Chapter IX
A wish to beware
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"Mezcla a tu prudencia, un grano de locura". Quinto Horacio Flaco
Me enterró los dedos en el hombro derecho con tanta fuerza, que no hice más que permanecer inmóvil, mirado con horror cómo lo tomaba de los brazos y lo tumbaba en el suelo, dejando que se le escapara un quejido sordo mientras cerraba sus ojos con fuerza, escupiendo sangre.
Mis lágrimas empezaron a salir a borbollones, y el palpitar de mi corazón se aceleró tanto que podía escucharlo cada vez más fuerte e impotente en mis oídos. Sus hermanos aún de pie frente a nosotros, me miraron de pronto desatendiendo a sus contrincantes, justo antes de que el suelo se quebrara y las luces quedaran en el recuerdo de quienes presenciábamos la pelea. Me giré en medio de la penumbra, soltándome de John y avanzando unos cuantos pasos en su búsqueda, hasta que un par de manos envolvieron las mías… y entonces, ya no estaba en el patio trasero de casa, y la baldosa bajo mis pies había sido reemplazada por una fría y oscura madera…
-¿J-James? -Pregunté a las tinieblas.
-Ven, déjame contarte una historia, Wendy.
*»··..-FLASH BACK-..··«*
Apenas el pelinegro me dejó en la entada de Cavendish Close, los guardias de la calle privada me detuvieron un segundo para firmar los permisos y confirmar la cantidad de personas que llegarían a casa. Asentí a todo y firmé los papeles sin miramientos, despidiéndome de ellos y emprendiendo el camino hasta el lugar de la fiesta. Entrar sin coche, requería de dos llaves: primero la del portón de metal que pesaba unos tres kilos y después la de la puerta principal a varios metros luego de los rosales y los arbustos que trepaban por las verjas de enfrente. Como siempre, Francis estaba agachado manteniendo conversaciones con sí mismo y ni me prestó atención cuando entré, así que no me detuve a saludarlo; sin embargo, rió apenas abrí la puerta, y me enteré del porqué muy pronto.
Las "amables señoritas" eran un puñado de mujeres jóvenes, con pisadas pequeñas y presurosas que corrían de un lado a otro con cacerolas y pilas de platos relucientes, cargándolos desde el camión de la compañía hasta un inmenso toldo que habían levantado quien sabe cuando justo al final del patio trasero, muy cerca de la piscina. Las mesas eran pocas y obviamente no pretendían que se sentaran a degustar de los bocadillos ni las bebidas, pues David empezaba a armar su stand con parlantes monumentales que de seguro volarían los cristales del zarrapastroso invernadero junto a él con las primeras notas de sus canciones. Ni siquiera quise echar un vistazo al resto de la casa, no le presté atención al llamado del DJ desde lejos, sino que me limité a correr hasta mi habitación y cerrar todas las cortinas posibles; la vista del primer piso había sido más que suficiente.
Cuanto desearía que todo esto se fuera a la mierda.
Intenté hablar con Emmil después de haber acabado los deberes, pero el número que dejó para comunicarnos con ella estaba ocupado en todos mis intentos y la verdad no pudo haber ocurrido de mejor forma. Entonces, si contestaba, ¿qué demonios se supone que le diría cuando preguntara por cómo andaba todo? No podría pasarle el teléfono para que mi gemelo mintiera con facilidad sin mencionar la fiesta, yo probablemente le hubiese dicho esa palabra antes de decir aló.
Encendí las lucecitas que rodeaban el respaldar de mi cama y fui en busca de mi móvil sobre la mesita de noche junto a la pared de fotografías. Me senté frente a ellas y las miré por largo tiempo, recordando cada uno de los cuadros como si hubiesen ocurrido ayer.
-¿Hermione? -Levanté la vista hasta la puerta, y por ahí se asomaba la mata de pelo castaño de la cabeza de John. Lo fulminé con la mirada y se detuvo después de cerrar la puerta tras de sí - ¿No vasa bajar? Ya todos están aquí.
-Justamente me dirigía al ático, no quiero saber nada de la fiesta.
-¿Porqué? -Lo fulminé nuevamente con la mirada y me puse de pie. Caminé bajo su mirada y me senté en la cama. Carraspeó fuertemente, y contuve una mueca de asco. -Y, ¿qué te parece? -Cuestionó girando - ¿Conseguiré muchas chicas hoy?
-Ni una. -Contesté acomodándome sobre la pila de almohadas que tenía detrás. ¿Qué este idiota no pretendía darme una explicación razonable?
