Capítulo 10
Los Srs. Gardiner regresaron tarde de la celebración, por lo que su sobrina ya se encontraba dormida. O eso creían ellos. Elizabeth se había metido en la cama después de cenar y había apagado las velas, pero no estaba durmiendo en absoluto. Sabía que sería incapaz de conciliar el sueño en un buen rato, teniendo en cuenta todos los acontecimientos que habían sucedido aquel día.
La realidad era que estaba demasiado feliz como para querer dormir. A pesar de ello, sabía que sería difícil volver a ver pronto Sr. Darcy a solas. Y es que, aunque su prometido invitara a los Srs. Gardiner a casa, no podrían actuar más que como meros conocidos.
Con estos pensamientos en mente, Elizabeth se sumió en un profundo sueño. A la mañana siguiente, se despertó con alguien llamando a su puerta. Se trataba de su tía, la Sra. Gardiner, que cuando entró en la habitación ya parecía preparada para afrontar el día.
— Lizzy, hemos pensado que hoy sería un buen día para empezar a conocer la zona. — dijo la Sra. Gardiner.
— Oh, claro. Por supuesto. —contestó Elizabeth, intentando poner su mejor sonrisa. Y es que, aunque prefiriera hacer otras cosas antes que turismo, sabía que les debía mucho a sus tíos, por lo que nunca podría negarse a una petición así.
— Nos iremos en cuanto tomemos el desayuno. Betty lo está sirviendo en estos momentos. — dijo la Sra. Gardiner, antes de marcharse para darle privacidad.
Elizabeth se vistió y acicaló apresuradamente, con el fin de poder escribir una pequeña nota sobre sus planes a Darcy, como le había prometido. Después de desayunar se la daría a Betty para que la enviara.
Mis tíos han propuesto visitar la zona esta mañana, así que de momento no sé cuándo podríamos vernos. Te mantendré informado.
E.B.
PD: gracias por la llave.
Elizabeth guardó la nota en un pequeño sobre y la metió en el bolso de su vestido. Cuando salió de su habitación se encontró con sus tíos ya desayunando, en una mesa llena de dulces y té aromático. Elizabeth se unió a la pareja y preguntó por sus planes concretos.
— ¿A dónde iremos exactamente?
— Habíamos pensado ir a Matlock Bath, un pueblo cercano que nos ha recomendado mi familia. — explicó la Sra. Gardiner.
— Visitaremos la zona y almorzaremos allí mismo. Por la tarde podemos regresar para tomar el té tranquilamente. — añadió el Sr. Gardiner.
— Me parece un buen plan. — dijo Elizabeth con una sonrisa.
Como se había previsto, los Srs. Gardiner y su sobrina pasaron la mañana en Matlock Bath y alrededores. Se trataba de un pueblo pequeño pero muy bello, gracias al enorme lago y los jardines con los que contaba. Después, comieron en una de las posadas de la zona, que hacía a las veces de lugar de comidas.
— Creo que esta es definitivamente una de las partes que más me gustan de Derbyshire. — dijo Elizabeth, mientras regresaban a Matlock en el carruaje.
— Es un pueblo muy bello, aunque creo que nada puede batir a Pemberley en belleza. — comentó la Sra. Gardiner.
— Cierto, cierto. — asintió el Sr. Gardiner, mientras Elizabeth trataba de mantener una expresión neutral.
— La futura Sra. Darcy será muy afortunada por poder vivir en tan bella parcela. — dijo la Sra. Gardiner, que miró confusa a su sobrina, ya que llevaba un buen rato sin decir nada. — ¿No crees, Lizzy?
— Oh. Sí, claro. —dijo Elizabeth, tratando de mostrar una sonrisa natural.
Afortunadamente para ella, el Sr. Gardiner cambió de tema, por lo que pudo respirar tranquila. Minutos más tarde se encontraron en la plaza central de Matlock. El cochero los había dejado allí por orden de la Sra. Gardiner, que quería disfrutar de un breve paseo hasta uno de sus salones de té favoritos.
