Dean de nuevo parecía incómodo entre la multitud, sus oídos captaban decenas de conversaciones diferentes a la vez, su olfato hipersensible podía oler cientos de perfumes a su alrededor, acompañado de otros olores no tan agradables y el calor era casi insoportable a pesar de que llevaba sólo una camiseta ajustada y un par de Jeans, al menos usaba también lentes oscuros que protegían sus ojos de la luz del sol.

- ¿Estás bien, amigo? – preguntó Balthazar, posando su brazo alrededor de los hombros del más joven de una manera protectora.

- Estoy bien, sólo un poco desorientado.

- Lo siento, Dean, debí saber que era demasiado pronto para salir – musitó Castiel avergonzado – podemos regresar a casa si quieres.

- ¡No! está bien, Cas, tendré que acostumbrarme algún día a todo esto, además quiero conocer todo lo que el mundo tiene para ofrecer y no podré lograrlo si permito que un poco de ruido y calor me molesten ¿no lo crees?

- ¡Así se habla amigo! – exclamó Balthazar con alegría, abrazando con fuerza al menor con un solo brazo.

Avanzaron hacia los almacenes de ropa, donde Balthazar eligió la mayoría de las prendas, alegando que Dean no sabía nada acerca de moda y Castiel mucho menos. Era entretenido caminar de un lugar a otro, probarse ropa y elegir entre tantas opciones, pero Castiel parecía cansado y aburrido, caminando detrás de sus dos amigos sin decir mucho. Dean simplemente asumió que no era el tipo de actividades con las que Castiel solía divertirse, así que se apuraron, llenando la canasta con ropa suficiente para no repetir en un mes, aunque Dean podía ver que algunas de las prendas estaban destinadas a usarse sólo en la noche para ir a la cama.

Luego decidieron que era hora de comer algo y Dean tenía la esperanza de que aquello mejorara el humor de Castiel. Así que se detuvieron en un restaurante cuyo olor hacía gruñir el estómago de Dean y hacía que su boca comenzara a salivar. Balthazar parecía sorprendido por la cantidad de carne que Dean había pedido en su plato, pero Castiel comprendía que era mitad lobo y como tal debía alimentarse de grandes cantidades de carne para mantener su salud.

- ¿Te estás divirtiendo, Dean? – preguntó Balthazar a lo que Dean asintió con entusiasmo.

- Sin embargo, Cas, no pareces muy feliz – comentó Dean - ¿qué sueles hacer para divertirte?

Castiel estaba a punto de responder pero Balthazar se adelantó – él nunca se divierte, es tan aburrido.

Castiel bajó la mirada y Dean sintió una leve punzada de ira en su pecho, sabía cuánto avergonzaba a Cas el pensarse aburrido y le llenaba de ira el hecho de que su mejor amigo fuese una de las personas que ayudó a poner esos pensamientos en su cabeza.

- Yo no creo que sea aburrido – dijo en un intento por defenderlo – y si tú realmente pensaras eso entonces no serías su amigo.

- Tal vez – respondió Balthazar entre risas, encontrando demasiado divertida la reacción del menor – sin embargo Cas tiene muchas otras cualidades que lo compensan, no nombro a cualquiera mi mejor amigo.

Aquello disipó el enojo de Dean y le llenó de alivio, sintiendose satisfecho al escuchar palabras amables sobre Castiel, quería que su amigo pudiera escucharlas y sentirse más seguro sobre sí mismo.

- Tienes razón, amigo, son demasiadas cualidades para contarlas, estoy seguro de que es el hombre más maravilloso sobre la tierra – comentó Dean mientras guiñaba un ojo a Castiel, sintiéndose lleno de nueva emoción al lograr sacarle una pequeña sonrisa, sin darse cuenta de la mirada de suspicacia de Balthazar.

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Al caer la tarde, regresaron a casa cargados de bolsas y cientos de cosas nuevas, Castiel parecía agotado, sentado en el asiento trasero junto a Dean, con los ojos cerrados, Balthazar conducía tranquilamente mientras tarareaba una canción y Dean hablaba sin parar, describiéndoles con asombro todas las cosas nuevas que había visto, como si ellos no hubiesen estado allí justo a su lado, sin embargo ambos hombres se complacían de ver al más joven feliz, adaptándose poco a poco a su nueva vida.