-¡¿Qué?! -Preguntó corriendo hasta la cama y lanzando los libros de un manotazo al suelo. Hizo caso omiso a mi mirada recriminatoria y me miró a los ojos. - ¿Hablas en serio?
-Y mucho. De verdad, John, ¿cuál es tu problema? -Pregunté mirándolo a los ojos y poniéndome en pie para tomar los libros y llevarlos a su lugar. -No me preguntas si me parece hacer una fiesta en casa, ¿por qué habría de valer ahora mi opinión para tu estúpido atuendo?
-Ah, Hermione no seas ridícula. Lohse debía de explicarte todo, no vengas con sermones ahora, mira…
-¡Ah, no! No me vengas con el mira hermanita preciosa… o el mira castaña sabelotodo. Los mira te los puedes meter por el culo, ¿sabes? -Creí escuchar su quijada chocar contra el suelo mientras ponía el libro de Biología en el estante sobre el escritorio. Me giré con los brazos cruzados y él no hizo más que acomodarse sobre las sábanas para ponerme atención. -Ya me harté de esto John, y no pretendo involucrarme. ¿Quieres hacer una fiesta en casa sin consultarme antes, invitar a cincuenta mil personas a venir, prenderle fuego? No me importa, simplemente, cuando esto vuele, no vengas a mí para ayudarte a recoger los pedazos.
-¡Santo Dios, mujer! ¿Pero qué diablos hizo Lohse contigo para que te pongas así? Es una simple fiesta. -Le dediqué una mirada fulminante y él se echó a reír acercándose lentamente. Colocó sus brazos sobre mis hombros y giré el rostro, evitando mirarlo a los ojos. -Eres linda, linda en verdad, pero cuando te enojas, te pones incluso mejor, ¿lo sabías?
-Y por eso te encanta crisparme los nervios, ¿cierto? -Tomó mi mentón con sus dedos y puso mi rostro en dirección al suyo, haciendo que nuestras miradas se encontraran; una furiosa y la otra ridícula e hilarante. Sonreímos. -La verdad quiero estar molesta contigo pero no consigo estarlo, por alguna razón fuiste solo el títere que accedió a poner la casa. Pero había mil formas de decirme, y créeme que intentando partirme en dos no era una de ellas.
-¿Qué quieres decir? -Preguntó y desvié la vista de nuevo. - ¿Hermione?
-Nada. -Me solté de su agarre y regresé a la cama, maldiciendo la hora en que descubrí era pésima para mentir. Me metí debajo de las sábanas y esperé que se fuera, obviamente ahí se quedo, con la mirada atenta, meditando seguramente cómo enfrentarlo en un lugar apartado de los invitados.
No era tonto, y sabía lo que le esperaba.
-¿Qué sucedió?
La pausa que se creó entre nosotros delimitó las palabras con una caligrafía bastante fuerte y clara. Imaginé el rostro de John deformándose de inmediato y no hice más que aferrarme a la sábana cuando sentí las lágrimas llenar las cuencas de mis ojos.
-No fue nada, de verdad. -Dije con la voz quebrada. -Simplemente me alteré y quiso evitar un escándalo en medio hall.
-¿Y por eso lloras, castaña? -Cuestionó con voz paternal intentando sin éxito sacarme de mi escondite. - ¿Porque lo hiciste pasar un momento incómodo? Vamos, recuerda que el experto en mentiras soy yo. Sé que no fue así pero si no quieres decirme, está bien, lo respeto. Solo déjame hacerte una pregunta.
Me limpié un par de lágrimas, instándolo a proseguir con un ligero movimiento de cabeza que imaginé se proyectaría bajo la tela. Se aclaró la garganta y habló:
-¿Por eso fue que faltaste a Cálculo?
-¿Eh?
-Mi clase se suspendió y estaba en el jardín delantero justo cuando deberías estar en tú salón. -Intenté no parecer sorprendida, pero mi reacción inmediata surgió tan rápido que me vi sentada en la cama, sin ninguna sábana de por medio. Su rostro de escrutinio era bastante bueno. Me limité a levantar los hombros y fruncir el ceño. Intenta parecer distraída… no fue más que un café. -No quiero decirte lo que vi hasta que tú misma me…
-Salí con James. -Respondí. Estas cosas, así como estaban, ya eran difíciles como para tener que explicarlas. -Fuimos por un café y me trajo de regreso.