Por el camino, el Sr. Gardiner ofreció su brazo a su esposa, que lo tomó con una sonrisa en la cara. Viéndolos paseando en tanta armonía después de tantos años de matrimonio, Elizabeth no pude evitar pensar que eso era lo que quería para ella, y estaba segura de que pronto lo tendría.
Tan sumida estaba en sus pensamientos que tardó en darse cuenta de que alguien la llamaba a lo lejos. De hecho, sus tíos, ya se habían parado en busca de la voz.
— ¡Sr. Dacry! — oyó exclamar a su tía.
Entonces, sorprendida, por fin se giró para encontrarse con nada más y nada menos que su prometido. Todavía confundida y estupefacta, tardó en reaccionar, oportunidad que no desperdició Darcy para tomarle el pelo.
— Srta. Bennet, parecía usted muy distraída. La he llamado varias veces hasta que por fin sus tíos se han percatado de mi presencia. —dijo el Sr. Darcy, intentando que no se le escapara una sonrisa.
— Sí, ciertamente estaba distraída. — contestó ella, retándolo con la mirada a que preguntara sobre su distracción delante de sus tíos, algo que obviamente no podía hacer.
— ¡Qué grata sorpresa, Sr. Darcy! Lo hacíamos en Pemberley, no aquí en Matlock. — dijo la Sr. Gardiner.
— He tenido que acercarme al pueblo por negocios. Pero, ¿cómo es que se encuentran por esta zona? ¿Ha ocurrido algo? — preguntó Darcy, fingiendo completa ignorancia.
— Oh, no, nada malo, Sr. Darcy. Hemos venido a la boda de una sobrina de mi esposa y, de paso, nos quedaremos un par de semanas para conocer mejor la zona. —explicó el Sr. Gardiner.
— De hecho, acabamos de regresar de una excursión e íbamos a tomar el té, ¿por qué no se une a nosotros, Sr. Darcy? — preguntó Elizabeth, buscando la aprobación de su tía, que asintió con la cabeza.
— Sería un placer, Srta. Bennet. — dijo él con una sonrisa.
Así, el Sr. Gardiner ofreció de nuevo su brazo a su esposa, mientras que Darcy hizo lo propio con Elizabeth. La joven pareja intentó caminar detrás de los Gardiner, a algunos metros de distancia, con el fin de poder hablar tranquilamente.
— Ahora puedes decirme la verdad, William: ¿qué hacías en Matlock? — preguntó Elizabeth curiosa.
— Decías en la nota que la excursión estaba prevista por la mañana, así que cabalgué con Yago hasta aquí con la esperanza de toparme por sorpresa con vosotros para la hora del té. —explicó Darcy, un poco avergonzado.
— Oh, William. — dijo Elizabeth emocionada y con ganas de abrazarlo, aunque sabía que no sería posible en esos momentos.
Pronto llegaron al salón de té y se acomodaron en una de las mesas libres. Elizabeth ordenó un té rojo, su favorito, mientras que el resto se inclinaron por el tradicional té inglés. Los Srs. Gardiner relataron a Darcy los problemas que habían tenido para llegar a Derbyshire debido a las lluvias y este los escuchó como si fuera la primera vez que lo oyera, algo que enterneció a Elizabeth.
Más tarde, la misma Elizabeth relató la excursión que habían realizado por la mañana y preguntó a Darcy por otros lugares dignos de conocer en la redonda.
— Ya que se encuentran aquí y que su última visita a Pemberley tuvo que ser cancelada, me preguntaba si querrían aceptar mi invitación para almorzar y pasar la tarde mañana en Pemberley. — dijo el Sr. Darcy.
Los Srs. Gardiner se miraron el uno al otro y al segundo aceptaron la invitación encantados. Fue entonces cuando el grupo se despidió hasta la mañana siguiente, ya que se acercaba la hora de cenar.
Elizabeth no tuvo oportunidad de despedirse a solas de su prometido, pero le ofreció una sonrisa y un giño de ojo cuando sus tíos no estaban mirando, algo que Darcy recibió entretenido.
— El Sr. Darcy es un caballero intachable. — comentó la Sra. Gardiner mientras cenaban aquella noche en la posada. — Ha sido buena idea invitarlo a tomar el té con nosotros esta tarde, Lizzy.
