En ese momento comenzó a sonar el teléfono móvil de Harry.

No pienses en otra cosa ordenó él, llevándose los dos teléfonos fuera de la habitación. Un momento más tarde cerraba la puerta ¿Por dónde íbamos?

Ella sonrió con toda la felicidad del mundo, con toda la fe y el amor que existían.

Creo que íbamos por el principio.

FIN