-¿Crumley? ¡¿Qué tiene que ver él en todo esto?! -Preguntó exaltándose de pronto. - ¡¿Acaso lo conoces bien?!
-Sí. ¡¿Lo conoces tú?! -Hizo una mueca de desaprobación y mi corazón palpitó fuerte. -John no compliques las cosas, si supieras lo que sucedió la razón en este momento me la estarías…
-¡¿Razón?! Esto no se trata de estar del lado de nadie, Wendy. ¿Sabes una cosa? Tu cabeza, ese es el problema. Viene un aparecido cualquiera…
-James no es un aparecido. -Interrumpí.
-¿Qué?
-James… no es un aparecido, Jonathan. -Me miró con la boca abierta y se alejó hasta la puerta en un segundo. Parecía debatir algo consigo mismo mientras un hipo terrible me atacaba de pronto. Entonces se giró y clavó su mirada en mí.
-Como quieras. Pero, solo no confíes en nadie a partir de ahora, -susurró tomando el pomo de la puerta -recuerda que al final de la jornada, quienes estuvimos ahí cuando despertaste fuimos solo tres personas.
Cerré los ojos para no verlo partir, pero la sensación de caer de nuevo en un vacío interminable y espantoso me abrazó con ganas, haciéndome un puñito el corazón. Tres personas… tres, y ninguna de ellas era él.
La tercera tenía hermosos bucles rubios, era de fuertes facciones y una mirada severa que parecía disfrutar de su ausencia desde la última vez que pisó nuestra casa. Era algo fría, y le gustaban mucho los rosales del terreno, no dignaba a manejar ningún aparato y se limitaba a darle órdenes a Emmil desde el estudio que según todos era de mi padre… no la conocía, y a pesar de que aseguró era mi madre, el calorcito que se supone ha de emanar una mamá con su hijo era algo así como punzadas eléctricas, alertando que algo no andaba bien, y que ella estaba molesta conmigo por alguna razón. ¿Me creería culpable? ¿Era yo la causa de sus ausencias por su trabajo en Rusia?
-¿Fui yo la razón por la que es viuda? -Cuando se lo pregunté a la persona frente a mí, no encontré una respuesta. Su rostro estaba más pálido que de costumbre, el contorno de sus ojos miel algo hinchado y rojo, y sus labios temblaban después de haber hecho una pregunta a sí mismos, de pie en el espejo del baño, como hace varias horas. La castaña frente a mí derramó un par de lágrimas más y desapareció de su reflejo.
-"Nada mejor que un baño para aclarar la mente". -Dijo la voz de Emmil dentro de mi cabeza. Miré la bañera justo a mi izquierda, y no dudé ni un poco en empezar a desvestirme y entrar en el agua por el resto de la noche. - "Olvídalo, cariñito… ¿Que qué te trajo hasta aquí?" -Susurró su voz cuando el nivel de agua empezaba a tocar mi rostro. - "Eso no importa... olvídalo. A fin de cuentas, eres buena en eso… olvídalos… olvídalos a todos…"
La segunda persona acababa de irse con una advertencia para nada saludable. Sus palabras había entrado en mi consciencia como un dardo lleno de veneno, y sus ojos fulminantes y llenos de preocupación no desaparecían de mis retinas por más que apretara los ojos y los restregara con el dorso de la mano. Lo quería tanto, y lo necesitaba más de lo que él imaginaba… habíamos compartido más que un simple accidente, sino un vientre, una infancia, alguna travesura, un jarrón roto o alguna pelea por atención paternal; había cuidado de mí si alguna vez estuve enferma, había secado las lágrimas de mi primer amor y seguramente había dado sus primeras trompadas por defenderme… era más que mi hermano… mi gemelo.
El alboroto repentino proveniente de afuera, me hizo abrir los ojos con pesadumbre. Como si hubiera estado dormida todo este tiempo. Me di cuenta de que la música estaba incluso más alta de lo que imaginé, y obviamente la piscina no tendría ni un milímetro más desocupado dentro de pocos segundos. Las amables señoritas seguramente se movían por todo el lugar y el rastro de Francis habría ya desaparecido como él se lo habría ordenado.
-Él... -Susurré.