Al llegar a casa, Dean corrió emocionado a su habitación con la intención de poner la ropa nueva dentro de su armario, Castiel le ayudó a doblarla y guardarla cuidadosamente, mientras Balthazar se recostaba sobre la cama en silencio, sonriendo como un idiota hacia la pantalla de su teléfono celular, inmerso en una conversación de la que los demás no tenían idea.

- Escuchen, en verdad me divertí hoy – comentó Dean en medio de su tarea – debemos hacerlo más a menudo.

- Pensé que te molestaba el tráfico y el ruido – respondió Castiel confundido.

- Intento acostumbrarme a ello, pero me gusta el hecho de poder salir y conocer cosas nuevas, además me divierto con ustedes, es agradable que podamos salir los tres.

Castiel se sonrojó levemente y asintió, aquel sonrojo que parecía permanente en las mejillas del mayor era algo que Dean adoraba ver, le encantaba cuando lograba que las mejillas de Castiel se tiñeran de rosa, aunque no era algo muy difícil, por eso intentaba elogiarlo todo el tiempo, con la esperanza de encontrarse con aquel rubor o una sonrisa brillante.

- Aún quedan muchos lugares por visitar en la lista – agregó Balthazar – además aún no hay que dar la noche por terminada, el sol apenas se acaba de esconder.

- ¿Qué tienes en mente? – preguntó Castiel, temiendo descubrir a qué se debía aquella sonrisa pícara en el rostro de su amigo.

- Acabo de recibir una invitación; algunas amigas quieren salir de fiesta esta noche, tomar unas cuantas copas, quizás bailar, ya sabes, lo que hace la gente normal para divertirse… y quieren que lleve algunos amigos guapos conmigo. Bajo otras circunstancias no te lo pediría a ti, Cas, pero creo que es buena idea que Dean venga con nosotros ¿qué dicen?

Castiel suspiró y sacudió la cabeza con enojo – creo que es una pésima idea.

- No esperaba que dijeras otra cosa ¿pero al menos tienes un argumento válido? – Balthazar frunció el ceño desafiante mientras se cruzaba de brazos.

- Por supuesto que lo tengo; ha sido un día agitado y Dean debe hallarse agotado, además sabes que no es el mejor ambiente para él, apenas comienza a acostumbrarse al ruido y a las grandes multitudes.

- Ok, de acuerdo, eso suena lo suficientemente válido para mí – admitió el mayor – sin embargo deberíamos escuchar la opinión de Dean.

- Suena divertido – respondió con entusiasmo. Castiel lo miró con sorpresa y Balthazar con una enorme sonrisa.

Sabía que aquellas fiestas no eran del agrado de Castiel y que probablemente tampoco serían del suyo, pero era la oportunidad perfecta para conocer a otras personas, conocer mujeres, experimentar aquello que Castiel le pedía para así poder estar con él y demostrarle que le seguiría queriendo sin importar a quien conociera en el camino.

- ¿Hablas en serio? – preguntó Balthazar con ilusión, como si no esperase que Dean accediera.

- Sí ¿por qué no? – respondió encogiéndose de hombros.

- No creo que sea un lugar agradable para ti, Dean – insistió Castiel – hay cientos de personas allí, hace calor, hay demasiado ruido y las luces te hacen sentir mareado y confundido… es tu decisión pero no creo que estés listo para ello.

Dean sintió un poco de temor, si la ciudad le parecía sofocante no quería imaginar cómo sería aquel lugar, sin embargo no podía permitirse rechazar aquella oportunidad, quería tener a Castiel cuanto antes y sólo podría lograrlo si conocía a alguien más y le demostraba con hechos que sus preocupaciones eran falsas. Además era lo que la gente del común hacía para divertirse, así que no podía ser tan malo de todos modos.

- Estaré bien, Cas, estaré con ustedes todo el tiempo.

Castiel suspiró derrotado – de acuerdo, pero no digas que no te lo advertí y debes saber que sólo iré para vigilarte porque sabes que odio ese tipo de lugares.

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Balthazar eligió un par de Jeans ajustados para Dean y una camiseta color avellana, la cual resaltaba sus ojos y sus músculos, haciéndolo ver increíblemente atractivo, mientras Castiel usaba la misma ropa que había usado en la tarde, un par de pantalones color caqui y una camisa negra completamente abotonada, llevaba su cabello despeinado y el rostro sin afeitar, de todos modos no era como si buscara llevarse a alguien a la cama esa noche.