— Creo que era lo correcto después de haber tenido que rechazar su invitación la Pemberley el año pasado. — comentó Elizabeth.
— Una pena habernos tenido que ir pronto por lo que ocurrió, aunque ahora volvemos a tener la oportunidad de visitar esa maravillosa finca. — agregó el Sr. Gardiner.
— Y de disfrutar de la compañía de su dueño. Es un hombre muy amable y bien educado. — comentó la Sra. Gardiner, mirando de reojo a Elizabeth por si notaba alguna reacción extraña.
— Lo es. Es una alegría contar con él entre nuestras relaciones. — comentó Elizabeth de forma neutral, consciente de la perspicacia de su tía.
A la mañana siguiente, los Gardiner y Elizabeth se dirigieron poco antes de la hora de almorzar a Pemberley, según lo acordado. Por el camino, Elizabeth no pudo evitar ponerse nerviosa. Y es que, después de todo, esta sería el primer almuerzo de su prometido con parte de su familia y, para colmo, se celebraría en su futura casa.
— ¡Mira, Lizzy! — dijo emocionada la Sra. Gardiner.
Elizabeth miró entonces por la ventana del carruaje y pudo ver el imponente lago, completamente helado, y al fondo la bella mansión que era Pembeley. Y es que incluso en pleno invierno, no perdía ni una pizca de su majestuosidad.
El carruaje se detuvo pronto frente a la puerta de entrada. Allí los recibió un mayordomo, que les indicó que el Sr. Darcy estaría esperándolos en sala de estar, ya que había tenido que resolver unos asuntos de última hora.
El hombre los guio desde la puerta principal hasta la primera planta. Durante ese breve trayecto, Elizabeth no pudo evitar contemplar con asombro todo cuanto la rodeaba. A pesar de que ya había estado en la casa, nunca la había visto desde la perspectiva de vivir en ella. Ese pensamiento la asustaba tanto como la hacía feliz.
— El Sr. Darcy estará aquí en unos momentos. — dijo el mayordomo cuando llegaron a la sala.
El hombre se fue mientras los Srs. Gardiner se acomodaban en los sillones y Elizabeth se asomaba a la ventana para contemplar el lago y los jardines. Unos minutos más tarde, Darcy apareció en la sala, impecablemente vestido y con una sonrisa.
— Lamentó el retraso. — dijo Darcy mientras tomaba asiento frente a sus invitados.
— Espero que no haya ocurrido nada malo. — dijo Elizabeth, con una expresión preocupada, desde su posición en la ventana.
— No, no, en absoluto. Solo estaba respondiendo una carta de última hora. — le aseguró Darcy, transmitiéndole con su expresión y sin palabras que de verdad no se preocupara.
Darcy invitó entonces a sus acompañantes a dirigirse al comedor para disfrutar del almuerzo. Ofreció su brazo a Elizabeth y sus tíos los siguieron por el pasillo. Los sirvientes los ayudaron a acomodarse alrededor de la mesa y sirvieron una suculenta sopa y un rico asado de carne y patatas.
— Espero que todo esté a su gusto. — dijo el Sr. Darcy, que se encontraba sentado en la cabecera de la mesa, mientras que Elizabeth se encontraba a su derecha y sus tíos a su izquierda.
— Todo tiene un aspecto excelente, Sr. Darcy. — aseguró la Sra. Gardiner. — De nuevo, muchas gracias por su invitación.
— El placer es mío. — aseguró Darcy.
El almuerzo pasó en una agradable conversación. Y es que los cuatro trataron temas de todo tipo: la temporada de Londres, el estado económico del país o las navidades que se aproximaba, entre otros.
Elizabeth se encontraba radiantemente feliz, al comprobar lo bien que encajaban sus queridos tíos con su prometido. En ese momento, sumida en sus pensamientos mientras su tío hablaba del precio de trigo, sintió que alguien le cogía la mano que tenía debajo de la mesa.
Miró sorprendida a Darcy y este le sonrió tímidamente. Ella le devolvió la sonrisa y apretó su mano en la suya, antes de volver a prestar a tención a su tío.