Al primero que vi cuando me desperté en busca de un par de orbes esmeralda; con cabello alborotado y rubio de la raíz hasta la punta, arremolinándosele por toda la cabeza. Llevaba un par de gafas ese día que después supe eran para leer, pero que dejó de usar después de la operación que tuvo hace mucho tiempo. Alto, bien parecido, fuerte, deportista, adinerado, terco, calculador y por supuesto, con aires de superioridad. Poco a poco ese fue el problema que afloró entre nosotros, pero decidí dejarlo de lado porque no era lo más importante en ese momento, sin embargo me di cuenta hace tan poquito tiempo, que sería prioridad desde el momento en que se lanzó para presidente… su reputación acabaría con todo esto… con nosotros. Tomé una gran bocanada de aire, y me deslicé entre las miles de gotitas de agua. Mi cabeza pareció ceder ante la presión del líquido y sentí una punzada en el pecho al pensarlo, algo así como el remordimiento de siquiera imaginarlo.
Se había ocupado de mí durante el accidente, había procurado hacerme recordar y aunque no hubo recuerdo alguno de mi vida, fue feliz intentando hacer que lo quisiera de nuevo, ¿de verdad se había tomado todas esas molestias para ahora echar a la basura no sé cuántos años de relación? ¿Por qué en ese entonces se ocupó tanto de mí? Si hasta me regaló aquella estrellita de brillantes para nuestro aniversario. ¿Qué lo hizo cambiar tan de repente? O en realidad… ¿cambió alguna vez? ¿Fue así siempre? ¿Quién era él entonces?
-"¡TE DIJE QUE LOS OLVIDARAS!" -Chilló Emmil haciéndome soltar un par de enormes burbujas. -"¡OLVIDALOS, A TODOS… DEBES DE SALIR DE CASA, AHORA! ¡NO ES SEGURO CASTAÑA, CORRE!"
¿No es seguro?
Boté todo el aire que tenían mis pulmones, y emergí agitada, atragantándome inmediatamente con hipos exagerados. Calmé mi respiración mientras salía de la tina y dejaba el agua irse. Tendría que ir a ver al doctor Torhet cuanto antes, necesitaba una nueva medicina. Escuché risas en mi camino al armario por la ropa interior y el pijama, sinceramente no tenía ganas de bajar a fingir estar bien. Regresé al baño y empecé a vestirme, hasta que un extraño sonido me hizo darme vuelta al estará punto de empezar a ponerme el pijama. Fue como el sonido cuando hay aire en las tuberías, y hubiera creído eso, de no ser por el par de ojos aparecieron tras la tina. Había dejado de ser la única ocupante del cuarto de baño y cuando abrí la boca para gritar despavorida, se abalanzó contra mí y tapó mi rostro con sus manos.
-¡Shh! -Susurró al mismo tiempo que las luces se desvanecían, y me llevaba a una esquina cerca del armario de las toallas. Miré mis pies moverse entre la penumbra con mucha insistencia, aún mojados siendo deslizados por el suelo. Entonces imaginé a mi asesino cargando mi cuerpo para enterrarlo en el jardín una vez que me matara. -Por favor no haga ruido, por favor confíe en Dobby…
Iba a soltar un gran grito, uno tan fuerte, que traspasaría los decibeles de la música y haría que todos fueran en mi busca, sin embargo, la puerta del baño se abrió de pronto y la criatura detrás de mi tembló espantado. Frente a nosotros, la silueta de un hombre enorme acaparó el marco de la puerta blanca de mi baño, su silueta dejaba ver las dimensiones de su cuerpo y los pasos que dio hasta encender la luz, nunca me parecieron más pesados.
Chillé al mirar su rostro y la opresión de mi boca se incrementó. Sentí que la criatura movía su cabeza y un escalofrío para nada normal recorrió mi columna y salió por la punta de mis pies. El hombre tenía muchas cicatrices, una cruzaba su rostro de lado a lado, y otra simplemente creaba muchos bultos que descendían desde su ceja hasta la boca, curvada con obstinación al examinar mi baño. Acercó su nariz al espejo y pareció disfrutar del aroma mientras mis lágrimas, cada vez más gruesas, descendían por unas manos largas y finas. De inmediato, el hombre giró su cabeza a nosotros y sacó un palito tallado que había visto en uno de mis sueños, dibujado torpemente en mi cuaderno de filosofía.
-Silencio, silencio… -suplicó temblando incluso más que yo. -No se mueva… por favor.
Una luz roja dio de lleno cerca de mi cabeza, y dos más destruyeron el armario junto a nosotros. Tuve que hacer un intento sobrehumano por no desmayarme, y uno incluso más grande el no desquiciarme en el suelo del baño y morir de pánico. Los trozos de madera brincaron por todas partes y algunos traspasaron mi cuerpo, quedando justamente a mi otro lado. No era posible… eso no sucedía… no era posible. Mi cabeza empezó a trabajar a toda máquina; había muchas voces dentro de ella: "Silencio castaña… estás segura con él…" "Amor, ¿porqué no bajaste a la fiesta?" "¡Te dije que no era seguro, corre…!" "¿Pedirás un deseo?... Son dos, debería valer el doble…" "¡Corre, corre!"