- Te ves bien – comentó Castiel con las mejillas al rojo vivo, haciendo sonreír a Dean y también a Balthazar, quien los observaba a lo lejos, fingiendo no escucharlos.

- Gracias, Cas, tú tampoco te quedas atrás, de seguro debo tener demasiada competencia… supongo que tendré que esforzarme.

A Castiel le costó comprender de qué hablaba al comienzo, pero al ver la picardía y los rastros de afecto reflejados en el rostro de Dean, lo supo. No podía creer que hablara en serio, se preguntaba cuanto tiempo tardaría en darse cuenta de que no era tan guapo, listo y fuerte como Dean creía.

- No lo creo – respondió Castiel con tristeza. Todos en su universidad sabían acerca de su sexualidad, lo cual lo hacía poco atractivo para las mujeres, mientras que los hombres se mostraban intolerantes al respecto.

- Entonces todos son idiotas o están ciegos – Dean palmeó su espalda de manera amistosa antes de dirigirse a Balthazar, quien abría la puerta dispuesto a salir.

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Cuando entraron al lugar prometido, Dean sintió la necesidad de cubrirse los oídos con las manos, pues la música era estridente y los gritos alegres de la multitud lastimaban sus oídos, sin embargo se abstuvo de hacerlo, no quería que Castiel lo obligara a regresar a casa sin haber cumplido su cometido. Las luces eran incandescentes y tal como lo había descrito Castiel, le hacían sentir mareado, como si se hallara dentro de un sueño, no obstante parecían bonitas y agradables, brillando con diferentes colores en todas direcciones.

Balthazar miró a todos lados más de una vez, hasta que tres chicas balancearon sus brazos a lo lejos, indicándoles que se acercaran con un ademán. El rostro de Balthazar se iluminó y se apresuró a llegar allí, peinando su cabello y arreglando el cuello de su camisa en el camino.

- ¡Balt! Te estábamos esperando, han tardado mucho – exclamó una joven rubia, extremadamente bella y apenas vestida, pero Cas y Dean no prestaron demasiada atención a su figura, dedicándose a fruncir el ceño ante el feo apodo que acababan de escuchar.

- Lo siento, cariño, mis amigos querían ponerse guapos para ustedes, así que han tardado un poco más de lo esperado – se disculpó Balthazar, pero al parecer valió la pena, ya que los rostros de las chicas se iluminaron al verlos.

- Puedo ver eso. Hola, soy Lana – se presentó la chica, estrechando sus manos gentilmente y sonrió mientras los evaluaba a ambos con la mirada.

- Ellos son Castiel y Dean – habló Balthazar cuando los chicos estrecharon la mano de Lana en silencio.

- Castiel es un nombre extraño – comentó Lana entre risas – casi tan raro como Balthazar. Por cierto, ellas son mis amigas, Cassie y Meg.

Una chica de piel oscura y una joven de rostro redondo los saludaron con un gesto y los chicos tomaron asiento al lado de cada una de ellas. Dean lamentó el hecho de que Castiel no estuviera sentado a su lado, pero Cassie parecía amable y simpática, aunque era la primera vez que interactuaba con una mujer y aquello lo hacía sentir increíblemente nervioso.

- Pareces tenso – comentó la chica a su lado - ¿estás bien?

Dean tragó saliva y la miró a los ojos, su padre le había dicho alguna vez que las mujeres estaban locas, sin embargo nunca supo a qué se refería – estoy bien – respondió con una sonrisa encantadora – soy un poco tímido.

- Eso es adorable – respondió Cassie – tu amigo parece ser algo tímido también.

Dean sonrió con afecto, mirando los hombros tensos de Castiel y la mirada seria – no le gustan mucho las fiestas.

- Espero que cambie de opinión esta noche – respondió ella con una dulce sonrisa.

Pidieron alcohol para todos, el cual bebieron con rapidez, incluso Castiel, quien quería embriagarse para contagiarse un poco de la alegría de los demás y dejar de sentirse tenso y aburrido, así que Dean, pensando que estaría bien, hizo lo mismo. Nunca había probado más que unas cuantas cervezas, por lo tanto descubrió que el vodka era diferente, su sabor era fuerte y picante, quemando ligeramente su garganta y su estómago, provocándole un ataque de tos.

- Oye ¿estás bien? – preguntó Lana entre risas, ofreciéndole un poco de agua – debo asumir que no estás acostumbrado a beber.