— He pensado que, después del té, a las damas quizás les gustaría patinar en el lago. — dijo el Sr. Darcy mientras tomaban la bebida caliente— Mi hermana Georgiana lo ha disfrutado desde pequeña.
La Sra. Gardiner declinó la oferta, aludiendo que sus piernas ya no funcionaban como antaño. Sin embargo, propuso que el Sr. Darcy y Elizabeth sí disfrutaran del entretenimiento, siempre y cuando se mantuvieran a la vista de la ventana donde se encontraba la sala del té.
Darcy ordenó entonces que trajeran unos patines para Elizabeth y otros para él. Ambos se dirigieron al exterior, a la orilla del lago, donde se cambiaron los zapatos para disfrutar de la enorme pista congelada.
— He de decir que no soy muy habilidosa patinando, William. — avisó Elizabeth.
— Mejor para mí. — dijo él mientras le ofrecía su brazo para que se agarrara.
Elizabeth no pudo evitar reír ante su ocurrencia, aunque inmediatamente se sujetó a su brazo y ambos se lanzaron a patinar sobre el hielo.
— Me alegra que tu tía nos permitiera salir solos. — comentó Darcy.
— A mí también, aunque no puede dejar de parecerme ligeramente sospechoso.
— ¿Por qué lo dices? — preguntó él.
— Mi tía es una mujer muy perspicaz y no hace nada sin tener un motivo. — explicó Elizabeth.
— ¿Crees que sospecha algo? — preguntó Darcy sorprendido.
— Espero que no.
Después de una media hora de diversión y algún que otro resbalón por parte de Elizabeth, ambos decidieron dejarlo por aquel día. Cuando regresaron a la sala del té, sus tíos se encontraban conversando animadamente.
— Oh, ¿ya habéis regresado? Creo que es hora de que volvamos a Matlock. Ya hemos importunado suficiente al Sr. Darcy. —dijo la Sra. Gardiner.
— Ha sido un placer, no piensen que me han importunado en absoluto. — aseguró Darcy. — De hecho, espero poder volver a tenerlos como invitados antes de que se vayan.
— Sería un honor. — dijo el Sr. Gardiner.
Darcy insistió en acompañar a sus invitados hasta su carruaje, aunque Elizabeth y él se retrasaron ligeramente para poder hablar antes de despedirse.
— ¿Crees que podrás quedarte sola algún otro día?
— La verdad es que no lo sé. — se lamentó Elizabeth. — Pero te iré informando mediante notas.
— Sabes que puedes ir a la cabaña en cualquier momento.
— Lo sé. — dijo Elizabeth con una sonrisa traviesa, mostrándole ligeramente en el bolsillo de su abrigo la llave que le había dado el día anterior.
Elizabeth se despidió de forma neutral de Darcy en cuanto alcanzaron a sus tíos. Este les insistió en su oferta de almorzar de nuevo juntos antes de que se marcharan.
Al llegar a la posada aquella noche, los Srs. Gardiner pidieron una cena ligera para todos y comieron rápidamente para subir a descansar después de las actividades del día. El Sr. Gardiner fue el primero en sucumbir al sueño, y anunció que se retiraría primero.
La Sra. Gardiner propuso a Elizabeth disfrutar de un último té juntas antes de irse a la cama. A Elizabeth le pareció extraño, pero su tía seguía con la misma expresión afable de siempre, así que asintió.
En cuanto Betty les sirvió el té y les deseó buenas noches, la Sra. Gardiner se dirigió a su sobrina con expresión seria.
— Elizabeth.
— ¿Sí?
— ¿Qué clase de relación mantienes con el Sr. Darcy?
Hola a todos:
Lo sé, lo sé, me vais a querer matar otra vez por dejarlo así jejeje. Algunos me preguntabais en los reviews que cuándo iba a llegar el drama… pues este es el principio.
Espero que os haya gustado el capítulo y que me dejéis muchos comentarios. Ya sabéis que como mínimo 15 para que actualice en la fecha señalada.
La próxima actualización será el lunes 7 a las 21:00 horas (hora española) y 14:00 horas (hora mexicana).
Gracias por leer y buen finde a todos,
Dalpaengi