Y así lo hice.
De dentro mío, como un ave que despegaba vuelo las fuerzas surgieron de pronto, y lancé a la criatura lejos, sobre los escombros. El hombre retrocedió por la sorpresa y salí del cuarto de baño. Mi pecho subía y bajaba lo que duré en cruzar mi habitación, escuchando los estallidos volar varias cosas detrás de mi huída. Salí al pasillo, resbalé con la alfombra haciendo caer un jarrón de vidrio sobre mi cuerpo. Sentí como el cristal cortó mi piel, y un líquido espeso resbalaba por mi pierna…
¡BOOM!
Otro estallido que me hizo saltar y ponerme en marcha. Mi visión se veía opacada por las lágrimas que no dejaban de caer. Llegué a la sala de televisión y me encontré con Marianne, dispuesta a entrar al cuarto de baño. Sus ojos se entornaron al verme y entonces recordé que abajo había una fiesta…
-¡HAY ALGUIEN AQUÍ! ¡CORRE! -Le grité tomándola por los hombros. Mis rizos mojados la salpicaron en el rostro, y apartó mis manos con un movimiento brusco.
-¡Eres una demente, estúpida! ¡Ponte algo de ropa, hay como doscientas perso…! ¡¿A dónde demonios vas?!
Dejé de escucharla y me hice lanzada a las escaleras. Bajé tan pronto pude, chocando con las paredes. La arteria en mi cuello estaba a punto de explotar, mi pulso se había desbocado y olvidaría que iba solo en ropa interior, de no haber sido por Marianne. Aterricé en el segundo piso, haciéndome daño en el tobillo y cuando me levanté, caí de nuevo en el suelo, chocando con algo.
-¡Harry!
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Entré al coche y encendí la radio. Por alguna razón, la sorpresa de que en realidad si iríamos a la fiesta del estúpido ese, les había impactado bastante, y duraban alistándose como nunca.
Una vez que la dejé en su calle y fingí no espiarla mientras caminaba hasta la casetilla de guardias de seguridad, empecé a maquinar un plan siniestro que daría resultado. De salir bien, esa misma noche ella terminaría con el alemán, y todo estaría más cerca. Cerca. Esa palabra tenía tantos significados en ese momento: estaría cerca de matar a mis mejor amigos si no se apresuraban, cerca de caer en la histeria si no la miraba aunque fuese por un segundo, estaría más cerca de ella después de esta noche, y si todo salía bien… cerca sería poco si me animaba a besarla.
Cuanto desearía que todo esto se fuera a la mierda.
Miré el retrovisor y acomodé incluso más el largo flequillo sobre mi frente, útil para cubrir mi cicatriz hasta ahora inexistente para el resto de personas fuera de nosotros tres. Me quité la chaqueta de cuero y la lancé al asiento trasero, tomé el cuello de mi camisa azul e intenté dejarle entrar aire a mi pecho. ¿Por qué demonios hacía tanto calor? Miré mi reloj y me preparé para gritarles, sin embargo, los vi bajar con parsimonia las gradas. Ron con una camisa de color blanco y Malfoy una gris, con sus sweaters y pantalones inmaculadamente acomodados. ¡Por favor! Como si fuesen a buscar alguna cita…
-Oigan, idiotas. ¿Quieren apresurarse? -Draco ensanchó su sonrisa y entró en el asiento de atrás, alborotándome el cabello. Ron tuvo mil costos para acomodarse, el cinturón, la posición del respaldar, su móvil en el bolsillo trasero y el golpe que se dio en la frente cuando, sin avisarle, arranqué con destino a mi castaña.
-¿Te das cuenta de que estamos aquí por tu culpa, cierto? Si me partes la cabeza en dos, te atormentaré por toda la eternidad.
-Necesitamos llegar a tiempo. -Dije estresado, señalando la luz roja del semáforo.
-Si no llegamos a tiempo, podrían arreglarse, ¿cierto? Ella lo perdonaría y a la mierda el plan. -Ayudó Ron jugueteando con su varita. -Nicholas, lo lamento mucho. Te amo.