- Aún no tiene edad suficiente – ofreció Balthazar a modo de excusa, sabiendo que Dean no querría que confesara "la verdad" – fue difícil lograr que entrara sin problemas.

- ¿Eso es cierto? ¿qué edad tienes, Dean?

- Veinte – respondió, intentando calmar la molestia en su garganta.

- Yo probé el alcohol por primera vez a los 16 – confesó Lana – debes ser un buen chico ¿verdad?

- Supongo que sí – admitió con timidez, rascándose la parte trasera del cuello para disimular su vergüenza.

- Bueno, hoy es el día para cambiar eso – exclamó Meg con alegría, sirviendo otra copa para Dean – bébela, hasta el fondo.

Dean la tomó en sus manos, examinando el color transparente en la copa, tan similar al agua, pero su sabor distaba demasiado de ser igual, tenía miedo de quemarse de nuevo la garganta, pero no podía negar que al beberla sus efectos eran inmediatos y su cuerpo había comenzado a relajarse poco a poco.

- Dean – dijo Castiel con tono severo – no deberías beber tan rápido, si no tienes experiencia te hará daño.

- Vamos, no seas aburrido – dijo Meg con un puchero – deja que se divierta.

- Estaré bien, Cas – Dean lo tranquilizó antes de beberse la copa de un solo trago, las chicas rieron, gritaron y aplaudieron, y Dean sintió que la habitación comenzaba a girar levemente, pero no se sentía mal, sólo un poco más tranquilo, un poco más acostumbrado al ruido estridente y a la luces. Se dio cuenta de que el licor de pronto ya no sabía tan mal.

Castiel lo miró disgustado, pero no dijo nada, no quería que las chicas pensaran que era un controlador, aburrido y gruñón, también quería que Dean se divirtiera, pero tenía miedo de lo que pudiese pasarle, sabía que jamás había bebido antes y tampoco conocía las cosas que podían hacer las personas en estado de embriaguez. Sin embargo no lo juzgaba, pues él mismo tampoco era muy bueno soportando el licor y allí estaba bebiendo, a pensar de que el lugar comenzaba a girar y su mente comenzaba a sentirse confundida.

- ¿Bailas, Dean? – preguntó Cassie, señalando la pista de baile con sus ojos.

- Lo siento, no sé bailar – admitió Dean avergonzado.

- No es muy difícil, sólo tienes que balancearte, vamos, te enseñaré.

La morena tomó el brazo de Dean y lo guio hasta la pista. Sonaba una canción suave y romántica, y las personas apenas se balanceaban de un lado a otro mientras se abrazaban, parecía fácil. La chica envolvió sus brazos delgados alrededor del cuello de Dean, ubicando los brazos de él para que rodearan su cintura y comenzó a moverse lentamente, indicándole al joven cómo hacerlo.

Dean comenzó a balancearse con torpeza, haciendo reír a la chica – sólo escucha la música, Dean, siente el ritmo y siente mis pasos.

Dean clavó la mirada a los pies de la chica e intentó imitarla, logrando coordinarse poco a poco, escuchando la percusión de la canción marcando el ritmo al compás del suave taconeo de Cassie al bailar – lo estoy logrando, Cassie, ¿verdad? – exclamó con emoción, haciendo que ella riera con ternura.

- Por supuesto, lo haces muy bien.

Los ojos de Dean seguían fijos en los pies de Cassie, mientras los ojos de ella observaban el rostro de Dean, las pecas salpicando su nariz, sus largas pestañas y sus labios perfectos - ¿Te han dicho que eres muy guapo? – preguntó ella, haciendo que Dean se sonrojara.

- No en realidad, pero tú también lo eres.

Ella sonrió y posó su cabeza sobre el hombro del joven – no puedo creer que nadie te lo haya dicho antes, eres demasiado distraído o las chicas que conoces están locas.

- Tal vez no conozco a muchas chicas.

- Dios ¿podrías ser más perfecto? Eres guapo y tierno, puedes tener a la mujer que desees pero no te aprovechas de ello.

Dean sonrió con gratitud y correspondió al abrazo de ella, sin darse cuenta de que estaban coqueteando. Pronto la canción terminó, dando inicio a otra más alegre. Dean se sintió confundido, viendo a la gente cambiar repentinamente su forma de moverse. Pensó que lo mejor sería regresar a la mesa, pero Cassie parecía querer seguir bailando.

- Vamos, puedes intentarlo.