-Si quieres conservar tu varita en una pieza, mantente callado. -Malfoy soltó una carcajada y traté de ignorarlos. -Sé paciente, Harry, ya casi llegas.
Los diez minutos siguientes, Ron pasó peleándose con las emisoras de radio, no sé de dónde diablos sacó una en árabe y pasó peleándose con el locutor y con su cuñado el tiempo restante. Mi cabeza iba a explotar, hasta que dimos vuelta y me vi obligado a frenar. Ron soltó su expresivo "wow" y saqué la cabeza por la ventana. Atento a la fila de coches que se registraban antes de entrar, no hice más que apagar el radio y esperar nuestro turno. ¿Qué estaría ella haciendo en estos momentos?
-¿Sabías que todos ellos tienen padres importantes? -Comentó Malfoy. -Hay una chica en mi salón, creo que es hija del Ministro de Economía y va hacer una fiesta para Halloween.
-Oh, es dentro de dos semanas. -Advirtió Ron. - ¿Iremos a esa también?
-No lo sé. -Respondí alzándome de hombros. Ron frunció su ceño, intentando convencerse de algo. - ¿Qué pasa?
-Si vamos, me gustaría llevar a Luna. -Dijo en un susurro. -De hecho, hasta podría permitirle al hurón llevar a mi hermana.
-Oh, gracias. Qué considerado. -Los tres reímos y finalmente, llegamos a la ventanilla. -Los Crumley. -Dijo Malfoy y el hombre revisó en la lista, pasó una, dos y hasta cuatro páginas.
-No creerás que el estúpido ese no nos incluyó, ¿cierto?
-No. -Negué a la pregunta de Ron y fulminé con la mirada la lista. Cuando casi lograba penetrarla con mi súper mirada de rayo láser, el guarda le dio vuelta al papel y señaló una línea.
"No es un elefante, pero conseguí tu atención, ¿cierto, Crumley?"
-¿Son ustedes? -Yo sonreí, asintiendo. -Adelante.
La valla roja y blanca se apartó de nuestro camino y aceleré hasta encontrar la casa. Afuera, varios coches apenas aparcaban y otras personas entraban a la mansión. Bajamos y puse la alarma al Mercedes -robado-, encaminándonos hacia el tumulto de gente que nos saludaba y conversaba ávidamente. Miré a mi grupo de expositores de Negocio y Gestión, a las chicas del equipo de natación con sus vestidos azules, a las porristas y frente a ellas, la cabecilla del séquito: Marianne.
-¡James! -Corrió hasta nosotros y tuve que aferrarme fuertemente al piso para no caer cuando se lanzó sobre mí. Ron y Malfoy rodaron sus ojos y continuaron caminando. Cabrones. -Pensé que no vendrías… vendrían. ¿Cómo estás?
-Mmm… ¿bien? Nos vimos hace un par de horas. -Intenté apartarla, pero se aferró incluso más a mí. -Marianne, ¿podrías bajarte de mis pies? Me golpeé hace unos días y aún duele.
-Oh, lo siento, James. -Se bajó y me tomó de la mano, entrando conmigo. - ¿Crees que Nicholas gane las elecciones? ¿Votarás por él? Personalmente creo que sería un muy buen Presidente Estudiantil… el único problema es su novia, ya lo sabes. La demente esquizofrénica esa…
-"Contrólate Potter."-Ordenó Sirius en mi cabeza.
-… se pelearon, la verdad, sería bueno que terminen. ¿No lo crees? Que se enojen y Nicholas busque algo mejorcito.
-No me digas, ¿cómo tú? -Pregunté irónico. Ella se ruborizó, pero, ¿porqué…? Oh, no… diablos, me di cuenta muy tarde. -Espera, espera, no quise decir…
-Tranquilo, si eres de los tímidos te daré tiempo. -Se inclinó sobre mí y me besó en la comisura de los labios. ¡DEMONIOS, DEMONIOS! La aparté bruscamente y su sonrisa se ensanchó aún más, mientras miraba detrás de mí. Por favor, que no sea ella…
-¡Nick!
Aún peor…
-Hola, Marianne. -La chica saltó sobre él como lo hizo conmigo y sentí un peso menos. -No sabía que traías pareja.
-No viene conmigo. Nos encontramos en la entrada. -Dije cortante y di media vuelta, dejándolos solos.