- No creo que pueda lograrlo – ofreció a modo de disculpa, quería regresar y sentarse con Cas, aunque había sido divertido bailar con ella.

- Déjame enseñarte, sólo tienes que relajarte y moverte con la música.

La chica comenzó a moverse de manera sensual, poniéndose de espaldas y rozando su cuerpo con el de Dean casi de manera erótica. Él intentó moverse en sincronía con Cassie, imitando a los otros hombres que bailaban en la pista y supuso que lo hacía bien ya que ella no protestaba.

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A lo lejos Castiel los observaba con el ceño fruncido, Lana y Balthazar habían ido a bailar, así que sólo él y Meg se habían quedado en la mesa. No sabía si era a causa del licor, pero tenía la enorme necesidad de caminar hasta la pista de baile y arrancarle cada uno de los rizos a la chica morena que bailaba vulgarmente con Dean. Cassie restregaba su trasero contra la entrepierna del joven, a quien no parecía molestarle en absoluto, de hecho, por la sonrisa brillante en su rostro podría decirse que lo estaba disfrutando. No sabía por qué le molestaba tanto, pues había esperado que algo así sucediera desde el comienzo, pero una parte suya había deseado que Dean lo eligiera por encima de cualquier fiesta y por encima de cualquier chica.

- No tienes por qué cuidarlo tanto – dijo Meg rompiendo el silencio.

- ¿De qué hablas? – preguntó Castiel, fingiendo no haber estado observando a cassie con la mirada de un asesino.

- Hablo de Dean, no has dejado de mirarlo en toda la noche, te disgustas cada vez que bebe una copa o bromea con Cassie ¿qué pasa? ¿es tu hermanito?

- No, pero le prometí a su hermano que cuidaría de él.

Meg sonrió y palmeó la espalda de Castiel de manera amistosa – Y eres tan responsable, pero no tienes que tomarte tan enserio esa promesa, después de todo Dean es un niño grande.

- Tú no entiendes – suspiró Castiel, tomando un sorbo de su bebida.

Meg volvió a reír y se acercó aún más a Castiel - ¿Te ha dado muchos problemas?

- Aún no, pero presiento que lo hará.

- Vamos, Castiel, sólo relájate y disfruta de la noche, estoy segura de que Dean estará bien, además parece estar divirtiéndose sin tu ayuda.

Era cruel, pero tenía razón, en cuanto la mirada de Dean se había encontrado con Cassie, se había olvidado por completo de la presencia de Castiel, ahora parecía otra persona, bebiendo y saltando en la pista de baile, dejándose tocar de la chica morena, riendo a carcajadas. Había sido demasiado ingenuo al considerar que quizás Dean podría preferirlo por encima de una mujer, debió imaginar que caería rendido al ver una figura frágil, compuesta de bellas curvas, de rasgos delicados, movimientos sensuales y cabello perfecto.

La canción terminó y pronto Dean y Cassie regresaron a la mesa, riendo a carcajadas, con las mejillas sonrojadas y el cabello húmedo por el sudor, ni siquiera le dedicó una mirada a Castiel y eso le llenaba de ira, era como si de pronto se hubiese vuelto invisible para Dean, tan invisible como acostumbraba a ser para el resto del mundo.

- ¿Quieres bailar? – preguntó Meg con una sonrisa seductora. Castiel nunca solía ir a fiestas y mucho menos bailar, pero había bebido lo suficiente para olvidarse de la vergüenza y ahora lo único que sentía era la ira y los celos. Todo lo que quería era demostrarle a Dean que era capaz de divertirse, que no era sólo un joven amargado y aburrido, así que se encontró tomando la mano de Meg y llevándola hacia la pista, sin darse cuenta de la mirada asombrada de Balthazar.

Castiel parecía ser un buen bailarín y Dean se encontró viéndolo sorprendido desde su asiento. La forma en que movía su cadera lo hacía parecer mucho más sensual, haciéndole desear poder estar allí con él en lugar de Meg, poder tocar su cuerpo y oler su perfume.

- No sabía que Cas tenía esas habilidades – comentó Balthazar entre risas – no lo hace tan mal como pensé.

Dean asintió y siguió mirándolo, sintiendo su boca secarse y su corazón acelerarse, hasta que pronto terminó la canción. Él y Meg regresaron a la mesa, agitados y sudando, aunque Castiel lucía tan inexpresivo como de costumbre.

- Me sorprendiste allá al frente, amigo – dijo Balthazar, golpeando su brazo de manera amistosa – no pensé que pudieras hacer esos movimientos.

- Eso es sólo porque estoy ebrio y porque Meg es una excelente bailarina – admitió Castiel, dedicando una sonrisa a su compañera, la primera sonrisa que Dean había visto en toda la noche y deseó con envidia que aquella sonrisa fuera para él.

Para la siguiente canción, Lana y Balthazar volvieron a la pista, mientras Cassie y Meg se dirigían a los baños. Dean aprovechó la ocasión para acercarse a Castiel, poniendo una mano sobre la suya para llamar su atención.

- ¿Estás molesto conmigo? – preguntó Dean arqueando las cejas con preocupación.

- No ¿qué te hace pensar eso?

- No me has hablado en toda la noche.

- Eso es sólo porque estabas ocupado con tu amiga. Han estado bailando cada canción ¿en qué momento querías que te hablara? – Castiel quería sonar tranquilo e indiferente, pero no pudo evitar que los celos se reflejaran en su voz.

- Lo siento, pensé que te estabas divirtiendo también, parecías estar llevándote bien con Meg.

- Lo hago, me estoy divirtiendo y ella es una chica estupenda.

- Sí, lo creo – hizo una pausa para mirar a la pista de baile - ¿quieres bailar conmigo?

Castiel lo miró como si hubiese perdido la cabeza, destrozando las ilusiones de Dean – de ninguna manera – respondió.

- ¿Por qué no? bailaste con Meg ¿por qué no puedes bailar conmigo?

- Porque es diferente.

- ¿Qué es diferente? ¿es porque no bailo bien? Porque puedes enseñarme, de todos modos se trata sólo de diversión.

- Es porque ambos somos hombres – explicó Castiel – y los hombres no bailan juntos.

- Tampoco se abrazan o se besan y te recuerdo que nosotros ya hemos hecho eso.

- Pero no en público, ya te he dicho que para muchas personas lo que hacemos está mal visto, existe demasiada intolerancia al respecto y no podemos arriesgarnos.

- ¿Te avergüenza ser cómo eres? porque sabes que lo que sea que hagamos no es de la incumbencia de los demás – gruñó Dean comenzando a perder la paciencia.

- Tú eres el menos indicado para opinar sobre esto, no tienes idea de cómo funciona la sociedad. No podemos hacer lo que sea que queramos, hay reglas que obedecer, hay comportamientos que seguir.

- Eres demasiado estricto contigo mismo, deberíamos mandar esas reglas a la mierda y simplemente ser felices a nuestro modo– sugirió Dean.

- Si tanto quieres bailar, para eso tienes a Cassie, ve a buscarla – nuevamente los celos habían escapado de su voz, pero no era lo suficientemente obvio para Dean.

- Quería bailar contigo, también eres mi amigo ¿sabes?... al menos eso suponía.

- Oh por favor, ya deja de insistir, te vuelves molesto.

- Claro, como quieras, te dejaré en paz, no tienes que decirlo de nuevo.

Castiel sabía que sus palabras habían herido a Dean y también le habían hecho enojar, pero no iba a disculparse, él también estaba molesto, el alcohol nublaba sus sentidos y los celos hablaban a través de sus labios.

Dean se levantó de la mesa justo en el momento en que Cassie y Meg regresaban – Hey ¿A dónde vas? – preguntó la morena confundida.

- Necesito tomar aire – se excusó antes de salir, mareado por el licor y tambaleándose entre la multitud.

- ¿Sucedió algo? – preguntó ella a lo que Castiel se limitó a encogerse de hombros.

- En fin ¿quieres bailar? – preguntó Meg, acercándose a Castiel de manera seductora.

- No estoy de humor – respondió cortante, Meg parecía ofendida y Cassie parecía sentirse incómoda, pero a Castiel poco le importó.

- Como quieras – respondió ella con orgullo – de todos modos no necesitamos de ninguno de ustedes para divertirnos ¿verdad, Cassie?

La chica asintió tímidamente antes de dirigirse hacia la pista de baile, tomada de la mano de Meg. Ambas mujeres bailaban tranquilamente, abrazadas de manera íntima, sin ser juzgadas por nadie, haciendo lo que Castiel no se había atrevido a hacer con Dean, por celos y por temor a ser juzgado.

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Agradezco nuevamente a LexiHolmes21, Anithasakura y DCFE por todo su apoyo. ;)