Esas cosas bien pudieron haberse evitado de no ser por esos idiotas abandonadores de amigos. Atravesé el jardín delantero saludando a varia gente, mirando como un puñado de chicos intentaba entrar en el trampolín al mismo tiempo, y como unas criadas bastante jóvenes se movían con pasitos ligeros de aquí para allá. ¿Qué demonios estaba mal con las personas? Y hablando de personas, ¿Dónde estaría mípersona?
A los pocos minutos encontré a Draco y Ron, con algunas bebidas y bocadillos cerca de la fuente en la que me escondía a veces. Los peces parecían querer reventar de tanta comida que les habían lanzado, y de hecho no los culpaba, la casa estaba a punto de reventar de gente, los vidrios del invernadero ya habían reventado, la piscina pronto lo haría, y mi corazón estaba a punto si no la encontraba. Sin embargo, perdí la noción del tiempo, y entre bromas y estupideces las once de la noche llegaron con prisa. Ambos seguían con el mismo entusiasmo de siempre, pero llevábamos unas dos horas de haber llegado y ella no daba signos de vida.
-Ron, ¿la has visto? -Pregunté preocupado cuando nos instalamos en las mesitas de piedra detrás de la piscina. Él negó, enfatizando cada uno de sus movimientos.
-¿No crees que esté con… ya sabes?
Llevé mi mirada hacia su cuarto casi en penumbras, seguramente alumbrado por las lucecitas sobre su cama. Lo miré por varios minutos, intentando encontrar una buena excusa para poder subir hasta ella. Mi teoría era, que no había bajado porque continuaba enojada con Lohse, sin embargo, sabía que yo iría, ¿ni eso la haría bajar de su…?
-¡RON! -Los chicos junto a nosotros giraron su cabeza.
Mi grito por alguna razón había logrado traspasar las fuertes notas de las canciones de David. Tanto Malfoy como Ron giraron su rostro hacia adelante, buscando algo que ellos no vieron, pero yo… yo lo había visto… yo… había visto al hombre apareciendo en el balcón. No esperé a que se dieran cuenta, alguien estaba en su cuarto y llegar siquiera hasta la casa me tomaría el tiempo suficiente como atravesar el campo de Quidditch de extremo a extremo: había demasiada gente, y lo grande del patio no ayudaba. Lancé mi bebida al suelo y salí corriendo, atropellando a un par de chicos que cayeron en la piscina.
-¡Hey!
-Fíjate, idiota. -Mi ceño se fruncía cada vez más. ¿Y si era él? ¿Si Voldemort había decidido acabar todo aquella noche?
Mi corazón repentinamente dio un vuelco. ¿Y si no era precisamente él, quién se había aparecido? Sería exponerse demasiado. Él la buscaba, por ende los mortífagos la buscaban, entonces también debía de hacerlo los carroñeros. Voldemort la quería porque me quería a mí… los carroñeros, simplemente querían su paga. Mi sangre se disparó. Pero ella… ella… ella podría ser la paga. Las náuseas se aferraron a mi garganta y no pude más que apresurarme, si en mí estaba pateara media humanidad por encontrarla… ¿quién iría primero? Cuando abrí la puerta de la cocina, escuché un ruido sordo, haciéndome correr hasta la sala… varias de las camareras estaban al pie de la escalera, y miraban hacia arriba.
-¿Quién está ahí? -Rugí. Ellas se inclinaron saludándome. - ¿QUIÉN ESTÁ ARRIBA?
-N-no sabemos…n-nosotras…
Impactadas o no por mi cara de lunático, las empujé y subí con prisa. Un escalón, dos tres… ocho, catorce… el primer piso. Agudicé mi oído y mi garganta se secó de pronto, escuché otro estallido seguido de muchos vidrios romperse, entonces me di cuenta que aún no había sido capturada…
-¡HAY ALGUIEN AQUÍ! ¡CORRE!
Era ella. Mi cabeza zumbó y mis piernas temblaron, entonces subí al segundo piso lo más rápido que pude… un escalón, dos, tres, ocho…
¡PUM!
Caí al suelo y mi rostro empezó a escurrir algún tipo de líquido, ¿sangre? No, era agua… Me giré sobre mí mismo y la vi ahí, con sus rizos pegados a su rostro y espalda, agitada, con pánico desbordando sus ojos acompañado de gruesas lágrimas; su brazo sangraba y su pierna también lo hacía.
-¡Harry! -Se abalanzó sobre mí, hundiendo su rostro en mi pecho. ¿Estaba en ropa interior? ¿Sangraba? ¿Lloraba? ¿Qué no era una fiesta? - ¡Hay alguien… a-alguien quiere matarme!
…quiere matarme…
…quiere…
…matarme…
Salí de mi ensimismamiento y le limpié el rostro, lleno de sudor y lágrimas de angustia. Ella me miró al punto de parecer enferma, la sacudí fuertemente por los hombros y me miró temblando.
-Quédate aquí.
-¡No! ¡No, no vayas! -Imploró desvaneciéndose en el suelo, intentando arrastrarse hasta el segundo piso. -No vayas, ¡te matarán!
-¡Quédate aquí!
-Por favor, por favor. -Rogó al punto del colapso. -No me dejes, quédate conmigo. P-protégeme del troll.
Mi mente se despegó por un momento de la muchacha frente a mí, y vi a la niña indefensa que me imploraba por no apartarme de ella. Mi rostro se ensombreció mirando hacia arriba y decidí dejarlo pasar, siempre y cuando ella se viniera conmigo. Entonces me arrodillé frente a ella, me quité la chaqueta y la envolví en ella, tomándola en brazos mientras bajábamos las escaleras. En el primer piso, Malfoy y Ron habían arrastrado a una multitud con ellos, y la verdad estuvo bien pensado… muggles, cientos de ellos no podrían ser asesinados… eran hijos de ministros importantes, las relaciones entre ambos mundos se verían colapsadas. Me miraron intrigados y me abrí paso entre la gente, cargándola con fuerza.
-¡CRUMLEY! -Cuando me di la vuelta, un puño aterrizó en mi mandíbula, y mi niña bonita aterrizó en brazos de alguien más.
Supe que desde el momento en que estampó su puño en el mío, mi ira contenida se abalanzó sobre él como un gigantesco monstruo, sin embargo, él tenía uno propio y no cedió tan fácilmente. Pero, lo que no supe, fue cuando se volvió una pelea de grupo hasta que uno de los amigos del alemán le dio de lleno en el estómago a Ron, haciendo que se quejara a mi lado. Malfoy avanzó con determinación y lo tumbó de un golpe, después, dirigió su mano derecha al bolsillo trasero… no, no podía…
-¡No lo hagas! -Gritamos Ron y yo al mismo tiempo.
Giró hacia nosotros y esta vez lo tumbaron a él, tomándolo entre dos chicos, inmovilizándolo, luego fue Ron y Lohse apareció triunfante frente a mí. Pateó mi estómago haciendo escupir sangre mientras caía al suelo, escuché el gritó de Hermione a lo lejos y me tomaron por los brazos, haciéndome chocar contra el suelo, permitiéndome dejar escapar un quejido que electrificó mi cabeza, haciéndome cerrar los ojos.
-¡James! -Gritaron mis amigos.
Y ahí, en medio del círculo de curiosos, sentí como el suelo empezaba a temblar. Supe de inmediato, que esto acabaría justamente aquí… por lo que cerré los ojos y las luces se apagaron, el agarre de mis atacantes se soltó en medio de la penumbra, y me levanté tan pronto como mis heridas lo permitieron, escuché un par de chasquidos de aparición y seguro de que ellos se habían ido, el suelo se quebró en dos ante los gritos de todos. Las luces centellearon, dándome el momento justo para tomar las manos de ella y arrastrarla conmigo. Era momento de decirle la verdad.
-¿J-James? -Preguntó cuando aterrizamos en Grimmauld Place.
-Ven, déjame contarte una historia, Wendy.
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Sacrifíquenme, arróllenme, cortenme en pedacitos si quieren, todo eso lo permitiré, no merezco otra cosa. Sin embargo tengo objeciones y una de ellas ha sido un gran cambio en mi vida. Ya no vivo en Costa Rica, no... han sido meses duros y me he tenido que adaptar a muchas cosas, pero a veces las oportunidades de becas universitarias son tan efímeras, que deben de tomarse a la primera. Ahorita, les escribo desde Seúl (Corea del Sur), y continuará siendo así los próximos cuatro o cinco años... Sin deparar mucho en detalles, no saben cuánto me alegro de haber estudiado el idioma cuando estaba en secundaria, todo gracias a mi padre. Ha sido difícil adaptarse a la comida, aún le hago pucheros a mi compañera de habitación cuando trae un platillo nuevo pero en fin... me siento con nuevas energías después del inmenso cambio y les traigo el décimo capítulo de Me niego a perderte. Espero que aún continúen ahí y sino... regresen xD. Nos leemos muy pronto querid s lectores, intentaré publicar más seguido... se despide su fiel escritora
*Hermy Dwritte*
